Datos personales

Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

lunes, 31 de agosto de 2009

TESTIMONIO INTERESANTE DE UN EX-TESTIGO DE JEHOVÁ

Hola, soy Carlos, y este es mi breve testimonio:

Transcurría el año 1993 aquí, en Guayaquil, Ecuador, y yo estaba por aquel entonces con la onda heavy metal de la época; tenía 15 años y mi madre no estaba gustosa con mi estilo de vida. Cierta noche llegaron 2 damas testigos de Jehová a tocar la puerta, y yo estaba en casa de mi abuela, y a mi abuela le parecieron personas encantadoras. Bueno, justamente llevaban en sus bolsos revistas de la Watchtower atacando al heavy metal (ahora sabemos que los testigos de Jehová tenían prácticas ocultistas) y puesto que yo quería cambiar y ser alguien civilizado, acepté asistir a una de sus reuniones un sábado 23 de marzo de 1993. Fue un sábado de semana santa, pues el día anterior se conmemoraba la muerte de Cristo, pero no para los testigos, quienes tenían su memorial después.

Las revistas tenían algo inexplicablemente extraño en sus láminas y como yo era un admirador de todo lo esotérico en aquel entonces, y siendo un jovenzuelo incauto, me atrajeron bastante. Recuerdo que una tenía un infierno en su portada y la típica pregunta al lector ¿existe o no?

Fui a sus reuniones y me llevé la sorpresa de toparme con hermanitos materialistas, y con otros algo vulgares. Sin embargo, se tenía que asistir con “terno” (con cuello y corbata). Bueno, al cabo de un tiempo, mi madre comenzó a acompañarme al salón del reino también. En casa recibíamos estudio de un misionero gringo con su esposa. La asociación con otros hermanitos era irregular, ya que mi madre y yo no éramos tan títeres de esta secta, cosa que a muchos les molestaba dentro del salón del reino.

Pues bien, dentro de la congregación se daban muchas cosas, desde estafas entre testigos, negocios camuflados, hasta hermanitas jóvenes adolescentes deseosas de marido y seductoras, cosa que parece algo increíble, pero así era. Obviamente había fornicación a diestra y siniestra pero camuflada. Los discursos desde la plataforma no traían consuelo sino desolación, pues estos estaban llenos de ira contra los llamados mundanos y poco a poco mi madre y yo nos sentíamos que íbamos por gusto a las reuniones, hasta que en el año 2000 un canal de TV cristiano evangélico transmitió el documental Witnessess of Jehovah original de 1986 en el cual salía Raymond Franz hablando de todas estas falsas fechas y otros ex-testigos también coincidían en los puntos cuestionables que habíamos tratado en casa mamá y yo. Luego de esto seguimos yendo un mes más a las reuniones, pues aunque no se crea, la mente de un adepto Testigo trata de aferrarse a ese lugar llamado salón del reino creado por la Watchtower y yo trataba de ver algo positivo, pero no era así. Mi madre ya había dejado de ir hacía un tiempo.

Antes de continuar recalco que me bauticé en el año 1995 en una asamblea llamada Manténganse Despiertos, estén firmes en la fe, háganse poderosos, pero mi madre nunca se bautizó. Yo envié mi carta de disociación adjuntando datos que revelaban la falsedad de la secta, pero jamás fui al Comité Judicial, puesto que los mandé al traste con sus doctrinas erradas. Ellos jamás hicieron insistencia en hablar con nosotros. Lo curioso de esto es que visitando el blog de David Pérez i Payá me encontré con imágenes ocultas en la literatura de la Watchtower. Mi madre dedicaba horas a la lectura de estas herejías, y producto de esto ella tuvo un trastorno mental del que hoy recién está saliendo con la ayuda de Dios y mucha oración. Mi madre temía a la represalia de esta secta y por eso se enfermó mentalmente, puesto que ellos son como una mafia.Yo, gracias a Dios, fui más fuerte y logré, hasta cierto punto, tener firmeza en salirme de esta secta horrorosa.

Un saludo

CarlosGuayaquil-Ecuador

EL REINO DE DIOS Y SU REALIDAD TERRENAL



EL REINO DE DIOS Y SU REALIDAD TERRENAL

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y debajo de su higuera» (Zac. 3:10).

A partir del Génesis leemos cómo Dios establece en tiempos antiguos un Pueblo para él mismo y del cual saldría el Mesías del «linaje misericordioso» para la redención del mundo. Este Mesías vendría a consumar la salvación de los que han creído en su nombre, en una futura y fructífera Tierra Milenaria, en el Reino de Dios, en un mundo regenerado por el mortal pecado, y este mismo Mesías habrá de reinar con justicia y amor junto a sus fieles hermanos dignos de poseer la corona de vida (Stg. 1:12).

