Datos personales

Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

sábado, 6 de marzo de 2010

LA PERSECUCIÓN CRISTIANA EN CUBA

Si la paz y la libertad reinaron alguna vez en Cuba fue hace tiempo. La ilusión que cautivó a millones de jóvenes con el ícono de Ernesto “Che” Guevara, fracasó con su boina y sus fusiles. El régimen dictatorial que comandan los hermanos Fidel y Raúl Castro desde hace medio siglo implantó el mismo terror que pretendía erradicar cuando volteó al también dictador Fulgencio Batista.

Un reciente informe del Consejo de Relatores de Derechos Humanos de Cuba (CRDHC) da cuenta de la persecución que sufren los disidentes con el sistema. Alain Toledano Valiente, pastor de 2.500 fieles en Santiago de Cuba y uno de los principales dirigentes del Movimiento Apostólico Internacional en Cuba, fue desalojado de su casa en 2007, perdió todos sus bienes y el templo de su iglesia fue demolido. Antes de destruir las instalaciones de la congregación, sus perseguidores se repartieron utensilios de cocina, una heladera, equipos de audio, instrumentos musicales, 250 sillas plásticas, los ventiladores, repuestos de un automóvil y otros bienes. Los equipos de audio e instrumentos son utilizados en los actos políticos del Gobierno, explicó el pastor en una entrevista que le realizó el CRDHC. “Nuestros hijos son constantemente atacados en la escuela, han enviado personas a hablarles, entre ellas a los profesores que les cuestionan su fe. La verdad es que siempre nos han hecho la vida imposible. Se meten en nuestras casas y husmean, nos revisan, envían inspectores, lo chequean todo”, aseguró Toledano Valiente, que denunció que muchas veces fue “sometido a la intimidación y a largos interrogatorios” por oficiales del Ministerio de Orden Interior. Su caso se repite entre colegas y entre los denominados “presos de conciencia”, opositores pacíficos que son llevados a la cárcel y juzgados sin garantías procesales. Allí son torturados, mal alimentados y muchos terminan suicidándose. “La iglesia está sufriendo”, clamó el dirigente cubano, quien afirmó que en su ciudad “hay varios pastores que ya fueron echados de sus casas” y que “iglesias en toda la nación han sido demolidas”. Toledano Valiente dijo que son víctimas de situaciones similares pastores como Mallín de Las Tunas, Mario Álvarez en San José de Las Lajas; Alexis, de Amancio Rodríguez en Las Tunas, Bernardo de Quesada, Tomasa Ayala y el pastor Yoel Barbuena, entre otros. Definió a la Red Apostólica que integra junto con “más de 25.000 cristianos” como “Cristocéntrica cien por ciento”.

Me llama la atención que la gravísima situación imperante en la isla no movilice a los cristianos latinoamericanos y a las organizaciones evangélicas, fervientes predicadoras de la solidaridad con los más débiles pero que han pasado por alto este colosal abuso. No ven. No escuchan. No hablan. Siguen buscando el unicornio azul que inmortalizó el cantautor Silvio Rodríguez, sin advertir que con tan sólo sacarse la venda de los ojos podrían encontrarlo.
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David Kohler

UNA PAGINA QUE HIEDE A WATCHTOWER (labiblianodiceesto.blogspost.com)



Armando López (Izq) y Dr. Javier Rivas (Der)
Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).

«...a los cuales es preciso tapar la boca... » (Tit. 1::11a).

Hace unos días un servidor formuló un determinado número de preguntas a ciertas personas, las cuales no han contestado, y que se han “consagrado” con ímpetu nada saludable y en terca exclusividad, sin mentir ni exagerar, con el fin de desacreditar sin fundamento Escritural nuestros artículos que han sido elaborados con gran preocupación, desvelo y conciencia, en un razonamiento negativo y grotesco, muy parecido al de la Watchtower, en su confusa y taimada página en la Web: labiblianodiceesto.blogspot.com. Aunque presumen en lo que parece ser una real sinceridad el haber desertado de la fatídica secta, sus escritos muestran un marcado cariz de su nefanda influencia.

«…y estad siempre listos para responder a todo el que os pida razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacerlo con mansedumbre y obediencia» (1 P. 3:15).

La Biblia nos demanda a «responder» (en algunas versiones dice: «defender») a todo aquel que pida argumentos de lo que se está creyendo (“razón de la esperanza” que es abrigada); en otras palabras, habrá de mostrarse pruebas bíblicas fehacientes, como por ejemplo, por decir algo, de la persona y naturaleza del Señor Jesucristo como Hijo de Dios, de su obra, de su muerte y resurrección. La palabra «responder» es «apología» en griego. De ésta se deriva la palabra “apología”. No obstante, más próximo a la intención del pensamiento griego se halla el concepto de la «apologética cristiana», es decir, una defensa estructurada y meditada de la fe. Por lo tanto, la tarea del creyente consiste en conocer bien las verdades que conciernen a la fe, las bíblicas, y prepararse para presentarlas en modo conveniente, pero en este caso, nuestros acérrimos detractores, Armando y Manolo (Si Manolo no está implicado abiertamente, según lo que alega Armando en su defensa, le recordaré eso que dijo Nietzsche una vez: “No se es buen observador cuando sólo se observa la mano que mata y no quien la dirige”), se han hecho más chicos que “los ojos de las hormigas y que el aparato de Golgi celular”, sin aplicar la regla que la Biblia exige para contestar lo que se les ha pedido, dejándonos con “un palmo de narices” al no respondernos cuestiones tan elementales y simples, y se los reitero de nuevo, que un buen cristiano respondería en defensa de su amada fe, “más pronto que la prontitud más pronta”.

Estas son las preguntas realizadas por un servidor y que no se han tomado la más mínima de las molestias para contestarnos (¿Miedo a qué? Ahora yo mismo me peregunto).

¿Creen ustedes Armando y Manolo qué los Testigos de Jehová pertenecen a una secta, y porqué?

¿Usted creen Armando y Manolo qué Cristo fue levantado de los muertos corporalmente?

¿Pertenecen ustedes al Cuerpo de Cristo?

¿Están ustedes guiados por el Espíritu Santo?

¿Son ustedes hermanos de Jesús?

¿Son también coherederos con Cristo?

¿Son ustedes unos vestidos de blanco para tener autoridad sobre las naciones?

¿Ustedes creen qué el bautismo añade al creyente en la iglesia de Cristo?

Y esta fue la respuesta evasiva de una de estas personas dirigida a un servidor, y que no dudamos en creer que también hable por la otra persona que se hace llamar como “Manolo”.

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Estimado Dr. Rivas:

Creo que le constará, que ya en cierta ocasión me dirigí a Ud. en un correo personal, posicionándome en cuanto a ser objeto del examen por parte de quien sea, por muy reputada que sea la persona en cuestión, como es el caso. Por lo tanto, espero que sepa disculparme por no atender su curiosidad.

Y si le hablo en esta ocasión en singular, es porque aunque he incluido en esta aventura de crear un blog, a un muy querido amigo y mentor en su día en mis principios religiosos, a saber, Manolo y que por contar ya con una edad bastante avanzada, aparte de otras y difíciles circunstancias personales, en poco puede ayudarme (bastante lo hizo en su día y que nunca se lo agradeceré bastante), el que escribe los artículos y en consecuencia, responsable máximo de las opiniones manifestadas en él, soy única y exclusivamente yo: Armando. Por lo tanto, es a nivel personal que atiendo su correo y que para mi sorpresa, después he visto publicado en sus blogs. Por ello también, paso a responderle públicamente.


Mire Sr. Rivas, prescindiendo de lo que yo pueda ser o sentir, entiendo que lo único que debe importar es si lo que escribo es correcto o no y si la interpretación que hago de los textos en los que me apoyo, es la correcta o no. Lo demás y le ruego sepa disculpar la coloquial expresión, son gaitas. Por otra parte, supongo que estará de acuerdo conmigo (en algo tendremos que estar de acuerdo), que más importante que el mensajero es el mensaje. De eso nos hablaba el insigne literato español, D. Antonio Machado Ruiz, en su apócrifo “Juan de Mairena”, cuando escribió aquello de que “la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”. .

Por eso Dr., cuando yo leo sus artículos y dicho sea con el máximo respeto, poco me importa lo que Ud. piense acerca de si mismo, lo que se crea ser, el físico que tenga o el que sea licenciado en Medicina, en Teología y disciplinas varias. Lo que me importa es que los tales me impartan algo, que me edifiquen espiritualmente y que se ajusten a la Palabra de Dios. Y cuando esto último y según mi entender, no es así, pues prescindiendo de quién sea, de lo que se crea ser o de los muchos títulos que pueda ostentar el autor de dicho artículo, respetuosamente paso a exponer mis discrepancias.

Y lo que espero, como corresponde a personas educadas, es que sean atendidas, como yo atiendo a las que a mí se me formulan. Lo que no puedo esperar, porque yo no lo haría nunca, es ser agredido con una batería de preguntas y que nada tienen que ver con lo que estamos tratando y que, entiendo yo, entran en el ámbito de lo personal y privado. Por ello me permito sugerirle, que quizás sería mejor y si lo tiene a bien, diera atención a dos artículos publicados en nuestro blog, en los que discrepo de algunas de sus opiniones y que aún no han sido debidamente atendidos: “La resurrección y Juan 5:28-29” (en el que le deje una pregunta pendiente) y el último publicado, “Respondiendo al Dr. J. Rivas Martínez”. Pienso que probablemente eso sería más interesante para sus lectores, que cualquier detalle acerca de nuestras humildes personas.

Porque no quiero entender, que se trate de una estratagema para desacreditarme ante nuestros posibles lectores y con ello restar valor al contenido de mis escritos. Y digo esto, porque la frase con la que inicia su argumentario, da como mínimo que pensar: “Preguntas que un buen cristiano contestaría afirmativamente”, con lo cual se parece afirmar, que de no responderlas, uno no sería un buen cristiano. Bien, dejo ese tema a su consideración y yo me quedo con la idea de que estas preguntas, jamás las haría un caballero. Todo son opiniones.

