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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.
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domingo, 12 de septiembre de 2010

EL EVANGELIO QUE DESCONOCEN LOS EVANGÉLICOS Y OTROS GRUPOS CRISTIANOS


El Evangelio

Para los millones de cristianos en todo el mundo, el ‘EVANGELIO DEL SEÑOR JESUCRISTO’ tiene algo que ver con ‘ser salvo por la sangre derramada del Señor Jesucristo, la cual nos cubre y salva de los resultados de nuestros pecados, y de este modo nos asegura que nuestra alma inmortal seguirá viviendo en un embeleso inmortal en el cielo’.

Que la Biblia no enseña esta simplista idea, se hace evidente a medida que estudiamos la Palabra Santa de Dios.

¿QUÉ ES EL ‘EVANGELIO’?

Entonces, ¿qué es EL EVANGELIO? ¿A qué se refiere? ¿Cuáles son los beneficios de conocerlo, y por qué es tan importante que una de las últimas instrucciones de Jesús a sus discípulos fuera: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a oda criatura” (Marcos 16:16)? En las Escrituras griegas este pasaje se vierte así: “Id por todo el mundo y proclamad LAS ALEGRES NUEVAS a toda la creación”. Cualquier buen diccionario griego nos dará el verdadero significado de la palabra ‘evangelio’, el cual sencillamente es: “LAS BUENAS NUEVAS O LAS ALEGRES NUEVAS de algo.

EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS

El apóstol Marcos nos dice que Jesús “vino a Galilea predicando el EVANGELIO EL REINO DE DIOS” (Marcos 1:15), mientras que Lucas consigna el mismo acontecimiento así: “Después de esto, Jesús recorrió los pueblos y caseríos, proclamando LAS BUENAS NUEVAS DEL REINO DE DIOS” (Lucas 8:1 – NVI). De este modo, no tenemos ninguna dificultad para averiguar en las Escrituras mismas, que el evangelio que enseñó Jesús, tiene que ver con las alegres nuevas del venidero reino de Dios, en la tierra que será gobernado por Cristo y los santos que serán designados cuando él venga. Ese reino no ha llegado, y aún esperamos el cumplimiento de la promesa de las ‘alegres nuevas’ de las cuales habló Jesús.

SE CUMPLE LA PROFECÍA DE ISAÍAS ACERCA DEL EVANGELIO

El profeta Isaías escribió unas palabras notablemente proféticas que Jesús leyó en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres [...]; a predicar el año agradable del Señor [...]. Hoy se ha cumplido esta escritura delante de vosotros” (Lucas 4:18-21; Isaías 61:1). La profecía de Isaías se cumplió ante los ojos de aquellos que se habían congregados para oír al Señor Jesús.

JESÚS Y EL BAUTISMO

Felipe el evangelista, cuando se hallaba en la ciudad de Samaria, les “anunciaba el evangelio del reino de Dios y EL NOMBRE DE JESUCRISTO, se bautizaban hombres y mujeres” (Hechos 8:12). De este modo, el MENSAJE DEL EVANGELIO se relacionaba con Jesús, lo que causaba que la gente creyera (en ese evangelio) y se bautizara. No era un evangelio nuevo. Era el mismo evangelio que Pablo nos dice que se predicó a Abraham: “Dios [...] dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones” (Gálatas 3:8). Más adelante en el capítulo, él añade: “Que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles” (v. 14). Entonces, en el v. 27 Pablo deja en claro que toda persona, tanto judío como gentil, que ‘se revistan de Cristo’ (en el bautismo), llegan a ser la simiente de Abraham y “herederos según la promesa”.

Esa promesa asegura a las personas que desean heredarla, que pueden tener vida eterna en un mundo renovado al regreso de Cristo, cuando finalmente puedan lograr la inmortalidad: “La dádiva de Dios es vida eterna” (Romanos 6:23).

LA INMORTALIDAD AL REGRESO DE JESÚS

El Señor Jesús, en su último mensaje a nosotros por medio del apóstol Juan, deja muy en claro que no puede haber galardón de vida eterna o inmortalidad, hasta que él venga de nuevo, puesto que él dijo muy claramente: “He aquí yo vengo pronto, y MI GALARDÓN CONMIGO, para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12). Por lo tanto, sabemos que nadie tiene alguna chispa de inmortalidad en esta vida, y no la tendrá hasta que venga Jesús.

EL EVANGELIO Y LA SALVACIÓN

Sabemos con certeza, por Marcos 16:15-16, que todo aquel que “creyere y fuere bautizado, será salvo”. ¿Salvo de qué?

El apóstol Pablo nos ilustra hablándonos acerca del día “cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; LOS CUALES SUFRIRÁN PENA DE ETERNA PERDICIÓN” (2 Tesalonicenses 1:8-9). Para ‘obedecer’ al evangelio sencillamente tenemos que aplicar en nuestra vida diaria los principios que enseña el evangelio, creer en las promesas que nos hizo Dios en las Escrituras, y bautizarnos en el nombre salvador de Jesucristo.

domingo, 24 de enero de 2010

LO VITAL DE LA DEFINICION DEL EVANGELIO SALVADOR


Por Anthony F. Buzzard

(Traducido por Apologista Sociniano, Mario A Olcese)

Hay una necesidad urgente de que los discípulos de Jesús se aseguren de que han comprendido el sentido del Evangelio que Jesús predicó. Esta blog se dedica a la tarea de ayudar a “ordenar” la gran cantidad de confusión que parece rodear a esta pregunta más básica de todas: “¿Qué es el Evangelio?”

