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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

miércoles, 10 de febrero de 2010

LA ULTIMA PREGUNTA DEL LOS DISCIPULOS DE JESUS: SU IMPORTANCIA


Por Ing° Mario A Olcese (Apologista)

Es interesante lo que los discípulos le preguntaron a su Maestro poco antes de su ascenso al Padre, pues—¡fue la última pregunta que le hicieron! Y es que la mayoría de estudiantes bíblicos no comprenden que esta última pregunta encierra toda la esperanza apostólica y cristiana. Por tanto, es muy importante destacarla y entenderla para ser auténticos discípulos de Cristo.

La última pregunta de los discípulos se halla en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 1 y verso 6, y que dice: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”. Nótese que los discípulos que se habían reunido le preguntaron LO MISMO, al UNÍSONO: “Señor, ¿RESTAURARÁS EL REINO A ISRAEL EN ESTE TIEMPO?”. Y, ¿por qué le preguntaron eso exactamente? La razón se encuentra en el verso 3, donde dice: “a quienes también, después de haber padecido, se presentó (Jesús) vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles ( a sus discípulos) durante cuarenta días y HABLÁNDOLES ACERCA EL REINO DE DIOS” (el evangelio).

Jesús había resucitado, y por cuarenta días (mes y medio aproximadamente) se les había estado apareciendo a sus seguidores, para hablarles más sobre el REINO DE DIOS. Sí, durante ese periodo de tiempo, Jesús aleccionaba a sus discípulos sobre el tema del Reino de Dios, y de este punto no se movió para nada durante ese mes y medio. De modo que este asunto del Reino de Dios fue algo crucial e importantísimo para Jesús, pues lo motivó a hablarlo durante sus días finales en esta tierra. Debemos entonces tomar conciencia de lo crucial de este tema del Reino de Dios, ya que si no lo comprendemos en su real dimensión, no captaremos la entera misión de Jesucristo como Salvador, Señor, y Mesías. Recuerde que él mismo confesó: “…es necesario que también a otras ciudades anuncie EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS, PORQUE PARA ESTO HE SIDO ENVIADO” (Lucas 4:43). Entonces está claro que Jesús comenzó (Marcos 1:1,14,15) y finalizó (Hechos 1:3) su ministerio hablando sobre el evangelio del Reino de Dios. ¡Esta fue la verdadera razón por la cual Su Padre lo envió a este mundo hace dos milenios! Ahora es menester que entendamos qué es ese Reino de Dios en su real dimensión.

La Pregunta Oportuna de los Discípulos

Hemos visto que la pregunta de los discípulos se produjo justamente porque Jesús se la había pasado hablando con ellos sobre la restauración del Reino de Dios a los ISRAELITAS, durante su seminario intensivo de cuarenta días. Seguramente que el tema de ese seminario debió titularse: “El Evangelio de la Restauración del Reino De David a Israel”, Lo interesante e importante es que finalmente los discípulos le hicieron una pregunta oportuna y muy sugestiva a su Maestro, la cual encerraba y resumía toda la misión de Jesús en la tierra. Para entender lo que Jesús quiso decir por el Reino de Dios, debemos fijarnos en el contenido de la pregunta que le hicieron todos los discípulos reunidos en ese seminario intensivo de cuarenta días. Obviamente aquella última pregunta de los discípulos encerraba todo lo enseñado por Jesús sobre su reino venidero en la tierra, y que involucraba e incumbía a los ISRAELITAS. Ahora bien, dicha pregunta NO fue—como sostienen algunos— inoportuna, torpe, aislada, y errada de un discípulo lento en entendimiento—¡Fue, más bien, la pregunta de TODOS los discípulos al unísono! Entonces: ¿fueron todos los discípulos torpes para no entender lo enseñado por Jesús durante esos cuarenta días?¿Fue acaso Jesús un pésimo Maestro? ¡No lo creo! Jesús no hablaba oscuramente a sus seguidores, sino sólo a sus detractores (Marcos 4:11.12).

Pues bien, si ellos— como discípulos— pudieron entender el tema del Reino de Dios, es obvio que usted—como discípulo de Jesús—puede igualmente entenderlo si dispone su mente y corazón, y extirpa sus prejuicios o ideas preconcebidas que sobre este tema ha recibido de personas indoctas.

¿Qué es el Reino de Dios Exactamente?

El tema central de Cristo fue, sin duda alguna, las buenas nuevas (=evangelio) del Reino de Dios (Lucas 4:43). Como vimos, Jesús comenzó y finalizó su ministerio hablando precisamente de ese reino que se restablecería en la tierra prometida, en ocasión de su segunda venida. Sus discípulos igualmente difundieron este mismísimo evangelio del Reino de Dios por todos lados a donde iban (Lucas 9:1,2).

El Reino de Dios se inaugura en el Antiguo Testamento cuando los israelitas le pidieron a Samuel que constituyera en Israel un rey y un reino como las demás naciones alrededor de ellos. En 1 Samuel 8:5 leemos: “Y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones”.

El reino hebreo comenzó con Saúl, quien vino a ser un hombre rebelde o desobediente a los ojos de Dios. Finalmente este rey fue destituido y reemplazado por un pastor de ovejas llamado David. Con David Dios hace un pacto solemne que decía: “…Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:16). Además le prometió Dios: “Para que conforme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mi con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará varón en el trono de Israel” (1 Reyes 2:4).

El último rey que tuvo la dinastía del rey David fue Sedequías, quien en 586 AC fue destituido del trono de David a manos de Nabuconodosor, rey de Babilonia. Desde esa fecha Israel se quedó temporalmente sin rey y sin reino debido la infidelidad de muchos de sus reyes. Pero en Ezequiel 21:25-27 veremos que el reino sería finalmente estable eternamente con un príncipe o varón Judío, quien sería justo y recto. Este príncipe aparecería todavía en el futuro, pero cuando lo hiciera, traería—por fin— la justicia y la paz verdaderas al mundo. Sí, Ezequiel, el profeta, anunció que por muchos días Israel estaría sin un rey y reino, hasta que “viniera aquel cuyo es el derecho y a él se lo daría Dios”.

Jesucristo es aquel personaje que tiene el derecho de heredar el reino davídico, puesto que él es el descendiente directo del rey David (Mateo 1:1). Por eso, cuando él vino a la tierra, confesó que había nacido para ser rey. Así se lo manifestó a Pilatos mismo cuando era juzgado por él (Juan 18:37).

Ahora entendemos porqué los discípulos le preguntaron a Jesús si en verdad él iba a restaurar el reino inmediatamente a Israel. Ellos sabían, por los pactos y promesas revelados a los profetas, y a los padres, que un Ungido—el Cristo—reanudaría el reino suspendido de David en Israel. Ellos estaban seguros que Israel sería una monarquía nuevamente, con un rey poderoso y glorioso—¡y lo creyeron inminente!

Dios No ha Rechazado a Su Pueblo Ni a Su Tierra

Millones de Cristianos suponen que el Reino de Dios no es otra cosa que “el reinado de Cristo en nuestros corazones”. Suponen, estos “Cristianos”, que Israel perdió el favor de Dios, y por tanto Dios ya no trata más con su pueblo de antaño porque suponen que “mataron a su Mesías”. Por tanto, los tales llamados “cristianos” enseñan ahora que el reino de Dios es uno de naturaleza “espiritual”, implantado en “el corazón de los hombres”. Otros “cristianos” sostienen que el reino prometido por Cristo es “su iglesia”. Estas ideas preconcebidas son falacias que deben ser extirpadas de nuestras mentes, pues Pablo fue claro cuando dijo que Dios no ha desechado a Israel al cual desde antes conoció: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera, porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo (Israel), al cual desde antes conoció…” (Romanos 11:1,2).

Estamos viendo que Pablo afirma que Dios NO ha desechado a Su pueblo Israel al cual desde antes conoció. Esta enseñanza paulina desecha la idea preconcebida de que los Judíos han sido desechados para siempre por Dios “porque supuestamente mataron a su Mesías”. ¿Acaso los apóstoles Judíos mataron a Su Mesías? ¡Absurdo! ¿Acaso no fue la primera iglesia, Judía?

