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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

jueves, 18 de septiembre de 2008

EL IMPERIO NEOEVANGÉLICO

Marco Lara Klahr (Primera parte)

El magnate brasileño Edir Macedo Bezerra logró penetrar en México con 39 templos de la Iglesia Universal del Reino de Dios, en los que modernos redentores ofrecen liberar del mal a sus feligreses

Cante. Alabe. Agite con vigor sus brazos hasta empaparse. Implore. Aférrese al manto sagrado que todos los viernes pasará flotando a centímetros de su cabeza. Llore, gruña o ruja. Repita "amén" con la furia colectiva del caso, cada vez, hasta sentirse exánime. Enarbole las fotografías o las prendas de sus enfermos, y conjure con ello al Mal, que equivale, según este credo neoevangélico, a precariedad económica, enfermedad y vacío. Vamos, desafíe al demonio. Apriete párpados y quijadas, y cuando el pastor exclame, "¡Libéralo, señor Jesús!", entorne los ojos, babee, vomite sin dejar de maldecir.

Naufrague en este mar patético solemnizado por el piano. Hágalo como lo hacen miles de mexicanos cada día. Y después participe en la puja, seleccione entre la vasta gama de productos que tienen para venderle: agua del Jordán, biblias, libros, aceite del huerto de Getsemaní; sermones y alabanzas en discos compactos, jirones de la túnica de Jesús, fragmentos de su tumba o astillas de su cruz. En tres palabras, si puede, "Pare de Sufrir".

Inmerso en un escenario monumental y posmoderno, todo neón, todo fulgor, se le propone un viaje de casi dos horas, aeróbico, intenso y extenuante, guiado por aquella consiga perentoria con la que el obispo Pablo Roberto (pastor de la grey mexicana) planta cara a Satanás en un español cuasi portugués difuso y seductor: "¡Manifiéstate! ¡Vamos! ¡En el nombre de Jesucristo, manifiéstate! ¡Vamos!"
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Bajo el estilizado emblema corporativo rojo en forma de corazón, en cuyo fondo aparece calada una paloma en vuelo, los prodigios del religious franchising manan aquí a semejanza de hamburguesas, cosméticos, teléfonos móviles, metanfetaminas reductivas o complejos comerciales homogéneos a los que nos tiene habituados la globalización.

De Veracruz a Baja California, a través del centro, el Bajío y el norte, cada viernes, por ejemplo, usted dispone de alrededor de 40 templos espaciosos y pulcros (la mitad fueron cines, teatros o salones sociales); cinco horarios, un ejército de obreros uniformados a su servicio, y decenas de pastores brasileños, para someterse a un exorcismo masivo de acuerdo con los extravagantes cánones de la Iglesia Universal del Reino de Dios, cuya denominación Pare de Sufrir nos es hoy tan familiar como cualquier franquicia global.

Lo que ocurre en el interior de esos templos níveos, el comunicador brasileño Arnaldo Jabor lo describe así: "Centenas de miserables que no tienen ya nada, siendo expoliados por otros miserables, los obreros, que pueden ascender a pastores y tal vez a obispos, en una pirámide invertida de horrores, como montones de frutas podridas entre la basura callejera" ("Obispo Edir Macedo criou o Deus ejecutivo", en geocities.com/cronistaarnaldo/).
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En los cuernos de la globalización.
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Igreja Universal do Reino de Deus, Universal Church of the Kingdom of God, Communauté Chrétienne du Saint-Esprit, Comunidad Cristiana del Espíritu Santo, Oración Fuerte al Espíritu Santo o Pare de Sufrir; el visionario detrás de esta holding de la fe, que después de más de una década de persistencia toma solidez en México (llegó en 1991), es Edir Macedo Bezerra, un magnate brasileño que, montado en los cuernos de la globalización, a partir de 1986 gobierna su imperio corporativo desde Brooklyn.

Es uno de los pastores electrónicos que han florecido en Brasil al crear una gama de opciones espirituales basadas en un determinado estatus social. Están, por caso, la Asamblea de Dios, para las masas. La Iglesia Sara Nossa Terra, para la élite política y mediática. La Asociación del Evangelio Pleno, para la crema empresarial. Atletas de Cristo, para los deportistas profesionales. Y la Iglesia Universal del Reino de Dios, que apela a la abatida autoestima de las clases medias urbanas, depauperadas por tres décadas de catástrofe económica latinoamericana.

Para situar al bispo Macedo, Valdemar Figueredo Filho, del Instituto Universitario de Investigaciones de Río de Janeiro y quien publicará Entre el escenario y el púlpito; religión, media y política , precisa: "Entendemos por Iglesia evangélica múltiples denominaciones bien distintas entre sí. Tenemos las que fueron implantadas en Brasil por colonos (luteranos, anglicanos) y las que surgieron mediante el trabajo misionero (bautistas, presbiterianos, metodistas). A principios del siglo XX ganó fuerza en Estados Unidos el movimiento pentecostal, que luego llegó a tierras brasileñas, sobresaliendo la que hoy es la mayor denominación evangélica brasileña la Asamblea de Dios".