Hay dos cuestiones principales que deben abordarse si hemos de responder con honestidad e inteligencia a la citación expedida por Jesús, cuando inauguró su ministerio de la predicación del Evangelio:

1. ¿Cuál fue el contenido del Evangelio anunciado como el mensaje salvador de Jesús, el pionero de la fe cristiana?

2. ¿Hasta dónde la predicación tradicional ha seguido a Jesús con precisión en este asunto de la definición del Evangelio?

A la primera pregunta podemos responder de manera inequívoca, porque las pruebas aportadas por los documentos cristianos son muy claras. El Evangelio es un Evangelio acerca del Reino de Dios. Esto es obvio para cualquiera que lea los relatos del ministerio de Jesús. Con este hecho establecido, pasaremos a la cuestión de lo que significa el Reino de Dios en el mandato fundamental de Jesús: “Convertíos [hacer un giro en el pensamiento y la conducta, volver al Pacto], y creed en el Evangelio del Reino de Dios” (Marcos 1:14, 15). Es evidente que no puede haber una respuesta inteligente a Jesús si el “Reino de Dios” no tiene un significado definido para nosotros! El Reino de Dios, dicen muchos comentaristas, no era una frase nebulosa para la audiencia de Jesús, como lo es a menudo hoy en día. Formule a sus amigos la pregunta crítica: “¿Qué es el Evangelio y qué es el Reino de Dios?” Usted puede quedarse sorprendido por una desconcertante variedad de respuestas, muchos de ellas probablemente vagas.

El Reino de Dios anunciado como el contenido del Evangelio no era, sin embargo, un “cajón de sastre” de frases de “religión” o un llamado a la gente a “ser buena”. Por el contrario, tenía un significado preciso y muy concreto en Palestina del primer siglo. A continuación de la Enciclopedia Bíblica Estándar Internacional (artículo “La salvación”) hay una respuesta coherente, de sentido común e históricamente sensible a la pregunta sobre la naturaleza del Reino:

”Fue en el calor del avivamiento escatológico [señalando el futuro] de Juan el Bautista que Cristo comenzó a enseñar, y él también inició con la frase escatológica [concerniente con el futuro],« El Reino de Dios está cerca. ‘”

Mateo 3:2, 4:17, 9:35 y 24:14 nos informan que el mensaje del Evangelio de Juan y el mensaje del Evangelio de Jesús fueron fundados sobre una base común: el Reino de Dios. Es un grave error tratar de separar a Jesús de su precursor. Según nuestros informes del Nuevo Testamento, ambos Juan y Jesús anunciaron el Reino de Dios como el Evangelio.

Nuestra fuente en la ISBE continúa: “la enseñanza de Jesús debió haber sido entendido inmediatamente en un sentido escatológico.” El Reino, en otras palabras, significaba el reino del futuro. No era una referencia a un reino presente “en el corazón” o “gobierno de Dios en nuestras vidas”. ISBE continúa: “El Reino de Dios está cerca ‘ tenía la connotación inseparable ‘el Juicio está a la mano’, y en este contexto (Marcos 1:15) significa ‘Arrepentíos para que no seáis juzgados. Por lo tanto la enseñanza de nuestro Señor tenía principalmente un contenido de futuro: positivamente, la admisión en el Reino de Dios [en el futuro próximo] y negativamente la liberación de juicio precedente. “

Confiamos en que este comentario de un diccionario estándar disipe algunos de las nieblas de confusión que rodea a la comprensión actual (o malentendido) del Reino y por lo tanto del Evangelio. El Reino de Dios en verdad significa la venida del día de la intervención en que Dios va a castigar a los malvados y establecer a través de la agencia de su Mesías un nuevo orden en la tierra. No hay absolutamente ninguna duda de que “Reino de Dios” lleva esta connotación en la mente de Jesús y de su audiencia. Jesús no define el Reino de Dios. Él no tenía que hacerlo. Lo nuevo, sin embargo, fue el hecho de que el prometido nuevo orden mundial no llegó a materializarse durante el ministerio de Jesús y nunca desde ese momento se ha realizado. Así, en sus parábolas del Reino, Jesús explicó a sus seguidores cómo el anuncio del Evangelio del Reino futuro opera en la actualidad antes de la llegada del Reino en sí.

El Evangelio del Reino, por lo tanto, es como una invitación a un banquete esplendoroso. El Evangelio invita a todos a prepararse para el gran día. Pero hablar del Reino como si ya ha llegado es contradecir la afirmación de Jesús de que estaba “a la mano”, “cerca”, pero que aún no ha llegado. El Reino de Dios es el gran evento del futuro, lo que significa el final de los gobiernos rebeldes de la tierra. Esto no significa el final de la vida en este planeta!

