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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.
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domingo, 27 de febrero de 2011

EL “QUÉ” Y EL “CÓMO” DEL EVANGELIO COMPLETO


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

El “Qué” del Evangelio

El Señor Jesucristo vino al mundo para traernos un mensaje del Padre, el cual él llamó “El evangelio o buenas noticias del reino de Dios” (Lucas 4:43). Además, él llamó a la gente al arrepentimiento y a la creencia en su mensaje o evangelio del reino para ser salvos (Marcos 1:1,14,15;16:15,16).

Debemos también entender que nuestro Señor vino para confirmar las promesas hechas a los Padres, es decir, para que la gente supiera que Dios, algún día, cumpliría Sus promesas y pactos hechos con los padres (Abraham Issac, Jacob, David), tanto sobre la posesión de una tierra bendita como la herencia del reino de David que se restaurará en esa tierra de promisión que fluye leche y miel (Rom. 15:8). Recordemos que estas dos promesas aún están pendientes de cumplirse hasta que venga la simiente de Abraham y de David, el Señor Jesucristo (Mateo 1:1).

Hagamos un recuento breve. Dios llamó un día a Abraham para que saliera de su tierra pagana e idólatra para darle una tierra bendita, tanto para él como para su descendencia (Gén. 12:1; 13:15; 15:18). Y Abraham no dudó ni un minuto el llamado de Dios, y se dispuso con su familia a abandonar la tierra de sus padres (Ur) a una nueva tierra. Del mismo modo, Jesús nos llama a nosotros para que salgamos de este mundo corrupto para heredar esas mismas promesas hechas por Dios al padre Abraham, a Isaac y a Jacob.

Jesús no vino a hablarnos de nuevas promesas que sustituyen a las antiguas, sino, más bien, a confirmar las prístinas u originales reveladas a Abraham, como ya dijimos antes, para que por ellas nosotros nos sintamos impelidos al arrepentimiento, y seamos considerados hijos de Abraham por la común fe, y seamos coherederos con Cristo de esas mismas promesas (Gál. 3:7,16,29, Rom. 8:17). Este promesa de Dios a Abraham de una bendición para él y su descendencia, el apóstol Pablo dice que fue un anuncio anticipado del evangelio al padre de la fe (Gál. 3:8). El evangelio que fue predicado anticipadamente a Abraham se resumía: “En ti, todas las familias de la tierra serán benditas”. Y esa bendición vendría por la misma fe que tuvo Abraham. El fue justificado por la fe, al haber creído en las promesas de Dios. Hoy, los hombres son justificados por la fe, y en el mensaje que vino a confirmar, es decir, las promesas hechas por Dios a Abraham, Isaac, y Jacob…y a David, a quien Dios le prometió que su reino no desaparecería, sino que continuaría con un varón de su linaje que lo restauraría en un futuro no conocido por nadie.

Estas promesas de una tierra y un reino es lo que yo suelo llamar “El Qué” del evangelio, o la oferta del evangelio para que procedamos al arrepentimiento y a la salvación. El apóstol Pablo nos dice sobre estas grandísimas promesas, lo siguiente: “Así que, amados, puesto que tenemos tales PROMESAS (El “Qué”), limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu (por la sangre de Cristo), perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (El “cómo”) (2 Cor. 7:1). Es decir, teniendo esa HERENCIA de las promesas por delante (la vida eterna en el reino de Dios en el nueva tierra), ¿cómo no vamos a cambiar de corazón y de conducta con el arrepentimiento sincero y en el temor de Dios?

El “cómo” del Evangelio

Así que teniendo por delante esas promesas maravillosas de una tierra bendita y un reino justo y recto, Pablo nos llama a limpiarnos de toda contaminación de la carne, y esto se logra justamente a través de la cruz de Cristo y su sangre derramada para limpiarnos de nuestros pecados pasados. Esto dice Pablo: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Y por su lado, el apóstol Pedro resume de este modo el “Qué” y el “cómo” del evangelio:

2 Pedro 1:4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas (el “Qué”), para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina (“El Qué”), habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia (El “cómo”); 1:5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 1:6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 1:7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 1:8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 1:9 Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados (el “cómo”). 1:10 Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. 1:11 Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (“El qué”).

Esta era, y aún es, una buena noticia de salvación para todos, y de hecho es el “cómo” del evangelio que hace posible que los hombres hereden en “Que” del evangelio, es decir, la tierra prometida a los padres y el reino restaurado a David.

El problema del evangelismo hoy

Los más de los predicadores sólo se atienen en el “cómo” del evangelio, es decir, en el sacrificio de Cristo para redimirnos de los pecados pasados y salvarnos de la condenación eterna, pero se olvidan de enseñar el “Qué” del evangelio, o lo que es lo mismo decir, el premio o galardón que recibiremos por nuestra reconciliación con Dios, es decir, el reino de Dios en la nueva tierra. Es por eso que tanto el reino de Dios, como el sacrificio de Cristo, su sepultura y su resurrección al tercer día, se los llama, “el Evangelio” (Mr. 1:1,14,15; 1 Cor 15:1-5).

Mientras que los predicadores no entiendan que el evangelio completo es el “Qué” (el galardón o herencia) y el “cómo” (la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo al tercer día para nuestra redención total), ellos estarán predicando un evangelio confuso y parcial.

Es hora ya que los predicadores acepten que el “Qué” del evangelio, el Señor Jesús lo proclamó como el reino de Dios. Éste fue “la fe de Jesús” y la esperanza que vino a predicar insistentemente desde el inicio hasta el final de su ministerio (Mr. 1:1, 14,15; Hechos 1:3, Lc. 4:43).

martes, 1 de febrero de 2011

UN ARCANO POR FIN DESENCRIPTADO



Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

2 Textos importantes:

2 Corintios 4:4 “En los cuales el DIOS DE ESTE SIGLO cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.

Juan 17:22: “LA GLORIA que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno”.

Arcano por resolver:

¿Qué es aquella gloria mencionada por Pablo a los Corintios, y que nuestro Señor ha compartido con los fieles y que el diablo no desea que brille o resplandezca en los incrédulos?

Misterio Desencriptado:

Es interesante comparar Mat. 20:20-21 con Mar. 10:35-37, donde descubriremos claramente lo que era para los discípulos la gloria. Estos versículos de Mateo y Marcos han sido pasados por alto por muchos estudiantes de la Biblia, y sin embargo, son claves para entender lo que es la gloria prometida por Cristo. Desgraciadamente muchos creen que la gloria es estar en el cielo como angelitos blancos y alados tocando un arpa o una lira dorada por toda una eternidad.

Comparemos en seguida ambos pasajes:

Mat. 20:20,21: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Ella le dijo: Ordena que en tu REINO se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

Mar. 10: 35-37: “Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro querríamos que nos hagas lo que te pidiéramos. El les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu GLORIA nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.

Si comparamos ambas citas que se refieren al mismo asunto, pero bajo distintas perspectivas, veremos que Mateo dice que los hijos de Zebedeo (Jacobo y Juan) le solicitaron a Jesús una posición de privilegio en su REINO. En cambio, Marcos escribe que lo que Jacobo y Juan le pidieron a Jesús fue por un lugar de privilegio en Su GLORIA. ¿Por qué esta diferencia entre ambos evangelistas? Pues la única explicación posible es que no había ninguna diferencia, dado que era obvio para los primeros cristianos que la Gloria era un sinónimo del Reino y viceversa.

Conclusión:

Si reemplazamos ‘gloria’ por ‘reino’ en 2 Corintios 4:4, habida cuenta de que ambos vocablos son equivalentes, obtenemos lo siguiente:

“En los cuales el DIOS DE ESTE SIGLO cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio del reino de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.

Entonces lo que Pablo nos advierte es que el diablo ha oscurecido el entendimiento de los incrédulos para que no les amanezca el evangelio del reino de Cristo, el cual es la imagen de Dios.

¿Es usted uno de aquellos que rechaza el reino del Mesías Cristo como el evangelio verdadero, el cual él restaurará en Jerusalén en ocasión de su segunda venida en Majestad y Poder? Si es así, entonces usted ha caído presa del diablo y necesita abrir sus ojos urgentemente para creer en el verdadero evangelio del reino para su salvación (Rom. 1:16).

No es de sorprenderse, entonces, que la declaración de Jesús: “La gloria que me diste, yo les he dado” (Juan 17:22) sea equivalente a:

”Yo, pues, os ASIGNO UN REINO, como mi Padre ME LO ASIGNÓ A MÍ“ (Lucas 22:29).

¿Cómo la ven, hermanos y hermanas?

jueves, 27 de enero de 2011

OTRO PASTOR QUE NO TIENE NI LA MÁS MÍNIMA IDEA DE LO QUE ES EL EVANGELIO DE JESÚS




Enseguida escucharán ustedes al pastor José Guillén predicando el “evangelio de Jesús” por espacio de casi una hora, y ni por un instante menciona el reino de Dios… ¡el verdadero evangelio de Jesús! (Ver Marcos 1:1,14,15; Lucas 4:43). Además, ustedes oirán que Guillén cita Hechos 8 para explicar el encuentro que tuvo Felipe con el eunuco etíope para explicarle una Escritura de Isaías, donde el profeta habla de la muerte del cordero. Luego Guillén concluye que el evangelio de Cristo es Cristo mismo y su muerte en la cruz por los pecados de los hombres, afirmación que es cierta, pero que definitivamente no es todo el evangelio bíblico.

Ahora bien, noten el verso 35, donde dice: “Y COMENZANDO desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”. ¿Entendió usted esto, estimado lector? Felipe COMENZÓ con esa Escritura del profeta Isaías (sobre el cordero inmolado) para empezar a anunciarle al etíope el evangelio de Jesús, ¡pero no dice que esta Escritura citada por Felipe era TODO el evangelio de Jesús! Simplemente es el inicio del anuncio del evangelio de Jesús, ¡pero no es todo el evangelio completo! Recuerden que Pablo también comenzó hablando del evangelio de Cristo en 1 Cor. 15:1-7, y en el verso 3 leemos que él PRIMERAMENTE anunció que Cristo fue muerto, sepultado y resucitado al tercer día. y luego prosiguió diciendo que por nuestra resurrección, tal como ocurrió con Cristo, tendremos el ingreso en el reino de Dios, (la otra parte del evangelio salvador, versos 45-50).

