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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

domingo, 24 de enero de 2010

LO VITAL DE LA DEFINICION DEL EVANGELIO SALVADOR


Por Anthony F. Buzzard

(Traducido por Apologista Sociniano, Mario A Olcese)

Hay una necesidad urgente de que los discípulos de Jesús se aseguren de que han comprendido el sentido del Evangelio que Jesús predicó. Esta blog se dedica a la tarea de ayudar a “ordenar” la gran cantidad de confusión que parece rodear a esta pregunta más básica de todas: “¿Qué es el Evangelio?”

Hay dos cuestiones principales que deben abordarse si hemos de responder con honestidad e inteligencia a la citación expedida por Jesús, cuando inauguró su ministerio de la predicación del Evangelio:

1. ¿Cuál fue el contenido del Evangelio anunciado como el mensaje salvador de Jesús, el pionero de la fe cristiana?

2. ¿Hasta dónde la predicación tradicional ha seguido a Jesús con precisión en este asunto de la definición del Evangelio?

A la primera pregunta podemos responder de manera inequívoca, porque las pruebas aportadas por los documentos cristianos son muy claras. El Evangelio es un Evangelio acerca del Reino de Dios. Esto es obvio para cualquiera que lea los relatos del ministerio de Jesús. Con este hecho establecido, pasaremos a la cuestión de lo que significa el Reino de Dios en el mandato fundamental de Jesús: “Convertíos [hacer un giro en el pensamiento y la conducta, volver al Pacto], y creed en el Evangelio del Reino de Dios” (Marcos 1:14, 15). Es evidente que no puede haber una respuesta inteligente a Jesús si el “Reino de Dios” no tiene un significado definido para nosotros! El Reino de Dios, dicen muchos comentaristas, no era una frase nebulosa para la audiencia de Jesús, como lo es a menudo hoy en día. Formule a sus amigos la pregunta crítica: “¿Qué es el Evangelio y qué es el Reino de Dios?” Usted puede quedarse sorprendido por una desconcertante variedad de respuestas, muchos de ellas probablemente vagas.

El Reino de Dios anunciado como el contenido del Evangelio no era, sin embargo, un “cajón de sastre” de frases de “religión” o un llamado a la gente a “ser buena”. Por el contrario, tenía un significado preciso y muy concreto en Palestina del primer siglo. A continuación de la Enciclopedia Bíblica Estándar Internacional (artículo “La salvación”) hay una respuesta coherente, de sentido común e históricamente sensible a la pregunta sobre la naturaleza del Reino:

”Fue en el calor del avivamiento escatológico [señalando el futuro] de Juan el Bautista que Cristo comenzó a enseñar, y él también inició con la frase escatológica [concerniente con el futuro],« El Reino de Dios está cerca. ‘”

Mateo 3:2, 4:17, 9:35 y 24:14 nos informan que el mensaje del Evangelio de Juan y el mensaje del Evangelio de Jesús fueron fundados sobre una base común: el Reino de Dios. Es un grave error tratar de separar a Jesús de su precursor. Según nuestros informes del Nuevo Testamento, ambos Juan y Jesús anunciaron el Reino de Dios como el Evangelio.

Nuestra fuente en la ISBE continúa: “la enseñanza de Jesús debió haber sido entendido inmediatamente en un sentido escatológico.” El Reino, en otras palabras, significaba el reino del futuro. No era una referencia a un reino presente “en el corazón” o “gobierno de Dios en nuestras vidas”. ISBE continúa: “El Reino de Dios está cerca ‘ tenía la connotación inseparable ‘el Juicio está a la mano’, y en este contexto (Marcos 1:15) significa ‘Arrepentíos para que no seáis juzgados. Por lo tanto la enseñanza de nuestro Señor tenía principalmente un contenido de futuro: positivamente, la admisión en el Reino de Dios [en el futuro próximo] y negativamente la liberación de juicio precedente. “

Confiamos en que este comentario de un diccionario estándar disipe algunos de las nieblas de confusión que rodea a la comprensión actual (o malentendido) del Reino y por lo tanto del Evangelio. El Reino de Dios en verdad significa la venida del día de la intervención en que Dios va a castigar a los malvados y establecer a través de la agencia de su Mesías un nuevo orden en la tierra. No hay absolutamente ninguna duda de que “Reino de Dios” lleva esta connotación en la mente de Jesús y de su audiencia. Jesús no define el Reino de Dios. Él no tenía que hacerlo. Lo nuevo, sin embargo, fue el hecho de que el prometido nuevo orden mundial no llegó a materializarse durante el ministerio de Jesús y nunca desde ese momento se ha realizado. Así, en sus parábolas del Reino, Jesús explicó a sus seguidores cómo el anuncio del Evangelio del Reino futuro opera en la actualidad antes de la llegada del Reino en sí.

El Evangelio del Reino, por lo tanto, es como una invitación a un banquete esplendoroso. El Evangelio invita a todos a prepararse para el gran día. Pero hablar del Reino como si ya ha llegado es contradecir la afirmación de Jesús de que estaba “a la mano”, “cerca”, pero que aún no ha llegado. El Reino de Dios es el gran evento del futuro, lo que significa el final de los gobiernos rebeldes de la tierra. Esto no significa el final de la vida en este planeta!

Por lo tanto, Jesús ordena orar por la venida del Reino, y Marcos y Lucas informan que después de que la predicación de Jesús había terminado, y que había sido crucificado y resucitado, los discípulos estaban aún “esperando” el Reino de Dios. Sería un error, por lo tanto, decir que el Reino de Dios, como se refería continuamente Jesús, ya había llegado. Ciertamente podríamos añadir que la predicación del Reino es una anticipación del Reino. Sin embargo, la predicación del Reino no es la llegada del Reino. Una invitación precede al acontecimiento real a la que somos invitados.

97% de las declaraciones de Jesús acerca del reino en los Evangelios encajarán perfectamente en este esquema. Vuelva a leer los evangelios con la noción de un reino futuro firmemente en la mente (como introducida por Mat. 3:2) y el Reino quedará claro como el Nuevo Gobierno Mundial Organizado- reino – que se manifestará abiertamente al regreso de Jesús en el futuro.