Por lo tanto, Jesús ordena orar por la venida del Reino, y Marcos y Lucas informan que después de que la predicación de Jesús había terminado, y que había sido crucificado y resucitado, los discípulos estaban aún “esperando” el Reino de Dios. Sería un error, por lo tanto, decir que el Reino de Dios, como se refería continuamente Jesús, ya había llegado. Ciertamente podríamos añadir que la predicación del Reino es una anticipación del Reino. Sin embargo, la predicación del Reino no es la llegada del Reino. Una invitación precede al acontecimiento real a la que somos invitados.

97% de las declaraciones de Jesús acerca del reino en los Evangelios encajarán perfectamente en este esquema. Vuelva a leer los evangelios con la noción de un reino futuro firmemente en la mente (como introducida por Mat. 3:2) y el Reino quedará claro como el Nuevo Gobierno Mundial Organizado- reino – que se manifestará abiertamente al regreso de Jesús en el futuro.

La confirmación del hecho básico del evangelio se encuentra en el libro de Daniel. La visión de Daniel sobre el futuro de la historia del mundo es una guía absolutamente indispensable para la comprensión del cristianismo del Nuevo Testamento.


En Daniel 2 se nos presenta una visión extraordinaria de cuatro imperios mundiales destinados a ser destruidos y sustituidos por un quinto imperio Mundial – el Reino de Dios establecido “bajo el cielo” (7:27) por el Dios del Cielo. En la visión del Reino aparece como una “piedra cortada, no con las manos”, que golpea la imagen en su base y luego “llena toda la tierra.” Debemos destacar que este Reino de Dios no tiene nada que ver con un reino “más allá de la cielos”. Su origen es sin duda desde el cielo (Dios), pero su ubicación es territorial y vinculado a la tierra.

Daniel 7 es una clave fundamental para todo el libro de Daniel y se le debe considerar también una especie de “plan maestro” para la historia de la Biblia entera que culmina con la llegada del Reino, el tema principal en el Evangelio de Jesús.

Los estudiantes de las Escrituras no tendrán ninguna dificultad en reconocer que Daniel 7 se describe la carrera, presente y futura, de los Santos. Y de los santos, por lo que el Nuevo Testamento interpreta el término, son los fieles seguidores de Jesús. El santo principal, el Santo, tiene un lugar central en la visión de Daniel 7. Es el Hijo del hombre a quien el Reino futuro se le da (7:13, 14) y ese reino es entonces compartido con “el pueblo de los santos del Altísimo” (los cristianos como el verdadero remanente del pueblo de Dios). Daniel 7:18 pronostica que “llegó el momento de que los santos posean el Reino (nada que ver con los reinos psicológicos del corazón). Una vez más, “la sentencia pasa a favor de los santos” (v. 22). Son reivindicados y promovidos a posiciones de poder como Hijo de Hombre corporativo (Hijo del Hombre refiriéndose en primer lugar a Jesús y luego también a sus seguidores que lo acompañan). En Daniel 7:27 el punto culminante de esta revelación sorprendente anuncia que el “reino bajo el cielo se le dará al pueblo de los santos del Altísimo. Todas las naciones les servirán y obedecerán”. Para esta traducción, véase el RSV, y GNB y note la importante observación de Driver en Biblia Cambridge para las escuelas:” Es el pueblo de los santos que reciben el Reino y operan como sus ejecutivos”.

Estas dos secciones de la Biblia, Daniel 2:35, 44 y Daniel 7:13, 14, 18, 22, 27, son la clave esencial para el significado de la expresión “Reino de Dios.” El Reino de Dios no es un término inventado de Jesús. Tiene sus raíces en la Biblia hebrea, que Jesús y el Nuevo Testamento tratan como un depósito divino de información esencial de salvación. El mismo Evangelio se basa en el Antiguo Testamento (Ro. 1:16; Gal. 3:8).

Al mandar arrepentimiento y creencia en el Evangelio del Reino (Marcos 1:14, 15) Jesús invita a todos, en todas partes, para comprender el significado del plan salvífico de Dios, tanto para el individuo y el mundo. Arrepentimiento significa apartarse de nuestras violaciones de los caminos de Dios, de nuestros conceptos erróneos de su revelación y abrazar el Evangelio de Dios (Marcos 1:14) que establece la meta de la historia en desarrollo a través de Jesús y que culminará en el Reino de Dios, destinado a reemplazar a los estados-naciones actuales (Apo. 11:15-18) en este planeta renovado.


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jueves, 3 de diciembre de 2009

...COMUNISMO CRISTIANO?



