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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

miércoles, 18 de marzo de 2009

UNA EXTRAORDINARIA DEMOSTRACIÓN DE AMOR DEL DIOS VERDADERO


Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

Cuando Adán y Eva cayeron en pecado, Dios los condenó a la pena capital, pero no sin antes sufrir de dolores y fatigas físicas durante su existencia en la tierra. No obstante, tan grande era el amor de Dios, que en el mismo día de la caída humana Él estaba preparando la redención del hombre por medio de su Hijo Jesucristo. Leamos lo que dice Apocalipsis 13:8 “…del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo.” Aunque Cristo sería inmolado muchos milenios después, su inmolación se produjo en el mismo momento de la creación del mundo, en los planes y propósitos insondables de Dios. La profecía de Génesis 3:15 señala una continua y prolongada lucha entre el bien y el mal. Y aunque aparentemente el mal saldría victorioso al comienzo, al final el verdadero vencedor sería el bien, representado por Cristo, su iglesia, y su “reino eterno”. Por fin Satanás y sus demonios serán derrotados por Cristo y arrojados a su lugar de tormento por la eternidad.

El permiso del mal claramente sirve a los propósitos de Dios, no sólo para probar a los hombres, sino también para enseñarles a ellos algo más importante aún: EL CARÁCTER AMOROSO Y MISERICORDIOSO DIOS PARA CON LOS PECADORES. Y es que a Adán y Eva les faltaba conocer a Dios. No sabían que Dios es infinitamente misericordioso. La creación del hombre, del planeta tierra, y del universo, DEMOSTRABA que Dios es Todopoderoso y Sabio, pero: ¿Mostraba su gran AMOR y MISERICORDIA para los infortunados pecadores? ¡No lo creo! En ningún momento los primeros padres apelan a la misericordia de Dios para obtener el perdón.

Según Pablo, a Dios se le “conoce” por las cosas que Él hizo (Romanos 1:19,20), pero él NO está diciendo que se pueden conocer los atributos morales y espirituales de Dios por las cosas que Él creó, sino más bien Su “ETERNO PODER” y “DEIDAD”. Definitivamente con la creación NO SE PUEDEN CONOCER LOS SENTIMIENTOS Y PROPÓSITOS MÁS RECÓNDITOS DE DIOS, ¡es imposible saberlo! Es como pretender conocer el carácter de un ingeniero por la casa que edificó, o el de un alfarero por la cerámica que hizo con sus manos. Lo máximo que podríamos saber es su inteligencia y buen gusto, pero: ¿sabremos si son buenos padres, fieles esposos, dóciles, sobrios, mansos, humildes, comprensivos, sabios, respetuosos, tolerantes, templados, etc? ¡ Es imposible saberlo! De igual modo, los hijos NO pueden conocer a sus padres si estos NO DEMUESTRAN A SUS HIJOS SU CARÁCTER O PERSONALIDAD CON ACTITUDES, como por ejemplo: El cariño que les brindan, la atención prestada, la manutención permanente, la instrucción que les inculcan, el buen ejemplo que les dan, etc. Un padre de familia no puede esperar que sus hijos le amen y obedezcan si antes éste no se SACRIFICA por ellos y los ama con buenas acciones. Los padres deben darse enteramente por su familia para que puedan cosechar buenos hijos, útiles a la sociedad.

El Sacrificio de Jesucristo

Lo mismo ocurre con Dios, el PADRE. Él se había propuesto DEMOSTRAR, de manera clara y contundente, Su carácter amoroso y misericordioso para con los hombres a través de un ACTO extraordinario y ÚNICO. Dios daría en SACRIFICIO a su propio Hijo Unigénito para la salvación de la humanidad. El texto clave es Romanos 5:10 que dice: “Mas Dios MUESTRA (o “DEMUESTRA”, según otras versiones) SU AMOR CON NOSOTROS, en que siendo pecadores, CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS”. Por su lado, el mismo Señor Jesucristo dijo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¿Entiende ahora que la única forma de poder saber que Dios tiene un “corazón de oro” es por medio de la entrega que Él efectuó de Su amado Hijo Unigénito, Jesucristo, para su inmolación en la cruz del Calvario a favor de los pecadores? Dios DEMOSTRÓ que realmente amaba al hombre y que quería redimirlo. Ahora nadie podría alegar que Dios era severo, duro e inflexible. Imaginémonos por un momento cómo se habrá sentido Dios al ver a Su Hijo muriendo en la Cruz. Pero Él nos dio a Su Hijo para salvarnos y así arrebatarnos de las garras del Diablo. ¡Qué extraordinario acto de amor y desprendimiento por todos nosotros de parte de Dios y de Su Hijo!¡Ambos nos amaron! (Ver Efesios 5:2). Si la primera pareja humana no hubiera caído en desgracia, entonces no hubiera sido necesario que Dios mandara a su Hijo al mundo, y en consecuencia NUNCA HUBIERAMOS CONOCIDO EL AMOR DE DIOS Y DE CRISTO POR TODOS LOS HOMBRES. ¿Se imagina usted si Cristo no hubiera muerto por nosotros?¿Amaría usted realmente a Dios y a Su Hijo? ¡Piénselo un rato! Tal vez usted sólo le tendría un respeto reverente al Creador, pero no necesariamente amor. Dios permitió la caída humana para demostrar su AMOR a los hombres. También Dios permitió la REBELIÓN satánica, porque sin este maligno espíritu, ¿quién habría tentado a la primera pareja humana? El diablo, sin saberlo, ¡sirvió a los propósitos de Dios!