La confirmación del hecho básico del evangelio se encuentra en el libro de Daniel. La visión de Daniel sobre el futuro de la historia del mundo es una guía absolutamente indispensable para la comprensión del cristianismo del Nuevo Testamento.


En Daniel 2 se nos presenta una visión extraordinaria de cuatro imperios mundiales destinados a ser destruidos y sustituidos por un quinto imperio Mundial – el Reino de Dios establecido “bajo el cielo” (7:27) por el Dios del Cielo. En la visión del Reino aparece como una “piedra cortada, no con las manos”, que golpea la imagen en su base y luego “llena toda la tierra.” Debemos destacar que este Reino de Dios no tiene nada que ver con un reino “más allá de la cielos”. Su origen es sin duda desde el cielo (Dios), pero su ubicación es territorial y vinculado a la tierra.

Daniel 7 es una clave fundamental para todo el libro de Daniel y se le debe considerar también una especie de “plan maestro” para la historia de la Biblia entera que culmina con la llegada del Reino, el tema principal en el Evangelio de Jesús.

Los estudiantes de las Escrituras no tendrán ninguna dificultad en reconocer que Daniel 7 se describe la carrera, presente y futura, de los Santos. Y de los santos, por lo que el Nuevo Testamento interpreta el término, son los fieles seguidores de Jesús. El santo principal, el Santo, tiene un lugar central en la visión de Daniel 7. Es el Hijo del hombre a quien el Reino futuro se le da (7:13, 14) y ese reino es entonces compartido con “el pueblo de los santos del Altísimo” (los cristianos como el verdadero remanente del pueblo de Dios). Daniel 7:18 pronostica que “llegó el momento de que los santos posean el Reino (nada que ver con los reinos psicológicos del corazón). Una vez más, “la sentencia pasa a favor de los santos” (v. 22). Son reivindicados y promovidos a posiciones de poder como Hijo de Hombre corporativo (Hijo del Hombre refiriéndose en primer lugar a Jesús y luego también a sus seguidores que lo acompañan). En Daniel 7:27 el punto culminante de esta revelación sorprendente anuncia que el “reino bajo el cielo se le dará al pueblo de los santos del Altísimo. Todas las naciones les servirán y obedecerán”. Para esta traducción, véase el RSV, y GNB y note la importante observación de Driver en Biblia Cambridge para las escuelas:” Es el pueblo de los santos que reciben el Reino y operan como sus ejecutivos”.

Estas dos secciones de la Biblia, Daniel 2:35, 44 y Daniel 7:13, 14, 18, 22, 27, son la clave esencial para el significado de la expresión “Reino de Dios.” El Reino de Dios no es un término inventado de Jesús. Tiene sus raíces en la Biblia hebrea, que Jesús y el Nuevo Testamento tratan como un depósito divino de información esencial de salvación. El mismo Evangelio se basa en el Antiguo Testamento (Ro. 1:16; Gal. 3:8).

Al mandar arrepentimiento y creencia en el Evangelio del Reino (Marcos 1:14, 15) Jesús invita a todos, en todas partes, para comprender el significado del plan salvífico de Dios, tanto para el individuo y el mundo. Arrepentimiento significa apartarse de nuestras violaciones de los caminos de Dios, de nuestros conceptos erróneos de su revelación y abrazar el Evangelio de Dios (Marcos 1:14) que establece la meta de la historia en desarrollo a través de Jesús y que culminará en el Reino de Dios, destinado a reemplazar a los estados-naciones actuales (Apo. 11:15-18) en este planeta renovado.


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GOBERNANTE, GOBERNADORES Y GOBERNADOS



Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

« Si sufrimos, también reinaremos con él…» (2 Tim. 2:12).

«Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados» (Ro. 8:17).

La Palabra de Dios habla de que habrá un reino de Dios futuro en el mundo. Hay mucha información en la Biblia con relación a esta literalidad. Este gobierno será en esencia una teocracia, una monarquía, pero no en la forma que la presenta el profeta Samuel, es decir, de origen humano-terrenal, pero sí será una monarquía conforme a los propósitos más sublimes y espléndidos del único y soberano Dios. Tampoco será una república, como un autor comenta, debido a que los poderes legislativos, judiciales y ejecutivos no radicarán en este incomparable y generoso gobierno, sino en el que hizo todas las cosas, en el Dios y Rey del Universo y de los Cielos. Esta súper monarquía, no terrena en el panorama de la visión humana, sino de índole celestial, mas fincada en una tierra que habrá de ser restituida para su función, implantará por voluntad del Creador las bendiciones inigualables que sería imposible verlas en un gobierno bajo el mandato del hombre no convertido, cuya naturaleza es conocida como depravada, egoísta y miserable.

En esta teocracia, la estirpe apta y redimida del Señor se someterá a Dios por medio del «hombre», y un «Hombre». En un principio Dios fijó un gobierno teocrático en un mundo que era tan puro y santo, aun no estropeado y devastado por las consecuencias del mortal pecado. Es sabido que el hombre por su rebeldía rechazó el «dominio» del pío Hacedor que le había permitido sobre la reciente tierra en general, pero que lo retomará con Cristo, «el Postrer Adán». Después de la caída, el hombre fue un absoluto incompetente para sojuzgar la tierra bajo el régimen teocrático que Dios estableció, pero la Biblia asegura que él lo restaurará de nuevo en el futuro. El hombre tendrá que ser restaurado antes para hacer intromisión en la teocracia venidera, y si no es así, el fracaso estará asegurado con rotunda certeza y prontitud.

Dios salvó a los pecadores por medio de Cristo, su Hijo Amado. La salvación está cohesionada indefectiblemente con el reino teocrático, y para que éste se desempeñe apropiadamente tendrá que existir un contingente de dirigentes y mandatarios que estarán afiliados en un acuerdo común con Cristo Jesús, el personal representante glorioso de Dios en la teocracia mundial venidera. Tanto Cristo como los súbditos que ingresen al reino teocrático, gobernarán juntos concordes y unánimes. Estos hombres santos vivirán sujetos a Cristo, según las leyes encomendadas por su Padre y Dios.

