Este singular blog proclama las verdades básicas de la Biblia
Datos personales
- Javier Rivas Martínez
- Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.
sábado, 29 de enero de 2011
ES USTED UN JUSTO O UN INJUSTO?
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Jesús hace una distinción entre justos e injustos, y dice que los primeros irán a la vida eterna y los segundos a la condenación (Juan 5:28,29, Mateo 25:46). Así que, o se es justo, o se es injusto, ¡no hay término medio!
¿Y quiénes son los justos?¿Estará Armandito López entre ellos?
a).- Todos los redimidos por la fe en Cristo y en su sangre derramada para el perdón de los pecados
Romanos 3:24: siendo JUSTIFICADOS gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
Romanos 5:1: JUSTIFICADOS, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 5:9: Pues mucho más, estando ya JUSTIFICADOS en su sangre…
b).- Los que serán salvos de la Ira de Dios:
Romanos 5:9: Pues mucho más, estando ya JUSTIFICADOS en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
1 Corintios 6:11: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido JUSTIFICADOS en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
c).- Los que serán glorificados y exaltados en trono con los reyes
Romanos 8:30: Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también JUSTIFICÓ; y a los que JUSTIFICÓ, a éstos también glorificó.
¿Y quiénes son los justos?¿Estará Armandito López entre ellos?
a).- Todos los redimidos por la fe en Cristo y en su sangre derramada para el perdón de los pecados
Romanos 3:24: siendo JUSTIFICADOS gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
Romanos 5:1: JUSTIFICADOS, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Romanos 5:9: Pues mucho más, estando ya JUSTIFICADOS en su sangre…
b).- Los que serán salvos de la Ira de Dios:
Romanos 5:9: Pues mucho más, estando ya JUSTIFICADOS en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
1 Corintios 6:11: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido JUSTIFICADOS en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.
c).- Los que serán glorificados y exaltados en trono con los reyes
Romanos 8:30: Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también JUSTIFICÓ; y a los que JUSTIFICÓ, a éstos también glorificó.
Job 36:7: No apartará de los JUSTOS sus ojos; Antes bien con los reyes los pondrá en trono para siempre, Y serán exaltados.
d).- Los que morarán en la presencia de Dios e intimarán con él
Salmos 140:13: Ciertamente los JUSTOS alabarán tu nombre; Los rectos morarán en tu presencia.
Proverbios 3:32: Porque Jehová abomina al perverso; Mas su comunión íntima es con los JUSTOS.
Salmos 68:3: Mas los JUSTOS se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría.
e).- Los que brillarán o resplandecerán como el sol
Mateo 13:43: Entonces los justos RESPLANDECERÁN como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga
f).- Son los entendidos de Dios
Daniel 12:3: Los ENTENDIDOS resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.
g).- Los justos son santos, los que juzgarán el mundo
1 Corintios 1:30: Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, SANTIFICACIÓN y redención;
1 Corintios 6:2: ¿O no sabéis que los santos han de JUZGAR al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de JUZGAR cosas muy pequeñas?
Ahora le pregunto esto: ¿Ha sido usted justificado (lavado de sus pecados) por la sangre preciosa de Cristo? Si su respuesta es sí, entonces usted será glorificado y resplandecerá en el reino de Cristo y terminará viviendo para siempre en la presencia de Dios e intimará con Él como hace un Padre amoroso con un hijo fiel.
Desafortunadamente, los Testigos de Jehová y sus simpatizantes creen que sólo 144,000 TDJ estarán en el cielo, e intimarán con Cristo y con Dios, en tanto que una gran multitud de sus feligreses (la grande muchedumbre) se quedará en la tierra, lejos de la Majestad y de la intimidad del Señor. Esto querría decir que sólo un grupo pequeño de 144,000 Testigos de Jehová habrían alcanzado la justificación y el resto no, pues si todos la hubieran alcanzado, entonces todos los TDJ deberían terminar en la misma presencia del rey e intimando con el Señor.
Pero los TDJ deberían recordar que si sólo ellos (cerca de 7 millones de miembros) serán salvos de la ira de Dios es porque TODOS ellos debieron haber sido justificados por la sangre de Cristo, y consecuentemente es de esperarse que TODOS ellos terminarán brillando y resplandeciendo como el sol al medio día en el reino del Padre. ¿Pero cómo la llamada “grande multitud” de Testigos de Jehová podrían brillar en el reino de Dios si ellos supuestamente no reinarán con Cristo y tampoco compartirán de su gloria en su “trono celestial”, sino sólo como vasallos?
¿Cómo te las estás viendo, mi querido Armandito López Golart? ¡Ojalá que no sea "negras"!
jueves, 27 de enero de 2011
OTRO PASTOR QUE NO TIENE NI LA MÁS MÍNIMA IDEA DE LO QUE ES EL EVANGELIO DE JESÚS
Enseguida escucharán ustedes al pastor José Guillén predicando el “evangelio de Jesús” por espacio de casi una hora, y ni por un instante menciona el reino de Dios… ¡el verdadero evangelio de Jesús! (Ver Marcos 1:1,14,15; Lucas 4:43). Además, ustedes oirán que Guillén cita Hechos 8 para explicar el encuentro que tuvo Felipe con el eunuco etíope para explicarle una Escritura de Isaías, donde el profeta habla de la muerte del cordero. Luego Guillén concluye que el evangelio de Cristo es Cristo mismo y su muerte en la cruz por los pecados de los hombres, afirmación que es cierta, pero que definitivamente no es todo el evangelio bíblico.
