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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

lunes, 13 de octubre de 2008

EL SUFRIR HUMANO Y LA BIBLIA

Por Ing°. Mario A Olcese (“Apologista”)

El Sufrimiento Humano

El sufrimiento al parecer es una experiencia innata al ser humano, y de hecho, en todas las criaturas de la tierra. Hombres y bestias sufren por igual por las enfermedades, las carencias, los abusos, las crueldades, etc, etc. Esta experiencia no distingue raza, sexo, edad, o condición social. Incluso hombres de buen corazón sufren horribles experiencias que difícilmente pueden superar. La pérdida trágica de un hijo, o de una esposa, o de un hermano, o de un padre, o de un amigo, resulta dolorosa y frustrante y como es lógico la gente se pregunta porqué ocurre todo esto si en verdad existe un Dios de amor y misericordia infinitas.

En una ocasión el rey David manifestó su malestar por sus sufrimientos cuando dijo: “Mis ojos están gastados de sufrir; se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.” (Sal. 6:7). Vemos, pues, que David era un varón de dolores, de sufrimientos. El era la figura del Mesías mayor por venir que sufriría igualmente por causa de sus detractores y enemigos acérrimos. Así que el sufrimiento moral de David era evidente. En el siguiente capítulo David se pregunta si su desventura se debe a algún mal proceder, diciendo: “…si hay en mis manos iniquidad; si he dado mal pago al que estaba en paz conmigo” (7:4). Acá David estaba pensando de forma natural que su sufrimiento podría ser el resultado de algún mal proceder de su parte, como ocurre muchas veces con nosotros cuando vemos nuestros propios sufrimientos.

Adán y Eva fueron condenados a sufrir penurias, enfermedades, y la muerte

Antes de la caída de la primera pareja humana todo era paz y felicidad en el paraíso terrenal hasta que entró el pecado en el mundo. Dios les había provisto a Adán y a Eva todo lo necesario para que pudieran vivir en armonía y en felicidad. Ellos habían recibido un huerto fértil que producía frutos por sí solos sin que ellos tuvieran que sufrir para ganar el sustento diario. La muerte y las enfermedades eran totalmente desconocidas para ellos, y ni siquiera pasaba por sus mentes que podrían algún día desaparecer de la tierra que Dios les había dado. No obstante, las Escrituras nos dicen que por la desobediencia de la primera pareja entró el dolor y la muerte en la creación. Dios le dijo a Adán que con el sudor de su frente ganaría el pan, y a la mujer Dios le dijo que daría a luz con dolor hasta que volvieran al polvo de la tierra de donde fueron tomados. Dice Génesis 3:16-19:“A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. 17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. 18 Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. 19 Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.

Cuando se habla de ganar el pan con el sudor del rostro se entiende la dureza y la dificultad que representa el trabajo resultando en un agotamiento físico como consecuencia del esfuerzo dedicado. Ya los campos no serían tan ricos como para cosechar abundantes frutos, y el sol abrasador quemaría la piel y agotaría al hombre en su faena diaria. Las plagas serían sus enemigos potenciales, así como las torrenciales lluvias o sequías. La vida sería realmente dura y difícil para Adán y su prole. Las mujeres tendrían partos difíciles y eventualmente podrían morir en el intento. Los seres humanos afrontarían finalmente la muerte no sin antes soportar dolores, enfermedades virales y bacteriales, y deformidades físicas y taras mentales. Sin excepción, hombres justos e injustos tendrían el mismo fin, pues así lo decidió Dios por la desobediencia de la primera pareja humana.


La Humanidad se corrompió

Nos sigue relatando el Génesis sobre la decadencia humana con estas palabras:

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. 6 Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón. 7 Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. 8 Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. 9 Estas son las generaciones de Noé: Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé. 10 Y engendró Noé tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet. 11 Y se corrompió la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. 12 Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”. (Génesis 6:5-12).