No cabe duda que las Escrituras afirman que Cristo gobernará el reino teocrático y milenario, y no sólo el Nuevo Testamento lo confirma de modo tal, también el Antiguo Testamento nos confiere pruebas de este acontecimiento importante y trascendental para la raza humana redimida (para esto, véase por favor: Is. 2:2-4; 9:3-7; 11:1-10; 16:5; 24:21-23; 42:1-7, 13; 49:1-7; 51:4-5; 60:12; Dn. 2:44; 7:15-28; Abd. 17-21; Mi. 4:1-8; 5:2-5, 15; Sof. 3:9-10, 18-19; Zac. 9:10-15; 14:16-17).

La evidencia bíblica resuelve que Cristo reinará, textualmente, en el trono de David su padre (Lc. 1:32), en Jerusalén que es «Sion», en «el Monte Santo», según lo visto en el Sal. 2:6, ya que «le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran» (Dn. 7:14). Dios mostrará después de derrumbamiento del los sistemas del mundo seglar (Dn. 244:-45) su soberanía excelente y perfecta a los individuos salvos del mundo entero que con agrado y santidad le servirán en amorosa sumisión.

La Biblia sostiene que habrá «un gobernante», «gobernadores» y «gobernados» en la era milenaria y teocrática de Cristo. En este incomparable y hermoso período de gran paz y equidad, Cristo será «el soberano de los reyes de la tierra» (Ap. 1:5), «el Rey de reyes y Señor de Señores» (Ap. 19:16). Él reinará sobre sus súbditos que a la vez «reinarán» al lado del Mesías Hombre («…y reinarán con el mil años», véase en Ap. 20:6).

El Señor Jesucristo reveló sin ambages ni vueltas teológicas a sus doce discípulos que «les daría autoridad sobre las doce tribus de Israel». Esto sugiere una autoridad gubernamental delegada por el Divino Padre. Echemos un vistazo al texto siguiente que es prueba de lo que argumentamos:

«Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel» (Mt.19:28).

Es un hecho bíblico que durante el reinado teocrático de Cristo gobernarán autoridades de menor rango para una organización justa y correcta dirección. En la parábola de «Las Diez Minas,» en Lc. 19:12-28, se señala con bastante y positiva claridad que algunas personas «tendrán (“se les dará”) autoridad sobre Diez y Cinco ciudades en el reino». Su compromiso y deber será con el líder de la tribu correspondiente, y éste, con Cristo, quien a su vez será responsable ante Dios como «Cabeza del Reino». Se tomará en cuenta, que esta clase de revelación no es exclusivamente Novo Testamentaria; el Antiguo Testamento da fe también de la misma razón:

«Así dice Jehová de los ejércitos: Si anduvieres por mis caminos, y si guardares mi ordenanza, también tú gobernarás mi casa, también tú guardarás mis atrios, y entre estos que aquí están te daré plaza» (Zac. 3:7).

Por lo tanto, inequívocamente, los creyentes en Cristo recibirán el reino para gobernar con «autoridad». No es complicado dilucidarlo en los textos bíblicos que a continuación se presentan:


«Y al que hubiere vencido, y hubiere guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad (autoridad) sobre las gentes; y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantados como vaso de alfarero, como también yo he recibido de mi Padre…» (Ap. 2:26-27).


El Señor propone «dar» (dóso, gr.) al que «venciere» «autoridad» (exousían, gr) o «potestad» «sobre las naciones». En el libro de las Revelaciones es bastante común apreciar que los verdaderos creyentes en Cristo serán partícipes directos en el gobierno del reino de Dios en la tierra.


El próximo verso no deberá dejar ninguna incertidumbre al respecto:


«… y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre, a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén» (Ap. 1:6).


El Señor ha constituido «entregar toda autoridad sobre las naciones al que venciere y guardare sus obras hasta el fin». El libro de Daniel indica que los santos recibirán en el reino, y es lógico, para reinar sobre él:


«…hasta que vino el Anciano de días, y se hizo justicia a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino» (Dn. 7:22).


«…y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán» (Dn. 7:27).


Dios les bendiga siempre.

sábado, 23 de enero de 2010

LA RECOMPENSA DE ABRAHAM Y LA DE SUS HIJOS (LOS DE LA FE)


Por Anthony Buzzard

(Traducido por Mario Olcese)

La recompensa de Abraham y la nuestra

Un estudio cuidadoso del libro de Hebreos pone de manifiesto que “el cielo” – lo que significa un lugar más allá de las nubes – no es la recompensa prometida a Abraham y los creyentes cristianos. Si esta proposición parece sorprendente para algunos puede ser porque nos hemos acostumbrado, sin una reflexión detenida, a la idea de que los muertos se les promete un hogar celestial después de la muerte. La tradición nos ha llevado a creer que los muertos van a ser transportados a su nueva residencia en el cielo cuando su vida en la tierra llegue a su fin.

Si los estudiantes de la Biblia encuentran alguna de esas ideas en las Escrituras es muy posible que ellos estén leyendo en el texto lo que no dice. Pero, ¿qué dice en realidad la Escritura?

Hebreos 11:8 ofrece la siguiente información: Abraham obedeció a la invitación de Dios al salir a “un lugar que iba a recibir como herencia.” Después vivió en esa tierra prometida como un extranjero (Hebreos 11:9). Fue “en busca de la ciudad que tiene fundamento, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10).

Siguiendo el texto de cerca nos enteramos de que la herencia prometida a Abraham no era otra que el de la tierra en la que vivió su vida como un extranjero. De que la tierra era, evidentemente, no “el cielo”, sino la actual tierra de Palestina. Isaac y Jacob fueron coherederos de la misma promesa. Así dice Hebreos 11:9.

Estos famosos patriarcas Abraham, Isaac y Jacob esperaban además, heredar una ciudad (Hebreos 11:14) situada en la tierra de promisión donde habían residido como extranjeros (Hebreos 11:9). Su deseo era por un país mejor y para la ciudad que Dios estaba preparando para ellos (Heb. 11:15).

Fue por la fe en esas promesas, aún sin explotar, que Isaac bendijo a sus hijos en vista de “las cosas por venir” (Hebreos 11:20) – note cuidadosamente, no las cosas a las que Isaac esperó ir que cuando muriera, sino las cosas que algún día – vendrán a la tierra.

