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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

lunes, 28 de febrero de 2011

PUESTA NUESTRA MIRADA EN EL GALARDÓN


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

La Promesa de un Galardón: ¿Lo conoce usted realmente?

En los siguiente pasajes quiero mostrarles que Dios nos tiene reservado un galardón:

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón“ Hebreos 11:24-26.

Hebreos 10:35: No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón

Proverbios 11:18: El impío hace obra falsa; Mas el que siembra justicia tendrá galardón firme.

Mateo 5:12: Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Lucas 6:35: Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.

Hebreos 10:35: No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón;

11. Hebreos 11:6: Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.

2 Juan 1:8: Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo.

Apocalipsis 22:12: He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.

¿Y cuál es ese Galardón que nos espera?

Para descubrir cuál es el galardón que nos tiene preparado del Señor s necesario que ustedes comparen Apocalipsis 11:18 y Daniel 7:22. Veamos:

Apocalipsis 11:18: Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y EL TIEMPO de juzgar a los muertos, Y DE DAR EL GALARDÓN a tus siervos los profetas, A LOS SANTOS, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Daniel 7:22: “Hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; Y LLEGÓ EL TIEMPO, Y LOS SANTOS RECIBIERON EL REINO”.

Observe, estimado lector, que tanto en Apocalipsis 11:18, como en Daniel 7:22, se nos habla de UN TIEMPO EN PARTICULAR para que LOS SANTOS reciban EL GALARDÓN, que claramente es descrito en Daniel como ¡¡¡EL REINO DE DIOS!!!

Es por eso que los predicadores, maestros, y pastores deben enseñar a sus discípulos que el galardón de Dios tiene su nombre propio: EL REINO DE DIOS. Pero muchos predicadores de hoy prometen a sus seguidores que si son fieles a Dios ellos irán al cielo para vivir eternamente como angelitos alados, tocando un arpa o lira dorada en compañía de todos los santos ángeles. Esta creencia no es el verdadero galardón prometido por Dios y Su Hijo. El verdadero galardón es el reino de Dios, aquel mismo reino que él vino a predicar y a enseñar insistentemente durante sus tres años y pico de ministerio en la tierra (Ver Marcos 1:1,14,15; Lc. 4:43; Hechos 1:3; Mateo 24:14).

Los apóstoles jamás entendieron que el reino de Dios era partir al “reino EN los cielos” a través de sus almas inmortales, para eternamente vivir con la Deidad, Su Hijo, y sus ángeles. Ellos creyeron en un reino real que se restaurará en la tierra cuando el heredero del mismo aparezca en toda su gloria con sus ángeles, y diga: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mt. 25:31,34). Y claro, ese reino ES un reino real, pero perfecto y justo, el de David, el cual será restaurado en la tierra de Israel, en la misma capital, Jerusalén, por “aquel varón” ungido, el Señor Jesucristo (Mateo 1:1; Hechos 1:6,7).

domingo, 27 de febrero de 2011

EL “QUÉ” Y EL “CÓMO” DEL EVANGELIO COMPLETO


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

El “Qué” del Evangelio

El Señor Jesucristo vino al mundo para traernos un mensaje del Padre, el cual él llamó “El evangelio o buenas noticias del reino de Dios” (Lucas 4:43). Además, él llamó a la gente al arrepentimiento y a la creencia en su mensaje o evangelio del reino para ser salvos (Marcos 1:1,14,15;16:15,16).

Debemos también entender que nuestro Señor vino para confirmar las promesas hechas a los Padres, es decir, para que la gente supiera que Dios, algún día, cumpliría Sus promesas y pactos hechos con los padres (Abraham Issac, Jacob, David), tanto sobre la posesión de una tierra bendita como la herencia del reino de David que se restaurará en esa tierra de promisión que fluye leche y miel (Rom. 15:8). Recordemos que estas dos promesas aún están pendientes de cumplirse hasta que venga la simiente de Abraham y de David, el Señor Jesucristo (Mateo 1:1).