Y puesto que aunque los artículos que aparecen en nuestro blog, los escribe un servidor, nada se publica sin el consentimiento y expresa aprobación de mi compañero Manolo, con lo cual huelga decir, que hace suyas mis palabras y por lo tanto, comparte totalmente mi punto de vista. Y en fin querido Dr. Rivas, quedo a la espera de que considere apropiado responder a mis discrepancias, acerca de algunas de sus teorías, cuando lo crea oportuno.
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No cabe duda que esta esquiva respuesta está escrita en un lenguaje prosopopéyico que el mismo Goethe y Schiller envidiarían, pero el punto es que nos quedamos como al principio, como “el perro de las dos tortas”. Las preguntas esperan respuestas adecuadas y sensatas, partiendo de la premisa bíblica que establece que debemos presentar defensa de nuestras razones ante cualquiera. Así qué, para el caso, “los que callaron, otorgaron indefectiblemente”. ¿Y qué han otorgado? A qué pensemos justificadamente que son jehovistas encubiertos, o que se trata de personas que abjuraron de la maligna asociación pero que continúan muy arraigados en sus extraviadas y ridículas doctrinas, en su irracional necedad sectaria característica. Casi con certeza, por lo visto, “por allí va el asuntillo este de la proterva influencia jehovista”.

Yo miso daré respuestas a las preguntas que estas personas rehusaron terminantemente contestar.

¿Son los Testigos de Jehová una Secta?

No existe la menor duda que la asociación de los Testigos de Jehová es una secta super anticristiana. En un principio de su fundación se proclamó una serie de absurdas y disparatadas profecías que jamás se cumplieron. “Si la raíz es mala, todo el árbol también lo será”. Su formador, Carlos Taze Russell, escribió en 1889 que veintiséis años después de esta fecha los gobiernos del mundo serían abolidos definitivamente, estarían “out forever”. Sabemos que los gobiernos todavía subsistan en la actualidad: Dejarán de existir cuando Cristo arribe glorioso al mundo por segunda vez a implantar su Reino terrenal conforme lo previsto por el Dios del cielo. Una tacha merecida a la secta de la Watchtower por ser en lo absoluto mentirosa.

Carlos Russell predijo que la Iglesia Católica sería destruída al poco tiempo de proclamar semejante vaticinio, situación que hasta ahora no se ha cumplido: otra falla irrisoria más para Carlos Russell, soberbio maestro de las fábulas religiosas. Este hombrecillo con ínfulas de “dios” predijo con enorme descaro que para 1914 los bancos, las iglesias y las escuelas serían desrrumbados para siempre. Por si esto fuera poco, dijo con impávido arrebato que en 1915 terminaría “la cosecha evangélica”. Russell profetizó que el mundo acabaría en 1914, en el aspecto social y político. Predijo falsamente que la batalla de Armagedón acontecería en 1915…. y el Señor Jesucristo aun no desciende visible y en Ira para acabar con sus enemigos en esta batalla desigual. ¡Vaya quimeras!

Si todas estas supuestas profecías no tuvieron cumplimiento en las fechas anunciadas por esta parodia, por esta caricatura chocante de profeta, postergadas fecha tras fecha, “a ver si de casualidad pega”, ¿es lícito considerar con liviandad qué la asociación de los Testigos de Jehová haya sido una encomendada por la soberana voluntad de Dios? La respuesta, queridos visitantes, es demasiado obvia (dispensen amables lectores: esta pregunta, “ni se pregunta”). Es asombroso que a pesar de esto, un gigantesco montón de personas continúen creyendo tercas y a ciegas en otras más estupideces doctrinales de los Testigos de Jehová y qué sin temor a fallar germinaron en las vastas y oscuras tierras de engaño y de la disparatez.

¿Resucitó Cristo corporalmente?

Los Testigos de Jehová niegan que Cristo resucitó físicamente. Sostienen con tremendo asombro, sin ninguna base Escritural justificable, lea bien querido visitante, que «fue disuelto en gases», o «conservado en cierta parte o lugar» (¿?). La Biblia narra que discípulos, al ver a su Maestro resucitado, pensaron que era un “espíritu”. Cristo les quitó esa errada idea de la cabeza mostrándoles su cuerpo, sus heridas en manos y pies. Cristo les insinúo perspicuo que poseía un cuerpo de «carne y hueso». El Señor les propuso tocarlo, y hasta comió alimentos enfrente de ellos:
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«Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos» (Lc. 24:36-43).

Cristo no pudo “disolverse como un gas volátil” ya que “se presentó vivo durante cuarenta días y hablándoles a más de quinientos y hermanos y a los discípulos acerca del reino de Dios” (Hech. 1:1-3), después de su resurrección. Véalo por favor mi amigo y hermano en 1 Co. 15: 5-8. Necesitaría uno estar igual de aturdido y mentalmente dislocado como los Testigos de Jehová para no detectar esta verdad tan sencilla, y tan clara como el agua de manantial.

¿Quiénes pertenecen al Cuerpo de Cristo?

La respuesta es: «Los verdaderos cristianos». Ellos componen el Cuerpo de Cristo, los que tan sólo han depositados su fe en Señor:

«Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular» (1 Co. 12:27).

El apóstol Pablo ejemplifica qué cómo «el cuerpo en uno solo y tiene muchos miembros, y que todos los miembros, aunque muchos, son un solo Cuerpo, así también es Cristo» (1 Co. 12:12). Cuando el creyente es bautizado por el espíritu santo, es unido por este acto al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia (1 Co. 12:13). Se une a Cristo en su «muerte», en su «sepultura» y en su «resurrección» (Ro.6:3-5). De ese modo, el creyente está verdaderamente en Cristo (Gal. 3:26-27), en su Cuerpo (Ro. 12:5).

No entiendo la negativa de Armando y Manolo de dar respuesta a algo tan evidente como esto. ¿Orgullo espiritual o temor? ¡Vamos, por favor!

¿Son guiados los creyentes por el espíritu santo?

La respuesta la damos con un rotundo «Sí»; y aquí esta la prueba revelada en el siguiente pasaje y que no brinda un embarazoso dilema para comprenderse, porque su contexto verdadero es indubitablemente «literal»:

«Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os “guiará” a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber» (Jn. 16:13-14).

El espíritu santo, «el paráclito» de Dios, «el consolador», «convence» al hombre que ha sido convertido a Cristo de pecado y lo «guía», lo encamina a comprender con certidumbre los decretos y mandatos escritos en la Biblia: En pocas palabras, el creyente en Cristo, es enseñado por el espíritu santo en las cosas espirituales:

«Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio» (Jn.16:7-8).

«Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual» (1 Co. 2:12-13).

El espíritu santo obra en el «corazón», en la mente de los creyentes «regenerándola» por el «lavamiento, o lavacro» (Tit. 3:5), «renovándola» para «Nueva Vida», en el «Nuevo Nacimiento» para un caminar digno y pleno en Dios (Jn. 10:10; 2 Co. 5:17).

Ezequiel profetizó que «Dios pondría un espíritu nuevo dentro de ellos», es decir, en los creyentes, véase Ez. 11:19; que «les daría un corazón nuevo», que «les pondría dentro un espíritu nuevo» (Ez.36:26). Este es el efecto o resultado en el creyente que ha Nacido de Nuevo: Por obra del espíritu santo. «La Nueva Creación» se compone por el espíritu del hombre y el espíritu santo unido al del hombre convertido, porque «el espíritu santo mora en él» (1 Co. 3:16; 6:19-20), con el fin de «vivificarlo», de purificarlo de la maldad, asentándolo en la Justicia Divina, separándolo o liberándolo de la «vida vieja» que llevaba por una «Vida Nueva» que es constantemente renovada:

«Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna» (Tit. 3:4-6).

Por lo tanto, todos los creyentes legítimos son dirigidos por el espírtu santo a una vida de santidad y obediencia a Dios. El espíritu santo es el que da «vida» (Jn. 6:33): ¿Cómo es posible tener “vida” sin el espírtu santo, Armando y Manolo? Del espíritu santo proviene el excelente fruto conductal en el creyente genuino (Gal. 5:22-23). Todo creyente veraz vive por el espírtu santo (Gal. 5:16, 25), y no por sus propios esfuerzos y deseos carnales (Gal. 5:17). Esto último pondría en tela de juicio la supuesta conversión de un individuo tenido como “creyente auténtico”.

No es factible ser un cristiano convertido, un creyente en Cristo, un hijo de Dios por adopción, careciendo del espírtu santo:

«Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él» (Ro.8:9).

¿Ofrece esto alguna dificultad para entenderse, Armando y Manolo? ¿Cuál es entonces el motivo de no contestar nuestras preguntas?

¿Son los creyentes hermanos de Jesucristo?

«Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo» (Heb. 2:17).

La Biblia manifiesta que Cristo es Hijo de Dios: «…por lo cual también el Santo Ser (Cristo) que nacerá será llamado Hijo de Dios» (Lc. 1:35). Por otro lado, los creyentes en Cristo somos «hijos de Dios por adopción»: «En amor nos predestinó por medio de Jesucristo para adopción como hijos suyos, según el beneplácito de su voluntad…» (Ef. 1:5). Esta «adopción» es un acto formal sometido a la aprobación indiscutible y judicial de Dios que nos hace ser sus hijos legítimos. Si Cristo es Hijo de Dios y nosotros también, eso nos hace con seguridad «hermanos». La diferencia estriba en que Cristo, como el «Hermano Mayor», fue concebido de manera sobrenatural y sin el más ínfimo vestigio de pecado («puro y sin mancha»), con un propósito sublime de salvación que se consolidará en el Reinado milenario terrenal, «en el tiempo postrero» (1 P. 1:5). Únicamente Cristo estuvo capacitado para efectuar la salvación. Nosotros lo creyentes, aunque «hijos por adopción», aunque «redimidos por la sangre de Jesucristo», aunque «hermanos de Cristo», continuamos viviendo en el mismo cuerpo humano que se inclina naturalmente a pecar (aunque no lo hacemos como antes).

