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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

martes, 28 de julio de 2009

LOS FALSOS APÓSTOLES DE CRISTO


“Porque yo se que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán el rebaño” (Hechos 20:29)

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” (Mateo 7:15)

¿Qué dicen los ministros, líderes y concilios sobre el Movimiento apostólico moderno?

- Pr. Miguel Rosell Carrillo (España), puntualiza: “Cuando murieron los apóstoles mencionados (los apóstoles de Cristo), se terminó para siempre el titulo y oficio de apóstol. La razón es obvia. Sólo ellos fueron testigos presénciales de Cristo desde los inicios de su ministerio, hasta su muerte, resurrección y posterior ascensión a los cielos. Sólo a ellos se les adjudicó la tarea de ser receptores y primeros divulgadores de la Palabra, contenida en el apartado de la Biblia que llamamos Nuevo Testamento. Una vez que Juan escribió el Apocalipsis, allí se cerró el canon bíblico, y acabó su ministerio irrepetible”.

- Primera Cumbre Latinoamericana de las Asambleas de Dios, realizada del 12 al 16 de Septiembre del 2005, sobre el Apostolado Moderno se pronunció en la parte IV. En relación a los profetas y apóstoles, punto 6, 7 y 8 dice: El movimiento apostólico contemporáneo se define en términos de poder y autoridad antropocéntrica y, por lo tanto, no corresponde a una verdadera exégesis del Nuevo Testamento.

No se debe crear una élite de apóstoles, tales redes no corresponden al modelo del Nuevo Testamento. La iglesia debe tener en cuenta la advertencia de las Sagradas Escrituras en relación a los falsos apóstoles, por lo tanto, ha de agudizar su discernimiento espiritual para identificarlos.

- La Iglesia de Dios del Perú, en un Congreso de Pastores, realizado del 12 al 14 de enero del 2006, hizo una Declaración sobre el Ministerio Quíntuple, y en los puntos 4, 5, 6, 8 y 9, dice: La Iglesia de Dios del Perú rechaza toda mala interpretación de la Palabra de Dios para la justificación de modelos de liderazgo actuales mal denominados “apostólicos y proféticos”.

La Iglesia de Dios del Perú define el “Movimiento Apostólico” moderno como un fenómeno socio-cultural de naturaleza religiosa, antes que un movimiento misiológico con principios bíblicos. La Iglesia de Dios del Perú cree que el denominado “movimiento apostólico” propone una comprensión del término apóstol que se contrapone con nuestra interpretación de las Sagradas Escrituras. La identidad pentecostal de la Iglesia de Dios no admite como modelo de liderazgo el propuesto por el “Movimiento Apostólico”.

- La Confederación de Iglesias Evangélicas Fundamentalistas del Perú (CIEF-Perú), en un Congreso de Pastores realizado del 01 al 04 de febrero del 2006, sobre el apostolado moderno dice: Que, Jesús llamo y ordenó solamente a 12 apóstoles (Marcos 3:16-19); que, Judas, el traidor, fue substituido por Matías y ordenado por los apóstoles, y ninguno otro más, con la excepción de Pablo (Hechos 1:26); que, Pablo fue llamado y ordenado por Jesucristo y no por los hombres, para ser el Apóstol de los Gentiles (Hechos 9:15-17); y Bernabé fue mencionado como apóstol, pero en otro sentido, como misionero, uno mandado con un mensaje, o como un embajador, pero no fue ordenado con los 13. El nunca se llamó a sí mismo: “Yo soy Apóstol de de los Gentiles”, como Pablo habló (Hechos 11:24; 9:27; 14:14).

Por lo tanto resuelve: Recomendar no usar o practicar el concepto del Apostolado Moderno, porque no existe en la Iglesia hoy en día. Quien se proclame como apóstol genera confusión y no reúne los requisitos para ser un apóstol, como el de ser testigo ocular de la crucifixión y resurrección de Cristo; y Observar que es muy audaz para un pastor, ministro, anciano, maestro u obispo recibir y ser ordenado apóstol y tomar este título tan alto. Para nosotros es una amenaza actual para la Iglesia fiel.

- Las Asambleas de Dios de los Estados Unidos, en su Declaración Oficial sobre apóstoles y profetas, adoptada el 6 de agosto del 2001, por el Concilio General de las Asambleas de Dios de los Estados Unidos, dice: Siendo que el Nuevo Testamento no provee instrucciones para el nombramiento de futuros apóstoles, tales puestos contemporáneos no son esenciales a la salud ni al crecimiento de la iglesia, ni a su naturaleza apostólica.