En estos versículos vemos que la humanidad se había corrompido, porque los designios de los pensamientos de los hombres eran continuamente el mal proceder, y había violencia por todos lados. Definitivamente el hombre se alejó de Dios para hacer el mal, trayendo dolor, sufrimiento, injusticias, miserias, hambres, enfermedades, guerras, y mil males más que aún persisten en nuestros tiempos y que van en aumento día a día como los dolores de parto. Culpar a Dios por esta situación es injusto y una tremenda blasfemia, pues Dios mismo se opone a esta condición depravada del ser humano que le produce a Él tristeza y lamento. No olvidemos que Dios se arrepintió o se lamentó de haber creado al hombre, por decirlo de alguna manera. Pero definitivamente fue el hombre quien trazó su sendero que lo ha conducido finalmente al dolor y a la muerte.

A más Pecado, más Sufrimiento

Lo que la gente no entiende es que el pecado no sólo se paga con la muerte, sino que también durante el lapso de la vida provocará sufrimientos, conflictos y amarguras en los hombres. No hay paz para el pecador, y mientras éste persista en su pecado, cosechará dolor, amargura, frustración, insatisfacción, y mil males más. En Proverbios 13:21, leemos: “El mal perseguirá a los pecadores, mas los justos serán premiados con el bien”. Aquí hay una lección clara: A los pecadores no les irá bien por mucho tiempo, ya que serán finalmente acosados por el mal. El que hace bien cosechará el bien, y será feliz a pesar de los males que se le puedan presentar. Honestamente el hombre que hace mal cosechará más mal, y hará que los que le rodeen sean muy infelices.

En el Salmo 119:165 leemos algo muy cierto: “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay en ellos tropiezo”. Nótese que aquellos que aman la ley de Dios, y ciertamente la ponen por obra, tendrán mucha paz, y no experimentarán los tropiezos que tienen los que no la aman. Esta es una verdad inobjetable. Cuando uno vive obedeciendo a Dios, y cuidando de no violentar la conciencia natural que tiene todo hombre como freno, éste será realmente feliz y tendrá paz en el alma. Ningún pecador, salvo que sea un psicópata, puede sentir paz y tranquilidad en su vida. Los que desobedecen las leyes de Dios se ocasionan a sí mismos perjuicios irreparables. Muchos sufren de cáncer al pulmón, a la lengua, a la laringe, etc, por fumar cigarrillos, sabiendo que no lo deben hacer porque es dañino para la salud. Otros sufren de presión alta porque comen en exceso comidas que Dios manda no comer por ser ricas en grasas saturadas. Otros sufren de cirrosis porque toman en exceso licor, y mueren a temprana edad. Otro grupo sufre de SIDA porque desobedecen las reglas de la castidad, de la fidelidad, y la monogamia. Otros sufren de stress porque quieren hacerse ricos muy pronto, y dedican muchas horas al trabajo y poco al descanso reparador. Otro grupo de gente usa drogas alucinógenas para escapar de su triste realidad y terminan prostituyéndose, robando, y finalmente muriendo de un paro cardiaco, o de alguna enfermedad incurable o simplemente de suicidio. Ciertamente a más pecado, o más desobediencia a las normas de Dios, más es el sufrimiento y la tristeza experimentada. Para el pecador, todo y todos están sucios, pero para el justo y recto su visión del mundo es menos dramática y menos frustrante. Los justos pueden sentir más gozo y felicidad en este mundo a pesar de todo el mal que los rodea, porque tienen el Espíritu de Dios que produce en ellos el amor, el gozo, y la paz que tanto buscan los hombres por doquier.

