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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

viernes, 30 de octubre de 2009

LO QUE DEBE DE SABER PARA QUE HEREDE EL REINO DE DIOS


LA ESPERANZA DE LOS DISCÍPULOS

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Los discípulos de Jesús creían profundamente que él era el Mesías, el gran Rey, anunciado por los profetas del Antiguo Testamento. Creían que había venido a instaurar el Reino de la promesa, aquel gobierno que ampliaría su ámbito de influencia, hasta cubrir toda la tierra y que traerá la paz y la felicidad a toda la humanidad. Tenían razón, en esta creencia, pero esperaban que Jesús estableciera este gobierno maravilloso y poderoso de inmediato. En esto se habían equivocado, como reveló la parábola del hombre noble de Lucas 19.
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Este punto de vista equivocado por parte de los discípulos de Jesús era excusable, porque él los ha llevado a creer que ellos estarían asociados con él prominentemente en su reino, y en su visión limitada del plan de Dios, esto implicaba que el reino de Cristo necesariamente tendría que ser establecido dentro de su vida natural. ¿Cómo, de otra forma, pensaban ellos, podían esperar compartir con Jesús en el gobierno del reino? ¿Cómo, de otra manera, podía cumplirse la promesa de Jesús: “No temáis, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”?-Lucas 12:32
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Los apóstoles estaban muy ansiosos por la posibilidad de estar asociados con Jesús en la autoridad de su reino, y había muchas discusiones al respecto entre ellos. Santiago y Juan estaban particularmente deseosos de asegurarse posiciones privilegiadas en el reino, y tuvieron a su madre pidiéndole a Jesús si alguno de ellos podría sentarse en su mano derecha y el otro en su mano izquierda en su reino. Jesús no dijo en ningún momento que ellos no podían ni estarían con él en su reino, porque él ya les había dado motivos para creer que sí lo estarían. Él simplemente llamó la atención sobre el alto precio que tendrían que pagar para estar con él en su reino. Él preguntó: “¿Podéis beber de la copa que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?” Su respuesta fue: “Podemos.” Mat. 20:20-22

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Jesús le respondió a Santiago y a Juan, diciendo: “vosotros ciertamente beberéis de mi copa y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado, pero sentarse en mi mano derecha y a mi izquierda, no es mío para darlo, pero se les concederá a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. “(v. 23) Así, mientras que Jesús no promete a estos dos apóstoles queridos una posición específica en su reino, explicando que él no tenía la autoridad para hacer esas designaciones, él sí confirma su entendimiento de que compartirán el gobierno del reino con él si demuestran su valía al beber de su “copa” y ser bautizados con su bautismo.

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Aunque ellos afirman que eran “capaces”, o que estaban dispuestos a cumplir con estos requisitos, es dudoso si ellos entendieron en ese momento qué estaba implícito en el beber de la copa de Jesús, y ser bautizados con su bautismo. En realidad, como se reveló posteriormente en el Nuevo Testamento, Jesús estaba invitando a sus discípulos a sufrir y morir con él. Si hubieran entendido esto, habrían sabido que no podían, en cualquier caso, estar con Jesús en la gloria de su reino hasta que se levantaran de los muertos, y eso ellos sabían que no sería hasta el final de la Edad.-Juan 11 : 24; Mat. 13:39

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La “copa” de Jesús fue uno de sufrimiento y muerte, y él bebió fielmente hasta la última gota amarga. Su bautismo fue un bautismo de muerte, de la que su inmersión en agua por Juan el Bautista no era más que un símbolo. Pablo escribió: “No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte?” (Rom. 6:3).
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Nada se hace más claro en la Biblia que el hecho de que los discípulos de Jesús de esta edad están invitados a seguir sus pasos de sacrificio hasta la muerte. Asociados a estas condiciones del discipulado son las promesas de que aquellos que demuestren ser fieles a ellas reinarán con Jesús en su reino.