Desafortunadamente el pastor Guillén pasó por alto el verso 12 de Hechos 8, donde se nos dice que Felipe bautizaba a todos los que habían creído en el EVANGELIO DEL REINO y en el nombre de Jesús”. Si él lo hubiera citado, seguramente se hubiera dado perfectamente cuenta de que Felipe predicaba la muerte de Jesús para limpiar nuestros pecados, pero también el reino de Dios, que es el premio, herencia o galardón de los que fueron lavados por la sangre de Cristo (ver también Santiago 2:5; 2 Pedro 1:5-11). ¡Este es el evangelio verdadero y completo!

En el versículo 37 nos da más información de lo que recibió como el evangelio de Jesús cuando el eununco confiesa que él creía que “Jesús es el Hijo de Dios”. Esta confesión es muy importante, pues creer que Cristo es Hijo de Dios es creer que Jesús es el Mesías, el Rey del reino. Recordemos la confesión de Pedro: “Tú eres, el Cristo, el Hijo de Dios” (Mt. 16:18), que para los judíos significaba un ungido, un hombre noble, un rey, un sacerdote, un profeta, un juez.

Realmente me sigo sorprendiendo al constatar la inmensa ceguera espiritual que subsiste aún entre los pastores y evangelistas en los círculos cristianos, y la resistencia que aún persiste en ellos para reconocer el evangelio del reino como el mensaje salvador que Cristo introdujo con en su ministerio de tres y medio años. Fue ciertamente su reino lo primero que Jesús habló (Mr. 1:1,14,15),…¡y también lo último! (Hechos 1:3).

Sólo queda concluir que el diablo ha logrado cegar a los incrédulos, pero también a los que se dicen creyentes, pero que no lo son, porque desconocen o rechazan creer en el reino de Dios, el mensaje que debe ser proclamado al mundo entero hasta el fin (Mateo 24:14). Sí, mis amigos, aún hay mucha resistencia entre los llamados “cristianos” (o “mesiánicos”…¡no los judíos mesiánicos!) para anunciar el reino de David por restaurarse en la tierra, porque creen tercamente que los judíos perdieron su reino davídico para siempre. ¡Qué pena!…¿Y ahora quién podrá ayudarlos?…el chapulín apologista!


jueves, 23 de diciembre de 2010

¿ES CRISTO MISMO EL EVANGELIO QUE DEBEMOS PROCLAMAR?



Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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Hay gente que dice que yo he cambiado el evangelio de Cristo, al estar enseñando el reino de Dios y no a Cristo. Es decir, lo que pretenden decirnos nuestros detractores es que el verdadero evangelio es Cristo mismo y no su mensaje del reino...
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Predicando a Cristo
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Los evangélicos presentan unos textos para señalar que el evangelio predicado por los primeros cristianos era “Cristo” mismo, lo cual nos resulta extraño, ya que Cristo mismo dijo que él fue enviado a predicar el evangelio del Reino de Dios y no su persona como tal (Lc. 4:43, Mr. 1:1,14,15). He aquí los pasajes en que usan nuestros detractores para “demostrarnos” que Cristo mismo era el evangelio:..
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1. Hechos 8:5: Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les PREDICABA A CRISTO.2. Hechos 9:20: En seguida PREDICABA A CRISTO en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios...
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Pero observemos que aquí se dice que se predicaba a Cristo, pero ojo que no se dice que Cristo mismo era el evangelio.
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Predicando el evangelio de Cristo
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En otros momentos veremos que Pablo predicaba el “evangelio de Cristo” como un sinónimo de “predicar a Cristo”, lo cual ha hecho suponer a muchos que Cristo es el evangelio, lo que es totalmente falso. He aquí los pasajes:..
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1. Romanos 15:19: con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del EVANGELIO DE CRISTO.
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2. Romanos 15:29: Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del EVANGELIO DE CRISTO.
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3. 1 Corintios 9:12: Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al EVANGELIO DE CRISTO.
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4. 1 Corintios 9:18: ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el EVANGELIO DE CRISTO, para no abusar de mi derecho en el evangelio.
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5. 2 Corintios 2:12: Cuando llegué a Troas para predicar el EVANGELIO DE CRISTO, aunque se me abrió puerta en el Señor,
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6. 2 Corintios 9:13: pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al EVANGELIO DE CRISTO, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos;
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7. 2 Corintios 10:14: Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el EVANGELIO DE CRISTO.
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8. Gálatas 1:7: No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el EVANGELIO DE CRISTO.
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9. Filipenses 1:27: Solamente que os comportéis como es digno del EVANGELIO DE CRISTO, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,10. 1 Tesalonicenses 3:2: y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el EVANGELIO DE CRISTO, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe,.
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¿Qué se entiende por el evangelio de Cristo? ¿Acaso que Cristo es el evangelio? Pues no, ya que si el evangelio de Cristo es Cristo mismo, entonces el evangelio de Pablo es Pablo mismo. Recuerde que Pablo usó en varías ocasiones la frase “mi evangelio” (Rom. 2:16; 16:25; 2 Tim. 2:8), lo que significa que el evangelio es ”el evangelio de Pablo”. ¿Pero creerá alguno que Pablo mismo era el evangelio? ¡No lo creo! El evangelio de Cristo como el evangelio de Pablo proclamaba el mismo mensaje del Reino, sin variación alguna. He aquí la prueba:.
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Marcos 1:14: Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio DEL REINO DE DIOS.
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Hechos 19:8: Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del REINO DE DIOS.
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Es cierto de debemos predicar a Cristo, así como debemos predicar la resurrección, la condenación de los impíos, el arrepentimiento de los pecados, etc; pero eso no quiere decir que el evangelio sea expresamente Cristo, la resurrección de los muertos, la condenación de los impíos, o el arrepentimiento. El único y singular evangelio, les guste o no a nuestros detractores, es el evangelio del reino de Dios, las buenas noticias de un gobierno justo en la tierra en la persona del Mesías..
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Sin embargo, sería bueno que se revise Lucas 4:43, en donde Jesús es claro al decir que fue enviado para anunciar el evangelio del reino de Dios. Esto significa que el mensajero no era el mensaje, sino el portador del mensaje de Dios para los hombres concerniente a algo que él llamó ”el reino de Dios”..
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Sí, mis amigos, Jesús vino al mundo para predicar el reino de Dios, y fue lo primero que hizo cuando comenzó su ministerio (Marcos 1:1,14,15). Ustedes notarán que en ningún momento Jesús comenzó a hablar de su persona y diciendo que él era el evangelio salvador que debía ser creído para ser salvos. El dijo “Creed en el evangelio”, más no dijo que creyéramos que él era el evangelio, sino el reino que introdujo. El evangelio que Jesús quería que creyéramos era definitivamente el reino de Dios (Mr. 1:1,14,15)..
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Mientras tanto, y a pesar de la resistencia al evangelio del reino, los siervos fieles están esforzándose a dar a conocer este mensaje de esperanza de un gobierno justo a todas las naciones a través de este magnífico medio, sin contar con otros que son igualmente eficientes o eficaces..
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Estoy convencido de que lo que la gente llama “tardanza de su venida” no es otra cosa que nuestra tardanza de predicar el evangelio verdadero al mundo habitado, es decir, la Buena Nueva del reino de Dios. Y mientras los cristianos no entiendan la importancia de dar a conocer este mensaje al mundo, Jesús no volverá con la presteza que quisiéramos todos (Mat. 24:14).

viernes, 12 de noviembre de 2010

¿QUE ES EL EVANGELIO? O ¿CUAL ES EL EVANGELIO? PT. I

Es hora de que ustedes conozcan el verdadero evangelio salvador que la mayoría desconoce, así que no se Color del textopiColor del textoerdan este estudio dividido en dos videos:

miércoles, 10 de noviembre de 2010

OCUPA CRISTO EL TRONO DE DAVID AHORA?


Traducido con ayuda del traductor automático de Google


FREDERIC R. HOWE


Profesor Emérito de Teología Sistemática, Seminario Teológico de Dallas, Dallas, TX


I. INTRODUCCIÓN


El Señor Jesús dijo a la iglesia de Laodicea, “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono (Ap 3:21, cursiva agregada). Es evidente que Jesús está sentado en un trono. Existe una controversia entre los dispensacionalistas hoy sobre el trono en el que Jesús está sentado. Los dispensacionalistas clásicos dicen que este es el trono del Padre, y que el asiento de Jesús en su propio trono (“mi trono”, Ap 3:21) está todavía en el futuro. El gobierno davídico del Hijo de Dios no está todavía en función. Los dispensacionalistas Progresistas (DP), sin embargo, sugieren que Jesús ya está sentado en el trono de David. De hecho, los DP dicen que Jesús está gobernando como el rey davídico. En este trabajo vamos a considerar las reclamaciones de ambas posiciones.


II. Sólo una realización futura


La realidad de la promesa bíblica de 2 Samuel 7:14-16 se confirma en el anuncio del ángel Gabriel a María, en Lucas 1:31-33. En esa afirmación, el ángel aseguró a María que Jesús habría de recibir el trono de David, y que él gobernaría. A medida que el ministerio de Jesucristo se desplegaba, la cercanía del reino fue demostrada, y sin embargo, lamentablemente también lo fue su rechazo por parte de Israel. Mateo 19:28 es un pasaje de coordinación, ya que dice: “Y Jesús les dijo:” De cierto os digo, que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido También se sentará en los doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel “La implicación de este texto parece obvio, será en la regeneración (palingenesia, nuevo mundo) que Cristo se sentará en su trono de gloria, y esto no se refiere en ningún sentido con una ocupación actual por el Señor Jesucristo del trono davídico.