«…semejante a sus hermanos» (tois adelphois homoiöthënai, gr.). Primer aoristo de infinitivo en voz pasiva de «homoiö», un verbo antiguo que se deriva de «homoios», que significa «semejante», como en Mt. 6:8. Cristo Jesús, el «Hermano Mayor», se «asemeja» a nosotros los creyentes en realidad, porque es «semejante a los hombres». Compárese Fil.2:7, donde se utiliza la misma raíz que aquí (hoiöma, homoios, gr.). Cristo compartió una naturaleza especial humana, pero exenta de toda iniquidad.

Somos «hermanos de Cristo», porque en su nacimiento físico él comparte nuestra descendencia con Adán, y en el Nuevo Nacimiento nos trasformamos en «miembros de la familia de Dios» (Ef. 2:19).

Cristo poseyó una «naturaleza humana», y nunca una “angelical” (esto es para los Testigos de Jehová y para sus desertores que siguen influenciados en su enervantes dogmas). Los Testigos de Jehová creen que Cristo es el Arcángel Miguel. Esta doctrina de ficción, lejos de ser bíblica, parte mejor dicho del antiguo pensamiento gnóstico («El gnosticismo y los aeones»).

¿Son los creyentes coherederos con Cristo?

«Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados» (Ro. 8:17).

Coheredero. Así lo define la Real Academia Española:

1. m. y f. Heredero juntamente con otra u otras personas.

Dios estableció que fueran los hombres, los seres humanos, y no los ángeles, para que fueran soberanos de lo creado. «El mundo venidero», será el nuevo orden cosmológico que será instalado cuando Cristo se entronice para gobernarlo: el mundo renovado y milenario; y como herederos, como «coherederos con Cristo» (sunklëronomoi Christou, gr.), los creyentes lo tomarán y lo reinarán junto con Rey y Mesías Humano. El hombre redimido, al lado del Señor, ocupará la posición del dominio terrenal que una vez se le predestinó y que el diablo tomó con engaño artero en el Huerto del Edén:

¿Pruebas?... ¡A la orden inmediata!:

«… Si sufrimos, también reinaremos con él…» (2 Tim 2:12).

«Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años» (Ap. 20:6).

«…y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán» (Dn. 7:27).

¿Son los creyentes unos vestidos de blanco para tener autoridad sobre las naciones?

«Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos…» (Ap. 7:9).

Juan ve una incontable multitud de personas de todas las naciones, tribus y pueblos, y se deduce que son los individuos que conforman los grupos étnicos del mundo entero, obviamente gentil, los cuales se enuentran “vestidos con ropas blancas”, delante del trono de Dios. Y si están en la presencia del Cordero, cabría pensar con grande certeza y convicción que pertenecen a su Iglesia.

Los que componen la gran multitud están «vestidos de ropas blancas». La palabra «vestidos» (peribebleiménous, gr.) es un participio perfecto, voz pasiva de «peribállo» que significa «vestir». Las ropas blancas en toda esta multitud, es una figura de dicción que representa la victoria como la justicia conseguida por medio de la muerte expiatoria del Señor Jesucristo. Fuera de esta victoria y justicia, nadie podrá recibir «vestidura blanca». Sólo lo justos y fieles, los que pertenecen a la Iglesia, los creyentes acreditados de todo el mundo tienen derecho y la dignidad de «llevarlas». Tampoco las vestiduras blancas son para una “jerarquía especial” dentro del la Iglesia (la Biblia de esto nada habla al respecto, señres de la aviesa Watchtower), porque «Dios no hace acepción de personas» (Stg. 2:1, 9; Hech. 10:34). Téngalo en cuenta Armando y Manolo; es tan necesario para ustedes, por su bien propio, quitarse el velo de la memez para comprender esta verdad tan prioritaria. Hagan el esfuerzo, tal vez Dios tenga misericordia de sus desorientadas y fanáticas vidas religiosa.

¿Añade del bautismo al creyente en la Iglesia?

En los siguientes textos nos confirman que el bautismo es necesario para pertenecer al Cuerpo de Cristo, a la Iglesia:

«Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas» (Hech. 2:37-41).

Auque Cristo es es Salvador de su Iglesia, el Redentor de todos los individuos convertidos que la conforman por su Sangre Preciosa, de una manera u otra, los que somos salvos, no podemos ser parte de la Iglesia sin el bautismo. El bautismo se lleva a cabo a través de una decisión muy personal y libre para un compromiso para con Dios en obediencia, en santa sujeción. Es «la aspiracion de una buena conciencia hacia él» (1 P. 3:21). En este acto simbólico, surgimos para Vida Nueva, dejando sepultado el “viejo hombre” con su carga de inquidad tremendamente activa (Ro.6:4-6). Es imposible considerar a alguien como «salvo» si no está comprometido a bautizarse. Es una normativa espiritual que sea de ese modo. Espero que esto se entienda. Este paso solamente lo dará el creyente convertido en realidad. El bautismo, según la regla que exige, puesto que es un mandato, deberá efectuarse en el «Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espírtu Santo» (Mt.28:19). Es extraño por demás que los Testigos de Jehová no lo hagan bajo esta «santa expresión», desobdedeciendo la ordenanza de Cristo que fue establecida un poco antes de ascender al cielo y que es parte de la Gran Comisión que se centra en la predicación del Reino de Dios en la tierra.

Espero que Armando y Manolo, puedan despejarnos con honrable contestación esta incógnita que al parecer “no tiene lado”, si no hay en ellos objeción alguna en hacerlo.

Y a propósito de “contestación”, espero la respuestas a la preguntas hechas por un servidor tiempo atrás.

Creo que nuestros amables lectores que nos visitan, habrán de querer saber en que “fe” nuestros inflexibles detractores han puesto toda su confianza. La respuesta a estas preguntas, nos ofrecerá la suficiente luz para enterarnos si su caminar es lo convincentemente recto, o lo concluyentemente torcido.

Para que nuestros queridos visitantes queden convencidos que nada tenemos que esconder, yo les invito a analizar la página en la Web de estos señores para que juzgen con justo juicio los estudios que han escrito con lo que un servidor ha plasmado con enorme seriedad y sacrificio en este concurrido blog, y cuya finalidad es mostrar con facilidad y sin “cantinfleos” las doctrinas verdadras del cristianismo prístino al que no las conoce o al que está equivocado en cualquiera de éstas.

Armando López Golart: déjate de perífrasis y “vueltas bomberas”, y de “cartitas abiertas” que no trascienden para nada. Hace mucho que espero las respuestas a las preguntas que una vez te hice. Sobre los temas de Gog y Magog y la cuestión de la Resurrección, aun a sabiendas que no ganaría nada contigo por tu patética obstinación, estos fueron elaborados únicamente para mostrarles a mis visitantes y seguidores tu garrafal y patente error en estos puntos bíblicos. En realidad, poco me importa lo que pienses; si lo quieres entender o no, ese es tu problema muy personal. Aquí no se obliga a nadie a creer lo que uno propala con amor y preocupación. He visto como hipócritamente, con bandera falsa de paz y amistad, has irrumpido con oscuro fin en el blog de Lucho para “meter aguja y sacar hebra”, del mismo modo que lo hiciste con mi hermano y amigo Mario Olcese y conmigo, en mi correo electrónico (he gurdado tus escritos donde aparentas ser un inocente neófito, así que preparate), sabiendo tú de antemano lo que este esforzado y jóven unitario ha creído. Pero eres tan necio como las mulas y tenaz como el escualo más hambiernto; traicionero y sutil como el peor de los cantiles, por tu pensamiento sectario que te ha hecho perder la cordura, si una vez la tuviste.

Armando López Golart (y compañia): para mi sigues siendo un Testigo de Jehová, y no lo dudo, encubierto con ácida mordacidad y ventaja.

Amigos que nos visitan gratamente:

La página de nuestro obstinados opositores es hallada en: labiblianodiceesto. blogspost.com (De Armando López Golart y Mabel).

Usteded comparen, y juzgen además.

Armando: Nuestros visitantes estarán atentos a la contestación de las preguntas que te fueron hechas tiempo atrás por este hijo de Dios. No les quedes mal, por favor.

Esperamos tus respuestas en la brevedad posible.

Mis amigos y hermanos: Dios les bendiga siempre.

viernes, 5 de marzo de 2010

RESUCITARAN LOS INJUSTOS IMPENITENTES?