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Pablo escribió: “Palabra fiel: Si somos muertos con él, también viviremos con él: si sufrimos, también reinaremos con él.” (II Tim. 2:11,12) Una vez más, ” Si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que sufrimos con él, para que seamos también glorificados. “(Romanos 8:17) Después de su resurrección, Jesús dijo:” Para que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”(Apocalipsis 3:21) Jesús también dijo:” Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. “(Apocalipsis 2:10) y entonces hay una maravillosa promesa para estos fieles que saldrán de la muerte en la resurrección primera para vivir y reinar con Cristo mil años. “-Rev. 20:4,6

EL REINO DE DIOS EN LA TIERRA


“Y que Él envíe a Jesucristo, que les fue predicado a ustedes antes, quien el cielo debe recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas que Dios ha hablado por boca de sus santos profetas desde el principio del mundo”. Hechos 3:20-21
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“Después de esto volveré y reconstruiré el tabernáculo de David, que ha caído, voy a reconstruir sus ruinas, y configurarlo de modo que el resto de la humanidad puede buscar a Jehová, hasta los gentiles que son llamados por mi nombre, dice el Señor que hace todas estas cosas. “
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Hechos 15:16-17 “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, y el reino no será dejado a otro pueblo, sino que romperá en pedazos y consumirá todos estos reinos, y él permanecerá para siempre. Daniel 2:44
Jesús, José y los Apóstoles.

Jesús oró: “Venga tu Reino” (Mateo 6:10), y de José de Arimatea se dice que él también “esperaba el reino de Dios” Lucas 23:51. En los Hechos de los Apóstoles se dice muchas veces que ellos “anunciaban el evangelio del Reino de Dios.” (Hechos 8:12, 19:8, 20:25, 28:23).

Si el reino de Dios es importante para nuestra fe, entonces seguramente requiere nuestra atención si queremos ser verdaderos discípulos. Jesús dijo: “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Mateo 6:33.
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El Reino original de Dios En tiempos del Antiguo Testamento la nación de Israel fue el Reino de Dios en la tierra, y era especialmente considerada como tal cuando un rey piadoso se sentó en trono de David y la gente era obediente a la ley de Dios. Este es el reino que los discípulos de Jesús se refieren en el momento de su ascensión, cuando le dijeron a Jesús: “Señor, ¿Restaurarás el reino a Israel?” Hechos 1:6.
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Así que la venida del Reino de Dios en la tierra es una restauración del reino original de Israel, y que es se referido también en las Escrituras como “el trono de David” o el “Tabernáculo de David” (Véase Hechos 15:16-17; Amos 9:11-12).
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¿Qué tiene que hacer el sufrimiento con él?
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El Reino de Dios es descrito como estar sujetos a sufrir en su núcleo actual. (Ver Mateo 11: 12, 2 Tesalonicenses 1:5). Esto se debe a que los herederos del Reino futuro de otro modo conocido como “los santos del Altísimo” (Daniel 7:18,22,27), no tienen ninguna autoridad presente. Se podría comparar a los discípulos de Jesús como “gobernantes de espera» que sufren por sus creencias presentes ahora, pero van a heredar “el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” Mateo 25:34, cuando Jesús venga. Luego serán, “… reyes y sacerdotes para nuestro Dios, y reinaremos sobre la tierra.” Apocalipsis 5:10.
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Pronto en la tierra
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Reino de Dios con la ventaja añadida de “autoridad” se establecerá cuando Jesús regrese, “Porque él debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies” 1 Corintios 15:25.
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Hablando del Rey Jesús, el profeta Jeremías dice: “He aquí, el que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David una rama de la justicia, un rey reinará y prosperar, y juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; ahora Este es el nombre por el que se llamará, LA JUSTICIA DE NUESTRO SEÑOR.” Jeremías 23:5-6
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Los objetivos del Reino de Dios
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El primer objetivo del Reino de Dios es restaurar la paz mundial, y quien diría lo contrario. (Ver Isaías 2:4, 32:17-18; Zacarías 9:10).
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Los próximos objetivos implican la restauración de las necesidades espirituales y la adoración de la gente (véase Isaías 2:2-3; Zacarías 14:16-17, Hechos 15:16-17) y después de una restauración física del mundo que actualmente está sufriendo en el área del medio ambiente como nunca antes. (Ver Isaías 35, 41:18-20, 51:3, Ezequiel 36:34-35; Amos 9:13-14, Joel 3:18, Zacarías 14:8-10).
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Jerusalén es representada como la capital política, y lo más importante, el centro mundial del culto en el siglo venidero. “En ese momento Jerusalén se llamará el trono del Señor y todas las naciones se reunirán a ella.” Jeremías 3:17 (Ver Isaías 2:3, 62:1-2, 6-7; Zacarías 8:20-22).

