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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

jueves, 16 de julio de 2009

¿PUEDE ALGUNO SALVARSE SIN SER HIJO DE DIOS? LO QUE DEBEN SABER LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

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Hay una secta de la Cristiandad que sostiene que sólo 144,000 personas fuera de Jesucristo son “hijos de Dios” y ninguno más. Me refiero a los mal llamados “Testigos de Jehová”. Esta organización ha dividido el rebaño del Señor en dos grupos diferentes: los que son hijos de Dios y los que no lo son, y como ellos son unos 7 y pico millones de miembros, esto quiere decir que la gran mayoría de ellos no tienen a Dios como Su Padre. ¿Pero es posible eso? ¿Puede alguno salvarse sin ser un hijo de Dios?

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Los hijos de Dios son los que Creen en Jesucristo

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En primer término, es importante decir que no todos los hombres del planeta son hijos de Dios, pues la Biblia dice que sólo los que aceptan a Jesucristo como su Señor y salvador se convierten en verdaderos hijos de Dios. Eso lo puede usted leer en Juan 1:12 y Gálatas 3:26. Si 7 millones de Testigos de Jehová dicen no ser hijos de Dios, ¿debo concluir entonces que ellos no han creído en Jesucristo ni lo han recibido en sus vidas?

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Los pacificadores son hijos de Dios

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El mismo Jesús nos dice que los pacificadores serán llamados “hijos de Dios” (ver Mat. 5:9). Si la gran mayoría de Testigos de Jehová no son hijos de Dios, y nunca lo serán, ¿concluiremos entonces que ellos no son pacificadores sino partidarios de la guerra y la violencia?

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Sólo dos alternativas: o “Hijos de Dios” o “Hijos del diablo”

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Las Escrituras nos presentan dos posiciones opuestas y bien definidas: Los que son hijos de Dios y los que son hijos del diablo. El apóstol Juan nos dice que existen los llamados “hijos de Dios” y los llamados “hijos del diablo” en el ámbito espiritual. Si alguno no es hijo de Dios, el tal es hijo del diablo. No hay otra alternativa ( ver 1 Juan 3:10).

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O Hijos de la luz o hijos de las tinieblas

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El apóstol Pablo les dice a los creyentes de Tesalónica que sólo hay “hijos de la luz” e “hijos de las tinieblas” (1 Tes. 5:5). Esto equivale a decir que sólo hay hijos de Dios e hijos del diablo. De modo que si los Testigos de Jehová enseñan que la gran mayoría de ellos no son hijos de Dios, lo que están diciendo es que casi todos ellos son hijos del diablo. ¡Qué tal tragedia!

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O Hijos o bastardos

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El apóstol Pablo dice en Hebreos 12:8 que si somos hijos de Dios ya no somos bastardos, es decir, hijos de un padre desconocido. De modo que si la gran mayoría de Testigos dicen que no son hijos de Dios, lo que están sosteniendo es que son unos bastardos espirituales, sin un Padre que los reconozca como suyos.

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Los hijos de Dios aman a Dios y guardan sus mandamientos

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El apóstol Juan es bien claro al decir en 1 Juan 5:2 que los verdaderos hijos de Dios son aquellos que aman a Dios y guardan sus mandamientos. Si esto es verdad, y no lo dudamos para nada, entonces la gran mayoría de Testigos de Jehová que rehúsan ser hijos de Dios no están amando a Dios ni guardando sus mandamientos. Es decir, son rebeldes y desobedientes a Dios.

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Los hijos de Dios son guiados por el Espíritu de Dios

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Los hijos auténticos de Dios son guiados por el espíritu de Dios, pues así lo afirma el apóstol Pablo en Romanos 8:14. Si 7 millones de Testigos de Jehová afirman no ser hijos de Dios, entonces éstos no son guiados por el espíritu de Dios, sino por el espíritu del mundo y del enemigo (ver 1 Cor.2:12). Además, no podrían entender las verdades preciosas del Señor puesto que no tienen la guía del Espíritu en ellos, y por lo tanto, no podrían alcanzar la salvación por falta de entendimiento.

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Los hijos de Dios aman a sus enemigos y hacen el bien

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Jesús dice que los que son misericordiosos, es decir, los que aman a sus enemigos, y hacen el bien, son hijos de Dios (Luc. 6:35,36). Si 7 millones de Testigos de Jehová no son hijos de Dios, ¿concluiremos entonces que ellos no son misericordiosos?

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Los hijos de Dios viven en santidad y pureza

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El apóstol Pablo dice que los que viven en pureza y en santidad éstos son hijos de Dios (2 Cor. 6:17,18, Efe. 1:4,5). Si 7 millones de Testigos de Jehová dicen no ser hijos de Dios, ¿concluiremos entonces que ninguno de ellos es puro y santo?

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Los hijos de Dios son herederos de Dios, y coherederos con Cristo

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Los verdaderos hijos de Dios son aquellos que afirman ser herederos de Dios y coherederos con Cristo. Pues bien, una de las cosas que Dios ofrece como herencia para sus hijos es su reino (ver Santiago 2:5). Si la gran mayoría de Testigos afirman no ser hijos de Dios, ¿cómo pueden esperar heredar el reino como sus súbditos y alcanzar la vida eterna (Tito 3:7)?

