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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

jueves, 3 de diciembre de 2009

LOS EVANGELIOS DE LOS EVANGÉLICOS SON DIABÓLICOS



Foto: Marcos “$$$” Witt

Humanismo, codicia, vanagloria, egocentrismo y todo lo que tu carne desee te predican los evangélicos apóstatas.

La Biblia dice:

”Los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan
2:16

Ver siguiente vídeo:

http://www.youtube.com/watch?v=qVcWIy57XpM&feature=player_embedded

LA WACHTOWER DIVIDE FAMILIAS Y AMIGOS


En el libro “Amor de Dios”, página 207, la sociedad Watchtower da reglas precisas y rígidas a sus miembros para manipularlos muy sutilmente y así inducirlos a repudiar, rechazar y hasta odiar a los expulsados de sus congregaciones, metiéndoles en la cabeza que ir contra la Organización Watchtower es ir contra el mismo Jehová Dios. Además, los inducen a creer que ir contra las enseñanzas de la Watchtower es igual que ir en contra de las enseñanzas de Jesucristo. Esta es una falacia y una manera muy maquiavélica de cómo la WT manipula a sus miembros, usando las 8 técnicas de control mental que describió el doctor Lipton para que obedezcan sin titubear a su maléfica organización, sin dudas ni murmuraciones. Todo un imperio al servicio de Satanás el diablo con fachada de organización Teocrática, llamada la Watchtower Bible and Tract Society.


Ver:
http://www.youtube.com/watch?v=NVg_5tNNMdY&feature=player_embedded

...COMUNISMO CRISTIANO?