Ahora bien, noten el verso 35, donde dice: “Y COMENZANDO desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”. ¿Entendió usted esto, estimado lector? Felipe COMENZÓ con esa Escritura del profeta Isaías (sobre el cordero inmolado) para empezar a anunciarle al etíope el evangelio de Jesús, ¡pero no dice que esta Escritura citada por Felipe era TODO el evangelio de Jesús! Simplemente es el inicio del anuncio del evangelio de Jesús, ¡pero no es todo el evangelio completo! Recuerden que Pablo también comenzó hablando del evangelio de Cristo en 1 Cor. 15:1-7, y en el verso 3 leemos que él PRIMERAMENTE anunció que Cristo fue muerto, sepultado y resucitado al tercer día. y luego prosiguió diciendo que por nuestra resurrección, tal como ocurrió con Cristo, tendremos el ingreso en el reino de Dios, (la otra parte del evangelio salvador, versos 45-50).
Desafortunadamente el pastor Guillén pasó por alto el verso 12 de Hechos 8, donde se nos dice que Felipe bautizaba a todos los que habían creído en el EVANGELIO DEL REINO y en el nombre de Jesús”. Si él lo hubiera citado, seguramente se hubiera dado perfectamente cuenta de que Felipe predicaba la muerte de Jesús para limpiar nuestros pecados, pero también el reino de Dios, que es el premio, herencia o galardón de los que fueron lavados por la sangre de Cristo (ver también Santiago 2:5; 2 Pedro 1:5-11). ¡Este es el evangelio verdadero y completo!
En el versículo 37 nos da más información de lo que recibió como el evangelio de Jesús cuando el eununco confiesa que él creía que “Jesús es el Hijo de Dios”. Esta confesión es muy importante, pues creer que Cristo es Hijo de Dios es creer que Jesús es el Mesías, el Rey del reino. Recordemos la confesión de Pedro: “Tú eres, el Cristo, el Hijo de Dios” (Mt. 16:18), que para los judíos significaba un ungido, un hombre noble, un rey, un sacerdote, un profeta, un juez.
Realmente me sigo sorprendiendo al constatar la inmensa ceguera espiritual que subsiste aún entre los pastores y evangelistas en los círculos cristianos, y la resistencia que aún persiste en ellos para reconocer el evangelio del reino como el mensaje salvador que Cristo introdujo con en su ministerio de tres y medio años. Fue ciertamente su reino lo primero que Jesús habló (Mr. 1:1,14,15),…¡y también lo último! (Hechos 1:3).
Sólo queda concluir que el diablo ha logrado cegar a los incrédulos, pero también a los que se dicen creyentes, pero que no lo son, porque desconocen o rechazan creer en el reino de Dios, el mensaje que debe ser proclamado al mundo entero hasta el fin (Mateo 24:14). Sí, mis amigos, aún hay mucha resistencia entre los llamados “cristianos” (o “mesiánicos”…¡no los judíos mesiánicos!) para anunciar el reino de David por restaurarse en la tierra, porque creen tercamente que los judíos perdieron su reino davídico para siempre. ¡Qué pena!…¿Y ahora quién podrá ayudarlos?…el chapulín apologista!
Ahora bien, noten el verso 35, donde dice: “Y COMENZANDO desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”. ¿Entendió usted esto, estimado lector? Felipe COMENZÓ con esa Escritura del profeta Isaías (sobre el cordero inmolado) para empezar a anunciarle al etíope el evangelio de Jesús, ¡pero no dice que esta Escritura citada por Felipe era TODO el evangelio de Jesús! Simplemente es el inicio del anuncio del evangelio de Jesús, ¡pero no es todo el evangelio completo! Recuerden que Pablo también comenzó hablando del evangelio de Cristo en 1 Cor. 15:1-7, y en el verso 3 leemos que él PRIMERAMENTE anunció que Cristo fue muerto, sepultado y resucitado al tercer día. y luego prosiguió diciendo que por nuestra resurrección, tal como ocurrió con Cristo, tendremos el ingreso en el reino de Dios, (la otra parte del evangelio salvador, versos 45-50).
Desafortunadamente el pastor Guillén pasó por alto el verso 12 de Hechos 8, donde se nos dice que Felipe bautizaba a todos los que habían creído en el EVANGELIO DEL REINO y en el nombre de Jesús”. Si él lo hubiera citado, seguramente se hubiera dado perfectamente cuenta de que Felipe predicaba la muerte de Jesús para limpiar nuestros pecados, pero también el reino de Dios, que es el premio, herencia o galardón de los que fueron lavados por la sangre de Cristo (ver también Santiago 2:5; 2 Pedro 1:5-11). ¡Este es el evangelio verdadero y completo!
En el versículo 37 nos da más información de lo que recibió como el evangelio de Jesús cuando el eununco confiesa que él creía que “Jesús es el Hijo de Dios”. Esta confesión es muy importante, pues creer que Cristo es Hijo de Dios es creer que Jesús es el Mesías, el Rey del reino. Recordemos la confesión de Pedro: “Tú eres, el Cristo, el Hijo de Dios” (Mt. 16:18), que para los judíos significaba un ungido, un hombre noble, un rey, un sacerdote, un profeta, un juez.
