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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

martes, 16 de marzo de 2010

JESUS REINARA DESDE JERUSALEN, PUES LO DICE TAMBIEN EL NUEVO TESTAMENTO


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Jesús vuelve para reinar sobre la tierra, porque los profetas del Nuevo Testamento lo dicen.
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1. Pedro

► Hechos 3:21 – En su sermón en el pórtico de Salomón, Pedro dice que Jesús debe permanecer en el Cielo ”hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de Sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”. El periodo de restauración del que se habla aquí ocurrirá durante el Milenio, cuando la maldición sea removida parcialmente y la naturaleza sea restaurada (Romanos 8:18-23)

2. Pablo

► 2 Tesalonicenses 1:7-10 – Pablo dice que cuando Jesús regrese para ”dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio”, El también vendrá con el propósito de ser glorificado ante Sus santos. El retorno de Jesús para ser glorificado ante Sus santos y todas las naciones del mundo es uno de los temas persistentes de la profecía del Antiguo Testamento (Isaías 24:23; 52:10,13; 61:3 y Salmo 46:10)

► 2 Timoteo 2:12 – Pablo dice ”Si sufrimos, también reinaremos con El”.

3. Juan

► Apocalipsis 12:5 – Juan ve una visión en la que una mujer vestida con el sol (Israel) da a luz a un hijo varón (Jesús) ”que regirá con vara de hierro a todas las naciones”.

► Apocalipsis 19:15-16 – En su descripción del regreso de Jesús a la tierra, Juan dice que El ostenta el título ”Rey de reyes y Señor de señores” y Juan dice que El ”regirá las naciones con vara de hierro”.

► Apocalipsis 20:4,6 – Juan dice que después del regreso de Cristo a la tierra, El reinará con Sus santos (“los que recibieron facultad de juzgar”) por mil años.
Jesús vuelve para reinar sobre la tierra, porque las Huestes Celestiales lo dicen

1. Gabriel

► Lucas 1:26-38 – Cuando el arcángel Gabriel se le apareció a María, le dijo que ella tendría un hijo llamado Jesús, Quien sería llamado ”Hijo del Altísimo”. Luego él añadió tres promesas que aún deben cumplirse: ”el Señor Dios Le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin”.

2. Los 4 Seres Vivientes y los 24 Ancianos

► Apocalipsis 5:9-10 – Cuando Juan es arrebatado al Cielo y se encuentra a sí mismo de pie ante el trono de Dios (Apocalipsis 4), él escucha a ”los cuatro seres vivientes”(criaturas angélicas especiales llamadas serafines en Isaías 6) y a “los veinticuatro ancianos” (probablemente sean representantes de los redimidos) cantando un cántico de alabanza a Jesús. En este cántico ellos dicen que Jesús es un Cordero Digno que ha hecho un reino para Sus redimidos,”y ellos reinarán sobre la tierra”.

3. Los Ángeles de Dios

► Apocalipsis 11:15 – Voces del Cielo hacen una proclamación proléptica en la mitad de la Tribulación: ”Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de Su Cristo; y El reinará por los siglos de los siglos”. (Nota: Una declaración proléptica es una que habla de un evento futuro como si ya hubiese ocurrido. Esta es una forma común de expresión en la profecía porque todos los eventos futuros están establecidos en la mente de Dios como si ellos ya hubiesen ocurrido en la historia).
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4. Los Mártires de la Tribulación

► Apocalipsis 15:3-4 – Al final de la Tribulación, justo antes del derramamiento final de la ira de Dios en la forma de los juicios de las copas, todos los mártires de la Tribulación que están en el Cielo se unen para cantar ”el cántico de Moisés… y el cántico del Cordero”. En ese cántico, ellos declaran que el Cordero (Jesús) es ”Rey de las naciones” y ellos proclaman que ”todas las naciones vendrán y Te adorarán”.

Jesús vuelve para reinar sobre la tierra, porque El lo dijo.

► Mateo 19:28 – Jesús dijo que durante ”la regeneración”(el mismo tiempo que ”el periodo de restauración” referido por Pedro en Hechos 3:21), El se ”sentará en el Trono de Su gloria” y los apóstoles se unirán a El para juzgar a las doce tribus de Israel.

► Mateo 25:31 – Jesús dijo que cuando El regrese en gloria,”el Hijo del Hombre… se sentará en Su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones” para ser juzgadas. El trono de Jesús es el trono de David que siempre ha estado ubicado en un solo lugar – en Jerusalén (vea Isaías 9:6-7 y Salmo 122)

► Hechos 1:3-6 – Lucas dice que Jesús pasó 40 días enseñando a Sus discípulos acerca del Reino de Dios. Luego, mientras se preparaba para ascender al Cielo, uno de sus discípulos le preguntó: ”Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” La pregunta indica que Jesús enseñó que vendría un tiempo cuando el reino sería restaurado a Israel. La respuesta de Jesús a la pregunta indicó la misma cosa. El no reprendió la pregunta. En lugar de eso, El simplemente dijo que no les correspondía a ellos conocer los tiempos y las sazones cuando el reino sería restaurado a Israel.