Luego, "durante el siglo XX muchos fueron los desdoblamientos que dieron lugar a la formación de otras denominaciones evangélicas. Fueron surgiendo iglesias tanto de las llamadas tradicionales como de las pentecostales", advierte Figueredo Filho. "Conviene resaltar que estamos hablando de Brasil, un país con dimensiones continentales, que tiene una historia entrelazada a la de la Iglesia católica. Aquí la identidad cultural está imbricada a la herencia de expresión religiosa cristiana, según la concepción de la Iglesia católica. Cómo y por qué crecen los evangélicos en Brasil es una cuestión sociológica de gran importancia; ya no es suficiente el simplismo de que los evangélicos crecieron por la ignorancia y la pobreza de las masas urbanas y rurales.

"En todo caso, los datos referentes a dicho crecimiento son reveladores: en 1990, había 13.2 millones de evangélicos, según cifras oficiales; pero, de acuerdo con el censo demográfico de 2000, hoy son 26.16 millones. Y si consideramos que en 1940 los evangélicos no llegaban ni a 3 por ciento, podemos concluir que en Brasil vivimos una reforma religiosa de grandes proporciones sociales".

Subastas de la fe

Entre prostitutas, travestis, chichifos, vendedores ambulantes, niños de la calle, asaltantes, cocainómanos, don nadie y policías. A un costado de la plaza de San Pablo, detrás de la estación Pino Suárez del Metro. En uno de los rumbos más sórdidos del centro histórico, se yergue la más joven de las 39 "direcciones de la felicidad" que posee la Iglesia Universal del Reino de Dios en México. Es una accesoria con asientos para mil personas. Aún huele a pintura y los afiches que cubren sus altas vidrieras son nuevos. La clientela espiritual aún es magra, pero todo está listo.

Toda una sucursal, que incluye, sin duda, el mismo menú de servicios por día que las demás. Lunes, "bendición económica". Martes, "oración de sanidad". Miércoles, "reunión de los hijos de Dios". Jueves, "intercesión por la familia". Viernes, "oración de limpia". Sábado, "casos imposibles" y "terapia de amor". Domingo, "reunión del encuentro con Dios" y "maravillas de Dios". Lo que sucede aquí está ocurriendo, el mismo día, a la misma hora, de la misma manera, en el resto de los 38 templos esparcidos por el país.

Hoy es martes. Y, como se anuncia por diversos medios (impresos, electrónicos, virtuales), "los martes a las 7:30, 10:00, 16:00 y 19:00 horas", toca "oración de sanidad". Aunque en mucha menos cantidad, a Pino Suárez llegan feligreses recién atraídos en busca de lo mismo que quienes también abarrotan el antiguo cine Leo, en Santa María la Ribera (DF); el salón Diamante, en Chalco; los Cinemas Papanoas, en Ciudad Nezahualcóyotl; el ex cine Agustín Lara y Toña La Negra, en el Puerto de Veracruz; o el que dejó de ser Cinema 70, en Tijuana. Todos buscan salud.

Pero en México la meca de Pare de Sufrir es el ex teatro Silvia Pinal, en el núcleo de la Roma Sur, donde ofician el obispo Pablo Roberto y un equipo de pastores brasileños. Desde aquí se vigila que la Iglesia Universal del Reino de Dios funcione como un cuerpo, según las normas mercadotécnicas creadas por Bezerra a lo largo de 80 países (eso dice su ficha biográfica en Arca Universal, portal de su propiedad).

Este martes, a las siete de la noche, el Santuario de la Fe rebosa. Al frente domina un vitral con motivos coloridos en torno de una cruz amarilla, custodiado por un arco de medio punto y dos pares de columnas dóricas, al pie de las cuales se hallan las aguas del bautisterio. Abajo, al centro del escenario, el pastor oficiante dispone no más que de una tribuna, un micrófono y, bueno, su adiestramiento para enfrentar con éxito la cuarta pared. No lleva túnica, pues se antojaría anacrónico. Tiene el estilo Macedo: aspecto de ejecutivo, con su camisa blanca, corbata llamativa, reloj y un casquete mediano que le confiere un aire de sobria jovialidad. A su derecha, el pianista marca el toque a los episodios climáticos del ritual. Todo ocurre bajo la agobiante luz amarilla y blanca de reflectores, a la vista solícita de unos 60 obreros situados a los cuatro costados del recinto.

Lo que este moderno redentor tiene enfrente es su antítesis: un mar humano trémulo y dolorido. Enfermos crónicos y terminales, ancianos desesperados, ciegos, tuertos, cojos, mancos, deformes por accidentes o enfermedades, mutantes, trastornados mentales e hipocondriacos han venido en pos de consuelo y alivio. Se dejan conducir oprimiendo entre sus manos crispadas una telilla empapada en "aceite del huerto de Getsemaní".