En el Génesis, conforme avanzamos en sus páginas, detectamos que la Historia de la Humanidad va contrayéndose, hasta centrarse en Abraham, el padre del Pueblo escogido, Israel. Es cierto que en el Antiguo Testamento se habla de otras naciones extranjeras, de una relación entre estas con el Pueblo escogido, en buena medida, conflictiva en diversos aspectos. Empero, Dios no sólo es Dios de Israel, que fue tomado para la culminación de sus propósitos divinos en el mundo. La promesa hecha Abraham por parte de Dios no se asienta exclusivamente en la descendencia física que sería «multiplicada grandemente», en la nación que se instalaría como una muy privilegiada en la tierra de Canaán y que abarcaba, según los márgenes geográficos señalados por el Señor y Dios, desde el caudaloso río Nilo hasta el serpéntico Eúfrates mesopotámico, sino «a todas las familias de la tierras», que «serían bendecidas» con la salida del Cristo, el Hijo del Dios Viviente (Mt. 16:16).

En la actualidad, en el conflicto Sionista-Árabe, la nación judía aún lucha dentro de la esfera política y bélica para conseguir la total hegemonía de la Tierra Prometida. La Biblia nos muestra que no es hasta que el Reino de Cristo sea implantado en la tierra que el anhelo que existe hoy en el corazón de la nación de Jacob será hecho realidad. Cristo el Mesías tomará entera posesión del terruño que por siempre le correspondió a la nación de Israel, por decreto y derecho divino, desde la antigüedad.

Sintéticamente, Dios escogió a Israel para ser de bendición para «todos los pueblos del mundo». En el capítulo 15 de Génesis, se narra que Abraham «creyó a Jehová», y significa en realidad que «se apoyo en Jehová», al aceptar y creer en su promesa. El inicio de la promesa ocurre después del éxodo del Pueblo judío, al concluir su salida de la nación egipcia en la que estuvo sometido a servidumbre y esclavitud por más de cuatrocientos años, en la conquista e instalación de este Pueblo en la tierra de Canaán bajo el liderazgo del caudillo Josué. Ya instalado el Pueblo de Israel en la tierra de Canaán, únicamente el tiempo determinaría, en la paciencia de Dios, la venida del Mesías Prometido que «salvaría a su Pueblo de sus pecados» (Mt. 1:18). En la genealogía de Mateo miramos clara y concisamente que la futura promesa de Dios abarca, sin faltar, a los hombres de las naciones gentiles. La aparición de cuatro mujeres extranjeras lo determina sin confusión para el buen discernidor. En esta genealogía aparece Tamar la cananea, Rajab de Jericó, Rut la moabita, y Bestasbé (aunque Mt. 1:6 no menciona su nombre, se deduce que ella es, por haber sido esposa de Urías). La genealogía de Mateo muestra que el Hijo de David, Cristo, ha venido a traer bendiciones a los que han correspondido con la «fe de Abraham» para que les sea tomado por «justicia» (Ro. 4:3). De ese modo tendrán la aptitud y el reconocimiento de Dios para conseguir objetivamente el beneficio de la promesa vendiera que será manifestada en el Reino terrenal. Cristo como Hombre, porque fue «engendrado» como tal, pero de manera sobrenatural en la virgen madre, porque «nació de mujer mas por obra del espíritu santo, y no por participación de varón», por su descendencia real, de acuerdo a las genealogías bíblicas, se le asigna como el legítimo «Hijo de David».

Según la promesa de Dios hecha al hijo de Isaí, el trono de David habría de quedar en la «familia davídica» (2 S. 7:11-13). El trono sería asumido al final por «aquel» que «reinaría para siempre», porque la promesa mesiánica dice: «Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí, y tu trono será estable para siempre» (2 S. 7:16). Esta última promesa, anuncia con anticipación el Reino futuro y Milenario del Hijo de David (véase para mayor entendimiento: Sal. 89:3, 4, 26-37; Ez. 34:23, 24; Lc. 1:32).

Los creyentes verdaderos se sujetarán a la voluntad, a la autoridad del Rey davídico, a Cristo, a quien Dios le dará domino y posesión de la tierra por largura de días (Sal. 2:8). El Reino teocrático de Cristo, será uno perfecto en todas sus dimensiones. Dios reorganizará el buen equilibrio antes habido en el mundo, antes de la caída del hombre en el Edén por el pecado y que vino a corromper, a provocar ruina y caos en el orden universal de las cosas creadas. Dios le dará concordia nuevamente.