¿Comunismo Cristiano?
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Según Wikepedia El Comunismo[2] , entendido como movimiento político, es una organización de partido que ha adoptado desde el siglo XIX la doctrina marxista, y cuyo principal objetivo es el establecimiento de una sociedad sin clases sociales[1] en un proceso continuo de dos etapas: la primera es un orden socialista (o “primera fase del comunismo”) que supera los antagonismos de clase mediante la supresión de la propiedad privada de los medios de producción mediante su traspaso provisional al Estado bajo el control de la clase obrera no poseedora o proletaria; la segunda es la construcción de un orden propiamente comunista en el cual se suprime toda forma de propiedad privada y se hace posible la abolición del Estado al ir asumiendo las clases trabajadoras todas sus funciones económicas y militares, así como termina aboliéndose a sí misma la propia clase proletaria al finalizar la necesidad económica de una organización político-estatal de luchas de clases: el trabajo asalariado y la distribución por productividad, ambos remanentes de la sociedad burguesa que le dio origen.
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Así que en el comunismo la propiedad privada es abolida totalmente, y todo revierte finalmente bajo el control de la clase obrera no poseedora o proletaria. Sin embargo, creemos que toda forma de totalitarismo es incompatible con los principios cristianos, y de hecho, no hay forma de justificarlo con las mismas Escrituras. Así que hablar de Comunismo cristiano resulta incongruente e incompatible con el pensamiento cristiano auténtico.
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Las Escrituras y el Totalitarismo
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Si leemos 1 Reyes 21 encontraremos un hecho del rey Acab, rey de Samaria, quien quiso adquirir unos lotes circundantes con su propiedad. El dueño rehúsa venderle, y los emisarios del rey terminan arrebatándole a través de maniobras turbias que terminan con su vida. Y como era de esperarse, Yahweh castiga duramente al rey impío Acab por haber pretendido usurpar la propiedad privada de un súbdito suyo cuyo derecho prevalece sobre la autoridad temporal del monarca.
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Este es un ejemplo claro de cómo ve el Señor el atropello, así sea de un monarca que gobierna un país, para apoderarse de una propiedad privada de otro. Este caso nos deja entender que Dios no es un Dios que está en contra de la propiedad privada, sino que más bien la defiende.
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En 1 Samuel 8, encontramos otro relato interesante sobre los peligros de un gobierno totalitario. Aquí leemos que el mismo pueblo judío le exige a Samuel que les conceda optar por un Rey como las otras naciones, sin la intermediación de Jueces. El fundamento de Samuel es una advertencia sobre los peligros que conlleva el otorgar poderes absolutos a un rey, y la poderosa tentación que tendría éste de pretender disponer de los bienes de sus vasallos para sus empresas políticas, lo cual podría derivar en una cruel tiranía.
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En 2 Samuel leemos que el famoso rey David es castigado por Dios porque abusó de su poder político absoluto para hacer morir a Urías, el hitita, y apoderarse así de su mujer, Betsabé, y casarse con ella. De hecho la analogía que emplea el profeta Natán es interesante, pues nos habla de un hombre que roba la oveja de otro, refiriéndose al rey David, quien obviamente había tomado la esposa ajena (de Urías, su general) . Por esta maldad él pagaría caro su pecado con la pérdida del hijo concebido con ella.
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Si uno lee Exodo 22-3 nos enteraremos de que Dios ordena que quien roba o daña la propiedad del prójimo, éste deberá restituirle inmediatamente lo robado, que es una de las demandas actuales de la teoría liberal en el terreno de la justicia.
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En Romanos 13, Jueces 9, Lucas 19, y en varios capítulos del Deuteronomio etc., descubriremos mandatos y relatos absolutamente compatibles con el capitalista moderno. Debido a esto los totalitarios socialistas, valga la redundancia, no pueden justificar sus atropellos en ningún principio cristiano, a pesar de las estúpidas connivencias de algunos sectores de la jerarquía católica. En buena cuenta, Jesús, a pesar de lo que digan intelectuales marxistas de la talla de Hugo Chávez, no pudo ser jamás ni socialista ni revolucionario, pues entonces hubiera traicionado todas las enseñanzas de su padre al pueblo judío, del que él mismo procedía.
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La Propiedad privada dentro de la comunidad Cristiana primitiva
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Es cierto que al comienzo de la iglesia, coyunturalmente hablando, las cosas eran comunes en la comunidad cristiana, pero esto no implicaba que la propiedad privada era antagónica o incompatible con los preceptos de Cristo (Hechos 2:45). Sería absurdo que Juan le desee a Gayo prosperidad en TODAS LAS COSAS y sostener que la Biblia está en contra del capitalismo y la propiedad privada (3 Juan 2). La Escrituras nos hablan de la casa propia de Pedro, la casa propia de Filemón, la casa de Zaqueo, la tumba de José de Arimatea, y aun Jesús dice que su Padre tiene su mansión propia y sus negocios (Juan 14:2,3;Lc. 2:49). Por tanto podemos decir que nuestro Creador es un Dios de negocios, y también Su Hijo, y sus seguidores (Lc. 19:13).
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Jesús en Lucas 19:11-27 nos habla de la Parábola del hombre noble que encargó a sus servidores un capital para que lo trabajaran y lo multiplicaran. Esto difícilmente podría ser interpretado como una condena al capitalismo por parte de nuestro Señor.
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A los Tesalonicenses el Apóstol Pablo les dice: “ocuparos en vuestros negocios” (1 Tes 4:11). Esto me sugiere que los cristianos primitivos tenían negocios y propiedades en las que se ocupan, ya sea como agricultores, alfareros, carpinteros, pesqueros, mineros, etc. Me imagino a Job con sus riquezas multiplicadas, a Pedro con su bote propio de pesca, o a José, esposo de María, con su carpintería propia, y exhibiendo muebles hechos a mano, o a algún otro fiel creyente labrando su parcela y vendiendo sus frutos en el mercado de la ciudad, todos ellos dueños de sus medios de producción.
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La propiedad privada en el milenio
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En el Milenio el redimido se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera. Esto nos sugiere que la propiedad privada seguirá siendo una realidad en la era venidera de la justicia, la era del reinado de Cristo (Miq. 4:4; Zac. 3:10).
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Así que no nos dejemos engañar como simplones cuando alguien aparece por allí para decirnos que Jesús fue el primer comunista del mundo. No sería sorpresa que mañana aparezca otro iluso para decirnos que Jesús fue el primer Hippie del mundo… ¡o qué se yo!
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Apologista
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...PREEXISTIO ALGUNA VEZ?