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Los hijos de Dios serán semejantes a Cristo

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El apóstol Juan nos dice que los hijos de Dios serán semejantes a Cristo, el cual resucitó glorioso e inmortal de la tumba (1 Juan 3:2). Si 7 millones de Testigos de Jehová afirman no ser hijos de Dios, ¿entonces semejantes a quién serán éstos? ¿Será que ellos no resucitarán de sus sepulcros cuando mueran para aparecer gloriosos como Cristo en su resurrección?

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La máxima expresión del amor de Dios es el habernos hecho sus hijos

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San Juan dice que la máxima expresión del amor de Dios hacia los justos es el haberlos hecho sus hijos (Ver 1 Juan 3:1). Si 7 millones de Testigos de Jehová afirman no ser hijos de Dios, ¿significa esto que Dios no les mostró su máximo amor a ellos sino sólo un poquito?

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Formas en que Dios llama a los que no son sus hijos

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Efe. 2:2 “hijos de desobediencia”
Efe.2:3 “hijos de ira”
Col. 3:6: “hijos de rebelión”
1 Tes. 5:5: “hijos de las tinieblas”
2 Ped. 2:14: “hijos de maldición”

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Después de leer toda esta clara evidencia que nos presenta la Biblia en cuanto a los verdaderos hijos de Dios, ¿persistirán los Testigos de Jehová en su rechazo a la filiación con Dios? No lo creo!!

domingo, 12 de julio de 2009

LA PERSPECTIVA GRIEGA Y EL NUEVO TESTAMENTO


Los seres humanos tienen distintas perspectivas (manera de interpretar algo), pero sólo aquella que está bajo los lineamientos o principios bíblicos será la perspectiva apropiada. En nuestro caso la perspectiva Hebrea es la correcta, tanto para estudiar como para enseñar la Biblia.

Iehoshúa (Jesús) era y es Judío. Fue criado en un hogar con padres que observaban las tradiciones y las leyes judías. Vivía en una tierra de nacionalidad judía llamada Israel y hablaba el idioma Hebreo. Tenía nombre en hebreo, el cual fue profetizado, siendo circuncidado al octavo día. Se presentó en el Templo a los 13 años para hacer su Bart MItzvá, y asistió a la Sinagoga en Shabat como era su costumbre. Todo esto es el entorno hebreo que no podemos obviar al querer estudiar al Mesías y sus enseñanzas. Ignorar su entorno, el cual es una cultura bíblica, creará un vacío muy grande en todo aquel que desee estudiar y enseñar la biblia apropiadamente con una perspectiva apropiada. Por lo tanto, el pensamiento bíblico sólo se puede entender bajo su perspectiva apropiada, que es la hebrea. Así no se distorsionará el mensaje dado por Dios a través de diversos hombres idóneos y en tiempos propicios. Debemos conocer la perspectiva para interpretar bien la Escritura y no decir algo diferente o contrario a la verdad.

Lamentablemente, la perspectiva hebraica hace tiempo ha desaparecido del cristianismo del siglo 21. La mentalidad cultural del cristianismo ha sido forjada y alimentada por un sistema diferente llamado Helenismo. Ese es un término utilizado mucho por historiadores cuando hacen referencia al tiempo entre la muerte de Alejandro el Grande (323 a.C.) y la muerte de Cleopatra, y la incorporación de Egipto al imperio romano en el año 30 a.C.

La palabra “helenismo” también indica, generalmente, la tradición cultural de la población de habla griega en el imperio romano y/o la influencia de la civilización griega sobre Roma, Cartago, India y otras regiones, que nunca formaron parte del imperio de Alejandro. El helenismo, o la perspectiva Griega, afectó profundamente a los creyentes del primer siglo fuera de Israel, pero mucho más en la medida en que las escuelas de pensamientos y diversas filosofías surgieron progresivamente. En Israel, muchos prosélitos (gentiles conversos) se hicieron helenistas externamente cuando aceptaron esa cultura más liberal, y adoptaron nombres griegos, etc., pero la esencia de su judaísmo permaneció intacta. Sin embargo, en la diáspora, el pensamiento de Sócrates, Platón y Aristóteles llegó a ser una fuerte amenaza. En Alejandría, Egipto, los judíos y los griegos se entremezclaron libremente, compartiendo pensamientos e intercambiando ideas. Cuando apareció el cristianismo, muchos de los griegos helenistas se convirtieron al Mesías Judío, Iehoshúa, pero desconectados de sus raíces hebreas. La primera escuela de teología cristiana fue establecida en Alejandría, y la filosofía griega inmediatamente comenzó a introducirse en los principios bíblicos para crear un abismo entre cristianos y judíos que todavía existe 1.700 años después, a pesar de que el Mesías derribó la pared intermedia que nos separaba para hacer de los dos (2) pueblos, uno solo.