Cuando Cristo regrese al mundo otra vez, ejercerá el poder sobrenatural de Dios en su beneficio, honra y gracia. Las bendiciones espirituales y materiales sobreabundarán, la paz, el amor y la dicha perdurarán en santa y límpida gloria. La teocracia terrenal y Milenaria, será la restauración de la «morada», de la «habitación» de Dios en la tierra, y Cristo, el gobernante dadívico prometido desde un principio, la representará legalmente, sosteniéndola precisamente bajo los decretos y mandatos bondadosos de su Padre celestial.

Cristo se manifestará en el mundo en su segundo advenimiento, como los estipula el Antiguo Testamento (véase por favor para corroborar esto en Is. 60:2; 61:2; Ez. 21:27; Dn. 7:22; Hab. 2:3; Hag. 2:7; Zac. 2:8; Mal. 3:1). En este «advenimiento» se le mirará como el Hijo de Abraham (Gn. 17:8; Mt. 1:1; Ga. 3:16), se le verá como el Hijo de David (Lc. 1:32-33; Mt. 1:1; Is. 9:7), como comentamos antes ya; y como Gobernante de la tierra (Zac. 14:9; Fil. 2:10), él será el Rey de Justicia según Is. 32:1. Cristo con seguridad será el Rey de la nación de Israel (Jn. 12:13). Cristo además será, entre otras cosas, Rey de reyes en su venida (Ap. 19:16), Legislador del mundo (Is. 33:22; Gn. 49:10), Pastor de la tierra (Is. 40: 10-11; Jer. 23:1-3; Mi. 4:5; 7:14), el Galardonador de los santos (Is. 62:11), Juez (Is. 61:2; 62:11; 63:1; Dn. 2:44-45; 7:9-10).

El Reinado de Cristo, sin dejar la más mínima pauta a lo cuestionable, será aquí en la tierra, y cuya condición actual y caída será regenerada por el poder de Dios en el retorno visible del Mesías, «cuando se siente en su trono de gloria» (Mt. 25:31), cuando Dios le de «las naciones por herencia, los confines del mundo (Sal.2:8). La esencia vital para la salvación de los hombres, consiste primordialmente en la predicación del Evangelio del Reino que habla y se centra en el próximo gobierno teocrático en el mundo y que el Señor Jesucristo reinará. Cristo, como el Hijo de David, cumplirá la promesa hecha por Dios a David su padre a través de este mundial y glorioso Reino:

«Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto» (Is.9:7).

«Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa » (Is.11:10).

«En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra» (Jer. 23:6).

Amén.

EL MONOTEÍSMO


Unos de los puntos más controversiales en el judaísmo y el cristianismo es el monoteísmo, o sea la creencia en un solo Dios. El cristianismo, con excepción de los cristadelfianos, unitarios y algunos otros, enseña la doctrina de la trinidad: Dios es tres personas (Padre, Hijo, Espíritu Santo) pero un solo Dios. La iglesia Católica introdujo el concepto de encarnación (Dios se hace hombre) en el credo de los apóstoles. Sin embargo la palabra encarnación no aparece en toda la Biblia.


El judaísmo rechaza al cristianismo por esto, pues para ellos la escritura enseña la creencia en un solo Dios (no Dios en tres personas diferentes, ni mucho menos que Dios se haga hombre).


Deuteronomio 6:4 RV60 (4) Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.


Sin entrar en mucha discusión sobre la validez de la doctrina trinitaria, veamos lo que la Biblia dice en simples términos viendo su interpretación literal únicamente. 1 Corintios 8:4-6 RV60 (4) Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. (5) Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), (6) para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.


En esta carta el apóstol a los gentiles, Pablo, les contesta una pregunta hecha por los creyentes de Corinto (gentiles) en una de las cartas que Pablo recibió de ellos acerca de los alimentos sacrificados a los ídolos y expone nuevamente lo acordado en el concilio de Jerusalén de abstenerse de comer lo que es sacrificado a los ídolos porque solamente hay un solo Dios quien es el proveedor de todas las cosas."Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios."Luego dice que aunque hay algunos que se llamen dioses y señores, los ídolos paganos, y otros que son dioses y señores, en el sentido de autoridades; para él y para los creyentes como el solo hay un solo Dios, el Padre."para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre", y un solo señor, Jesucristo." "De aquí podemos ver claramente la distinción entre Dios y Señor, entre el Padre y Jesucristo. Uno es Dios, el otro, Señor. No podemos torcer las escrituras para decir que el Padre y Jesucristo son la misma persona.