Posiblemente uno de las defensas más concisa de este cumplimiento sólo futuro se encuentra en el libro de Conferencias de HC Thiessen en Teología Sistemática: Bajo la figura del hombre noble, Cristo es representado como yendo “a un país lejano para recibir un reino para sí mismo” (Lucas 19:12). Así como Arquelao, a la muerte de su padre Herodes, tuvo que ir a Roma para que el reino le fuera confirmado antes de que realmente pudiese gobernar como rey, por lo que Cristo tuvo que regresar al cielo para recibir el reino del Padre (Dan.7 : 13f).. El reino prometido a él por el ángel Gabriel (Lucas 1:32 ss), pero no hay que olvidar que la Palabra dice: “El Señor Dios le dará el trono de David su padre”. Para ello, volvió al cielo. Pero como con Arquelao, Cristo no estableció su trono en el país ahora, pero volverá a la escena de la que partió, y allí establecerá su reino. Jesús está sentado, no en el trono de David, sino en el trono de su Padre (Apocalipsis 3:21). El tiempo vendrá cuando él se sentará en su propio trono (Matt.19: 28; 25:31). Después de que él haya venido así en la gloria, le dirá a los de su derecha: “Venid benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34).


Esta analogía parece viable y realista para este escritor. Los partidarios de “sólo” el cumplimiento futuro de la promesa davídica no niegan el señorío de Cristo, y el hecho de que Él es “el mismo ayer, hoy y siempre.”: Aunque nunca deja de ser rey y, por supuesto, es el Rey, hoy como siempre, Cristo nunca se designa como rey de la iglesia (Hechos 17:7 y 1 Timoteo 1:17 no son excepciones, y Apocalipsis 15:3, “Rey de los santos”, KJV, es “Rey de las naciones” en los textos críticos). Aunque Cristo es un Rey hoy, él no gobierna como Rey. Esto espera su segunda venida. Entonces el reino davídico se cumplirá (Mateo 25:31; Apocalipsis 19:15


1 Nota del editor: Otra implicación es que cuando gobierne Jesús, de igual modo lo harán los apóstoles. Si Jesús está gobernando hoy desde el trono de David, entonces los apóstoles están sentados sobre doce tronos gobernando a las doce tribus de Israel.


III. CUMPLIMIENTO PRESENTE Y FUTURO: dispensacionalistas progresivos


En los últimos años, algunos DPs han expresado exactamente la conclusión opuesta. Los DPs sugieren que la promesa del pacto del gobierno davídico ya se ha cumplido, y que el presente período de sesión de Cristo en el cielo implica su ocupación del trono davídico. También habrá un futuro reinado en la tierra en el reino del milenio, cuando los aspectos políticos de la alianza davídica se cumplirán. Darrell Bock presentó razones específicas por las que se defiende esta posición. Un breve resumen de esta posición se encuentra de la siguiente manera: Debemos tener en cuenta que el Nuevo Testamento indica que los aspectos políticos de la realeza davídica de Jesús se cumplirán en el futuro. Pero los dispensacionalistas anteriores tendían a perder el hecho de que en la teología bíblica, la naturaleza davídica de la actividad actual de Cristo garantiza el cumplimiento de la totalidad de la promesa hecha a David en el futuro, incluyendo las dimensiones nacionales y políticas de esa promesa.


Una clave para esta posición es la idea de que el presente período de sesiones de Cristo en el cielo se ve a la luz específica de la promesa a David. Estas razones básicas se ofrecen como la naturaleza de la actividad davídica actual de Cristo. En primer lugar, es citado Hechos 1:3. Bock razona que los discípulos estaban esperando la restauración del reino de Israel (Hechos 1:6), y que el reino era el reino davídico. Jesús no negó la validez de su investigación, pero afirmó que su gobierno está dentro del control del Padre.


En segundo lugar, varios pasajes se citan en apoyo de la idea de que la actividad actual de Cristo en el cielo está dentro de la esfera de la alianza davídica. Se trata de Mateo 24, Hechos 3:21; Rom 11:26; Hebreos 2:5 y 2 Timoteo 4:1.


En tercer lugar, se afirma que el actual período de sesiones de Cristo en el cielo es una bendición davídica. Y esto es lo que el Nuevo Testamento declara que se ha concedido a Jesús, Hijo de David.


Una línea de evidencia se da también para esta posición de Mateo 28:18. Bock explica que aquellos que se oponen al gobierno davídico en el cielo ahora como el cumplimiento del pacto davídico fallan … para entender la unidad humana-divina (posición Trinitaria que no compartimos) de la persona de Cristo, así como la forma en que la unidad cumple las profecías mesiánicas de convergencia del gobierno divino en el reino escatológico de Dios … A esto se suma el hecho de que su humanidad no es genérica, es un descendiente de David, que ha sido ungido, entronizado, y teniendo en cuenta “toda la autoridad en el cielo y en la tierra “(Mateo 28:18). Cuando actúa, actúa como el divino rey David. (En este punto estos expositores consideran que el Rey-Dios ya ejerce su dominio en el cielo, aunque no lo pueden demostrar con las Escrituras)


IV. EVALUACIÓN DE LOS DOS PUNTOS DE VISTA


En opinión de este escritor, la evidencia bíblica señala claramente en la dirección de la primera opinión, a saber, que las promesas del trono davídico se cumplirán en el futuro, y que el presente período de sesiones de Cristo en el cielo no representa la gobernación en el trono de David. Un pasaje central que puede ser de ayuda en esta evaluación se encuentra en Romanos 1:3-4. El texto dice: “acerca de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor, que nació de la simiente de David según la carne, y declarado ser el Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad, por la resurrección de los muertos.” Note con atención que en el contraste entre los dos reinos, la naturaleza humana del Señor Jesucristo es de la línea o la simiente de David. Sin embargo, su naturaleza humana es una verdadera naturaleza humana, y de hecho es genérico, así como davídico (a diferencia de la declaración de Bock que la humanidad de Cristo no es genérico). El término “genérico” simplemente significa o describe una entidad que se relaciona con todo un grupo o clase. La genealogía de Lucas muestra la descendencia del Señor hasta el final del nuevo Adán, la cabeza genérica de la raza humana. La Cristología ortodoxa histórica ha articulado el milagro y el misterio del “hombre Dios”, y los teólogos ortodoxos han defendido la verdad de que la naturaleza humana de Cristo es verdadera, una naturaleza humana esencial, heredada de Adán, pero sin pecado a la vista de la milagrosa concepción y nacimiento virginal. El punto de llevar este asunto en este momento es inmediatamente visto en el contraste entre “la simiente de acuerdo a la carne de David,” y “declarado ser Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad.” Si alguna vez hubo un lugar para insertar o asumir el concepto de que Cristo se le concedió el trono de David en la ascensión, seguramente podría haber estado aquí. Sin embargo, el propio texto muestra que Él no ha sido declarado Hijo de David, sino el Hijo de Dios con poder. Sin duda, este es un argumento del silencio. Sin embargo, en opinión de este escritor, es muy significativo que, como sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, el término “Hijo de Dios” es el término central y clave. John Murray captó la importancia de este texto de la siguiente manera: Por lo tanto, cuando volvamos a la expresión “según el Espíritu de santidad,” nuestra conclusión es que se refiere a esa etapa de la dotación neumática en la que Jesús entró a través de su resurrección. El texto, además, relaciona expresamente “Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad” con “la resurrección de los muertos” y el nombramiento no puede ser otro que el que llegó a ser por la resurrección. El pensamiento del versículo 4 sería entonces que el señorío en el que fue instaurado por la resurrección es un todo-penetrante condicionado por los poderes neumáticos. La relativa debilidad de su estado pre resurrección, que se refleja en el versículo 3, se contrasta con la fuerza victoriosa expuesta en su señorío después de la resurrección.


Lo que se contrasta no es una fase en la que Jesús no es el Hijo de Dios y otra en el que es. Él es el Hijo de Dios en ambos estados, la humillación y exaltación, y considerarlo como el Hijo de Dios en ambos estados pertenece a la esencia del evangelio de Pablo en el evangelio de Dios. Pero la pre resurrección y post-resurrección son comparados y contrastados, y el contraste depende de la investidura con poder por el cual este último se caracterizado.


El actual período de sesiones del Señor Jesús es visto en la dignidad de su presencia a la diestra del Padre, a la espera de la culminación de los acontecimientos en la historia del espacio-tiempo que lleva su entronización a su cumplimiento John Murray, La Epístola a los Romanos ( Grand Rapids: Eerdmans PublishingCo, 1959-65), 1:12..


V. CONCLUSIONES


El Señor Jesús está sentado a la diestra del Padre en su trono. En opinión de este escritor, está sentado como el Hijo de Dios ascendido y glorificado. Ahora espera el triunfo de su ser sentado en el trono de David en el reino milenario. El Señor no está en ningún sentido sentado en el trono de David hoy en día. Él no está gobernando como el Rey prometido de David. Es rentable para reflexionar sobre el significado de 2 Pedro 3:13-14, a la luz de los acontecimientos futuros. Después de declarar la verdad sobre el día que viene de Dios, acompañado por los acontecimientos que se cree que incluso ocurrirán después del Milenio (la destrucción del presente orden de cosas), Pedro exhorta a los creyentes con estas palabras: “Por lo tanto, queridos, en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él en paz, sin mancha y culpa.” Este firme llamamiento a los creyentes en este momento en la era de la iglesia se hace presente, incluso en la luz de los acontecimientos que, proféticamente hablando, están en un futuro distante, incluso más allá del Milenio. Todo el barrido escatológico constituye una base adecuada para una vida santa, incluso en la actualidad. Este punto de vista pone las discusiones sobre el reino en un marco equilibrado y adecuado. Se hace un llamamiento urgente a los participantes en los debates sobre estas cuestiones para mantener el equilibrio, y participar en las discusiones con cortesía cristiana y el respeto mutuo, incluso entre los conceptos de los puntos de vista diferentes”, cumpliendo así Rom 12:10:” Amaos los unos a otros con amor fraternal, en honor de dar preferencia a uno del otro. “

sábado, 25 de septiembre de 2010

LO QUE ESTE PREDICADOR NO DICE ACERCA DEL EVANGELIO DE CRISTO

Lo que este predicador omite, al presentar lo que él cree es el evangelio COMPLETO de Cristo...
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El pastor de este video intenta explicar lo que es el evangelio de Cristo, pero omite algo crucial y muy importante de un pasaje que presenta como prueba de su afirmación. Notarán que empieza citando el importante texto de Romanos 1:16, el cual dice que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que lo cree…y en este punto estoy totalmente de acuerdo. Luego pasa a citar la primera carta de Pablo a los Corintios, capítulo 15, versos 3,4, que dice: “Porque PRIMERAMENTE os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. Pues bien, el pastor del video luego pasa a responder la pregunta crucial– ¿qué es el evangelio?– y dice que el evangelio es la muerte de Cristo por nuestros pecados, su sepultura, y su resurrección gloriosa al tercer día. Sus palabras son ciertas, y no lo dudamos, porque Pablo fue claro en su definición del evangelio. Sin embargo, lo que el predicador del video omite mencionar es la palabra “PRIMERAMENTE”. Es decir, si hay algo que es primero, luego hay algo más que le sigue, y que complementa lo primero y que tiene que ver, si leemos todo el capítulo 15 de 1 Corintios, con el reino de Dios. Sin duda, este es otro predicador “reino-fóbico” o “basilefóbico”, para ser más técnicos.