► Apocalipsis 2:26-27 – Jesús dice que El tiene una recompensa especial para cualquier “vencedor” que guarde Sus obras hasta el fin: ”Yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro”.

► Apocalipsis 3:21 – Jesús aclara que los vencedores reinarán juntamente con El: ”Al que venciere, le daré que se siente conmigo en Mi trono, así como Yo he vencido, y Me he sentado con Mi Padre en Su trono”. Nuevamente, el trono de Jesús es el trono de David (Lucas 1:32 y Apocalipsis 3:7). El trono de David está en Jerusalén, no en el Cielo (Salmo 122). Jesús actualmente comparte el trono de Su Padre. El no está sentado en Su propio trono y no lo hará hasta que El regrese a esta tierra. Entonces permitirá que los redimidos compartan Su trono con El.

EL PENSAMIENTO DE LACUNZA: EL REGRESO DE CRISTO Y EL REINO


Lacunza vertió en su libro “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad” su visión del fin de los tiempos, la que incluye el gobierno de Cristo en la Tierra antes de la Resurrección Universal, la que sobrevendría sólo después de dicho gobierno y no simultáneamente junto a su venida, como postula el sistema ordinario vigente.

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Por Fredy Parra C. *

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Manuel Lacunza define su línea de pensamiento específicamente milenarista al resumir el sistema que propone: “Jesucristo volverá del cielo a la tierra, cuando sea su tiempo: cuando lleguen aquellos tiempos y momentos, que puso el Padre en su poder (Hch 1,7)… Vendrá no tan de prisa, sino más despacio de lo que se piensa. Vendrá a juzgar no solamente a los muertos, sino también y en primer lugar a los vivos. Por consiguiente, este juicio de vivos y de muertos no puede ser uno solo, sino dos juicios diversísimos, no solamente en la sustancia y el modo, sino también en el tiempo. De donde se concluye (y esto es lo principal a que debe atenderse) que ha de haber un espacio de tiempo bien considerable entre la venida del Señor, que estamos esperando, y el juicio de los muertos o resurrección universal” (M. Lacunza, La Venida del Mesías en Gloria y Majestad (4 Tomos), Ed. C. Wood, Londres, 1816, I, pp. 53-54). El juicio sobre los vivos tendrá entonces lugar en el espacio y el tiempo donde se cumplirán las profecías de paz y justicia universal que se anuncian en las Escrituras. Después de convertir en reino propio de Dios a los diversos reinos sociopolíticos existentes, después de desarrollarse en plenitud el plan de Dios para la historia, Jesucristo podrá ofrecer su reino en las manos del Padre (1 Co 15, 23-26). En esto reside la principal diferencia con el sistema ordinario vigente que sostiene que inmediatamente después de la segunda venida del Señor se seguirá sin ningún intervalo de tiempo la resurrección universal y el juicio universal. Pero Lacunza también advierte sobre las diferencias de alcance cristológico implicadas en su tesis central. Por lo mismo, distingue claramente dos tiempos y dos misiones en el único Mesías.El autor piensa que todo cuanto hizo Cristo en su primera venida se incluye dentro de los límites de su oficio sacerdotal y doctoral, y, en consecuencia, no es posible interpretar sus dichos y acciones en términos de la potestad real. Las referencias del Jesús histórico al reino reciben en Lacunza una interpretación exclusivamente futura. El autor no niega que Jesús se haya referido al reino en términos de algo ya presente, pero puntualiza que en esos casos se refiere al “evangelio del reino”, y no al reino mismo. Ahora bien, el evangelio del reino, “esto es, noticia, buenas nuevas, anuncio, predicación del reino” constituye una invitación al reino que tendrá lugar en el futuro, la predicación de la fe y la justicia, la exhortación a llevar una vida conforme a los valores del evangelio y a vivir en la vigilancia que corresponde a quien espera ansiosamente la venida del Señor.
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Esos mismos criterios afectan radicalmente la visión eclesiológica de nuestro autor. En efecto, dedica capítulos importantes de su obra a demostrar que la Iglesia, siguiendo a su Maestro en su misión sacerdotal y doctoral, no puede identificarse ni total ni parcialmente con el reino y subraya que su misión ciertamente es ser fiel al Señor, preparando a los hombres para el reino futuro de Cristo, para lo cual debe consagrarse a su misión moral y espiritual, lejos de toda confusión con los poderes políticos mundanos. Antes de seguir, cabe recordar que la obra de Lacunza fue colocada en el Indice en 1824 y que a mediados del siglo XX la doctrina misma es cuestionada y luego de una consulta, el Santo Oficio, en decreto del 21 de julio de 1944, responde: “El sistema del milenarismo mitigado no puede enseñarse con seguridad” (DS, 3839).