jueves, 29 de octubre de 2009

EL CREADOR EN COLOSENSES 1:16

Las palabras iniciales de Colosenses 1:16, como están traducidas en muchas versiones, dan la impresión de que Jesús fue el creador del universo en Génesis 1:1. Pero tenga en cuenta que “el griego ‘en auto’ no significa ‘por Él’” (El Comentario Griego de los Expositores sobre Colosenses, p. 504).

Meyer, Ellicott, Moulton / Milligan dan a la palabra un sentido causal: “A causa de Jesús” todas las cosas fueron creadas. Esto, por supuesto, es una “historia muy diferente”. La creación realizada por el único Dios de Israel, el Dios y Padre de Jesús, estaba en mente con Jesús como el propósito de la creación. Jesús, podríamos decir, fue la ocasión para la creación. Pero Jesús mismo era el Hijo de Dios profetizado (2 Sam. 7:16), el Mesías. Él vino a la existencia como Hijo de Dios por el milagro de la Nueva Creación forjada en el seno de su madre (Lucas 1:35): Es “precisamente a causa de” (Dio kai) la concepción virginal de que Jesús era el Hijo de Dios. La relación de causalidad es más clara. “A causa de” su creación especial en María, Jesús es llamado el Hijo de Dios. Lucas no era un seguidor de los credos post bíblicas -que decían algo muy diferente. Noviembre 1998


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martes, 27 de octubre de 2009

CRISTO NO PREEXISTIO NUNCA

Por Anthony F. Buzzard.
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Aunque el Mesías fue conocido de antemano (no conocido, sino preconocido, como lo fue Jeremías antes de su nacimiento, Jer. 1:5), él fue manifestado por medio de ser traído a una existencia real en su nacimiento (Lucas 1:35). Esta es una manera típicamente Judía de entender el propósito de Dios para la humanidad. El ejecuta el plan en el tiempo apropiado.
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La clase de “preexistencia” que Pedro tenía en mente es la clase que encaja con el ambiente Judío, no con la atmósfera Griega del Cristianismo posterior post-bíblico.
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No tenemos el derecho de decir que Pedro estaba familiarizado con la idea de la preexistencia de Cristo con el Padre antes de la encarnación [no tenemos el derecho de afirmar que Pedro era un Trinitario!]. Porque esta idea no está necesariamente implicada en su descripción de Cristo como “previsto desde antes de la fundación del mundo”, ya que también los Cristianos son objetos de la presciencia de Dios. Todo lo que podemos decir es que la frase pro kataboles kosmou [antes de lafundación del mundo] afirma un rango e importancia supramundano para el oficio y obra deCristo...Pedro no ha ampliado su creencia en la divinidad de Cristo hasta una afirmación de su preexistencia: su Cristología es más como aquella de los primeros capítulos de Hechos que la de Juan y Pablo.7
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Pedro, como el Apóstol líder (Mat. 10:2), no hubiera tenido simpatía con cualquier opinión Trinitariana o Arriana de Jesús (cp. Los modernos Testigos de Jehová).
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Notamos también que para Pedro la salvación futura de los Cristianos, el Reino que van a heredar cuando regrese Cristo, está igualmente esperando en el cielo “listo para ser revelado en el postrer tiempo” (1 Pedro 1:5). La segunda venida será de este modo un “Apocalipsis” o “revelación” de lo que ahora está “existiendo” aunque escondida de nuestra vista. Del mismo modo se ha dicho de Jesús que él fue “conocido de antemano (previsto),” y que espera ser revelado en el tiempo apropiado de Dios (1 Pedro 1:20). Ni el Reino ni Jesús realmente existieron antes (por adelantado). Ellos fueron planeados desde antes de la fundación del mundo.
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Pablo usa el mismo concepto y lenguaje acerca de la futura resurrección e inmortalidad de los santos. El dice que nosotros ya “tenemos un edificio de Dios, una casa preparada para la era venidera (2 Cor.5:1).8 Nuestra futura resurrección del cuerpo ya “existe” en la intención de Dios y puede ser creída en ella como real porque es seguro que se manifestará en el futuro. En ese sentido la “tenemos” aunque nosotros obviamente no la poseemos literalmente. Lo mismo es verdad del tesoro que tenemos en el cielo. Este es prometido para nuestro futuro. Recibiremos nuestro galardón de la herencia (Col. 3:24) cuando Cristo lo traiga del cielo a la tierra en su futura venida.