Pablo no cree en la encarnación de Dios, y para probarlo veamos lo ocurrido en Listra. Hechos 14:11-15 RV60(11) Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. (12) Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. (13) Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. (14) Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces (15) y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.


El concepto de encarnación mostrado en la Biblia es la creencia pagana en ella:"Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros."Pablo y Bernabé respondieron rasgándose sus ropas, un símbolo de desaprobación de lo que han visto y oído; que además es una blasfemía." que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo". Y les vuelve a decir que solo hay un solo Dios, el Dios vivo, porque no es como los ídolos que son de metal o de madera, que no tienen vida.


Mi punto es muy sencillo, Pablo tenía bien claro quién era Dios, el Padre. Nunca dijo que Jesús fuese Dios a pesar de los errores que vemos en las traducciones como ésta: Romanos 9:5 RV60(5) de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén. Que debería decir: (5) de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es sobre todas las cosas, sea Dios bendito por los siglos. Amén. Cuando vemos que al final de la misma carta dice esto: Romanos 16:27 RV1960(27) al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén. Haciendo claramente, una distinción entre Dios y Jesucristo, como lo hace aquí nuevamente.1 Timoteo 2:5 RV60(5) Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, Solo Dios es el Padre, el Hijo es el mediador, un hombre. Les pido por el amor de Dios que consideren lo que digo y que no me juzguen, únicamente para sostener una enseñanza que proviene de la religión.

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sábado, 29 de agosto de 2009

EL REINO DE DIOS Y LA SALVACIÓN




Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas» (Hech. 2:41).

No es suficiente para el inconverso un “aceptar a Jesús como Señor” para obtener la “salvación”, sino se le ha hecho un llamado al «arrepentimiento por los pecados», sino se le ha predicado correctamente al «Hijo de Dios» y le ha creído, si tal inconverso no ha considerado por propia voluntad y determinante decisión el «bautismo en agua» para un andar en «nueva vida», momentos después de haber considerado todo lo anterior (entiéndase que el «bautismo en agua» no salva por sí mismo, pero el verdadero «arrepentido, por norma y regla, estará convencido de llevarlo a cabo como compromiso de una vida santa delante de Dios, Ro.6:4), incluyendo, porque sería un «crimen olvidarlo», el importantísimo mensaje, antes del «bautismo en agua», del «Reino de Dios» y su terrena realidad. El «Reino de Dios» fue el principal propósito de la primera venida de Cristo al mundo, la base vital, el «cimiento de la predicación de Cristo», ya que la «consumación de la salvación» será cuando el creyente digno ingrese, en el consentimiento de Dios, a la teocracia milenial (1 P. 1:5).

En su primer discurso encontrado en el capítulo 2 del libro de los Hechos, para comprender la verdadera «temática de la salvación» del inconverso, Pedro predica a la multitud de la persona de Cristo, como el «aprobado Hijo de Dios», el cual dio testimonio de la veracidad del Padre por medio de «maravillas, señales, portentos y milagros». Pedro habla ante la muchedumbre de su «crucifixión y muerte», de su «resurrección sobrenatural», «sueltos los dolores de la muerte». Pedro les anunció que Dios había «hecho de Jesús, Señor y Cristo». Por último, Pedro le presenta al vasto contingente el «Reino de Dios», a los «varones judíos y a los que habitaban Jerusalén» (Hech. 2:14). De hecho, Pedro no profundiza en exponerlo, porque para los judíos el tema les era bastante familiar. La importancia del «Reino de Dios», en las palabras del apóstol Pedro, estriba en que Dios había «jurado» al rey David que «uno de su descendencia», en «cuanto a la carne», en «cuanto a su linaje real», de «su línea familiar», se «sentaría en su trono» (Hech. 2:22-30). Es bueno decir que este «juramento» compromete, no sólo a la nación de Israel (Gn, 12:2), sino «a todas las familias de la tierra» (Gn.12:3; Hech. 3:25), según la promesa hecha al patriarca Abraham por el Divino en un principio y que repercute para beneficio a largo plazo a quienes «han creído en Cristo», y me refiero, aparte de los judíos, a los «gentiles», los «goyims» (Jn. 3:16; Ro. 10:9; Ef. 2:14-15). Cristo durante su ministerio anunció en palabras prolépticas que el «Reino de Dios se había acercado» (Mt. 4:17). La locución «se ha acercado», infiere que este «Reino» tendrá que «esperarse». Este «Reino» se manifestará cuando Cristo retorne al mundo «visible y en poder», y «se siente en su trono de gloria» (Mt.24:30; 25:31).