Realmente me sigo sorprendiendo al constatar la inmensa ceguera espiritual que subsiste aún entre los pastores y evangelistas en los círculos cristianos, y la resistencia que aún persiste en ellos para reconocer el evangelio del reino como el mensaje salvador que Cristo introdujo con en su ministerio de tres y medio años. Fue ciertamente su reino lo primero que Jesús habló (Mr. 1:1,14,15),…¡y también lo último! (Hechos 1:3).
Sólo queda concluir que el diablo ha logrado cegar a los incrédulos, pero también a los que se dicen creyentes, pero que no lo son, porque desconocen o rechazan creer en el reino de Dios, el mensaje que debe ser proclamado al mundo entero hasta el fin (Mateo 24:14). Sí, mis amigos, aún hay mucha resistencia entre los llamados “cristianos” (o “mesiánicos”…¡no los judíos mesiánicos!) para anunciar el reino de David por restaurarse en la tierra, porque creen tercamente que los judíos perdieron su reino davídico para siempre. ¡Qué pena!…¿Y ahora quién podrá ayudarlos?…el chapulín apologista!
miércoles, 26 de enero de 2011
FUE JUAN EL BAUTISTA EXCLUIDO DEL PODER DEL REINO VENIDERO SEGUN MATEO 11:11?
“En verdad les digo: Entre los nacidos de mujer no ha sido levantado uno mayor que Juan el Bautista; mas el que sea de los menores en el reino de los cielos es mayor que él.” (Mat. 11:11).
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Algunos predicadores se remontan a los dicho por Jesús en Mateo 11:11 para afirmar que los profetas Judíos que vivieron en el Antiguo Pacto no tendrán una participación ejecutiva o de gobernantes en el reino de Cristo, sino sólo como súbditos o vasallos.
Y es que en este verso en cuestión Jesús dice algo tan misterioso sobre su precursor que a muchos estudiosos aún se les hace muy difícil interpretar con lucidez la enseñanza que se esconde en éste . Estos intérpretes sólo pueden concluir que Juan el Bautista, el más grande de todos los profetas que han existido, y que anunció al Mesías y su inminente venida y que lo vio personalmente, quedará fuera del reino, porque sencillamente el menor en el reino es mayor que él. Pero si somos realmente justos en nuestra exegesis bíblica, tendríamos que concluir que Juan el Bautista no sólo NO sería un ejecutivo o un gobernante del reino mesiánico, sino que tampoco sería un súbdito, ya que el menor en el reino es mayor que él. ¿Pero podría alguno pensar que Juan el Bautista quedaría fuera del reino, como ciertamente quedarán los impíos, porque supuestamente es menor o menos que el menos regio de los que heredan el reino? No me parece!
Si tomamos literalmente lo dicho por Jesús de que Juan el Bautista es menor que el último de los que heredan el reino, entonces Juan el Bautista quedará excluido del reino de Cristo indefectiblemente. No podrá ser ni gobernante ni súbdito, pues aquí Jesús no está diciendo que Juan es menor de los menores que gobiernan el reino, sino que claramente dice que es menor o menos de los menores en el reino. Si Jesús hubiera dicho con claridad que Juan el Bautista es menor o más pequeño de los que gobiernan, entonces él no podría ser gobernante, pero sí súbdito. Pero acá Jesús no habla de gobernantes, sino del reino en su conjunto. El menor de los que están en el reino es más que Juan el Bautista, lo que dejaría a Juan el Bautista fuera del reino como un impío. ¡Y esto no lo veo razonable!
El profeta David: ¿Rey o súbdito del reino mesiánico?
Las Escrituras nos presentan a Juan el Bautista como el más grande profeta nacido de mujer. Esto quiere decir que Juan el Bautista fue, a la vista de Cristo, el más grande profeta, y más aún que el mismo rey David, quien también era profeta de Dios. Dice así Pedro: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca DAVID, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero SIENDO PROFETA, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono”. Así que David era profeta, ¡pero menor que Juan el Bautista!…¡y esto no lo digo yo, sino el propio Jesucristo!
Pues bien, ¿creerá alguno que David, que por ser un profeta nacido de mujer, y muy anterior a Juan, y menor que éste, es indigno de ser co-gobernante con su hijo (el Mesías Cristo) en su propio reino davídico restaurado? Es decir, ¿estará David en su reino restaurado simplemente como un vasallo, o en el peor de los casos, totalmente excluido de él porque es menor que el mismo profeta Juan el Bautista, que a su vez es menor de los menores de los que entran en el reino?¿Realmente cree usted que el reino davídico será restaurado con más gloria aún, pero teniendo a su primer rey ungido como un mero súbdito del mismo? ¡Vamos, amigos, debemos ser consecuentes con todas las promesas bíblicas, y no ser parciales! Sinceramente no creo que al propio rey Jesús le gustaría ver a su propio noble padre como un vasallo de su propio reino, como si estuviera derrocado por su hijo. Definitivamente algo distinto tuvo que significar lo dicho por Jesús en Mateo 11:11.
