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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

martes, 29 de diciembre de 2009

EL CONOCIMIENTO BIBLICO Y LA SALVACION


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)
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El Diccionario de la RAE define al conocimiento como: 1. Acción y efecto de conocer. 2. Entendimiento, inteligencia, razón natural.
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Para tratar de conocer algo o alguien, deberá tenerse primero, antes que nada, información de lo que o de quien se pretende conocer. Es de importancia elemental la información que nos lleva a un conocimiento positivo o negativo, porque nadie confiaría jamás en lo que no conoce; sólo los necios impulsivos (y compulsivos) y los ignorantes caen repetidamente en este grueso y pasmoso error. Nuestra confianza es depositada de acuerdo a lo que el conocimiento nos devela para bienestar propio, sea lo que sea.

Sabemos por medio del conocimiento si una situación determinada nos conviene o tal vez no. No podemos guiarnos por las apariencias, ya que sería tremendamente lamentable si nos apropiamos lo que creímos pero que no fue realmente lo que queríamos al pensarlo en un inicio. Oseas el profeta menor, escribe que Dios prefiere conocimiento acerca de él que cualquier holocausto o sacrificio (Os.6:6). En el mismo libro del profeta Oseas, dice que el pueblo de Dios fue destruido por falta de conocimiento a causa de haberlo rechazado (Os.4:6); Israel se inclinó a la adoración de los ídolos paganos y a la práctica de mucha maldad dejando la ley por un lado o el conocimiento de la dispensación pasada (Os. 4:6, 9; 4:12). Dios despertó la ira de Asiria, e Israel, a causa de su insolente rebeldía delante de Dios, fue llevado al cautiverio (Os.10:6).

En el Nuevo Testamento, el Bautista enfatiza que el que cree en el Hijo tiene vida, pero el que rehúsa creer en Cristo se ha ganado el enojo de Dios, por su incredulidad. Esto no es aplicable únicamente para los paganos, sino también a los que se dicen que son cristianos pero que llevan un andar doctrinal que no es bíblico para nada. Un alto porcentaje de hombres y mujeres en las iglesias de ahora, tienen muy poco conocimiento en las cosas de Dios. Se les enseña un cristianismo de muchas obras y protocolos terrenales, como es en el caso de los católicos romanistas (muy de moda, por cierto entre ellos), pero que ignoran rotundamente en que están cimentadas aquellas cosas que practican y en las que creen. No se toman habitualmente la molestia para saberlo por medio de la Biblia. Ese tradicionalismo es puramente culterano, que le da más crédito a la normativa eclesial que la han ensamblado perfectamente como pieza de «rompecabezas» en una determinada congregación o denominación que a la misma Palabra de Dios que contradice lo que han aprisionado en sus corazones con error.

La Palabra Sagrada da fe del carácter del Creador, y habla de los más sublimes propósitos del Divino para con el hombre pecador: rescatarlo de la muerte segunda y hacerlo coheredero de la tierra en el futuro junto al Mesías que viene pronto. La Escritura celestial habla de las pruebas durísimas que el verdadero cristiano habrá de pasar: tribulaciones, hambres, peligros, persecuciones, desnudez y muerte (Ro.8:35).