También el apóstol Pablo, como Judío creyente, dice: “Que son israelitas, de los cuales SON la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Romanos 9:4). Nótese que San Pablo dice que de los israelitas SON (no “ERAN”)—entre otras cosas—las promesas. Las promesas que Dios les hizo a los padres (Abraham, Isaac, Jacob, y David), son para los israelitas primeramente, y luego también para los no israelitas convertidos (Gálatas 3:16,29). Entre las promesas que Dios hizo a los padres están la posesión de una “tierra prometida” (Génesis 12:1,2; 13:15, 15:18), y la perpetuidad del Reino de David —llamado igualmente: “El Reino de Dios” (ver 1 Crónicas 28:5)—Ver también: Salmo 132:11, y 2 Samuel 7:12,13. En estos versículos Ud. verá que Dios prometió perpetuar el trono de David, o también llamado: “El Reino de Dios”. Dios le dice a David esto:”Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones. Él me clamará: Mi padres eres tú, Mi Dios, y la roca de mi salvación” “Yo también lo pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le conservaré mi misericordia y mi pacto será firme con él. Pondré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí” (Salmo 89:4,26-30,35,36). En otras palabras, Dios le prometió A David que su reino se extendería hacia el futuro, y que sería para el beneficio de todas las naciones de la tierra, Además, Dios le dijo a él que tendría un descendiente justo que se convertiría en rey, y que sería el Hijo de Dios predilecto, obediente, sabio, y perfecto (véase Hechos 2:29,30; Isaías 9:6,7). Por esta razón David habló de su descendiente, así: “Todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán. Será su nombre para siempre. Se perpetuará su nombre mientras dure el sol. Benditas serán en él todas las naciones” (Salmo 72:11,17). Es por eso que la última pregunta de los discípulos concuerda perfectamente con esta promesa divina de un Reino de Dios restaurado en Israel. ¿Acaso no Recordamos que David reinó sobre Israel por cuarenta años, siendo su capital final, Jerusalén?¿acaso no recordamos que Jesús mismo afirmó que Jerusalén sigue siendo la ciudad capital del “gran rey” venidero? (Mateo 5:33-35). Este es precisamente el Reino que Cristo predicó y prometió restaurar. Ahora los discípulos, viendo que Jesús se iría en breve al cielo, le preguntaron si ya era inminente el establecimiento del reino davídico en Israel, pues él lo había estado predicando, anunciando, y también confirmando, por más de tres años y medio (Lucas 8:1; Romanos 15:8).

El Tiempo de la Restauración Sólo lo Sabe el Padre

La pregunta de los discípulos a Jesús era obviamente justa, correcta, e inevitable, pues estaban finalmente muy interesados en saber el tiempo exacto para la cristalización de la prometida restauración del reino del padre David. En una ocasión anterior—recordemos— cuando Jesús estaba por entrar en Jerusalén —la capital del Reino Davídico— los discípulos pensaron que el Reino prometido sería inmediatamente restaurado con Cristo a la cabeza (Marcos 11:10). En Lucas 19:11 vemos que Jesús se ve precisado a pronunciar una Parábola, con el propósito de hacerles entender que aún no era el tiempo señalado para la tan anhelada restauración del reino davídico. Explicó en su “Parábola de Las Diez Minas” que “un hombre noble”—él mismo—tenía que ir primero al cielo para recibir la corona de Rey y el reino, y luego volver para tomar su trono en la tierra (v.12). Pero ahora, estando él ya próximo para regresar al cielo, sus discípulos le preguntaron finalmente si su reino se establecería próximamente en Israel o todavía no. Entonces Jesús sólo se limitó a decirles que el tiempo de la tan anhelada restauración del reino a los israelitas, sólo lo sabe Dios Hechos 1:7). Sin embargo, recordemos que ya antes Jesús había afirmado que “de aquel día y la hora” de su regreso como Rey, nadie lo sabía, ni él ni los ángeles del cielo, sino sólo Su Padre (Marcos 13:32).

Aquí vemos nuevamente que Cristo NO reprende a sus discípulos por aquella inevitable pregunta, diciéndoles algo así como: “Están errados, pues ya nunca más será restaurado el Reino a Israel debido a que me rechazaron mis paisanos”. NO!— Él no les dice eso, ni nada parecido. Simplemente les dice que sólo Dios sabe el tiempo exacto para la tan anhela restauración del reino a Israel. Es decir, Jesús valida la pregunta como correcta y oportuna, pero afirma no saber el tiempo exacto para dicho evento glorioso. Es, pues, más que evidente que durante esos cuarenta días que duró el seminario intensivo de Cristo, él se la pasó explicándoles a sus discípulos acerca de cómo sería su reino milenario en Israel, y qué benéficos le traería al mundo entero.

¿Es el Reino sólo para los Judíos?

En Lucas 12:32 Jesús se dirige a sus discípulos como su “manada pequeña”, y a éstos les ofrece su reino. Les dice textualmente así: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre os ha placido daros el reino”. Aquí Jesús les habla a Judíos que son sus seguidores. Esta promesa es dada esencialmente a los que le siguen, a los que le sirven y creen, aunque es verdad que éstos eran Judíos de raza. ¿Es entonces el reino para los Judíos de raza únicamente? ¿Qué hay de nosotros, que somos creyentes, y no somos Judíos? ¿Hace Dios distinción entre los creyentes en función a sus razas?¿Heredan los creyentes gentiles (no Judíos) el cielo, mientras que los creyentes Judíos se quedan en la tierra para heredar y restaurar el reino de David? Hay iglesias cristianas que dicen que el reino de David— en Israel— será sólo para los Judíos conversos y no para los creyentes gentiles. ¿Qué dice la Biblia al respecto?

En primer lugar leamos lo que dice Pablo en Gálatas 3:16,29: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice a sus simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros (Creyentes Gálatas gentiles) sois de Cristo (cristianos), ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” . En los versos anteriores (7,9,14) leemos: “Sabed, por tanto, que los que son de fe (no Judíos de raza necesariamente), éstos son hijos de Abraham…de modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham…para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles…”. También es interesante lo que dice Pablo a los creyentes de Efeso (gentiles), lo siguiente: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos (a la ciudadanía de Israel) por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación…porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios” (Efesios 2:11-14,18,19). “Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio” (Efesios 3:6).

Entonces la promesa del Reino de Dios recae también sobre todos aquellos creyentes gentiles (no Judíos) que han creído en Cristo. Peruanos, Argentinos, Bolivianos, Canadienses, Italianos, Franceses, Ingleses, Senegaleses, Congoleses, Tibetanos, chinos, Coreanos, Japoneses, etc, pueden heredar el reino de David si creen en Cristo. Dios no hace acepción de personas, pues dice Pablo: ”Porque no hay acepción de personas para con Dios” (Romanos 2:11).

Jesucristo Volverá Para Restaurar el Reino de David en la tierra prometida

El Apóstol Pedro dijo: “y él (Dios) envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado: a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:20,21). Compárese esta palabra “restauración” con la de la última pregunta de los discípulos en Hechos 1:3. Es claro, entonces, que el reino israelita lo restaurará Jesucristo cuando regrese por segunda vez al mundo. Así lo afirmó Jesús mismo cuando dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él entonces se sentará en su trono de gloria…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:31,34). Aquí es importante la segunda venida de Cristo como Rey, ya que ello significará la transformación física de los herederos del reino, pues como Pablo había dicho correctamente: “Pero esto digo, hermanos, que la carne y la sangre (los mortales) no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, En un momento, en un abrir y cerrar de ojos; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:50-52). Entonces, cuando los cristianos logren o ganen su transformación física, recién entonces podrán ver y entrar en el reino glorioso de Cristo—¡No antes! La iglesia de Jesucristo está llamada a participar del reino de Dios (Santiago 2:5), pero debe antes crecer en el conocimiento de Dios y de Cristo (Juan 17:3) y en los atributos cristianas (2 Pedro 1.5-11). Hoy los incrédulos y los pecadores pueden ver y entrar en la iglesia de Señor sin ser bautizados o convertidos, pero para ver y entrar en el reino de Dios, hay que ser hombres “perfectos”, hombres de Dios, probos, santos, fieles, e inmortales. Esta es la gran diferencia entre la iglesia del Señor y el Reino de Dios. Al Reino de Dios sólo lo podrán ver e ingresar los que son “santos y perfectos” y que han merecido su transformación física— o su inmortalización—- que es lo mismo (1 Corintios 15:53,54). En buena cuenta, los que hereden y sean parte del reino de Dios, gozarán de la vida eterna con todos los salvos de todas las naciones y épocas.

Recordemos que Jesús volverá a esta tierra, no sólo para transformar o inmortalizar a sus seguidores, sino también para sentarse en su trono de gloria, lo cual indica que él se posará en un trono en la tierra. Este trono será el de David su padre, según está especificado en Lucas 1:31-33, y que dice: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús (La Anunciación del ángel). Este (Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo: y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y reinará sobre la casa (país) de Jacob (Israel) para siempre, y su reino no tendrá fin”. Por cierto que los cristianos también se sentarán en sus respectivos tronos de gloria en el reino de Dios, pues Jesús les dijo a sus apóstoles: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mi, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas 22:29,30), Obsérvese que siempre el reino tiene que ver con Israel. Pero lo trágico es que millones de “cristianos” no quieren tomar literalmente estas profecías, y más bien prefieren darles una explicación “alegórica” o “espiritual”. Pero si quieren hacer esto, entonces la Anunciación deberá ser igualmente interpretada “alegóricamente” o ”espiritualmente”. Pregunto: ¿nació realmente y literalmente Jesús de una mujer joven y virgen? ¿estuvo literalmente embarazada María? o, ¿entenderemos la anunciación como algo “simbólico” también?

