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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

lunes, 26 de octubre de 2009

...SER O NO SER RICO?: -HE AQUI LA CUESTION!-


Por Ingº Mario A Olcese

¿Puede un cristiano decidirse hacerse rico? ¿Es pecado que un cristiano sea rico en este mundo?¿Desea Dios que todos sus hijos sean ricos en esta vida? Estas son preguntas muy interesantes, sin duda.

Hay cristianos que tienen muchas riquezas, pero la gran mayoría de los creyentes tienen muy poco o nada. ¿Es que Dios hace diferencias entre sus hijos? ¿Son algunos más capaces que otros para hacer riquezas? ¿Por qué no todos los fieles son bendecidos de igual manera?

Sin duda alguna el dinero es necesario para vivir, ¿pero es la abundancia de riquezas una señal de bendición de Dios? La respuesta, aunque parezca inaudita, es NO. Dios a través de Salomón nos habla de que desistamos de hacernos ricos, porque el amor y la acumulación de dinero traen aflicción de la carne y una serie de peligros y tentaciones que nos pueden conducir a la perdición (Prov. 23:4,5). Si esto es verdad, y no lo dudamos, ¿podríamos pensar por un instante que Dios desea que seamos todos muy ricos en esta vida sabiendo los riesgos que correríamos por llegar a serlo?

Cristianos talentosos y ricos

Algunos cristianos se hacen ricos porque nacieron con una “visión” especial para los negocios. Estos hermanos tal vez no se propusieron hacerse ricos, pero supieron aprovechar las oportunidades que se les presentaron para hacer dinero y lo lograron con mucho éxito y esfuerzo (Ecl. 9:11). Estos son buenos cristianos, y aunque son muy ricos, no tienen su amor y su corazón puestos en sus riquezas, sino en el Señor. Ellos muestran un equilibrio en sus vidas, y no dejan que sus posesiones materiales los separen del Señor (Sal. 62:10). Pero otros creyentes ricos caen en una trampa y en un lazo de los cuales no pueden zafarse fácilmente. Estos están actualmente soportando innumerables aflicciones y tribulaciones por haber hecho del dinero su dios (1 Tim.6:9-11).

Los creyentes sabios, que por sus propios medios lícitos se han hecho ricos, usan sus riquezas para compartirlas con aquellos que tienen muy poco. En realidad Dios ha dado a algunos la ocasión de hacer dinero para que luego lo puedan distribuir entre los menos afortunados. El Señor quiere que los ricos sean buenos administradores de sus riquezas, y que ayuden a los más necesitados, construyendo hospitales, asilos, comedores, colegios, universidades, etc (1 Tim. 6:17,18). Y es que finalmente esas riquezas fueron obtenidas, no para que ellos se queden con ellas, y las guarden en las bóvedas frías de los bancos, sino para compartirlas solidariamente también con otros hermanos en la fe, e incluso, con los incrédulos. Recordemos que el amor que debe caracterizar a la iglesia verdadera se demuestra con hechos y no tan sólo con palabras vacías (1 Juan 3:18).

Jesús dio importancia a la solidaridad, y de eso no quepa la menor duda. Al joven rico Jesús le dijo que diera su fortuna a los pobres, y Saqueo fue alabado porque daba la mitad de sus ingresos a los necesitados. El Señor desea que los pobres sean ricos, pero ricos en fe, pues si el Señor hubiese querido que todos los creyentes fueran ricos en cosas materiales ahora, sin duda lo serían (Santiago 2:5). Pero lo cierto es que el dinero en abundancia es un peligro y no es para todos. Los que creen que por hacerse cristianos serán bendecidos con mucho dinero y comodidades en este siglo, están muy equivocados. Las Escrituras no nos prometen nada en absoluto de que si nos hacemos cristianos saldremos por arte de magia de la pobreza y nos convertiremos en príncipes con grandes mansiones y lujosos automóviles.