Después de su breve discurso de la persona de Cristo y del «Reino de Dios», Pedro invita a las gentes al «arrepentimiento» y al «bautismo en agua en el nombre de Jesucristo»:

«Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hech. 2:38).

Podemos decir, por lo tanto, que la «salvación» no se obtiene tan sólo, aunque necesarios, por el «arrepentimiento», por el «bautismo en agua», por «creerse en la muerte y resurrección de Cristo», sino, porque así lo determina la Palabra de Dios, como veremos más adelante, por «creerse en la predicación del Reino de Dios», «Reino» que se inaugurará en el futuro en un mundo ya restituido y que Cristo gobernará bajo los designios del Altísimo por todo un «milenio», hasta «que lo entregue al Dios y Padre suyo» (1Co. 15:24).

El primer propósito de Cristo en su ministerio en esta tierra fue de predicar el «Evangelio de Dios» (Mr.1:1), incitando a los oyentes de alrededor para que lo «creyeran» (Mr. 1:15). Cristo habló de la gran necesidad de predicar el «Evangelio de la Salvación» en diferentes lugares, «porque para eso había sido enviado» (Lc. 4:43). El «Evangelio del Reino» y el «Evangelio Eterno» son esencialmente lo mismo. Este «Evangelio» anuncia la promesa de una «herencia terrenal», el «Reino de Dios», para los «mansos», según las palabras del propio Cristo:

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mt. 5:5).

Este «Evangelio», el de las «Buenas Nuevas», habrá de «cristalizarse por completo», por decirlo de este modo, en el futuro, en un «reinado mundial de mil años» (Ap. 20:4, 6). En el libro de Apocalipsis se le llama el «Evangelio Eterno» (Ap. 14:6) por la razón de que la «Simiente de la Mujer» aplastaría al enemigo de Dios y de los hombres: «Satanás», la «Serpiente Antigua», el «Diablo», que cayó para ursupar, para desplazar y turbar con su reinado tenebroso y maligno el «orden del mundo y cuyo carácter fue celestial» al principio de su fundación, en la reciente creación del primer hombre, para “coronarse” como el «dios este siglo» (2 Co. 4:4), el «príncipe de este mundo» (Jn.16:11), «mundo» que controla hoy con mentira, con dolor, con muerte y con engaño, pero que Cristo en su debido tiempo lo destronará en su Parusía para restaurar la «cosmología antes perturbada» y bendecir a la «humanidad convertida» aquí «abajo», en la «tierra», mas no en el «tercer cielo», en este sentido literal.

Cristo reinará personalmente el mundo en majestad e infinita gloria, de acuerdo al «Pacto Eterno» y «las misericordias firmes de David» (Is. 55:3). Cristo será el «Jefe y el Maestro de las naciones» (Is.55:4). Si el «Evangelio del Reino» no es predicado con su debida prudencia, todos los “esfuerzos piadosos” que se hagan en cualquier parte, serán absolutamente infructuosos.

El «Reino de Dios» es imposible que exista ahora, porque será instalado en la «restauración de Israel», en la segunda venida de Cristo (Mr.13:26; Hech.1:6), «hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas» (Hech. 3:21). Cuanto esto acontezca, el «Reino de Cristo», el «de Dios», el de «los Cielos», ya habrá sido implantado en el mundo. Fue tan importante para Dios la predicación de su «Reino» qué Cristo, después de su resurrección, continuó predicándolo por «cuarenta días» más, antes de su ascensión:

«…a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios» (Hech. 1:3).

Cuando se tiene noción clara de lo qué es realmente el «Evangelio del Reino de Dios», y se le ha tomado en cuenta muy razonable y positivamente, habiéndose «creído», sin faltar, en el «nombre del Señor Jesucristo», es en este preciso momento cuando el creyente deberá venir luego al «bautismo en agua», «a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva» (Ro.6:4). No existe ningún “protocolo” en la Biblia que demande “cursos” y “discursos”, y “largas esperas” para que el cristiano pueda «bautizarse en agua», como suele suceder en la mayor parte de las “iglesias cristianas” de toda la esfera terráquea: Error es este por la terrible ignorancia en la Palabra de Dios.