Los fieles de los tiempos del Antiguo Testamento, murieron sin recibir la herencia de la tierra prometida (Heb. 11:13, 39). Durante su vida persistentemente hacia la recompensa (Hebreos 11:26). Su recompensa se dice expresamente es el lugar en que Abraham viajó durante su vida, y en el que efectivamente se instaló (como extranjero) (Hebreos 11:8, 9).

Ahora nos damos cuenta de otro paso en el argumento: Hebreos 12:28 lo equipara con la herencia del Reino de Dios, integrado por la ciudad y la tierra prometida: “Por lo tanto, ya que estamos para recibir un reino …” El objeto de la esperanza es, finalmente, descrito como “la ciudad que está por venir” (Hebreos 13:14).

Una vez más observamos que no es una ciudad a la que nos vamos, sino la ciudad que va a venir a la tierra. Será construido y establecido por Jesús cuando regrese. ¿No había prometido que los mansos “heredarán la tierra”? (Mateo 5:5) (Puede ser la primera vez que han comprendido el significado de esas palabras simples pero sin par!)

Las “cosas” celestiales por Venir

Si Abraham esperaba una recompensa en un lugar retirado de la tierra, Hebreos 11:8 debe ser pronunciada como engañosa en extremo! El lugar en que Abraham vivió se especifica como la herencia, que estaba destinado a poseer.

Mantenimiento este hecho crucial firmemente en la mente no hay que malinterpretar las referencias a la ” patria celestial ” y “la Jerusalén celestial” en Hebreos 11:16 y 12:22. Deben estas frases ser tomadas como una contradicción de la promesa anterior de que Abraham estaba esperando poseer la tierra de Palestina? ¿Puede una ” patria celestial” estar en la tierra?

Hebreos 11:16 habla de la “mejor”, patria “celestial” y el mismo verso define a la patria como una que se está preparando. Pero note cuidadosamente que el versículo 20 habla en el mismo contexto de “las cosas por venir”.

En este punto debemos tomarnos la molestia de entender el lenguaje bíblico correctamente. Simplemente las cosas “celestiales” que están en preparación son aquellas cosas de la ciudad futura (y tierra) que están destinadas a aparecer en la tierra. Ellas son “celestiales” no porque se encuentran en el cielo, sino porque están siendo preparados por Dios ahora y se manifestarán en la tierra. Serán divinas, porque Dios mismo las proporcionará. Son las cosas por venir, cosas de la edad futura del Reino de Dios en la tierra.

La Jerusalén de arriba

Pablo había hablado de la “Jerusalén de arriba” como “la madre de todos nosotros” (Gálatas 4:26). Sin embargo, no concluye, como lo hacen muchos, bajo la influencia de la querida tradición, que vamos a ir al cielo para encontrar la ciudad. Por el contrario, como el escritor a los Hebreos, que sabía del Salmo 87:5: “Pero de Sión se dirá:” Este y aquél han nacido en ella. “Un hombre dirá: ‘Sión es mi madre’” (véase la Versión de la Septuaginta Griega del Antiguo Testamento citada a menudo por los escritores del Nuevo Testamento).

Es ese futuro Sion en la tierra descrito en el Salmo 87:5 que debe ser la madre de todos nosotros. Las cosas celestiales del libro de Hebreos son simplemente las cosas del siglo venidero. Son cosas que se están preparándose en el cielo, listas para ser reveladas en la era venidera del Reino de Dios en la tierra. No es de extrañar que el escritor nos diga claramente: “…el mundo venidero, del cual hablamos” (Hebreos 2:5).

Para que no olvidemos esta importante lección debemos trazar una línea con un lápiz para conectar la “patria celestial” de Hebreos 11:16 y “las cosas por venir” de Hebreos 11:20. Luego, debemos subrayar en colores brillantes la “ciudad que está por venir” de Hebreos 13:14. Así, podemos aprender que “celestial” no significó para el escritor a los Hebreos, lo que instintivamente puede significar para nosotros.

Versículos adicionales nos confirmarán en nuestra creencia de que Abraham y los fieles de todas las edades se les prometió una recompensa en la hermosa tierra renovada del el futuro. “Los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5). “Van a reinar como reyes en la tierra” (Apocalipsis 5:10). ¿Cómo podría alguna vez Abraham heredar “este país en el que la Judíos viven” (Hechos 7:4)? Ahora hay un texto que ha sido silenciado durante demasiado tiempo! “Dios le prometió que le daría a Abraham [la tierra de Palestina]“, aunque durante su vida “Dios no le dio herencia en ella” (Hechos 7:5). Esta es la visión cristiana original claramente expresada por Esteban.

En verdad el lugar que Abraham iba a recibir como herencia no era otro que el lugar en que vivía como un extranjero. Hasta el día de hoy no ha recibido un metro cuadrado de la misma para llamarla como propia (Hechos 7:5). Él y sus hijos murieron sin recibir las promesas (Hebreos 11:39). Los cristianos deben gozar de la misma esperanza de vida en la tierra, la vida en la Era Venidera, la vida en el Reino de Dios en la tierra. Porque si somos cristianos somos “hijos de Abraham y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

Deberíamos buscar ser creyentes debidamente instruidos, bautizados para la remisión de los pecados, y vivir en preparación para la resurrección de todos los fieles para gobernar con Jesús en el Reino de Dios venidero en este planeta.

Si hay errores en la traducción, cosa que no me quepa la menor duda, les pido mil disculpas… pero recuerden que lo hago con mucho amor para el provecho de cada uno de ustedes…Gracias

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LA VERDAD DEL DOGMA TRINITARIO


La formación del dogma de la Trinidad, creado por ‘la Iglesia’, no se completó sino hasta que el Concilio de Nicea, en Turquía, en el año 325 de nuestra era, en el cual se ideó el Credo de Nicea que procuraba unir tanto los conceptos paganos como cristianos acerca de Dios y los dioses. El Credo de Nicea reemplazó al Credo original de los Apóstoles, el cual era un documento sencillo y verdadero.