Hagamos un recuento breve. Dios llamó un día a Abraham para que saliera de su tierra pagana e idólatra para darle una tierra bendita, tanto para él como para su descendencia (Gén. 12:1; 13:15; 15:18). Y Abraham no dudó ni un minuto el llamado de Dios, y se dispuso con su familia a abandonar la tierra de sus padres (Ur) a una nueva tierra. Del mismo modo, Jesús nos llama a nosotros para que salgamos de este mundo corrupto para heredar esas mismas promesas hechas por Dios al padre Abraham, a Isaac y a Jacob.

Jesús no vino a hablarnos de nuevas promesas que sustituyen a las antiguas, sino, más bien, a confirmar las prístinas u originales reveladas a Abraham, como ya dijimos antes, para que por ellas nosotros nos sintamos impelidos al arrepentimiento, y seamos considerados hijos de Abraham por la común fe, y seamos coherederos con Cristo de esas mismas promesas (Gál. 3:7,16,29, Rom. 8:17). Este promesa de Dios a Abraham de una bendición para él y su descendencia, el apóstol Pablo dice que fue un anuncio anticipado del evangelio al padre de la fe (Gál. 3:8). El evangelio que fue predicado anticipadamente a Abraham se resumía: “En ti, todas las familias de la tierra serán benditas”. Y esa bendición vendría por la misma fe que tuvo Abraham. El fue justificado por la fe, al haber creído en las promesas de Dios. Hoy, los hombres son justificados por la fe, y en el mensaje que vino a confirmar, es decir, las promesas hechas por Dios a Abraham, Isaac, y Jacob…y a David, a quien Dios le prometió que su reino no desaparecería, sino que continuaría con un varón de su linaje que lo restauraría en un futuro no conocido por nadie.

Estas promesas de una tierra y un reino es lo que yo suelo llamar “El Qué” del evangelio, o la oferta del evangelio para que procedamos al arrepentimiento y a la salvación. El apóstol Pablo nos dice sobre estas grandísimas promesas, lo siguiente: “Así que, amados, puesto que tenemos tales PROMESAS (El “Qué”), limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu (por la sangre de Cristo), perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (El “cómo”) (2 Cor. 7:1). Es decir, teniendo esa HERENCIA de las promesas por delante (la vida eterna en el reino de Dios en el nueva tierra), ¿cómo no vamos a cambiar de corazón y de conducta con el arrepentimiento sincero y en el temor de Dios?

El “cómo” del Evangelio

Así que teniendo por delante esas promesas maravillosas de una tierra bendita y un reino justo y recto, Pablo nos llama a limpiarnos de toda contaminación de la carne, y esto se logra justamente a través de la cruz de Cristo y su sangre derramada para limpiarnos de nuestros pecados pasados. Esto dice Pablo: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”.

Y por su lado, el apóstol Pedro resume de este modo el “Qué” y el “cómo” del evangelio:

2 Pedro 1:4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas (el “Qué”), para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina (“El Qué”), habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia (El “cómo”); 1:5 vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; 1:6 al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; 1:7 a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. 1:8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 1:9 Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados (el “cómo”). 1:10 Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. 1:11 Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (“El qué”).

Esta era, y aún es, una buena noticia de salvación para todos, y de hecho es el “cómo” del evangelio que hace posible que los hombres hereden en “Que” del evangelio, es decir, la tierra prometida a los padres y el reino restaurado a David.

El problema del evangelismo hoy

Los más de los predicadores sólo se atienen en el “cómo” del evangelio, es decir, en el sacrificio de Cristo para redimirnos de los pecados pasados y salvarnos de la condenación eterna, pero se olvidan de enseñar el “Qué” del evangelio, o lo que es lo mismo decir, el premio o galardón que recibiremos por nuestra reconciliación con Dios, es decir, el reino de Dios en la nueva tierra. Es por eso que tanto el reino de Dios, como el sacrificio de Cristo, su sepultura y su resurrección al tercer día, se los llama, “el Evangelio” (Mr. 1:1,14,15; 1 Cor 15:1-5).