Los profetas sentados en la mesa mesiánica con Cristo
Jesús se sintió orgulloso de su linaje davídico, cuando dijo: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de DAVID, la estrella resplandeciente de la mañana” (Apo. 22:16). Con esto Jesús da importancia al hecho de que su padre es el otrora rey David, y así lo recalca Mateo al empezar su evangelio (Mateo 1:1). El rey y profeta David es el padre de Jesús, una declaración solemne y crucial que hace de David un personaje de primera importancia que nos recuerda la realeza de su hijo, Jesucristo. Jesús es el Rey del reino, y David, su padre, es parte de esa nobleza que regirá el mundo venidero de justicia. Dicen Oseas y Jeremías, así: “Sino que servirán a Jehová su Dios y a DAVID SU REY, a quien yo les levantaré” (Jer. 30:9). Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a DAVID SU REY; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días (Oseas 3:5). Si bien este “David su rey” es una referencia a Jesús, el Cristo, también incluye al mismo antiguo rey David, quien estará en el reino como monarca coregente.
Jesús anunció que los profetas, incluyendo a su padre en la carne, el legendario rey David, estarán en su mesa en el reino, cuando dijo: “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a TODOS LOS PROFETAS (¡David era profeta!) en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos” (Lucas 13:28). Nótese que aquí se habla de TODOS los profetas, y no sólo de algunos, los cuales estarán en el reino de Dios, y entre ellos David y Juan el Bautista, de quien se dice es el menor de los menores que entran en el reino. Estos se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac, Jacob, y los demás profetas. En Lucas 13:29 se dice que los que vengan del oriente y del occidente se sentarán en la mesa en el reino de Dios. “Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán A LA MESA en el reino de Dios”. En Mateo 8:11 Jesús dice: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos”. De modo que si comparamos ambos textos con la debida atención, veremos que Abraham, Isaac, y Jacob estarán sentados a la mesa mesiánica, y no sólo ellos, sino también TODOS los profetas (ver Lucas 13:28).
Así que David, Juan el bautista, y los demás profetas y patriarcas estarán sentados a la mesa con el Rey, y esto tiene un significado singular: el de gozar de un status de privilegio y honor con Su Majestad, el rey. Recordemos que la madre de los hijos de Zebedeo buscaba para sus hijos un lugar de honor en la mesa del reino mesiánico, al pedirle a Jesús que uno de sus hijos se siente con él a su derecha y el otro a su izquierda (Mateo 20:20,21).
Pero hay algunos hermanitos tercos y recalcitrantes detractores que creen que sentarse a la mesa mesiánica tiene un significado general de ingresar al reino, ya sea como gobernante o como vasallo. Pero amigos, ¿a qué necio se le ocurriría afirmar tal cosa? ¡Pues sólo a los tercos y fanáticos que no quieren entrar en razón! ¡…y yo conozco a algunos que se creen iluminados y no quieren entender esta simple verdad!
¿Qué puede significar entonces Mateo 11:11?
El evangelista Michael Pedrin comenta este pasaje, así:
El propio Señor Jesús declara que Juan el Bautista era la persona más grande de nacer de mujer hasta ese período de tiempo. No sólo era un profeta importante, sino, “Más que un profeta” (Mateo 11:9).
Todos los profetas del Antiguo Testamento profetizaron sobre la futura venida del Mesías. Jesús mismo declaró: Escudriñad las Escrituras, porque en ellas tenéis que tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí. (Juan 5:39) Y comenzando desde Moisés y siguiendo por los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de sí mismo (Lucas 24:27).
Jesús compara a Juan el Bautista con los otros profetas del Antiguo Testamento, y dice: “Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan” (Mateo 11:13). Juan fue el último de los profetas antes de la venida del Mesías, y fue mayor que los otros profetas en el sentido de que no sólo profetizó la venida del Mesías, sino que también lo introdujo en el mundo!
Juan le dijo al público acerca de la pronta venida de Cristo: “Respondió Juan, diciendo a todos, Yo os bautizo con agua, pero el que viene es más poderoso yo, cuya correa de sus zapatos no soy digno de desatar: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16).
Sólo un poco más tarde, el Mesías vino! Y Juan no profetizó más, sino que lo presenta a la multitud que contemplaba: “El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un hombre que es antes de mí: porque era primero que yo” (Juan 1:29, 30).
Aunque Juan era el más grande de todos los que vivieron antes de la venida de Jesús, él no llegó a ver la obra, la vida, la muerte y la resurrección del Cordero de Dios. La gente común pudo ver todo esto, y por lo tanto eran más privilegiados que Juan el Bautista. Jesús claramente dijo a sus discípulos humildes y seguidores: “¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron” (Mateo 13:16, 17).
Por lo tanto, sólo esa generación de gente que vio a Jesús personalmente en carne de hombre fue la más privilegiada de todas antes de su venida y después de la ascensión.
Aunque la mayoría de ellos eran simples pescadores de origen humilde, ellos fueron los más especiales de todos los que vieron lo que todos los profetas y justos desearon ver, pero no lo lograron. Estos eran más grandes que Juan el Bautista, el profeta más grande, porque vieron poderosos actos de Jesús, de primera mano, y le oyeron pronunciar las palabras de vida, y se asociaron a él. Esa es la razón Jesús dijo:
“De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista: a pesar de que el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él” (Mateo 11:11).
En resumen:
Esos primeros cristianos que fueron testigos oculares o presenciales del Cristo, y que dieron testimonio de lo que vieron y oyeron por todos lados del mundo de entonces, degustaron algunas de las futuras bondades del reino venidero en sus tiempos, específicamente en sus obras de liberación demoníaca, sanación de enfermos, y resurrección de muertos. Estos habían sido trasladados por fe al reino del amado Hijo y eran obviamente más grandes que los profetas de antaño que no llegaron a ver lo que ellos vieron del Mesías durante sus 3 y medio año de ministerio público entre los suyos. Esto, sin embargo, no significa que los fieles del Antiguo Testamento no tendrán el privilegio de reinar con Cristo, pues ya hemos visto que los profetas del AT se sentarán en la mesa mesiánica con Cristo y todos los patriarcas reverenciados por Israel.
Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
Algunos predicadores se remontan a los dicho por Jesús en Mateo 11:11 para afirmar que los profetas Judíos que vivieron en el Antiguo Pacto no tendrán una participación ejecutiva o de gobernantes en el reino de Cristo, sino sólo como súbditos o vasallos.
Y es que en este verso en cuestión Jesús dice algo tan misterioso sobre su precursor que a muchos estudiosos aún se les hace muy difícil interpretar con lucidez la enseñanza que se esconde en éste . Estos intérpretes sólo pueden concluir que Juan el Bautista, el más grande de todos los profetas que han existido, y que anunció al Mesías y su inminente venida y que lo vio personalmente, quedará fuera del reino, porque sencillamente el menor en el reino es mayor que él. Pero si somos realmente justos en nuestra exegesis bíblica, tendríamos que concluir que Juan el Bautista no sólo NO sería un ejecutivo o un gobernante del reino mesiánico, sino que tampoco sería un súbdito, ya que el menor en el reino es mayor que él. ¿Pero podría alguno pensar que Juan el Bautista quedaría fuera del reino, como ciertamente quedarán los impíos, porque supuestamente es menor o menos que el menos regio de los que heredan el reino? No me parece!
Si tomamos literalmente lo dicho por Jesús de que Juan el Bautista es menor que el último de los que heredan el reino, entonces Juan el Bautista quedará excluido del reino de Cristo indefectiblemente. No podrá ser ni gobernante ni súbdito, pues aquí Jesús no está diciendo que Juan es menor de los menores que gobiernan el reino, sino que claramente dice que es menor o menos de los menores en el reino. Si Jesús hubiera dicho con claridad que Juan el Bautista es menor o más pequeño de los que gobiernan, entonces él no podría ser gobernante, pero sí súbdito. Pero acá Jesús no habla de gobernantes, sino del reino en su conjunto. El menor de los que están en el reino es más que Juan el Bautista, lo que dejaría a Juan el Bautista fuera del reino como un impío. ¡Y esto no lo veo razonable!
El profeta David: ¿Rey o súbdito del reino mesiánico?
Las Escrituras nos presentan a Juan el Bautista como el más grande profeta nacido de mujer. Esto quiere decir que Juan el Bautista fue, a la vista de Cristo, el más grande profeta, y más aún que el mismo rey David, quien también era profeta de Dios. Dice así Pedro: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca DAVID, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero SIENDO PROFETA, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono”. Así que David era profeta, ¡pero menor que Juan el Bautista!…¡y esto no lo digo yo, sino el propio Jesucristo!
Pues bien, ¿creerá alguno que David, que por ser un profeta nacido de mujer, y muy anterior a Juan, y menor que éste, es indigno de ser co-gobernante con su hijo (el Mesías Cristo) en su propio reino davídico restaurado? Es decir, ¿estará David en su reino restaurado simplemente como un vasallo, o en el peor de los casos, totalmente excluido de él porque es menor que el mismo profeta Juan el Bautista, que a su vez es menor de los menores de los que entran en el reino?¿Realmente cree usted que el reino davídico será restaurado con más gloria aún, pero teniendo a su primer rey ungido como un mero súbdito del mismo? ¡Vamos, amigos, debemos ser consecuentes con todas las promesas bíblicas, y no ser parciales! Sinceramente no creo que al propio rey Jesús le gustaría ver a su propio noble padre como un vasallo de su propio reino, como si estuviera derrocado por su hijo. Definitivamente algo distinto tuvo que significar lo dicho por Jesús en Mateo 11:11.
Los profetas sentados en la mesa mesiánica con Cristo
Jesús se sintió orgulloso de su linaje davídico, cuando dijo: “Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de DAVID, la estrella resplandeciente de la mañana” (Apo. 22:16). Con esto Jesús da importancia al hecho de que su padre es el otrora rey David, y así lo recalca Mateo al empezar su evangelio (Mateo 1:1). El rey y profeta David es el padre de Jesús, una declaración solemne y crucial que hace de David un personaje de primera importancia que nos recuerda la realeza de su hijo, Jesucristo. Jesús es el Rey del reino, y David, su padre, es parte de esa nobleza que regirá el mundo venidero de justicia. Dicen Oseas y Jeremías, así: “Sino que servirán a Jehová su Dios y a DAVID SU REY, a quien yo les levantaré” (Jer. 30:9). Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a DAVID SU REY; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días (Oseas 3:5). Si bien este “David su rey” es una referencia a Jesús, el Cristo, también incluye al mismo antiguo rey David, quien estará en el reino como monarca coregente.