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Crisis y fin de la historia actual

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Según Lacunza, los mismos evangelios entregan una clara visión de lo que sucederá en todo el tiempo que debe mediar entre la primera y la segunda venida de Cristo. En efecto, aunque se predicará el evangelio por todo el mundo (Mt 24,14), en resumen, “habrá siempre una grande oposición, y aun guerra formal, y continua entre la justicia y la paz [...] Y una casi continua adversidad contra “aquellos que quieren vivir piadosamente en Jesucristo” (Ibíd., IV, pp. 263-264). Al concluir su análisis de la profecía de Daniel (Dn 2) el autor se expresaba de un modo semejante: “por un espacio de más de 2300 años, se ha venido verificando, “lo que comprehende, y anuncia esta antiquísima profecía [...] Lo formal de la estatua, es decir, el imperio y la dominación”, constituye la característica más propia del tiempo actual y “no falta ya sino la última época, o la más grande revolución, que nos anuncia esta misma profecía” (Ibíd, I, pp. 293-294). En la historia hay una incesante lucha entre las fuerzas del bien y del mal. Este eón es un escenario donde se depliegan fuerzas opuestas y donde triunfa, finalmente, la dominación y la injusticia. En la interpretación lacunziana, la dominación es política (el cuarto reino: las monarquías europeas absolutistas en crisis al final del siglo XVIII) y es religioso-espiritual (las falsas religiones y el falso cristianismo aliado de la nueva “religión” que eleva la razón). Al fin del siglo, en medio de una intensa crisis, el anticristianismo alcanzará su paroxismo. Pero también crece y se mantiene el cristianismo auténtico; siempre habrá testigos que resistan y den testimonio de su fe en Cristo. El eón presente sólo puede manifestar ambigüedad. La parábola del trigo y la cizaña es la más adecuada para expresar esta radical confusión que reina en la historia. “En una palabra, habrá siempre cizaña, que oprima y no deje crecer ni madurar el trigo” (Ibíd., IV, pp. 264). Es interesante observar que en Lacunza la dialéctica del trigo y la cizaña afecta al mundo, a la sociedad y a todas las religiones. El cristianismo no está amenazado sólo por fuerzas externas, sino también, y principalmente, por una falsificación que puede venir desde dentro. Precisamente, uno de los rasgos esenciales del anticristianismo es que el mal toma la apariencia del bien.

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Concluidos los tiempos y momentos “que el Padre puso en su poder” y estando la historia sometida al misterio de la iniquidad, con excepción de algunos individuos, llegará finalmente el día del Señor. Tras la resurrección de los santos, los que han dado testimonio de su fe y justicia, y en medio de una conmoción que habrá en la tierra, perecerá gran parte del linaje humano que estuvo comprometido con el complejo anticristiano. Terminado este primer acto del juicio, perteneciente a la justicia vindicativa, comenzará el juicio o reino (el milenio) tan esperado. Habrá entonces un fin de este mundo histórico, un fin de siglo. En palabras de Lacunza, el fin del siglo se refiere al término del día actual de la humanidad, del actual tiempo histórico, o siglo presente.

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Esperanza futura del Reino de Cristo

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Esta esperanza se funda en las promesas de Dios, esto es, en una palabra de Dios manifestada en el pasado y por medio de la cual se garantiza un futuro de salvación y vida. Este Dios, Señor de la historia, tiene el poder de cumplir su palabra y llevar la historia al cumplimiento de las metas por él trazadas. Sin negar el contenido de las promesas más antiguas, Lacunza resalta que la esperanza veterotestamentaria es, sobre todo, una esperanza de restauración plena. Destaca la necesidad de un nuevo Exodo. Tras la época de desgracia y opresión en la que el pueblo judío se encuentra desde el tiempo del Destierro, advendrá una liberación nacional y política y una purificación religiosa digna del pueblo escogido por Dios. Tal esperanza presupone la desintegración de la nación judía. Según el autor, después de dieciocho siglos de civilización occidental, el pueblo judío aún se encuentra desterrado de su patria, disperso por el mundo, privado de su condición de pueblo de Dios y sometido a toda suerte de injusticias y tribulaciones. Israel será restablecido como pueblo, como nación libre y soberana, y como pueblo-de-Dios, como Esposa que se convierte al Mesías, a Jesús. La esperanza de restauración futura desborda los límites nacionales y las expectativas políticas y religiosas de Israel. Las Escrituras aseguran que ha de llegar un día, siglo o tiempo en que toda la humanidad sea bendita en Cristo, todos crean en El y lo amen. Habrá, en suma, una fe universal en Cristo, el Hombre-Dios y Mesías (Gn 12, 1-3; 18, 18; 22, 18; Ga 3, 16; Sal 72.86-9-10; Is 11, 9; Dn 2, 35; 7, 14-27; Za 14, 9). Junto con una fe universal, las Escrituras muestran la esperanza de una justicia universal jamás vista en el orbe (ls 65; 2 P 3, 13). Además de la realización universal de la fe y la justicia, se ha prometido un estado de concordia y paz universal (ls 2,1-4). La humanidad vivirá sin violencia política ni económica, sin esclavitud ni opresión.