Regresemos al vocablo “primeramente”, el cual, obviamente, no quiere decir únicamente o solamente, y creo que en esto concordaremos todos.Pues bien, ¿qué otra cosa predicó Pablo y que es también el ”evangelio”?– Veamos unos pasajes de Hechos:

“ Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el REINO de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas… predicando el REINO de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” Hechos 28:23,31. Y ya sabemos que ese reino que predicaba Pablo era el evangelio de Cristo (ver Mar. 1:14).

Regresando a 1 Corintios 15:3,4, Pablo llama “primeramente” a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día…pero como ya dije, no es todo el evangelio (completo), pues él también predicaba el mismo evangelio del reino de Jesús. Y efectivamente, si vamos a 1 Corintios 15, pero esta vez al verso 50, Pablo hace mención de nuestra herencia del reino de Dios cuando seamos resucitados o transformados como Cristo, obteniendo nuestros nuevos cuerpos inmortales e incorruptibles. Así que Pablo no se olvida del reino para completar su predica del EVANGELIO COMPLETO.


domingo, 12 de septiembre de 2010

ESTAMOS LLAMADOS A PREDICAR EL REINO DE DIOS


Por Pablo José Romón Pacheco

Estamos llamados a Predicar el Reino de Dios. Pero recibiréis Poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo…….

El Señor Jesucristo se había topado con un hombre que buscaba su beneplácito para seguirle a todas partes pero antes quería ir y atender el sepelio de su padre.(Lucas 9:vean 57 al 62). Pero Jesús le contesta: “Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.” Aquí Jesús pone una disyuntiva entre atender los asuntos temporales y predicar el Reino de Dios, y lo que Jesús parece resaltar es la importancia de predicar el Reino de Dios por sobre todas las cosas que parecen importantes. Y también parece cierto que la frase “seguir a Jesús” significa o equivale a propagar el mensaje del reino de Dios, ya que Jesús le dice al hombre que vaya y anuncie el evangelio del reino por su cuenta. De esta forma el joven estaría siguiendo a Jesús en su misión evangelizadora.

Jesús dijo que es necesario dejar que los muertos entierren a sus muertos(Lucas 9: 60 ).

Pero acá no acaba la historia. En los versos siguientes, leemos: Entonces también dijo otro: “Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:61,62). En esta ocasión Jesús enseña que aquel que pospone la tarea de predicar el reino de Dios por otros asuntos sin mucha importancia, no es apto para el Reino de Dios.

El Reino es sinónimo de las frases ‘El Evangelio’, ‘la Palabra’, ‘La Gracia’, ‘El consejo’. Él Señor Jesús quiere predicadores que lo anuncien a él y su Reino Su Grandeza y Paz… pues éste es el único y verdadero mensaje de esperanza para el mundo sufriente y desesperado por una edad de justicia y de paz duraderas.

Así pues, si nos guiamos por lo que está subrayado en los versos de arriba, tenemos que: a) Predicar el evangelio es predicar a Cristo, y b). Predicar a Cristo, es predicar el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, y 3) Predicar el Reino de Dios y el nombre de Jesucristo es predicar la palabra. Predicar la palabra es predicar la gracia de Dios, y predicar la gracia es predicar el reino de Dios, y predicar el reino de Dios es predicar el consejo de Dios”.

Amigo y amiga de Dios: Estamos llamados a Predicar el Reino de Dios y todo lo relacionado con el Nombre del Señor Jesucristo (Su muerte, sepultura y resurrección al tercer día, Vive Cristo Jesús Por Los Siglos de los Siglos). Esto es lo que la Biblia Nos Enseña, llama “el evangelio” o “el mensaje de la Grandeza de Dios”, “la gracia”, y el consejo, Humildad y ” él Fuego de Dios. Esto es lo que la iglesia debiera estar predicando y no evangelios espurios y de hechura humana o diabólica. El reino de Dios es el centro de toda la predicación de Jesús, y fue el tema con el que inició y terminó su ministerio. Amen!!!!!!!

Palabra Clave; Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor Jesús, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. ( Hechos 1: vean 6 al 8 )

Jesús Te Busca a Tí;

El Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti.Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; Enderezad sus sendas. Marcos Capitulo 1: vean 1 al 3)

http://grandeza.obolog.com/

EL EVANGELIO QUE DESCONOCEN LOS EVANGÉLICOS Y OTROS GRUPOS CRISTIANOS


El Evangelio

Para los millones de cristianos en todo el mundo, el ‘EVANGELIO DEL SEÑOR JESUCRISTO’ tiene algo que ver con ‘ser salvo por la sangre derramada del Señor Jesucristo, la cual nos cubre y salva de los resultados de nuestros pecados, y de este modo nos asegura que nuestra alma inmortal seguirá viviendo en un embeleso inmortal en el cielo’.

Que la Biblia no enseña esta simplista idea, se hace evidente a medida que estudiamos la Palabra Santa de Dios.

¿QUÉ ES EL ‘EVANGELIO’?

Entonces, ¿qué es EL EVANGELIO? ¿A qué se refiere? ¿Cuáles son los beneficios de conocerlo, y por qué es tan importante que una de las últimas instrucciones de Jesús a sus discípulos fuera: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a oda criatura” (Marcos 16:16)? En las Escrituras griegas este pasaje se vierte así: “Id por todo el mundo y proclamad LAS ALEGRES NUEVAS a toda la creación”. Cualquier buen diccionario griego nos dará el verdadero significado de la palabra ‘evangelio’, el cual sencillamente es: “LAS BUENAS NUEVAS O LAS ALEGRES NUEVAS de algo.

EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS

El apóstol Marcos nos dice que Jesús “vino a Galilea predicando el EVANGELIO EL REINO DE DIOS” (Marcos 1:15), mientras que Lucas consigna el mismo acontecimiento así: “Después de esto, Jesús recorrió los pueblos y caseríos, proclamando LAS BUENAS NUEVAS DEL REINO DE DIOS” (Lucas 8:1 – NVI). De este modo, no tenemos ninguna dificultad para averiguar en las Escrituras mismas, que el evangelio que enseñó Jesús, tiene que ver con las alegres nuevas del venidero reino de Dios, en la tierra que será gobernado por Cristo y los santos que serán designados cuando él venga. Ese reino no ha llegado, y aún esperamos el cumplimiento de la promesa de las ‘alegres nuevas’ de las cuales habló Jesús.

SE CUMPLE LA PROFECÍA DE ISAÍAS ACERCA DEL EVANGELIO

El profeta Isaías escribió unas palabras notablemente proféticas que Jesús leyó en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres [...]; a predicar el año agradable del Señor [...]. Hoy se ha cumplido esta escritura delante de vosotros” (Lucas 4:18-21; Isaías 61:1). La profecía de Isaías se cumplió ante los ojos de aquellos que se habían congregados para oír al Señor Jesús.

JESÚS Y EL BAUTISMO

Felipe el evangelista, cuando se hallaba en la ciudad de Samaria, les “anunciaba el evangelio del reino de Dios y EL NOMBRE DE JESUCRISTO, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:12). De este modo, el MENSAJE DEL EVANGELIO se relacionaba con Jesús, lo que causaba que la gente creyera (en ese evangelio) y se bautizara. No era un evangelio nuevo. Era el mismo evangelio que Pablo nos dice que se predicó a Abraham: “Dios [...] dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones” (Gálatas 3:8). Más adelante en el capítulo, él añade: “Que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles” (v. 14). Entonces, en el v. 27 Pablo deja en claro que toda persona, tanto judío como gentil, que ‘se revistan de Cristo’ (en el bautismo), llegan a ser la simiente de Abraham y “herederos según la promesa”.

Esa promesa asegura a las personas que desean heredarla, que pueden tener vida eterna en un mundo renovado al regreso de Cristo, cuando finalmente puedan lograr la inmortalidad: “La dádiva de Dios es vida eterna” (Romanos 6:23).

LA INMORTALIDAD AL REGRESO DE JESÚS

El Señor Jesús, en su último mensaje a nosotros por medio del apóstol Juan, deja muy en claro que no puede haber galardón de vida eterna o inmortalidad, hasta que él venga de nuevo, puesto que él dijo muy claramente: “He aquí yo vengo pronto, y MI GALARDÓN CONMIGO, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12). Por lo tanto, sabemos que nadie tiene alguna chispa de inmortalidad en esta vida, y no la tendrá hasta que venga Jesús.

EL EVANGELIO Y LA SALVACIÓN

Sabemos con certeza, por Marcos 16:15-16, que todo aquel que “creyere y fuere bautizado, será salvo”. ¿Salvo de qué?