El «bautismo de agua» es uno ordenado en «la gran comisión» por Cristo (Mt. 28:19), y lo puede ejecutar cualquier creyente. No es una tarea exclusiva para los pastores o líderes congregacionales. Usted como creyente genuino en Cristo (si es que lo es), «quien quiera que sea», sin poseer un “liderazgo en la iglesia o puesto importante”, puede «bautizar ipso facto» a todo aquel que ha ministrado para «salvación». Inmediatamente después del «arrepentimiento», de la predicación de «Cristo crucificado» (1 Co.1:23), y del «Reino de Dios», el «bautismo en agua», es el siguiente paso indicado a concluir:

«Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres» (Hech. 8:12).

El etíope fue «bautizado en agua» tan pronto fue ministrado por Felipe:

«Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó» (Hech. 8:35-38).

Es absurdo ver en las congregaciones llamadas como “cristianas”, cómo se acepta un “Jesús” que no llena los requisitos que Biblia exige para que lo sea. Más bien, es “uno” que tiene la función de “estar pendiente” de las necesidades, cualquiera que estas sean, de los supuestos “creyentes” para darles “soluciones milagrosas”, y hablo de las materiales específicamente, porque para estos “fieles cristianos” que han “aceptado a su señor y salvador” (“salvador” de sus deudas financieras), las necesidades espirituales no son la gran prioridad, al menos que fueran «convertidos» reconocerían su enorme imprescindibilidad.

Es imposible que la salvación pueda establecerse en el inconverso después de una predicación “light y consentidora” que no hable jamás de la persona de Jesús como el «aprobado Hijo de Dios», de su «muerte expiatoria», de sus «portentos y milagros» realizados durante su ministerio terrenal y que dieron testimonio de la gloria del Padre, de su «resurrección», del «arrepentimiento de los pecados», y principalmente, ante todas las cosas, que no hable del «Reino de Dios».

No basta un “Dios te ama” para ser salvo. Por lo que vimos, «se requiere más que esto para serlo», para que se instituya en el hombre inconverso la «salvación individual».

La salvación no será posible, si no tienen en cuenta, de parte del potencial creyente, los factores expuestos con anterioridad.

Reconsidere amigo mió, lo que escribimos en el amor de Dios y de su Cristo.

Dios le bendiga siempre.

¿PORQUÉ LES CUESTA A MUCHOS CRISTIANOS ENFOCARSE EN EL EVANGELIO DEL REINO?


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

El “Evangelio encubierto”

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Es interesante lo que el apóstol Pablo dijo tocante a lo que él llamó “el evangelio encubierto” entre aquellos que se pierden, con palabras que no admiten controversia alguna:

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“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:3,4).

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En el pasaje de arriba, el apóstol Pablo dice que su evangelio está encubierto entre los que se pierden, es decir, entre aquellos que no se salvarán. Y es que este mensaje salvador del evangelio ha sido velado o encubierto por el dios de este mundo llamado Satanás, personaje oscuro y macabro que persigue como león rugiente la destrucción de los hombres (1 Pedro 5:8). Este maléfico Ser cósmico, espiritual, angélico, ha cegado el entendimiento de los que no creen para que no les brille la magnífica luz que irradia el evangelio de la gloria de Cristo. Este ser cósmico y angélico a quien un importante número de “cristianos” considera un personaje mitológico, se agazapa para pasar inadvertido y así sigilosamente manipular a su antojo a los impíos como si fueran marionetas para que vivan siempre alejados de Dios y de Su Palabra salvadora.

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Aun muchos llamados cristianos rechazan el verdadero evangelio salvador de la Biblia cuando aceptan como verdaderos otros evangelios que son espurios y diabólicos. Pero el apóstol Pablo hace mucho tiempo nos advirtió claramente que sólo hay un evangelio en la Biblia y no más. En Gálatas 1:6-9 Pablo escribió lo siguiente: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”.

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El evangelio de la Gloria de Cristo es el evangelio del reino

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Muchos creen que el evangelio de la gloria de Cristo es el evangelio que proclama su Deidad, es decir, que Jesús es el mismísimo Dios Todopoderoso y Sumamente excelso que bajó del cielo para salvarnos y hacernos dignos del cielo. Sin embargo, éste no es precisamente el mensaje que Cristo vino a enseñarnos como el evangelio salvador. Cuando Pablo escribió acerca del evangelio de LA GLORIA de Cristo en 2 Corintios 4:4, él se refirió al evangelio DEL REINO de Cristo. La frase “LA GLORIA” es equivalente a la frase “EL REINO”. Esta verdad aún permanece ignorada en el mundo cristiano, tanto de líderes como de “laicos”, a pesar de que este binomio (reino-gloria) es fácilmente perceptible a través de los evangelios sinópticos. Por ejemplo, si comparamos Mateo 20:21 y Marcos 10:37, veremos que reino y gloria son equivalentes. He aquí los versos:

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“El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en TU REINO se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Mateo 20:21).