Mientras que los predicadores no entiendan que el evangelio completo es el “Qué” (el galardón o herencia) y el “cómo” (la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo al tercer día para nuestra redención total), ellos estarán predicando un evangelio confuso y parcial.

Es hora ya que los predicadores acepten que el “Qué” del evangelio, el Señor Jesús lo proclamó como el reino de Dios. Éste fue “la fe de Jesús” y la esperanza que vino a predicar insistentemente desde el inicio hasta el final de su ministerio (Mr. 1:1, 14,15; Hechos 1:3, Lc. 4:43).

miércoles, 23 de febrero de 2011

UNA SECTA MORTIFERA QUE TODOS DEBEMOS EVITAR A TODA COSTA!

El colmo de la estupidez...
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Muere un testigo de Jehová argentino por no recibir una transfusión de sangre. Sí, mis amigos, la semana pasada se ha dado otro caso de fallecimiento de un testigo de Jehová por la negativa de los adeptos de este grupo a recibir transfusiones de sangre alegando motivos bíblicos. Ha sucedido en la provincia argentina de Rosario. Camilo Zampini sufrió un accidente de moto y cuando los médicos aconsejaron que recibiera sangre, su esposa se negó aludiendo cuestiones religiosas. La hermana presentó un recurso judicial para solicitar que le realizaran todo lo necesario para salvarle la vida, pero la respuesta favorable a dicho recurso llegó tarde.

¡Qué amorosa la viuda!

EL REINO Y EL PODERIO ESTARAN EN MANOS DE LOS SANTOS... PERO QUIENES SON LOS SANTOS?

El reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, serán dados al pueblo de los santos del Altísimo (Daniel 7:22,27)

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

El profeta Daniel nos habla que llegará el tiempo en que los santos del Altísimo recibirán el reino, el dominio y la majestad de los reinos que están debajo de todo el cielo. Es decir, que los santos serán los gobernantes de todos los reinos de la tierra junto con Su Majestad, el Señor Jesucristo.

Ahora bien, si descubrimos quiénes son los santos, sabremos quiénes gobernarán con Cristo en su reino. Analicemos esto con cuidado, porque de esto depende una sana interpretación de la Biblia.

¿Qué es santidad?

Wikipedia nos dice:

Para el Judaísmo el término hebreo para la santidad («kedushah» en hebreo: קדושה‎) significa «apartamiento» o «separación». En la religión hebrea, lo «santo» es lo «diferente» o «apartado», y en ese sentido Yahvé es «santo», distinto del mundo profano. Los objetos y las personas se «santifican» por su relación con Dios, habitualmente a causa de la elección divina, o por una ofrenda especial hecha a la divinidad. Así, por ejemplo, el «santo de los santos» del Templo de Jerusalén era el santuario reservado para el culto especial, separado especialmente del resto de los atrios, para significar su propiedad especial por parte de Dios, y esta «santidad» se extendía a Jerusalén, la «ciudad santa», los «días santos» reservados para el culto por Yahvé, y al pueblo hebreo, elegido por Dios. Buena parte del sentido de «santo» de la religión hebrea permea en toda la tradición cristiana.

La raíz de la palabra “santo” es apartado, separado. ¿En qué sentido está separado Dios? Está separado del hombre en lo que respecta a espacio. Él está en los cielos (Mt6.9b), el hombre, en la tierra. Él está separado en lo que respecta a la naturaleza, al carácter. Dios es perfecto, el hombre imperfecto; Dios es divino, el hombre humano y pecaminoso. Vemos, pues, que la santidad es el atributo que establece y preserva la distinción entre Dios y las criaturas. Denota no sólo un atributo de Dios, sino su naturaleza misma. Sólo Dios es santo en sí mismo. Se habla de gente santa, de edificio y objetos santos, porque Dios los ha santificado. La palabra “santo” aplicado a personas u objetos es un término que expresa una relación con Dios, o sea, que estos han sido separados para el servicio de Dios.