Al principio son 45 minutos de cantos, alabanzas y rezos, guiadas por el orador, secundado por aquellas huestes de parias. Pero el segmento esencial de la ceremonia es la recolección del diezmo, donde lo más espectacular cuando la hay es la subasta.
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Tres obreros se sitúan enfrente con un saco de terciopelo rojo. Sin abandonar su elocuencia, el pastor dice que el programa de televisión nocturno en donde difunden su credo es costoso y todo mundo debe colaborar. Recurre a pasajes bíblicos. Y comienza llamando a depositar su diezmo sobre los sacos de terciopelo a quienes en la sesión anterior recibieron un sobre impreso después de comprometerse a aportar entre 2 mil y 500 pesos. En seguida, va anunciando biblias y CD para quienes aporten de 500 a 20 pesos.

Como tallador profesional, el oficiante empieza con 500 y varía la cifra, apenas perceptiblemente, hasta descender a 20. En forma simultánea, va formándose al pie del escenario, del lado izquierdo, una fila con quienes no tienen ni un peso que dar. El pastor conmina a almas pías a comprar para regalarles una biblia o un cd. Hasta que la singular subasta se cierra otra vez al alza: "¡2 mil! ¿Quién quiere aportar, para la próxima sesión, 2 mil pesos?"; y de nuevo, así hasta llegar a 200. Los que aceptan reciben un sobre impreso que deberán entregar lleno en la próxima ceremonia.

Hay sesiones en las que el pastor no es tan condescendiente con quienes no pueden pagar su diezmo y les exige relojes, teléfonos móviles y otras pertenencias. Para asegurarse de que aquella feligresía no huirá, alude a las "cadenas de oración": la oveja dejada de la mano de Dios debe acudir por lo menos siete semanas consecutivas para sanar, ver sanar a un ser querido, obtener un empleo, ganar más, comprarse un departamento, prosperar; en suma, para ver obrar el milagro.
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‘Marketing’ espiritual

Si las opciones (direcciones y horarios) que ofrece la corporación multinacional del obispo Edir Macedo Bezerra en México son insuficientes, hay una posibilidad ineludible. De lunes a domingo, a partir de las 12:30 horas, Canal 4 de Televisa transmite Habla que te escucho , conducido por el obispo Pablo Roberto. Se trata de un infomercial "hecho para su corazón", en el que el jerarca en México repite los sermones que se le escuchan cuando oficia en el Santuario de la Fe, coloreados con el mismo tipo de testimonios que publica el hebdomadario Pare de sufrir. Mediante enlaces, aparece simultáneamente en Guadalajara, Monterrey, Puebla, Toluca, León, Tijuana y Veracruz. En un formato semejante, de lunes a sábado, de las 11 a las 12 de la noche, Pablo Roberto tiene un programa radiofónico en el 590 y 1530 de AM.
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Si hay quien no puede acudir a las "direcciones de la felicidad", pero desea atenerse a su oferta, esta iglesia le propone atender el programa cada noche y, eventualmente, colocar fotografías o prendas de sus enfermos sobre el aparato receptor. Todo un concepto en marketing espiritual.

En ¿A dónde va la religión? (Sal Terrae, 1996, citado por Catholic.net), Miguel Pastorino apunta: "Autolatina, la mayor empresa privada de Brasil, factura 337 millones de dólares al año, mientras que la Iglesia Universal del Reino de Dios llega a facturar 950 millones de dólares, según la revista brasileña Veja , en 1998. En menos de 20 años, Edir Macedo convirtió un pequeño local alquilado de un barrio humilde de Río de Janeiro en la más grande multinacional brasileña".

Virginia Garrard-Burnett, del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas-Austin, opina que esta Iglesia "se ha expandido tan rápidamente en América Latina y otros sitios, debido en gran medida a que tiene una noción muy clara del mercado religioso en el cual opera (sigo la teoría promovida por académicos como Rodney Stara, Andrew Chesnut y Alejandro Frigeiro, quienes sugieren que la afiliación y el cambio religiosos pueden ser comprendidos mediante el uso de la teoría económica de la opción racional). Esto quiere decir que dondequiera que haya un mercado libre de la religión, la gente selecciona bienes religiosos de acuerdo con sus propias necesidades y preferencias".

En tal sentido, "esa Iglesia es muy hábil al detectar las necesidades de un mercado específico. Por ejemplo, en Brasil hace énfasis en los exorcismos y las confrontaciones directas con deidades africanas de Umbanda y Candomble. En Estados Unidos, donde lleva a cabo todos sus servicios en español (excepto en congregaciones del noreste, donde abunda la población de origen caribeño) y la mayoría de la gente son nuevos inmigrantes, el énfasis primario radica en la teología de la prosperidad (se santifica la búsqueda de riquezas y trata de ayudar a la gente para enfrentar problemas inherentes a la experiencia del inmigrante). En África, se concentra más bien en combatir a la brujería y en la venganza de los ancestros iracundos. Así, esta Iglesia está preparada y habilitada para adaptar su mensaje a cualquier situación de mercado que encuentre, lo cual la torna altamente competitiva".

El UniversalLunes 17 de mayo de 2004Nacion, página 2