¿Comunismo Cristiano?
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Según Wikepedia El Comunismo[2] , entendido como movimiento político, es una organización de partido que ha adoptado desde el siglo XIX la doctrina marxista, y cuyo principal objetivo es el establecimiento de una sociedad sin clases sociales[1] en un proceso continuo de dos etapas: la primera es un orden socialista (o “primera fase del comunismo”) que supera los antagonismos de clase mediante la supresión de la propiedad privada de los medios de producción mediante su traspaso provisional al Estado bajo el control de la clase obrera no poseedora o proletaria; la segunda es la construcción de un orden propiamente comunista en el cual se suprime toda forma de propiedad privada y se hace posible la abolición del Estado al ir asumiendo las clases trabajadoras todas sus funciones económicas y militares, así como termina aboliéndose a sí misma la propia clase proletaria al finalizar la necesidad económica de una organización político-estatal de luchas de clases: el trabajo asalariado y la distribución por productividad, ambos remanentes de la sociedad burguesa que le dio origen.
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Así que en el comunismo la propiedad privada es abolida totalmente, y todo revierte finalmente bajo el control de la clase obrera no poseedora o proletaria. Sin embargo, creemos que toda forma de totalitarismo es incompatible con los principios cristianos, y de hecho, no hay forma de justificarlo con las mismas Escrituras. Así que hablar de Comunismo cristiano resulta incongruente e incompatible con el pensamiento cristiano auténtico.
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Las Escrituras y el Totalitarismo
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Si leemos 1 Reyes 21 encontraremos un hecho del rey Acab, rey de Samaria, quien quiso adquirir unos lotes circundantes con su propiedad. El dueño rehúsa venderle, y los emisarios del rey terminan arrebatándole a través de maniobras turbias que terminan con su vida. Y como era de esperarse, Yahweh castiga duramente al rey impío Acab por haber pretendido usurpar la propiedad privada de un súbdito suyo cuyo derecho prevalece sobre la autoridad temporal del monarca.
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Este es un ejemplo claro de cómo ve el Señor el atropello, así sea de un monarca que gobierna un país, para apoderarse de una propiedad privada de otro. Este caso nos deja entender que Dios no es un Dios que está en contra de la propiedad privada, sino que más bien la defiende.
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En 1 Samuel 8, encontramos otro relato interesante sobre los peligros de un gobierno totalitario. Aquí leemos que el mismo pueblo judío le exige a Samuel que les conceda optar por un Rey como las otras naciones, sin la intermediación de Jueces. El fundamento de Samuel es una advertencia sobre los peligros que conlleva el otorgar poderes absolutos a un rey, y la poderosa tentación que tendría éste de pretender disponer de los bienes de sus vasallos para sus empresas políticas, lo cual podría derivar en una cruel tiranía.
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En 2 Samuel leemos que el famoso rey David es castigado por Dios porque abusó de su poder político absoluto para hacer morir a Urías, el hitita, y apoderarse así de su mujer, Betsabé, y casarse con ella. De hecho la analogía que emplea el profeta Natán es interesante, pues nos habla de un hombre que roba la oveja de otro, refiriéndose al rey David, quien obviamente había tomado la esposa ajena (de Urías, su general) . Por esta maldad él pagaría caro su pecado con la pérdida del hijo concebido con ella.
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Si uno lee Exodo 22-3 nos enteraremos de que Dios ordena que quien roba o daña la propiedad del prójimo, éste deberá restituirle inmediatamente lo robado, que es una de las demandas actuales de la teoría liberal en el terreno de la justicia.
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En Romanos 13, Jueces 9, Lucas 19, y en varios capítulos del Deuteronomio etc., descubriremos mandatos y relatos absolutamente compatibles con el capitalista moderno. Debido a esto los totalitarios socialistas, valga la redundancia, no pueden justificar sus atropellos en ningún principio cristiano, a pesar de las estúpidas connivencias de algunos sectores de la jerarquía católica. En buena cuenta, Jesús, a pesar de lo que digan intelectuales marxistas de la talla de Hugo Chávez, no pudo ser jamás ni socialista ni revolucionario, pues entonces hubiera traicionado todas las enseñanzas de su padre al pueblo judío, del que él mismo procedía.
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La Propiedad privada dentro de la comunidad Cristiana primitiva
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Es cierto que al comienzo de la iglesia, coyunturalmente hablando, las cosas eran comunes en la comunidad cristiana, pero esto no implicaba que la propiedad privada era antagónica o incompatible con los preceptos de Cristo (Hechos 2:45). Sería absurdo que Juan le desee a Gayo prosperidad en TODAS LAS COSAS y sostener que la Biblia está en contra del capitalismo y la propiedad privada (3 Juan 2). La Escrituras nos hablan de la casa propia de Pedro, la casa propia de Filemón, la casa de Zaqueo, la tumba de José de Arimatea, y aun Jesús dice que su Padre tiene su mansión propia y sus negocios (Juan 14:2,3;Lc. 2:49). Por tanto podemos decir que nuestro Creador es un Dios de negocios, y también Su Hijo, y sus seguidores (Lc. 19:13).
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Jesús en Lucas 19:11-27 nos habla de la Parábola del hombre noble que encargó a sus servidores un capital para que lo trabajaran y lo multiplicaran. Esto difícilmente podría ser interpretado como una condena al capitalismo por parte de nuestro Señor.
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A los Tesalonicenses el Apóstol Pablo les dice: “ocuparos en vuestros negocios” (1 Tes 4:11). Esto me sugiere que los cristianos primitivos tenían negocios y propiedades en las que se ocupan, ya sea como agricultores, alfareros, carpinteros, pesqueros, mineros, etc. Me imagino a Job con sus riquezas multiplicadas, a Pedro con su bote propio de pesca, o a José, esposo de María, con su carpintería propia, y exhibiendo muebles hechos a mano, o a algún otro fiel creyente labrando su parcela y vendiendo sus frutos en el mercado de la ciudad, todos ellos dueños de sus medios de producción.
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La propiedad privada en el milenio
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En el Milenio el redimido se sentará debajo de su vid y debajo de su higuera. Esto nos sugiere que la propiedad privada seguirá siendo una realidad en la era venidera de la justicia, la era del reinado de Cristo (Miq. 4:4; Zac. 3:10).
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Así que no nos dejemos engañar como simplones cuando alguien aparece por allí para decirnos que Jesús fue el primer comunista del mundo. No sería sorpresa que mañana aparezca otro iluso para decirnos que Jesús fue el primer Hippie del mundo… ¡o qué se yo!
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Apologista
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jueves, 20 de agosto de 2009

LA NECESIDAD DE LA UNCIÓN ESPIRITUAL EN EL CREYENTE


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).