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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Los Testigos de Jehová tienen una interpretación muy peculiar de la resurrección de los muertos que requiere un comentario urgente:
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He aquí lo que enseñan los Testigos de Jehová sobre la resurrección:
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“¿Quiere decir esto que resucitarán todos los seres humanos que han vivido? No. La Biblia dice que algunos están en “el Gehena” (Lucas 12:5). El Gehena debe su nombre a un vertedero que había fuera de la antigua ciudad de Jerusalén, en el que se quemaban cadáveres y basura. ¿Qué muertos arrojaban allí los judíos? Sólo aquellos a los que consideraban indignos de ser enterrados y resucitados. Por tanto, el Gehena es un símbolo de destrucción eterna. Jesús tomará parte en juzgar a los muertos, pero el Juez Supremo es Jehová (Hechos 10:42). Y Dios no resucitará nunca a las personas que sabe que son malvadas y no quieren cambiar”.
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La parte final de esta enseñanza “Watchtoweriana” (en rojo) me llama mucho la atención porque sencillamente los Testigos de Jehová no presentan ningún texto bíblico para probar esa curiosa afirmación de que ningún impío impenitente e incorregible será resucitado. Por otro lado, ¿qué castigo recibiría un impío impenitente e incorregible, si éste, al morir, simplemente permanecerá inconsciente, en un “dormir profundo” por toda la eternidad? Recordemos que para los TJ, la muerte es dormir, una inconsciencia profunda, un estado en donde nada se sabe y siente.
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Pongamos el ejemplo de un ateo que se la pasó toda su vida negando a Dios, refutando su existencia, y viviendo inmoralmente sin freno alguno, ¿acaso su castigo será simplemente permanecer dormido por una eternidad sin tener que enfrentar pena alguna por su soberbia e impiedad? ¿Realmente cree usted, en lo más profundo de su corazón, que sólo eso es lo que les espera a los impíos incorregibles después de haber hecho tanto mal? ¿Entonces cómo sabrá el ateo de que estuvo fatalmente errado en su creencia atea y que lo que Jesús enseñaba de Dios, Su Padre, era verdad y no un mito? Y en el caso de Hitler, ¿Podría alguno, en su sano juicio, creer que este endemoniado súper malvado simplemente permanecerá dormido e inconsciente en su sepulcro por toda una eternidad, sin tener que enfrentar juicio alguno porque supuestamente nunca resucitará? ¡Vamos, amigos!
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Les preguntamos también a los “Testigos de Jehová”: ¿Qué cosa quiso decir Pablo cuando dijo: “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo” (Heb. 10:31)? ¿Quiénes serían estos que tendrían que caer en manos del Dios vivo con gran horror?¿Acaso no son los impíos incorregibles o impenitentes? Pero para caer horrorizados en manos del Dios vivo, éstos necesitan estar vivos, conscientes, y frente a Su Creador. Por tanto, los que sentirán horror son los impíos, los burlones, los adversarios, etc, porque ellos, al encontrarse delante del Juez Supremo (previa resurrección), vislumbrarán que les espera una sentenciará dura por su perverso proceder en su existencia anterior (con esto no afirmo— necesariamente— que a los impenitentes les espera un literal tormento eterno en las llamas del “fuego eterno”).
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Además, si es verdad, como dicen los TJ, que los que conocen a Dios, y finalmente lo rechazan, serán destruidos eternamente en el gehenna para nunca más resucitar, pregunto: ¿por qué Pablo dijo: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios? (Heb 10:26,27). ¿Cómo armonizan los TJ lo que afirma Pablo en Hebreos, en el sentido de que los impíos impenitentes sólo les queda una “horrenda expectación de juicio”, con su creencia de que estos perversos nunca más despertarán de la muerte inconsciente para ser juzgados y luego devorados por fuego?¿Qué horror podrían sentir por tal perspectiva horrenda si a ellos se les ha enseñado que no despertarán de su estado de “sueño”?¿Qué dolor podrían sentir durante su destrucción por fuego si ellos, supuestamente, permanecerán inconscientes e insensibles al castigo? Si esto es lo que los Testigos de Jehová creen acerca del destino final de los impíos, entonces menos impíos querrán arrepentirse de su mal proceder, puesto que cualquiera que sea el castigo que merezcan, ellos simplemente no lo enfrentarán, porque sencillamente NUNCA VOLVERÁN A LA CONCIENCIA.
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Ultimo minuto:
Después de estudiar con los TJ, un “mundano” afirmó: “Comamos, bebamos, forniquemos, adulteremos, engañemos, estafemos, y mil cosas malas más, porque mañana moriremos y nunca más despertaremos para enfrentar el juicio final del Creador Supremo” .

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jueves, 4 de marzo de 2010

JESUCRISTO: EL HIJO DEL REY DAVID


Una Verdad Ignorada por Millones

En Mateo 1:1 se registra que Jesucristo es el hijo de David. Pues bien, ¿Qué importancia tendría que Jesús descienda del célebre rey David? La mayoría de cristianos no tiene ni la menor idea del porqué de esto, y aún los más entendidos yerran. Es hora que los verdaderos cristianos comprendan el verdadero significado de esta casta real, pues por algo lo menciona el evangelista y apóstol San Mateo. Obviamente Jesucristo es de “sangre azul”, un príncipe de Judá, un sucesor y heredero del rey David.

Pues bien, siendo que Jesús es el descendiente del rey David, él sin duda tiene el derecho de heredar su reino cuando éste se restaure en Jerusalén a su regreso en gloria, y acompañado de sus ángeles (Mateo 25:31). Aceptemos que Dios efectivamente restaurará el reino de David en Israel, y que Cristo estuviese en la tierra para ese entonces: ¿a quién pondría Dios sobre el trono de David? A Jesús, ¿no le parece? Además, con los excelentes pergaminos que ostenta Jesucristo, Dios no titubearía en asignarlo o nombrarlo como el nuevo rey judío. Pues sorpréndase: ¡Dios ya lo asignó como tal hace 2 mil años! Tome nota de lo que dijo Pedro al respecto: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:36).

Ahora vayamos por partes aquí: ¿Qué significa el hecho de que Jesús haya sido hecho por Dios: Señor y Cristo? Aquí nuevamente los más de los cristianos vuelven a fallar. Sus respuestas suelen ser tan variadas y contradictorias. Y cuando se les pregunta específicamente a los creyentes “cristianos” acerca del significado de la palabra CRISTO, ellos generalmente no responden de la misma forma cómo está explicado en la Biblia. Esto es sorprendente e inaudito entre aquellos que dicen ser de “Cristo”.

El Significado de la Palabra CRISTO

En Lucas 23:2 leemos: “Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohíbe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey”. Pues bien, aquí está la verdadera explicación de lo que significa Cristo, es decir: UN REY. En el caso de Cristo: “el gran rey” (Mateo 5:33-35). Por tanto, cuando Pedro dice que Dios hizo a Jesús---CRISTO, lo que quiso decir era que lo hizo REY, un rey que aún no reina en el reino de David, pues Jesús mismo afirmó que su reino no era de este mundo o era maligna (Juan 18:36). Como dice The Zondervan Pictorial Enciclopedia of the Bible col. 1, pág.171: “...Porque era costumbre ungir a los reyes, la frase “el ungido del Señor” llegó a ser sinónimo de rey”. También es interesante leer Marcos 15:32, donde dice: “El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz”. También Juan 1:41,49. Cristo, por tanto, se asocia con el término rey.

La palabra Cristo, del hebreo Mesías, significa “el ungido”. El agente ungido de Jehová: Los reyes de Israel fueron ungidos con aceite en el nombre de Dios, que simbolizaba su investidura con el Espíritu de Dios. El término Mesías fue usado más tarde para determinar a un “rey venidero”, a un esperado líder majestuoso de la descendencia de David que restauraría el reino a Israel. Un rey que haría todas las cosas nuevas, consagrado como el vicegerente de Jehová (Yahweh) en Israel. Este hijo de David, quien era esperado con expectativa por la nación judía, era el Mesías (Cristo) por excelencia, un término que ha sido interpretado en griego por Cristos. (Ver The New American Bible Dictionary & The Zondervan Pictorial Enciclopedia pf the Bible vol.2, pág.344).

El Significado de la Palabra SEÑOR

El término Señor en el caso de Cristo es indicativo también de REY. Por ejemplo: En 1 Samuel 24:8 leemos lo siguiente: “También David se levantó después y saliendo de la cueva dio voces detrás de Saúl diciendo: ¡Mi Señor el rey!”.

También el término Señor para Jesús es sinónimo de Rabí (Maestro). Hay un ejemplo excelente en Juan 4:11. Aquí hay una mujer Samaritana que conoce recientemente a Jesús, pero él no se presenta aún como el Mesías. Ella lo ignora totalmente. Sin embargo ella se dirige a Jesús como Kyrios (Señor).

“La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es hondo”.

La palabra en este pasaje es Kyrios. Es aplicada a Jesús, y es usada como señal de respeto, como Señor.

Habiendo hecho estas dos necesarias atingencias, vamos a reseñar cómo las Escrituras nos presentan a Jesús como el Rey que vendrá a la tierra para restaurar el reino suspendido del rey David. Es necesario que los cristianos (o mesiánicos), retomen su expectativa en el Mesías venidero, y prediquen su esperanza mesiánica a todos los hombres de la tierra. Cuando decimos “esperanza mesiánica” nos referimos a la esperanza de la venida de nuestro rey que reinará (o regirá) en el mundo desde la ciudad capital de Jerusalén. Comencemos primero con una promesa que Dios le hizo al rey David hace aproximadamente tres milenios.

El Pacto de Dios con el Rey David

Dios le anunció el evangelio o buenas noticias a David por intermedio del profeta Natán, diciendo: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mi hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:12-16).

Esta profecía es dual a todas luces. Nótese que Dios le asegura a David que Él afirmará su reino. También le dice que afirmará el trono de su reino, el cual será estable eternamente. Ahora bien, en esta profecía se hace alusión a Salomón por un lado, quien se encargó de edificar casa a Su nombre (el de Dios). Esto lo hizo Salomón al edificar el templo---“el templo de Salomón”. Este fue magnífico y esplendoroso. A este rey castigaría Dios si no le fuere leal y recto.

El otro lado de la moneda es que el trono de David aún no ha venido a ser estable eternamente. La prueba la tenemos cuando vemos que ya no existe el trono de David en Jerusalén. Salomón mismo cayó en pecado y fue reprochado por Dios. Al morir él, sus hijos disputaron su trono, el cual produjo la división del reino en dos: Las tribus del norte y las del sur. Más adelante el templo sería destruido. Pero nótese el dualismo profético. Aquí aparece un personaje que será Hijo de Dios, y cuyo trono y reino verdaderamente serán estables eternamente. Esto nos lleva a concluir que el reino davídico “resucitará” o será restaurado nuevamente como antaño. No hay otra salida posible.

Una Profecía Bíblica Pasada por Alto

La prueba bíblica que confirma la restauración del reino de David la encontramos en Ezequiel 21:25-27. Esta fue una profecía declarada al último rey davídico impío que tuvo Israel en el año 586 A.C. Dice Así: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. Compare con Lucas 1:32,33.