La Vida Eterna: La Consumación del Amor de Dios

El apóstol Judas dice: “Conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para VIDA ETERNA”. Nótese que dice que conservemos el amor que Dios nos tiene, pues haciéndolo así ganaremos la vida eterna. Es decir, la consumación del amor de Dios para con nosotros es la herencia de la vida eterna. Esta vida eterna está con Su Hijo, la cual traerá en su segunda venida en gloria.

El amor de Dios se traduce en salvación. Salvación es ganar la vida eterna, y la vida eterna es vivir en el reino de Dios (Leer Mateo 19:16-25) Ahora somos hijos de Dios, y tenemos una comunión estrecha con el Dios Creador, implicando con ello que somos sus herederos de Sus riquezas. Dice Pablo: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:17).

Conclusión

Sólo el Dios de la Biblia ha demostrado Su amor por los hombres haciendo un gran sacrificio nunca antes visto para redimirlos o salvarlos de su condición caída. Ningún otro Dios de las religiones del mundo ha podido hacer semejante acto supremo de dar lo más importante que puedan tener para DEMOSTRAR Su carácter de amor y misericordia infinitos por sus adoradores. He aquí una prueba mayúscula de la superioridad de la religión cristiana sobre las otras religiones del mundo. Los cristianos tienen toda la razón del mundo para amar a Su Dios, porque Su Dios los amó primero a ellos, y como respuesta, Dios se “ganó” el recíproco amor de Sus adoradores. ¿Pueden realmente amar a sus dioses los creyentes de otras religiones cuando en realidad esos dioses no hecho ni demostrado nada simple o extraordinario por ellos? Lo máximo que podrán sentir es un temor reverente a sus dioses, pero no necesariamente un amor verdadero hacia ellos.

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¿QUÉ ES METANOIA?



μετανοῖεν, metanoien


Muchas personas nos preguntan sobre la palabra Metanoia. Literalmente, esta es una palabra Griega que significa “cambio de mente”. No obstante el sentido pleno es algo más. En el Nuevo Testamento, la palabra metanoia a menudo es traducida como “arrepentimiento”. Pero esta clase del arrepentimiento no es sobre una pena o culpa o vergüenza; esta palabra implica tomar una decisión de girar, afrontar una nueva dirección. Dar vuelta hacia la luz.


Esta maravillosa explicación nos fue dada por un amigo:


Imagine que usted está de pie en un círculo de gente. En el centro del círculo hay una fuente de luz. Pero en vez de mirar el centro y la luz, usted está de pie con su espalda a la luz, mirando hacia fuera. Cuando usted para de esta forma, volviéndose lejos de la luz, todo lo que usted puede ver es su propia sombra. Usted no puede ver la luz. Usted sólo puede examinar su sombra. Usted no puede ver a los demás en el círculo con usted. Por lo que usted puede ver, usted está desconectado y solo en la oscuridad. Ahora imagine que usted gira para dar la cara a la luz que está en el centro del círculo. Cuando usted se da vuelta hacia la luz, usted ya no ve sólo la oscuridad. Cuando usted da vuelta hacia la luz, su sombra está detrás de usted. Cuando usted da vuelta hacia la luz, usted puede ver ahora a la otra gente que está de pie con usted. Usted puede ver que la luz brilla en cada uno y que usted está todo relacionado en su resplandor. Tomar la decisión de girar, para dar vuelta lejos de la sombra, para dar la cara a la luz: esto es metanoia.