El Reino es la Esperanza de la Iglesia

Jesucristo enseñó que “busquemos primero el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). También enseñó a que orásemos por su venida para que se haga— por fin— la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo (Mateo 6:10). Del mismo modo, Jesús afirmó que aquellos que “miran hacia atrás” no son dignos de su reino (Lucas 9:62). También aseveró que “difícilmente un rico puede entrar en él” (Mateo 19:23). A Nicodemo Jesús le dijo que “tenía que nacer de nuevo” para ver y entrar en su reino (Juan 3:3,5). De modo que el Reino es algo que se puede ver y entrar si se “renace” en Cristo.

Aun los apóstoles creyeron en el reino venidero de Jesús. Por ejemplo, el apóstol Pablo afirmó “que es a través de muchas tribulaciones que entraremos en el reino de Dios” (Hechos 14:22). Por su parte Pedro dijo en 2 Pedro 1:5-11, y en especial en el versículo 11, lo siguiente: “Porque de esta manera (madurez espiritual) os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y salvador Jesucristo”. También Pablo dijo que los pecadores incorregibles no podrían de ningún modo entrar en él, salvo que se arrepintieran a tiempo (Gálatas 5:19-21). Santiago afirma que sólo los “ricos en fe”, serán los herederos de ese magnífico reino en la tierra (Santiago 2:5).

Entrar, pues, en el reino, es obtener la vida eterna y la salvación, según se desprende del diálogo del joven rico con Jesucristo de Mateo 19:16-23. En estos versos aparecen las frases “vida eterna”, “reino de Dios”, y “ser salvo”, Aquellos que no logren entrar en el reino de Dios, se deberá únicamente al hecho que no fueron dignos de él (2 Tesalonicenses 1:5). Es por esto que es muy importante buscar el reino de Dios y su justicia, porque ello significa ganar la salvación —¡Esto no lo comprenden millones de Cristianos.

Es verdad que el Reino de Dios es un “reino celestial”, porque precisamente es “de Dios”. Por tanto, las frases: “Reino de Dios” y “Reino de los cielos” son equivalentes. Nótese que nunca aparece en la Biblia la frase: “Reino EN los Cielos” sino “Reino DE los cielos”. Es decir, que procede de los cielos—¡De Dios! Es trágico que millones confundan el reino de los cielos con el mismo CIELO. Sí, hay millones de “cristianos” que sostienen que heredar el “reino de los cielos” significa heredar el mismo cielo—¡Craso error! Definitivamente ni Jesús, ni sus apóstoles, enseñaron que iríamos al cielo para vivir con Dios y los ángeles (Juan 13:33) (Véase también Mateo 5:5; Salmo 37:9,11,22,29,34, Proverbios 2:21,22—nótese que dice: “los perfectos permanecerán en la tierra”).

El Reino de Dios Significará La Justicia y la Paz Mundial

.El Reino de Dios significará la justicia y la paz en la tierra, pues recordemos que Jesús nos mandó a “buscar el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Y el profeta Isaías claramente anuncia: “He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en Juicio” (Isaías 32:1). Y también Isaías predijo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (9:6,7). Y en 2 Samuel 23:3,4 se nos anuncia lo siguiente: “El Dios de Israel ha dicho, me habló la Roca de Israel: Habrá un justo que gobierne ENTRE los hombres, que gobierne en el temor de Dios. Será como la luz de la mañana, como el resplandor del sol en una mañana sin nubes, como la lluvia que hace brotar la hierba de la tierra” .

Por otro lado, la influencia mundial del reino de Cristo se deja ver en los siguientes pasajes de la Escritura: Daniel 2:44, que dice: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”. También el salmista David (72:7-9,11) lo anuncia diciendo: “Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo…todos los reyes se postrarán delante de él; todas las naciones le servirán”. Leer todo el Salmo 72, También Daniel 7:13,14 y Miqueas 4:1-4. Todas estas profecías aseguran que sólo habrá un solo gobernante mundial que domine con autoridad de Dios, y con vara de hierro. ¿Se imagina usted un mundo con un solo gobernante mundial?¿Se imagina usted que las naciones del mundo se sujetarán de buena gana a este magnífico líder mundial que está por venir desde los cielos? Será ciertamente: “¡El deseado de todas las naciones!” (Hageo 2:7). Sí, será el gobernante ideal que todo pueblo ha anhelado tener en el poder.

¿Está Ud. buscando y pidiendo este estupendo reino de Dios y su justicia? (Juan 6:10,33). ¡Es un mandamiento de Jesucristo! Sin embargo, cuántos aún ignoran que este reino milenario es la única esperanza que tiene la humanidad para tener paz y justicia verdaderas. No es “escapando al cielo” como vamos a lograr obtener la felicidad, la justicia, y la paz que anhelamos. Eso querría decir que el diablo triunfó al lograr la destrucción de la tierra, y arrojar a los hombres al cielo. ¿acaso no recordamos que Dios creó la tierra para que fuese habitada por los hombres? (Salmos 115:16). ¿Trastocará el diablo los propósitos de Dios para con la tierra? ¡De ningún modo! Pero los que afirman que iremos a vivir en el cielo, están desvirtuando todo el propósito de Dios de restaurar todas las cosas como eran al principio. Es obvio que la palabra restaurar quiere decir “reponer, recuperar, recobrar, reparar, renovar o devolver a una cosa su estado o estima original”. En buena cuenta, Dios pondrá todas las cosas como él se lo propuso en un principio. La restauración de un mundo paradisíaco significará el fin de la violencia humana y animal, y también el final de la depredación de la flora y fauna, y de la contaminación ambiental. Además significará la destrucción de todos los perversos e incorregibles del planeta (Salmo 37:9). Será el fin del dominio de los hombres para dar paso a la gobernación de Dios en la tierra como se efectúa en el cielo.

Desgraciadamente, La gran mayoría de los hombres están buscando solucionar sus problemas a espaldas de Dios, como si Él no existiera. La ONU, por ejemplo, fue creada para traer la paz en el mundo, y ya vemos cómo ésta no ha podido lograr la tan anhelada paz mundial. Hoy más que nunca, el mundo está envuelto en guerras interminables que aniquilan a miles y miles de hombres inocentes. El hombre no sabe que el problema del mal está en el hombre mismo, en su naturaleza pecaminosa y egoísta. Los hombres no entienden que ellos no pueden corregir los males del mundo por sí mismos, pues se encuentran lejos de su Hacedor. La mayoría de ellos únicamente viven sólo para satisfacer sus deseos egoístas, sin importarles sus semejantes. Sólo un necio corrupto puede decir que no hay Dios (Salmo 14:1).

Jerusalén, La Ciudad Capital del Reino

La Biblia es clara cuando dice que Jerusalén será la ciudad capital del reino venidero de Dios. Dice el profeta Jeremías así: “En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: Trono de Jehová, y todas las naciones vendrán a ella en el nombre de Jehová en Jerusalén; ni andarán más tras la dureza de su malvado corazón” (3:17). Hay infinidad de pasajes en la Biblia donde se menciona a Jerusalén como una ciudad superimportante del futuro, y en donde confluirán todos los pueblos de la tierra. Será la capital mundial y el centro del mundo—el lugar donde estarán los tronos de los futuros gobernantes inmortales. Dice también el salmista David sobre Jerusalén, así: “Porque Jehová ha elegido a Sión; la quiso por habitación para si. Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido…allí haré retoñar el poder de David; he dispuesto lámpara a mi ungido. A sus enemigos vestiré de confusión, más sobre él florecerá su corona” (132:13,14,17,18). También dice el salmista, de este modo: “Jerusalén, que se ha edificado como una ciudad que está bien unida entre sí. Y allá están las sillas del juicio, los tronos de la casa de David. Pedid por la paz de Jerusalén: Sean prosperados los que te aman” (122:3-6). Nótese que se habla de “los tronos” de la casa de David (en plural). Esto concuerda con lo prometido por Jesucristo a sus apóstoles, en el sentido que ellos también se sentarían en sus propios tronos, en el reino restaurado de David en Jerusalén (Mateo 19:28). Ahora bien, Jesús extiende su invitación para que todos sus seguidores permanezcan fieles para que puedan participar en su trono y reino. Dice él, así: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apocalipsis 3:21). Además él prometió también: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones” (Apocalipsis 2:26). Y para terminar este acápite sobre Jerusalén, sería bueno recordar Miqueas 4:1-3, que dice: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra”.