Esta profecía nos lleva a la conclusión de que aparecerá un descendiente de David que retomará el trono, el reino, y la ciudad de David para reinar sobre el pueblo hebreo. Este personaje será el Hijo de Dios y el hijo de David. A este Mesías (Ungido), repito, se le dará el trono, la tiara, y la corona de David para que restaure el reino de aquel célebre rey en Jerusalén. Y recuerde, el reino de David era el reino de Dios. Luego: ¡El Reino de Dios será restaurado a los Israelitas! Compruebe usted cómo la Biblia afirma tajantemente que el reino de David era el mismísimo reino de Jehová Dios en 2 Crónicas 28:5. Por tanto, cuando Cristo predicaba el reino de Dios, él estaba anunciando la restauración del reino de David a los Israelitas o judíos (Hechos 1:6,7). El rey venidero de Israel vino a “confirmar las promesas hechas a los padres”, incluyendo a David (Romanos 15:8). Nótese que Pablo dice que Jesús vino a confirmar (revalidar o corroborar) las promesas de Dios---¡No a cancelarlas o cumplirlas! Su cumplimiento o restauración sería para su segunda venida (Hechos 3:20,21).

Jesucristo es Hijo de Dios e hijo de David

Muy pocas personas se han puesto a reflexionar de que Cristo es el Hijo de Dios y también de David, en la carne. También son pocas las personas que han reflexionado seriamente en el anuncio completo del ángel Gabriel a María, el cual incluía: “Y este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32,33). ¿Se da cuenta usted de la relación que tiene este anuncio angelical, con la promesa que le hizo Dios a David en 2 Samuel 7:12-16? ¡Es claro! Jesús será el rey que restaurará el reino “suspendido” de David en Jerusalén. Jesús mismo afirmó que Jerusalén ES (no fue) la ciudad del gran rey (Mateo 5:33-35). Además, Jesús mismo le había admitió a Pilatos que él había nacido para ser el verdadero Rey judío o Mesías (Juan 18:37).

La Expectativa Mesiánica del Pueblo Hebreo

Debido a las promesas mesiánicas de una futura restauración del reino davídico en Jerusalén, es lógico esperar que cuando los paisanos y discípulos de Jesús le vieron ingresar a Jerusalén (la ciudad de David, la sede de su trono) empezaran a exclamar con razón: “¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!¡Hosanna en las alturas! Y entró Jesús en Jerusalén...! (Marcos 11:10,11).

Estamos viendo que los seguidores de Jesús creían que Cristo restauraría inmediatamente el reino de David en Jerusalén. En Lucas 19 Jesús se ve precisado a pronunciar la Parábola de la Diez Minas, pues los discípulos creían que el reino se manifestaría inmediatamente. Nótese que el verso 11 de esta parábola NO tenía como fin recalcar que el reino jamás se restablecería en Jerusalén, sino más bien, el de enseñar básicamente que dicha anhelada restauración no sería inminente, sino para su segunda venida en gloria. Jesús enseñó que primero tenía que ir al cielo para recibir la autoridad del Padre, y luego volver (Lucas 19:12). Volver para regir el mundo desde el trono de David en la tierra prometida a Abraham y a su descendencia (Ver Génesis 13:15;15:18; Gálatas 3:16,29; Mateo 25:31,34).

Pero lo más interesante de todo---y que desgraciadamente pocos advierten--- es la pregunta final de los discípulos a Jesús que está registrada en Hechos 1:6. Esta dice así: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Aquí vemos la esencia de toda la predicación de Jesús: La restauración del reino davídico a los Israelitas creyentes en general. Aquí está la pregunta que resume todo lo enseñado por Jesús para el futuro. Pero los “cristianos” contemporáneos sostienen que la pregunta de los discípulos estuvo errada, pues pensaban en un reino nacional y no “espiritual”. ¡Pero Jesús nunca los corrigió o amonestó por semejante “inoportuna y torpe” pregunta! Él sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan esperada restauración nacional del reino davídico sólo Dios lo sabía (Hechos 1:7). Pero desgraciadamente este punto muchos cristianos no lo entienden en verdad debido a sus ideas preconcebidas, y prejuicios antisemitas. La iglesia Católica es la responsable de ello. Ella ha transferido el reino nacional judío al ámbito de lo “espiritual”. Para los católicos el reino es la iglesia misma católica, el cuerpo místico de Cristo. Pero para aceptar esto habría que mutilar muchos versículos de la Biblia que hablan de una futura restauración nacional del pueblo hebreo y de su reino davídico, resultando así una Biblia ininteligible y recortada. Pero nosotros creemos que la iglesia es más bien la heredera del reino futuro que se inaugurará en la tierra (Mateo 25:34). He aquí algunas razones por las cuales el reino no es la iglesia: Primero, no se puede ingresar en el reino de Cristo con nuestros cuerpos de “carne y sangre” (1 Corintios 15:50); en cambio, a la iglesia de Cristo los hombres sí pueden entrar con cuerpos de “carne y sangre”. Segundo, a la iglesia ingresan los recién bautizados, los cuales aún son “niños espirituales” y que requieren crecer en la fe a través de las enseñanzas impartidas por los líderes (Pastores y maestros---Hechos 2:41, Efesios 4:11-16). En cambio, para ingresar en el reino milenario de nuestro Señor Jesucristo, es necesario haber crecido en la fe y haber perseverado hasta el final de nuestra carrera cristiana (2 Pedro 1:5-11, Hechos 14:22).

La Expectativa de los Cristianos

La expectativa de los cristianos es la expectativa que tuvieron los fieles hebreos del Antiguo y Nuevo Testamentos. Ya el apóstol Pablo había dicho que sólo hay una sola esperanza de nuestra vocación (Efesios 4:4). También él dice: “que son israelitas, de los cuales son (no eran) la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:4). además Pablo afirma que los injertados (creyentes gentiles) en el buen olivo (el pueblo israelita) se nutren de su rica savia (los pactos y promesas que Dios hizo con los padres---Romanos 11:17,18). Jesús, por su lado, dijo que “la salvación viene de los judíos” (Juan 4:22). Esto significa que los judíos tienen un lugar de preeminencia sobre todos los pueblos, pues dice Pablo: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios” (Romanos 3:1,2).

La Biblia enseña que si bien todos los hombres han pecado (judíos y no judíos), no obstante Dios sigue tratando con su pueblo Israel de manera especial. Pablo afirma que “Dios no ha rechazado a su pueblo al cual desde antes conoció” (Romanos 11:1,2). Y si bien es verdad que muchos hebreos resultaron infieles, un remanente permaneció fiel para recibir los pactos que Dios hizo con sus padres de antaño. Pactos que aún están pendientes para cumplirse, entre los cuales están la herencia de la tierra prometida, y la permanencia del trono de David con Cristo reinando desde Jerusalén con su iglesia.

La iglesia Católica siempre mantuvo que Israel, como nación, quedó destituida de todos sus derechos como pueblo elegido de Dios. Enseñaron que la “nueva Israel” es la Iglesia que ellos llaman: “La Santa Madre Iglesia Católica”. Esto no es verdad, pues trastoca las promesas hechas a los padres del Antiguo Testamento resumidas en Génesis 13:15;15:18; 2 Samuel 7:12-16, y que fueron confirmadas por Jesús (Romanos 15:8)

La Iglesia de Cristo

El pueblo de Dios es el pueblo de la fe. Inicialmente los fieles bíblicos hebreos (de raza) fueron el pueblo de Dios y Su nación escogida. En el Nuevo Testamento vemos a hebreos de raza---convertidos a Cristo---como miembros de la iglesia mesiánica. Esta iglesia mesiánica hebrea era Su pueblo. Luego vinieron los no judíos a la fe y se añadieron a la iglesia Mesiánica Hebrea (o el verdadero pueblo escogido Hebreo). Los no judíos se volvieron hebreos por adopción y por fe (Romanos 2:28,29). El pueblo hebreo escogido estaba ahora compuesto por hebreos naturales (de raza) y hebreos por adopción o nacionalización. Los creyentes hebreos siguieron siendo Hebreos, y los no Hebreos convertidos a la fe se tornaron en Hebreos (o judíos) por adopción. Pablo explica que por la fe, los dos pueblos (judíos y gentiles) son uno, de modo que ambos ya pertenecen a la CIUDADANÍA DE ISRAEL (= ciudadanía Judía)(Efesios 2:11-18). La ciudadanía Israelita no desaparece sino que permanece, y los no judíos se hacen parte de la ciudadanía Hebrea por la fe en Cristo (Gálatas 3:7,16,29). La nación de Israel sigue viva como nación, la cual está ahora compuesta por gentes que se constituyen en “hijos de Abraham (=hebreos naturales y adoptivos)” por identificarse con su fe (Gálatas 3:7,9,29). Ya dentro de la iglesia o pueblo escogido de los Hebreos, no existe la clásica distinción de “judíos y gentiles”, pues ambos grupos de creyentes son todos ahora judíos (o Hebreos) e hijos de Abraham por la fe (La verdadera Israel de Dios).

El punto es que la Israel de Dios (el pueblo de Dios) es un pueblo eminentemente judío o Hebreo. Los gentiles son ahora considerados por Dios como judíos por su fe en Cristo y en las promesas que Dios le hizo a Abraham y a su descendencia (Jesucristo). Los no judíos han sido injertados en el tronco del olivo Hebreo para nutrirse de la promesas que Dios le hizo a los padres Abraham, Isaac, y Jacob, y al rey David. Los no judíos son considerados como judíos para Dios, y en consecuencia, tendrán todos parte en el reino mesiánico judío que restaurará el rey judío Jesucristo. La salvación, dijo Jesús, viene de los judíos (Juan 4:22). Rechazar a los judíos es rechazar la salvación. Sin los judíos no habría futuro.

Jesucristo Volverá para Reinar desde Israel


¿Para qué regresa Jesús al mundo? Pues, ¡para sentarse en el trono del rey David, su ancestro! Esto lo reveló Jesús mismo en Mateo 25:31,34. Él dijo que volvería con sus ángeles para sentarse en su trono de gloria. Él había anunciado ese magno momento en varias ocasiones, cuando habló de su parusía o segunda venida. En Juan 14:2,3 Jesús habló que volvería para estar con nosotros en el lugar donde estaba antes de partir al cielo. Nótese la frase “para que donde yo estoy (Jerusalén) vosotros también estéis” (verso 3).