Jesús anunció que los profetas, incluyendo a su padre en la carne, el legendario rey David, estarán en su mesa en el reino, cuando dijo: “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a TODOS LOS PROFETAS (¡David era profeta!) en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos” (Lucas 13:28). Nótese que aquí se habla de TODOS los profetas, y no sólo de algunos, los cuales estarán en el reino de Dios, y entre ellos David y Juan el Bautista, de quien se dice es el menor de los menores que entran en el reino. Estos se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac, Jacob, y los demás profetas. En Lucas 13:29 se dice que los que vengan del oriente y del occidente se sentarán en la mesa en el reino de Dios. “Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán A LA MESA en el reino de Dios”. En Mateo 8:11 Jesús dice: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos”. De modo que si comparamos ambos textos con la debida atención, veremos que Abraham, Isaac, y Jacob estarán sentados a la mesa mesiánica, y no sólo ellos, sino también TODOS los profetas (ver Lucas 13:28).
Así que David, Juan el bautista, y los demás profetas y patriarcas estarán sentados a la mesa con el Rey, y esto tiene un significado singular: el de gozar de un status de privilegio y honor con Su Majestad, el rey. Recordemos que la madre de los hijos de Zebedeo buscaba para sus hijos un lugar de honor en la mesa del reino mesiánico, al pedirle a Jesús que uno de sus hijos se siente con él a su derecha y el otro a su izquierda (Mateo 20:20,21).
Pero hay algunos hermanitos tercos y recalcitrantes detractores que creen que sentarse a la mesa mesiánica tiene un significado general de ingresar al reino, ya sea como gobernante o como vasallo. Pero amigos, ¿a qué necio se le ocurriría afirmar tal cosa? ¡Pues sólo a los tercos y fanáticos que no quieren entrar en razón! ¡…y yo conozco a algunos que se creen iluminados y no quieren entender esta simple verdad!
¿Qué puede significar entonces Mateo 11:11?
El evangelista Michael Pedrin comenta este pasaje, así:
El propio Señor Jesús declara que Juan el Bautista era la persona más grande de nacer de mujer hasta ese período de tiempo. No sólo era un profeta importante, sino, “Más que un profeta” (Mateo 11:9).
Todos los profetas del Antiguo Testamento profetizaron sobre la futura venida del Mesías. Jesús mismo declaró: Escudriñad las Escrituras, porque en ellas tenéis que tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí. (Juan 5:39) Y comenzando desde Moisés y siguiendo por los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de sí mismo (Lucas 24:27).
Jesús compara a Juan el Bautista con los otros profetas del Antiguo Testamento, y dice: “Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan” (Mateo 11:13). Juan fue el último de los profetas antes de la venida del Mesías, y fue mayor que los otros profetas en el sentido de que no sólo profetizó la venida del Mesías, sino que también lo introdujo en el mundo!
Juan le dijo al público acerca de la pronta venida de Cristo: “Respondió Juan, diciendo a todos, Yo os bautizo con agua, pero el que viene es más poderoso yo, cuya correa de sus zapatos no soy digno de desatar: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16).
Sólo un poco más tarde, el Mesías vino! Y Juan no profetizó más, sino que lo presenta a la multitud que contemplaba: “El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un hombre que es antes de mí: porque era primero que yo” (Juan 1:29, 30).
Aunque Juan era el más grande de todos los que vivieron antes de la venida de Jesús, él no llegó a ver la obra, la vida, la muerte y la resurrección del Cordero de Dios. La gente común pudo ver todo esto, y por lo tanto eran más privilegiados que Juan el Bautista. Jesús claramente dijo a sus discípulos humildes y seguidores: “¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron” (Mateo 13:16, 17).
Por lo tanto, sólo esa generación de gente que vio a Jesús personalmente en carne de hombre fue la más privilegiada de todas antes de su venida y después de la ascensión.
Aunque la mayoría de ellos eran simples pescadores de origen humilde, ellos fueron los más especiales de todos los que vieron lo que todos los profetas y justos desearon ver, pero no lo lograron. Estos eran más grandes que Juan el Bautista, el profeta más grande, porque vieron poderosos actos de Jesús, de primera mano, y le oyeron pronunciar las palabras de vida, y se asociaron a él. Esa es la razón Jesús dijo:
“De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista: a pesar de que el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él” (Mateo 11:11).
En resumen:
Esos primeros cristianos que fueron testigos oculares o presenciales del Cristo, y que dieron testimonio de lo que vieron y oyeron por todos lados del mundo de entonces, degustaron algunas de las futuras bondades del reino venidero en sus tiempos, específicamente en sus obras de liberación demoníaca, sanación de enfermos, y resurrección de muertos. Estos habían sido trasladados por fe al reino del amado Hijo y eran obviamente más grandes que los profetas de antaño que no llegaron a ver lo que ellos vieron del Mesías durante sus 3 y medio año de ministerio público entre los suyos. Esto, sin embargo, no significa que los fieles del Antiguo Testamento no tendrán el privilegio de reinar con Cristo, pues ya hemos visto que los profetas del AT se sentarán en la mesa mesiánica con Cristo y todos los patriarcas reverenciados por Israel.
lunes, 17 de enero de 2011
HAY OTRO REY, JESÚS!

“A los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que HAY OTRO REY, Jesús” (Hechos 17:7).
Por Ingª Mario A Olcese (Apologista)
Aquí tenemos un suceso interesante registrado en Hechos 17: 1-8, donde leemos:
“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas. Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas”.