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En el libro, ‘Our Father Abraham’ [Nuestro Padre Abraham], el autor Dr. Marvin Wilson escribe: “Pablo declara que ‘los gentiles son coherederos [con Israel] y miembros del mismo cuerpo’ (Ef. 3:6b, LBLA). Por lo tanto, los gentiles tienen una nueva historia – la historia de Israel es ahora también su historia. Al escribir a una iglesia predominantemente gentil en Corinto, Pablo establece que los antiguos israelitas son los antepasados de los corintios cuando dice que ‘nuestros padres todos estuvieron bajo la nube y todos pasaron por el mar’ (1 Cor. 10:1). Por lo tanto, en la primera iglesia, los judíos y los gentiles sostenían que tenían los mismos antecedentes que los hebreos de la antigüedad. Todos los judíos poseen como antecedente a Avraham, quien es padre de la nación hebrea. Por eso, el Señor exhortó a través de su profeta: ‘…Mirad la roca de donde fuisteis tallados, y la cantera de donde fuisteis excavados. Mirad a Abraham, vuestro padre…’ (Isa. 51:1-2)”.

No es demasiado tarde para que removamos nuestros filtros helenísticos a través de los cuales miramos al mundo y leemos las Escrituras, para que comencemos a desarrollar una perspectiva verdaderamente bíblica y hebraica. Para ello debemos estar dispuestos a explorar la mente de los autores reflejada en las Escrituras, y penetrar su mundo y su cultura. Debemos mirar a la roca de la cual fuimos tallados. Así podremos identificar las mayores áreas de conflicto entre las perspectivas hebraicas y griegas en nuestro esfuerzo por pensar más bíblicamente y menos religiosamente. El Señor no quiere que Su pueblo sea ignorante de las cosas que nos puedan acercar a Él en comunión más perfecta.

Estamos viviendo en un tiempo maravilloso, un tiempo cuando la historia, la arqueología, y el estudio de la Biblia se están uniendo, y nos permiten ver un pasado que otras generaciones no pudieron ver en sus conceptos originales. Los eruditos judíos y cristianos están trabajando juntos para darnos una mirada más profunda acerca de los tiempos del Mesías. Nos ayudan a remover el velo histórico y ver la vida a través de ojos hebraicos. Iehoshúa llama a los cristianos para que participen de la misma clase de relación interactiva, vibrante y emocionante que disfrutaban sus primeros discípulos.
Shalom.

Gustav Rivas

www.apologista.wordpress.com

www.yeshuahamashiaj.org

LA PREEXISTENCIA DE CRISTO: UNA DOCTRINA DE ORIGEN GRIEGO


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

La Biblia de Jerusalén dice:

«En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron (Jn. 1:1-5)».

La influencia de la filosofía griega a partir del Siglo II de la era presente dentro de la recién fundada Iglesia de Cristo fue decisiva para desarraigar casi por completo la verdadera identidad del Hijo de Dios como «Hombre» (1 Tim. 2:5), para otorgársele en esta intromisión pagana una incorrespondiente “deidad”. La filosofía griega logró con mucho éxito conciliar para la Iglesia un Cristo de tiempo eterno y co-sustancial con el Dios verdadero, que compartirá los mismos derechos de adoración e inmortalidad con la Deidad, es decir, una misma jerarquía en todos los aspectos con el Padre, a pesar de ser “hijo”, a pesar de que Cristo afirmó categóricamente la «superioridad del Padre» con respecto a su «Persona» (Jn. 14:28).

La palabra «logos» que se encuentra en los manuscritos antiguos de las santas escrituras posee el mismo significado que el término hebreo «davar» que se interpreta como «palabra». La palabra «logos» fue trastornada de su connotación bíblica real por el mañoso influjo de la filosofía griega que sustenta a “dios” como «principio de la creación». Para los cristianos bajo este valimiento extraño, la palabra «logos» muestra la continua existencia del “hijo” como una persona sin origen o principio, y como “dios”, igual al Padre. Heráclito la empleaba para indicar el «principio que controla el universo». Los estoicos la utilizaban para señalar «el alma del mundo» («anima mundi») y Marco Aurelio utilizó la frase «spermatikos logos» para mostrar el «principio que genera la naturaleza». Lo anterior fue un importante factor para que se entendiera sin acierto a Cristo como el «logos preexistente» que literalmente se encarnó («se hizo carne», verso 14, sarx egeneto, gr.), para tomar “dos naturalezas”: una “humana” y otra “divina”, según la doctrina antibíblica de la “hipóstasis”.

«La Palabra estaba con Dios, significa en realidad, «la que estaba en la mente del Divino desde el principio». No se trata aquí de una literal “personalización” de ella, que se traduce como una agente preexistente, estrechamente intimidado con Dios («Con Dios», pros ton tehon, gr.). Por lo tanto, Cristo, como «el verbo de Dios» (ho logos tou theou, gr.), es el representante humano por excelencia más fiel de la «Palabra de Dios», en obedecerla y promulgarla para propósito salvífico:


Jn. 6:38 «Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».