El apóstol Pablo nos ilustra hablándonos acerca del día “cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; LOS CUALES SUFRIRÁN PENA DE ETERNA PERDICIÓN” (2 Tesalonicenses 1:8-9). Para ‘obedecer’ al evangelio sencillamente tenemos que aplicar en nuestra vida diaria los principios que enseña el evangelio, creer en las promesas que nos hizo Dios en las Escrituras, y bautizarnos en el nombre salvador de Jesucristo.

miércoles, 4 de agosto de 2010

PAUL WASHER NO CONOCE EL EVANGELIO COMPLETO

Dime Pablito, ¿es que te has olvidado lo que predicaron Jesús y sus apóstoles con relación al evangelio (Lucas 8:1,2; 9:1,2)? ¿Dónde está el reino de Dios en tu predicación? ¿Acaso Jesús no dijo que el evangelio era el reino de Dios, según lo podemos leer en Marcos 1:1,14,15? Además, Jesús dijo que fue enviado a predicar el evangelio o buenas noticias del reino de Dios. ¿Será acaso que aún no te has dado cuenta de ello? (Lee Lucas 4:43). ¡Realmente eres otro tuerto más en las tarimas del evangelismo contemporáneo! (Mateo 24:14). ¡Hasta cuándo tendremos que contemplar a tantos ciegos caerse en el hoyo de la ignorancia? ¡Hasta que exista Satanás! (2 Corintios 4:4).


sábado, 24 de julio de 2010

EVANGÉLICOS: PASTORES MULTIMILLONARIOS A COSTA DE SUS FIELES

Es increíble que tantos falsos predicadores "cristianos" se hayan hecho millonarios a costa de un evangelio falso llamado "Prosperidad". Millones de ingenuos en todo el mundo han caído cautivos de estos sátrapas que sólo buscan la "lana" de sus ovejas, las cuales son igualmente codiciosas de fama y fortuna.

jueves, 3 de junio de 2010

EL REINO DE DIOS: UN EVANGELIO SOLO PARA JUDIOS?


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

En el presente hay quienes aún creen que el reino de Dios es un mensaje que Jesús predicó sólo a su pueblo natural, los judíos. Suponen que Cristo vino a confirmarles a ellos las promesas hechas a los padres Abraham, Isaac, Jacob, y a nadie más, ya que Jesús -dice la Biblia- sólo vino a los suyos (los judíos) y a nadie más (Rom. 15:8, Juan 1:11).

Sin embargo, creemos que esta hipótesis es falsa, pues la Biblia nos cuenta que existió un personaje que era un Judío, miembro noble del Concilio, llamado José de Arimatea, que no sólo se hizo famoso porque se llevó el cuerpo de Jesús para sepultarlo, sino porque también era un DISCÍPULO de Jesús como lo es usted, yo, y millones de personas alrededor del mundo que no son necesariamente judías. Dice así el evangelio de Juan 19:38: “Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús”.

Sí, mis amigos, el judío José de Arimatea era un discípulo de Jesús como lo son millones de personas alrededor del mundo que no son necesariamente Judías. Pero Jesús no tiene dos clases de esperanzas, o dos evangelios distintos, uno para los Judíos y otro para los gentiles. El apóstol Pablo habló muy claramente de que sólo hay UN solo evangelio que debe ser predicado al mundo entero, y ése es precisamente el reino de Dios (Gál. 1:6-9). Así, pues, todo auténtico discípulo de Jesús debe aprender y luego buscar el Reino de Dios todos los días de su vida como algo de primera importancia (Mateo 6:33).

Finalmente, en Marcos 16:15,16 Jesús manda a sus discípulos Judíos a que enseñen lo mismo que aprendieron de él a los gentiles alrededor del mundo, para hacerlos sus discípulos o seguidores. En Mateo 24:14 Jesús predijo que se predicaría el evangelio del reino como testimonio a todas las naciones, y que luego vendría el fin.

¿Está usted haciendo discípulos en su país, y enseñándoles a que guarden las mismas cosas que aprendieron los discípulos de Jesús? Recuerde que Jesús estuvo con sus discípulos 40 días después de su resurrección, instruyéndoles en el importante mensaje o evangelio del reino de Dios (Hechos 1:3,6,7). Sí, Jesús se aseguró de que sus primeros discípulos aprendieran bien todo lo relacionado con su reino para que así pudieran darlo a conocer correctamente a sus oyentes en todo el mundo. No por gusto los grandes teólogos ven en el mensaje del reino de Dios el tema central de toda la Biblia, pues es lo primero que introduce Jesús en su ministerio (Mr. 1:1, 14,15), es el tema de sus parábolas, y es también lo último que predicó antes de irse al cielo (Hechos 1:3).

Lo animo a que sea un auténtico discípulo de Jesús por medio de guardar todas las cosas que Jesús enseñó, y en particular, el importante mensaje o evangelio del reino. ¿Responderá usted positivamente?


www.apologista.wordpress.com

viernes, 14 de mayo de 2010

LAS DEFINICIONES MAS COMUNES DEL EVANGELIO


Por Sir. Anthony F. Buzzard

Una definición del Evangelio fue ofrecida por la Conferencia Lausanne sobre Evangelismo en 1974 en la que se hablo del perdón de los pecados a través de la muerte de Jesús, de Su resurrección y de Su reinado presente en el cielo. No dice nada, sin embargo, acerca del Reino de Dios como la meta del creyente cristiano. La dimensión futura de salvación, tan conspicuo en el Nuevo Testamento, está ausente. Esta ausencia del Reino parece cortar por la mitad el Mensaje de Evangelio, desnudándolo de su fuerte énfasis en el Plan de Dios para enviar a Su Hijo de regreso a la tierra para reinar con Sus seguidores en el gobierno Mesiánico prometido por los profetas:

Evangelizar es esparcir las buenas noticias de que Jesucristo murió por nuestros pecados, y que fue levantado de los muertos según las Escrituras, y que como Señor reinante El ofrece ahora el perdón de los pecados y el don libertador del Espíritu a todo el que se arrepienta y crea.

Esta definición carece del característico “componente” central futuro del “reino” de la Biblia. Proponemos que la declaración podría ser enmendada como sigue:

Evangelizar es esparcir las Buenas Nuevas de que Dios ha planificado, como la meta de la historia, y para la reafirmación de Su soberanía en la tierra, el establecimiento del Reino de Dios cuando Jesús regrese; que Jesús ahora ofrece el perdón y la nueva vida a través de Su muerte y resurrección a todos aquellos que se arrepienten y creen en el Mensaje (Mar. 1:14, 15), la promesa del Espíritu para aquellos que le obedecen (Hechos 5:32), y una invitación para todos los que respondan a las Buenas Nuevas del Reino y el nombre de Jesucristo (Hechos 8:12) para prepararse para los puestos de responsabilidad con Jesús en el Reino venidero.

Una Supresión de la Información

Hay una ausencia marcada de la frase “reino de Dios” en los lugares donde nosotros más esperaríamos que ésta fuese hallada. Un líder prominente del movimiento ecuménico, quien prestó servicio como Secretario General Asociado del Concilio Mundial de Iglesias, observa que el Reino de Dios fue el tema central de la predicación de Jesús como lo encontramos en el Nuevo Testamento…Y sin embargo no puede decirse que haya sido el tema central en las grandes tradiciones clásicas de la Cristiandad. No es mencionado en el Credo de los Apóstoles. El Credo Niceno dice de Cristo que “su reino no tendrá fin”, pero no emplea la frase el Reino de Dios. Las principales tradiciones que resultaron de la Reforma han hablado de “predicar el evangelio,” o de “predicar a Cristo,” pero rara vez de “predicar el Reino”.

Un tratado reciente publicado por la Asociación evangelística de Billy Graham lleva el título, “¿Qué es el Evangelio?”. El escritor no hace referencia al “evangelio del Reino”, pero nos dice que el Evangelio es “el Evangelio de Dios”, “el Evangelio de Cristo”, “el Evangelio de nuestra Salvación”, y “el Evangelio de la Paz”. También se hace mención de la frase “evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24) pero, asombrosamente, la frase explicativa y aclaradora que surge en el siguiente verso se omite completamente. Pablo aquí define el “evangelio de la gracia de Dios” como “la proclamación del Reino” (Hechos 20:25).

Un patrón constante que presenta “el Evangelio” citando textos sólo de Romanos y Juan (con la adición de algunas otras referencias a las cartas de Pablo) pueden verse en veintenas de tratados que ofrecen la “salvación”. Las “cuatro leyes espirituales” usadas extensamente aconsejan a sus lectores a “comenzar con Juan”, y no hacen ninguna referencia al Evangelio acerca del Reino.

El Internacional Standard Bible Dictionary discute el término “evangelio,” y explica que se refiere al Mensaje que Cristo y Sus Apóstoles anunciaron. El Evangelio es el instrumento a través del cual el Espíritu Santo opera. Luego señala que en algunos lugares es designado “el evangelio de Dios” (Marcos 1:14; Rom. 1:1; 1 Tes. 2:2, 9; 1 Tim. 1:11). En otros es designado “el evangelio de Cristo” (Mar. 1:1; Rom 1:16; 15:19; 1 Cor. 9:12, 18; Gál. 1:7). En otro es designado “el evangelio de la gracia de Dios” (Hechos 20:24); En otro “el evangelio de paz” (Efe. 6:15); “El evangelio de vuestra salvación” (Efe. 1:13); Y aún otro “el evangelio glorioso” (2 Cor. 4:4, AV).

A pesar de que el Evangelio está directamente relacionado con el término Reino, como “las Buenas Nuevas del Reino de Dios”, en algunos veinte lugares en Mateo, Marcos, y Lucas, así como también por implicación en veitenas de versos a todo lo largo del Nuevo Testamento donde aparece la palabra “evangelio” o “Mensaje” (“Palabra”), el diccionario omite completamente decirnos sobre la frase “evangelio del Reino”. Este silencio extraordinario acerca del Reino de Dios es característico de mucho de lo que es conocido como el evangelismo Cristiano.

Es razonable preguntar por qué el Reino de Dios aparece tan poco en el evangelismo moderno. La respuesta debe encontrarse en un prolongado hincapié puesto en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, que data desde Calvino y Lutero. Una ofensa inconsciente en el Jesús Judío Mesiánico causó que estos dos líderes protestantes expresen una preferencia curiosa para el Evangelio de Juan sobre los otros tres Evangelios. Lutero, al escribir el prólogo para su traducción del Nuevo Testamento (1522), indicó: “El evangelio de Juan es el único Evangelio que es delicadamente sensible a lo que es la esencia del Evangelio, y debe Ser ampliamente preferido sobre los otros tres y acomodado en un nivel más alto”. Él fue seguido por Calvino en esta opinión. Calvino aun se aventuró a sugerir un orden diferente para Mateo, Marcos, Lucas y Juan, haciendo a Juan la introducción ideal a sus tres colegas reporteros de la vida de Jesús:

La doctrina que nos señala el poder y el beneficio del Cristo venidero, son mucho más claramente exhibidos por Juan que por los [sinópticos]. Los tres anteriores [Evangelios sinópticos] exhiben el cuerpo [de Cristo]…pero Juan exhibe su alma. En este relato yo estoy acostumbrado a decir que este Evangelio es una llave para abrir la puerta para entender el resto… Leyendo [los cuatro Evangelios] en un orden diferente sería ventajoso, es decir, que cuando nosotros deseamos leer en Mateo y en otros que Cristo nos fue dado por el Padre, nosotros debemos aprender primero de Juan el propósito para que el cual él fue manifestado.