Las cartas pastorales no proveen información acerca del nombramiento de apóstoles ni de profetas, y el libro de los Hechos no indica que tal provisión fuera dada en las iglesias establecidas en los viajes misioneros. Los apóstoles no nombraron ni apóstoles ni profetas sino ancianos (Hechos 14:23). Al terminar los viajes misioneros, Pablo se reunió con los ancianos de la iglesia de Efeso (Hechos 20:17-38). Claramente, a los ancianos también fue dada la función de obispos (“supervisor”) y pastores (Hechos 20:28; 1 Pedro 5:2). Dentro de las Asambleas de Dios, las personas no son reconocidas por el titulo de apóstol o profeta.

- Las Asambleas de Dios de Venezuela, en una Convención Nacional Extraordinaria, realizada del 28 al 30 de julio del 2004, estudió las actuales corrientes teológicas que están de moda, entre ellas, el Apostolado Moderno y fijó una posición. En su declaración, en los considerandos número 5, 6, 10 y 11 dice: Que el concepto de la “unción apostólica” no tiene fundamentación bíblica; que la no utilización del término “apóstol” por parte de la iglesia durante mucho tiempo de su historia no anula el aspecto bíblico del mismo; que no necesitamos utilizar el título “apóstol” para que el ministerio esté vigente en la iglesia contemporánea; que las Asambleas de Dios de Venezuela no emitirá credenciales de apóstol, ni de ningún otro ministerio.

- Dr. Moisés Chávez (Perú), dice: “La novedosa doctrina de la restauración del apostolado neo testamentario a la vida y desarrollo de la iglesia en la actualidad constituye, no un hecho abortivo sino un fenómeno retrasado, una secuela de la Teología de la Restauración. La “Teología de la Apostolación” pretende restaurar el ministerio y la autoridad apostólica neo testamentaria sobre bases derivadas de la eiségesis de textos bíblicos. No que la exégesis le sea desconocida; pero le puede resultar desventajoso y aniquilador. En otras palabras, detrás de la “Teología de la Apostolación” hay un encarnizado debate teológico con su respectivo uso y abuso de las Escrituras, lo que es de rigor”.

- Pr. Presbiteriano Gustavo Mello Guimaraes (Uruguay), dice: La pretendida “red apostólica” con sus pseudo apóstoles, pretenden instaurar a corto plazo un “Papa del otro bando”, en el total descaro desean terminar con la terminología, Pastor, para sustituirlo por Apóstol, con el fin de lograr la meta de una iglesia mundial, para el propósito de algunos vivos. Ni aun los llamados Padres de la Iglesia y los también llamados Doctores jamás se atrevieron a utilizar tal grado de jerarquía, ni siquiera Policarpo quien fuera instaurado en Esmirna por el mismo San Juan. Estos sabios varones sobre todo eran humildes, cosa que falta hoy día en aquellos que presumen tal jerarquía.

Tengan misericordia de vosotros mismos, y no se dejen atrapar por estos villanos despiadados que pervierten la sana doctrina, con sus nocivas y venenosas artimañas.

- Dr. Ervin de León (EE.UU.), dice: El movimiento apostólico y profético del día de hoy no es otra cosa que algo bien orquestado para tomar control de la iglesia y es algo peligroso porque lleva el asunto a extremos extrabiblicos.

Este movimiento de apóstoles y profetas modernos está tomando el peligroso precedente que en el pasado tomo la Iglesia Católica Romana, quien afirma tener una autoridad extra Bíblica para establecer doctrina a travez de los comunicados ex-cátedra de los papas. Esto es un precedente peligroso que puede abrir puerta a muchas aberraciones doctrinales que en este caso podrían justificarse en el marco de las supuestas revelaciones.

Es un error tratar de implantar hoy de nuevo el oficio del apóstol y el profeta, a la manera que existieron al comienzo de la iglesia, los cuales son irremplazables y aunque estos ya murieron y su oficio termino, no obstante el fundamento establecido por ellos aun está vigente y no se puede poner otro fundamento sobre el mismo. Hay una base muy amplia para con firmeza rechazar este movimiento ‘apostólico profético’ moderno que se ha levantado en los últimos años, ya que es antibiblico en el sentido interpretativo.