Jn. 7:16-17 «Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió». El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta».

Ap. 19:12-13 « Sus ojos, llama de fuego; sobre su cabeza, muchas diademas; lleva escrito un nombre que sólo él conoce; viste un manto empapado en sangre y su nombre es: La Palabra de Dios».

La palabra «logos» (Cabe decir que la palabra «verbo» en la Biblia no existe como tal) proviene de la antigua palabra griega «legö», y significa para Homero «poner a un lado», «recoger», «colocar palabras lado a lado», «hablar», «expresar una opinión». El «logos» homérico es el más atendible para comprender que «la palabra que estaba con Dios» significa claramente el «plan ideal perfecto» del Padre que habría de cristalizarse más tarde, después de la creación del mundo, en un Ser Humano tan singular y libre de pecado por su engendramiento sobrenatural con el propósito de «dar vida a los hombres que estaban muertos en delitos y pecados» (Ef. 2:1).

El «logos» de Juan va mucho más allá de las expectativas y de las elucubraciones de la filosofía griega, por no «incorporar» al Hijo como un agente preexistente. Si el Hijo de Dios preexistió, entonces el monoteísmo hebreo que continuó con la Iglesia es una falsa contradicción bíblica “certificada”. Por tal motivo, la doctrina de “trinidad” politeísta tendría toda la razón del mundo. No habría excusas para atacarla. Certeramente, la Biblia es «monoteísta». No hay nada dentro de sus miles de párrafos que sugiera ni tan siquiera algún rasgo “microscópico trinitario”. Su monoteísmo puede confirmarse en los versos siguientes, de los tantos que hay:

Dt. 6:4 «Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es».

Is. 44:6 «Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios».

Jn. 17:3 «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado».

1 Co. 8:6 «…para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él».

«La gloria que Cristo tuvo antes de la fundación del mundo», consiste en haber sido elegido para este «plan maravilloso» que estaba atemporalmente en la mente infinita de Dios para la redención de los hombres malignos, antes del principio de todas las cosas tridimensionales (Jn. 17:5).

Los textos siguientes, son de mucha importancia para aclarar la que hemos dicho previamente:

Sal. 139:16 «Mi embrión vieron tus ojos,Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosasQue fueron luego formadas,Sin faltar una de ellas».

Ro.4:17 «(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen».

Jer.1:5 «Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones».

Ef.1:4-5 «… según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad…».

Jn.17:24 «Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo».

1 P.1:20 «…ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros…».

Ap. 13:8 «Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo».

Jn. 8:58 «Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy» («ego eimi», gr., conjugación en primera persona del singular).

Para acabar, los dejo con un oportuno y excelente comentario de un conocido y serio teólogo unitario:

«La ironía de la historia es que la ortodoxia eventualmente cae por la misma verdadadera especulación filosófica. Propusieron un “segundo dios” preexistente, y usaron a Juan para apoyar esta partida del monoteísmo. Las traducciones modernas del prólogo con su Palabra con P mayúscula y el uso de pronombres masculino para logos son un permanente testimonio de la filosofía Griega Filónica la cual ha confundido la fe Hebrea del Nuevo Testamento. Juan ha sido retorcido y malentendido y la víctima fue el monoteísmo unitario de Jesús y sus seguidores (Jn. 5:44, 17:3)».

Dios les bendiga siempre.

Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento, A.T. Robertson.

La Doctrina de la Trinidad: La Herida Auto Infligida del Cristianismo. Anthony F. Buzzard.

Biblia de Jerusalén.

Biblia Reina Valera 1960.

Biblia de Estudio Siglo XXI, Reina Valera 1909.

jueves, 9 de julio de 2009

LA MENTIRA DE LAS RIQUEZAS


“Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Tim. 6:10).


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Los más de los hombres creen que la felicidad está en la abundancia de los bienes que uno pueda poseer. Es decir, que cuánto más dinero y bienes materiales uno acumule, más poder y más felicidad se obtienen. Por dinero la gente roba, miente, estafa, y hasta mata. Sí, muchas fortunas se han logrado a través de cualquiera de estos medios y no de una forma lícita a través del trabajo honrado. Muchos se han hecho ricos con el tráfico de armas y drogas, y otros, por medio de la usura y la explotación. La idea es obtener dinero a como dé lugar, y a la brevedad posible. Esta mentalidad egoísta que muchos seres humanos manifiestan los vuelve implacables y fríos con sus congéneres, incluso con sus más cercanos parientes. Sí mi amigos, muchas familias se han agredido y dividido por el vil metal y nunca más se han vuelto a reconciliar.