Lo sorprendente de todo esto es que hay muchos “evangelistas” que nos aseguran que podemos salir de la pobreza material hoy y ser verdaderamente ricos, si sólo somos generosos con nuestros fondos para con ellos. Ellos ven la pobreza como una maldición, cuando en realidad la extrema pobreza y la extrema riqueza son una ofensa a Dios. Ningún extremo es saludable, sin duda. Sin embargo, la promesa del Señor es que no nos dejará en esa extrema miseria que viven muchos hombres hoy porque están alejados de Dios por el pecado. Sus vicios y sus decisiones equivocadas los vuelven más pobres, pero una vez que retoman el camino de la luz por el evangelio, estas personas ven cómo sus vidas temporales mejoran, y sus exiguos ingresos parecen ser más grandes. Ya no gastarán más en cerveza, cigarrillos, drogas, mujeres, y otros vicios más que los han empobrecido hasta la miseria.

Por mi parte yo quiero ser un sabio y piadoso administrador de mis posesiones en la tierra, sean éstas abundantes o escasas. Yo quiero dar sin esperar nada a cambio. Cuando le doy a alguien, yo no quiero estar motivado por el deseo de que Dios me bendiga. Quiero dar porque amo a mis semejantes y porque quiero usar el dinero del Señor como Él lo haría. Quiero dar con alegría y con entusiasmo, no en la obligación o mero sentido del deber. Deseo compartir con aquellos que no tienen lo suficiente para vivir, primero a los de la fe y después a los incrédulos.

Debemos dar, no sólo porque Dios espera eso de sus buenos hijos, sino porque sentimos verdadera compasión por los necesitados. La solidaridad y la generosidad sin un sentimiento de amor y empatía por el necesitado, no tiene mucho valor…y tal vez ninguno.

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LA RESTAURACION DEL TRONO Y EL REINO DE DIOS


Al anunciar el Ángel del Señor a María que ella daría a luz al Hijo de Dios, le dijo esto: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, tú concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo y el Señor Dios os dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no habrá fin “(Lucas 1:30-33).

Los apóstoles del Señor Cristo Jesús que lo habían seguido fielmente durante el curso de su ministerio, entendían que debían ser recompensados por su fidelidad. Pero de qué manera? Pedro fue el que puso a su pregunta en palabras: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. ¿Qué, pues, tendremos? “El Señor le dio una respuesta clara e inequívoca:” Vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros también se sentará en doce tronos para juzgar de las doce tribus de Israel “(Mateo 19:27-28).

La palabra traducida como “regeneración” es muy interesante. El griego palingenesia se deriva de Palin, que significa “nuevo”, y génesis, que significa “nacimiento” o “principio”. La palabra entonces habla del re-nacimiento o la reconstitución del reino de Israel, que es el reino de Dios, con Cristo que reina en el trono de David su padre (Lucas 1:32-33).

Una palabra con un significado similar ocurre en el libro de los Hechos. Pedro habla de “los tiempos de refrigerio” que “vendrán de la presencia del Señor, y Él envíe a Jesucristo … quien debe recibir los cielos (Salmo 110:1, Hechos 2:32-33) hasta los tiempos de la restitución de todas las cosas de que Dios ha hablado por boca de sus santos profetas “(Hechos 3:19-21). La palabra “restitución” es de la palabra Griega apokatastasis, derivada de apo, “Volver de nuevo,” y kathistemi “poner en orden,” por lo tanto, literalmente, “poner en orden de nuevo”, y así completamente restaurado. Obviamente, Pedro se refería al “reino”, que debe ser restablecido, con el trono en “Jerusalén como en los días de antaño “(Malaquías 3:4).

Estos puntos son suficientes para convencernos de que la iglesia no es el reino, puesto que la iglesia no requería ser restaurada sino edificada (no re-edificada).