En esta historia vemos que Pablo y Silas fueron a Tesalónica, donde había un grupo de judíos, y por 3 días Pablo discutió con ellos, hablándoles por medio de las Escrituras que era necesario que Cristo padeciese, y resucitase de los muertos, y que Jesús, a quien él anunciaba es el Cristo. Aquí tenemos el resumen del evangelio bíblico completo que hemos venido predicando regularmente en este blog y que Pablo lo presenta claramente, así: “que Cristo padeció, y resucitó de los muertos (a esta parte Pablo la llamó en 1 Cor. 15:3, lo “primero” de su evangelio) y enseguida pasa a demostrar que Jesús es el Cristo. ¿Pero qué entendemos por la frase ”es el Cristo”? Sin duda alguna era un sinónimo para el vocablo ”REY”, el ungido de Dios para reinar el reino de Dios. Y esta verdad se deja ver en la imputación hecha por los incrédulos judíos, quienes acusan a los cristianos (entre ellos está Pablo) de alborotar al pueblo y provocar una sedición contra el imperio diciendo que hay otro Rey. Es decir, Pablo predicaba a otro Rey, un anuncio que que provocó conmoción, pues eso era predicar a otro gobernante que eventualmente derrocaría al emperador romano de turno, y eso era un asunto muy serio.
Sin duda alguna Pablo y los otros fieles no anunciaron a un nuevo rey que regiría en los “corazones de sus fieles”, pues si éste hubiera sido el caso, no hubiera producido una conmoción en el pueblo, y no habría por qué acusar a Pablo y a los demás cristianos de sediciosos o de agitadores políticos. Pero lo cierto era que Pablo y sus correligionarios hablaron de un rey que regiría el mundo, y que sería el personaje insigne que los profetas anunciaron de antemano que liberaría a su pueblo de los opresores malvados, y que tomaría las riendas del poder desde Jerusalén y del mundo entero con justicia y rectitud. El mismo Pablo afirmó que sufría sus cadenas por causa de la esperanza de Israel (Hechos 28:20). Si esa esperanza mesiánica de los cristianos primitivos era una meramente “espiritual” y no terrenal, poco les hubiera importado a los romanos la predicación de Pablo o de cualquiera de sus seguidores, pues tendría de todo, menos de sediciosa. Total, un reinado en el “corazón de los creyentes”, ¿cómo podría afectar la estabilidad política y social del imperio dominante?
La Pregunta de Pilato a Jesús
Cuando Pilato le preguntó a Jesús: “¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37). Aquí Jesús NO hizo ninguna acotación en el sentido de que él efectivamente era rey, pero sólo de los cristianos, y que su reinado era sólo en “el corazón de sus seguidores”. No!!! Jesús estaba hablando de un rey en el mismo sentido en que Pilato entendía por el vocablo “rey”, es decir, como alguien que tiene poder y autoridad sobre súbditos, en este caso, sobre sus paisanos (v.39). Simplemente el Señor le aclara que su reino no es de este mundo o siglo malo, sino del venidero (v.36), pues si no fuera así sus seguidores ya hubieran tomado las armas para que no fuera entregado a los Judíos incrédulos. Ciertamente Jesús estaba hablando de un Rey y de un reinado tal como lo entendía Pilato, y no como lo entienden muchos cristianos hoy, es decir, como un “reinado en el corazón de cada creyente”. Finalmente la declaración “no tenemos más rey que César”(Juan 19:15) nos dice que aquí había una pugna entre un Rey presente, en este caso, el César de Roma, y un Rey que confiesa serlo, pero no del presente siglo o mundo malo sino del venidero. Esto, ciertamente, no lo creían los judíos impíos, y menos, los romanos.
El ladrón de la Cruz
Finalmente el ladrón de la cruz entendió el reinado de Cristo de una realidad literal y no meramente espiritual, como si estuviese establecido en el “corazón de los creyentes”. Este hombre moribundo de la cruz no le dijo a Jesús, algo así como: “Quiero que seas mi rey, y que reines en mi corazón ahora mismo”. ¡No!, Lo que le dijo fue: “Acuérdate de mí cuando VENGAS en tu reino” (Lucas 23:42). Es decir, el “buena ladrón” sabía que para que Jesús pudiera ser rey en funciones, y él ser parte del reino, Jesús tenía que volver primero a la tierra. Su idea del reino fue algo muy literal, tal como lo entiende cualquiera que conoce las profecías mesiánicas del “Antiguo Testamento”.
El Padre Nuestro
En la oración del Padre nuestro, Jesús les enseña a sus discípulos a pedir y a buscar el reino de Dios (Mateo 6:10,33). Sería absurdo que los cristianos estuviesen pidiendo y buscando el reino de Dios, si de hecho ya Cristo está reinando en sus corazones desde el día que se convirtieron.
Realmente es muy “romántico” afirmar que “Cristo reina en nuestros corazones”…¡y de hecho suena hermoso!…¡pero no es bíblico!. Estos tipos de declaraciones lo único que hacen es confundir a los creyentes, haciéndoles pensar que el reino de Cristo es uno de carácter espiritual y celestial, sin ninguna relación con lo terrenal y lo teocrático. Pero tal pensamiento es peligroso y es una verdadera distorsión del verdadero evangelio del reino de Cristo. Debemos ser honestos en nuestras interpretaciones y no dejar que nuestros prejuicios nos lleven a sacar conclusiones que son falsas y diabólicas aunque parezcan muy hermosas y espirituales.
Aquí tenemos un suceso interesante registrado en Hechos 17: 1-8, donde leemos:
“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas. Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas”.