Así que para resumirlo muy escuetamente, un santo es una persona que está separada del mundo para servir a Dios. Esto no significa, sin embargo, que la persona deba recluirse en un claustro o monasterio para evitar todo contacto con el mundo exterior, porque ¿cómo podría ser esta persona “luz del mundo” si está escondida en cuatro paredes lúgubres y frías? Por lo tanto, el santo debe alumbrar con sus hechos y con su fe al mundo que está en tinieblas espirituales, sin hacerse parte de él. Simplemente el santo no se inmiscuye en los asuntos temporales de este mundo, y no hace lo que comúnmente hacen los inconversos que viven sin Dios.

Los santos de la Biblia eran personas comunes y corrientes que se distinguían por su conducta impecable, es decir, por su vida pura, honesta, y sencilla. Estos santos vivían confiados y observando las leyes de Dios con fiel devoción.

Sólo frío o Caliente: No hay término medio

Así como sólo hay justos e injustos (Véase Hechos 24:15), así también sólo hay santos e inmundos (Véase 1 Corintios 7:14). En ninguno de los dos casos hay términos medios. También hay “Hijos de Dios” e “hijos de diablo”, y aquí tampoco hay términos medios. O se es hijo de Dios, o se es hijo del diablo, pero no hay términos medios. Sencillamente los tibios serán vomitados de la boca de Dios.

Cuando los católicos romanos eneseñan que los santos son una clase especial de cristianos de entre un grupo más numeroso de fieles, simplemente están inculcando un craso error. Porque si sólo una minoría de creyentes católicos puede ser considerada “santa”, entonces la gran mayoría de los católicos sólo podría ser considerada como INMUNDA (véase 1 Cor. 7:14)— ¡No hay términos medios!

El Catolicismo ha torcido el concepto bíblico de la santidad

Recordemos que la santidad no es como lo predica la Iglesia católica, en donde ésta va asociada con la vida monástica, con la separación radical y total del mundo, con la opción por la pobreza y el celibato, con la ejecución de milagros, con la levitación, con la bilocación, con los estigmas, y finalmente, con la incorrupción.

¿Qué nos dice la Biblia sobre la Santidad?

Pablo nos dice:

1.- Hebreos 12:14: “Seguid la paz con todos, y la SANTIDAD, sin la cual nadie verá al Señor”.

Aquí Pablo dice que si queremos ver al Señor Dios, será necesario que seamos santos y sigamos la paz. Si la gran mayoría de católicos no son santos, entonces esta gran mayoría nunca verá a Dios.

2.- Efesios 4:24: “y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y SANTIDAD de la verdad.

Aquí el “nuevo hombre” a diferencia del “viejo hombre” se caracteriza por la justicia y la santidad. Si alguno no se caracteriza por la justicia y la santidad, es aún un “viejo hombre”. Y ya sabemos cómo se comportan los viejos hombres y a dónde acabarán finalmente. Dice Pablo de estos “viejos hombres, así; Efesios 4:22: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del VIEJO HOMBRE, que está viciado conforme a los deseos engañosos”.

3.- 1 Tesalonicenses 3:13: “Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en SANTIDAD delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos”.

Este pasaje nos dice que los santos serán irreprensibles cuando vuelva el Señor Jesús. Pero si alguno no es santo, ciertamente será censurado por ser un mal siervo de Cristo, cuando él regrese del cielo en gloria.

4.- Salmos 34:9: “Temed a Jehová, vosotros sus SANTOS, Pues nada falta a los que le temen”.

En este pasaje, los que “temen a Jehová”, que por cierto se refiere a individuos que buscan al Señor (v.10), y que ahora son sus hijos (v.11), son llamados “SANTOS”.

5.- Salmos 116:15: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus SANTOS”.