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LA VENIDA DE CRISTO Y SU REINADO EN LOS SALMOS

El Salmo 2 describe elocuentemente una confrontación inminente. Las naciones se “airarán” en sus pensamientos vanos, cuando se combinen muchos poderes para tratar de resistir la autoridad de Cristo en ese día (Salmo 2:1-2). Se rechazará la supremacía divina, pero Dios mantendrá su poder y su soberanía (Salmo 2:3-5). A pesar de la oposición de las naciones, Él establecerá a Cristo como Rey en el trono de David en Jerusalén, dándole los confines de la tierra por su posesión” (Salmo 2:6-8). El poder de las naciones será “roto” (Salmo 2:9). Los jefes de los gobiernos de toda la tierra serán advertidos a someterse al reinado justo de Cristo o perecerán (Salmo 2:10-12).

El mensaje de este salmo no es difícil de comprender, siempre que se entienda que tiene una aplicación clara a la segunda venida de Cristo en el Apocalipsis (Apocalipsis 2:26-27), donde el Salmo 2 se hace referencia en relación al regreso del Señor Jesucristo).

El profeta Isaías utiliza una terminología similar a la encontrada en el Salmo 2. Él dice: “¡Ay! multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo del mar, y murmullo de naciones que harán alboroto como bramido de muchas aguas. Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas; pero Dios los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino.” (Isaías 17:12-13).

El libro de los Salmos menciona estos acontecimientos trascendentales muchas veces en un lenguaje muy claro para evitar malentendidos: “Levántate, oh Dios, juzga la tierra: porque heredarán todas las naciones … que los hombres sepan que tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”(Salmos 82:8; 83:18).

Una de las historias más bellas y espectaculares de futuro reinado de Cristo en la tierra se encuentra en el Salmo 72. Gire a este Salmo y lea con cuidado. El salmo se puede dividir en seis partes, que presentan:

Vv. 1-4. . . . Un reino de justicia
Vv. 5-7. . . . Un reino de respeto
Vv. 8-11. . . . . Un reino de renombre
Vv. 12-14. . . . Un reino de Socorro
Vv. 15-16. . . . Un reino de resultados y de reposición
Vv. 17-20. . . . Un reino de respuesta

Ahora, mire más de cerca el maravilloso mensaje de este salmo. Cada versículo revela un aspecto maravilloso del reinado venidero de Cristo en la tierra. Note la secuencia de los eventos:

v. 1. El Rey real de Dios recibirá su trono.
v. 2. Los juicios sabios del rey.
v. 3. Su gobierno justo y recto.
v. 4. Su preocupación por los necesitados, la destrucción de los tiranos.
v. 5. El rey, que será respetado por todos.
v. 6. Su reinado traerá frescura, fertilidad y fecundidad.
v. 7. La justicia prevalecerá y la paz duradera será establecida.
v. 8. Él tendrá el dominio de todo el mundo.
v. 9. Sus enemigos se arrepentirán y le responderán a él.
v. 10. Otros gobernantes se inclinan a su autoridad y poder.
v. 11. Todos los gobernantes renunciarán a sus oficinas en favor de su gobierno.
v. 12. Él hará provisión para todos los necesitados.
v. 13. El cuidará a los menos privilegiados y desfavorecidos.
v. 14. Se protegerá a los débiles.
v. 15. Será un rey-sacerdote y mediador.
v. 16. La tierra prosperará, no sufrirán de hambre.
v. 17. Todas las naciones le reconocerán y lo alabarán.
v. 18. La Alabanza a Dios resuena en todo el mundo.
v. 19. El nombre de Dios y la gloria será reconocido y él debe será reverenciado.

Este notable Salmo profético demuestra muy claramente lo que se producirá en el regreso de nuestro Señor Jesucristo.

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LA INCONGRUENTE IGLESIA CATOLICA

Por Jessica Fletcher Sánchez

Es bien sabido por todos que los sacerdotes católicos no casan a los divorciados porque consideran que el matrimonio es un convenio de por vida. Sin embargo, una vez que muere uno de los cónyuges, el que queda vivo puede casarse nuevamente sin pecar.

Hace algunos años mi vecino se divorció de su esposa por “diferencias de caracteres” y él se volvió a unir en matrimonio con otra señorita, pero sólo por civil, ya que el cura de la parroquia había rechazado su solicitud para que los casara en la iglesia porque se consideró que dicha unión sería espuria y adúltera.