UN DIOS… NO TRES

Muchas personas de diferentes naciones han adorado a una multiplicidad de dioses. Muchos de estos dioses consistían en una trinidad, mientras que el Padre le dijo a Moisés que instruyera a los hijos de Israel. “OYE, ISRAEL: JEHOVA NUESTRO DIOS [Elohim], JEHOVA UNO ES” (Deuteronomio 6:4). Jesús seleccionó esta instrucción como “el primer mandamiento de todos es” (Marcos 12:29).

La palabra “trinidad” no se halla en ningún pasaje de la Biblia y tampoco se puede hallar en ninguna literatura cristiana escrita antes del fin del segundo siglo. La Biblia no presenta al Padre como tres, sino como UNO, y positivamente presente a Jesús como el HIJO DE DIOS al menos 91 veces, pero NI UNA SOLA VEZ lo presenta como “Dios el Hijo”. En su bautismo, Dios se refirió a Jesús como su amado Hijo, lo cual, por supuesto, no podría haber sido si hubiese sido Dios, verdadero Dios. Pablo al escribir a Timoteo habla claramente de “un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, JESUCRISTO HOMBRE” (1 Timoteo 2:5). Obviamente, Jesús no podía ser un mediador SI en verdad él era el Dios ante el cual se suponía que iba a mediar.

EL ESPIRITTU SANTO

La Biblia presenta al ESPIRITU SANTO como el poder del Padre, por medio del cual él obra y actúa en los asuntos humanos. CIERTAMENTE NO ES UNA PERSONA. Con respecto a la “promesa” de que se daría el Espíritu Santo a los discípulos, Lucas, quien habló acerca de ello, dijo que serían “investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49). El ángel Gabriel dirigiéndose a María, dice que el Espíritu Santo vendría sobre ella, del cual dice claramente que es el “poder del Altísimo” (Lucas 1:35).

DOGMA, NO DOCTRINA

El dogma de la Trinidad es una invención del género humano, y la ENCICLOPEDIA BRITANICA escribió una vez lo siguiente sobre el tema: “Las proposiciones que constituyen a la Trinidad no se tomaron directamente del Nuevo Testamento y no podría expresarse con términos del Nuevo testamento [...]; FUERON PRODUCTOS DE LA RAZON, ESPECULANDO sobre una revelación de fe [...]; se formaron sólo durante siglos de esfuerzos, elaborados únicamente con la ayuda de conceptos formulados en los términos de LA METAFISICA GRIEGA Y ROMANA”.

LA “IGLESIA” NIEGA QUE JESUS FUERA DIOS

Como fue la Iglesia de Roma la que en verdad “inventó” a la Trinidad, entonces es adecuado leer lo que dicen sus catecismos sobre el tema, y el Catecismo Católico para las Escuelas Australianas, del 1 de septiembre de 1963, libro 2, página 63, dice esto: “DIOS NO DIJO A SU PUEBLO EL MISTERIO DE LA BENDITA TRINIDAD, NI DIJO CLARAMENTE QUE EL MESIAS SERIA DIOS MISMO”. De este modo, leemos con sobrecogedora claridad la asombrosa revelación de que la Iglesia Católica Romana concuerda con la Enciclopedia Británica [...]. El dogma total de la Trinidad NO ESTA EN LA BIBLIA; fue compuesto por el pensamiento y razonamiento humanos, y como tal NO ES BIBLICA, y NO ES UNA DOCTRINA NECESARIA PARA LA SALVACION, como la Iglesia insiste en forma tan vocinglera.
JESUS PUDO HABER PECADO… DIOS NO PUEDE PECAR

En el mismo Catecismo, página 65, leemos: “PORQUE ÉL [Jesús] ES ABSOLUTAMENTE SANTO, POSIBLEMENTE NO PUDO PECAR… CUANDO EL HIJO LLEGÓ A SER HOMBRE, NO CESÓ DE SER DIOS”. Afirmar que Jesús POSIBLEMENTE NO PUDO PECAR, lo saca de los ámbitos de la debilidad y fragilidad humana y lo presenta como DIOS, que es lo que los Credos procuran hacer. Sin embargo, en Apocalipsis 3:21, se nos dice concluyentemente: “AL QUE VENCIERE, LE DARE QUE SE SIENTE CONMIGO EN MI TRONO, ASI COMO YO HE VENCIDO, Y ME HE SENTADO CON MI PADRE EN SU TRONO”.

Es obvio que, como Jesús usó la expresión HE VENCIDO, él fue acosado por las mismas pruebas y tentaciones que cada hombre y mujer experimenta, y pudo haber pecado si no hubiese VENCIDO al pecado, es decir, resistió todo pecado y tentaciones. Para añadir a esto, acudimos a Lucas 22:28, donde leemos que Jesús dijo a los discípulos: “VOSOTROS SOIS LOS QUE HABEIS PERMANECIDO CONMIGO EN MIS PRUEBAS”.

Jesús pudo haber pecado, PERO NO LO HIZO. Santiago, el hermano de nuestro Señor declara categóricamente que “DIOS NO PUEDE SER TENTADO” (Santiago 1:13). Esto prueba que JESUS NO FUE NI ES DIOS.

Por lo tanto, podemos estar seguros de que el dogma de la Trinidad es falso, como lo son las afirmaciones de los Credos posteriores.


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viernes, 22 de enero de 2010

CREYO EN EL EVANGELIO DE CRISTO ANTES DE SER BAUTIZADO?


¡La Verdad Ignorada por Muchos!


Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)


Millones de cristianos se han bautizado sin estar seguros de lo que la Biblia espera que crean primero antes de recibir ese “sacramento”. Los predicadores generalmente presentan a Jesús como “el suficiente salvador personal” (una terminología ajena a la Escrituras) y luego, después de un periodo de “instrucción”, el pastor bautiza al “creyente” para que sea miembro de la denominación. Sin embargo, y pese a estos esfuerzos por “convertir” a los incrédulos, creemos que son muy pocas las personas que se han detenido a inquirir acerca de lo que puntualmente creyeron los primeros cristianos antes de ser bautizados. ¡Usted se sorprenderá al descubrir la simple verdad!