La "Preexistencia" de Jesucristo

Varios pasajes bíblicos parecen implicar que Jesucristo existió en alguna forma en el cielo antes de aparecer aquí en la tierra. La mayoría de estos pasajes se encuentran en el Evangelio de Juan. Por ejemplo:

"Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió." (Juan 6:38)

¿"Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?" (Juan 6:62)

"De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy." (Juan 8:58)

"Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese." (Juan 17:5)

Se argumenta que estas afirmaciones son claras y debemos aceptar la enseñanza bíblica de que Jesús vivió anteriormente en el cielo. Es cierto que los pasajes son claros, pero eso no significa necesariamente que debemos tomarlos en sentido literal. Hay otros pasajes bíblicos que son tan claros como estos, y sin embargo no los tomamos en sentido literal, aunque frecuentemente las personas que oyeron las palabras no sabían inicialmente cómo tomarlas. Muchos de estos pasajes también se encuentran en el Evangelio de Juan. Por ejemplo:

"Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?" (Juan 2:19-20)

"Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?" (Juan 3:3-4)

"Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla." (Juan 4:13-15)

"Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra." (Juan 4:34)

"Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera." (Juan 6:50)

"Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti..." (Mateo 18:9)

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." (Lucas 9:23)

"Con Cristo estoy juntamente crucificado..." (Gálatas 2:20)

De la misma manera que no tomamos las anteriores afirmaciones en sentido literal, tampoco debemos tomar en sentido literal las afirmaciones de que Jesús vivió en el cielo antes de nacer en la tierra. En primer lugar, la Biblia afirma que Jesús es un hombre (ver Isaías 53:3, Juan 1:30, Juan 8:40, Hechos 2:22, Hechos 17:31, Romanos 5:15, 1 Corintios 15:21, 1 Corintios 15:47). Los hombres y mujeres comenzamos nuestra existencia cuando nacemos. En el caso de Jesús, Mateo y Lucas nos informan que María la madre de Jesús concibió por el poder del Espíritu de Dios, y Mateo nos habla del momento en que "Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes" (Mateo 2:1). Si Jesús no nació en forma real y normal en ese momento, ¿en qué sentido puede ser hijo de Abraham y de David, o incluso de María? Lucas nos dice que el niño Jesús "crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres." (Lucas 2:52) ¿Cómo puede haber crecido en sabiduría si antes de nacer ya era un ser celestial dotado de toda sabiduría? Y si Jesús abandonó toda su sabiduría y conocimiento anterior para nacer en la tierra como hombre, ¿cómo pudo seguir siendo la misma persona? ya que la esencia de cualquier persona es la totalidad de las experiencias y sabiduría adquirida en el transcurso de su vida. También el autor de la Epístola a los Hebreos dice que Jesús fue perfeccionado y aprendió la obediencia por medio de sus experiencias aquí en la tierra (Hebreos 2:10, 5:8), pero ¿cómo puede haberse perfeccionado aquí si antes de nacer ya era un perfecto y poderoso ser celestial?

Existía entre los judíos la idea de que un buen maestro "venía de Dios," pero no en el sentido de haber vivido en los cielos con Dios antes de nacer. Por ejemplo, en Juan 3:2 Nicodemo le dice a Jesús: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él." Sin embargo, no hay evidencia de que Nicodemo creyera que había existido literalmente en los cielos antes de nacer.