Lo que me llamó mucho la atención es que un día que fui de curiosa a la iglesia donde esta pareja “adúltera” asistía regularmente para escuchar la misa, vi, sorprendida, cómo el mismo párroco de la iglesia les daba la comunión (la hostia) a esta pareja en pecado mortal. Me pregunté: Si esta pareja está en pecado de adulterio, ¿cómo era posible que el mismo párroco les diera la SANTA comunión sabiendo que estaban ellos en flagrante pecado? Realmente quedé sumamente perpleja al no comprender esta contradicción. Si estaban en pecado, y se les había negado el sacramento del matrimonio, ¿por qué no se les negaba igualmente el sacramento de la comunión?

Pero acá no acaba la historia. Pasados los años, el marido “adúltero” contrajo un cáncer al páncreas, enfermedad que a los pocos meses de contraída, lo llevó a la tumba. La “viuda adúltera” le pidió al párroco si podía hacerle una misa de difuntos para su difunto esposo, a lo cual el párroco accedió. Durante esa misa de difuntos el párroco dijo: “Nuestro HERMANO fulano de tal ya está descansando en la gloria con el Señor…etc,etc”. Esto me produjo desconcierto, ya que si el difunto fue un adúltero, ¿cómo podía ser considerado un hermano, y peor aún, de que estuviese en la gloria con el Señor?

Ahora me doy cuenta de que la iglesia Católica es hipócrita y contradictoria, pues no obra con convicción y coherencia.

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LAS ALMAS BAJO EL ALTAR

“Cuando abrió el quinto sello, vi bajo del altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apo 6:9-11).

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años (Apo 20:4).
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Si comparamos ambos textos, veremos que Juan ve sólo las almas de los mártires, de aquellos que fueron asesinados por la Palabra y el testimonio de Jesús. Nos preguntamos si Juan sólo vio a los mártires asesinados en el periodo de la gran tribulación final y no a los de las otras épocas (especialmente a los que fueron martirizados por el romanismo en la Edad Media). Y qué hay de aquellos cristianos que murieron en buena vejez, ¿acaso no aparecen sus almas bajo el altar?¿Qué pasó con esas almas? En fin, ese es un asunto para otra conversación.

Lo de Apocalipsis 6:9-11 lo explica el teólogo anglicano E.W. Bullinger, un creyente en la doctrina de la inmortalidad del alma, de la siguiente manera: “En Apoc. 6:9, este tiempo de persecución no ha llegado todavía, y aquellos que han sido decapitados son representados, por prosopopeya, como si hablaran y preguntaran… Tienen ropas blancas que les fueron dadas, y así se mantiene la prosopopeya. La palabra almas se pone aquí por sinécdoque. Además los muertos no pueden hablar. Véase Sal. 115:17; 146:4, etc” (Figuras de dicción usadas en la Biblia).

Se dice en la Biblia que la sangre de Abel clama. Es evidentemente que es una figura literaria, pues la sangre de nadie clama realmente. Del mismo modo, las almas que Juan ve bajo el altar, es una figura literaria, pues lo que hay debajo del altar es sangre, y las almas no están confinadas bajo el altar literalmente. Y así como la sangre de Abel clamaba, así mismo clamaba la sangre de los decapitados por Cristo. Todo es un cuadro simbólico que no debería confundirnos, si estamos familiarizados con la narrativa bíblica. La respuesta es que claman por venganza en la misma forma como la sangre de Abel clamaba por venganza después de que su hermano Caín lo asesinó. Dios le dijo a Caín: “Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo” (Génesis 4: 10).

Los mártires, por sí mismos, no están pidiendo venganza. En la hora de su supremo sufrimiento posiblemente murieron perdonando a sus perseguidores tal como lo hicieron Jesús y Esteban. (Véase S. Lucas 23: 34; Hechos 7: 60.) Es la monstruosa falta de humanidad de sus asesinos la que demanda castigo, que “clama a Dios” por venganza. El mero hecho de que alguien obligó a esas almas a permanecer “bajo el altar” reclama justicia.