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Es más, la esperanza futura adquiere dimensiones cósmicas y acaba abrazando la creación entera. Según el autor, la tierra también será restaurada y retornará a su perfección original. La esperanza futura no se puede disociar de una transformación cósmica. Mundo humano y no humano están radicalmente unidos y juntos participan del proyecto salvífico y liberador de Dios. Por tanto, la naturaleza está envuelta en el destino presente y futuro de la humanidad. Cielos y tierra volverán a un estado tan bueno como lo fueron primitivamente y serán liberados de la corrupción que se introdujo a causa del pecado de la humanidad. En una palabra, según nuestro jesuita, “los nuevos cielos, y nueva tierra, o el mundo nuevo que esperamos después del presente debe ser sin comparación mejor que el presente, y esto no solamente en lo moral, sino también en lo físico y material” (Ibíd., IV, p. 81).
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Bienaventuranza eterna

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El reino mesiánico, el “milenio” propiamente tal, que podrá durar un número indeterminado de siglos, es la penúltima época en la concepción de Lacunza, ya que tras una crisis definitiva acabará la historia y se dará paso a la última época: la vida eterna, después de la cual no hay otra. Tendrá lugar “el fin de los viadores, o de la generación y corrupción” porque no admite la idea de un fin de mundo como una suerte de aniquilación. Acontecerá el juicio y resurrección universal de todos los muertos, con la correspondiente condenación o salvación eternas. Cristo colocará el reino en manos del Padre y así será Dios todo en todo (1 Cor 15, 28).

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En la única experiencia de la gloria, Lacunza distingue dos aspectos esenciales: el que llama “accidental”, que corresponde a la contemplación y gozo vital de la naturaleza, y el “substancial”, que corresponde a lo que normalmente se entiende por visión de Dios. Para concebir de algún modo la grandeza y extensión del reino de los cielos, o del reino de Dios, y de su felicidad (por ahora incomprensible), el autor convida a que contemplemos el cielo estrellado y apreciemos su inmensidad y belleza admirables. En fin, todo el espacio sideral que nos rodea, con sus cuerpos y orbes visibles e invisibles, todo ello es la herencia eterna del Hombre-Dios, Cristo Jesús y, por consiguiente, de todos sus hermanos menores, los coherederos, especialmente después de la resurrección universal. Esta participación en la herencia del universo material se unirá a la visión fruitiva de Dios. Además, la observación y fruición de las obras de Dios no producirá distracción de la visión y fruición del Sumo Bien, es decir, de Dios mismo, al que, por lo demás, encontrarán en todas partes. Lacunza integra en su concepto de la bienaventuranza eterna la corporalidad, articulando el teocentrismo con una visión antropológica en su idea de la eternidad.

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Por otra parte, aun concediendo que el reino de Dios sea el universo entero, es preciso admitir algún lugar determinado, físico y real, entre todos los innumerables orbes, donde resida normalmente el Supremo Rey, de donde irradie eternamente la luz hacia todos los lugares del reino definitivo. El centro de unidad de un reino tan extenso estará, sin duda, en un lugar determinado del universo: este lugar privilegiado será el mismo en el que ahora habitamos, es decir, la tierra. Para fundamentar esta aseveración el autor presenta dos razones claves: Jesucristo es de esta tierra, aquí nació, aquí se hizo hombre, aquí enseñó su evangelio, aquí experimentó la injusticia de la cruz. Y lo mismo se puede decir de los coherederos: aquí padecieron por Él y sufrieron por causa de la justicia, aquí fueron, por lo mismo, atribulados y perseguidos. Luego, aquí mismo, en esta misma tierra donde tanto abundó la iniquidad, deberán gozar eternamente el fruto más que céntuplo de todo lo que supieron sembrar.

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Doctor en Teología. Profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

MEDITANDO EN VOZ ALTA SOBRE LA NO PREEXISTENCIA DE CRISTO


Las Escrituras comúnmente usadas para “probar” que Jesucristo fue el Dios del Antiguo Testamento, son, entre otras, Juan 1:18 y Juan 5:37 son a menudo utilizados como Escrituras fundamentales para probar que Jesús “preexistió” como el YHWH Dios del Antiguo Testamento. Ya que, como ellas explícitamente indican, ningún humano (hombre) alguna vez ha visto a Dios, y muchos, desde Adán y Eva, Abram, Moisés y otros son reconocidos haber visto al Dios del Antiguo Testamento, tiene perfecto sentido, en ese punto, razonar que el YHWH Dios del Antiguo Testamento no podría ser el Padre Dios del Nuevo Testamento.

Juan 1:18 Ningún hombre ha visto a Dios en ningún momento; El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer

Juan 5:37 Y el Padre mismo, que me ha enviado, ha dado testimonio de mí. Ustedes no han oído su voz en ningún momento, ni han visto su forma.

Comencemos con Juan 5:37.

¿Estaba Jesús manifestando que ningún humano alguna vez había visto o había oído al “Padre”? Por favor considere Mat. 3:16 “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.17 Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. (Vea también Mar. 1:11) ¿Acaso no es verdad que al menos San Juan Bautista “oyó” la voz del Padre?

No omitamos esta Escritura: Mateo 17:5 “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd”. ¿Quién oyó eso? Fue Pedro, Santiago y Juan. Nosotros fácilmente podríamos preguntar, ¿por qué y cómo pudo referirse Juan a una “audición física” en Juan 5:37 (“Ustedes no han oído su voz en ningún momento, ni han visto su forma), y que fue escrito decenios después del acontecimiento real de Mateo 17 donde el evangelista Mateo registra a gente que sí oye literalmente la voz de Dios? (Vea también Mar. 9 para el relato de Marcos.)