«Si no hay unción, no hay conversión».
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«El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor» (Lc.4:18-19).


«Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia» (Mt. 3:16-17).

Es evidente, como vemos, que el ungimiento de Cristo por el espíritu santo ocurrió durante su bautismo, al emerger del agua. En el Antiguo Testamento los sacerdotes eran «consagrados» para el servicio a los 30 años de edad. El servicio sacerdotal estaba representado por cinco actos simbólicos (véase por favor el libro del Éxodo, cap. 29): 1. El lavamiento con agua para ser purificado. 2. La vestidura especial para la función sacerdotal. 3. La necesidad de la unción para impartir gracia divina. 4. El sacrificio para la expiación y la dedicación. 5. Llenar las manos para investir con autoridad para el sacrificio. El ungimiento de Cristo por el espíritu santo dio pauta para su dedicación, para dar principio a su ministerio terrenal con todas sus vicisitudes y prosperidades. Cristo no cumplió con todos los actos simbólicos enumerados un poco arriba. La razón, es que Cristo era sin pecado y no necesitaba de la «purificación» personal como los sacerdotes de la tribu de Leví que pertenecían a la raza de los hombres caídos. Cristo fue «él mismo» el sacrificio único y agradable a Dios para expiar el pecado del mundo una vez por siempre. El bautismo de Cristo en agua simbolizaba su consagración al sacerdocio y simboliza además su muerte en la cruz del Calvario. El no necesitaba el lavamiento al igual que los sacerdotes del Antiguo Testamento para ser «purificados» en la Mikvé (la piscina ritual), pero en su bautismo Cristo se apartó del mundo para efectuar bajo la voluntad de su Padre su consagración especial establecida para el beneficio de los hombres pecadores que vivían en sombras de muerte. Cristo como Sumo Sacerdote de Dios se entregó para «cumplir toda justicia» (Dn. 9:24; Mt. 3:15). Dios ungió a Cristo con el espíritu santo para darle poder y fortaleza para un ministerio nada fácil de llevar. Imprescindible era la unción del espíritu santo en Cristo, del poder de Dios, para culminar su ministerio:

«…para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor» (Lc. 4:18-19).

Cristo necesitaba de la unción del espíritu santo para «morir», por eso dijo: «…Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc. 22:42). Por medio de su ungimiento, el Cristo Hombre fue obediente a Dios hasta la «muerte de cruz» (Fil. 2:5-8). Cristo intercede en su ungimiento como Sumo Sacerdote y Hombre al Diestra del Padre y Señor (He. 7:25; 1 Tim. 2:5). Por lo tanto, la unción de Cristo está dada por la «llenura por el espíritu santo». Esta «plenitud» del espíritu santo la encontramos en Lc. 4:1-2.

La obra de Dios por medio del espíritu santo no se concreta a Cristo con exclusividad sino que abarca el mundo en general, en otras palabras, a «los inconversos que habitan en él». De la manera que los discípulos no entendieron del todo las enseñanzas de Cristo, la doctrina de Dios, el mundo, al igual que los discípulos, necesitaba de la iluminación del espíritu santo para comprender los misterios y propósitos de Dios en Cristo. Entre estos inconversos, agregamos a los que creen o dicen “estar bien con Dios”. Los que pregonan ser “cristianos” pero que han creído en Cristo, no como lo muestra la Biblia, sino en un concepto muy distorsionado de su persona mesiánica. Los que le adjudican una naturaleza igual a la de los ángeles, que pregonan que es un “ser creado” y niegan la real esencia de su obra expiatoria. Los que no han creído en su predicación del Reino de Dios, con la absoluta literalidad que merece. Están, los que han creído en hombres fallidos e ignorantes antes que la Palabra de Dios. De estos últimos, sobreabundan en la actual tierra pagana e inicua: los herejes modernos, los neo-arrianos como son los Testigos de Jehová.

El espíritu santo y su unción es un «don de Dios» (véase Hech. 2:38). La unción del espíritu santo trae como resultado el «establecimiento del creyente en Cristo» (véase por favor 2 Co. 1:21-22), es decir, Dios «confirma» al creyente en Cristo, lo «unge», lo «sella», le ha puesto como «garantía» el espíritu en su corazón regenerado. Si el creyente es perseverante en la luz escritural, esta «garantía» lo conducirá con certeza a la vida eterna, ya que el espíritu santo es «vida y paz» (Ro. 8:6). La palabra «Ungió» (Chrisas, gr., 2 Co. 1:21), de chriö, ungir, es un antiguo verbo que significa «consagrar», por medio del espíritu santo, como en 1 de Juan 2:20.

«Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado» (Jn.16:8-11).

«Habiendo venido» (venga, elthön, gr.), el espíritu santo «Redargüirá al mundo de pecado» (elegxei ton kosmon peri amarritas, gr.), «de justicia» (kai pero dikaiosunës, gr.), y «de juicio» (kai peri kriseös, gr.). «Redargüirá», futuro en voz activa, «elegchö». Esta vieja palabra griega denota «confutar», «convencer mediante prueba». Gracias a Dios por su espíritu que nos «alumbra el entendimiento por medio de su Palabra» (Ef. 1:17-18).

Únicamente los hijos de Dios son «guiados por el espíritu santo», sencillamente porque «mora en ellos» (Ro. 8:9,14). El propósito de Dios a través de su santo espíritu es el de «convencer al mundo de pecado», el de consecuencia extrema, tal como es el «no creer en Cristo como el Hijo de Dios que salva» (Jn. 3:36; Ro. 10:9). Es el de «convencer al mundo para que no se pierda, mas tenga vida eterna en Cristo» (Jn. 3:16).

El espíritu santo «convence al mundo» en el sentido de que el «Justo», Cristo, «ha muerto y resucitado para derrocar en definitiva a la inconmovible muerte, fracturando en su resurrección el terrible e inevitable aguijón que utilizaba en contra de la humanidad» (hablo prolépticamente de un hecho cierto: véase 1 Co. cap. 15), «para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, al diablo» (He.2:14). El espíritu santo «convence al mundo de que Cristo ha partido al cielo y que regresará nuevamente en el futuro en gloria y en poder para reinar el mundo en una teocracia de mil años» (Hech. 1:10-11; Ap. 24:30; Ap. cap. 20). El espíritu santo «convence al mundo del juicio venidero», con respecto al «príncipe de este mundo», «el dios de este siglo», «el diablo», «Satanás», «la serpie antigua», y que ha sido ya «juzgado en la hosca cruz y en la resurrección de Cristo de entre los muertos» (Jn. 12:31; 14:30; Col. 2:14). Así, que, el espíritu santo de Dios «convence» de «pecado cometido», de «justicia no cumplida», o sea, de «incredulidad», y de «juicio venidero».

Sin la unción de espíritu santo, el hombre es uno «natural», uno falto de comprensión espiritual, porque «no percibe las cosas del espíritu», por carecerlo. Para él son «locura» debido a que «no las puede discernir espiritualmente». No las puede analizar con “buen seso y juicio espiritual” (1 Co. 1:14). Aquí están los inconversos declarados como son los que concilian extrañas filosofías del mundo, los humanistas, los evolucionistas, los ateos, los agnósticos; y por otro lado se encuentran los inconversos religiosos y fanáticos como fueron en el pasado los fariseos, y como son ahora los Testigos de Jehová, los neo-pentecostalistas carismáticos, los católicos romanistas, entre otros más. Pablo menciona que «hemos recibido el espíritu que procede de Dios, y no el del mundo» (1 Co. 2:12), «por lo cual hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el espíritu», claro está, el de Dios (1 Co. 2:13).

Si los Testigos de Jehová solamente aceptan la “unción” para unos “cuantos pocos nada más”, a los que ellos llaman los “verdaderos ungidos”, ¿cómo es posible entonces, suponiendo en “aquéllos qué no la tengan”, puedan visualizar correctamente los fundamentos y designios de Dios escritos en la Biblia, si hemos visto qué es vitalmente necesaria la unción del espíritu santo para comprenderlos? Sabemos bíblicamente que esto es imposible con otras alternativas u opciones diferentes.

Pablo escribe que «donde está el espíritu del Señor, allí hay libertad», «cara descubierta», «transformación» (metamorfóo, gr.), y «gloria que va en aumento, por el espíritu santo de Dios» (2 Co. 2:17-18). No se puede concebir tales cosas sin el espíritu santo. Pablo escribe que «no hemos recibido el espíritu de esclavitud» (Ro. 8:15). El espíritu santo, el que «mora en nosotros los creyentes» (Ro. 8:11), da «testimonio en nuestros espíritus que somos hijos de Dios» (Ro. 8:16). Por el espíritu santo, «sabemos lo que Dios nos ha concedido» (1 Co. 2:12). Si el espíritu santo no radica en quien profesa ser un “buen cristiano”, es bien seguro que la vida de este ser humano está en las más profundas de las tinieblas.

«Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas» (1 Jn. 2:20).

Aquí, «Unción» (chrisma, gr.), es una vieja palabra, de chriö, que significa «ungir», tal vez sugerida por la intromisión en la Iglesia de «anticristos» (antichristoi, gr.), como se ve en 1 Jn. 2:18. Sin duda, los cristianos son «ungidos», «christoi», en este sentido. Esto puede compararse en Sal. 105:15 que dice: «No Toquéis, dijo, a mis ungidos» (me hapsësthe tön christön mou, gr.). De ese modo los creyentes somos «cristos». A diferencia de los «anticristos», como los que conforman las sectas, los genuinos creyentes tienen «el aceite de la unción» (to elaion tou chrismatos, gr. Véase Ex. 29:7), el espíritu santo. El espíritu santo nos capacita para llevarnos al «conocimiento de todas las cosas», las que están en la Palabra de Dios. «Y sabéis todas las cosas» (kais oidate pantes, gr.). En 1 de Jn. 2:20, una de las tres veces que aparece la palabra «unción» en el Nuevo Testamento, se encuentra en este verso. No cabe duda que esta unción se refriere a la obra del espíritu santo: la de capacitación en el creyente para hacer la voluntad de Dios (véase por favor Jn.14:17; 15:26; 16:13).