Finalmente, si esas almas eran realmente las almas inmortales de los mártires de Cristo, ¿debemos suponer que esas almas estaban ya en el cielo y en la gloria con Dios y con Cristo?¿bajarán nuevamente para la tierra, tomando sus cuerpos humanos para luego dejarlos y volver al cielo como almas desencarnadas?… ¿A round trip ticket?

EL PURGATORIO Y LA VENTA DE LAS INDULGENCIAS

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Dinero mayor, misa mayor; dinero menor, misa menor; no dinero, no misa». Dicho irlandés.

Es lo bastante preocupante saber que la obra magistral y engañadora del diablo se ha extendido con rotundo triunfo en esa grey que se hace llamar cristiana y que le encanta discutir con infladas ínfulas, bajo un deteriorado disfraz de erudición teológica, en los foros donde se defiende con ferviente e impuro amor doctrinas foráneas a la Biblia y que hemos rechazado sin temor a equivocarnos en santa cordura, como son la de “la trinidad”, la de “la divinidad de Cristo” y la de “la inmortalidad de alma”, para no hacer tan larga la carrera, entre otras más. Puedo ver hasta ahora con harta tristeza y enojo, cómo es posible qué se critique con elevada ligereza lo que se desconoce personalmente, pero que histórica y bíblicamente está asentado como un hecho real. La apologética bíblica se caracteriza por presenta pruebas fehacientes que sostienen como un buen cimiento de edificio lo que se defiende. Para que esto pueda ser posible, se tendrá que tener un aceptable conocimiento bíblico y de su entorno histórico, se deberá tener nociones fundamentales de interpretación bíblica, habrá de comprenderse las doctrinas teológicas básicas de la Biblia en general, habrá de contarse con la ayuda de interlineales bíblicas, ya sean griegas o hebreas, con el apoyo de Biblias de estudio, y con libros de autores serios que hablen de eventos proféticos pasado y futuros, y con literatura que descubra el engaño dogmático de las diferentes sectas anticristianas que se encuentran enraizadas en todos los puntos de la tierra.

Ni se le ocurra a nadie pensar que aprenderá buena teología bíblica con esos libritos de tercera o cuarta calidad que han escrito autores como Benny Hinn y Marcos Witt, como Rick Warren y Kenneth Haggin, o con los libros del impío Kenneth Copeland y del apóstata Joel Osteen. Estos libros no son más que una copia de la psicología motivacional camuflados de cristianos. Lo único que obtendrá con esta literatura corriente e inicua es el camino seguro a la perdición.

Alguien por allí, de quien creo que nada tiene que hacer más que perder el tiempo en vomitar imprudencias y sandeces, fue tan osado en criticar sin fundamento alguno un estudio que un servidor editó hace meses con relación a la falsedad católica romanista del purgatorio y de la venta de indulgencias. Este escrito fue elaborado bajo la supervisión de la Palabra de Dios y con harta evidencia histórica convincente, válgame la redundancia, y aun de tal modo se atrevió a cuestionarlo con palabras fugadas de su macilenta y vacua mente “a-espiritual”, y lo peor de todo, nada relevante aportó para el beneficio de los foristas… todo quedó tal como empezó. Palabras, sólo palabras sin vida y sin trascendencia exhaló. Para esta persona, un servidor es visto como una “amenaza para el pueblo cristiano”, pero escrito está que «por causa de su bendito nombre seríamos vituperados», inclusive, por los que se dicen ser “hijos de dios”, pero que en verdad no lo son, por los que creen que le sirven, pero que desconocen que no es a él a quien veneran, sino a otro “dios”, uno que es terrenal y letalmente religioso.