Podríamos notar, en este punto, que algunos proponentes de la premisa que es discutida tomarían la posición que aquel que pronuncia las palabras de Mateo 3:16 y Mateo 17:5 fue de hecho un ángel de Dios obrando de “agente” de Dios. Mientras que el apoyo real para esto es delgado a inexistente, recordémonos que aun si fuera cierto, entonces uno debe permanecer con la posición el “agente” representativo en ambos lados de este debate, que nos dejaría incluir la postulación del “agente” como alguien que también está incluido en la “voz” no oída y la “forma” no vista. Por supuesto, darse cuenta de esta necesidad virtualmente nos obliga a descartar la teoría del “agente” a favor de un Padre Cariñoso mostrando interés personal directo en Su Hijo, como cualquier buen padre lo haría.

A continuación, aún concerniente a Juan 5:37, ¿a quién estaba Jesús hablándole en esta Escritura? Encontramos la respuesta en Juan 5:18 Por esto los judíos (Nota: No todos los judíos, simplemente aquellos para quienes él dirigía esto.) aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios. 19 Luego le contestaron a Jesús y le dijeron… ¿No estaba Jesús simplemente haciendo el mismo punto hecho muchas veces en las Escrituras Hebreas? El mismo punto de que Dios ‘cegó’ a Israel (que realmente quiere decir que él ‘los dejó’ a ellos quedarse ciegos por sus formas egoístas), parafraseado como: Viendo no ven, y oyendo no oyen. ¡Si esta Escritura debe ser tomada como una pretendida declaración literal, estamos confrontados con limitar su aplicación a sólo aquellos para quienes fue dirigida, y a nadie más! Pero, preguntemos, ¿Por qué Jesús se dirigiría a estos judíos específicos como que nunca habían visto a Dios, cuándo nadie más, vivo en ese tiempo, tampoco lo vieron?” No tiene sentido, pues sería una declaración vacía. Entonces, la realidad es que esta Escritura, en el mejor de los casos, sólo puede probar que esos Judíos en particular a quienes Jesús les hablaba nunca habían visto o habían oído al Dios el Padre. Ellos fueron los “Ustedes” que nunca habían visto ni habían oído a Dios, pero, sea cual fuere, parecería que quizá es bastante más lógico que haya una aplicación figurativa para esta Escritura. Por consiguiente, Juan 5:37 no es, en el mejor de los casos, una Escritura “neutral”, incapaz de usarse para probar o desmentir “que el Dios Padre del Nuevo Testamento no fue el YHWH Dios del Antiguo Testamento”, sin mencionar que no provee pruebas en apoyo de un Jesús preexistente que es YHWH. Ahora note alguna otra cosa que Juan escribe hacia finales de su vida, mucho tiempo después de este incidente.

1 Juan 4:12 Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. Ahora, tomando un acercamiento literal primero, consideremos simplemente lo que esto dice y no dice. No dice, “oye”, u “oyó”, sino sólo “visto”. Ahora este verso ya no parece estar en conflicto con Juan 5:37, y ni está en conflicto con las dos Escrituras de Mateo anteriormente citadas.

Esto no significa ‘pasar por alto’ la frase “Ningún hombre” con que inicia el verso. ‘Ningún hombre’ es mejor indicado como ‘Nadie’, que prosigue a ‘visto’. Visto es mejor indicado como ‘contemplado’ y conlleva con eso el concepto de “contemplar con un propósito”, “ver con deseo”, o “aprecio con admiración”. ¿Podemos decir, “Mira, esto prueba que Juan 5:37 quiere decir lo que yo pensé que significaba?”. Si consideramos que el punto de vista previamente reclamado en Juan 5:37 es defectuoso por las Escrituras de Mateo (y Marcos) entonces nosotros, ni podemos usar a 1 Juan 4 para sostener “nuestro” Juan 5:37, ni Juan 5:37 para apoyar a 1 Juan 4. Otra vez, debemos buscar otra ‘ explicación ‘que no esté en conflicto con algunas otras Escrituras que hemos visto hasta ahora (Mateo, Marcos, Juan, y 1 Juan). Otra vez pregunto, “ A Quién se estaba dirigiendo Juan? ¿Fue este verso una referencia a “todo tiempo” – Pasado /presente/ futuro? ¿O simplemente para los lectores presentes de la carta? Nosotros al menos debemos cuestionar seriamente cualquier sustento posible que podría ser considerado para la premisa que es discutida debido a las Escrituras anteriormente citadas. Esto quiere decir que hemos perdido algo en alguna parte. Cualquier cosa que este verso signifique o implique, debe estar de acuerdo con TODAS las Escrituras anteriormente citadas.