Jesús, su Mensaje Salvador, y el bautismo


En Marcos 1:1,14,15 Jesús es visto inaugurando su ministerio de tres y medio años con estas declaraciones: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Aquí vemos que Jesús inicia su ministerio anunciando el evangelio del reino de Dios, tal como lo reveló él en Lucas 4:43: “Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.”


Estimados amigos, el reino de Dios—el evangelio original— era el encargo (Las Buenas Noticias) de Dios para la humanidad proclamado por Jesucristo, el Mensajero. Esta Buena Nueva fue la razón por la que Jesús vino al mundo hace dos milenios…¡Y él mismo lo dijo sin tapujos! (Luc. 4:43)— Jesús después dice que su mensaje debe ser creído, y luego de haberlo creído, proceder al bautismo. Así lo mandó Jesús con estas palabras: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere (¿en qué? ¡En el evangelio del reino, según Marcos 1:14,15!) y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. Entonces aquí está la razón para el bautismo bíblico, que habiendo creído en el reino de Dios (el evangelio) poder participar (“viendo y entrando”) en él, por medio de “nacer de nuevo” por agua y espíritu (Véase Juan 3;3,5). ¿Entienden ahora? Pero, ¿cuántos hombres son bautizados hoy sin entender ni un ápice lo que es el reino de Dios? Sólo pregúntese a usted mismo si realmente usted oyó, entendió y creyó en el evangelio del reino antes de su bautismo, y hágale esa misma pregunta a cualquier hermano de su iglesia, y con seguridad ninguno le dirá que se bautizó cuando creyó en el evangelio del reino de Dios. Es más, pocos o ninguno saben qué es exactamente dicho único y prístino evangelio del Señor Jesucristo llamado el Reino de Dios.


Felipe y sus Bautizados


Es interesante leer sobre el ministerio de Felipe en Hechos 8:12, 13 y que dice: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón (el mago) mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito”. Noten ustedes, hermanos, que aquellos discípulos de Felipe fueron bautizados por él cuando creyeron, ¿en qué? ¡en el anuncio del evangelio del reino de Dios y en el nombre de Jesús! Así que sí los discípulos de Felipe se bautizaron creyendo en Jesús y en su evangelio del reino. Entonces, ¿por qué millones de cristianos se bautizan hoy “creyendo” sólo en Cristo sin creer al mismo tiempo en su reino?¿Por qué se les ha ocultado el reino de Dios? No será que Satanás está detrás de este error?¿No dice Pablo de Satanás que “…el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo (la gloria y reino son sinónimos—comparar Mateo 20:21 y Marcos 10:37) el cual es la imagen de Dios”. Sí, el enemigo obscurece la mente de los incrédulos (¡Hay muchos cristianos gentiles incrédulos que suponen que le reino de Dios no es para ellos sino sólo para los Judíos!) para que no entiendan el evangelio del reino de Cristo, y así no se salven.


Cristo y Su Reino: la razón para Ser Cristianos Consagrados


No hay mayor honor que ser embajadores de Cristo. Ahora bien, los cristianos son embajadores de un Rey, y esto implica un reino, un territorio, y una dinastía real. Muchos no parecen entender que somos embajadores de un rey y su reino, y no simplemente de un rey y un cielo etéreos. Pablo dijo ser un embajador en cadenas (Efesios 6:20), porque por causa del reino (que era la esperanza de Israel, ver Hechos 1:6) dijo él, estaba en cadenas: “Así que por esta causa (¿Cuál causa?)os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel (el reino, Hechos 1:6) estoy sujeto con esta cadena” (Hechos 28:20).


Véase además en los versos que siguen sobre la predicación del reino de Pablo y que lo tenía en cadenas: “Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (vs. 23,30,31).


De modo que Pablo, como nosotros, era embajador del reino de Dios ante los judíos y los gentiles por igual. El predicó el mismo evangelio que su Señor predicó antes que él. En Hebreos 2:3 Pablo dice: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande (a través de Cristo y su evangelio del reino) La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron”. Así que el reino de Dios fue anunciado primeramente por Jesucristo, pero continuado por los que oyeron, es decir, los apóstoles, y los discípulos de éstos. Este mensaje equivale a la gran salvación reservada para los que lo creen con todo su corazón.
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Dios los bendiga, Apologista



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JUSTINO MARTIR Y LA PREEXISTENCIA DE CRISTO


Por Sir A. Buzzard, teologo unitario.

.Juan en su prólogo está contrarrestando la tendencia Gnóstica hacia una idea de Dios dualista o pluralista. Un Cristiano Gnóstico creía que el inefable e inaccesible Dios quien era remoto y distante de Su creación, era mediado de su mundo por figuras divinas menores---“aiones,” o una simple figura divina menor (los varios sistemas Gnósticos diferían en este punto). Justino Mártir, quien ciertamente no adujo ninguna afiliación Gnóstica, no obstante no tuvo escrúpulos de hablar del Hijo preexistente quien es “un segundo Dios aritméticamente,” no sin embargo increado y eterno como el Hijo en el desarrollado sentido Trinitario, pero preexistiendo como el Hijo y apareciendo en un momento del tiempo justo antes de la creación del Génesis.

.Justino emprende un camino que es extraño al Nuevo Testamento cuando él ve al Hijo de Dios activo en los tiempos del Antiguo Testamento como el ángel del Señor. A mediados del segundo siglo Justino compuso su Apología y Diálogo y en éstos la influencia de la filosofía sobre el Cristianismo aparece en toda su fuerza….El deja ver el nexo entre las formas paganas de la filosofía, el puente por el cual esta última cruzó dentro del territorio posterior….[Cristianismo] hallado en el Judaísmo Helenístico de Alejandría el medio por el cual, mientras preservaba su lazo en la revelación Cristiana y Hebrea, él pudo aún adoptar los pensamientos filosóficos y retener los conceptos filosóficos del día.29

ISRAEL Y LOS CONFLICTOS BELICOS FINALES


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Conforme los días pasan, podemos apreciar como éstos se tornan cada vez más brunos por los terribles acontecimientos que no desisten y aumentan para afectar al mundo en diferentes facetas. En este tema, explicaremos agrandes rasgos los conflictos finales auspiciados por las naciones confederadas del Norte, los pueblos árabes, el Imperio del Anticristo y el resto de las naciones del mundo contra la nación de Israel en período de la Gran Tribulación Final y cómo Dios le dará la victoria definitiva a su pueblo sobre todos ellos. Dios restaurará Israel cuando las promesas del Pacto hechas al patriarca Abraham se cumplan al término de los grandes conflictos bélicos de los postreros tiempos, con la instalación del gobierno del Mesías- Rey en la Tierra (Gn.13:14-17; 15:5; cap.17; Ap. cap.20).