Si la Biblia aparentemente insinúa que Jesús vino del cielo, dice lo mismo acerca de otros hombres. Por ejemplo, Juan 13:3 dice que Jesús "había salido de Dios," y en Juan 16:28 Jesús dice "Salí del Padre, y he venido al mundo." Estas palabras son tomadas comúnmente como evidencia de la preexistencia de Jesús en el cielo, pero Juan 1:6 dice: "Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan." La frase afirma literalmente que Juan vino de la presencia de Dios, al igual que Jesús, pero nadie sostiene que Juan haya preexistido en el cielo.

Otro caso más claro aún es el del profeta Jeremías. En Jeremías 1:5 la palabra de Jehová vino al profeta diciendo, "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te dí por profeta a las naciones." Estas palabras, tomadas literalmente, implican que Jeremías existía antes de nacer, pero nadie las toma en ese sentido. Significan que antes que el profeta naciera, Jehová ya sabía cómo sería y ya había decidido que cuando naciera lo nombraría como profeta a las naciones. Antes de nacer, Jeremías existía solamente en la mente y en el plan de Dios, quien conoce todas las cosas antes que existan. De la misma forma, Dios dice en Isaías 51:2 que "cuando [Abraham] no era más que uno solo lo llamé, lo bendije y lo multipliqué." Como ya había decidido que Abraham tendría una descendencia numerosa, habló de aquello como si ya fuera una realidad desde que lo decidió (ver también Isaías 46:10, 49:1-3, Romanos 4:17). El salmista dice: "Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas" (Salmos 139:16). Incluso en la esfera puramente humana, cuando un arquitecto se propone construir un edificio, primero hace una maqueta, y posiblemente la presenta diciendo: "Este es el edificio X," cuando todavía no es más que un proyecto.

El Nuevo Testamento dice que Dios escogió a los creyentes cristianos antes que nacieran, hablando como si ya existieran. En Efesios 1:4 Pablo dice que Dios "nos escogió en él [Cristo] antes de la fundación del mundo," lo que implica que si Cristo existía en aquel entonces, también existían las demás personas que iban a creer en él. En realidad, Pablo está hablando de la predestinación, el hecho de que Dios conoce de antemano quiénes van a nacer y qué papel harán en su plan y propósito. Unos versículos más adelante, en Efesios 1:11, el apóstol dice en forma explícita: "En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad." También dice en Romanos 8:29-30: "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos." Dirigiéndose a Timoteo, Pablo habla de la "gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos" (2 Timoteo 1:9), como si todos los creyentes ya existieran en aquel entonces. De la misma forma el apóstol Pedro explica las alusiones a la supuesta "preexistencia" de Jesucristo diciendo que fue "ya destinado antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros" (2 Pedro 1:20).

En lo que se refiere a la "gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (Juan 17:5), es obvio que Jesús no pudo haber gozado de esa gloria aunque realmente existiera en aquel entonces, puesto que las Escrituras enfatizan que sólo se hizo merecedor de esa gloria al completar en la cruz su victoria sobre el pecado. El escritor a los Hebreos dice:

"Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos." (Hebreos 2:9)

En Hechos 3:13, refiriéndose a la resurrección y ascensión de Jesús al cielo, Pedro dice:

"El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad."

En su primera epístola, Pedro dice que Dios "resucitó [a Jesús] de los muertos y le ha dado gloria..." (1 Pedro 1:21).