Los Cristianos deben despertar al hecho de que sus varios sistemas tradicionales, que afirman estar basados en la Escritura, no los ha servido bien. La Escritura en ninguna parte dice que el Evangelio de Juan debe ser preferido sobre el de Mateo, Marcos y Lucas. Tampoco enseña que Jesús predicó un Mensaje Judío hasta la cruz; después de lo cual Pablo llevó un Mensaje de la gracia a los gentiles. La Nueva Biblia Scofield, leída por millones, dice que una “fuerte coloración legal y Judía debe esperarse hasta la cruz”.

Estamos en el quid del problema que este libro trata de abordar. Una falsa división y distinción está siendo creada por la así llamada escuela “dispensacionalista”. Las enseñanzas de Jesús no quedan en el centro del esquema de salvación propuesta por los dispensacionalistas. John Walvoord dice que el Sermón de la Montaña:

No trata de la salvación, sino del carácter y la conducta de aquellos que le pertenecen a Cristo… Que es adecuado para dirigir a un incrédulo a la salvación en Cristo no es expresamente la intención de este mensaje…El Sermón del Monte, como un todo, no es una verdad de la iglesia precisamente…no está dirigida a delinear la justificación por la fe o el evangelio de la salvación.

Más bien ambiguamente él añade que no debería ser relegado a una “verdad sin importancia”.

Las palabras de Jesús en el Sermón de Monte apenas podrían expresar más claramente que la obediencia a sus enseñanzas son de hecho la base de la salvación: “Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos [es decir., ser salvo]” (Mat. 5:20). “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos sino él que hace la voluntad de Mi Padre…” (Mat. 7:21). Jesús prosigue a decir que aquellos que fracasan en ganar la salvación son aquellos que dejan de obedecer Sus palabras (Mat. 7:24-27). ¿Y es esto, según las palabras de Walvoord, “no la verdad de la iglesia precisamente”?

Hasta que las iglesias renuncien al desprecio de la enseñanza de Jesús implicada en sus diversos sistemas, no podremos tener esperanza para la unidad. Debemos adherirnos al gran tema central del Evangelio del Reino, el cual expresa el genio de la fe Cristiana y nos acerca al corazón de Jesús. La diferencia de L.S. Chafer trazada entre lo que algunos etiquetan como las enseñanzas “Legales” de Jesús y el mensaje de gracia de Pablo nos parece que es totalmente equivocada:

Bajo las condiciones fijadas en las enseñanzas del reino, a la vida se entra por una fidelidad personal (Mat. 5:28-29; 18:8)…[Lucas 13:24] abre con las palabras, “Esforzaos para entrar por la puerta angosta”. La palabra esforzaos es una traducción de agonidzomai, la cual quiere decir “agonizar”. Sugiere el máximo gasto de fuerza del atleta en el certamen. Tal es la condición humana que caracteriza a todos los pasajes del reino que ofrecen la entrada en la vida. [Pero] a un cambio abrupto nos enfrentamos después de volver al Evangelio de Juan, el cual fue escrito para anunciar el nuevo mensaje de la gracia, el cual es, que la vida eterna puede obtenerse a través de creer. Ninguna de las dos palabras de la Escritura expresa más vívidamente la gran relación caracterizante en la ley y la gracia que agonizar y creer. La gracia es el despliegue del hecho de que uno ha agonizado en nuestro lugar, y la vida es “a través de Su Nombre,” no por algún grado de mérito y fidelidad humana.

Mientras el dispensacionalismo defiende la autoridad y la integridad de la Escritura, éste procede a dividir a los Apóstoles unos contra otros, convirtiendo a Juan y a Pablo en los rivales de Jesús. Hace al Evangelio del Reino de Jesús, por medio del cual la salvación debe ser buscada, sólo de interés histórico, puesto que el Mensaje fue cambiado, de acuerdo a la teoría, en la cruz. Simplemente no es verdad que la creencia sea una nueva idea en el Evangelio de Juan y en Pablo. Creer en el Evangelio del Reino de Dios es la plataforma de la presentación de Jesús del Mensaje salvador en Mateo, Marcos, Lucas y Juan (Juan se refiere constantemente a la “Palabra” y a “las palabras” de Jesús), y Pablo igualmente traza toda la sana fe a la creencia en el “mensaje de Mesías” (Rom. 10:17).

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jueves, 4 de marzo de 2010

EL EVANGELIO DEL REINO DE JESUS


Por Anthony F. Buzzard, Master en Teología

Uno de los fenómenos más notables en la historia de pensamiento humano es la manera en que lo obvio puede esconderse de ambos, del estudioso y del hombre común. La historia de pensamiento cristiano demuestra un ejemplo notable. El propio Jesús constantemente enseñó que Su Mensaje del Evangelio se escondería de las masas cuyas mentes fueron deslumbradas por los intereses encontrados que los preocuparían y que los prevendrían de la devoción completa a Él (Mat. 13:11-17).

El distinguido exegeta alemán E. Haenchen (Hechos de los Apóstoles, Hermeneia, 1971, pág. 141) declaró con respecto a la predicación de la iglesia apostólica primitiva: "La predicación del Reino de Dios obviamente se refiere al Reino de Dios que comenzará con el Parusía [Segunda Venida de Jesús]." En otra parte, en el mismo comentario, él explica que "El Reino de Dios mismo describe la entera proclamación Cristiana“ (Hechos 28:23).

A pesar de que el Evangelio del Reino es el concepto central de la predicación de Jesús y los apóstoles, y que el Reino de Dios está referido al Reino apocalíptico que se inaugurará en la Segunda Venida, el público en general se ha alimentado de una idea muy diferente. Para los liberales, el Reino de Dios es un programa social, o un compañerismo espiritual que es disfrutado ahora por el creyente. Para el fundamentalista, el Reino es una sociedad americana mejorada, o una dicha en el cielo en el momento de muerte. Ninguna de estas definiciones del Reino puede encuadrarse con la evidencia del Nuevo Testamento. La fe como Jesús la predicó está, por consiguiente, distorsionada en su mismo corazón. De este modo, el Evangelio como Jesús lo enseñó, ha sido reprimido.

Semejante injusticia a los archivos históricos de la fe Cristiana exige una urgente investigación pública. Es un hecho que se puede documentar, que los principales portavoces contemporáneos de la fe cristiana confiesan que ellos no están predicando el Evangelio acerca del Reino (Ver Anthony Buzzard, Nuestros Padres Que no Están en el Cielo, el pp. 29-34), aunque ellos siempre reconocen que Jesús siempre lo hizo. Esta discrepancia asombrosa entre lo que pasa por la enseñanza de Jesús, y lo que Jesús realmente enseñó, merece la exposición más extensa. “Restoration Fellowship” espera hacer una pequeña contribución al corregir una injusticia histórica y espiritual hecha al hombre que muchos afirmaron era el Mesías y el Salvador. A otros, actualmente, que no son simpatizantes con las afirmaciones de Jesús, el descubrimiento de que el Mensaje ha sido distorsionado significativamente desde el segundo siglo, les será una cuestión de intrigante interés.

Gracias a las labores de historiadores de la iglesia, nosotros podemos estar seguros que Jesús no sólo proclamó el Reino como parte de Su misión (Lucas 4:43), sino que por el Reino Él quiso decir lo que cualquiera que perteneció a Su herencia judía quiso decir, a saber, "el imperio mundial de Dios - el Reino divino en lugar de cada monarquía terrenal. Esto se realizará perfectamente, y se establecerá totalmente - aquí en la tierra" (F.C. Grant, Judaísmo Antiguo y el Cristianismo del Nuevo Testamento, pp. 114, 115). Semejante visión de un imperio mundial divino había sido, de hecho, la visión de todos los profetas de Israel. Jesús sólo confirmó Su Mensaje, lo amplificó, y lo hizo el asunto de Su llamada urgente al arrepentimiento en vista del Gran Evento por venir.

Es una cuestión de simple honestidad que los Cristianos que afirman seguir a Cristo, abracen en fe Su Mensaje y que los apóstoles después proclamaron. No es evidentemente el caso de que los evangelistas contemporáneos relevan el Evangelio sobre el Reino. Ellos han reducido el Mensaje de salvación a la creencia en el perdón de los pecados y en la resurrección de Jesús. Pero ellos omiten la base de la salvación que descansa en el arrepentimiento y en la aceptación en fe del Evangelio sobre el Reino de Dios (Marcos 1:14, 15, Hechos 8:12, 19:8; 20:25; 29:23, 31, etc., y bajo diferente terminología como "la Palabra", "el Evangelio", "el Misterio", "la Verdad", etc. en el resto de los documentos del NT).

La causa de la extraordinaria anomalía presentada por la disimilitud entre lo que el NT presenta como la fe, y lo que normalmente se entiende por ella, es trazable, como muchos teólogos e historiadores distinguidos lo han documentado, a la mezcla fatal del paganismo Griego con la fe Hebrea temprana que empezó en el segundo siglo después de la muerte de los apóstoles y como fue previsto por ellos (Hechos 20:29-31; 2 Pedro 2:1-3). Nosotros hemos documentado, de las numerosas fuentes, el hecho de que simplemente tal helenización de la fe prístina dio alcance al Mensaje del Evangelio original del Reino (Vea "Nuestros Padres Que no Están en el Cielo", el pp. 259-267). Que esto no es conocido a millones de practicantes confiados señala a la necesidad por una exposición extensa.