- Teólogo Bautista Juan Stam (Costa Rica), dice: Los modernos “apóstoles” de hoy toman pasajes donde el término significa “misionero” pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. La iglesia católica hace algo parecido con su “sucesión apostólica” a través de los siglos. Según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.

Para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; cf. 1 Jn 1:1-4) y de su resurrección (Hch 10:40-42; 1Co 15). Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. Toda la evidencia bíblica deja muy claro que para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo presencial del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos esos “apóstoles” de nuestros tiempos modernos.

En la Biblia no aparece ninguna sucesión de apóstoles. La verdad es que ese título lo usan los pastores o líderes que tienen sed de poder y dinero.

EL ADVENTISMO Y EL CUARTO MANDAMIENTO


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Con error, los adventistas han enseñado y obligado la observancia del sábado por el domingo dentro de sus grupos, a pesar que la observancia del primero perteneció a la ya pasada y obsoleta «Ley mosaica». Señalan, que, “quienes guardan el domingo por el sábado están bajo el juicio de Dios”, porque la observancia del domingo es el “sello de anticristo”, su “marca diabólica”. Es bueno recordarles a nuestros amigos adventistas, que el sábado es tan sólo un memorial de la vieja creación. La antigua creación fue culminada en el sexto día por Dios, y el séptimo día, Dios descansó de su magistral obra creativa universal. Este día en que descansó el Señor, en que reposó, fue «santificado y bendecido» por él (Gn. 2:2, 3). La Ley mosaica fue promulgada únicamente para la nación de Israel y para los foráneos o extranjeros que «estaban dentro de sus puertas». Dios estableció para el pueblo de Israel el mandato de guardar el día de reposo para santificarlo. La orden de guardar el día de reposo, el sábado, no fue un mandato para otras naciones de origen gentil, aparte de Israel. Véase por favor Ex. 20:8-11 para confirmar el dato anterior. En el libro de Nehemías vemos que el mandato de guardar el sábado fue tan sólo para Israel:

«Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo. Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo; e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías que habían procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande, como en este día. Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de él en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una piedra en profundas aguas. Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir. Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos, y les ordenaste el día de reposo santo para ti, y por mano de Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley» (Nehe. 9: 7-14).

El día de reposo quedó como un recuerdo de la liberación de Israel de la tierra de Egipto por la mano misericordiosa de Dios. El pueblo de Israel honró a Dios por su liberación de la esclavitud de faraón sujetándose al cuarto mandamiento de la pasada Ley (2 Co. cap. 3). Con la venida de la nueva dispensación de la gracia que revela a Cristo, la Ley mosaica pereció, y con ésta, el cuarto mandamiento, porque «el fin de la Ley es Cristo» (Ro. 10:4). Ya Pablo había advertido a los creyentes de su época contra los judaizantes que los obligaban a practicar los ritos de la Ley muerta e intrascendente, presionándolos a guardarla. Imposible que fuese de ese modo, porque «si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo» (Ga. 2:21).

El hombre es «justificado por la fe en Jesucristo, y no por las obras de la Ley». Esto, hay que metérselo bien en la cabeza (Gal. 2:16; 2:20). Los judaizantes razonaron que no bastaba el creer en Cristo para obtener la salvación. Para tales era imprescindible guardarla además: “una muleta innecesaria para la gracia”. Pablo muestra en su carta a los Gálatas lo infructuoso de la Ley para salvar, sin olvidarnos, por supuesto, de la observancia del sábado (Col. 2:16-17):

«Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas» (Gal.3:10-12).

«Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?» (Gal. 4:8-9).

«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído» (Ga. 5:1-4).

«Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne» (Gal. 6:13).