El Reino de Dios es el Evangelio Verdadero

. Sí, el Reino de Dios es el evangelio de Cristo. En diferentes pasajes de la Escritura veremos que el Reino de Dios y el evangelio, son sinónimos. En Marcos 1:1,14,15 encontramos un excelente ejemplo de esto. Dicen estos versículos de este modo: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios…después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, arrepentios, y creed en el evangelio”. En la cita bíblica mostrada arriba, es obvio que cuando se habla de creer en el evangelio, lo que se quiere decir es que creamos en el Reino de Dios, y en su Rey, Jesucristo. Además, Pablo dice que el evangelio es poder de Dios para SALVACIÓN para todos los que lo creen de todo corazón (Romanos 1:16). Y cuando Jesús dejó señales concernientes a los últimos días, él dijo que antes de su regreso en gloria para establecer su reino, sus verdaderos discípulos estarían proclamando dicho reino por todo el mundo para testimonio a todas las naciones. Dice así en Mateo 24:14: “Y será predicado este evangelio del Reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin”. Entonces, ¿qué más pruebas podemos pedir para saber y entender lo que es verdaderamente el evangelio de Cristo?

Finalmente veremos a Pablo predicando este mismo evangelio del Reino en diferentes partes del mundo, según lo podemos constatar en Hechos 19:8;20:25;28:23,30,31. Es claro que el asunto del reino de Dios era de primera importancia para Cristo y sus apóstoles (Lucas 9:1,2), ¿Lo es para Ud., estimado hermano? Pablo dijo que seamos sus imitadores, así como él lo era de Cristo mismo (1 Corintios 11:1). ¿Lo está Ud. imitando a él en este quehacer evangélico? Muchos—desgraciadamente—no lo están haciendo, pues han pensando que el evangelio es solamente Cristo mismo, es decir: Su Muerte, su sepultura, y su resurrección al tercer día (1 Corintios 15:1-6). Esta creencia es media verdad, pues ya hemos visto que Jesús mismo tilda al Reino de Dios con el título de: “el evangelio” (Lucas 4:43, Mateo 24:14)—¡Y fue el principio de su evangelio! (Marcos 1:1,14,15). Por eso, predicar el evangelio es predicar el reino de Dios, como también lo es sobre la muerte, sepultura y resurrección de Jesús—¡Todo junto!

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EL PRESENTE REINADO DEL DIABLO VS EL REINADO FUTURO DE CRISTO


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Una de las verdades que nos revelan las Escrituras es que el Satanás es el “dios de este mundo” (2 Corintios 4:4), y que “todo el mundo yace bajo el poder del maligno” (1 Juan 5:19). De otro lado, Dios busca que los hombres sean trasladados del reino de las tinieblas al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13).

Sin duda, Satanás el diablo no sólo existe, sino que controla a sus huestes demoníacas y humanas de maldad. Jesús acusó a los Fariseos de ser “hijos del diablo” porque hacían la voluntad de Satanás (Juan 8:44). Es decir, se habían convertido en descendencia del diablo, y en sus instrumentos de maldad para desacreditar y eliminar al Hijo de Dios.

Del mismo modo, el diablo utiliza a hombres incrédulos y malvados para perseguir a los hijos de la luz y matarlos. El mundo impío se opone a todos aquellos que predican la verdad y la luz, y por eso muchos cristianos tienen serios problemas para convertir a los perdidos, y más bien, se convierten en víctimas de sus opositores. No es de extrañar que el mundo odie la luz y ame a las tinieblas, porque sus obras son malas (Juan 3:19).

Así que el diablo es un enemigo real del hombre, y él sigue siendo el “dios de este mundo”. Esto parecería extraño para aquellos que afirman que Dios es el Soberano del Universo y nadie más. Sin embargo, dentro de Su soberanía, Dios ha permitido que el Diablo tenga su participación malvada en este mundo para que seamos probados y hacernos dignos de su reino. En su soberanía, sin embargo, Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podamos aguantar. De modo que la soberanía de Dios se hace manifiesta en que Él no permitirá que el enemigo nos oprima de tal manera que ya no podamos vencerle. Además, Dios está siempre de nuestro lado, no sólo para darnos fuerza en la debilidad, sino para evitar que éste nos mate.

Sólo siguiendo a Jesús escaparemos de las Tinieblas

Jesús dijo: Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida”. Sí, amigos, sólo caminando con Cristo podemos escapar de las tinieblas Satánicas. Pero el mundo no percibe esto porque el diablo ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria (que es otra palabra para ‘reino’) de Cristo. Sí, el mundo ha sido entenebrecido para que el mensaje del reino futuro de Cristo no les amanezca y no lo entiendan para ser salvos. El diablo ha sido muy hábil para confundir al mundo con mensajes o doctrinas de demonios que distraen la atención de los incrédulos para que no crean en el evangelio del reino de Cristo. Y es que el reino de Cristo no es un “reinado de Cristo en el corazón de los hombres” como sostienen los más de los evangélicos, sino un gobierno literal y mundial encabezado por Cristo y su iglesia y que depondrá al diablo de su trono y dominio actual sobre este mundo malo. Aquí se trata de una futura revolución mundial cuyos protagonistas serán Cristo y Satanás.

Sabiendo Satanás que su tiempo es corto, él está buscando a quien devorar, y para ello maquiavélicamente emplea métodos sutiles de engaño y decepción (1 Pedro 5:8). Allí tenemos a los ufólogos que nos vienen con el cuento de que nuestros “hermanos mayores” de otras galaxias nos sacarán de este marasmo y nos conducirán a la luz y a la verdadera sabiduría que nos salvará. Allí tenemos a los evolucionistas que nos dicen que descendemos de los simios, y a los filósofos que nos vienen con el cuento de que no hay otra vida después de ésta y que lo sabio sería vivirla al máximo sin privarse de los placeres que nos brinda esta existencia. También el enemigo nos ha puesto ante nosotros la pornografía, la pedofilia, los anuncios que promueven la avaricia y la vanidad, y muchas otras porquerías más que están corrompiendo más y más a nuestra sociedad. El diablo no sólo tiene un reinado en nuestras mentes, sino también en todo este mundo supuestamente maravilloso, repleto de tecnología y progresos estupendos nunca antes vistos. Pero la realidad es que este es un mundo loco, caótico, y diabólico por donde se lo mire. El aumento de la maldad y del materialismo es preocupante, y más aún, el alejamiento total de Dios de la mayoría de los hombres que habitan este planeta. Sin duda, el diablo ha logrado dominar el mundo con un buen grado de eficiencia.

Cristo derrocará al Diablo de su trono

La proclama del reino de Cristo es el anuncio del destronamiento del diablo de su trono de autoridad sobre este mundo malo (Apo. 20:1-4). Será el fin del gobierno del terror y de la maldad y el inicio del reino de la paz y la justicia. Es el nacimiento de una nueva era, la era del reino, la era de la vida eterna en una nueva tierra. El reino de Dios no es sólo un supuesto “reinado de Cristo en nuestros corazones”, sino un gobierno literal en este mundo, y sobre los hombres de buena voluntad. Será una nueva sociedad regida por un rey literal, personal, visible, que ejerce sobre un trono, un reino, muchos súbditos, y una ciudad capital. Pero mientras esto no suceda, el diablo seguirá aprovechando el tiempo que le queda para perseguir a los santos y hacerlos sus vasallos. El seguirá tentando a los hombres, especialmente a los santos, para vencerlos. Su intención es dejarle sin seguidores al futuro rey y así boicotearle su derecho al trono de David. El diablo sabe que Jesús proclamó LAS BUENAS NOTICIAS de su deposición, de su ruina, y de su condenación eterna. Sin duda, esas buenas noticias de Cristo les saben MUY MAL a Satanás y sus demonios. Es por eso que cuando Jesús tuvo su encuentro con el poseso Gadareno, los demonios le dijeron: “¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo”? (Mateo 8:29).

Algunas denominaciones cristianas, como los llamados amilenialistas, sostienen que Jesús nunca habló de un reino literal en la tierra con Cristo y su iglesia reinando desde Jerusalén en la era venidera. Estos “cristianos” sostienen que la iglesia es el reino sobre el cual gobierna Cristo. Sin embargo, ellos tienen dificultad para respondernos cómo es posible que Cristo reine en un mundo en donde el diablo sigue dominando y aumentando la maldad por doquier. Si Cristo realmente estaría reinando sobre su iglesia, ¿cómo se explica que aumenta la persecución de los cristianos y la apostasía? ¿Qué clase de dominio es éste, por favor? Realmente nos resulta una paradoja irresoluta.