lunes, 26 de octubre de 2009

...SER O NO SER RICO?: -HE AQUI LA CUESTION!-


Por Ingº Mario A Olcese

¿Puede un cristiano decidirse hacerse rico? ¿Es pecado que un cristiano sea rico en este mundo?¿Desea Dios que todos sus hijos sean ricos en esta vida? Estas son preguntas muy interesantes, sin duda.

Hay cristianos que tienen muchas riquezas, pero la gran mayoría de los creyentes tienen muy poco o nada. ¿Es que Dios hace diferencias entre sus hijos? ¿Son algunos más capaces que otros para hacer riquezas? ¿Por qué no todos los fieles son bendecidos de igual manera?

Sin duda alguna el dinero es necesario para vivir, ¿pero es la abundancia de riquezas una señal de bendición de Dios? La respuesta, aunque parezca inaudita, es NO. Dios a través de Salomón nos habla de que desistamos de hacernos ricos, porque el amor y la acumulación de dinero traen aflicción de la carne y una serie de peligros y tentaciones que nos pueden conducir a la perdición (Prov. 23:4,5). Si esto es verdad, y no lo dudamos, ¿podríamos pensar por un instante que Dios desea que seamos todos muy ricos en esta vida sabiendo los riesgos que correríamos por llegar a serlo?

Cristianos talentosos y ricos

Algunos cristianos se hacen ricos porque nacieron con una “visión” especial para los negocios. Estos hermanos tal vez no se propusieron hacerse ricos, pero supieron aprovechar las oportunidades que se les presentaron para hacer dinero y lo lograron con mucho éxito y esfuerzo (Ecl. 9:11). Estos son buenos cristianos, y aunque son muy ricos, no tienen su amor y su corazón puestos en sus riquezas, sino en el Señor. Ellos muestran un equilibrio en sus vidas, y no dejan que sus posesiones materiales los separen del Señor (Sal. 62:10). Pero otros creyentes ricos caen en una trampa y en un lazo de los cuales no pueden zafarse fácilmente. Estos están actualmente soportando innumerables aflicciones y tribulaciones por haber hecho del dinero su dios (1 Tim.6:9-11).

Los creyentes sabios, que por sus propios medios lícitos se han hecho ricos, usan sus riquezas para compartirlas con aquellos que tienen muy poco. En realidad Dios ha dado a algunos la ocasión de hacer dinero para que luego lo puedan distribuir entre los menos afortunados. El Señor quiere que los ricos sean buenos administradores de sus riquezas, y que ayuden a los más necesitados, construyendo hospitales, asilos, comedores, colegios, universidades, etc (1 Tim. 6:17,18). Y es que finalmente esas riquezas fueron obtenidas, no para que ellos se queden con ellas, y las guarden en las bóvedas frías de los bancos, sino para compartirlas solidariamente también con otros hermanos en la fe, e incluso, con los incrédulos. Recordemos que el amor que debe caracterizar a la iglesia verdadera se demuestra con hechos y no tan sólo con palabras vacías (1 Juan 3:18).