Para empezar, podemos decir que el Medio Oriente actualmente es un hervidero de tensiones políticas y militares que apuntan irremediablemente a un tercer conflicto mundial bélico de historia humana. Los pueblos árabes palestinos reclaman ilegalmente un derecho regional que no les pertenece e Israel responde sin pensarla dos veces con agresividad armamentista defendiendo justamente lo que le pertenece con seguridad: la herencia territorial que el mismo Dios del cielo entregó al pueblo de Jacob, puesta en manos del fiel y valiente caudillo Josué cuando arrasó completamente con los pueblos idólatras y profanos que se asentaban en ese tiempo en la santa tierra de Cannán: «Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel» (Jos. 1:2). Ya Dios, previamente, le había mostrado a Moisés la extensión de la Tierra Prometida la cual nunca pisaría por su desobediencia: «Entonces subió Moisés de la llanura de Moab al monte Nebo, en la cumbre del Pisga, que está en frente a Jericó. Y Jehová le mostró toda la tierra: desde Galaad hasta Dan, todo Neftalí, la tierra de Efraín y Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar grande, el Néguev y la llanura del valle de Jericó (la ciudad de las palmeras), hasta Zoar. Y Jehová le dijo: Esta es la tierra de la cual juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tus descendientes la daré. Yo te he permitido que la mires con tus ojos, pero no cruzarás allá» (Dt.34:1-5). Aunque se ha tratado de negociar una indefinida paz entre ambos pueblos, bíblicamente se explica la imposibilidad del asunto. Las guerras entre los dos pueblos han sido intermitentes, así como también la paz. Hoy en día, Israel mantiene la paz con países del mundo árabe como son Egipto y Jordania. Los convenios de paz entre Israel y Palestina no han faltado para conciliar a ambos pueblos de sus diferencias políticas (Vg.: El tratado de Oslo, La Hoja de Ruta para la paz, elaborada en el 2003, La resolución 1515, que fue establecida por la ONU), y los muchos más que puedan venir adelante, no serán lo suficientemente efectivos para detener lo que por medio de la Biblia se describe como inevitable y que terminará, definitivamente, en conflictos bélicos que ofrecerán una mortalidad notable entre palestinos e israelitas. El fruto ilegal que concibió Agar la esclava egipcia a través de la semilla de Abraham ante la esterilidad de Raquel (Gn.16:1-10), vino a ser el fundamento para el surgimiento de la nación árabe. Dios por medio de su ángel, reveló que el padre de la nación árabe, Ismael, sería conflictivo (fiero), belicoso para su entorno (su mano será contra todos), asediado por las naciones (y la mano de todos contra él), sobre todo las del eje Occidental Imperialista (EUA, Francia e Inglaterra) que todo quieren colonizar. El pueblo árabe ha sido fragmentado en varias naciones separadas, cuyo asentamiento común está en el Medio Oriente (que va desde Siria, hasta la región irano-afgana, incluyendo la península arábiga), relacionado desde sus orígenes con el pueblo Judío porque el padre de ambos fue Abraham (y delante de todos sus hermanos habitará: Ver Gn. cap. 16, leerlo para que se entiende con claridad lo que explicamos). El 27 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidad, concluyó la división del Estado de Palestina en dos partes: Una parte, la del Estado judío, correspondiente a un territorio de 14.000 Km. cuadrados, siendo 11.400 Km. cuadrados pertenecientes al desierto de Néguev (54 % del territorio total dado en la Asamblea), y otra parte, la del Estado Árabe, cuya superficie territorial correspondiente fue establecida en 11.400 km. cuadrados, y abarcaba el 46% del territorio general. El descontento no se hizo esperar por considerarlo «absurdo» e «injusto» y el Comité Árabe amenazó con conflicto bélico para defender la Palestina de Ismael. Cuando los judíos proclamaron la independencia del Estado de Israel en el año en 1948, vino a dejar un mal sabor de boca a la liga Árabe (formada por Siria, Irak, Líbano, Egipto y Jordania) que declaró la guerra a la recién formada nación Israelita en el año que marcó su independencia para invadirla. De ese modo, surge el primer conflicto árabe israelí: La guerra del 48. Posteriormente, surgen la del canal de Suez, la de los Seis días, la del Yom Kipur, La guerra del Líbano, que son ejemplo claros de esta constante «insatisfacción» territorial por parte de la liga árabe. Por otro lado la ciudad de Jerusalén, capital de la nación judía, siempre ha sido considerada por los judíos como su importante capital religiosa y civil. Jerusalén fue tomada por los árabes durante un tiempo aproximado de 700 largos años. Jerusalén también estuvo bajo el dominio de los turcos musulmanes por otros 400 años más. Posteriormente, los jordanos de Palestina la dominaron por un período de 19 años. En 1980 se decreta una ley que determina oficialmente que la ciudad de Jerusalén es la capital absoluta de la nación israelita. Así queda legalmente independizada de los países árabes de alrededor. Sin embargo, la Autoridad Palestina reclama el Este de Jerusalén como la capital futura del Estado Palestino, a pesar que la OLP nunca considerado este aspecto durante el control jordano que duró casi una veintena de años. Sea como sea, los pueblos árabes, coalicionados con los países que integrarán la confederación el Norte, y otras naciones más, según las profecías del antiguo testamento para los postreros tiempos, pagarán caro su insolente atrevimiento de invadir el pueblo escogido de Dios. El mismo Señor de las alturas los despachará en un santiamén, en la primera fase del tercer conflicto mundial que a continuación describiremos:

«Entonces vino a mí la palabra de Jehová, diciendo: Oh hijo de hombre, pon tu rostro hacia la tierra de Magog, contra Gog, príncipe soberano de Meses y Tubal. Profetiza contra él, y di que así ha dicho el Señor Jehová: He aquí yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Meses y Tubal. Te haré dar vuelta y pondré ganchos en tus quijadas. Te sacaré a ti y a todos tus caballos –caballos y jinetes, todos vestidos espléndidamente-, una gran multitud con escudos de defensa, llevando todos espadas. Persia, Etiopía y Libia estarán con ellos; todos ellos con escudos y cascos. Estarán contigo Gomer y todas sus tropas; Bet-togarma, de los confines del norte, con todas sus tropas, y muchos otros pueblos» (Ez.38:1-6).