Por otro lado, hay quienes creen que el reino de Dios será implementado por los esfuerzos de los propios cristianos, a través de la difusión del evangelio a todo el mundo. Esto supone una conversión generalizada del mundo entero antes de que Cristo regrese. Pero esta teoría tampoco es razonable, y menos, bíblica. Jesús dijo que su evangelio sería predicado al mundo entero como TESTIMONIO a todas las naciones, y luego vendría el fin. Es decir, Jesús no creyó en una conversión mundial por los esfuerzos de sus partidarios. El anuncio del evangelio sería sólo como testimonio y advertencia a los pueblos de lo que se viene. Sin embargo, los pocos que creyeran en este anuncio, y fueren bautizados, pasarán a ser los ejecutivos de ese reino futuro en la tierra.

Haciéndole un favor al diablo

Cuando los cristianos de hoy predican un evangelio mutilado, parcial, o diametralmente opuesto al verdadero, lo único que están haciendo es hacerle un favor enorme al diablo, pues éste sabe que la creencia en el verdadero evangelio es sinónimo de salvación. El diablo, conocedor de esto, ha inventado nuevos evangelios que no salvan a nadie, por más sincera que sea nuestra fe en ellos. Realmente la Biblia nos habla de un solo evangelio (Gál. 1:6-9), y no de dos o más. El evangelio social, el evangelio de la prosperidad, y algunos otros como éstos, no son auténticos, sino fraudulentos, y los que creen en ellos no podrán salvarse. Recordemos que el único evangelio salvador, es el del reino de Dios y también la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día. En esto tenemos que ser claros. Pero a pesar de que el reino de Dios fue predicado insistentemente por Cristo y los suyos, éste sigue siendo olvidado o ignorado por la gran mayoría de “creyentes en el evangelio”. ¿No será que estos hermanitos están cegados por el enemigo, y se han convertido así en verdaderos incrédulos? Sí, es cierto, se creen cristianos, pero son incrédulos del evangelio de la gloria (reino) de Cristo. ¿Pero seguirán la mayoría de cristianos en la fila de los incrédulos, sosteniendo simplemente un reino espiritual, o un “reinado de Cristo en los corazones piadosos”? Es hora de quitarse el velo de la ceguera espiritual y retomar el evangelio prístino de Cristo.

Evangelio de Cristo o evangelio de la Gracia

Tenemos que advertir en contra de aquella tesis que dice que Cristo predicó el evangelio del reino a los Judíos y sólo a ellos, y que a Pablo le encomendó a predicar otro evangelio llamado de la gracia. ¿Pero podría Pablo predicar un segundo evangelio y decir luego que sólo hay un evangelio proclamado y que debe ser creído por todos, sean Judíos o gentiles? (Gál.1:6-9).

Sería bueno recordar que efectivamente Pablo habló del “evangelio de la gracia” pero este evangelio es el mismo “evangelio del reino”. Esto se hace claramente evidente y no admite discusión alguna, cuando uno lee con cuidado Hechos 20:24,25. Aquí Pablo usa indistintamente “el evangelio de la gracia” y el “evangelio del reino” como sinónimos. Estos dos versículos son suficientes para demostrar que el evangelio de Pablo era el mismo evangelio que Cristo introdujo en su ministerio (Marcos 1:1,14,15).

¿Es la muerte, sepultura y resurrección de Jesús el evangelio completo?

Finalmente, es importante subrayar que el evangelio resumido por Pablo en 1 Corintios 15 COMIENZA diciendo esto: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (versículos 3-8). Estos versículos han servido a muchos cristianos para justificar que el “verdadero” evangelio de Pablo era el anuncio mundial de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo al tercer día. Esto es algo que creemos incuestionable y muy claro. Sin embargo, los más de los Estudiantes de la Biblia omiten analizar ciertas palabras, e incluso, comas y otros signos ortográficos. En este caso quiero referirme al vocablo “PRIMERAMENTE”. Obviamente Pablo da a entender que su evangelio está compuesto, pues dice, “Porque PRIMERAMENTE os he enseñado lo que asimismo recibí”…y entonces Pablo procede a anunciar la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo. El vocablo “PRIMERAMENTE” nos dice que hay una segunda parte, por lo menos, que hay que completarle al anuncio para obtener la TOTALIDAD del evangelio, y eso lo descubrimos cuando leemos que Pablo también predicaba el evangelio del reino de Dios junto con el nombre del Señor Jesucristo (que incluye, ciertamente, su muerte, sepultura y resurrección al tercer día). Veamos sólo 3 textos clave:

“Predicando el reino de Dios y enseñando lo que es del Señor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento” (Hechos 28:31).

“Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios” (Hechos 19:8).

“Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:25).

Con estos 3 versículos nos convencemos de que Pablo predicó también el reino de Dios, el evangelio original y único de Cristo para el mundo junto con el mensaje de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo al tercer día (Mateo 24:14).

Así que no se puede hablar del reino de Cristo sin hablar, al mismo tiempo, de su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Y no se puede hablar de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día, sin hablar al mismo tiempo de su reino. ¿Y por qué esto? Porque si Cristo no hubiera muerto por nosotros, y resucitado glorioso al tercer día, entonces nuestra esperanza de entrar en su reino sería simplemente una utopía o una simple ilusión.

Dios les bendiga,

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martes, 9 de febrero de 2010

PRUEBAS CONTUNDENTES DE QUE JESUS PISARA NUEVAMENTE LA TIERRA


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

¿Realmente hay pasajes bíblicos para probar que Cristo pisará la tierra nuevamente? Sí las hay, y suficientes como para dejarnos plenamente convencidos.

Recordemos Hechos 1:11, donde ángeles les dicen a los discípulos, quienes instantes antes habían visto al Señor subir al cielo, lo siguiente: “Varones Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? ESTE MISMO JESÚS, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASI VENDRÁ COMO LO HABÉIS VISTO IR AL CIELO”. Aquí se profetiza que el mismo Jesús resucitado, que había permanecido con sus discípulos 40 días en la tierra (Hechos 1:3), volverá DE LA MISMA FORMA O MANERA EN QUE SE HABÍA IDO AL CIELO. Esto se explica de este modo. Según el verso 12, Jesús había ascendido al Padre desde el MONTE DE LOS OLIVOS, hasta que una nube lo tapó de la vista de los discípulos (v.9). Ahora bien, Jesús, al volver, descenderá del cielo a las nubes del cielo, y de las nubes del cielo AL MONTE DE LOS OLIVOS (Zacarías 14:4). Si Jesús al volver, sólo se quedara en las nubes, sin descender hasta el Monte de los Olivos, entonces JESÚS NO ESTARÍA EN VERDAD VOLVIENDO DE LA MISMA MANERA COMO ÉL SE FUE, O COMO LO HABÍAN VISTO IRSE SUS DISCÍPULOS.
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Si una persona hubiera podido tomar una película de ese magno suceso de la ascensión de Jesús al cielo, y luego pusiera en reversa o retroceso la película, entendería exactamente cómo será el futuro regreso de Jesús al mundo. No obstante, no precisamos del auxilio de una cámara de video o de una película para entender lo que explicamos. Aceptemos el hecho de que la ascensión de Jesús al cielo NO comenzó en las nubes, sino en EL MONTE DE LOS OLIVOS. ¿No es interesante que el profeta Zacarías diga que sus pies se posarán nuevamente en el Monte de los Olivos y éste se partirá en dos?¡Esto no sucedió en la primera venida de Cristo! (Leer Zacarías 14:4).

Lo que Jesús dijo en Mateo 5:34,35 nos lleva la conclusión de que Cristo hará de Jerusalén su ciudad real…¡Su trono!. El profeta Jeremías dice que en aquel tiempo (de la restauración del reino) llamarán a Jerusalén TRONO DE JEHOVÁ (3:17). El Salmo 67:4 dice que Dios pastoreará a las naciones EN (no “DE”) la tierra. En Apocalipsis 5:10 leemos: “Y los has hecho reyes y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra.” En Apocalipsis 20:4,6 dice que estos reyes y sacerdotes reinarán con Cristo mil años en la tierra.

En el Salmo 122:3-5 encontramos la información de que los tronos de los “reyes y sacerdotes” estarán en Jerusalén. Por tanto, el trono del “Rey de reyes” estará también allí. Jesús dijo que “Jerusalén es la ciudad del gran Rey” (Mateo 5:34,35).
En Juan 14:2,3 el Señor Jesús prometió a sus discípulos que ellos estarían con él en la tierra de Israel. Él dijo: “PARA QUE DONDE YO ESTOY (la tierra de Israel) vosotros también estéis”. Y en la profecía de Jeremías 23:5 leemos: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia EN LA TIERRA” ( También 33:15). Y en Romanos 4:13 dice que Jesús será “EL HEREDERO DEL MUNDO.”