El Señor Jesucristo y el dinero


Hemos sido testigos de muchos ricachones que han terminado sumidos en la droga y/o alcohol, e incluso de algunos que han preferido suicidarse que seguir viviendo en una profunda angustia o depresión porque no encontraban la dicha en sus grandes posesiones materiales. Estuvieron rodeados de “amigos” y viviendo en enormes mansiones con grandes lujos y empleados a su servicio, pero sus vidas estaban destrozadas por los conflictos familiares, por los escándalos, y por un profundo vacío espiritual. Estas personas hubiesen evitado su fatal destino si hubieran prestado cuidadosa atención lo dicho por Jesús en Lucas 12:15: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”, o lo expresado por Jesús en Marcos 4:19, que dice: “Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa”. Aquí el Señor Jesús es claro cuando dice que las riquezas son un engaño para los que la poseen. Y es un engaño porque éstas no producen vida en abundancia, una vida espiritual interior óptima y duradera. Pero muchos ignoran las advertencias de Jesús, o simplemente no las conocen, y por eso viven pagando el precio de su desatino.


El Diablo y el mundo


Pero el diablo no descansa en engañar a la gente con las cosas materiales. Así como Satanás le mostró a Jesús todos los reinos de este mundo y sus riquezas a fin de tentarlo y hacerlo su partidario. De igual manera, él seduce a los hombres con cosas materiales, y los engaña haciéndoles creer que serán poderosos y afamados si logran el “éxito material” en este mundo. Los medios de comunicación nos hacen creer que el hombre de éxito es aquel que está rodeado de mujeres y amigos de la elite, de autos finísimos y un enorme yate en la bahía. El Diablo tienta por los ojos, y por los ojos caen muchos hombres. Dice Jesús sobre los ojos: “Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno” (Marcos 9:47).


En Tito leemos que debemos renunciar a los deseos mundanos que hemos expuesto arriba: “Enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (2:12). Es decir, los deseos mundanos se contraponen con una vida sobria, justa y piadosa. Por lo tanto Jesús nos vuelve a decir: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lucas 16:13).

SECTAS ANTICRISTIANAS




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SECTAS ANTICRISTIANAS





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EL PLACEBO ESPIRITUAL


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Placebo. (Del lat. placebo, 1.ª pers. de sing. del fut. imperf. de indic. de placēre).
m. Med. Sustancia que, careciendo por sí misma de acción terapéutica, produce algún efecto curativo en el enfermo, si este la recibe convencido de que esa sustancia posee realmente tal acción.

La acción del placebo únicamente será efectiva si la persona que lo recibe cree que le habrá de funcionar para la enfermedad, cualquiera que sea, que esté padeciendo. El efecto del placebo no es directamente fisiológico sino psicológico. Personalmente he tratado a pacientes con grandes tensiones emocionales que los han hecho somatizar, por ejemplo, severos dolores de cabeza generalizados y del pecho, convenciéndolos que están cursando con un infarto cerebral o cardiaco. Otros arriban a las salas de urgencias con taquicardia y sudoraciones, con incontrolables temblores por la liberación adrenérgica ocasionada por el «stress» y no por causa de un grave problema clínico de base. El placebo bien manejado les ayuda a mejorar de notable manera la muy abundante sintomatología originada por el «stress». La mente juega un papel muy importante en la enfermedad psicosomática, requiriéndose de una terapéutica médica precisa y combinada para hacer desparecer los molestos síntomas que la provoca. El placebo ayuda a disminuir el florido cuadro de la somatización del paciente, cuando se trata con prioridad el disturbio mental que la hace emerger. También existe un placebo que no es por medio de sustancias inertes. Una acción verbal bien dirigida “hace milagros” además, como veremos en el ejemplo de abajo:

En un hospital de Pennsylvania, en Pittsburgh, un sanador de fe oraba por tres pacientes enfermos para sanidad. Estas tres personas enfermas no sabían que el sanador de fe oraba por ellas de tiempo atrás, sin verse alguna mejoría en sus cuerpos. Por tal motivo, el sanador de fe fue despedido del hospital por “ineptitud espiritual”. Cuando se les contó a las tres personas enfermas que el sanador de fe había orado para que sanaran, desde ese mismo momento empezaron a referir una objetiva mejoría de sus enfermedades. La esperanza de que Dios pudiera curarlos fue el detonante efectivo y seguro para que el cuadro clínico empezara a disminuir. Únicamente hasta que los enfermos supieron que alguien oraba para que sanasen pudieron entonces constatar una «aparente remisión» del sindromático que adolecían.