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“Ellos le dijeron: Concédenos que en TU GLORIA nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Marcos 10:37).

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Esta verdad, desafortunadamente, está oculta entre los que se pierden, pues no sólo la desconocen, sino que, al oírla por vez primera, se resisten a aceptarla y se sienten confundidos, porque se les ha dicho que Dios ya no trata más con la impía Israel, y que el reino davídico es ahora espiritual, uno en el corazón de los creyentes. Estos están convencidos de que el destino final del “verdadero creyente” es el cielo, el cual ellos confunden con el término ‘Reino de los cielos’.

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Otro grupo de “creyentes” de mente más amplia sostiene que el reino davídico será sólo una realidad para los Judíos que se salven, pero no para la iglesia del Nuevo Testamento, la cual, según ellos, tiene una “mejor promesa” que es la de vivir con Dios y Cristo en los cielos. Esto, aunque no es exactamente igual, se parece al postulado de los Testigos de Jehová sobre las dos esperanzas de los salvos.

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Así que, estimados amigos, si ustedes no creen en el verdadero evangelio del reino de Cristo, que es el evangelio de su gloria, entonces usted está entre los que se pierden, pues el diablo ha logrado nublar su percepción intelectual para que no retome el verdadero evangelio de Cristo. Y si usted insiste en otro evangelio, sea éste el “evangelio de la Deidad de Cristo”, el “evangelio social”, “El evangelio de la prosperidad”, “el evangelio de las moradas celestiales para los salvos”, o como quiera llamarlo, usted está entre los que se pierden. Así de fácil es la cosa, mis estimados.

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Este es un llamado para la recaptura del evangelio original, y para dejarse trasladar al reino del amado Hijo, escapando a tiempo de las garras del enemigo que lo tiene a usted en tinieblas espirituales (Col. 1:13).

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Le invito a usted a anunciar el reino de Dios (Lc. 9:60), a buscarlo (Mateo 6:33) y a pedirlo todos los días (Mateo 6:10). Su corazón debe estar puesto en Jesús, en lo que él hizo por usted en la cruz, y por lo que él le ofrece para cuando aparezca por segunda vez, y le diga: “Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades” (Lc. 19:17).

¿DÓNDE ESTÁ LA VERDADERA IGLESIA DE CRISTO?


Por Ingº Alfonso Orellana

Cristo tiene una novia, solo una novia. Está compuesta de aquellos que ‘le recibieron’ y continúa creciendo con todos aquellos quienes le reciben. Dio su vida por ella. Cuando aun era pecadora, le amó y murió por ella. La cuida y cuando, por su torpeza humana se ensucia, la limpia. No lleva cuenta de sus errores ni espera más de ella de lo que puede dar.

Los miembros individuales de esta novia están esparcidos por todo el mundo y ningún grupo organizado puede reclamar exclusividad. Es Cristo quien escoge la novia. No un comité religioso ni un auto-nombrado caudillo moderno. Jesús hizo los preparativos necesarios para su manutención durante el período en que Él estaría ausente. Esta provisión, el Espíritu Santo que viviría en el creyente recién nacido, le guiaría a “toda la verdad.” No habría necesidad de una jerarquía humana, eclesiástica, opresora, la cual se arrostrara sobre si el derecho apostólico conferido a los hombres escogidos por Jesús mismo en el primer siglo. Basta con leer el capítulo 14 de la carta a los Romanos para darnos cuenta de lo que Pablo mismo describe como la libertad cristiana dentro del marco del amor.

El tratar de justificar un Papado, Cuerpo Gobernante u otra forma de autoridad totalitaria dentro de los predios de “la novia”, la congregación del Dios vivo, es una agresión al Espíritu Santo, porque como sabemos los que leemos la Palabra, donde esta el Espíritu de Dios hay libertad.

La novia recibe su llamado, experimenta el Nuevo nacimiento y el sello de la salvación. Luego pasa por un periodo de purificación, parecido al proceso practicado por los reyes de la antigüedad al tomar una esposa. Por ultimo, la novia es glorificada en las bodas del Cordero.