Jesús dio importancia a la solidaridad, y de eso no quepa la menor duda. Al joven rico Jesús le dijo que diera su fortuna a los pobres, y Saqueo fue alabado porque daba la mitad de sus ingresos a los necesitados. El Señor desea que los pobres sean ricos, pero ricos en fe, pues si el Señor hubiese querido que todos los creyentes fueran ricos en cosas materiales ahora, sin duda lo serían (Santiago 2:5). Pero lo cierto es que el dinero en abundancia es un peligro y no es para todos. Los que creen que por hacerse cristianos serán bendecidos con mucho dinero y comodidades en este siglo, están muy equivocados. Las Escrituras no nos prometen nada en absoluto de que si nos hacemos cristianos saldremos por arte de magia de la pobreza y nos convertiremos en príncipes con grandes mansiones y lujosos automóviles.

Lo sorprendente de todo esto es que hay muchos “evangelistas” que nos aseguran que podemos salir de la pobreza material hoy y ser verdaderamente ricos, si sólo somos generosos con nuestros fondos para con ellos. Ellos ven la pobreza como una maldición, cuando en realidad la extrema pobreza y la extrema riqueza son una ofensa a Dios. Ningún extremo es saludable, sin duda. Sin embargo, la promesa del Señor es que no nos dejará en esa extrema miseria que viven muchos hombres hoy porque están alejados de Dios por el pecado. Sus vicios y sus decisiones equivocadas los vuelven más pobres, pero una vez que retoman el camino de la luz por el evangelio, estas personas ven cómo sus vidas temporales mejoran, y sus exiguos ingresos parecen ser más grandes. Ya no gastarán más en cerveza, cigarrillos, drogas, mujeres, y otros vicios más que los han empobrecido hasta la miseria.

Por mi parte yo quiero ser un sabio y piadoso administrador de mis posesiones en la tierra, sean éstas abundantes o escasas. Yo quiero dar sin esperar nada a cambio. Cuando le doy a alguien, yo no quiero estar motivado por el deseo de que Dios me bendiga. Quiero dar porque amo a mis semejantes y porque quiero usar el dinero del Señor como Él lo haría. Quiero dar con alegría y con entusiasmo, no en la obligación o mero sentido del deber. Deseo compartir con aquellos que no tienen lo suficiente para vivir, primero a los de la fe y después a los incrédulos.

Debemos dar, no sólo porque Dios espera eso de sus buenos hijos, sino porque sentimos verdadera compasión por los necesitados. La solidaridad y la generosidad sin un sentimiento de amor y empatía por el necesitado, no tiene mucho valor…y tal vez ninguno.

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LA RESTAURACION DEL TRONO Y EL REINO DE DIOS


Al anunciar el Ángel del Señor a María que ella daría a luz al Hijo de Dios, le dijo esto: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, tú concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo y el Señor Dios os dará el trono de David su padre y reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no habrá fin “(Lucas 1:30-33).

Los apóstoles del Señor Cristo Jesús que lo habían seguido fielmente durante el curso de su ministerio, entendían que debían ser recompensados por su fidelidad. Pero de qué manera? Pedro fue el que puso a su pregunta en palabras: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. ¿Qué, pues, tendremos? “El Señor le dio una respuesta clara e inequívoca:” Vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros también se sentará en doce tronos para juzgar de las doce tribus de Israel “(Mateo 19:27-28).

La palabra traducida como “regeneración” es muy interesante. El griego palingenesia se deriva de Palin, que significa “nuevo”, y génesis, que significa “nacimiento” o “principio”. La palabra entonces habla del re-nacimiento o la reconstitución del reino de Israel, que es el reino de Dios, con Cristo que reina en el trono de David su padre (Lucas 1:32-33).

Una palabra con un significado similar ocurre en el libro de los Hechos. Pedro habla de “los tiempos de refrigerio” que “vendrán de la presencia del Señor, y Él envíe a Jesucristo … quien debe recibir los cielos (Salmo 110:1, Hechos 2:32-33) hasta los tiempos de la restitución de todas las cosas de que Dios ha hablado por boca de sus santos profetas “(Hechos 3:19-21). La palabra “restitución” es de la palabra Griega apokatastasis, derivada de apo, “Volver de nuevo,” y kathistemi “poner en orden,” por lo tanto, literalmente, “poner en orden de nuevo”, y así completamente restaurado. Obviamente, Pedro se refería al “reino”, que debe ser restablecido, con el trono en “Jerusalén como en los días de antaño “(Malaquías 3:4).

Estos puntos son suficientes para convencernos de que la iglesia no es el reino, puesto que la iglesia no requería ser restaurada sino edificada (no re-edificada).


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LA VENIDA DE CRISTO Y SU REINADO EN LOS SALMOS

El Salmo 2 describe elocuentemente una confrontación inminente. Las naciones se “airarán” en sus pensamientos vanos, cuando se combinen muchos poderes para tratar de resistir la autoridad de Cristo en ese día (Salmo 2:1-2). Se rechazará la supremacía divina, pero Dios mantendrá su poder y su soberanía (Salmo 2:3-5). A pesar de la oposición de las naciones, Él establecerá a Cristo como Rey en el trono de David en Jerusalén, dándole los confines de la tierra por su posesión” (Salmo 2:6-8). El poder de las naciones será “roto” (Salmo 2:9). Los jefes de los gobiernos de toda la tierra serán advertidos a someterse al reinado justo de Cristo o perecerán (Salmo 2:10-12).

El mensaje de este salmo no es difícil de comprender, siempre que se entienda que tiene una aplicación clara a la segunda venida de Cristo en el Apocalipsis (Apocalipsis 2:26-27), donde el Salmo 2 se hace referencia en relación al regreso del Señor Jesucristo).

El profeta Isaías utiliza una terminología similar a la encontrada en el Salmo 2. Él dice: “¡Ay! multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo del mar, y murmullo de naciones que harán alboroto como bramido de muchas aguas. Los pueblos harán estrépito como de ruido de muchas aguas; pero Dios los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento, y como el polvo delante del torbellino.” (Isaías 17:12-13).

El libro de los Salmos menciona estos acontecimientos trascendentales muchas veces en un lenguaje muy claro para evitar malentendidos: “Levántate, oh Dios, juzga la tierra: porque heredarán todas las naciones … que los hombres sepan que tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”(Salmos 82:8; 83:18).

Una de las historias más bellas y espectaculares de futuro reinado de Cristo en la tierra se encuentra en el Salmo 72. Gire a este Salmo y lea con cuidado. El salmo se puede dividir en seis partes, que presentan:

Vv. 1-4. . . . Un reino de justicia
Vv. 5-7. . . . Un reino de respeto
Vv. 8-11. . . . . Un reino de renombre
Vv. 12-14. . . . Un reino de Socorro
Vv. 15-16. . . . Un reino de resultados y de reposición
Vv. 17-20. . . . Un reino de respuesta

Ahora, mire más de cerca el maravilloso mensaje de este salmo. Cada versículo revela un aspecto maravilloso del reinado venidero de Cristo en la tierra. Note la secuencia de los eventos:

v. 1. El Rey real de Dios recibirá su trono.
v. 2. Los juicios sabios del rey.
v. 3. Su gobierno justo y recto.
v. 4. Su preocupación por los necesitados, la destrucción de los tiranos.
v. 5. El rey, que será respetado por todos.
v. 6. Su reinado traerá frescura, fertilidad y fecundidad.
v. 7. La justicia prevalecerá y la paz duradera será establecida.
v. 8. Él tendrá el dominio de todo el mundo.
v. 9. Sus enemigos se arrepentirán y le responderán a él.
v. 10. Otros gobernantes se inclinan a su autoridad y poder.
v. 11. Todos los gobernantes renunciarán a sus oficinas en favor de su gobierno.
v. 12. Él hará provisión para todos los necesitados.
v. 13. El cuidará a los menos privilegiados y desfavorecidos.
v. 14. Se protegerá a los débiles.
v. 15. Será un rey-sacerdote y mediador.
v. 16. La tierra prosperará, no sufrirán de hambre.
v. 17. Todas las naciones le reconocerán y lo alabarán.
v. 18. La Alabanza a Dios resuena en todo el mundo.
v. 19. El nombre de Dios y la gloria será reconocido y él debe será reverenciado.

Este notable Salmo profético demuestra muy claramente lo que se producirá en el regreso de nuestro Señor Jesucristo.

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