La muerte de los santos es estimada a los ojos de Dios, pero si alguno no es un santo, ¿Cómo podría la muerte del tal persona ser estimada por Dios? Recordemos que los católicos dicen que los santos son sólo algunos privilegiados, hombres especiales, y fuera de serie, de entre una gran masa de creyentes que no lograron ese nivel. Pero si fuera verdad lo que sostiene el romanismo sobre los santos, ¿podría la muerte de cualquier católico devoto que no alcanzó la santidad ser estimada a los ojos de Dios? Por otro lado, ¿fue la muerte del escritor de este salmo, el Rey David, estimada a los ojos de Dios? Si la respuesta es que sí, entonces David fue un santo, y por tanto, un futuro gobernante en el reino del Mesías. Recuerden que: “Después recibirán el reino los SANTOS del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre… y llegó el tiempo, y los SANTOS recibieron el reino. El reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, serán dados al pueblo de los santos del Altísimo” (Daniel 7: 18,22,27).

La Evidencia de que los santos en la Biblia podían ser muy imperfectos y sujetos al perfeccionamiento

1 Corintios

6:1 ¿Osa alguno de vosotros, cuando tiene algo contra otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos? 6:2 ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? 6:3 ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida? 6:4 Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que son de menor estima en la iglesia? 6:5 Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, 6:6 sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos? 6:7 Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados? 6:8 Pero vosotros cometéis el agravio, y defraudáis, y esto a los hermanos. 6:9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 6:10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 6:11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Si examinamos bien estos versos de arriba, veremos que Pablo reprocha a santos, a creyentes que juzgarían y gobernarían el mundo venidero, pero que aún les faltaba sabiduría para juzgar cosas insignificantes, y por eso peleaban y discutían airadamente entre sí, cometiendo agravios y defraudando a sus otros hermanos santos. Finalmente Pablo les dice a estos santos conflictivos que ellos ya han sido santificados y justificados (hechos justos) en el nombre de Jesús, y por el Espíritu de Dios.

Otro pasaje que nos habla de los santos como si fueran la grey o los feligreses del Señor en su conjunto, es Efesios 4:11, que dice: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

Noten ustedes ahora que los líderes cristianos, entre los cuales están los pastores (también llamados “ancianos” u obispos), fueron establecidos por el Señor para PERFECCIONAR a los santos, y edificarlos como lo que son, el cuerpo de Cristo (La iglesia). Es decir, el pastor tiene la función, junto con los otros líderes, de perfeccionar a personas que ya son santas, y que son parte del cuerpo de Cristo. Aquí no se dice que los líderes perfeccionarían a los fieles para ver así algunos lograrían la tan anhelada posición de “santos de la iglesia”. Realmente lo que se dice es que los santos serían perfeccionados, porque estaban aún ”creciendo en la fe”. Ah, y en este grupo seguramente habría un regular número de jóvenes como Timoteo.

Conclusión:

El remanente fiel del AT, así como todos aquellos fieles que en esta “era cristiana” han respondido al llamado del Señor (tanto Judíos como gentiles), y que han recibido la santificación y la justificación por la fe en el evangelio de Cristo, y en su sangre preciosa derramada en la cruz para el perdón de los pecados, son los llamados ‘santos’. A estos santos se les ha asignado un reino, y serán reyes en el reino de Cristo (Lucas 13:32).

Ahora sólo me cabe preguntarle:

¿Es usted un santo del Señor o no? Recuerde: ¡No hay término medio! O es usted un santo, o es usted un inmundo (1 Cor. 7:14)…¡Y ya sabe usted qué les pasará a los inmundos! (Ver Efesios 5:5: “Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o INMUNDO, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios”).

EX TESTIGO DE JEHOVÁ DA SU TESTIMONIO DE CUANDO ERA MIEMBRO DE ESTA SECTA

martes, 22 de febrero de 2011

LA GRAN ACOGIDA QUE HA TENIDO EL SITIO EN YOUTUBE: "FUERZA LAVASORIANA"

DOS TRONOS...