No hay duda que el Señor Jesucristo realizó asombrosos milagros por el poder de Dios en el transcurso de su ministerio terrenal. Cristo sanó gente con lepra (Mt. cap. 8), sanó un ciego (Mt. cap. 9), sanó una mano seca (Mt. cap 12), de forma milagrosa alimentó una multitud gigantesca de personas (Lc. cap. 9), resucitó a Lázaro de los muertos (Jn. cap. 9), y a otros más (Lc. cap. 7 y Mr. cap. 5), convirtió el agua en un vino de excelencia (Jn. cap. 2), sanó un paralítico (Jn. cap. 5), sanó cojos, mudos y mancos (Mt. cap. 15), desalojó de las personas demonios de modo milagroso (Mt. cap. 15, véase también Mr. cap 5). El mismo fue un «milagro de Dios» en su resurrección (Mr. cap. 16). Hoy en día, esto ya no es posible, por razones bien estipuladas y que más adelante miraremos. Por desgracia, los sanadores de la fe han hecho creer a los aturdidos ignorantes que son capaces de realizar actos milagrosos como los de hace dos mil años y que la Biblia, en el Nuevo Testamento, describe. El movimiento que promociona semejante blasfemia de embrollo y ofensa se le conoce como el de la «súper fe» y el cual ha sido inspirado hace ya buen tiempo por la nociva y mortal Nueva Era. Dios deja en esta situación su infinita y perfecta soberanía y el hombre viene a tomarla como quitarle un dulce a un infante de “cuatro abriles”, para hacer y deshacer como le plazca, regularmente, conforme su voluntad natural que está más decompuesta que una extremidad diabética gangrenada por bacteroides anaeróbicos. Dios termina siendo un esclavo y sirviente del hombre y éste ocupa el lugar de Dios. Es evidente que la deificación del hombre ha sido instigada desde el huerto del Edén (véase Gn. 3:5). Margot Adlert, famosa hechicera dice: “Nosotros somos dioses y podemos llegarlo a hacerlo muy bien”. Apreciamos claramente que el trabajo de Satanás no ha sido en vano en todo. La fe para estos insolentes y arrogantes hombres es tan sólo un «accesorio mixturado» para adquirir lo que se les pegue en gana, según las vanas exigencias de la mente podrida y carnal. No es esta fe la que nos hace esperar con paciencia la corona victoriosa del mundo venidero y restituido, la que nos enseña a soportar las tentaciones y las pruebas más atractivas y difíciles para merecerlo cuando el fin llegue. No, no, hermanos y amigos queridos, no es esta la fe que Dios nos enseña en la Biblia, sino una fe extraña y polvorienta que ha sido manipulada para alcanzar lo que el sistema terrenal anti-Dios ha puesto en su sensual y ófrico “aparador”, innegablemente, condenatoria para los que la abrazan y acicalan como perro faldero. Esta fe promueve y promete salud física y riquezas materiales, comodidades para el solaz del corazón mundano. La Biblia posee, obviamente, una directriz espiritual antiterrena y vertical. Sus expectativas no concuerdan con los insanos intereses del mundo marchito y perverso. La fe verdadera es la que conduce al creyente a una mejor y excelente vida que emanará cuando Cristo retorne al mundo por segunda ocasión, visible y en poderosa gloria. El apóstol Juan anima al creyente a «no amar las cosas del mundo, a que se desentienda de la vanagloria de la vida, y de todo lo que los ojos y la carne pudieran llegar a desear» (1 Jn. 2:15-17). Adversamente, los maestros de de la súper fe empujan a los deplorables profesantes del falso cristianismo a buscarlas con tesón. Por lo visto, aman demasiado las “virtudes letales” del mundo moderno y no quieran pagar el sacrificio por «otro» desmedidamente mejor y que está «prometido para los que aman y honran a Dios», en las buenas y en las malas, pase lo que pase (Stg. 1:12).


Las promesas para la salud física y de las ganancias materiales por medio de la fe que los maestros de la prosperidad manejan, es una carnada muy atractiva para ganar “gordos y suculentos adeptos” que un día dejarán bastantes dividendos económicos en las congregaciones en las que se han de incorporar. No buscan a Dios por lo qué es, sin por lo qué Dios puede hacer por ellos. Si esta fe no funciona, lo más probable que estos bandidos vociferen que no fue la suficiente de parte de la persona enferma para sanar o que la persona merece estar enferma (Muy parecida a la idea farisaica en enfermedad). «Para un roto, un descosido hay», dice el viejo refrán. Como las sectas de la «escuela de la unidad del cristianismo» y de la «ciencia de la mente», los sanadores de la súper fe del movimiento neo-pentecostalista (quienes han sido influenciados, sin saberlo, por el pensamiento de las nombradas sectas que principian con Phineas Quimby y después con Mary Baker Eddy) como Cash Luna, Benny Hinn, César Castellanos, y otros más de la misma extirpe “underground”, niegan la enfermedad en el cristiano. Sostienen que Dios desea ver por siempre a sus hijos con rebosante y maravillosa salud física y con dinero a granel en el bolsillo, aparte. No hay cabida para el más leve resfrío ni para la más insignificante diarrea en el creyente: “Sanos, hasta la muerte” (¿usted cree amigo neo-pentcostalista qué morirá por la enfermedad de “estar sano”?).


Tanto Phineas Quimby como Mary Baker Eddy, creían que los desordenes físicos eran producto de la mente, una “mera ilusión y no una realidad”. Así surgió el falso concepto de sanar las enfermedades con el “poder de la mente”, es decir, “la mente controla las enfermedades para hacerlas desaparecer de la economía corporal como si se tratase de humo o nieve”. Este pensamiento ha influenciado al mundo religioso neo-pentecostalista al cual se le adoctrina hasta estos instantes presentes para negar la enfermedad física: “Yo declaro en el nombre de Cristo que no estás enfermo varón de Dios”, mientras que este “varón de Dios” muere, y morirá, por un adenocarcinoma de la cabeza del páncreas avanzado y sin remedio oncológico. Si esto es verdad, entonces no existen virus ni bacterias que causen neumonías, bronquitis, encefalitis, meningitis, abscesos, gastroenteritis, y septiciemas; no hay nematodos ni helmintos que causen desnutrición en las personas por infestación entérica, ni amibas capaces de perforar el intestino grueso del ser humano. Todo lo que me enseñaron en la facultad de medicina con respecto a las enfermedades, no es más que una mentira crasa del tamaño del sistema solar.