Para que no le quede la menor duda a este “cristiano descreído” (y no dudo yo que pudiera ser un católico encubierto), presento casi el mismo escrito de «El Negocio del Purgatorio» que escribí tiempo atrás, pero con otros agregados que complementarán el primero. Adelante, pues:

La doctrina del purgatorio no brotó directamente con la iglesia católica romanista. Su fundamento histórico principia con el paganismo, mucho tiempo antes de la formación de la Iglesia de Cristo. La doctrina del purgatorio católico viene a cristalizarse a partir de las religiones y filosofías paganas. Platón (427-347 a.C.), al respecto, habló de los maestros Órficos que iban de casa en casa de las personas pudientes para convencerlas de que tenían un poder impuesto por el cielo y que les permitía por medio de sacrificios (obras) y encantamientos enmendar los crímenes cometidos por sus antecesores muertos y queridos. Este es un claro ejemplo que nos dice que tres siglos antes de Cristo la doctrina del purgatorio no era algo que se desconocía y que la iglesia católica hizo posteriormente parte de sus singulares y retorcidas ideas, en un nuevo matiz pseudocristiano.

En el primer estudio escrito por un servidor hace “bastante lunas y auroras” explico que ciertos pueblos paganos de la antigüedad creían en un lugar “purificador” que precedía al “paraíso”. Entre los pueblos que mencioné estaba el persa, el griego, el musulmán y el chino. Hice ver cómo los sacerdotes musulmanes cobraban altas sumas de dinero a los familiares de las personas muertas “purgadas” para “extraer” a sus seres queridos del susodicho “lugar purificador”. Se sabe, y no es raro para el cristiano que investiga, que los chinos budistas compraron “indulgencias” para esquivar el indescifrable lugar de la “purificación ígnea”.

Y lo reitero, porque es necesario decirlo otra vez, porque con esta palabra muchos tendrán la curiosidad de saber si realmente lo que han adherido es verdad o no, que la doctrina del purgatorio es completamente «anti bíblica». Sus raíces, que son las evidencias históricas ya presentadas, dan paso a la cabalidad indiscutible.

Con la doctrina del purgatorio se origina la de “la venta de las indulgencias” para “el perdón de los pecados”. El concebir que una persona sea capaz de comprar pecados pasados, presentes y futuros con dinero, deja mucho que desear, ya que la Palabra de Dios no sostiene semejante y desequilibrada fábula del corazón humano y perverso. La doctrina del purgatorio enseña con formalidad que los católicos que mueren en pecados veniales irán inexorablemente a ese sitio a “purgarlos en quemante sufrimiento”. Cuando haya concluido este sufrimiento, entonces “podrán ir al cielo como alma que lleva el diablo”.

Según los teólogos de iglesia católica romanista, los pecados se dividen en dos categorías o clases: Los mortales y los veniales. Los mortales, los que son más graves, no pueden ser perdonados o expiados por ninguna “obra buena”. Quienes los hayan cometidos, no obtienen el perdón por los sacramentos y las buenas “disposiciones” de la iglesia católica: “El sufrimiento será inevitablemente en el infierno… y para siempre”. Con los pecados veniales, por otra parte, que no son mortales, “se podrá salir volando del purgatorio al cielo para vivir una gloriosa y maravillosa estancia con el Señor Dios”, eso sí, “previo pago de la indulgencia que redime la pena en su totalidad”.

Para los que no lo saben, y para los que no lo les conviene saberlo, la Biblia no hace distinción entre un pecado y otro. Para Dios, el pecado, «pecado es». La Biblia nos muestra que los pecados son «hechos limpios por la sangre de Cristo», y no por “sufrir o experimentar cierta purificación en el purgatorio”, cosa que no deja de ser tan sólo una tradición inconveniente para las personas inconversas. Tampoco se logra limpiar los pecados por “obras buenas” ni por “pagar indulgencias”. Los sacramentos católicos, de acuerdo a la Biblia, no sirven sin lugar a dudas para limpiar o para librar anticipadamente a la gente del “fuego purificador” del supuesto purgatorio. Vemos la prueba:

1 Jn. 1:7-9 «…pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad».

La salvación de un individuo depende de la fe en el Hijo de Dios, en su obra expiatoria, en creer que Cristo es el Mesías esperado, el enviado por el Padre para la salvación de muchos. La salvación jamás podrá darse por “creerse” en otra cosa diferente (véanse: Jn. 3:16, 36; Ro.10:9-10). Por eso exclamó el Señor antes de morir: «Consumado es», entendiéndose con esto que el fue el sacrificio único para el perdón de los pecados, perdón que llevó a cabo por medio de su obra expiatoria en la cruz del Calvario (Jn. 19:30). Es por eso que Cristo es «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn. 1:29). Ir a otra parte a “purgar pecados”, a “purificarlos”, es como considerar inconclusa y de poca valía la obra salvadora de Cristo en su muerte vicaria. La doctrina del purgatorio, no es más que una vil y deshonesta mentira con fines de lucro y de poder eclesiástico.