Cuando nos encontramos con uno de estos miembros, lo sabemos. Ellos no tienen que presentar credenciales o pruebas tangibles de su unción. No es una humildad fingida o religiosidad en su actuar. Es el sello del amor. Tampoco andan interesados indebidamente en los asuntos ajenos, aparte de estar listos para ayudar y animar a los pobres y a los débiles. También son capaces de salir en defensa de los oprimidos.

Para mí, la Iglesia Verdadera es una realidad tangible. Disfruto de su hospitalidad, de su diversidad, de su caudal de “alimento espiritual,” de su experiencia en el vivir diario, de su anuencia al dolor de otros, de sus magnificas alabanzas, etc.

Lamentablemente hay unas corrientes llamadas “cristianas” donde la virtud de la iglesia se ha pervertido. Esto siempre sucede cuando hombres desplazan al Espíritu Santo y se colocan asimismo como caciques del rebaño. Como aconsejó Pablo a Timoteo, ‘de estos apártate.’

En resumen digo que el asunto de la identidad de la Iglesia Verdadera es muy sencillo, si partimos de la base establecida por Jesús en Juan capítulos 14 al 17 y a la evidencia demostrada al tiempo de su fundamento en Pentecostés. Todo lo demás sobra.

Reciban un cordial saludo y que Jesús les bendiga siempre.

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jueves, 27 de agosto de 2009

EL DILEMA DE CONOCER LA VERDAD


Por mi buen amigo, el Ingº Alfonso Orellana (ex-Testigo de Jehová)

“La ignorancia…es una bendición.” Así reza un dicho popular. Sin dudas que conocer los hechos de un asunto puede colocar una enorme carga sobre nuestras espaldas. Por otro lado alguien dijo; “La verdad os hará libres.”

Parece todo depender de donde estemos en la vida y especialmente que hacemos con esa “verdad” lo que determina si será libertad o carga. Para muchas personas que se han aventurado a investigar su fe en la Watchtower Bible and Tract Society, descubrir que han sido engañados por los avances interpretativos de una organización que no siempre ha sido candida al presentar sus enseñanzas y tampoco han buscado primero el bienestar de sus adeptos. Por lo general esta búsqueda se hace la Red Mundial de una manera anónima. Ese fue mi caso. Una vez descubierta la “Caja de Pandora” de la WTBTS procedemos a abrirla lentamente, como si pudiéramos controlar su eyaculación a pequeñas dosis de menor nocividad.

Dada la reducción de actividad en los foros que visito regularmente me atrevo decir que, aunque el número de personas expuestas a la verdad sobre la “verdad” figura en los miles, pocos se atreven a liberase de la carga por variados motivos. Las congregaciones en los países desarrollados o en vía al desarrollo, deben estar repletas de personas que saben más de lo que se atreven admitir públicamente. Este conocimiento se traduce en una merma en el nivel de actividad que una vez caracterizaba al testigo comprometido. Tengo informes de aburridores discursos y presión encaminada a revivir el entusiasmo de, digamos, los años antes de 1975. No están teniendo éxito. Llana y sencillamente, el testigo promedio sabe demasiado.

Recientemente me llegó información de un nuevo grupo en pro de una reforma de la política relacionada con el uso de la sangre. Lamentablemente, sus moderadores han optado por mantenerse anónimos. Esta posición, en mi opinión, no es muy distinta de la de la WT misma a la hora de saber quien es quien. Aunque reconozco que no es fácil aceptar las consecuencias de salir a la luz como un disidente de la WTBTS, pues para algunos las consecuencias serían trascendentales, la persona que realmente ama la verdad tiene que enfrentar las consecuencias más temprano que tarde. Tengo un buen amigo que sirvió como anciano y todavía se balancea sobre la cuerda de la decisión. Confió que se definirá a favor de la verdad.

Por otro lado, semanalmente cientos de personas acuden, en su búsqueda de Dios, de una forma libre a varias congregaciones de perfil cristiano. Vienen por su cuenta o responden a la sencilla invitación de un amigo. Recuerde: La puerta debe permanecer abierta, tanto para entrar como para salir. Si la cierran al entrar o tratan de colocar un yugo pesado sobre ti, no son de Cristo; ¡huye! Si predican el regalo gratis de la salvación, acéptalo. Nuestro Señor comienza una obra de restauración de vidas de adentro hacia fuera. Un contraste pronunciado a los métodos de conversión y control mental de la WTBTS. Una vez estás adentro, como el crimen organizado, el precio de la salida es tu vida. Sí, tanto la presente, como la futura.

"…donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (San Pablo- 2 Corintios 3:17)

Reciban mi cordial saludo.

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