Los resultados de esta partida original de la Verdad son evidentes en la fragmentación de la Cristiandad contemporánea en multitudes de denominaciones discrepantes. Nada podría ser más saludable que el reconocimiento del status quo insatisfactorio y de un retorno al Evangelio puro de Jesús con respecto al Reino de Dios.

jueves, 4 de febrero de 2010

EL EVANGELIO DEFINIDO Y PREDICADO POR JESUS


Por Sir. Anthony F Buzzard

Jesús vino a predicar y anunciar el Reino de Dios. Este es el Evangelio que Jesús predicó (y por supuesto, después se añadió el asunto de su muerte y resurrección). El afirmó ser el Mesías, y vino primero a morir y resucitar y luego prometió regresar a gobernar en una tierra renovada, en el Reino de Dios, el gran cumplimiento de la tierra prometida hecha a Abraham ya a su descendencia (Gen 12, 15, 17, etc.) La iglesia es considerada hoy en día como la simiente de Abraham. Pablo declaró lúcidamente en el verso clásico de Gálatas 3.29: “y Si ustedes son de Cristo, entonces simiente de Abraham son y herederos de la promesa”, es decir, la promesa a Abraham que él sería “heredero del mundo” (Romanos 4.13). Las promesas Abrahámicas de la tierra, de una descendencia y UNA futura prosperidad, es la roca sólida y la base del Evangelio salvífico Cristiano del Reino, anunciado por Jesús como el predicador modelo del Evangelio (Hebreos 2.3).

¡Los cristianos tienden a ceder su herencia a los Judíos no conversos! Así, han negado las enseñanzas de Jesús que los humildes, sus seguidores, “heredarán la tierra” (Mateo 5.5, citando Sal 37). La objeción de Jesús a sus compatriotas era que estaban en las garras del engaño, pues decían que podían ser parte de las promesas hechas a Abraham sin necesidad de aceptarle y obedecerle a él, el Mesías. No es suficiente tener sangre Judía en sus venas. Uno debe creer y obedecer a Jesús, el Mesías, que ha venido y viene otra vez. Pero esto no quiere decir que la creencia en el Mesías ¡como el mismo Dios eterno, fue parte de la teología del Nuevo Testamento! Tal proposición multiplica a Dios y hace esencialmente convierte a un Jesús humano en no humano y, por lo tanto, no descendiente de David.

Todo esto no es negar que en la profecía todavía se espere una gran restauración y conversión de un grupo colectivo de Judíos. Esto ocurrirá en el futuro regreso de Jesús (¡que no fue en el año 70 por cierto!). Pablo habla de esta futura recuperación de un remanente de Israel en Romanos 9-11. Sin embargo, presentemente, Pablo caracteriza a Israel como siendo enemigos del Evangelio. Individualmente, algunos se unirán a la “Israel [Internacional] de Dios” (Gálatas 6.16). Todos los creyentes que ya son miembros de la Comunidad de Israel han creído el evangelio del Reino y, a través de esto han “nacido de nuevo”. Esto es algo que Jesús espera que hagamos todos en Marcos 1:14-15 (cf. el maravilloso texto en Hechos 8.12).

Pablo habla del Israel étnico como el “Israel de la carne” (1 Corintios 10.18). Se distinguen claramente los Judíos no convertidos de la iglesia, la cual él llama la “Israel de Dios” en Gálatas 6.16. Allí bendice a los de Gálatas que siguen la regla del amor y al resto de la iglesia de Dios, todos verdaderos creyentes. Jesús describe a los creyentes como los que creen y obedecen a sus palabras, su Evangelio del Reino (Juan 3.36; Mat 13.19; véase Heb 5.9). A estos insta a recibir la gracia de Dios. El Evangelio de la gracia de Dios es exactamente lo mismo que el Evangelio del Reino (como se dice bellamente en Hechos 20.24, 25).

¡El Cristianismo requiere trabajo! Jesús habla de “esforzarse” para entrar en el Reino (Lucas 13.24), es decir, para ser salvos. El trabajo necesario es la fe y la obediencia dirigida hacia Jesús (Hebreos 5.9). Pablo lo llama “la obediencia de la fe” al principio y final de Romanos (1.5; 16.26). Es ridículo pensar que la gracia nos libera de la enérgica actividad de Jesús y su causa. “¡Esfuércense [agonicen] para entrar en el Reino!” Dijo Jesús. Esto requiere un esfuerzo, un esfuerzo cooperativo entre el creyente y Dios y su único mediador, el ser humano Cristo Jesús (1 Tim. 2:5).

Es un gran engaño pensar que la salvación se obtiene al inicio de la conversión, sin perseverar más. Pablo les dijo a los creyentes de Roma, en términos inequívocos, que serían cortados si se apartan de la fiel obediencia (Romanos 11.22). Hebreos 6 y 10 amenazan graves consecuencias para los que creen por un tiempo (Lucas 8.13) y luego se vuelven atrás. Jesús se dirigió a los conversos en Laodicea con estas amenazantes palabras: “Te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3.16). El que persevere hasta el fin será salvo y “nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos” (Romanos 13.11). Pablo trabajó duro por su dominio propio “no sea que quede un naufrago”.

Algunos reciben la palabra salvífica del Reino (el Evangelio, Mateo 13.19) “con un corazón bueno y honesto” y por lo tanto dan fruto. Otros resisten la voluntad de Dios para con ellos (Lucas 7.30), mostrando qué temerosamente errada es la terrible doctrina de Calvino, quien fue responsable, junto con otros, del asesinato del anti-trinitario Miguel Servet. Calvino sufrió una ceguera severa en cuanto al Evangelio del Reino. Acusó a los discípulos entrenados por Jesús de ceguera cuando ellos hicieron la pregunta correcta: “¿Es ahora cuando vas a restablecer el Reino a Israel?” (Hechos 1.6). Calvino fríamente señaló que “hay más errores en esa pregunta que en las palabras”. La culpa y la ceguera acostaron a Calvino, y sus sucesores deben evitar seguir sus ideas con relación al Reino, el núcleo del Evangelio junto, por supuesto, con la muerte y resurrección del Mesías.


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lunes, 25 de enero de 2010

ESCUCHANDO EL EVANGELIO ORIGINAL DE JESUS Y SU REINO


¿Recuerdas el juego de “Teléfono” cuando eras un niño? Tú le susurrabas una frase corta al niño sentado junto a ti, que a su vez, susurraba al siguiente niño. Siempre fue divertido oír el resultado final, porque AL final de la línea veíamos cómo la frase original había cambiado por el tiempo que había pasado a través de una docena de orejas y bocas pequeñas.

Así también ha sido con el Evangelio de Cristo. Hoy, si uno le pregunta a alguien lo que es el Evangelio, tú podrás escucharlo definido así: “El Evangelio es la buena noticia de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo, que provee la liberación total y gratis del poder y la pena del pecado de acuerdo con la sola gracia de Dios a través de la fe en Jesucristo”, como se menciona en un sitio web que me encontré cuando buscaba información en Google sobre “¿Qué es el Evangelio?”

En el juego de teléfono, a veces el mensaje que resulta sale similar (no igual) al original, pues de alguna manera está cambiado, adaptado o ha perdido alguna parte integrante de su composición. Propongo hoy, que la Iglesia, algunos de sus líderes y sus seguidores, hayan tomado, con el tiempo, lo que era el Evangelio que Jesús y Sus Apóstoles predicaron, pero que de alguna manera perdieron un poco de su sentido y foco original. ¡Con el tiempo, en la narración y el intercambio del mismo, el Evangelio que comúnmente oímos hoy, puede estar omitiendo un pedazo muy significativo que resultan ser buenas y emocionantes noticias!

Strong define Evangelio (euaggelion) como “las buenas nuevas del reino de Dios que pronto será establecido, y también de Jesús, el Mesías, el fundador de este reino. Después de la muerte de Cristo, el término incluye también la predicación sobre (o concerniente) a Jesucristo como habiendo sufrido la muerte en la cruz para conseguir la salvación eterna de los hombres en el reino de Dios, pero como resucitado y exaltado a la diestra de Dios en el cielo, y desde allí regresar en majestad para consumar el reino de Dios”.

Es a la vez verdad y muy importante que el mensaje del Evangelio incluya que Jesús murió y resucitó por nuestros pecados. Esto es todo lo acordado! Sin embargo, la otra parte del Evangelio que se ha abandonado del mensaje es esa importante palabra (logos) que Jesús predicó: el Reino de Dios. ¿Quién ha oído alguna vez predicar a un pastor de que el Evangelio es acerca el Reino de Dios, y de cómo podemos entrar en él para conseguir la vida eterna en el siglo venidero? La próxima vez que oiga de un ministro, evangelista de televisión o a un amigo suyo predicar el mensaje del “Evangelio”, escuche con atención! ¿Menciona el predicador la venida del Reino de Dios a la tierra?

Sólo estoy sugiriendo que nuestra forma de definir el mensaje del Evangelio se ha diluido, acortado, y hasta adaptado a algo que no es radicalmente diferente, pero lo suficiente cambiado con el correr del tiempo, que simplemente se ha convertido en un mensaje diferente a lo que Jesús y la iglesia primitiva estaban predicando y proclamando.

En Marcos 1:14-15, Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio de Dios, y diciendo: “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; arrepentíos y creed en el Evangelio.” Lucas 8:11 dice que Jesús “comenzó a hablar con ellos sobre el Reino de Dios.” Jesús no estaba predicando su muerte y resurrección como el evangelio durante su ministerio, sino más bien la predicación de la buena noticia de un reino venidero donde no habría fin de la paz, en donde Jesús, como el Ungido (Mesías, Cristo), se sentaría sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y justicia. (Isaías 9). Jesús predicó esta buena noticia a los afligidos, a los quebrantados de corazón, para publicar libertad a los cautivos y la libertad a los presos, para consolar a todos los que lloran, y hacerles saber que el tiempo de la justicia y la rectitud estaba cerca! Esta fue una buena noticia, por cierto! El enseñó a arrepentirse y ser salvos, para entrar en el Reino y la vida eterna en el siglo venidero. Jesús nos enseñó que nosotros heredaríamos la tierra, que veríamos a Dios y Su misericordia, y que seríamos llamados hijos de Dios. El enseñó cómo sería el Reino de Dios y lo que debíamos buscar (Mat. 6:33) y nos mandó para que nos prepararemos para saber cuándo se cristalizarían su venida y la consumación de la edad.