Con la observancia de la Ley se procede para continuar en esclavitud, por lo que hemos visto (Gal. 4:3-11). No se concibe “estar en la Ley mosaica y ser de Cristo a la vez”. Como cristianos, nos encontramos en el «nuevo pacto» que fue vaticinado en el Antiguo Testamento por el profeta Jeremías, mas no en la Ley de Moisés (Véase Heb. 8: 8-13). Con la Ley estamos sentenciados a muerte irremediable a causa del pecado (Ro. 8:2), pero con Cristo morimos para resucitar a una «nueva vida» (Ro. 6:4). Cuando Cristo murió clavado en la cruz, con él quedaron horadados «los decretos que eran contrarios a nosotros», es decir, las ordenanzas y ritos de la eclipsada Ley que sujetaban al hombre a esclavitud y muerte; lógicamente, la observancia del sábado por ser un rito de la Ley, también quedó «clavada en el hosco madero» (Col. 2:13-17). Únicamente por la «gracia divina» es que logramos ser salvos (Ef. 2:4-5). La observancia del sábado, como rito de la Ley pasada, sale sobrando para ofrecer la salvación en el hombre pecador. Para el adventista, la observancia del sábado en el cristiano vendría a ser, como rito obligadamente necesario, una especie de “factor sinérgico” que “capacitaría a la gracia” para que la salvación pudiera efectuarse en aquel pecador que ha creído en Cristo. Las ordenanzas de la Ley nada pueden hacer para salvar al hombre en esta nueva dispensación. Sobra y basta con la «gracia» para que el más pecador, rebelde y terrible de los seres humanos obtenga «vida eterna».

Dios concluyó su obra creativa en el sexto día y descansó en el séptimo día. En la antigua dispensación este día fue ordenado para Israel. En cambio, el primer día de la semana, el domingo, conmemora la resurrección de Cristo y no la antigua creación que languidece más cada día por la destructiva mano de la humanidad irresponsable. La «antigua creación» es la sombra de la «nueva creación», un «día de reposo mucho más excelente que el primero» (Heb. 4:3-11), que se manifestará en un «nuevo orden mundial futuro», en una tierra restituida de las consecuencias del pecado, que fue afectada en su tierna y perfecta naturaleza en el principio de la creación de Dios. «Nuevo orden cosmológico» y que Cristo regirá cuando retorne por segunda vez a esta tierra (Ap. 20:4, 6). Cristo es la cabeza de la «nueva creación». La vieja creación será una que quedará en el pasado, en las irrecuperables partículas del polvo del olvido. Con Cristo esperamos esta «nueva creación» porque «reinaremos juntamente con él» (2 Tim. 2:12; Ap. 5.10). Es correcto pensar, que tan absurdo es seguir guardando el día de reposo escrito en las tablas de la gloria pasada, ya que está adherido a la «antigua creación». La creación vieja, caída y trastornada, «gime hoy por el cambio, por su renovación». Porque esta creación será «libertada de la esclavitud de corrupción que inició en el Edén por el pecado del primer hombre, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Ro. 8:19-21).

Es un error histórico desmedido de parte del desubicado adventismo haber considerado que la celebración del día domingo por la observancia del sábado en la Iglesia fue maquinada por Constantino y el “Papa” en el Siglo IV, ya que estaba profetizado que el anticristo, y que los adventistas han identificado con el “Papa”, habría de «cambiar los tiempos y la ley», de acuerdo a Dn. 7:25. Elena G. White escribe así esta absurda y fracturada declaración al respecto:

«A principios del Siglo IV el emperador Constantino expidió un decreto que hacia del domingo un día de fiesta pública en todo el imperio romano. El día del sol fue reverenciado por sus súbditos paganos y honrado por los cristianos...» («El Conflicto de los Siglos», o «América en la Profecía», cap. 3, pág 50).

Históricamente está escrito que la observancia del día domingo por el sábado no se promulgó con el decreto que la Señora White, amante del plagio, menciona en su famoso y retorcido libro (yo lo he leído muy minuciosamente, y vaya, ¡qué desastre y calamidad!). Antes ya de este “oficio real” los cristianos se reunían el día domingo para celebrar la resurrección de Cristo (1 Co. cap. 15), al que llamaron «el día del Señor».

Constantino no provocó en algún momento el cambio de observancia de un día por otro. Lo que hizo, simplemente, fue “oficializar” la observancia del día domingo que existía ya como costumbre tradicional de los cristianos prístinos para festejar el día de la resurrección de Cristo. La fecha de la legalización de la observancia del día domingo por el emperador Constantino está registrada en el año 321. d. C.

Existen pruebas irrefutables de parte de los Padres de la Iglesia Primitiva que dan fe de la observancia del día domingo, y no del día sábado, por los primeros cristianos fieles y creyentes:

Justino Mártir, en el año 145 d. C. escribió:

«Mas el domingo es el día en que todos tenemos nuestra reunión común, porque es el día primero de la semana y Jesucristo, nuestro salvador, en este mismo día resucitó de la muerte».