Jesús mismo, hablando a dos discípulos en el camino a Emaús, enfatiza que su glorificación era posterior a sus sufrimientos, diciendo:

"¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?" (Lucas 24:26; ver también Juan 7:39, Juan 12:16)

Los anteriores pasajes demuestran que Jesús no pudo haber gozado literalmente de gloria antes de su nacimiento, porque solamente podía recibirla después de haber terminado su ministerio en forma exitosa. Tanto la existencia de Jesús antes que el mundo fuese, como su glorificación, solamente pudieron haber existido en forma anticipada en la mente y propósito de Dios. Este propósito fue a menudo revelado por medio de los profetas. Hablando de lo que le iba a acontecer, el Señor dice, "A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él..." (Mateo 26:24). Los pasajes que son citados para apoyar la idea de la supuesta "preexistencia" de Jesucristo no indican que realmente viviera en el cielo antes de nacer. Simplemente enfatizan en lenguaje figurado el hecho de que la aparición del Señor Jesús en la tierra no fue una cosa fortuita sino un acontecimiento que fue determinado y autorizado por su Padre celestial desde antes de la creación del mundo.

James Hunter

LITERAL Y ESPIRITUAL



Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones. Y extranjeros apacentarán vuestras ovejas, y los extraños serán vuestros labradores y vuestros viñadores. Y vosotros seréis llamados sacerdotes de Jehová, ministros de nuestro Dios seréis llamados; comeréis las riquezas de las naciones, y con su gloria seréis sublimes. En lugar de vuestra doble confusión y de vuestra deshonra, os alabarán en sus heredades; por lo cual en sus tierras poseerán doble honra, y tendrán perpetuo gozo» (Is.61:4-7).

Los que no creen en el premilenarismo y aceptan la espiritualización del Reino de Dios, “a la griega”, no conciben un gobierno milenario terrenal porque exige un cumplimiento literal, objetivo, de bendiciones materiales, tan reales como el sol y las estrellas, tan palpables como las flores y las piedras. La confusión estriba en que, para el espiritualizador, el Reino literal es uno carnal en su totalidad, un sistema meramente material y antagónico con lo enseñado en las Escrituras. El método de espitualización bíblica nació es la escuela pagana de Alejandría y que Agustín de Hipona se encargó de tomar para elaborar y darle forma después a lo que sería el amilenarismo, vigente hasta el día de hoy, constante en su heretismo, y de notorio auge.

Agustín de Hipona, en realidad, refutó el premilenarismo, no por cuestiones de hermenéutica ni de exégesis; su rechazo se debió porque consideró que los exponentes y defensores del milenarismo poseían una mente terrena y carnal. Arguyó que era un error enseñar que en el Reino espiritual habría comida y bebida en abundante cantidad. Agustín pregonó en su empañada perspectiva que este dogma, por ser carnal, tenía que ser desechado sin retrasos ni demoras.

Así qué, para el amilenarista, para el que es espiritualizador, quien preserva en la doctrina premilenaria no le es posible ver un Reino de carácter espiritual. Para el infortunio de no pocos, el método de espiritualización ha empujado a la palestra del mundo doctrinas como la incoherente inmortalidad del alma, quitándole el propósito genuino y verdadero a la futura resurrección de los muertos, porque… «el que resucitó a Cristo de entre los muertos también dará vida a nuestros cuerpos mortales mediante su espíritu que mora en vosotros» (Ro.811b).

Al Reino de Dios, aunque terrenal, no se le puede exonerar su espiritualidad. Una cosa es espiritualizar el milenio, haciéndose de él una ridícula y ficticia iconografía, y otra es ver las realidades materiales de un Reino milenario que es espiritual, por naturaleza, por mandato del Señor. Este Reino será tangible, físico, perceptible, y de extensión universal. Su espiritualidad, siendo material, se establece en el designio santo del Padre y no en una fatua alegorización inaplicable. Para comprender esto, tenemos el ejemplo claro de la fundación del mundo. En un principio, Dios creó un mundo libre de pecado y de maldad. No había la más ínfima mácula o señal de corrupción y distorsión maligna sobre su faz, hasta que la fealdad del pecado por la rebelión humana hizo acto de presencia. El mundo, entonces, fue declarado por Dios maldito para sumergirse luego en un estado de decadencia y degeneración grotesca.