He oído a personas de confianza que muchos que profesan ser cristianos los denigran porque tienen trabajos sencillos, y afirman con asombrosa seguridad (orgullo puro y turbador) que eso no está bien «porque somos hijos de un Rey, y los hijos del Rey deberán tener trabajos mejores» (¿?). La falta de conocimiento bíblico sólo es capaz de formular tan absurdos y ridículos pensamientos en las mentes de los ignorantes que se vanaglorian con alarde carnal de ser «hijos del Rey», pero estoy seguro que es el de las tinieblas. En la Biblia habla de muchos hombres de Dios que tenían trabajos sencillos. El Señor Jesucristo fue carpintero, Pedro fue pescador como otros de los apóstoles, Nehemías fue copero (un riesgo tremendo de morir envenenado; ¿algún «hijo del Rey», pregunto, anhelaría un trabajo de esa clase en un momento dado? (La negativa sobra por la lógica respuesta, al menos, que la circunstancia lo justifique), Onésimo fue esclavo, etc., etc. ¿Son denigrantes los trabajos mencionados? Los maestros de la prosperidad neo pentecostalista se han encargado de cauterizar y de cerrar obtusamente la mente de los cristianos cortos del conocimiento celestial, atiborrándolos con doctrinas mediocres y mixturas dogmáticas de las ganancias materiales y de las declaraciones de fe para el alcance de tantas cosas, como la salud, por ejemplo, de enfermedades graves, con el hecho único de haberlo pensado («mente sobre materia», al igual que los hechiceros y chamanes lo hacen «materializando lo que piensan» y que promociona apasionadamente el ocultista y falso cristiano Yonggi Choo de Corea el cual ha izado la iglesia «cristiana» más grande del mundo) pero no los animan a buscar la justicia del cielo para afirmar el carácter conforme al que sabe todas las cosas. El cristiano verdadero deberá estar preparado para soportar toda case de pruebas: carencias, pérdidas considerables como la muerte de un familiar o ser querido, abruptos problemas financieros, conflictos, y no leves hermanos, sino aquellos que hacen tambalear al más fortalecido y formidable hombre espiritual pero que no pierde la cordura por su conocimiento adecuado en las Escrituras que es razonable y aplicable a su vivir. ¿Quién dijo que el cristiano fiel y santo no deberá pasar por pruebas extremas? Yo reto a cualquiera que piense lo contrario, entonces: ¿Por qué los maestros de la prosperidad enseñan una doctrina insufrible en las congregaciones? Obviamente, las ganancias deshonestas están en primer lugar, y segundo, porque los mismos «creyentes súbditos» han permitido en su ignorancia bíblica el dejarse manipular puerilmente por estos lobos rapaces vestidos de dulces ovejas blancas. Esto, es el colmo de los colmos.

¿Qué decir del desorden en las iglesias? El baile (ellos le llaman «la danza santa»), las lenguas, los gritos, los temblores abigarrados, que, indiscutiblemente, no proceden de un Dios de orden, sino del mismo diablo que es todo un desorden. Otra vez, culpa tienen ellos por su falta de conocimiento bíblico y que los orilla cada vez más al abismo profundo y oscuro de la perdición eterna. La Palabra es torcida, y el diezmo y el sábado son aprobados convenientemente para dar como resultado un legalismo «antigracia». La mala aplicación del conocimiento bíblico, es también ignorancia hermanos. Hay teólogos que saben tanto, pero están encaminados al Infierno de Fuego por sus blasfemias incongruentes acerca de la Palabra de Dios (Los liberales, los neo-ortodoxos, los de la Alta Crítica, por ejemplo.)
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Se ha enseñado hoy a «no sufrir la sana doctrina» (2 Tim.4:3). Todo es, y deberá categóricamente ser para el cristiano en su vida «color de rosa», de acuerdo a los líderes y maestros de la prosperidad material y de la mengua espiritual. Usted no deberá enfermarse «porque por sus llaga fuimos nosotros curados», que es una inversión atroz de la expiación del pecado por la sangre de Cristo por la «redención» absoluta de la carne mortal por el pecado (Is.53:5). Eso se enseña ahora, y la mayoría, lo cree asombrosamente (trate de corregirlos y sabrá porqué es mejor enfrentar una osa hambrienta a la que le han quitado sus oseznos, ya que ellos, son más fieras que la plantígrada enfurecida).

Lector amado: si a usted le ha quedado a la medida precisa el saco, le aconsejo que se meta con profunda prontitud en la Palabra de Dios para que las dudas que usted tenga queden despejadas y sigua a un Cristo conforme a sus enseñanzas y no al Cristo torcido de los magos de la prosperidad de «abajo». Escribe el apóstol Pablo «que en los postreros tiempos vendrían tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanaglorioso y soberbios, blasfemos, amadores más de los deleites que de Dios, y que tendrán apariencia de piedad pero que negarán la eficacia de ella» (2 Tim. cap. 3).

Esos postreros tiempos llegaron ya, y se requiere con urgencia por tal causa distinguir entre la maldad y lo puro en la actualidad; es necesario conocer los fundamentos bíblicos para no caer en el engaño y el error de quienes dicen ser los «Enviados de Dios», pero que no son más que hijos del perverso diablo. Cuidado hermano mío. Cuando la luz de las Escrituras haya logrado dar a usted el verdadero conocimiento que salva, entonces podrá decir como Job dijo a Dios una vez, tiempo atrás:

«De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven» (Job 42:4).