Preguntemos lo siguiente, “¿Estaba Juan aun discutiendo un significado tan literal del todo?” 3 Juan 1:11, “Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios”. Juan no está siendo literal aquí; Si él lo estuviera, entonces la implicación lógica natural es que aquellos que no fueron malos habían visto “físicamente”, con sus propios ojos, a Dios. Así que, ¿por qué insistiríamos en que Juan es literal en otro sitio, cuándo él escribe las mismas palabras exactas, con aun la misma intención? Así, nosotros ahora tenemos el significado verdadero y la intención de la palabra Griega traducida “visto”. Se ocupa no sólo sobre la percepción literal con la vista, sino que también con la percepción y comprensión mental o espiritual de Dios. Considere en esta luz Juan 1:18 “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. La traducción más literal de la locución, “a Dios nadie le vio jamás” es “A Dios nadie nunca ha contemplado”. Con Juan que escribe este informe hacia fines del siglo 1, más o menos en la época en que él escribió las tres epístolas, ¿no tenemos que considerar que Juan, como cualquiera, mantendría una consistencia en sus escritos? En este caso, él mantiene una consistencia que aparece igualmente en todos sus escritos, y está dirigida hacia un propósito específico basado en las circunstancias del tiempo de los escritos. Manifestar categóricamente que Juan 1:18 & Juan y 5:37 pueden ser usados para apoyar una percepción “física” es simplemente imposible. Hacer eso es sacar dos versos aislados del contexto completo de todas las escrituras inspiradas de Juan, y simplemente no hay ninguna forma de validar esa conducta o conclusión.

Finalmente, concerniente a este punto, no pasemos por alto Juan 6:46 “No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre”. Otra vez, Juan usa “visto” como “conocer” (percibir). Si usted es un creyente, usted ha “visto” a Dios, si no, usted no lo ha hecho. No leamos en la Escritura lo que nuestra teología “necesita” que “diga”, sino, dese cuenta de que nosotros podemos haber pasado por alto las Escrituras que podrían ayudarnos a aclarar las cosas mejor para cambiar nuestra teología. En esa luz, usted ahora también podría considerar:

Juan 8:19 “Ellos le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si a mí me conocieseis, también a mi Padre conoceríais”.

Juan 14:9 “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” De hecho, lea el incidente entero por usted mismo y “vea” cuántas veces es usado “visto”, y cómo está directamente relacionado a “conocer” a Jesús o el Padre.

Juan 15:24 “Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre”. Estas personas “habían visto” al Padre, pero fue a través de su rechazo de Dios y Jesús. No obstante, el punto es que ellos habían “visto” a Dios, pero al igual que con las otras referencias, es en el contexto de su creencia y conducta, no a través de sus capacidades ópticas “físicas”.

Juan registró todas estas Escrituras. ¿No nos da esto al menos un pequeño entendimiento profundo en su pensar, especialmente al reparar en que todas estas Escrituras se registraron hacia fines de su vida, mucho tiempo después de los acontecimientos del relato del evangelio? ¿Debería ser una cosa extraña aun considerar que la posibilidad de que Juan quiso que el vocablo “visto” sea tomado metafóricamente y literalmente?

No cabe legítimamente o lógicamente afirmar que estos versos de la pluma de Juan “prueban” que Jesús fue el Dios del Antiguo Testamento. La comprensión de la intención de estos versículos, si no ya evidentes, no pueden ser estudiadas aisladas de otras Escrituras, sino que deben ser discernidas a la luz del resto de la Escritura.

¡Sí, pero aquí dice que Jesucristo creó el universo!

Efesios 3:9 “y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; por Jesucristo.” Este verso está medianamente explicado rápidamente. Simplemente verifique varias traducciones (vea abajo) y usted encontrarán que “por Jesucristo” no está en los textos, sino que se agregó más tarde por alguien que tuvo una agenda. El resultado se convierte en algo ventajoso para la discusión de que el Padre es el Creador Dios. En cuyo caso la pregunta probable para cualquiera que no piensa de esa manera sería ¿Cómo uno reconcilia la traducción correcta de Efesios 3:9 en apoyo de la premisa de que Jesús fue el Creador Dios?”

El Weymouth: Verso 9. y para mostrar a todos los hombres en una luz clara lo que mi mayordomía es. Es la mayordomía de la verdad la cual en todas las Edades descansa encubierta en la mente de Dios, el Creador de todas las cosas –

El RSV: Verso 9. y hacer a todos los hombres ver cuál es el plan o el misterio encubierto desde hace mucho en Dios que creó todas las cosas.

Esto era de acuerdo al propósito eterno que él ha realizado en Cristo Jesús nuestro Señor. ¿Hay alguna razón que los escritos de Juan no puedan ser comprendidos en el contexto del Padre que tiene previsto esto por adelantado? ¿Podría dar esto una pista de lo que “todas las cosas” son y no son?

¿Pero este versículo lo dice con seguridad?

Hebreos 1:2

El KJV (VRJ) vierte Hebreos 1:2, “en estos últimos días nos ha hablado a nosotros por su Hijo, a quien él nombró heredero de todas las cosas, por quién también él hizo los mundos:” (Heb 1:2).

La locución, “a quien él nombró heredero de todas las cosas” manifiesta que el Padre Eterno nombró heredero a Jesús de todas las cosas. Asumiendo, por el momento que “todas las cosas” incluyen los mundos físicos creados, y que Jesús creó éstos, entonces él habría sido su poseedor, así que ¿qué sentido tiene asignarles cosas que él supuestamente hizo? Pero si Dios el Padre hubiera creado los mundos físicos, entonces él siempre los habría poseído y podría nominar a Jesús como su heredero. También, de haberlo creado Jesús originalmente y luego cederlo al “Padre” cuándo, como algunos creen, fue el tiempo para entregar a su divinidad y reabastecerse de un caparazón mortal, ¿entonces cómo se puede justificar que lo llame una herencia en vez de una restitución?

