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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

miércoles, 7 de julio de 2010

SIN PECADO CONCEBIDA?


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

La doctrina de “la inmaculada concepción”, según la iglesia católica romanista, invento de hombres aviesos, paganos y religiosos, establece que la virgen María, la madre del Señor Jesucristo, fue concebida “sin pecado”. Sostiene que el pecado original jamás fue parte de ella. Si investigamos en las Escrituras para constatar semejante cosa nos daremos cuenta que no existe nada que sustente este cuentillo teológico mal habido. Un mito más de los “eruditos” del catolicismo babilónico apóstata romano.

En primer lugar, la Biblia muestra que María hace mención de un salvador personal, [mi salvador]; y si se refiere a un salvador personal, que es Dios, para el caso, es porque requería ser perdonada de sus propios pecados como los demás hombres requieren, si desean la salvación individual, del perdón de Dios por sus pecados cometidos: «. . . por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios» (Ro. 3:23). María reconoce [su bajeza] debido a que considera que es portadora de una naturaleza pecaminosa delante de Dios:

«Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva . . . » (Lc. 1:46-48).

No hay nada convincente en la Biblia que demuestre que María fue concebida “sin una naturaleza pecadora”. Hablaríamos, por lo tanto, de un engendramiento sobrenatural, como el de Cristo, que fue concebido sin pecado por el espíritu de Dios, con el próposito de redimir a la raza humana, de acuerdo a la tipología de los animales sin defectos presentados en el Antiguo Testamento para ofrenda y sacrificio, conforme al culto levítico para la expiación anual de los pecados de la nación de Israel (Ex. 30:10; Lev. 23:27-31; 25:9; Núm. 29:7-11; Heb. 9:12-28). El engendramiento sobrenatural de Cristo es un acontecimiento hallado en las Santas Escrituras (Lc. 1:35): ¿porqué tendríamos qué seguir creyendo la antigua y obsecada postura qué afirma que María fue concebida sin pecado alguno, mientras la Biblia dice todo lo contraio?

El catolicismo pregona que María fue siempre virgen. Que su esposo José, ciertamente, no lo era, sino que fue algo así como un “protector”, un “fiel cuidador” de María, con la que nunca tuvo relaciones normales de tipo marital: Una especie de enuco moral, una extraña combinación de padre y pseudoesposo. Parece que el catolicismo ve las relaciones sexuales en la vida conyugal como una peste, como una enfermedad, como una maldad suprema. No es complicado apreciar en esto su grande malicia y deprvación. Es por eso que vemos lo que vemos en el catolicismo de forma alarmante hogaño. Buena escuela le dejó Agustín al respecto, cuando creyó que el Reino de Dios futuro “no podría ser uno material” porque su verdadera espiritualidad era para el Obispo de Hipona terminantemente degradada en esta conceptualización. ¡Qué ascética malignidad y pavoroso engaño! Agustín no tomó en cuenta la legítima objetividad del Reino de Dios y su inherente fundamento espirtual que se deriva de la santa voluntad del Padre y Dios. Pablo escribe que: «Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios» (Heb. 13:4).

«Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS» (Mt. 1:24-25).

La expresión [no la conoció, Kai ouk eginösken, gr. ] indica que José tuvo relaciones sexuales con María, su mujer y esposa, posteriormente al nacimiento de su hijo Jesucristo. José se mantuvo en abstinencia sexual únicamente hasta que Cristo, el Hijo de Dios, vino al mundo en cuerpo entero, al nacer. Otras analogías podemos hallarlas en Gn. 4:15 y 4:25. En estos versos se menciona que Caín y Adán «conocieron a sus mujeres y que concibieron hijos». ¿De qué forma fue esto? ¡Hombre, de forma natural!

En Lc. 2:7 dice de María «Y dio luz su hijo primogénito», comprendiéndose sin ninguna dificultad que hubo [más de un hijo] concebido naturalmente en el vientre de la «ya no virgen María». Primogénito (prötokon, gr.) implica que María tuvo otros hijos aparte de Jesús. Los católicos se aferran a la idea de que “no eran hermanos de Jesús” sino sus “primos”. En Mt. 12:46 se desmiente este concepto romanista totalmente erróneo.

Los manuscritos en el griego antiguo (koiné) confirman que eran sus [hermanos], y no familares secundarios:

«Su madre y sus hermanos» (hë mëtër kai hoi adelphoi autou, gr.).

En contraste con la familia espirtual de Cristo:

«He aquí mi madre y mis hermanos» (idou he mëter mou kai hoi adelphoi mou, gr. ).

La historia muestra que la mentira “piadosa” de la inmaculada concepción (decepción) empezó a enseñarse doscientos años después del fallecimiento de María, teniendo validez oficial como dogma católico hasta el año 1054 d. C., en la época medieval.

Esto es tan sólo la verdad. Las pruebas son contundentes e irrevocables.

Le pregunto al estimable lector: ¿está seguro en lo qué cree ahora?

Dios les bendiga por siempre.
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