Pablo nos comprueba que el sacrifico cruento de Cristo, aparte, no cuenta con otras alternativas diferentes para la expiación del pecado humano:

Col 2:13 «Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados…».

Heb.10:10-14 «En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados».

La doctrina del purgatorio y la de la venta de indulgencias son aborreciblemente malignas y esencialmente anti bíblicas, desde la perspectiva de la «salvación» revelada en el Nuevo Testamento.

La iglesia católica romanista ha tratado de justificar su “falso e indolente remedio” con la cita que se encuentra en Mt. 5:26 y que dice: «No saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante». Sus profanas y muy anguladas cabezas no tienen en cuenta que este verso habla literalmente de «una cárcel», de «una prisión», de «una celda», y no de “la vida después de la muerte”, en este caso, como lo conciben, en el “purgatorio”. Es necesario comprender bien el contexto de cualquier verso bíblico y de sus adyacentes para no caer en interpretaciones ominosas que nos desvíen del piadoso camino de luz.

La venta de las indulgencias fue una satanización que catapultó la Reforma protestante, la iniciada por Martin Lutero. Juan Teztel, hombre muy depravado, carnal y deshonesto, acusado por adulterio, fue juzgado con pena de muerte por sus terribles vicios y más tarde indultado gracias a la intervención del elector Federico. Teztel fue conocido como un perfecto barbaján pero también como un astuto y mordaz estafador por lo que el ambicioso y demoníaco “sumo pontífice” lo utilizó para fines de lucro y de riqueza, tomando como punto de partida para tal cosas la quimera del purgatorio y de la venta “misericordiosa” de las indulgencias. Teztel les aseguraba a los ignorantes que “tan pronto el dinero sonara en el cofre, saldría volando o saltando del purgatorio el alma de la persona”. Teztel les pregonaba con tremebundo descaro que “las indulgencias eran el regalo más precioso de Dios”. Por este motivo los ricos entregaban grandes cantidades de dinero al papado y los que no tenían, como los desgraciados trabajadores del campo, vendían todas sus propiedades con el fin de poder sacar las “pobres almas” de sus parientes fallecidos del purgatorio, “aprovechando el tirón” para pagar además, en la compra de indulgencias, sus propios pecados.

En la era actual las personas pagan “misas” para disminuir el tiempo que las almas de sus amigos o seres queridos pasan en el purgatorio para ser purificadas. Se sabe que en un tiempo atrás se había solicitado que se rezara por el alma de un cierto “Papa” que tenía ya muchas décadas de muerto con el propósito de sacarlo del purgatorio. ¡Vaya qué locura es esta! Uno piensa, si después de tantos años no se ha logrado poner fuera del purgatorio al “infalible” y máximo exponente de la religión católica romana, ¿qué se espera de aquéllos pecadores comunes y corrientes qué han muerto?

La Biblia dice que «nadie puede dar rescate por su hermano» (Sal. 49.7; 2 Co. 6:2; Heb. 2:3). Esto va en contra de la doctrina del purgatorio. Cuando una persona muere, tendrá que esperar en la más absoluta inconsciencia, en el sueño de la muerte, el día de la resurrección para dar cuentas ante Dios según sus obras, hayan sido buenas o malas:

Jn. 5:28-29 «No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación».

Dios les bendiga siempre.

Bibliografía:

Biblia Reina Valera, Versión 1960.

¿Cuál camino? Luisa Jeter de Walker.

Babilonia: Misterio Religioso Antiguo y Moderno.
Ralph Woodrow.
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