El Sufrimiento como Maestro

Todo sufrimiento enseña a los hombres y les hace comprender los resultados de los desaciertos en la vida. Pero hay también un Dios que puede obrar en aquellos hombres deprimidos y cansados de tanto sufrimiento si lo buscan de corazón. La Biblia dice que el poder de Dios se manifiesta en la debilidad, y Jesús dice que él puede dar descanso a tales hombres hambrientos de justicia y restauración. Cuando el hombre cae enfermo de una enfermedad, y éste decide entregarse a Dios, y depositar su confianza en Él, entonces el poder de Dios se podrá manifestar en él para su restauración total. Entendamos que si no hubiese tantos sufrimientos, enfermedades, y angustias, menos tendría el hombre interés de buscar a Dios y poner su fe en Él. En Salmos 18:6 el salmista dice: “En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos”. Aquí observamos que las angustias o penurias de David lo impulsaron a buscar a Dios. Los sanos no lo necesitan a Él, sino los que están enfermos, dolidos, frustrados y angustiados. En Salmos 31:9 David vuelve a decir: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia…” Entonces podemos entender que la misericordia de Jehová se manifiesta en situaciones extremas, en estados de tristeza, frustración, angustia, sufrimiento, y carencias. Sin los sufrimientos no se puede percibir plenamente la misericordia de Dios, y por tanto se hace necesario que exista el mal y el sufrimiento entre los hombres para que Dios pueda mostrar todo Su bien y Su misericordia en ellos.

En el Salmos 37:39 David vuelve a decir: “Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él (Yahweh) es su fortaleza en el tiempo de la angustia”. Nuevamente Dios es la fortaleza de los justos en tiempos de angustia. Dios sostiene al justo sufriente, le da fuerzas para resistir. ¡Su poder se magnifica en la debilidad! Imaginémonos por un instante que todo fuera perfección, armonía, y felicidad entre los hombres. Simplemente no hubiéramos conocido el amor y la misericordia de Dios por con sus criaturas. Les invito a leer mi artículo titulado: “La Caída de los Primeros Padres: ¿Por qué Dios lo permitió?” que aparece en este mismo Sitio Web, para que usted comprenda porqué Dios permitió la caída de nuestros primeros padres.

En el Salmos 50:15 leemos: “E invócame en el día de la angustia;Te libraré, y tú me honrarás”. Acá comprendemos que la angustia no sólo sirve para que le invoquemos a Dios, sino también para que después de haber sido liberados de ella, nosotros podamos HONRAR a Dios. El plan final de las angustias y sufrimientos es que honremos y alabemos a Dios por sus misericordias. Toda vez que experimentamos un sufrimiento, y luego somos restaurados por Su divina misericordia, nosotros nos sentimos muy agradecidos a Él y con alegría deseamos servirlo y honrarlo como Dios y Padre.

San Pablo y su visión de los sufrimientos

Pablo dijo: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12:9,10). Aquí Pablo nos enseña dos cositas: Primero, que ser cristiano no significa que uno será inmune al sufrimiento; y segundo, que a pesar del sufrimiento experimentado, uno puede vivir con gozo porque sabemos que en ese estado el poder de Cristo puede morar en uno y fortalecernos. Sólo un hombre de fe puede sentirse gozoso en la debilidad (enfermedades, angustias, penurias, hambres, etc).

También Pablo les dijo a los creyentes Corintios lo siguiente: “El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. 6 Pero si somos atribulados, es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados, es para vuestra consolación y salvación, la cual se opera en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos. 7 Y nuestra esperanza respecto de vosotros es firme, pues sabemos que así como sois compañeros en las aflicciones, también lo sois en la consolación”. Aquí es claro que para Pablo el sufrimiento no era algo totalmente negativo, pues él creía que cuánto más sufrimiento tuviesen los creyentes, más consolación recibirían del Señor y por tanto, habiendo soportado las pruebas, llegar a ser salvos. Es más que evidente que para Pablo los padecimientos de los creyentes tenía un fin claro: recibir la consolación y la salvación de Dios por la obediencia y el aguante. El mismo Señor Jesucristo tuvo que ser perfeccionado por los padecimientos. El tuvo que “curtirse” con los dolores y padecimientos de su carne. Dice Pablo: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:8,9). Claramente vemos que los sufrimientos de Cristo se tradujeron en fiel obediencia, perfección, y salvación. Esos mismos padecimientos de Cristo nos producirán igualmente una obediencia, una perfección y una salvación de todo nuestro ser.

http://www.elevangeliodelreino.org/
http://www.yeshuahamashiaj.org/ (Inglés y Español)