Te reto hoy, que para eliminar la tradición, retires la confusión y la distorsión del mensaje original y vuelvas a las palabras de Jesús (el autor y consumador de nuestra fe) y examines cuidadosamente lo que fue el evangelio original realmente. Como dijo Jesús en Lucas 8:8, “El que tiene oídos para oír, que oiga.” Y en el versículo 10, Jesús dijo a sus discípulos: “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios, pero para el resto, en parábolas, para que viendo, no puedan ver, y oyendo, no entiendan”. En Mateo 13:14-16, Jesús cita Isaías 6:9, “De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.”.

En lugar de confiar en lo que siempre has oído, volvamos a la Escritura y a las palabras que Jesús habló y escúchalas. Oro de que veamos con nuestros ojos, y escuchemos con claridad con nuestros oídos las palabras de Jesús hoy y entendamos con nuestro corazón el Evangelio del Reino de Dios!

“Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin.” Mateo 24:14.

domingo, 24 de enero de 2010

LO VITAL DE LA DEFINICION DEL EVANGELIO SALVADOR


Por Anthony F. Buzzard

(Traducido por Apologista Sociniano, Mario A Olcese)

Hay una necesidad urgente de que los discípulos de Jesús se aseguren de que han comprendido el sentido del Evangelio que Jesús predicó. Esta blog se dedica a la tarea de ayudar a “ordenar” la gran cantidad de confusión que parece rodear a esta pregunta más básica de todas: “¿Qué es el Evangelio?”

Hay dos cuestiones principales que deben abordarse si hemos de responder con honestidad e inteligencia a la citación expedida por Jesús, cuando inauguró su ministerio de la predicación del Evangelio:

1. ¿Cuál fue el contenido del Evangelio anunciado como el mensaje salvador de Jesús, el pionero de la fe cristiana?

2. ¿Hasta dónde la predicación tradicional ha seguido a Jesús con precisión en este asunto de la definición del Evangelio?

A la primera pregunta podemos responder de manera inequívoca, porque las pruebas aportadas por los documentos cristianos son muy claras. El Evangelio es un Evangelio acerca del Reino de Dios. Esto es obvio para cualquiera que lea los relatos del ministerio de Jesús. Con este hecho establecido, pasaremos a la cuestión de lo que significa el Reino de Dios en el mandato fundamental de Jesús: “Convertíos [hacer un giro en el pensamiento y la conducta, volver al Pacto], y creed en el Evangelio del Reino de Dios” (Marcos 1:14, 15). Es evidente que no puede haber una respuesta inteligente a Jesús si el “Reino de Dios” no tiene un significado definido para nosotros! El Reino de Dios, dicen muchos comentaristas, no era una frase nebulosa para la audiencia de Jesús, como lo es a menudo hoy en día. Formule a sus amigos la pregunta crítica: “¿Qué es el Evangelio y qué es el Reino de Dios?” Usted puede quedarse sorprendido por una desconcertante variedad de respuestas, muchos de ellas probablemente vagas.

El Reino de Dios anunciado como el contenido del Evangelio no era, sin embargo, un “cajón de sastre” de frases de “religión” o un llamado a la gente a “ser buena”. Por el contrario, tenía un significado preciso y muy concreto en Palestina del primer siglo. A continuación de la Enciclopedia Bíblica Estándar Internacional (artículo “La salvación”) hay una respuesta coherente, de sentido común e históricamente sensible a la pregunta sobre la naturaleza del Reino:

”Fue en el calor del avivamiento escatológico [señalando el futuro] de Juan el Bautista que Cristo comenzó a enseñar, y él también inició con la frase escatológica [concerniente con el futuro],« El Reino de Dios está cerca. ‘”

Mateo 3:2, 4:17, 9:35 y 24:14 nos informan que el mensaje del Evangelio de Juan y el mensaje del Evangelio de Jesús fueron fundados sobre una base común: el Reino de Dios. Es un grave error tratar de separar a Jesús de su precursor. Según nuestros informes del Nuevo Testamento, ambos Juan y Jesús anunciaron el Reino de Dios como el Evangelio.

Nuestra fuente en la ISBE continúa: “la enseñanza de Jesús debió haber sido entendido inmediatamente en un sentido escatológico.” El Reino, en otras palabras, significaba el reino del futuro. No era una referencia a un reino presente “en el corazón” o “gobierno de Dios en nuestras vidas”. ISBE continúa: “El Reino de Dios está cerca ‘ tenía la connotación inseparable ‘el Juicio está a la mano’, y en este contexto (Marcos 1:15) significa ‘Arrepentíos para que no seáis juzgados. Por lo tanto la enseñanza de nuestro Señor tenía principalmente un contenido de futuro: positivamente, la admisión en el Reino de Dios [en el futuro próximo] y negativamente la liberación de juicio precedente. “

Confiamos en que este comentario de un diccionario estándar disipe algunos de las nieblas de confusión que rodea a la comprensión actual (o malentendido) del Reino y por lo tanto del Evangelio. El Reino de Dios en verdad significa la venida del día de la intervención en que Dios va a castigar a los malvados y establecer a través de la agencia de su Mesías un nuevo orden en la tierra. No hay absolutamente ninguna duda de que “Reino de Dios” lleva esta connotación en la mente de Jesús y de su audiencia. Jesús no define el Reino de Dios. Él no tenía que hacerlo. Lo nuevo, sin embargo, fue el hecho de que el prometido nuevo orden mundial no llegó a materializarse durante el ministerio de Jesús y nunca desde ese momento se ha realizado. Así, en sus parábolas del Reino, Jesús explicó a sus seguidores cómo el anuncio del Evangelio del Reino futuro opera en la actualidad antes de la llegada del Reino en sí.

El Evangelio del Reino, por lo tanto, es como una invitación a un banquete esplendoroso. El Evangelio invita a todos a prepararse para el gran día. Pero hablar del Reino como si ya ha llegado es contradecir la afirmación de Jesús de que estaba “a la mano”, “cerca”, pero que aún no ha llegado. El Reino de Dios es el gran evento del futuro, lo que significa el final de los gobiernos rebeldes de la tierra. Esto no significa el final de la vida en este planeta!

Por lo tanto, Jesús ordena orar por la venida del Reino, y Marcos y Lucas informan que después de que la predicación de Jesús había terminado, y que había sido crucificado y resucitado, los discípulos estaban aún “esperando” el Reino de Dios. Sería un error, por lo tanto, decir que el Reino de Dios, como se refería continuamente Jesús, ya había llegado. Ciertamente podríamos añadir que la predicación del Reino es una anticipación del Reino. Sin embargo, la predicación del Reino no es la llegada del Reino. Una invitación precede al acontecimiento real a la que somos invitados.

97% de las declaraciones de Jesús acerca del reino en los Evangelios encajarán perfectamente en este esquema. Vuelva a leer los evangelios con la noción de un reino futuro firmemente en la mente (como introducida por Mat. 3:2) y el Reino quedará claro como el Nuevo Gobierno Mundial Organizado- reino – que se manifestará abiertamente al regreso de Jesús en el futuro.

La confirmación del hecho básico del evangelio se encuentra en el libro de Daniel. La visión de Daniel sobre el futuro de la historia del mundo es una guía absolutamente indispensable para la comprensión del cristianismo del Nuevo Testamento.


En Daniel 2 se nos presenta una visión extraordinaria de cuatro imperios mundiales destinados a ser destruidos y sustituidos por un quinto imperio Mundial – el Reino de Dios establecido “bajo el cielo” (7:27) por el Dios del Cielo. En la visión del Reino aparece como una “piedra cortada, no con las manos”, que golpea la imagen en su base y luego “llena toda la tierra.” Debemos destacar que este Reino de Dios no tiene nada que ver con un reino “más allá de la cielos”. Su origen es sin duda desde el cielo (Dios), pero su ubicación es territorial y vinculado a la tierra.

Daniel 7 es una clave fundamental para todo el libro de Daniel y se le debe considerar también una especie de “plan maestro” para la historia de la Biblia entera que culmina con la llegada del Reino, el tema principal en el Evangelio de Jesús.

Los estudiantes de las Escrituras no tendrán ninguna dificultad en reconocer que Daniel 7 se describe la carrera, presente y futura, de los Santos. Y de los santos, por lo que el Nuevo Testamento interpreta el término, son los fieles seguidores de Jesús. El santo principal, el Santo, tiene un lugar central en la visión de Daniel 7. Es el Hijo del hombre a quien el Reino futuro se le da (7:13, 14) y ese reino es entonces compartido con “el pueblo de los santos del Altísimo” (los cristianos como el verdadero remanente del pueblo de Dios). Daniel 7:18 pronostica que “llegó el momento de que los santos posean el Reino (nada que ver con los reinos psicológicos del corazón). Una vez más, “la sentencia pasa a favor de los santos” (v. 22). Son reivindicados y promovidos a posiciones de poder como Hijo de Hombre corporativo (Hijo del Hombre refiriéndose en primer lugar a Jesús y luego también a sus seguidores que lo acompañan). En Daniel 7:27 el punto culminante de esta revelación sorprendente anuncia que el “reino bajo el cielo se le dará al pueblo de los santos del Altísimo. Todas las naciones les servirán y obedecerán”. Para esta traducción, véase el RSV, y GNB y note la importante observación de Driver en Biblia Cambridge para las escuelas:” Es el pueblo de los santos que reciben el Reino y operan como sus ejecutivos”.

Estas dos secciones de la Biblia, Daniel 2:35, 44 y Daniel 7:13, 14, 18, 22, 27, son la clave esencial para el significado de la expresión “Reino de Dios.” El Reino de Dios no es un término inventado de Jesús. Tiene sus raíces en la Biblia hebrea, que Jesús y el Nuevo Testamento tratan como un depósito divino de información esencial de salvación. El mismo Evangelio se basa en el Antiguo Testamento (Ro. 1:16; Gal. 3:8).

Al mandar arrepentimiento y creencia en el Evangelio del Reino (Marcos 1:14, 15) Jesús invita a todos, en todas partes, para comprender el significado del plan salvífico de Dios, tanto para el individuo y el mundo. Arrepentimiento significa apartarse de nuestras violaciones de los caminos de Dios, de nuestros conceptos erróneos de su revelación y abrazar el Evangelio de Dios (Marcos 1:14) que establece la meta de la historia en desarrollo a través de Jesús y que culminará en el Reino de Dios, destinado a reemplazar a los estados-naciones actuales (Apo. 11:15-18) en este planeta renovado.


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