En esta historia vemos que Pablo y Silas fueron a Tesalónica, donde había un grupo de judíos, y por 3 días Pablo discutió con ellos, hablándoles por medio de las Escrituras que era necesario que Cristo padeciese, y resucitase de los muertos, y que Jesús, a quien él anunciaba es el Cristo. Aquí tenemos el resumen del evangelio bíblico completo que hemos venido predicando regularmente en este blog y que Pablo lo presenta claramente, así: “que Cristo padeció, y resucitó de los muertos (a esta parte Pablo la llamó en 1 Cor. 15:3, lo “primero” de su evangelio) y enseguida pasa a demostrar que Jesús es el Cristo. ¿Pero qué entendemos por la frase ”es el Cristo”? Sin duda alguna era un sinónimo para el vocablo ”REY”, el ungido de Dios para reinar el reino de Dios. Y esta verdad se deja ver en la imputación hecha por los incrédulos judíos, quienes acusan a los cristianos (entre ellos está Pablo) de alborotar al pueblo y provocar una sedición contra el imperio diciendo que hay otro Rey. Es decir, Pablo predicaba a otro Rey, un anuncio que que provocó conmoción, pues eso era predicar a otro gobernante que eventualmente derrocaría al emperador romano de turno, y eso era un asunto muy serio.
Sin duda alguna Pablo y los otros fieles no anunciaron a un nuevo rey que regiría en los “corazones de sus fieles”, pues si éste hubiera sido el caso, no hubiera producido una conmoción en el pueblo, y no habría por qué acusar a Pablo y a los demás cristianos de sediciosos o de agitadores políticos. Pero lo cierto era que Pablo y sus correligionarios hablaron de un rey que regiría el mundo, y que sería el personaje insigne que los profetas anunciaron de antemano que liberaría a su pueblo de los opresores malvados, y que tomaría las riendas del poder desde Jerusalén y del mundo entero con justicia y rectitud. El mismo Pablo afirmó que sufría sus cadenas por causa de la esperanza de Israel (Hechos 28:20). Si esa esperanza mesiánica de los cristianos primitivos era una meramente “espiritual” y no terrenal, poco les hubiera importado a los romanos la predicación de Pablo o de cualquiera de sus seguidores, pues tendría de todo, menos de sediciosa. Total, un reinado en el “corazón de los creyentes”, ¿cómo podría afectar la estabilidad política y social del imperio dominante?
La Pregunta de Pilato a Jesús
Cuando Pilato le preguntó a Jesús: “¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37). Aquí Jesús NO hizo ninguna acotación en el sentido de que él efectivamente era rey, pero sólo de los cristianos, y que su reinado era sólo en “el corazón de sus seguidores”. No!!! Jesús estaba hablando de un rey en el mismo sentido en que Pilato entendía por el vocablo “rey”, es decir, como alguien que tiene poder y autoridad sobre súbditos, en este caso, sobre sus paisanos (v.39). Simplemente el Señor le aclara que su reino no es de este mundo o siglo malo, sino del venidero (v.36), pues si no fuera así sus seguidores ya hubieran tomado las armas para que no fuera entregado a los Judíos incrédulos. Ciertamente Jesús estaba hablando de un Rey y de un reinado tal como lo entendía Pilato, y no como lo entienden muchos cristianos hoy, es decir, como un “reinado en el corazón de cada creyente”. Finalmente la declaración “no tenemos más rey que César”(Juan 19:15) nos dice que aquí había una pugna entre un Rey presente, en este caso, el César de Roma, y un Rey que confiesa serlo, pero no del presente siglo o mundo malo sino del venidero. Esto, ciertamente, no lo creían los judíos impíos, y menos, los romanos.
El ladrón de la Cruz
Finalmente el ladrón de la cruz entendió el reinado de Cristo de una realidad literal y no meramente espiritual, como si estuviese establecido en el “corazón de los creyentes”. Este hombre moribundo de la cruz no le dijo a Jesús, algo así como: “Quiero que seas mi rey, y que reines en mi corazón ahora mismo”. ¡No!, Lo que le dijo fue: “Acuérdate de mí cuando VENGAS en tu reino” (Lucas 23:42). Es decir, el “buena ladrón” sabía que para que Jesús pudiera ser rey en funciones, y él ser parte del reino, Jesús tenía que volver primero a la tierra. Su idea del reino fue algo muy literal, tal como lo entiende cualquiera que conoce las profecías mesiánicas del “Antiguo Testamento”.
El Padre Nuestro
En la oración del Padre nuestro, Jesús les enseña a sus discípulos a pedir y a buscar el reino de Dios (Mateo 6:10,33). Sería absurdo que los cristianos estuviesen pidiendo y buscando el reino de Dios, si de hecho ya Cristo está reinando en sus corazones desde el día que se convirtieron.
Realmente es muy “romántico” afirmar que “Cristo reina en nuestros corazones”…¡y de hecho suena hermoso!…¡pero no es bíblico!. Estos tipos de declaraciones lo único que hacen es confundir a los creyentes, haciéndoles pensar que el reino de Cristo es uno de carácter espiritual y celestial, sin ninguna relación con lo terrenal y lo teocrático. Pero tal pensamiento es peligroso y es una verdadera distorsión del verdadero evangelio del reino de Cristo. Debemos ser honestos en nuestras interpretaciones y no dejar que nuestros prejuicios nos lleven a sacar conclusiones que son falsas y diabólicas aunque parezcan muy hermosas y espirituales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)