En el capítulo 38 del libro del profeta Ezequiel, se habla que una confederación del Norte (Liderada por Rusia: Gog y Magog) invadirá la nación de Israel en el futuro. Naciones árabes como Irán, Sudán e Irak (Representadas por Persia), Etiopía (Fut) la secundarán en su agresión contra Israel. También estará allí Gomer que algunos la identifican con la Alemania moderna y otros con el antiguo pueblo sumerio, instalado en antaño en Asia Menor, y un determinado número de naciones asiáticas entre las que están Turquía o Armenia, y que se designan con el nombre de Togarma. La Biblia muestra a Etiopía (Fut) como dos lugares diferentes: uno situado en África y el otro en Arabia. También estará en la lucha Libia, nación árabe del norte de África, acérrima enemiga del Estado de Israel por largo tiempo. Otras muchas más naciones se unirán para la contienda escatológica contra Israel. Desconocemos el nombre de ellos. Ezequiel los engloba únicamente como: «. . . y muchos otros pueblos» (Ez.38:6).

Debemos aclarar que la alianza multinacional que comprende la confederación del Norte y los pueblos árabes adversos a Israel no tiene ninguna relación o afinidad con las naciones que integran el Imperio del Anticristo. En el capítulo 38 de Ez. se encuentra descrito el fin de la confederación del Norte y congregados; cronológicamente este hecho se suscitará al fin de la primera mitad de la Gran Tribulación Final, posteriormente, en los capítulos 33 y 34 del mismo libro, muestra la destrucción del resto de las naciones que van contra Israel, hecho que se cumplirá al término de la Gran Tribulación Final. En este último suceso bélico el Anticristo asedia a Israel (Ap.cap.12). Los cuernos de la Bestia de Ap.13:1, son diez naciones que en conjunto integran el reino del Anticristo Final (superpotencia de diez naciones), ajeno completamente a la confederación del Norte (Ez.38) comandada por Gog, príncipe de Mesec y Tubal (Gog: Líder ruso. Magog: el país de Rusia).

La Biblia menciona que Dios traerá a la confederación del Norte y sus aliados hacia los montes de Israel, dónde serán arrasados contundentemente de manera sobrenatural por el poder de Dios. El pueblo de Jacob ni siquiera moverá un dedo para defenderse de sus adversarios en esta dispareja contienda. Caerán sobre el campo al ser quemados por el fuego de Dios que vendrá sobre ellos (Ez.39:2-6). Después de la devastación de los ejércitos extranjeros y enemigos de Israel los moradores de las ciudades quemarán las armas en un tiempo de siete años (Ez.38:9). El entierro de los despojos humanos en los campos de Israel durará siete meses de acuerdo a la Escritura Vetero Testamentaria (Ez.39:11-12).

El libro de Daniel dice que el Anticristo firmará un pacto con Israel en medio de la Gran Tribulación Final para terminar probablemente con las permanentes disputas territoriales entre los pueblos de Palestina. Será una vil trampa que emulará en un principio el Pacto de la promesa terrenal que Dios hizo a su siervo Abraham. El pacto falsamente diplomático será roto por el Anticristo, jefe del poder romano reestructurado, para enfrentar con ira a Israel y su remanente (Is. 28:14-15; Dn.9:26, Ap.12:7). Para no confundirnos, deberá quedar bien claro que la batalla de Armagedón mencionada en Ap.16:6. no es la misma de Ez. 38 por parte de Gog. En la invasión de Gog hay una alianza de naciones bien establecidas, en cambio en la de Armagedón, participan las naciones de todo el mundo para la invasión de Israel y para el combate en contra del Mesías de Dios (Jl.3:2; Sof.3:8; Zac.12:3; 14:4, Ap.17:14). Gog y sus aliados serán destruidos en medio de los campos de Israel con lluvia impetuosa, con piedras de granizo, con fuego y azufre (Ez.3822), mientras los ejércitos del Anticristo lo serán con la espada que sale de la boca del Mesías en el valle del Meguido (Ap.cap.19).

Israel será invadida, de la cuales dos terceras partes de personas que la componen serán destruidas, y una tercera parte será guardada para ser probada con fuego por designio divino (Zac.13:8-9). Jerusalén será tomada: las casas serán saqueadas y las mujeres violadas; la mitad de Jerusalén irá al cautiverio (Ap.14:1-2). Cuanto todo parezca terminar para Israel, aparecerá en el cielo la Señal del Hijo del Hombre, que viene en gloria con los ángeles de su poder, en llama de fuego para dar retribución a los que no conocieron a Dios y no obedecieron el evangelio de nuestro Señor Jesucristo (Mt.24:30; 1 Ts.1:8; 2 Ts.2:8; Jud.14-15). La Biblia dice que aún estando de pie los enemigos de Israel, el poder de Dios les deshará sus carnes, sus ojos y sus lenguas (Zac.14:12). Las aves del cielo se congregarán para el festín de los restos humanos que hayan quedado tendidos en aquella gran mascare hecha por Cristo cuando venga por segunda vez a la Tierra sombría a dar su luz a las naciones del mundo (Sal.2; Ap.19:17-18, 21; Ap.cap.20). Así, Cristo reinará sobre todas las naciones del mundo (Ap.19:15), en Jerusalén, la ciudad amada (Zac.14:17; Ap.20:9), y el pueblo judío confirmará para siempre su heredad (Is.1:26-27; 10:21; 16:15; 61:4-11; Ez.43:7; Jl.3:16; Mi.4:1; etc.).

Dios les bendiga mis hermanos y amigos que nos visitan.