Antes Jesús había afirmado que su reino no era de este mundo o era maligna gobernado por el diablo y sus agentes. Por eso, cuando sus seguidores estaban esperando el reino mesiánico, Jesús enseñó que para participar de él, primero era necesario “nacer de nuevo” (Juan 3:3,5). Este renacimiento tiene que ver con la transformación de nuestros cuerpos mortales. El apóstol Pablo enseñó que “carne y sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Corintios 15:50). En buena cuenta, cada creyente tendría que experimentar la misma transformación que tuvo Jesucristo al resucitar. El dejó de ser “carne y sangre” (=mortal) para convertirse en un ser humano inmortal que no requeriría de sangre para vivir sino del Espíritu de Dios en él. Recordemos que el Jesús resucitado no pudo tener sangre pues la había vertido en la cruz del calvario. En realidad Jesús sólo tenía “carne y huesos” pero no sangre (Lucas 24:39). El fue resucitado o vivificado en el espíritu o por el Espíritu de Dios en él (Romanos 8:11).

Los cristianos estamos llamados a participar del reino de Cristo (Lucas 12:32, Apocalipsis 3:21, Lucas 22:29), y para lograr esto, primero seremos transformados a la semejanza de Cristo. Los creyentes esperan con anhelo el retorno de Cristo, pues es la bendita esperanza de todos los mesiánicos (Tito 2:13). Y decimos que es la bendita esperanza porque su retorno significará la salvación de todos los creyentes (Hebreos 9:28; 1 Pedro 1:5). A su vez, la salvación significará nuestra entrada en el reino milenario de Cristo con vida eterna (Estudie este texto con cuidado: Lucas 18:18-26).

Por: Ing° Mario A Olcese, Lima/Perú. Fin

e-mail: olcesemario@latinmail.com

e-mail: molceses@hotmail.com

PREEXISTIO CRISTO?


Por David Moshé Mena


Λóγος


Este tema es muy interesante, profundo y sobretodo esperanzador porque nos habla de la esperanza misma que el Padre desde los inicios predestinó para los escogidos.

Lo primero que quiero aclarar es lo siguiente: La preexistencia delMashiaj desde mi perspectiva israelita nazarena.

Hay dos problemas que se plantean si nos inclinamos a la idea de una preexistencia del Mesías como una “persona” o “ente superior” antes de ser revelado en la carne como el Mesías e Hijo de Di-s. Hay una serie de textos en los Escritos Apostólicos que se usan para afirmar la doctrina cristiana de la preexistencia del Mesías. Voy a intentar, en la manera de mis posibilidades ofrecer una explicación alterna a las ya conocidas. Pero antes, lo primero que hay que aclarar es ¿qué es preexistencia? y de qué estamos hablando que “era” lo preexistente. La preexistencia a la que me refiero es a la de que algo que “es” y que “ya era” en alguna condición de lo que es “ahora”. Pero hay que tener presente que la doctrina cristiana da preexistencia al Mesías antes de su condición humana como un “ser”, “ente superior” o “persona divina” que tal vez interactuó (en su preexistencia humana) en la historia de la humanidad y antes de su creación. Por ejemplo, un error de expresión bajo esta idea preconcebida puede ser el que se usa comúnmente cuando se escribe:

“Existen evidencias claras en las Escrituras Inspiradas, que muestran que el Ungido tuvo una existencia antes de nacer de vientre”

El error aquí no es el concepto de preexistencia de la realidad del Mesías sino la afirmación de que el Ungido ya era (¿Ungido, Hijo, Dios, Eterno?), porque en los Escritos Apostólicos no hay evidencia que muestre que Yeshúa “era ya” Mesías antes de que fuera precisamente Ungido por la Ruaj HaKodesh (Espíritu Santo) en los días de Yohanan el inmersor. Yeshúa fue Mesías el mismo instante que fue precisamente ungido con el propósito y ministerio para el cual nació en la tierra. Aquí es donde entra el concepto hebreo de ungido (mashiaj). La preexistencia divina que se entiende hebraicamente es que la dabar de Elohim (Palabra de Dios), es decir, Su esencia, Su voluntad, Su idea, Su pensamiento, Su palabra que es verdad se manifestaría en la carne como voluntad absoluta, y esa carne (entienda que se refiere a un hombre) cumpliría un rol especifico por el cual sería declarado mashiaj (ungido) con un ministerio y propósito divinos. Lo que es realidad, lo que es verídico es la preexistencia de la Dabar de Elohim (Palabra de Di-s), esa dabar existió y es por medio de la cual fueron hechos los cielos y tierra que vemos. Hebraicamente hablando la dabar de Elohim es su voluntad y pensamiento, en la Escritura aparece la expresión: “vino palabra (¿de?) YHWH…” cuando Dios expresaba Su voluntad por medio de los profetas a los hijos de Israel y en la Torah (Ley o Pentateuco) aparece la expresión: “dabar YHWH” cuando YHWH hablaba a los hijos de Israel por medio de Moshé (Moisés), es decir, la Voluntad de YHWH era expresada, lo que quería, lo que deseaba que hicieran los hijos de Israel, lo que demandaba, lo que esperaba que hicieran, todo esto en otras palabras, la idea, el pensamiento de YHWH de lo que quería que hiciéramos, su voluntad era revelado. Es por eso, que para la mente hebrea y mesiánica, es decir, creyente en Yeshúa se le considera como la Toráh viviente (La Voluntad de YHWH viva), la Palabra viviente. Es la Palabra de YHWH hecha carne que nos comunica, revela, transmite su Voluntad y que desde el principio existía dentro (en Su sabiduría) de YHWH. De ahí que la afirmación de Shaul (Pablo) sea clara cuando se refiere a estos tiempos (Heb 1:1) cuando es “ahora” no “antes” que YHWH habló por medio de Su Hijo (que predestinó a revelarnos), es decir, que ya tenía en mente y que ya existía en la realidad de YHWH y que llegó un tiempo que nos habló “ahora”. Hay una parábola que quiero compartir contigo aquí:

Había un hombre que en su juventud era cariñoso con los niños. Este hombre decía en su interior: “cuando tenga mi propio hijo lo amaré con gran amor”. El hombre se casó y en sus planes junto a su mujer estaban tener hijos a los que amarían mucho y al primero llamarían David. El hombre antes de siquiera casarse decía: “amaré a mi hijo con gran amor” y decía también: “me complaceré en el amor de mi hijo”. Cuando llegó el tiempo que su mujer quedó embarazada, aquel hombre desprendía alegría y gozo porque pronto su hijo vería la luz. Decía el hombre: “te tocaré y te besaré, te amaré entre mis brazos” y antes que naciera su hijo arregló uno de los cuartos de su casa, lo adornó y compró una cuna especial. Aquel día llegó y el hombre fue muy feliz cuando su hijo vio la luz.

¿Qué diremos?, ¿existía ese hijo de ese hombre? ¡no, no existía!, vino a existir cuando nació del vientre de su madre, pero, ¿qué si el hombre hasta ya tenía el nombre que le pondría a su hijo y ya lo amaba antes de nacer? es más, el hombre, hasta deseaba que su hijo fuese un Licenciado en Derecho como él, esperando que su hijo haga “su voluntad”. Este hombre mandaba a decirles a sus compañeros: “vienen días en que nacerá un hijo en esta familia y será amado por su padre” y ese hombre se la pasaba mandándoles mensajes a sus familiares del hijo que le nacería algún día. Y como vimos en la parábola, el día llegó y nació el hijo, y todo aquello de lo cual fue anunciado como una realidad, se manifiesta ahora mostrándonos que aquella Voluntad (del padre de nuestro ejemplo) era verdad ayer (cuando se dijo) y hoy (cuando se revela en carne).

Hay un texto del apócrifo de Ezra que dice:

“Y cualquiera que sea liberado del mal pronosticado verá mis maravillas, Porque Mi Hijo el Mesías será revelado.” (4 Ezra Apócrifa)

Ahora bien, ¿cuál es el sentido de esta explicación?

Hay un episodio en la Torah que aun muchos teólogos cristianos no yerran en su interpretación y acertadamente entienden que la atadura y sacrificio de Itzjak es una sombra profética de lo que YHWH haría con su Hijo precisamente en aquél monte. Cabe notar que desde la antigüedad YHWH ha tenido presente a Su Hijo, esta es la preexistencia divina. Cuando YHWH le ordena a Avraham a sacrificar a su único hijo Itzjak, lo que YHWH está haciendo es revelar la idea (Voluntad, dabar) divina que YHWH ejecutaría con su propio hijo.

Shalom.

EL EVANGELIO DEL REINO DE JESUS


Por Anthony F. Buzzard, Master en Teología

Uno de los fenómenos más notables en la historia de pensamiento humano es la manera en que lo obvio puede esconderse de ambos, del estudioso y del hombre común. La historia de pensamiento cristiano demuestra un ejemplo notable. El propio Jesús constantemente enseñó que Su Mensaje del Evangelio se escondería de las masas cuyas mentes fueron deslumbradas por los intereses encontrados que los preocuparían y que los prevendrían de la devoción completa a Él (Mat. 13:11-17).

El distinguido exegeta alemán E. Haenchen (Hechos de los Apóstoles, Hermeneia, 1971, pág. 141) declaró con respecto a la predicación de la iglesia apostólica primitiva: "La predicación del Reino de Dios obviamente se refiere al Reino de Dios que comenzará con el Parusía [Segunda Venida de Jesús]." En otra parte, en el mismo comentario, él explica que "El Reino de Dios mismo describe la entera proclamación Cristiana“ (Hechos 28:23).