Ignacio, un hombre convertido a Cristo bajo el ministerio del apóstol Pablo, dijo:«Todo aquel que ama a Cristo celebra el día del Señor….no guardando ya más los sábados, sino viviendo de acuerdo con el día del Señor, en el cual nuestra vida se levantó otra vez por medio de él y de su muerte. Que todo amigo de Cristo guarde el día del Señor».

Ignacio de Antioquia, otra vez:

«Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor (domingo) en que nuestra vida es bendecida por Él y por su muerte» (Ignacio de Antioquia, a los Magnesios 9:1).

Tertuliano, en Apologético cap. XVI, escribió:

«...y asimismo, si nos damos a la alegría el día del sol (el domingo), por razón muy distinta que la de tributar culto al sol, seguimos en ello a los que designan el día de Saturno (el sábado) a comer y descansar, sin seguir por ello la costumbre judía que desconocen» (de guardar el Shabat).

En el año 300 d. C. Victoriano plasmó esto:

«En el día del Señor acudimos a tomar nuestro pan con acción de gracias, para que no se crea que observamos el sábado con los judíos, lo cual Cristo mismo, el Señor del sábado, abolió en su cuerpo».

Efectivamente: Cristo reveló que era el Señor del sábado. Dijo que el «sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» (léanlo mis amigos por favor en Mr. 2:23-28). Los fariseos legalista, indolentes y orgullosos hostigaron al Hijo de Dios por las buenas obras que realizaba el día sábado (véase Lc. 6:6-11). De la misma manera que Cristo, nuestros actos de bondad al prójimo no podrán detenerse en cualquier día de la semana, y el sábado, no es la excepción. Como intensivista de la medicina crítica, no podría dejar jamás de atender una urgencia médica que ponga la vida de un ser humano por guardar el día sábado de la Ley caduca y pasada, porque sería inconsecuente, maligno y egoísta. Si yo fuese el único médico disponible en cierta área o ciudad para resolver una grave urgencia en día sábado, menos lo guardaría. No es posible ser un fanático legalista y dejar de practicar el amor que Dios nos demanda para con el prójimo y que deberá llevarse a cabo en cualquier momento inesperado. El amor al prójimo es el segundo mandato más grande del Divino para el creyente en Cristo. En este mandato se cumple toda la Ley (véalo en Ga.5:14). El amor al prójimo no tiene ninguna relación con la observancia del día sábado. Los propósitos de cada uno son en todo diferentes. Cristo nos dio un «mandamiento nuevo», y si es «nuevo», nada tiene que ver éste con la antigua Ley. El «nuevo mandato» dice:

«Que os améis unos a los otros» (Jn. 13:34).

Si guardamos el día sábado según la Ley mosaica en esta dispensación nueva, perderemos la oportunidad de practicar el amor de Dios conforme el «mandato nuevo», que es categórico y no ritualista, dado por Cristo. «Cada día», «cada hora», y «cada segundo», los hombres padecen de grandes necesidades y nosotros “deberemos ser” de bendición para ellos «cada día», «cada minuto», y «cada «segundo» de «cada semana», contando el sábado, por supuesto, porque «al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es contado por pecado» (Stg. 4:17). Si somos ritualmente legalistas terminaremos siendo como el indiferente sacerdote, o el indolente levita, que dejaron abandonado a su suerte el hombre herido que «descendió de Jerusalén a Jericó», por no perder su “servicio religioso” pero que el samaritano compasivo rescató de la muerte en un acto de amor desinteresado e incondicional (Lc.10:30-37).

El fanatismo religioso y ritualista dentro del adventismo va en contra de los designios del Divino. El observar el sábado en el tiempo de la gracia salvadora y autosuficiente promueve al legalismo que tanto combatió el apóstol Pablo y qué también fue un ciego legalista, a la irresponsabilidad y al desamor hacia el prójimo. El adventismo tendrá que considerar con seriedad su grave error. El guardar el sábado en esta dispensación, propone que el sacrificio de Cristo es incompetente por sí mismo para redimir a la humanidad pecadora.

Por terminar, es bastante extraño que en el «concilio de Jerusalén» no se haya concientizado el mandato de guardar el sábado, cuando se discutía la hueca y fatua relación de la Ley mosaica con los creyentes en Cristo. ¿Olvidaría Dios establecerlo? Yo creo que no:

«Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquia, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación» (Hech. 15:28-21).

Amén.

Referencia para estudio:

«Reina Valera 1960».

« ¿Cuál Camino?»
De Luisa Jeter de Walker.
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