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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

martes, 19 de enero de 2010

LA TENTACION DE CRISTO


Por el Dr. Javier Rivas Martinez (MD)

Es importante enfatizar sobre la tentación de Jesús ya que hay mucha duda al respecto. Algunos estudiosos de la Palabra, trinitarios para el caso, rechazan la idea de que Jesús fue tentado como somos tentados nosotros, hombres pecadores, mentirosos y fallidos, porque siendo Cristo -Dios-, según lo estipulado por la idólatra iglesia católica-romanista, es imposible que haya experimentado tal situación.

Ellos alegan que la palabra «tentación» no siempre posee la misma connotación en los pasajes bíblicos. Parten para sostener su punto de vista de la palabra griega «peirasmos» que significa prueba, tentación, o examen, y la toman como un sustantivo que está relacionado con el verbo «peiradzo» que significa probar o tentar. Si la palabra es aceptada como un sustantivo, entonces Cristo no fue tentado como cualquier persona de este mundo. Quienes así lo creen justifican a Cristo como Dios, o -igual a la Deidad-, concluyendo que él jamás fue tentado directamente, ya que «Dios no puede ser tentado ni tienta a nadie» (Stg.1:13). Por esta circunstancia, Cristo, al encontrase libre de toda concupiscencia fue imposible que haya recibido la tentación como otro ser humano portador de la naturaleza pecadora. De este modo, este grupo de trinitarios deducen que, como Santiago lo escribe, que uno es tentado a pecar por la maldad inherente que se posee, pero Cristo, siendo –Dios-, no pudo haber sido tentado como las personas ordinarias, cosa que es un colosal error.

Debemos recordar, porque creo que ellos no lo han tomado en cuenta, que Adán y Eva fueron creados sin pecado, pero fueron tentados, y fallaron rotundamente la prueba. Este punto es importante para refutar la creencia del grupo trinitario que argumenta que Cristo no fue tentado porque era –Dios-, cosa que no es verdad, como ya dijimos antes:

«Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban» (Gn.2:25).

«Le preguntó Dios: ¿Quién te dijo que estabas desnudo?» (Gn.3:11).

Cristo fue tentado, pero jamás pecó. De no haber sido tentado, el diablo jamás lo habría puesto en lo alto del pináculo para que se lanzara de allí, ni tampoco lo hubiese llevado al alto monte para mostrarle los reinos del mundo, ya que la invitación, era lo bastante atractiva y sensual (Cap. 4 de San Lucas).

Muchos no han entendido el verdadero significado de el «Postrer Adán» (1 de Co. 15:45), el «Segundo Hombre» (1 de Co.15:47) que es Cristo. Lejos de ser Dios, Cristo comparte la semejanza del primer hombre en la tierra, de Adán, quien fue creado puro y sin mancha, inocente, y cuya relación con Dios era íntima a causa de su naturaleza espiritual y no carnal. Dice la Biblia que Adán fue hecho «a imagen y semejanza de Dios» (Gn.1:26), y Cristo, es la «imagen del Dios invisible» (Col.1:15). Cristo, según Hebreos 7:26, comparte la misma naturaleza del primer hombre: en santidad, en pureza y en inocencia. La diferencia, estriba, que Adán cayó bajo la influencia tentadora de la Serpiente (su mujer lo sedujó, pero el diablo fue el autor intelectual del plan nefando), que es el diablo y Satanás (Ap.20:1), habiendo sido predestinado desde un principio para ser Cabeza perdurable de la humanidad entera, mas, al sucumbir al pecado, Adán y su mujer fueron puestos bajo el peso de la condenación de la muerte eterna por su desobediencia que vino a repercutir a todas las generaciones humanas postreras (Ro.3:23). El diablo quiso repetir con Cristo el mismo ardid, pero el Señor se mantuvo firme ante a la tentación y que al vencer vino a ser Cabeza Santa de una humanidad redimida, por su sacrificio vicario en la cruz del Calvario, al derramar su sangre preciosa como un cordero puro e inocente (Hebreos cap. 9).

Cristo fue tentado (Heb.2:18) y aprendió la obediencia (Heb.5:8, 9), Adán, por desgracia, no (Gn. cap.3).

Si Cristo hubiese sido Dios, es seguro que tampoco hubiese sido tentado en el desierto por el diablo. También dice la Biblia que tuvo hambre al ayuno de cuarenta días, y el diablo aprovechó la ocasión para tentarlo. Cristo triunfó sobre cada una de las sugerencias del mordaz y obstinado diablo. Sin lugar a dudas, Cristo resintió el golpe de la tentativa oferta satánica. El diablo nunca se dirigió a Cristo como -Dios-; el trató siempre de hacer dudar a Cristo sobre su verdadera identidad Mesiánica (si eres Hijo de Dios, si eres Hijo de Dios, si eres Hijo de Dios . . .), y Cristo jamás admitió que lo fuera: «Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás» (Lc.4:8).

Para concluir, Pablo escribe oportunamente así:

«Por lo tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús, el Hijo de Dios (no Dios, ni el Padre tampoco) retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado». (Heb.4:14-15).

Que Dios les bendiga