Datos personales

Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

jueves, 6 de enero de 2011

DOS RESURRECCIONES: NO CABE DUDA

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Ap. 20:4 «Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años».

Ap.20:5 «Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección».

Ap.20:6 «Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años».

Estos textos, que están poderosamente hilados en la expresión de sus contenidos, nos muestran con marcada transparencia dos resurrecciones en tiempos diferentes. Si hemos de suponer que la «primera resurrección» es una de “vivificacion espiritual” en el Señor Jesucristo, y la «segunda» una literal, en la que han despertado los hallados en el «sueño de la muerte», «entonces no hay finalidad en el significado de los lenguajes, y la Escritura se borra como testimonio definido de cualquier cosa». Esta consideración resulta demasiada arbitaria en su «capricho». No hay duda al respecto. Si la [primera resurrección] es espiritual, por el nuevo nacimiento, la [segunda] obligadamente también tendrá que serlo. Los que sostienen la barbaridad “espiritual-literal” pasan por alto que la Biblia ha de interpretarse bajo las reglas hermenéuticas del método literal histórico gramatical, porque es el más equilibrado entre otros para la conveniente interpretación de la Biblia. Bajo esta circunstancia, se analizan objetivamente los versos del entorno y todos aquellos del Nuevo Testamento que están relacionados, por ejemplo, en esta escatología para no caer en modos que comprometen el verdadero significado de lo que quieren trasmitir. Si debemos interpretar las Escrituras al gusto de cada quien, no hay razón entonces para querellar con los teólogos liberales porque con buena justicia estarían en lo correcto. Para la teología liberal: «La interpretación de la Biblia se subordina a la opinión religiosa individual...», como más le parezca a cada uno. El método literal nos da un significado concreto de cada palabra como lo hacemos regularmente al «escribir», «pensar», y «hablar». El propósito de Dios ha sido siempre el comunicarnos su Palabra con entera sencillez para captar sin dificultades los [misterios] que una vez estuvieron velados a los hombres mortales. Este método es la forma más común de todos los idiomas que existen en el mundo. El significado de escritos, documentos, parábolas, alegorías, símbolos, de todas las figuras de dicción, dependen del método literal. Entiéndase que el significado [espiritual] de una palabra, locución o expresión es el resultado de su literalidad (semántica literal), y la Biblia, en su interpretación, no hace la excepción. En otras palabras, Dios trasmite su mensaje en el lenguaje corriente de los hombres. Por ejemplo, con Cristo, lo vemos en sus explícitas parábolas, como la de las [minas], la del [sembrador], la de la [perla de gran precio], etc. Muchos de los de su Pueblos aun careciendo de una preparación intelectual conveniente, fácilmiente asimilaron el mensaje literal de las figuras de dicción presentadas por el Hijo del Hombre. Ahora, ni la preparación intelecutal de miles les ha servido sólo para desviarse lejos de los fundamentos más elementales de la Palabra de Dios... ¡Increíble!

Volviendo a la Resurrección de los Muertos (2):

1 Co.15:22-24 «Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia».

Cristo es identificado en su resurrección como las «Primicias» que en el Antiguo Testamento era lo mejor de las cosechas ofrendadas a Dios. «Luego los que son de Cristo». Los creyentes fallecidos que constituyen el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, así como los fieles del Antiguo Testamento, son como el Mesías Hombre: el mejor producto de la cosecha santa y que Cristo presentará delante de Dios en su segunda venida al mundo, visible y en gloria... «en su venida», como lo miramos en 1 de Co. 15:23 (véase como confirmación Mt.24:30; Ts. 4:14-18). Cristo es las [Primicias de Dios] «...que promete una gran abundancia de frutos semejantes que seguirán en el tiempo designado de la cosecha...». La palabra «Luego» (Gr. epeita) no dispone el tiempo preciso entre un evento y otro, o sea, el tiempo que concierne entre la resurrección del Señor y la resurrección de los creyentes verdaderos que están en él. Es un acontecimiento de cronología incierta y que sólo el Padre y Dios sabe cuando ha de cumplirse (Mt.24:36). La locución «Pero cada uno en su debido orden» nos sugiere [más de una resurrección]; y por el contenido Escritural correspondiente a este asunto apunta a «diferentes eventos en tiempos diferentes». Es una alegoría militar que indica «compañia», «tropa», «pelotón», «patrulla», «ejército», «batallón», o «rango». «Orden» (Gr. tagama), señala un orden de sucesos. Es claro que la resurrección de los muertos no puede ser un suceso aislado o universal.

«Luego el fin» (1 Co.15:24). En esta locución Pablo alude la culminación del programa de la resurrección que se establece con la resurrección de los que no fueron salvos» y que se llevará a cabo cuando el gobierno milenario de Cristo acabe («... cuando entregue el reino al Dios y Padre...»). Lo no salvos no son semejantes a Cristo; el Señor no es Primicias de los que no son él. Con tal expresión («Luego el fin»), Pablo hace una patente separación entre [salvos] y [no salvos] resucitados. La palabra «fin» es aplicada por Pablo en un sentido de [cierre] o [clausura]. Auque la palabra «resurrección» no aparece en esta declaración a tratar, el adjetivo «fin» (Gr. telos) supone con gran razón y fuerza el «sustantivo ausente» («... el fin de la resurrección»).

El boceto de la resurrección (es) de los muertos quedaría de este modo:

1. «La resurrección de Cristo».

2. «La resurrección de los creyentes en Cristo» (Los que pertenecen a su Iglesia y los santos del Antiguo Testamento).

3. «La resurrección de los malvados para condenación eterna al final del milenio de Cristo».

La importancia de la palaba griega «édseisan».

El verbo griego «édseisan», que significa «vivir», aparece en Ap. 20:24 y en Ap. 20:25. No se puede considerar primero una resurrección espiritual luego otra literal en base a este verbo, porque su significado real es idéntico en los dos versos anteriores. De ese modo, ambas resurrecciones tienen que ser «físicas». Es inconcebible que cada uno de estos textos tenga un significado diferente con [contextos tan próximos]. Si la primera resurrección es espiritual, repito como al principio, la segunda además por ley. No es nada factible que los muertos inconversos logren experimentar una “resurrección espiritual”. Queda por lo tanto aclarado que la doctrina de la Resurrección Universal es un completo fiasco, un engaño concebido y creído por mentes expeculativamente fantasiosas y desubicadas en el marco de la buena interpretación Escritural. Y de esto, estoy seguro sin reservas.

Gracias, y que Dios bendiga siempre.

Referencias:

«Crisis en la Teología Moderna». Carlos Jiménez R.

«Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento». A.T. Robertson.

«Apocalipsis: La Consumación del Plan Eterno de Dios». Evis L. Carballosa.

«Eventos del Porvenir». J. Dwight. Pentecost.
Loading...