A pesar de que el Evangelio del Reino es el concepto central de la predicación de Jesús y los apóstoles, y que el Reino de Dios está referido al Reino apocalíptico que se inaugurará en la Segunda Venida, el público en general se ha alimentado de una idea muy diferente. Para los liberales, el Reino de Dios es un programa social, o un compañerismo espiritual que es disfrutado ahora por el creyente. Para el fundamentalista, el Reino es una sociedad americana mejorada, o una dicha en el cielo en el momento de muerte. Ninguna de estas definiciones del Reino puede encuadrarse con la evidencia del Nuevo Testamento. La fe como Jesús la predicó está, por consiguiente, distorsionada en su mismo corazón. De este modo, el Evangelio como Jesús lo enseñó, ha sido reprimido.

Semejante injusticia a los archivos históricos de la fe Cristiana exige una urgente investigación pública. Es un hecho que se puede documentar, que los principales portavoces contemporáneos de la fe cristiana confiesan que ellos no están predicando el Evangelio acerca del Reino (Ver Anthony Buzzard, Nuestros Padres Que no Están en el Cielo, el pp. 29-34), aunque ellos siempre reconocen que Jesús siempre lo hizo. Esta discrepancia asombrosa entre lo que pasa por la enseñanza de Jesús, y lo que Jesús realmente enseñó, merece la exposición más extensa. “Restoration Fellowship” espera hacer una pequeña contribución al corregir una injusticia histórica y espiritual hecha al hombre que muchos afirmaron era el Mesías y el Salvador. A otros, actualmente, que no son simpatizantes con las afirmaciones de Jesús, el descubrimiento de que el Mensaje ha sido distorsionado significativamente desde el segundo siglo, les será una cuestión de intrigante interés.

Gracias a las labores de historiadores de la iglesia, nosotros podemos estar seguros que Jesús no sólo proclamó el Reino como parte de Su misión (Lucas 4:43), sino que por el Reino Él quiso decir lo que cualquiera que perteneció a Su herencia judía quiso decir, a saber, "el imperio mundial de Dios - el Reino divino en lugar de cada monarquía terrenal. Esto se realizará perfectamente, y se establecerá totalmente - aquí en la tierra" (F.C. Grant, Judaísmo Antiguo y el Cristianismo del Nuevo Testamento, pp. 114, 115). Semejante visión de un imperio mundial divino había sido, de hecho, la visión de todos los profetas de Israel. Jesús sólo confirmó Su Mensaje, lo amplificó, y lo hizo el asunto de Su llamada urgente al arrepentimiento en vista del Gran Evento por venir.

Es una cuestión de simple honestidad que los Cristianos que afirman seguir a Cristo, abracen en fe Su Mensaje y que los apóstoles después proclamaron. No es evidentemente el caso de que los evangelistas contemporáneos relevan el Evangelio sobre el Reino. Ellos han reducido el Mensaje de salvación a la creencia en el perdón de los pecados y en la resurrección de Jesús. Pero ellos omiten la base de la salvación que descansa en el arrepentimiento y en la aceptación en fe del Evangelio sobre el Reino de Dios (Marcos 1:14, 15, Hechos 8:12, 19:8; 20:25; 29:23, 31, etc., y bajo diferente terminología como "la Palabra", "el Evangelio", "el Misterio", "la Verdad", etc. en el resto de los documentos del NT).

La causa de la extraordinaria anomalía presentada por la disimilitud entre lo que el NT presenta como la fe, y lo que normalmente se entiende por ella, es trazable, como muchos teólogos e historiadores distinguidos lo han documentado, a la mezcla fatal del paganismo Griego con la fe Hebrea temprana que empezó en el segundo siglo después de la muerte de los apóstoles y como fue previsto por ellos (Hechos 20:29-31; 2 Pedro 2:1-3). Nosotros hemos documentado, de las numerosas fuentes, el hecho de que simplemente tal helenización de la fe prístina dio alcance al Mensaje del Evangelio original del Reino (Vea "Nuestros Padres Que no Están en el Cielo", el pp. 259-267). Que esto no es conocido a millones de practicantes confiados señala a la necesidad por una exposición extensa.

Los resultados de esta partida original de la Verdad son evidentes en la fragmentación de la Cristiandad contemporánea en multitudes de denominaciones discrepantes. Nada podría ser más saludable que el reconocimiento del status quo insatisfactorio y de un retorno al Evangelio puro de Jesús con respecto al Reino de Dios.

ES EL EVANGELIO DE LA GRACIA EN NUEVO EVANGELIO DE PABLO?

De mi fino y buen amigo Mario Olcese Sanguineti, Aplogista.
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¿Cuántos Evangelios Hay en la Biblia?

Hay muchas personas que creen que el evangelio de Pablo es el evangelio de la gracia de Dios (Hechos 20:24), mientras que el evangelio de Jesucristo es el evangelio del reino de Dios (Marcos 1:1,14,15). También se dice que Pablo predicaba su propio evangelio de la gracia a los gentiles (Romanos 2:16), mientras que Cristo predicó el suyo propio para los Judíos llamado “el Reino de Dios” (Marcos 1:1, Lucas 4:43). Pero, ¿es posible que existan dos o más evangelios en la Biblia?¿Predicó Pablo un evangelio diferente para los gentiles que nada tenía que ver con el Reino de Dios?

En primer lugar, el propio apóstol Pablo admitió que sólo había un solo evangelio en la Biblia. Sus palabras son las siguientes:

“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la **gracias** de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo, para seguir un evangelio diferente. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado sea anatema.” (Gálatas 1:6-9).

Tome nota el lector que Pablo afirma que no hay otro evangelio que el evangelio de Cristo. El no está diciendo por ningún lado que existe un evangelio para los Judíos y otro para los gentiles. El es claro al decir que sólo hay un evangelio---¡el evangelio de Cristo! De modo que podemos concluir que el evangelio de Pablo era exactamente el mismo evangelio que había predicado Cristo a los Judíos antes que él. En los versos 11 y 12 Pablo añadirá: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio predicado por **mi,** no es según hombre; pues yo no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.” De modo que fue el propio Jesucristo glorificado quien le enseñó a Pablo el verdadero y único evangelio bíblico.

El Singular Evangelio de Jesucristo

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios” (Marcos 1:14). En Lucas 4:43 Jesús revela lo siguiente: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del Reino de Dios porque para esto he sido enviado”.

En estos dos pasajes, aunque hay otros más, se dice que el evangelio de Cristo es el Reino de Dios***---¡el evangelio del reino de Dios! De modo que acá tenemos un evangelio que consiste en el Reino de Dios. Trágicamente algunos falsos maestros sostienen que el Reino de Dios no es el evangelio, sino que el evangelio procede del Reino de Dios. Es decir, el evangelio es del Reino o familia de Dios**---¡la iglesia! Ellos dicen que cuando la Biblia menciona “el evangelio del reino de Dios” esto significa que el evangelio procede de la iglesia o reino de Dios”. Ellos no creen que éste consiste en el Reino de Dios. Esta tesis, sin embargo, tiene un problema, y ese problema es que cuando Jesús comenzó predicando el evangelio del reino de Dios, ¡la iglesia aún no había sido fundada! ¿Cómo podría proceder el evangelio de una iglesia aún inexistente?

Ahora bien, si seguimos la lógica de estos maestros, tendríamos que concluir también que cuando la Biblia nos habla del “evangelio de la paz” (Efesios 6:15), del “evangelio de vuestra salvación” (Efesios 1:13), y del evangelio de la gracia este evangelio único procede de la paz, de la salvación y la gracia. Pero, ¿puede el evangelio proceder de la paz, de la salvación y de la gracia?¿No sería más sensato concluir que el evangelio consiste en la paz, en la salvación y en la gracia? Aplique este mismo principio al evangelio del reino de Dios y verá que el evangelio consiste en el reino de Dios y no que procede del reino de Dios.

¿Qué era el evangelio de la Gracia de Pablo?

En Hechos 20:24 el apóstol Pablo dice que él fue comisionado “…Para dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios”. ¿Pero puede el evangelio de la gracia pasar por alto el reino de Dios? No lo creo. Observe que en el siguiente versículo, el 25, Pablo no ignora el reino de Dios cuando dice: “y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado predicando el REINO DE DIOS, verá más mi rostro. Y en El verso 27 agrega: “Porque no he **rehuído** de anunciaros todo el consejo de Dios.”. Pues bien, si juntamos los versos 24, 25, y 27 veremos que el evangelio de la gracia de Pablo incluía el Reino y todo el consejo de Dios. Esto es indiscutible. Pablo jamás enseñó que el evangelio de la gracia consistía exclusivamente en el principio de que somos salvos por fe sin las obras de la ley. Aunque es verdad que Pablo habló de que somos salvos por la fe y no por las obras (Romanos 3:28), él tuvo en mente muchas cosas más por la frase “el evangelio de la gracia”, como ya quedó demostrado en parte arriba, y que incluía obviamente el Reino de Dios. Más adelante seguiremos mostrando que el evangelio de la gracia incluye otras cosas importantes.

La gracia venidera con la Reaparición o Revelación de Jesús

Muchos estudiantes de la Biblia no se han puesto a reflexionar que Pablo mencionó una gracia futura y aún venidera en 1 Pedro 1:13. Este crucial versículo nos dice lo siguiente, y por favor presten mucha atención a sus palabras: “Por tanto, ceñid vuestros lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en LA GRACIA QUE SE OS TRAERÁ CUANDO JESUCRISTO SEA MANIFESTADO”. ¡Qué interesante es esto! Hay una gracia que se nos traerá, un don o dádiva que nos traerá Jesucristo en su segunda venida. Recordemos que Pablo predicó el evangelio de la gracia. Ahora tenemos una gracia que vendrá con Cristo en su segunda venida. En los versos 4,5,9 podemos descubrir lo que es esa gracia que se nos traerá el señor y que está reservada por ahora en los cielos: “para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, RESERVADA EN LOS CIELOS para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar LA SALVACION que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero…obteniendo el fin de vuestra fe, que es vuestra SALVACION” (versos 4,5,9). Esa gracia no es otra cosa que la salvación que nos traerá Jesucristo al darnos herencia de algo. He aquí la prueba:

En Mateo 25:31,34 leemos que Jesús, al volver, les dará a los suyos herencia en el reino, herencia que significará la salvación de los hombres. Dicen estos versículos, así: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria…entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. Este es otro aspecto de la gracia que pocos entienden: ¡nuestra salvación dentro del reino de Cristo que se manifestará en su revelación gloriosa! He aquí la segunda prueba:

La Petición por la Salvación de un Joven Rico a Jesús:

En la entrevista de un joven rico con Jesús descubrimos que la salvación postrera (=la gracia venidera) está estrechamente ligada con la herencia del Reino de Dios que Cristo traerá en la parusía. Dice Mateo 19:16-25: “Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué haré para tener la vida eterna? El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno; Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos…el joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el Reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios. Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?”.

