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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

jueves, 8 de marzo de 2012

LA INFLUENCIA DEL GNOSTICISMO

La causa del cambio de la creencia de Jesús como el Mesías, en el pleno sentido bíblico de la palabra, no es difícil de detectar. Fue la influencia del gnosticismo que “habló de algo universal en el hombre, que era realmente el primer factor en disipar ‘al Cristo’ fuera de los estrechos confines del Mesianismo Judío”.54 Fue en contra de la amenaza del gnosticismo que los Apóstoles batallaron continuamente ya que buscaron preservar el marco mesiánico Judío en el cual está establecido el Cristianismo bíblico.55 El primer blanco de los gnósticos fue la resurrección de los muertos, que para los Apóstoles significó la llamada a la vida de los fieles muertos para obtener la inmortalidad. Era el gran evento asociado con el regreso del Mesías para establecer su reino.

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“En Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.” (1 Corintios 15:22,23).

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La lucha por preservar la doctrina pura de la resurrección del Nuevo Testamento se perdió desafortunadamente en los siglos que continuaron a la muerte de los Apóstoles. Aunque lo que realmente ocurrió fue una rendición parcial a los gnósticos. Lo que sobrevivió como enseñanza “cristiana” sobre la vida después de la muerte la debe tanto al gnosticismo como a la enseñanza de Jesús y los Apóstoles. De acuerdo al Nuevo Testamento los muertos están actualmente ‘durmiendo’ en la tumba esperando ser llamados a la vida nuevamente cuando Cristo regrese.56 Es entonces que “todos los que están en sus tumbas oirán su voz y saldrán, los que hicieron lo bueno a resurrección de vida…” (Juan 5:28,29). La simple figura de los muertos regresando a la vida nuevamente a través de la resurrección está basada en la comprensión Hebrea del hombre como una unidad psicosomática.

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El hombre entero muere y el hombre entero vuelve a la vida. Así la predicción de la resurrección en Daniel 12:2 declara que “muchos que están durmiendo en el polvo de la tierra despertarán, unos para vida eterna” (“vida eterna” significa literalmente, “vida en la Era Venidera del Reino”).

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Lo que se escurre bajo el nombre de la resurrección en la mayoría de las iglesias es algo más bien diferente, teniendo las marcas de la infiltración gnóstica dentro de la fe original. La creencia popular, sostenida por los sermones fúnebres y el adoctrinamiento desde la niñez temprana, contempla a los muertos como ya completamente vivos en el cielo como almas desencarnadas, una idea que, como han señalado muchísimos eruditos competentes, sería ambos repugnante e ininteligible a los escritores Hebreos del Nuevo Testamento. (Lucas, el único autor gentil, estaba profundamente empapado en las formas hebraicas del pensamiento). El propósito de la enseñanza tradicional es, sin duda, confortar a los afligidos con la creencia de que los que han partido no están realmente muertos, pero que ha tenido el efecto devastador de relegar la futura resurrección de los muertos (así como el plan del futuro del Nuevo Testamento) a una cosa accesoria superflua rotulada al final del credo. Porque, como sostuvo William Tyndale con la iglesia Católica Romana, ¿qué finalidad hay en una futura resurrección de los muertos si de hecho ellos ya han conseguido su gloria en el cielo? Y, debemos añadir, ¿qué necesidad hay para un reino mesiánico en la tierra cuando regrese el Mesías? Una vez que el objetivo cristiano es mudado de su punto focal bíblico en el regreso de Jesús para reinar, es inevitable una pérdida de la perspectiva Neo-Testamentaria. No será difícil ver porqué el plan del Nuevo Testamento para el futuro hace tan poco impacto en los asistentes a la iglesia. Simplemente no encajará con lo que ellos han sido instruidos a reflexionar como una enseñanza cristiana sobre la vida después de la muerte. Un retorno al cristianismo bíblico significará la reintegración a su puesto del pilar de la esperanza cristiana para el futuro---la resurrección de los muertos (no sólo los cuerpos 54 J.A.T. Robinson, La Cara Humana de Dios, p. 7. 55 Ver, por ejemplo, 1 Tim. 6:20; 2 Tim. 2:18; 1 Cor. 15:12: “Por qué dicen algunos de ustedes que no hay resurrección de los muertos?” 56 Es interesante notar que la advertencia hecha por Justino Mártir cerca del 150 AD: “Pero si te has encontrado con alguien que se llama Cristiano, pero que no admite la verdad de la resurrección y se aventura a blasfemar al Dios de Abraham, Isaac, y Jacob; que dice que no hay resurrección de los muertos pero que sus almas cuando mueran van al cielo: No te imagines que son Cristianos” (Diálogo con Tripo, Cap. 80). 38 muertos) en ocasión de la venida de Jesús. Aquellos que presiden en los servicios funerales debieran considerar las observaciones de J. A. Robinson:

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“La Totalidad de nuestra tradición occidental ha tramado dar a la muerte un significado del todo exagerado. Ha habido un enfoque enormemente exagerado de la muerte y del momento de la muerte. Comenzó cuando las páginas del Nuevo Testamento fueron apenas terminadas, y es una de las más notables revoluciones silenciosas en la historia del pensamiento cristiano…la totalidad de nuestra enseñanza y de nuestra himnología ha asumido que usted va al cielo--- o por supuesto, al infierno---cuando muera….esta proposición está en clara contradicción con lo que la Biblia dice…en ninguna parte de la Biblia dice que nosotros vamos al cielo cuando morimos, tampoco ella nunca describe la muerte en términos de irse al cielo…las palabras de Wesley ‘ordena al arroyo angosto del Jordán dividirse, y llévanos salvos al cielo’ no tiene base bíblica.”57

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La recuperación del cristianismo apostólico será frustrado en tanto que los predicadores y maestros dejen de reconocer el abismo que separa nuestra opinión del futuro de aquella de los Apóstoles. El cristianismo del Nuevo Testamento está fundado dentro de un marco que la tradición ha desarmado. La reconstrucción del marco del Nuevo Testamento se inicia con una restauración de la Segunda Venida y del Reino de Dios que viene a la tierra como el punto focal de toda nuestra creencia Cristiana. Sin esta clara visión del Reino (la cual es la visión de todos los profetas, como es bien sabido), no podemos responder inteligentemente a lo que Jesús y los Apóstoles enseñaron.

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La tarea de la teología evangélica deberá ser la eliminación del elemento filosófico Griego pagano que ha usurpado el lugar de la enseñanza original Hebraica de la Biblia. Debemos definir el Reino de Dios como Jesús y los profetas lo definieron, y abandonar nuestra natural gentil aversión hacia la esperanza de la futura paz en la tierra con el arribo del Mesías en gloria.

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Sir Anthony Buzzard, Teologo Unitario
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