La unción del espíritu santo esta abierta a todos los verdaderos creyente en Cristo, y no a “unos cuantos” que se dicen ser “súper ungidos y escogidos del Señor”. La arrogancia y la ceguera espiritual son capaces de cristalizar ideas tan descabelladas, tan ridículas y absurdas como esta (ojo neo-pentecostalistas y watchtowerianos). El paráclito que fue prometido por Cristo, el que «nos guía a toda verdad» (Jn. 14:26; 16:13), y que vino en el Día del Pentecostés (Hech. cap. 2), nos «enseña todas las cosas» para «no ser enseñados por otros», en el sentido de que «nadie persista en enseñarnos» (hina tis didaskëi humas, gr.), esto es, cuentos doctrinales y fábulas humanas que conducen a la perdición y que son procalamados con tanto énfasis por los falsos maestros y profetas religiosos (1 Jn. 2:27). La unción del espíritu santo contrarresta el engaño de estos falsos maestros. La unción del espíritu santo capacita, otra vez, al creyente para distinguir entre la verdad escritural del engaño de la propaganda herética.

«Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados» (1 Jn. 2.28).

Un verso de esperanza para todo tiempo, no sólo para la época en que se escribió por inspiración divina, pero también de gran desilusión y de condena. Nos muestra que el regreso de Cristo desencadenará inexorablemente dos reacciones: Para el creyente, la «confianza en su venida» (véase por favor Tit. 2:13). En contraste con el gran terror que hará temblar a los incrédulos ante presencia de Cristo cuando regrese al mundo por segunda ocasión a separar el «trigo» de la «cizaña», las «cabras» de las «ovejas» (véase por favor Mt. cap. 25).

Por medio de la unción espiritual, nos mantenemos firmes en esta «confianza», por el entendimiento de la voluntad de Dios revelada en la Biblia. Así, cuando Cristo «juzgue los secretos de los hombres, no nos avergonzaremos delante de su santa presencia» (Mt. 10:33; Ro. 2:16; Jn. 2:28).

«Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare» (Hech. 2:39).

La promesa del espíritu santo es un regalo, un don para todo creyente de cada generación. Para «todos los que están lejos», todos los extranjeros, los gentiles (véase por favor y compare en Is. 57:19; Ef. 2:13, 17). Las palabras del apóstol Pedro sin lugar a dudas se extienden a cada persona que ha depositado su fe en Cristo, sin tener en mente épocas ni lugares determinados.

¡Gracias Señor, por tu espíritu santo!

Amén.

viernes, 1 de mayo de 2009

"AMADO, YO DESEO QUE SEAS PROSPERADO EN TODAS LAS COSAS"


En los versos de arriba el apóstol Juan le expresa a Gayo, un cristiano distinguido y fiel convertido por Pablo, su deseo de que fuese prosperado en todas las cosas, y que tuviese salud, así como prosperaba su alma.

Muchos evangelistas en diferentes partes del mundo se están apoyando en este pasaje joanino para inculcar a su audiencia ávida de la “Palabra de Dios”, la idea de que Dios quiere que todos sus hijos sean prósperos o ricos en oro, mansiones enormes, autos costosísimos, vestidos finos, etc, para así vivir como verdaderos príncipes del Rey. Estos predicadores modernos y fraudulentos llegan a decir que es una vergüenza para un príncipe tener que vivir en pobreza o en necesidad, mientras que los hijos del diablo viven como verdaderos reyes y potentados en el mundo, siendo muy admirados y respetados por todos. ¿Pero es este razonamiento válido y justificado a la vista de Dios? Nuestra respuesta es que no!

Después de un examen cuidadoso de los dos versos de arriba escritos por el anciano Juan, nos revelará que Gayo prosperaba en su alma, es decir, que se enriquecía en fe (ver. Santiago 2:5), pero sus riquezas materiales no iban creciendo a la par, o no aumentaban como crecía su riqueza espiritual. El hecho de que Juan le deseara a Gayo la prosperidad en todas las cosas nos insinúa que Gayo tenía un estancamiento material mientras que su fe aumentaba día por día. Esto podría ser una paradoja, ¿pues quién más merecería una mayor bendición material sino Gayo quien vivía en completa común con el Señor?

Lo que los cristianos debemos comprender es que Dios conoce a sus hijos, y como Padre celestial, él sabe a cuál de sus hijos darle más recursos materiales y a cuál menos, sabiendo perfectamente que algunos son más susceptibles a caer en los juegos, en las bebidas espirituosas, en las drogas, e incluso en el sexo ilícito. Si por ejemplo un convertido estuvo sumido en el juego como un ludópata empedernido por muchos años, y a duras penas logró salirse de ese vicio, sería imprudente que el Señor le bendijese con más riquezas materiales sabiendo que aún podría caer en esa trampa mortal del juego. Si el Señor no está bendiciendo a muchos de sus hijos con dinero en abundancia es porque Él sabe que éste les puede perjudicar en vez de favorecer.