En realidad, nada de lo antedicho es incluso relevante, como el término “los mundos”, que no tiene nada que ver con la creación física. “Los mundos” es traducido de la palabra griega “aiones”, el cual es la forma plural de aion. Aiones simplemente quiere decir “edades” y guarda relación con un período de tiempo y no a cualquier cosa física. Simplemente no cabe usar una referencia para el tiempo para apoyar una posición relacionada a la creación física, o a la recreación.

Note que en el Apocalipsis existe la continuidad evidente entre “Dios” y su “Cristo”, o “Dios” y el “Cordero”, etcétera (Apocalipsis 7:10&17, 11:15, 12:10, 14:4&10 19:9, 21:22&23, 22:1). Ésta es la misma continuidad presente en estos versos de Hebreos, donde leemos, “Dios” (que debe ser el Padre) y “su Hijo”. Asimismo, la referencia específica para “Dios” que habla con nosotros en estos últimos días, específicamente, después del ministerio de Juan el Bautista “por” su Hijo (verso 2) expresa dos pensamientos bien definidos e inconfundibles. Primero, el Hijo de Dios no es Dios, quienquiera que sea esta figura de Dios, porque están retratadas como dos entidades diferentes. Es decir, a menos que usted acepte el politeísmo, en cuyo caso uno muy bien puede completamente eliminar la distinción exigida por la gramática. En segundo lugar, el uso de la palabra “por” en “por su Hijo” es en particular notable en lo referente a que este uso del Griego “en” representa el “instrumento” a través del cual Dios ha hablado y este instrumento para hablar no es, por consiguiente definitivamente este Dios particular, sino otra vez, una entidad separada de este Dios. Este uso de en es exactamente igual como usado {para “por”} en el verso 1 cuando se refiere a los profetas, ninguno de los cuales fue Dios {el Padre} tampoco. Los traductores han traducido justamente el griego en al español por en versos 1 y 2. Alguna otra cosa que no debería ser pasada por alto aquí es lo que no se dice. Dios no le habló a ninguno como Su Hijo hasta que Su Hijo estuvo aquí, antes de eso él nos habló por los profetas. ¿Notó usted que el Hijo de Dios no está en presente hasta que él es humano? En “tiempos pasados” Dios, no un Jesús preexistente, o un Hijo, fue la entidad que le habló a los profetas. ¿Por qué, si un Jesús preexistente fue el “logos” (el portavoz), Dios usó a los profetas y no al Hijo, a menos que el Hijo de Dios no estuviese en escena hasta que él se convirtió en el Hijo de Dios? Sostener la opinión de que Dios habló “a través” del “Logos” (un Jesús preexistente) al usar los “profetas” del pasado no puede ser apoyado en el uso del lenguaje en los versos 1 y 2. ¿Por qué específicamente admitir el uso del Hijo de Dios en verso 2, pero omitirle alguna referencia a él en verso 1, y luego esperar que nosotros digamos, “ Bravo, pues bien, sabemos que él en Realidad usó al Hijo de Dios en verso 1 también, pero sólo quiso enfatizarlo en el verso 2?” Esto no es honesto y verdadero para el lenguaje. Hacer caso omiso del lenguaje para mantener una “creencia” es vanidad pura, y la “creencia” está fundada en el fraude. Debemos mantener la veracidad, así como también debemos resolver si debemos tener una fe merecedora de todo sacrificio aún la muerte, o que vale para vivir.

Aún en Hebreos

Hebreos 1:13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Ésta es una cita de Salmos 110:1 de David. “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”. Por numerosas razones de innumerables Escrituras se tiene por entendido que el primer “SEÑOR” sea el Padre Dios y que el segundo “Señor” se refiere al Mesías, Jesucristo. De muchas Escrituras, incluyendo sólo el contexto de Salmos 110, puede ser fácilmente percibido que todas las mayúsculas de “SEÑOR” es el Dios del Antiguo Testamento. No fue hasta Mateo que la identidad específica del Ungido, el Mesías, fue revelada, y demostrada que era Jesús el Cristo. Mateo 22:42 dice, “Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?:45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?:46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más”. El antiguo Israel tuvo por entendido que habría un Mesías. También tuvieron por entendido que el Mesías sería de la línea de David. Su problema, y de muchos hoy, es que no ven, entienden, o en algunos casos, aceptan, que el Mesías fue Jesús. Pero si bien nosotros ahora vemos (note el uso figurativo de “ver” como en Juan?) que fue Jesús, ¿prueban estas Escrituras que Jesús preexistió como YHWH del Antiguo Testamento?