Los maestros de la prosperidad pasan por “desapercibido”, porque les conviene, lógicamente, que el cuerpo humano no dejará de estar naturalmente corrompido hasta el día de su gloriosa transformación, ya sea que viva o que esté muerto (1 Ts. cap. 4 y 1 Co. cap 15, véanse por favor). Por esta razón sencilla los hijos de Dios tenemos tendencia a la muerte por enfermedades con pronóstico reservadamente incierto o de evolución sombría.


La redención es espiritual y no corporal en el preciso momento de la conversión (Is. cap. 53). ¿Dónde existen cristianos qué tengan más de doscientos años de edad, “falsos maestrillos de la prosperidad mundana”? Acuérdense:


«Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn. 2:15-17).


Muchas de las muertes en verdaderos cristianos son por enfermedades incurables, otras por accidentes, hasta inducidas por terceros, por descuido o deliberadas.
En la Biblia, los milagros tuvieron una finalidad cronológica bien establecida, como a continuación veremos:


Los milagros bíblicos se agrupan en tres categorías, a saber:


1. Los manifestados en el éxodo israelita:


Los hechos por medio de Moisés. Moisés hizo señales y milagros maravillosos que dieron testimonio de la presencia de Dios. Por ejemplo, la separación de las aguas del mar rojo, la alimentación del pueblo de Israel con el maná comestible proporcionado por Dios, la provisión de agua en el desierto.


2. Los manifestados en el tiempo de Elías y Eliseo:


Dios a través del profeta Elías hizo descender fuego delante de los profetas de Baal. El fuego de Dios vino a consumir el altar empapado con agua, las piedras y su fundamento. Este milagroso suceso mostró al pueblo israelita la falsedad de la adoración baálica en la que se encontraba sumergido. Fue una manera de parte de Dios para hacerlo despertar de su abominable práctica idolátrica. Elías profetizo una sequía de tres años y medio que finalizó con la oportuna intervención del Señor (véase 1 de R. cap. 18).


3. Los manifestados en el tiempo de Cristo y sus discípulos:


En los evangelios existe una buena cantidad de milagros realizados por el Señor Jesucristo. Uno de los propósitos de los milagros fue dejar un testimonio genuino al mundo seglar, al pueblo judío y a la Iglesia que el Dios verdadero obraba de modo sobrenatural a través de su Hijo y Mesías. Otro, glorificar a Dios y su nombre. Otro, establecer el fundamento de la sobrenaturalidad del mensaje divino. Otro, para terminar, cubrir las necesidades de los hombres en aquel tiempo antiguo.


En base a este testimonio de milagros y portentos plasmados en las escrituras, el creyente fortalece su fe para seguir adelante en una vida correcta de obediencia y santidad delante de Dios, sin olvidarnos, imprescindiblemente, del conocimiento individual por su Palabra que trasforma al creyente que antes de su conversión estaba acurrucado en la profundidad abismal de las más brunas tinieblas pero que ahora ha sido trasladado y erguido en el reino de luz gloriosa. Por tal motivo, en esta época actual, en la que el canon bíblico continúa “todavía cerrado y sin agregados”, no necesitamos de milagros y portentos para edificarnos espiritualmente. Sobra y basta con la Palabra inspirada divinamente.


Los “milagros” que se han adjudicado los patéticos maestros de la prosperidad, no reúnen la condición necesaria para que lo sean. Por todos los ángulos revisados concienzudamente.


Es sabido que los supuestos milagros reclamados por el hereje de Benny Hinn ha sido un rotundo fiasco. Hinn se jactó cierta vez de haber sanado a un hombre con un tumor cancerígeno localizado en el colon, pero después se investigó que tal tumor maligno fue extraído quirúrgicamente por los médicos. Un vasto número de gentes que acuden desesperadamente a las “cruzadas de sanidades y milagros” de Benny Hinn, regresan tristes y aún desesperadas a sus hogares, de la misma forma en que llegaron: paralíticas, ciegas, sordas. Vuelven a sus casas con las mismas enfermedades mortales y dolencias severas. Inconsolables por la decepción. «Parece oro, mas es oropel». Esto es suficiente para que los enfermos dejen de creer en Dios por el errado y torcido concepto que se les ha dado de su verdadero carácter amoroso e inquebrantable voluntad. Muchas de las personas que Hinn admitió haber sanado milagrosamente, en realidad, no lo fueron. Se cuenta el caso de una mujer de la ciudad de Orlando que fue curada al parecer por el macabro Hinn de una retinopatía diabética que le trajo como consecuencia ceguera. Después se pudo comprobar por boca de esta mujer que ella continuaba diabética y con la vista nublada. Bastantes personas fallecen porque han dejado sus medicamentos alopáticos por instigación de los sanadores de la súper fe. Gracias a Dios por la medicina científica porque millones se han salvado con su noble benevolencia, y de cierto modo, nos atrevemos a decir, que es un «milagroso instrumento» que Dios nos ha otorgado para que su bondad y misericordia sean manifestados para con los hombres que cargan sufriendo sin descanso tan variados males físicos y mentales. No dudo que un sanador de la fe que aconseja a dejar la medicina alópata acuda a un médico ortodoxo en una emergencia familiar. ¡Hasta se le olvidará orar por el ser querido enfermo!