La Conversión cristiana


El proceso de conversión del cristiano, es una metamorfosis del hombre viejo al nuevo hombre. Como dice Jesús: En la Biblia se habla muy claramente y puntualmente sobre aquello del “vino viejo y el vino nuevo”. Como nos dice Jesús, a nadie se le ocurriría echar, por ejemplo “vino nuevo en odre viejo”, por la sencilla razón de que los odres viejos se romperían. Por lo tanto, que para el vino nuevo se requieren odres nuevos. También nos dice el Señor Jesús que a nadie se le ocurriría remendar o poner remiendos en ropa vieja con pedazos, dijéramos, de ropa nueva. En otras palabras, romper un traje nuevo para remendar uno viejo, eso es ridículo, ¿no es verdad? Del mismo modo también esta nueva enseñanza es como el vino nuevo que necesita un odre nuevo. ¿Cuál es este odre? ¡Nuestra mente! Una mente sin Cristo anda manchada con el pecado. Si no despedimos las formas obsoletas de razonar o pensar, si persistimos pensando en las prácticas que antes teníamos, francamente estamos perdiendo el tiempo. Se precisa cambiar la manera de pensar o razonar. Se necesita odre nuevo para vino nuevo.


La metanoia ocurre cuando nos entregamos por completo a las instrucciones de Jesucristo, haciendo nuestro todo aquello que se dice en los Santos Evangelios. Esta también es una de las formas en las que podemos entender la enseñanza de “convertirnos” como niños nuevamente para recibir la palabra como avidez.

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¿POR QUÉ PARECE ESTAR DIOS ESTAR TAN OBSESIONADO CON LOS JUDÍOS?


Por David Reagan


Esta es una pregunta frecuente durante los foros proféticos. La respuesta es que El los ama, así como ama a toda Su creación. Pero hay ciertamente un sentido en el que la profecía bíblica parece enfocarse sobre el pueblo judío. Eso es debido a que Dios llamó a los judíos a ser Su “pueblo escogido”, a través del cual El cumpliría Su plan maestro para la historia (Dt. 7:6). Fue a través del pueblo judío que Dios dio al mundo Su Palabra. Y fue a través de los judíos que El envió al Mesías.


Las Escrituras Hebreas dicen que los judíos también fueron escogidos para ser testigos de Dios – de lo que significa tener una relación con El (Is. 43:10-12). La historia de Israel atestigua el hecho de que cuando alguien es fiel a Dios, El bendice; cuando alguien es infiel, El disciplina; y cuando alguien se arrepiente, Dios perdona y olvida y empieza a bendecir una vez más. Actualmente, los judíos están bajo la disciplina de Dios, pero la profecía bíblica nos dice que se acerca un día cuando un gran remanente de ellos se arrepentirá y recibirá a Jesús como su Mesías (Zac. 12:10). Cuando eso suceda, Dios los hará la nación más exaltada del mundo (Is. 60 – 61:5). Jesús vivirá entre ellos como Rey de reyes (Ez. 43:7) y todas las bendiciones de Dios para las naciones, fluirán a través de ellos (Zac. 8:22-23).

Los judíos también son el reloj profético de Dios. Con esto, quiero decir que El a menudo relaciona futuros eventos importantes con cosas que les ocurrirán a los judíos como nación. La profecía de las 70 semanas de años de Daniel es un buen ejemplo. Daniel dice que había que esperar un decreto que permitiría la reconstrucción de Jerusalén. Luego él declara que 483 años después de que el decreto fuera emitido, el Mesías vendría y moriría (Dn. 9:24-26).

En el Nuevo Testamento, tenemos otro buen ejemplo. Jesús les dijo a Sus discípulos que vendría un día cuando los judíos serían dispersados entre todas las naciones del mundo y que Jerusalén sería pisoteada por los gentiles. Pero luego El añadió que cuando Jerusalén no esté más bajo control gentil, El regresaría (Lc. 21:24). Jesús simplemente estaba enfatizando un punto que se hace repetidamente en las Escrituras Hebreas – a saber, que cuando los judíos sean restaurados a su tierra y a la ciudad de Jerusalén, el Mesías vendrá (Zac. 12:3, 6, 8-10; 13;1).

Otra razón para el enfoque profético sobre los judíos es debido a que Dios ha prometido que El traerá un gran remanente a la salvación durante los años finales de las 70 semanas de años de Daniel. La Biblia aclara que durante la última mitad de la Tribulación, Dios centrará la ira del Anticristo sobre los judíos, trayéndolos al final de sí mismos y motivándolos a volverse a Dios en arrepentimiento (Zac. 12:10, Ro. 9:27; 11:25-26).

¿No ha invalidado la desobediencia de los judíos las promesas de Dios hacia ellos?

Absolutamente no. O, para ponerlo en las palabras del apóstol Pablo, “¡En ninguna manera!” (Ro. 11:1).