Si consideramos el contexto completo de las Escrituras en duda, el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, ninguno de ellos requieren que él preexistió como el Dios del Antiguo Testamento (YHWH), o aun que él preexistió del todo. Específicamente el Salmo 110 mira hacia adelante hasta el fin, eltiempo de la restitución de Israel y la implementación del nuevo pacto de Jeremías 31. Pablo “conecta” Salmos 110 en hebreos 1 para Jesús, el Hijo de Dios; Identificando la letra minúscula “Señor” como una referencia para Jesús. Así, todavía apoyando el hecho que Jesús no era el Dios del Antiguo Testamento. Muchas Escrituras muestran que Siéntate a mi derecha, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies no es una realidad hasta el día del señor del que se habló a todo lo largo de las Escrituras, y en particular, el Apocalipsis. Jesús está sentado a la mano derecha de Dios el Padre ahora mismo, pero los enemigos aún no han sido doblegados o sometidos. Note en Hebreos 10:12-13 que Jesús “espera” a la mano derecha de Dios para que los enemigos sean hechos un banquillo.

Además, aun Daniel 7:13-14 apoya a Hebreos 1. El Anciano de Días es el Padre Dios, quien es YHWH, y el “Hijo del Hombre” sería Jesucristo. Sin embargo, Daniel 7 fue puramente futuro y Jesús no había incluso nacido en el momento en que esto estaba escrito. No hay nada en Daniel que requiera que Jesucristo haya preexistido como el Dios del Antiguo Testamento —excepto en la mente de Dios. ¿Hay alguna otra prueba que podría aclarar más nuestra comprensión de Hebreos 1? ¡Sí!

Hechos 2:34 “Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:

Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”. Aquí vemos, de la proclamación de Pentecostés de Pedro, que Jesús fue el que debió tener el papel de la letra minúscula “señor” en el Salmos 110. ¡Pero note el momento o cuándo sería esto! No fue hasta después de que Jesús nació, murió y ascendió al cielo para estar sentado a la mano derecha del Padre. Pedro manifestó que el Padre “hizo” a ese mismo Jesús no sólo el Mesías, el cual es “Cristo” en español, sino que también “Señor”. Ninguna de estas dos cosas se indica que ocurrió hasta después de que Jesús entró en este mundo.

Otra Escritura comúnmente usada para probar que Jesucristo preexistió y fue el Dios del Antiguo Testamento es:

1 Corintios 10:4 “Todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”. Muchos afirman que éste prueba que Jesucristo fue el Dios del Antiguo Testamento. ¿Pretendió Pablo para nosotros que llegáramos a esa conclusión? ¿Preguntaría si nosotros creemos que Moisés bautizó a Israel? Los versos 2 y 3 son figurativos, y todos fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar, y todos comieron la misma comida sobrenatural, ¿pero se supone que pensemos que el verso 4 no lo es? No obstante, 2,3, y 4 están todos conectados en el pensamiento. Los Israelitas nunca tampoco se mojaron cruzando el mar Rojo, así es que no puede pretender decir que estuviesen “físicamente” (o literalmente) bautizados. Ni fueron los Israelitas sepultados “en” la “nube”, sino más bien les proveyó refugio y protección. Además, los Israelitas comieron “comida” espiritual y bebieron “agua” espiritual, y se supone que pensemos que la “bebida” es Cristo. ¿Qué entonces, o más bien QUIÉN fue la “comida” espiritual? Sólo la “bebida” está relacionada a Cristo, dejándonos en el aire sobre quién fue la comida, a menos que, claro está, Pablo quisiese decir alguna otra cosa. Parecería que Pablo dijese que estas cosas fueron “tipos” (en verso 11 la palabra ensample significa tipo), por consiguiente la “roca” no fue realmente Cristo, sino sólo le caracterizó. Considere la versión Weymouth del verso 11 Todo esto les continuó sucediendo a ellos con un significado figurativo; Pero fue registrado a manera de admonición para nosotros en quienes los fines de las Edades han llegado. Pablo no ubicó a Cristo con el antiguo Israel. Pablo se ocupó de un simbolismo, o una tipología, eso crea una relación en “tipo” con las acciones y los acontecimientos del éxodo para aquellos de la Cristiandad.

¡Un punto final sobre esto antes de seguir adelante es la consideración del verso 5! 1 Cor. 10:5 “Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto”. Ésta es una referencia específica que está confinada para ser una referencia para el Dios del Antiguo Testamento. ¿Si este Dios de Israel del Antiguo Testamento fuera realmente un Jesús preexistente, que estaba supuestamente presente como la “Roca”, ¿entonces cómo o por qué Pablo identificó al Dios de Israel como otro, o a Jesús como algo aparte del Dios de Israel? La mera referencia en verso 5 para “Dios” demuestra que la “Roca” no es este Dios. Aun intentando intercalar o substituir el vocablo Hebreo “elohiym” para theos, la palabra griega traducida para “Dios”, cae completamente en seco para proveer alguna “conexión” entre la Roca y el Dios de Israel. Aun si sólo miramos esto desde un punto de la lógica, es tristemente inadecuado usarse para intentar apoyar la doctrina en duda. La “Roca” y “Dios” aparecen como dos cosas diferentes. Si Jesús fuese este “Dios”, ¿no estaría entonces Pablo volteando todo el mapa, por así decirlo? Pablo sólo manifiesta que la “Roca” fue una bebida espiritual, sin identificar quién o cuál fue la comida espiritual.

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