Yo reto abiertamente a los sanadores de la súper fe para que acudan a los centros hospitalarios del gobierno, a los manicomios y pabellones, a las periferias de sus ciudades donde hay tanta gente enferma y pobre, para que hagan “piadosa labor de sanidad sobrenatural”. Que sanen a quienes tengan amputaciones de sus extremidades, a las gentes desahuciadas por patologías crónicas y malignas, a los esquizofrénicos y psicóticos, como el Maestro lo hizo en el pasado con tan diversidad de enfermos, hasta ya muy tarde (Mr. 1:32). Yo le pido a Cash Luna que deje un día de perder el tiempo jugando golf como los magnates del rancio “jet set” para que se haga un “campito” y se presente en los lugares nombrados y de enorme necesidad humana, para que nos muestre en verdad el “poder sanador de Dios” del que hace colosal alarde. Lo más seguro es que se haga de “la vista gorda” y de “oídos de árbol”. Es seguro que no se arriesgará por el temor de ser olímpicamente descubierto. Los presuntos milagros de Cash Luna, dejan mucho que desar por lo que «he visto con mis propios ojos» (gracias a Dios por los pleonasmos). Los que no caminan, ahora “medio caminan” y los ignorantes aplauden el engaño. Esto es el producto de la fuerza esperanzadora de la mente que condiciona al enfermo a sentirse temporal y parcialmente liberado de su enfermedad. Esta es la falsa efectividad del «placebo espiritual» derrochado por Cash Luna y por otros sanadores del mismo infernal equipo.


La Biblia jamás muestra sanidades milagrosas “medio hechas”. Las escrituras narran que el poder Dios sanó por completo a los enfermos en ese mismo instante. Miremos dos ejemplos para este caso:


«Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados. Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema. Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa. Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres» (Mt. 9: 1-8).


«Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?» (Act. 3: 1-12).


Fredercik Price, sanador de la súper fe, dice que “orar para que los enfermos sanen por la voluntad de Dios es una entera estupidez”. Si es así, entonces «Sea hecha tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt. 6:10) también es “una desmedida estupidez”. De no tenerse en cuenta la voluntad de Dios en la oración, el hombre viene a trasmutarse en «un soberbio y completo idiota», en un “burro” que coloca su destructiva e impía voluntad sobre la de Dios que es perfecta y benigna. ¿Puede usted creer esto? Juan explica que las cosas que se han de pedir a Dios deberán ser «conforme a su voluntad» (1 Jn. 5:14). Otra cosa, sería una pérdida de tiempo por no acoplarse al pensamiento infalible del Invisible y Eterno. Las oraciones de los maestros de la prosperidad colocan a Dios “entre la espada y la pared” para que les “cumpla” sus excéntricos anhelos que están relacionados con los gustos de las gentes inconversas y paganas. Vaya “evangelio de la muerte” que los pondrá en el centro mismo del candente Lago, si persisten en su locura.


Estos son los nombres de algunos sanadores famosos de la malograda teología de la prosperidad. Si usted simpatiza con uno, con dos o más de estos peligrosos y dañinos infames, temo decirle que usted ha “hecho maletas” junto con ellos en el viaje sin escalas ni retrasos que lleva a la aniquilación por siempre:


Benny Hinn, Cash Luna, César Castellanos, Marcos Witt, Dante Gebel, Dina Santamaría, Fernando Sosa, Luis Tovar, Kenneth Coppeland, Rick Warren, Morris Cerullo, Frederick K. C. Price, Kenneth Hagin, el clan de TBN Enlace, el clan TBN que comanda el depravado e impío Paul Crouch, Joel Osteen, Oral Roberts, Robert Tilton, Charles Capps, John Avanzini, Marilyn Hickey, David Cho, Jerry Savelle, y otros muchos más que se me escapan de la mente.


Amigos míos, si concilian con el neo-pentecostalismo, sálvense de la maldición religiosa y condenatoria del movimiento de la súper fe, cuya raíz es atinadamente novoerista. Sigan la Palabra del Dios vivo y verdadero y no la de los hombres orgullosos, profanos y perdidos de la teología de la prosperidad «que para engañar emplean con astucia las artimañas del error» (Ef. 4:14), «y que se han extraviado siguiendo el camino de Baalam, el cual amo el premio de la maldad, para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre» (2 P. 2:15, 17).

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Dios les bendiga siempre.