El deseo de Juan por la prosperidad de Gayo fue sólo eso, un deseo, más no era una garantía o una promesa de que Dios ciertamente lo prosperaría a la brevedad posible.
Así que no le vengan con el cuento de que si usted es un “cristiano practicante”, un “buen sembrador”, y un “cumplido diezmador”, el Señor lo bendecirá grandemente con riquezas materiales en esta misma vida. No se deje engañar por la avaricia, y viva para el Señor cualquiera sea su condición actual. El resto lo hará el Señor a su tiempo. Si no se realiza en esta vida, será para la venidera, en el reino de Cristo.

Dios los bendiga,

Apologista

viernes, 3 de abril de 2009

¿CÓMO DEBERÍAN SER NUESTROS CULTOS, SEGÚN PABLO?




Por Osías Segura




Teólogo costarricense, ha enseñado en el seminario ESEPA. Actualmente está completando su doctorado en Asbury Theological Seminary (Wilmore, KY)
Pablo en 1 Corintios 14:26-33 presenta una sugerencia para el desorden litúrgico que se tenían los corintios. Leyéndola entre líneas podemos notar la falta de lo que hoy entenderíamos como “UN profesional de alabanza” y “UN profesional del pulpito”. Sino que el culto era participativo, y creativo según el desarrollo de los dones espirituales entre los corintios. Esto nos indica que posiblemente esa era la característica entre las iglesias primitivas cristianas de los primeros siglos. Pero, ¿Qué podemos nosotros los creyentes del Siglo XXI aprender de este pasaje?¡Para responder a esta pregunta, permítanme aclarar que no estoy proponiendo que este debe ser el modo de adoración para nuestras iglesias! Simplemente quiero utilizar este pasaje como reflexión para buscar maneras de ser más participativos y creativos en nuestros cultos, y entender que para lograr esto necesitamos un liderazgo más al estilo del primer siglo, que del presente siglo.

Primero, yo creo que Pablo no nos llama a ser espectadores pasivos del culto, sino a ser co-productores en el acontecimiento espiritual de la adoración. Es decir, la iglesia no debe ser un lugar de adoración donde los clientes se convierten es espectadores del show dominical. No es necesario que la iglesia este llena de espectadores, sino que debe ser un lugar para construir relaciones. En otras palabras, no se trata de ir al culto como cuando vamos a un concierto: parqueamos el auto, compramos la entrada, encontramos nuestro asiento, vemos el show y cantamos con el cantante. Para aquellos que hemos visitado megaiglesias, tal vez sintamos la misma sensación de asistir a un concierto. Nos convertimos en espectadores-consumidores de adoración, que tal vez nos llene y nos sintamos bendecidos, pero no participamos en el culto, sino con el culto. No podemos ser participantes creativos pues algunas iglesias son demasiado grandes y no están dispuestas a sacrificar sus actividades dominadas por celebridades del pulpito.

Segundo, ¿cuál debe ser el papel del líder cristiano para facilitar la participación creativa de los creyentes? Bueno primero la iglesia debe ser pequeña, o bien, deben existir grupos pequeños. Luego el papel del liderazgo debe ser de crear espacios para que las actividades ocurran. Para esto la estructura del liderazgo en cada iglesia debe evaluarse. ¿Es decir, permitimos que el sacerdocio de todos los creyentes (según los dones espirituales, dados por el Espíritu a cada creyente) se exprese en nuestros cultos? Esto sonaría subversivo para mucha iglesia en América Latina donde la dirección se basa en poder patriarcal, en el control, en la herencia (familia pastoral), y la sumisión a la autoridad del apóstol.

El tipo de liderazgo al que posiblemente Pablo se dirigía eran los ancianos u obispos (a quienes le dedica muchas de sus cartas—ver los primeros versículos de sus cartas a las iglesias) que funcionaban como equipo pastoral voluntario y sin salario. Este equipo pastoral posiblemente abogaban por un liderazgo fluido, donde todos tenían voz y voto (por supuesto todos discernían en el Espíritu) donde no había UN líder designado sino varios. Así el liderazgo era situacional, según como los dones espirituales deberían funcionar para la edificación de todos. En otras palabras, la tarea determinaba el tipo de liderazgo, y el líder necesario en ese momento.

El obstáculo para ejercer este liderazgo fluido es el híper activismo que vemos en muchas de nuestras iglesias, donde la iglesia se mantiene ocupada ejecutando programas y haciendo iglesia, y hasta lastimosamente, quemando y agotando buenos lideres. Esto en vez de ser iglesia, permitiendo el desarrollo de disciplinas espirituales, y el servicio de la justicia en el mundo.

Al rato me pregunto: ¿Si Pablo estuviera vivo hoy, y viera el “orden” de nuestros cultos y todo lo que sucede allí, tal vez nos repetiría ese mismo pasaje en Corintios? ¿No creen?

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