Ahora observe el lector 3 frases resaltantes en este singular diálogo del rico con Jesús: ‘Vida eterna’, ‘Reino de Dios’, y ‘ser salvo’. Entonces podemos concluir que la salvación no es otra cosa que entrar en el reino de Dios con vida eterna (S=R+V).

Regresando a Pedro, él claramente afirma que hay una gracia venidera que traerá Jesucristo en su revelación, y esa gracia tiene que ver con la salvación venidera que se completará en nosotros (ver 1 Pedro 1:4,5,9,13). Así que hay una gracia o salvación completa para nosotros cuando Cristo vuelva y lo traiga. El traerá su reino, y se los dará como herencia a su iglesia para que sea completada su salvación. Recuerde que la salvación es tener vida eterna en el Reino como ya lo demostramos arriba. Así que el evangelio de la gracia es el evangelio de nuestra salvación en el reino de Dios con vida eterna. Por tanto podemos decir que el evangelio del Reino (Mateo 24:14) tiene que ver con el evangelio de la gracia venidera (Hechos 20:24) e igual el evangelio de nuestra salvación (Efesios 1:13) y también con el evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor. 4:4), pues la gloria y el Reino vienen juntos y muy unidos ( 1 Tes. 2:12).

Además, es interesante lo que Pedro dice en 1 Pedro 5:12: “…os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que ÉSTA ES LA VERDADERA GRACIA DE DIOS, EN LA CUAL ESTÁIS”. ¿Cuál podría ser esa verdadera gracia a la que se refería Pedro, y en la cual estaban sus hermanos en la fe? La única forma de descubrirlo es leyendo toda su primera epístola, y podremos descubrir lo siguiente:

1.- Eran ya renacidos para una esperanza viva para una herencia incorruptible, reservada en los cielos para nosotros. (1 Pedro 1:3,4). ¡Esto se relaciona con el reino! (compare la palabra ‘herencia’ de 1 Pedro 1:3,4 con ‘heredad’ de Mateo 25:31,34, y ‘herederos’ de Santiago 2:5). ¡Todas tienen que ver con el Reino!.

2.- Que estaban guardados para alcanzar salvación en el día postrero (1 Pedro 1:5). ¡Esta salvación está asociada con el Reino también! (Mateo 19:16-25)

3.-Que fueron rescatados de nuestra vana manera de vivir que heredaron de sus padres por la sangre de Cristo en la cruz (1 Pedro 1:18,19).

4.- Recibieron la purificación de sus almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu (1 Pedro 1:22). Sabemos que **de** los puros de corazón verán a Dios una vez que baje la nueva Jerusalén en el reinado milenario.

5.- Fueron renacidos por la Palabra que vive y permanece en el creyente (1 Pedro 1:23). Este renacimiento está relacionado con el Reino de Dios, ya que el que no “nace de nuevo” por el agua (La Palabra) no podrá ver ni entrar en el reino (Juan 3:3,5).

6.- Eran un linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios (1 Pedro 1:9). Esto también está asociado con el Reino de Dios del milenio, ya que seremos reyes del Reino milenario de Cristo.

7.- Eran herederos de bendición (1 Pedro 3:9).

8.- Andaban en buena conducta (1 Pedro 3:16). Esto también está asociado con el Reino de Dios ya que los de mala conducta no lo heredarán (Gálatas 5:19-21).

9.- Andaban en amor, hospitalarios, sobrios, y fieles orantes (1 Pedro 4:7-9).

10.- Estaban gozosos de los padecimientos por Cristo (1 Pedro 4:13). Este padecimiento está asociado con el reino futuro, pues si padecemos por Cristo, reinaremos con él ( 2 Timoteo 2:12).

11.- Participaban de la gloria que será revelada en la parusía (1 Pedro 5:1), entonces recibirían la corona incorruptible de gloria ( 1 Pedro 5:4,10). Esto se relaciona con el reino futuro, ya que al venir Cristo, nos dará nuestras coronas de reyes.

Podemos ver que estar en la gracia es estar expedito para heredar el Reino de Cristo. Es participar hoy de la gloria del reino que será revelada en el futuro en su real dimensión.

Definitivamente no hay salvación completa sin el reino de Cristo. Esta salvación en el Reino de Cristo es el otro aspecto de la gracia que vendrá con Cristo en su segunda venida, para completar la salvación de los creyentes que permanecen fieles a él.

Entonces es evidente que el reino de Cristo tiene mucho que ver con el evangelio de la gracia de Pablo. De manera que todos aquellos que no quieren ver esta verdad prístina de la Biblia han sido engañados por Satanás. La gracia tiene un aspecto futuro o venidero, y sabemos que la herencia del reino es todavía venidera o futura, una herencia que se completará con la venida del Rey de gloria para arrebatar a los suyos e introducirlos en su reinado milenario (Mateo 25:31,34).

La Iglesia primitiva predicaba un nuevo rey y reino:

Una de las doctrinas bíblicas más importantes de la Iglesia apostólica fue la proclama de que Cristo es el futuro Rey mesiánico. Sabemos que El evangelismo de Pablo incluía la venida del Rey y de su Reino glorioso (1 Tes. 2:12; Hechos 238:23,30,31). También leemos en Hechos 17, lo siguiente de la predicación de los primeros cristianos: 6 “Pero como no los encontraron, arrastraron a Jasón y a algunos otros hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: "¡Estos que han trastornado el mundo entero han venido también acá, 7 y Jasón los ha recibido en su casa! Todos ellos actúan en contra de los decretos del emperador, afirmando que hay otro rey, uno que se llama Jesús." Como podemos notar, la predicación de los primeros cristianos definitivamente incluía el anuncio de que había otro rey que gobernaría en Jerusalén, y de allí a todo el mundo.

La Entrada en la Gracia:

Pablo nos dice que tenemos entrada en la gracia de Dios para una esperanza de la gloria venidera de Dios y su reino. Sus palabras son éstas: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:1,2). Note que tenemos entrada en la gracia, así como tenemos entrada en el Reino de Cristo (Colosenses 1:13), **él** cual se consumará cuando éste se establezca en la tierra. Jesús le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios”. Hoy, los cristianos ya tienen entrada a esa gracia o reposo en Cristo (Hebreos 4:3), el cual se completará en su reino milenario (Heb. 4:9). ¡Procuremos, pues entrar en aquel reposo o gracia que vendrá con Cristo y su Reino! (Hebreos 4:11).

Coherederos de la Gracia de vida:

Las Escrituras nos dicen que la gracia es una herencia, y que los creyentes son los herederos de ella. Dice 1 Pedro 3:7: “Vosotros, maridos, igualmente vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como vaso más frágil, y como a COHEREDERAS de la gracia de la vida…” (1 Pedro 3:7).Pero igualmente las Escrituras nos dicen que somos coherederos del Reino de Cristo, de modo que esa herencia de la gracia de vida tiene que ver con la herencia del Reino, el cual nuestro Señor establecerá en la tierra en su parusía o venida en gloria. Recuerde que entrar en el reino es entrar a la vida eterna, como ya vimos en el diálogo del joven rico con Jesús en Mateo 19:16-25.

También Dice santiago 2:5 “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del Reino que ha prometido a los que le aman?”.

El Evangelio de las inescrutables Riquezas de Cristo:

El apóstol Pablo define la gracia en Efesios 3 como las inescrutables riquezas de Cristo. El dice que fue encomendado para administrar la gracia a los gentiles (Efesios 3:1,2). A esta gracia Pablo la llama “el misterio” que estaba escondido y que ahora es revelado a los santos (versos 3-5). ¿En qué consiste esta gracia misteriosa que estuvo escondida por generaciones? En los versos 5-8 Pablo nos lo revelará: “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dada…me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo”.

Note ahora que Pablo dice que la gracia llegó a los gentiles para que sean copartícipes de la promesa. ¿Qué promesa? Pues si leemos el capítulo anterior (2), el apóstol Pablo dice: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne…en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la CIUDADANIA DE ISRAEL y AJENOS A LOS PACTOS DE LA PROMESA, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación…para crear en si mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz…vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca…Así que ya no sois extranjeros y advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:11-19). ¡Ajá!...¡Este es el evangelio de la gracia de las inescrutables riquezas de Cristo! Que ahora nosotros, los gentiles, somos participantes de la promesa de los pactos de Dios con Israel, y miembros de la familia de Dios. Los gentiles ahora, por la gracia, pueden ser **coparticipes** y coherederos de la promesa de los pactos hechos a los padres, que incluyen la herencia del mundo venidero (pacto Abrahámico, Romanos 4:13) y del Reino de Cristo (pacto Davídico, Santiago 2:5; Mateo 25:31,34).

El misterio que estaba escondido y que fue revelado por Pablo significaba que los gentiles, como los judíos creyentes en Cristo, son un solo cuerpo y herederos de Dios, y beneficiarios por igual de los pactos que él hizo con los padres. Ahora los gentiles tienen a Abraham como padre por la fe (Gálatas 3:7-9) y como sus descendientes legales tienen el privilegio y el derecho de ser herederos del mundo venidero de justicia y de cogobernar con Cristo en su reino en el milenio de justicia. Este es el verdadero evangelio de la gracia de Pablo.