Según el Salmo 37:29 “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”. Ahora bien: ¿Es Jesucristo el MAYOR JUSTO? ¡Sí! (Leer 1 Juan 2:1). Y si Jesús es también JUSTO, ¿qué heredará él y dónde vivirá? ¡La tierra y en la tierra!. En el Salmo 85:9 se complementa lo anterior diciendo que LA GLORIA HABITARÁ LA TIERRA. Y, ¿cuál GLORIA? ¡La gloria del Señor Jesucristo! (Mateo 16:27; 24:30; Juan 1:14; 17:24; Colosenses 3:4). Por tanto: ¡Jesucristo habitará en la tierra!

En 2 Samuel 23:3 dice: “El Dios de Israel ha dicho: Habrá un justo que GOBIERNE ENTRE (no “SOBRE”) LOS HOMBRES, que GOBIERNE en el temor de Dios.” Sí, Jesús será aquel justo varón que gobierne en medio o entre los hombres en este planeta. ¡Eso dice la Biblia! Además, David dice en su Salmo 140:13 que LOS RECTOS morarán o habitarán en la presencia del rey. Pero: ¿Dónde morarán LOS RECTOS en la presencia del rey? No puede ser el cielo porque Salomón escribió en Proverbios 10:30: “EL JUSTO NO SERÁ REMOVIDO JAMÁS; pero los impíos NO HABITARÁN LA TIERRA.” La conclusión lógica y bíblica es que los rectos habitarán la tierra y estarán en la misma presencia del rey en la tierra. Dice Salomón: “LOS RECTOS HABITARÁN LA TIERRA, Y lOS PERFECTOS PERMANECERÁN EN ELLA.” (Proverbios 2:21). ¡Aquí está la evidencia! Y, ¿Quiénes son los PERFECTOS que permanecerán en la tierra? ¡Los cristianos! (Leer 2 Timoteo 3:17; Colosenses 1:28).

Jesús dice que “los mansos heredarán la tierra” (Mateo 5:5),. Pero más adelante dirá:

.“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN…” (Mateo 11:29). Notemos que Cristo es también el mayor MANSO del mundo. Esto quiere decir que él HEREDARÁ LA TIERRA (comparar con Romanos 4:13).

.Él fue claro al decir que “los MANSOS heredarán la tierra (¡no el cielo!).”

CONTUNDENTE DEMOSTRACION DE QUE LA IGLESIA NO ES EL REINO PROMETIDO


Por Ing° Mario A. Olcese (Apologista)

Lo más sencillo para demostrar que la iglesia no es el reino es sustituir la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ en los textos bíblicos más importantes donde aparece el vocablo reino. Si reino e iglesia son equivalentes como sostienen muchos, no tendrá porqué cambiar el sentido del texto bíblico que habla de él. Veamos algunos ejemplos:

Lucas 19:11:

Texto original: “Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir UN REINO y volver.

Texto cambiado:“Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir UNA IGLESIA y volver.

Comentario:

Notemos que al cambiar la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ en este pasaje, obtenemos un absurdo. ¿Recibió Cristo una iglesia en el cielo? o ¿Se instituyó la iglesia en el cielo?¿Hemos bajado del cielo como “la iglesia de Cristo”?

Lucas 12:32:

Texto original: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros EL REINO”.

Texto cambiado: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros LA IGLESIA”.

Comentario:

Aquí hemos sustituido la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido algo absurdo. En primer lugar, Jesús se dirige a sus apóstoles—¡a los cuales se les DA EL REINO!. No dice Jesús que al Padre le ha placido “HACEROS EL REINO”, sino “DAROS EL REINO”. El sentido es diferente. Si la iglesia es el reino, y ella está compuesta por los apóstoles y demás discípulos, ¿cómo podrían SER ellos “el reino de Cristo” y RECIBIR al mismo tiempo el reino? ¿Cómo podían los apóstoles recibir un reino y ser parte de él al mismo tiempo? Si la iglesia es verdaderamente el reino, entonces Jesús debió decirles a sus apóstoles que al Padre “le ha placido HACEROS el reino o iglesia”. Pero no fue así, sino que dijo: “Le ha placido DAROS EL REINO”!

Mateo 6:10:

Texto Original: “Venga tu REINO, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

Texto cambiado: “Venga tu IGLESIA, hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”

Comentario:

Los que creen que la iglesia es el reino tendrán que mutilar esta parte del “Padre Nuestro”, pues si el reino ya vino en el 33.d.C, ¿para qué seguir pidiéndolo? Pero lo cierto es que esta parte de la oración está tan vigente como el resto de las peticiones en el “Padre Nuestro”. Así, pedir por la venida del reino es tan importante como pedir perdón por nuestras ofensas, o por el pan diario.

Por otro lado, si reemplazamos ‘reino’ por ‘iglesia’ tendríamos: “Venga tu iglesia, hágase tu voluntad…” Sí, “Venga tu iglesia”—¿De dónde?¿Cómo? ¿Por qué tendrían que pedir por la iglesia por la venida de una iglesia? ¡No tiene mucho sentido que digamos!

Mateo 25:31,34:

Texto original: “Cuando el Hijo del Hombre venga…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre HEREDAD EL REINO preparado para vosotros desde la fundación del mundo.”

Texto cambiado: “Cuando el Hijo del Hombre venga…entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre HEREDAD LA IGLESIA preparada para vosotros desde la fundación del mundo.”

Comentario:

Aquí hemos reemplazado ‘reino’ por ‘iglesia’ y encontramos algo muy extraño. Es un asunto muy importante que no podemos pasar por alto, y es que hay una reino (iglesia para los amilenialistas) que se preparó desde la fundación del mundo, y que será heredado por la iglesia en la ‘parusía’ o Segunda Venida de Cristo. ¿UNA IGLESIA que hereda UNA IGLESIA?¿Cómo es posible esto? Por eso creemos que la iglesia y el reino son dos cosas muy diferentes.

Juan 3:3:

Texto Original: “Respondiendo Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no puede ver EL REINO de Dios.”

Texto cambiado: “Respondiendo Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo no puede ver LA IGLESIA de Dios.”

Comentario:

En este pasaje también hemos sustituido ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido un absurdo total. ¿Cuál es ése? Si el reino es la iglesia, y ésta sólo puede ser vista por hombres “renacidos”: ¿Cómo es posible que cualquier hombre mundano o no convertido pueda ver, e incluso entrar, en la iglesia de Cristo? Muchos NO renacidos pueden ver con sus ojos, y entrar con sus pies a la iglesia de Cristo sin dificultad. Esto me lleva a la conclusión de que el reino e iglesia —¡NO son sinónimos!. Hay un reino futuro en el cual los impíos ni verán ni entrarán—¡Sólo los renacidos!

Hechos 14:22

Texto original: “…es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en EL REINO de Dios.”

Texto cambiado: “…es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en LA IGLESIA de Dios.”

Comentario:

Aquí en este pasaje hemos sustituido la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ y hemos obtenido algo interesante. Notemos que Pablo se dirige a creyentes de Listra, Iconio y Antioquia. A estos hermanos, de las iglesias de Cristo en esas ciudades, les exhorta a que permanezcan fieles a pesar de las tribulaciones, a fin de que puedan “ganar su entrada a la iglesia de Dios”. Esto es muy extraño, pues Pablo se dirige a iglesias cristianas ya constituidas. ¿Cómo entrarían las iglesias de Iconio, Listra y Antioquia a la iglesia misma?¡No lo entendemos! Aquí se vuelve a demostrar que el reino de Dios es diferente a la iglesia de Cristo.

1 Corintios 15:50:

Texto original: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar EL REINO de Dios, ni la corrupción hereda a incorrupción.”

Texto cambiado: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar LA IGLESIA de Dios, ni la corrupción hereda a incorrupción.”

Comentario:

Aquí, al reemplazar la palabra ‘reino’ por ‘iglesia’ nos hallamos con un serio problema. Y es que si a la iglesia no se puede pertenecer en la carne y en la sangre, ¿por qué aún están en la carne y la sangre los miembros de la iglesia de Cristo? Obviamente algo no anda bien con la interpretación ‘amilenialista’ del reino.

Hechos 1:6:

Texto original: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor restaurarás EL REINO a Israel en este tiempo?”

Texto cambiado: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor restaurarás LA IGLESIA a Israel en este tiempo?”