Desde el IV Siglo, cuando la Iglesia adoptó el Amilenialismo y empezó a divorciarse de su herencia judía, el enfoque cristiano prevaleciente con relación a los judíos ha sido de que “Dios se lavó Sus manos con ellos” en el I Siglo cuando derramó Su ira sobre Jerusalén y permitió que los judíos fueran dispersados mundialmente. Una doctrina acompañante que se ha desarrollado durante los años se llama “teología del reemplazo”. Es la idea de que Dios sustituyó a los judíos con la Iglesia, que la Iglesia ha venido a ser el “nuevo Israel” y que la Iglesia ha heredado todas las bendiciones que previamente fueron prometidas a los judíos. No es necesario decir que estas ideas han servido como una fuente de mucho del Antisemitismo que ha caracterizado a la Iglesia durante los pasados 1600 años.

La idea de que Dios se ha “lavado Sus manos de los judíos” es completamente antibíblica. En Jeremías 31:36 Dios dice que el pueblo judío continuará siendo “una nación delante de Mí eternamente”. El enfatiza el punto al decir que seguirán como una nación especial de gente hasta que el orden fijado del universo cese o hasta que todos los cielos y profundidades del océano hayan sido medidos (Jer. 31:36-37). En Isaías 49:14-16 Dios usa una metáfora diferente para enfatizar Su devoción hacia Israel. ¡El dice que tiene a la nación inscrita en las palmas de Sus manos!

Hay tres capítulos en el Nuevo Testamento que enfatizan fuertemente el continuado amor de Dios por los judíos. Estos tres capítulos han sido despreciados e ignorados (o espiritualizados hacia la insignificancia) a través de mucha de la historia cristiana. Los capítulos son Romanos 9-11. En Romanos 9:4 Pablo escribe que Dios aún tiene pactos con los judíos los cuales El promete cumplir. Luego él aclara que los judíos que recibirán las bendiciones son un gran remanente que será salvado en los tiempos del fin (Ro. 9:27).

Pablo incluso aborda específicamente la cuestión de si Dios ha rechazado o no al pueblo judío. Él pregunta, “¿Ha desechado Dios a Su pueblo?” (Ro. 11:1). Durante 1600 años la Iglesia ha respondido a esta pregunta con un incompetente, “¡Sí!” Pero Pablo la responde diciendo, “¡En ninguna manera! ...Dios no ha desechado a Su pueblo, al cual desde antes conoció” (Ro. 11:1-2).

Pero, ¿qué acerca de su desobediencia? ¿Qué acerca de su rechazo a Dios como rey de su nación y a Jesús como rey de sus corazones? ¿No ha anulado su desobediencia las promesas de Dios? Otra vez, Pablo trata específicamente con este asunto. El pregunta, “¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios?” (Ro. 3:3). Y otra vez, durante siglos la Iglesia ha respondido, “¡Sí!”. Pero no Pablo. El responde diciendo, “¡De ninguna manera! Antes bien sea Dios veraz y todo hombre mentiroso” (Ro. 3:4).

Pablo llega a estar tan abrumado por la gracia de Dios al nunca darse por vencido con los judíos, que finalmente prorrumpe en una exclamación extática: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son Sus juicios, e inescrutables Sus caminos!” (Ro. 11:33).

Cuando empecé a predicar acerca del amor de Dios hacia el pueblo judío y de Su determinación absoluta de traer a salvación a un gran remanente, a pesar de su terquedad y rebelión, mi esposa me dijo: “¡Me haces querer ser un judío!”. Yo le respondí diciendo: “No cariño, no querrías ser un judío, porque las posibilidades abrumadoras son de que tendrías un velo espiritual que impediría que reconocieras a Jesús como tu Mesías” (2 Cor. 3:14-16).

Luego le señalé que Dios no está haciendo algo por el pueblo judío que El no esté dispuesto a hacer por cualquiera. Los judíos, de nuevo, son simplemente un testigo del deseo de Dios de que todas las personas vengan al arrepentimiento y sean salvas (2 P. 3:9). Dios no se “lava Sus manos” de cualquiera. El persigue y persigue, intentando traernos al final de nosotros mismos para que nos volvamos a El en arrepentimiento y seamos salvos. Eso es exactamente lo que le va a pasar al remanente judío al final de la Tribulación. Aquí está como lo puso el profeta Malaquías en Malaquías 3:2-4: “¿Y quién podrá soportar el tiempo de Su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando El se manifieste? Porque El es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se asentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia. Y será grata a Jehová la ofrenda de Judá y Jerusalén, como en los días pasados, y como en los años antiguos”.

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