No obstante, antes de la caída del hombre en el Edén ancestral, como todo el sistema cosmológico, el mundo era uno materialmente incontaminado y sacro, pero vino a perder su idiosincrasia espiritual cuando el hombre le creyó más a la intrigante y astuta Serpie que al Dios que le ofreció eterna vida y las bondades materiales de aquella perfecta y maravillosa tierra…. que no supo valorar las normas espirituales del Altísimo que le ofrecían gozo y paz perdurables. Por eso hogaño, el planeta que habitamos, es un soberano desastre que requiere ser resarcido de su agravio… por culpa del inconsistente hombre.

Ante que la creación fuera impura y el desorden se estableciera “cual peste bubónica medieval”, Dios pudo ver que todo lo que había hecho era bueno, y si era bueno para él, otra vez, siendo «material», no es difícil precisar que el mundo y el universo que lo rodeaba poseían un carácter netamente espiritual.

«Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera…» (Gn.1:31).

Por lo tanto, es lícito percibir, además porque la Biblia lo clarifica de tal modo, un Reino literal y milenario, de inherencia espiritual, porque el sistema de las cosas materiales restituidas por el poder celestial será «santificado» en el futuro, como al principio de la creación de Dios.

En este Reino terrenal y material, espiritual, por célica conciliación, y espiritual por sustancia, porque habrá sido redimido, purificado en su modificación, en «el día de la regeneración», la enfermedad será removida en las personas salvas que las adolezcan, para que sean idóneas a la teocracia milenaria. Habrá sanidad para las gentes que hayan sufrido patologías deformantes (Is. 29:17-19; 35:3-6; 61:1-2; Jer. 31:8; Mi. 4:6-7; Sof. 3:19). Habrá trabajo, y no será un período de ociosidad ni de haraganerías. Habrá una sociedad perfectamente sistematizada y de industrias, de agricultura y de manufactura, para la sustentación de los hijos de Dios que ingresen al Reino milenario (Is. 62:8-9; 65:21-23; Jer. 31:5; Ez. 48:18-19). La prosperidad económica, no de la clase que enseñan los maestros de la prosperidad como Cash Luna y Benny Hinn, será el producto del trabajo continuo y armonioso durante el Reinado milenario. La pobreza y la miseria, no mancillarán más la condición humana en el gobierno milenario de Cristo (Is. 4:1; 35:1-2, 7; 30:23-25; 62:8-9; 65:21-23; Jer. 31:5, 12; Ez. 34:26; Zac. 8:11-12; 9:16-17; Ez. 36: 29-30; Jl. 2:21-27; Amós 9:13-14).

La maldición que fue emitida por Dios en contra de la creación, según Gn. 3:17-19, será eliminada íntegramente. Esto dará como resultado una tierra súper fértil y altamente productiva. Los animales fieros y venenosos perderán su agresividad natural y espontánea, y aprenderán a vivir dócilmente con los hombres. Prueba de esto se encuentra en Is. 11:6-9; 35:9; 65:25.

«Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Ro.8:18-21).

Cuando la primera pareja le falló a Dios, la creación entera sufrió la consecuencia de su iniquidad (ver Gn. 3:17-18): El pecado entró en el mundo y el universo se afectó mortíferamente. Nada quedó indemne ante su estrago. Lo que estaba diseñado para ser perenne, fue condenado para deteriorarse y morir. Por tal cosa, con palabras de esperanza, Pablo escribe que esta creación que fue sujetada a vanidad a causa de la trasgresión de hombre, gime y padece en la actualidad, aguardando el día en que será liberada de la esclavitud de corrupción. Este suceso se llevará a cabo en la segunda venida de Cristo, antes de la apertura de la era milenaria (Ap. 20:1-10); Cristo lo llamó «el día de la regeneración», como ya antes lo habíamos mencionado (véase 19:28).

Más claro, no puede haber sido.
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Dios les bendiga, hermanos y amigos de mentes magnánimas que nos visitan.
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