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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

domingo, 21 de marzo de 2010

LAODICENSES


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«Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete» (Ap. 3:14-19).

Duele mucho ver a tantos
En torpezas que han creído,
En doctrinas de los vanos
Que blasfeman al Bendito;
Insujetos al Señor,
Pero esclavos de los ritos.

Es muy triste ver a tantos
Alianzados con el mundo,
Consintiendo lo profano,
Aprobando lo de “abajo”
Que en el alma han sembrado.

Es penoso ver a tantos
Entre gritos y entre llantos,
En desorden indebido
Que sepulta todo juicio:

En la “danza” que promueve
El deseo, el anhelo
De la mente traicionera
Que acomoda a su manera
Las doctrinas del Eterno.

Es tan duro ver a tantos
Que van sordos, que van ciegos,
Abrigando lo de “afuera”,
Denigrando la conciencia
Con lo ambiguo y lo moderno.

Da vergüenza ver a tantos
Que aparentan la piedad:
En el templo son lumbrera,
En la calle oscuridad.

Son tan secos e inhumanos,
No hay amor por el perdido,
Al extraño y confundido
No les viene el ayudar.

Esos tantos lastimeros
Tienen grupo presuncioso,
Negligente y orgulloso:
«Dios me ama», dice presto,
«Tengo todo, soy muy rico».

Pero el «día» ya se «asoma»,
El Señor encarará
A los hombres de este grupo
Que con Ira lanzará
A los Fuegos Destructivos,
Al Infierno del Bramido:
¡Nunca más habrá empezar!

Javier Rivas Martínez.