Comentario:

Aquí resulta una extrañeza al reemplazar ‘reino’ por ‘iglesia’, pues: ¿Acaso la iglesia tiene que ver con Israel? Cómo es eso que la iglesia será restaurada a Israel? Es obvio que reino e iglesia son dos cosas diferentes. El reino fue antes que la iglesia.

Los ‘amilenialistas’ se encuentran en serios apuros cuando tienen que responder a toda esta argumentación bíblica consistente. El amilenialismo deja sin horizontes y sin entendimiento sobre los sucesos mundiales de hoy. Prácticamente han anulado muchísimas profecías bíblicas del futuro (Leer Proverbios 29:18). Para ellos casi todas las profecías bíblicas ya se han cumplido. Han dejado de comprender los acontecimientos mundiales del presente y del futuro. Prácticamente están el medio del mar sin mapas y brújulas, y…¡están a la deriva!

LLAMADOS A SER GOBERANTES O SIMPLEMENTE SUBDITOS EN EL REINO DE CRISTO?


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Esta es una pregunta que se suscita inmediatamente cuando se enseña que existen pocas vacantes disponibles para gobernar con Cristo, es decir, 144,000 personas selladas de entre la humanidad.

Nuestro amigo, el Sr. Armando López Golart, está convencido de que las 144,000 personas que son selladas de Apocalipsis 7 es un número literal, redondo, completo de los que reinarán lado a lado con Jesús, y luego nos dice que habrá una Gran Multitud de personas (millones) que serán los que serán súbditos de dicho reino. Uno de los argumentos que nos presenta el Sr. López para “probar” el error de los que enseñan que habrá millones de gobernantes en el reino milenario de Cristo, es como sigue: “Pero es que además ¿cómo explicaría Ud., amigo lector, el sistema gubernamental de un Reino? ¿Diciendo que el tal está compuesto de cientos de miles, de miles de más miles de gobernantes asociados? ¿Qué es lo que Ud. está viendo en los que actualmente aún existen, como España, Holanda, Suecia, Inglaterra, Jordania, etc., etc., citados anteriormente? ¿Qué idea cree Ud. que tenían los israelitas del tiempo de Jesús, acerca de la composición del antiguo reino de su antepasado David? Saque conclusiones, le rogamos de nuevo y pregúntese si el resultado obtenido cuadra con un gobierno milenario compuesto de “millones, miles de millones” de gobernantes asociados y que sería el resultado lógico, si fuera cierto que desde Cristo, todos los bautizados como cristianos accedieran a ese privilegio.” Pues bien, tal vez tenga razón el Sr. López al decir esto, aunque se olvidó agregar que el reino de Cristo, si bien tendrá una sede o localidad específica, su alcance e influencia será mundial, un aspecto crucial que no sólo justificaría los 144,000 asociados, sino un número aún mucho mayor. En todo caso dejemos allí el número 144,000 como los predestinados de Dios para reinar con Jesús. Ahora bien, sin querer discutir lo que Dios dispuso para los 144,000 sellados, me parece una cifra tan sui géneris para los elegidos, que me obliga a preguntarme: ¿Por qué no simplemente 100,000, 150,000, ó 200,000? En fin, sólo es una inquietud, aunque ciertamente los números bíblicos 12, 144 (12X12), y 1000, que aparecen en el libro de Apocalipsis, pueden haber dado origen al número 144,000 (12×12x1000=144,000). Por tanto, el número simplemente vendría a ser una cantidad simbólica de una cifra más grande de coherederos con Cristo en el reino venidero.

Por otro lado, Apocalipsis 7 no es único capítulo del libro en que se menciona un “número específico”. Por ejemplo, en Apoc. 9:16 se habla de “200 millones”, y Juan agrega categóricamente: “yo oí su número”. Y aunque esto es así, nadie ha sugerido que éste número indique “una información en cuanto a la cantidad precisa de los ejércitos del mal”. En todo caso, si es literal el número 144,000, también debería ser literal la afirmación de que todos estos sellados son “vírgenes” y que no se han contaminado con mujeres (Apo. 14:4). Es decir, todos los 144,000 deberían ser castos y solteros. Esta condición dejaría fuera de la gobernación a Abraham, al mismo David, a los apóstoles que eran casados, incluyendo al viudo de Pablo.

Sobre los Súbditos

Un hecho importante que me hace pensar que los súbditos no son necesariamente convertidos, es que éstos serán regidos con “vara de hierro” (Apocalipsis 2:27; 12:5). Alguien que necesita ser regido con vara de hierro no puede ser un individuo totalmente sumiso al Señor, obediente (creyente practicante), y mucho menos, manso. En cambio, los que son mansos (los que tienen el espíritu santo) heredarán la tierra como gobernantes, es decir, como coherederos con Cristo de su reino (Mateo 5:5).

Sin embargo, mi amigo, el Sr. López, dice esto de los súbditos del reino: “Como podemos ver y al igual como en el caso de Noé después del Diluvio, la tierra de nuevo verá a una humanidad que, aunque continuando de momento en estado de imperfección, en su totalidad será conocedora y obediente de Sus disposiciones reglamentarias y por eso Jehová, les ha concedido el pasar con vida a través de tan dramáticos acontecimientos”. Sinceramente pongo en duda lo dicho por el Sr. López en el sentido de que los súbditos serán conocedores y obedientes de Dios antes de entrar al reino. Recordemos que los súbditos son los sobrevivientes de las naciones, los cuales serán enseñados y adoctrinados en el camino del Señor en el milenio, pues dice la Biblia: “De Sion saldrá la ley y de Jerusalén la Palabra de Yahweh”. “Y los errados de espíritu aprenderán inteligencia, y los murmuradores aprenderán doctrina” (Isa. 29:24). “Todos tus hijos serán enseñados de Jehová; y multiplicará la paz de tus hijos” (Isa. 54:13).

Hijos del Reino e Hijos del malo

Como le he indicado a mi amigo, el Sr. López, uno puede ser, o hijo del reino, o hijo del malo. En la Biblia hay un contraste sumamente claro y definitivo de estas dos clases de hijos. En Mateo 13:38, Jesús dice: Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. Con esto podemos decir que hay hijos del reino e hijos del malo. Los hijos del reino es una clase, y los hijos del malo, otra. Los hijos del reino (los justos) finalmente resplandecerán como el sol en el reino de su Padre (Mat. 13:38-43). Es decir, ningún hijo del reino dejará de resplandecer en el reino del Padre. Esto indicaría que todos los que hereden el reino tendrán su gloria resplandeciente (debido a la transformación producida en la parusía). Pero si los súbditos no son los hijos del reino, ¿de quién son hijos, entonces? ¡Del malo!

Lo cierto es que somos llamados por el bautismo a ser parte del cuerpo de Cristo. Sólo basta analizar con la mente abierta Hechos 2:38-47. Aquí veremos que el bautismo es para el perdón de pecados y para recibir el espíritu santo (v. 38). Y el llamado no es sólo para los Judíos, sino también para todos aquellos que Dios llamare de lugares distantes (v.39). En el verso 41 se dice que los bautizados fueron añadidos—¿a dónde?— el verso 47 responde la pregunta diciendo que son añadidos a la iglesia. Es decir, los bautizados se unen al cuerpo de Cristo, que es su iglesia. Esto significa que Jesús (la cabeza) reina en su trono con su cuerpo (la iglesia), la cual está compuesta de Hebreos y gentiles conversos.

El problema de los que dicen que sólo un grupo pequeño de los bautizados reinarán con Cristo, están diciendo que Jesús sólo reina con una parte de su cuerpo en su trono, mientras que la otra parte de su cuerpo permanecerá sólo como súbditos (desmembrados prácticamente). ¿Pero puede esto tener sentido? Todos somos bautizados en un solo cuerpo, ¿pero sólo una parte del cuerpo reina?…¡extraño realmente!

La Biblia nos dice que los que “reciben a Cristo” es decir, los que creen en él y en su evangelio del reino, se convierten en hijos de Dios e hijos del reino. Estos pasan de ser “hijos del malo” a “hijos del reino” (o hijos de Dios)(Juan 1:12). Pero si sólo 144,000 son hijos de Dios, automáticamente el resto de creyentes no lo son. Y esto es grave, porque si no son hijos de Dios, entonces permanecen como parias, desheredados, y sin Dios y sin esperanza en este mundo. Dice Pablo: “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 2:12; 4:4-6).