Muchos creyentes enseñan que el reinado de Cristo es desde el cielo, y que comenzó cuando él ascendió inmortalizado al ”reino de los cielos” para sentarse en el trono de Su Padre, a su misma diestra. Sin embargo, las misma Palabra de Dios nos dice que Jesús se sentará también en su propio trono, y no tan sólo en aquel que se sienta Su Padre. He aquí el pasaje clave:

Apocalipsis 3:21: Al que venciere, le daré que se siente conmigo EN MI TRONO, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre EN SU TRONO.

Ahora esta pregunta surge inmediatamente: ¿Y dónde se sentará Jesús en su propio trono?¿En el cielo, en Marte, o en la tierra?

He aquí unos pasajes importantes que nos hablan del reino de David que será restaurado por su hijo, el Señor Jesucristo:

Isaías 9:7: “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre EL TRONO DE DAVID Y SOBRE SU REINO, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”.

Acá, en esta profecía de Isaías, se nos dice que Jesús se sentará en el trono y el reino de DAVID…

Lucas 1:32: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará EL TRONO DE DAVID su padre”.

También acá, en Lucas, se nos dice que Jesús recibirá el trono de David su padre. Pero si el trono de David su padre es aquel que está localizado en el cielo, entonces David reinó en el cielo y no en tierra (Jerusalén), y eso nadie me lo creería ni por un segundo. Así que Apocalipsis 3:21 se refiere a un trono que es de Cristo y no del Padre. Además, este pasaje apocalíptico no nos dice nada de que dicho trono del Hijo está en el cielo, al lado del Padre, o en algún otro sitio. En realidad nosotros creemos que estará en el mismo lugar donde se sentó el legendario rey David, en Jerusalén. Y para cumplir esta profecía, Jesús deberá dejar el cielo y venir a la tierra para sentarse en el trono de su padre David en Jerusalén.

Dice Jeremías 3:17: En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: TRONO DE JEHOVÁ, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón.

Dice Salmos 122:5: “Porque allá (Jerusalén) están las sillas del juicio, los TRONOS DE LA CASA DE DAVID”.

Dice Mateo 5:35: “No juréis… ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la CIUDAD DEL GRAN REY”.

Así que el trono en que se sentará Jesús será el suyo, y no el de Su Padre que está en el cielo, el cual es inamovible. Y ese trono en el que se sentará Jesús, y que es suyo, es también llamado “el trono de David”, pues Jesús es su descendiente real, el varón designado por Yahweh y el heredero predicho por los profetas para sentarse en su trono en Jerusalén en su parusía, ocasión en que tomará su corona y su cetro.

¿Pero entonces por qué se le llama al “trono de David” el “trono de Yahweh” en otros pasajes?¿Es que acaso Yahweh tiene dos tronos, uno en el cielo, y otro en la tierra? No! Lo que sucede es que Jesús había dicho:

Mateo 23:39: “Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR (Yahweh)”. Así que cuando Jesús venga, vendra en el nombre de Yahweh, y en ese sentido es como si Yahweh mismo viniese en Su Hijo. Por lo tanto podemos decir que el Reino de Cristo, que es el reino de David, es también el reino de Yahweh. ¡Pero esto no quiere decir que el trono de David era el trono del Padre, o que el Padre mismo se sentaba en ese trono con David, lado a lado. Además recordemos que Dios dijo que el cielo es su trono, y la tierra el estrado de sus pies (Isa. 66:1).

Recuerde siempre que hay dos tronos, el del Padre en el cielo, y el de Hijo en la tierra. Este será el mismo en el que se sentó David, su padre, miles de años antes que él.

Este hecho no quiere decir que el Padre no tenga influencia en el reino de Cristo, pues definitivamente lo tendrá y lo bendecirá grandemente. Y no está fuera de lugar recordar que Jesús consideraba todo aquello que le pertenecía como si le perteneciera también a Su Padre y viceversa.

Juan 17:10: “y TODO LO MÍO ES TUYO, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos”.