Y como ya lo manifesté antes en otro estudio: Si sólo 144,000 están destinados a ser los coherederos con Cristo, y sólo ellos serán finalmente los hijos de Dios y hermanos de Cristo, llenos del Espíritu Santo; entonces los millones de creyentes que no serán reyes deberán trabajar duro y parejo para lograr ser dignos y merecedores de una vacante real. Creo que ahora todos los que hemos sido bautizados, y hemos creído en su mensaje del reino, estamos dentro de la familia de Dios, y somos todos hijos de un mismo Padre y los potenciales herederos de Su reino, ya que permanecemos unidos al cuerpo de Cristo. Sin embargo, de todos los millones que conformamos su cuerpo, no todos llegaremos a las puertas del reino, pues muchos se apartarán. Por tanto debemos permanecer firmes para que nuestros nombres no sean borrados del libro de la vida, el libro de los príncipes del reino.

Así que, para alinearnos con el hermano López, concordamos con él en que la cifra 144,000 es una cantidad literal de los salvos y de los coherederos del reino de Cristo. Esto, sin embargo, no deja de ameritar el hecho de que todos los que hemos recibido a Cristo y su mensaje del reino, y que hemos obedecido el mandato del bautismo, ya somos parte de su cuerpo por el ungimiento del espíritu santo que fue derramado sobre nosotros. Todo esto significa que somos hijos de Dios y hermanos de Cristo. Y aunque esto es inobjetable para mi, también es indisputable que sólo los que mantengan esta gracia hasta el fin serán dignos de heredar todas las cosas y reinar mil años con Cristo. El resto quedarán excluidos de todos estos privilegios y perderán sus coronas de gloria o de vida.

No deja de inquietarme, sin embargo, la grande muchedumbre que aparece en Apocalipsis 7: 9-15: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén. Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos”. De este grupo incontable se dice que está frente al trono y frente al Cordero. Si esto es verdad, y no tengo razones para dudarlo, entonces hay salvos de entre los gentiles que salieron de la gran tribulación final y que estarán en el mismo lugar (aunque no en la misma posición de reyes) que los 144,000 sellados Hebreos. Esto implicaría que si bien 144,000 son los que reciben sus tronos de autoridad junto con Cristo, hay otros que están delante de los príncipes hechos reyes que colaborarán en la gobernación como asistentes. La característica primordial de esta grande muchedumbre es que está delante del trono y ellos han lavado sus ropas en la sangre del Cordero y las han vuelto blancas. Este último detalle es importante, pues el que vistan vestiduras blancas significa que ellos han vencido y retenido su nombre en el libro de la vida eterna. Dice apocalipsis 3:5, así: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”. Es decir, esta grande muchedumbre goza de inmortalidad y están en presencia de Cristo y delante del trono. En el versículo anterior (verso 4) dice que los que vistan vestiduras blancas andarán con Cristo porque son dignos. Andar con Cristo, NO es andar como súbditos, sino como coheredero con Cristo de su reino, ejerciendo poder y autoridad de soberanos. Esa palabra “dignos” se aplica a los herederos del reino según Apocalipsis 4:11; y 2 Tes. 1:5) o también a los merecedores de vida eterna según Hechos 13:46.

El apóstol Pedro nos habla de participar de la naturaleza divina, ¿pero sólo para algunos cristianos y otros no? Veamos lo que él dice:

“Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa” (2 Pedro 1:4-11).

Notemos que Pedro dice que los que han huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia, participarán de la naturaleza divina; y si además añaden a su fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor, con mayor razón. Aquí nos preguntamos: ¿Ha respondido el Sr. López al llamado de huir de la corrupción que hay en el mundo debido a la concupiscencia y está procediendo a añadir a su fe virtud; a la virtud, conocimiento, etc? Si la respuesta es un sí, entonces mi hermano López participará de la naturaleza divina al igual que los demás que respondieron. Esto significa, además, reinar con Cristo, pues al adquirir la naturaleza divina nuestro hermano López se convertirá en un inmortal, resucitando en la primera resurrección, la resurrección de los justos.

Bueno, hay mucho más para opinar. Pero aquí me detengo para seguirla en otra oportunidad.


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lunes, 8 de febrero de 2010

LOS TESTIGOS DE JEHOVA Y SUS TRASTOCADAS IDEAS CON RELACION AL SERVICIO MILITAR Y A LAS FUERZAS ARMADAS

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Gracias a las fuerzas militares que existen en los países del mundo entero, podemos de cierta manera (porque los desmanes nunca terminarán hasta la Venida del Hijo del Hombre que pondrá en su lugar las cosas cuando se siente en su trono de gloria para regir la tierra) tener seguridad y tranquilidad social (¿que sería de nosotros si no existieran?). Es sabido que las fuerzas militares luchan tenazmente contra el lucrativo y mortal negocio de narcotráfico que promueve la venta de estupefacientes altamente tóxicos que envenenan la mente y el cuerpo, destruyendo cada vez más a una gran cantidad de personas que componen la juventud actual, a nuestros hijos e hijas; las fuerzas militares resisten, sin olvidarnos, la subversión de grupos de guerrilla y paramilitares que atentan contra la vida de los civiles inocentes y de políticos que no se anclan a sus ideales y pensamientos; las fuerzas militares instigan también la paz entre los pueblos de las naciones del planeta.

Por otro lado, los Testigos de Jehová rechazan con aversión rotunda todo lo que huela a milicia, negándose a cumplir con el servicio militar que es obligado porque las autoridades nacionales lo han decretado con oficial propuesta y para un buen propósito. La causa es que no conciben que «con el aprendizaje del uso de las armas pudieran asesinar a una persona que es al prójimo». Parece que ellos se han olvidado de forma conciente (se han hecho los occisos, mejor dicho) de los beneficios que brindan las fuerzas militares armadas, como observamos en los ejemplos antes citados. A decir verdad, la Biblia no está de acuerdo con su idea infundada. Veamos:

«También le preguntaron unos soldados, diciendo: y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: no hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario» (Lc. 3:14).

Sin darle mucho giro al asunto, Juan el Bautista no aconseja nunca a los soldados para que dejen su trabajo militar. Al contrario, Juan los anima a no ser corruptos y que consideren de buena gana el pago de su salario como soldados del ejército.

Esta es una prueba bastante contundente para desvalidar la absurda creencia de la secta de los Testigos de Jehová que rehúsa el sistema de milicia y el asignamiento de las personas para que lleven a cabo el servicio militar.

Pablo aclara que debemos sujetarnos a las autoridades superiores, porque éstas han sido propuestas por Dios. El apóstol de Tarso manifiesta que los magistrados, que presiden los gobiernos, están para infundir temor a los que hacen lo malo; es por eso que existen las fuerzas militares, la policía, porque de otra forma, el caos imperaría sin ningún control en las distintas partes del orbe terrenal (Ver por favor Ro.13:1-5).

Por si fuera poco, en la antigüedad, Israel contaba con ejércitos militares que muchas veces eran dirigidos por Dios en las batallas contra sus enemigos extranjeros, dándole así en varias ocasiones a su Pueblo rotundas y maravillosas victorias.

Veamos en el libro de Josué de los muchos ejemplos que están en la Biblia al respecto, cuando Dios le prometió entregarle la Tierra de Canaán:

«Y dijeron a Josué: Jehová ha entregado toda la tierra en nuestras manos; y también todos los moradores del país desmayan delante de nosotros» (Jos. 2:24).

«Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra» (Jos.6:2).

«Y destruyeron a filo de espada (Josué y su ejército) todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos» (Jos. 6:21).

«Entonces se levantaron Josué y toda la gente de guerra, para subir contra Hai; y escogió Josué treinta mil hombres fuertes, los cuales envió de noche. Y les mandó, diciendo: Atended, pondréis emboscada a la ciudad detrás de ella; no os alejaréis mucho de la ciudad, y estaréis todos dispuestos» (Jos. 8:3-4).

«Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende la lanza que tienes en tu mano; porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía. Y levantándose prontamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que él alzo su mano, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y se apresuraron a prenderle fuego. . . . Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y atacaron a los de Hai» (Jos. 8: 18-19, 21).

La secta watchtoweriana, es una secta muy peligrosa e inconsecuente en sus declaraciones, sobre todo, por sus profecías fallidas. Sus malas interpretaciones bíblicas ha consecuentado, entre otras cosas, con la muerte de miles de sus miembros por no aceptar por fallos inconcebibles las transfusiones sanguíneas que salvan vidas. Secta de errores crasos, la cual tendrá que dar cuenta ante Dios por tantas mentiras abigarradas y que ha establecido como verdades santas y sanas, y lo peor, creyendo que han surgido del mismo Dios bíblico, pero sabemos que el Dios nuestro, no es ningún mentiroso. La secta, pasmosamente, sí lo es.

Dios les bendiga, hermanos míos y amigos que nos visitan siempre.

CARACTER DE LOS HOMBRES EN LOS POSTREROS DIAS

2 Timoteo 3

1 También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.

2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,

3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,

4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios,

5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.

6 Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias.

7 Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad.

8 Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés,(A) así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos en cuanto a la fe.

9 Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos.