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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.
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lunes, 16 de mayo de 2011

TESTIGOS DE JEHOVÁ:¿REALMENTE SERÁ EL LEGENDARIO REY DAVID UN MERO SÚBDITO DE SU PROPIO REINO?



Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Estimados amigos,

Es increíble escuchar a los Testigos de Jehová enseñando tantas sandeces en lo que respecta al reino de Dios, que realmente me quedo pasmado o aturdido. Resulta que la Watchtower ha venido enseñando que el reino de Dios está compuesto por dos tipos de fieles: los reyes y sacerdotes, y los súbditos, todos los cuales son “Testigos de Jehová”. Es decir, gobernantes y súbditos conforman dos clases de Testigos de Jehová, quienes tienen diferentes destinos o diferentes esperanzas. Una clase, la gobernante, que regirá desde los cielos, y que suman 144,000 personas, y otra clase (segunda clase), llamada “la grande muchedumbre”, que vivirán en la tierra.

Para los Testigos de Jehová, Jesús vino a llamar a su iglesia, la cual está compuesta, según ellos, por tan sólo de 144,000 TJ. Esta, su supuesta iglesia, heredaría el reino celestial para regir con él desde los cielos a “la grande muchedumbre” de TJ que no llegaron a conformar su iglesia o cuerpo, y que por esta razón están destinados a vivir en la tierra como vasallos. En buena cuenta, para los TJ, todos aquellos héroes de la fe del Antiguo Testamento, tanto reyes, profetas, y otros justos, permanecerán en la tierra sólo en calidad de vasallos o súbditos, lejos de la mesa mesiánica, y lejos de cualquier responsabilidad gubernamental, dado que al haber vivido antes de Cristo, no pudieron responder a su llamado para ser parte de su iglesia o cuerpo gobernante.

El problema con esta enseñanza es que las Escrituras nos hablan de la restauración del reino Davídico (Hechos 1:3,6,7), y también nos Enseñan que David, el rey y fundador del reino de Dios, se le prometió que no le faltaría varón que se siente sobre su trono. Sí, David sabía, por boca de Dios mismo, que su reino no desaparecería para siempre, y que sería restaurado por un descendiente suyo, el Señor Jesús. Es decir, la línea real de David nunca se perdería (Jer 33:17; Sal. 89:3,4). David sería resucitado para ver la promesa cumplida. El vería nuevamente su reino en todo su esplendor en la persona de “aquel varón”, el Señor Mesías, Jesús.

Sin embargo, los Testigos de Jehová, como dijimos, enseñan que David, así como los otros reyes justos, los profetas, y otros santos y justos del AT, sólo resucitarán para ser súbditos del reino. ¿Se imaginan ustedes lo que esto significa? Significa que el legendario rey David, el fundador del reino de Israel, pasará a ser, de un hombre noble, a un vasallo de su propio reino, lejos de su hijo, el Cristo, y sin ningún poder sobre las naciones. Una especie de rey degradado a la condición de vasallo, como si hubiera sido un hombre de poca monta a los ojos de Dios. ¿Pero acaso nos hemos olvidado que David fue un ungido de Dios, un hijo de Dios, y un rey destacable en Su reino (Sal.89:20)? Realmente nos parece perversa y torcida la enseñanza de los Testigos de Jehová.

Es interesante ver cómo Pablo finalmente menciona a los héroes de la fe del AT diciendo que eran peregrinos en esta tierra, y que ellos anhelaban una ciudad celestial y agregó que ellos serán PERFECCIONADOS JUNTO CON NOSOTROS (incluyéndose Pablo mismo). Veamos lo que dicen los siguientes versos de Hebreos 11:1-40: 1 Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. 11:2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. 11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. 11:4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. 11:5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. 11:7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. 11:8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. 11:9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; 11:10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.11:11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. 11:12 Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.11:13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. 11:14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; 11:15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. 11:16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. 11:17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 11:18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 11:19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. 11:20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. 11:21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. 11:22 Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. 11:23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. 11:24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, 11:25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, 11:26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. 11:27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. 11:28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos.11:29 Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. 11:30 Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. 11:31 Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. 11:32 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; 11:33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, 11:34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. 11:35 Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. 11:36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. 11:37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; 11:38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. 11:39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; 11:40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.

La idea es que tanto los fieles del AT, como los fieles del NT, y todos los demás que se convirtieron de todas los siglos subsiguientes, tendrán una misma esperanza, habiendo sido todos peregrinos en esta tierra y herederos de la ciudad celestial que está por venir a la nueva tierra (Apo. 21:3,4). Estos versos de Hebreos 11 fulminan la tesis jehovísta de que sólo 144,000 TJ son peregrinos en esta tierra, y que sólo 144,000 tendrán la esperanza de entrar a la ciudad celestial.

sábado, 29 de enero de 2011

ES USTED UN JUSTO O UN INJUSTO?

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Jesús hace una distinción entre justos e injustos, y dice que los primeros irán a la vida eterna y los segundos a la condenación (Juan 5:28,29, Mateo 25:46). Así que, o se es justo, o se es injusto, ¡no hay término medio!

¿Y quiénes son los justos?¿Estará Armandito López entre ellos?

a).- Todos los redimidos por la fe en Cristo y en su sangre derramada para el perdón de los pecados

Romanos 3:24: siendo JUSTIFICADOS gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

Romanos 5:1: JUSTIFICADOS, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:9: Pues mucho más, estando ya JUSTIFICADOS en su sangre…

b).- Los que serán salvos de la Ira de Dios:

Romanos 5:9: Pues mucho más, estando ya JUSTIFICADOS en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

1 Corintios 6:11: Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido JUSTIFICADOS en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

c).- Los que serán glorificados y exaltados en trono con los reyes

Romanos 8:30: Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también JUSTIFICÓ; y a los que JUSTIFICÓ, a éstos también glorificó.


Job 36:7: No apartará de los JUSTOS sus ojos; Antes bien con los reyes los pondrá en trono para siempre, Y serán exaltados.

d).- Los que morarán en la presencia de Dios e intimarán con él

Salmos 140:13: Ciertamente los JUSTOS alabarán tu nombre; Los rectos morarán en tu presencia.

Proverbios 3:32: Porque Jehová abomina al perverso; Mas su comunión íntima es con los JUSTOS.

Salmos 68:3: Mas los JUSTOS se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría.

e).- Los que brillarán o resplandecerán como el sol

Mateo 13:43: Entonces los justos RESPLANDECERÁN como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga

f).- Son los entendidos de Dios

Daniel 12:3: Los ENTENDIDOS resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.

g).- Los justos son santos, los que juzgarán el mundo

1 Corintios 1:30: Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, SANTIFICACIÓN y redención;

1 Corintios 6:2: ¿O no sabéis que los santos han de JUZGAR al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de JUZGAR cosas muy pequeñas?

Ahora le pregunto esto: ¿Ha sido usted justificado (lavado de sus pecados) por la sangre preciosa de Cristo? Si su respuesta es sí, entonces usted será glorificado y resplandecerá en el reino de Cristo y terminará viviendo para siempre en la presencia de Dios e intimará con Él como hace un Padre amoroso con un hijo fiel.

Desafortunadamente, los Testigos de Jehová y sus simpatizantes creen que sólo 144,000 TDJ estarán en el cielo, e intimarán con Cristo y con Dios, en tanto que una gran multitud de sus feligreses (la grande muchedumbre) se quedará en la tierra, lejos de la Majestad y de la intimidad del Señor. Esto querría decir que sólo un grupo pequeño de 144,000 Testigos de Jehová habrían alcanzado la justificación y el resto no, pues si todos la hubieran alcanzado, entonces todos los TDJ deberían terminar en la misma presencia del rey e intimando con el Señor.

Pero los TDJ deberían recordar que si sólo ellos (cerca de 7 millones de miembros) serán salvos de la ira de Dios es porque TODOS ellos debieron haber sido justificados por la sangre de Cristo, y consecuentemente es de esperarse que TODOS ellos terminarán brillando y resplandeciendo como el sol al medio día en el reino del Padre. ¿Pero cómo la llamada “grande multitud” de Testigos de Jehová podrían brillar en el reino de Dios si ellos supuestamente no reinarán con Cristo y tampoco compartirán de su gloria en su “trono celestial”, sino sólo como vasallos?
¿Cómo te las estás viendo, mi querido Armandito López Golart? ¡Ojalá que no sea "negras"!

martes, 12 de octubre de 2010

“ESTAR CON CRISTO”—¿QUÉ IMPLICA ESTA FRASE?


Nuestro amigo y hermano, el Sr. Armando López Golart, nos dice en su escrito “La Biblia y la muerte, lo siguiente:

“Ahora, quizás usted pueda entender por qué Jesús contestó de la manera que lo hizo cuando un malhechor que estaba siendo ejecutado junto a él, le hizo esta petición: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino. 43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso”.” (Luc. 23:42-43). Note que Jesús no le prometió nada en especial, como que tendría la oportunidad de formar parte del gobierno del reino… un privilegio que se otorga solo a unos cuantos escogidos de entre la humanidad (Luc. 12:32). No, sino que lo que Jesús le prometió a aquel malhechor simplemente, es que estaría en el Paraíso.

Réplica de Apologista:

Es cierto que Jesús no le dijo al “ladrón bueno” algo así como: “Estarás gobernando conmigo en mi reino” o “Serás parte de mi gabinete de gobierno”, pero sí le dijo: “Estarás conmigo en el paraíso”. Ese vocablo “conmigo” indica una cercanía o una relación muy estrecha con Cristo. Cuando un rey le dice a alguno: “Estarás conmigo en mi reino”, uno entiende que estará muy cerca del rey, ya sea en su palacio, o en su trono mismo.

Veamos el caso de aquel hombre que tenía dos hijos (Lucas 15:11-31). Uno de ellos le pide a su padre que le dé la parte de su herencia para que pudiera hacer su vida fuera del núcleo familiar, pero el otro hijo que opta por quedarse en casa, su padre le dice: “tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas”. Pues bien, notemos que este hijo hogareño siempre estaba con el padre, y por tanto todas las cosas del padre eran de este hijo. Esta ilustración nos hace ver que estar con alguno, en este caso, con el padre, es estar dentro del núcleo familiar, y es también participar de lo que es del padre.

Del mismo modo, cuando Jesús le dijo al “buen ladrón”: “estarás CONMIGO en el paraíso (=reino)”, lo que le quiso decir era que aquel ladrón estaría asociado estrechamente con él en su paraíso o reino, y no meramente, como supone López, que entraría en el reino o paraíso como un súbdito más en una tierra lejana del imperio.

Por otro lado, lo que el Sr. Armando López Golart se olvida es que “estar con Cristo” es estar donde él está y contemplar su gloria. Dice Jesús en Juan 17:24, así: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén CONMIGO, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”. Esto es algo definitivo: Estar con Cristo es estar donde él está, y es ver su gloria”.

Otros pasajes en donde se nos habla de estar con Cristo (“conmigo”) son:

Apocalipsis 3:4: Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán CONMIGO en vestiduras blancas, porque son dignas.

Apocalipsis 3:20: He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él CONMIGO.

Apocalipsis 3:21: Al que venciere, le daré que se siente CONMIGO en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

Finalmente, el Sr. López Golart nos dice que los que gobiernen con Cristo serán “una manada pequeña”, y para probarlo se dirige a Lucas 12:32. Este pasaje dice: “No temáis, MANADA PEQUEÑA, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino”. Pero si tomamos literalmente este pasaje como que son los únicos que reinarán con Cristo, entonces los únicos que reinarán con Cristo serán Judíos naturales convertidos, excluidos los gentiles. Pero lo cierto es que Jesús vino a los Suyos para buscar herederos de su reino, y éstos, por supuesto, eran una manada pequeña comparados con los gentiles del mundo entero. Pero una vez que la mayoría de Su pueblo natural rechazó la oferta del reino, Jesús llamó a los gentiles a través del ministerio de Pablo, y a éstos, les dijo: “Si sufrimos, también REINAREMOS con él; Si le negáremos, él también nos negará” (2 Timoteo 2:12). Así que una participación activa en el reino también le fue ofrecida a una grande multitud de conversos gentiles.

domingo, 12 de septiembre de 2010

EL REINO DE DIOS EN LA TIERRA


Para muchos que de repente sienten interés en la Biblia, les toma por sorpresa descubrir que hubo un reino de Dios en la tierra en el pasado y que ese reino estaba administrado por gobernantes mortales.

Cuando Moisés sacó a los hijos de Israel de Egipto, el Padre les prometió que si obedecían su voluntad, “Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra [...], te confirmará Jehová por pueblo santo suyo” (Deuteronomio 28:1, 9). Que el Padre mantuvo su promesa, está bien corroborado por la Escritura y la historia, e Israel llegó a ser el reino de Dios, tal como lo muestran claramente los siguientes pasajes de la Escritura:

1 Crónicas 29:23 – “Y se sentó Salomón POR REY EN EL TRONO DE JEHOVÁ en lugar de David su padre”.

2 Crónicas 9:8 – “Bendito sea Jehová tu Dios, el cual se ha agradado de ti [Salomón] PARA PONERTE SOBRE SU TRONO COMO REY PARA JEHOVÁ TU DIOS”.

Ese reino llegó a su término en el año 588 a.C. por causa de su iniquidad, cuando Nabucodonosor, Rey de Babilonia, tomó cautivo a su último rey, mató a sus hijos delante de él y a él le sacó los ojos.

EL REINO SE HA DE REESTABLECER

Como ya ha habido un reino de Dios en la tierra, hombres de fe en nuestros días se han convencidos por ciertas palabras proféticas como las de Jeremías 3:17 – “En aquel tiempo llamarán a Jerusalén: TRONO DE JEHOVÁ”, que el Padre reestablecerá su reino en la tierra, tal como lo prometió a Daniel: “Y en los días de estos reyes [en los últimos días] el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido [...]; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44).

El Señor Jesús fue muy preciso al confirmar la promesa que fue hecha al profeta Daniel, puesto que instruyó al apóstol Juan a escribir proféticamente: “Los reinos del MUNDO han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo” (Apocalipsis 11:15). Que los judíos de Israel, en los días de nuestro Señor Jesús sabían que el reino había de reestablecerse, no puede haber duda, porque los discípulos consultaron al Señor Jesús sobre ese punto, preguntando: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6).

¿UN REINO EN LA TIERRA O EN EL CIELO?

En ningún pasaje de la Biblia hay alguna promesa de que el reino de Dios se reestablecerá en el cielo. En cambio, el Señor Jesucristo es enfático al declarar que el reino estará en la tierra. En cierta ocasión instruyó al apóstol Juan para que escribiera en Apocalipsis 5:10 una descripción de los ‘redimidos’: “Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”. La palabra “nos” se refiere a la misma gente de la que habla el profeta Daniel en Daniel 7:27 donde él también habla de los redimidos: “Y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos DEBAJO DE TODO EL CIELO, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. No sólo eso, sino que Jesús tuvo cuidado de enseñar: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5). La Escritura no nos deja en duda de que el futuro reino estará en la tierra.

¿QUÉ CIUDAD SERÁ SU CAPITAL?

Las ciudades famosas del género humano han sido Babilonia, Roma, Londres, Nueva York, y Moscú, pero la Biblia no las menciona como las ciudades importantes del futuro. En cambio, la única ciudad significativa que se menciona como la fuente futura de todo el poder y fuerza gobernante es Jerusalén. El profeta miqueas escribió por inspiración divina: “Fortaleza de la hija de Sión, hasta ti vendrá [...] el reino” (Miqueas 4:8). Y en el mismo capítulo Miqueas escribe acerca del futuro, diciendo: “En los postreros tiempos [...] vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová [...]; porque de Sión saldrá la ley, y de JERUSALÉN la palabra de Jehová” (Miqueas 4:1-2).

El profeta Ezequiel confirma las palabras de Miqueas porque él escribió según las instrucciones del Señor: “Hijo de hombre, este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre” (Ezequiel 43:7). Cuando Ezequiel escribió estas palabras, él estaba hablando de la casa de oración para todas las naciones que se ha de construir en Jerusalén.

El profeta Isaías, escribiendo 700 años antes de los días del Señor Jesús, previó un tiempo cuando la iniquidad de Israel había llegado a su término y él escribe: “Cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sión y en Jerusalén” (Isaías 24:23). Con tan abrumadora evidencia ya presentada, no puede haber duda de que el venidero reino de Dios se reestablecerá en la tierra, y estará centrado en Israel, y el Señor Jesús, ya regresado, reinará desde la futura y nueva capital del mundo, Jerusalén. Jeremías escribe acerca de Jerusalén: “Todas las naciones vendrán a ella” (Jeremías 3:17), y el rey David escribió: “Al monte que deseó Dios para su morada. Ciertamente Jehová habitará en él para siempre” (Salmos 68:16), en tanto que el profeta Joel escribe: “Porque en el monte de Sión y en Jerusalén habrá salvación” (Joel 2:32). El profeta Zacarías añade: “Y vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén” (Zacarías 8:22).

¿CUÁNDO SUCEDERÁ TODO ESTO?

Cuando los discípulos hicieron esta pregunta al Señor Jesús, esta fu su respuesta: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad” (Hechos 1:7). En otro pasaje el Señor Jesús nos asegura que ni siquiera él sabe la fecha y el tiempo del reestablecimiento del reino (Mateo 24:36), PERO el profeta Amós asegura a sus lectores que el Señor NO HARÍA NADA “sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

Por lo tanto, se nos asegura que hay ciertas indicaciones en la Biblia acerca de los tiempos del cumplimiento de todas las promesas del Padre. Una cosa que tenemos que recordar es que NO puede haber ningún reino de Dios en la tierra hasta que el Señor Jesús regrese para establecerlo, y no es coincidencia que el rey David, el salmista, escribiera: “Por cuanto Jehová habrá edificado a Sión, y en su gloria será visto” (Salmos 102:16). Estamos viendo que esto sucede delante de nuestros propios ojos como el pueblo de Dios, los judíos, regresan a su tierra para reconstruir y replantar la tierra. El primer paso ya ha sido dado y pronto el Señor Jesús “con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1 Tesalonicenses 4:16).

La ‘reconstitución de Sión’ ha necesitado el regreso de Israel desde los cuatro rincones del mundo, y en los últimos 100 años, más de cuatro millones de judíos han sido dirigidos a regresar a su antigua tierra, en preparación para el reestablecimiento del reino de Dios en la tierra.

Todo hombre y mujer está invitado a ser parte del futuro reino, el cual ‘desmenuzará y consumirá a todos los reinos’. La promesa de la Biblia es vida eterna en un mundo renovado. Qué necios seríamos de ignorarla cuando se ofrece gratuitamente.

LAS PROMESAS A DAVID


Muy pocas personas, y en verdad, incluso estudiantes bíblicos muy religiosos, están conscientes de la maravillosa relación que hay entre las promesas bíblicas que se hicieron a David y el futuro del Señor Jesucristo en el venidero reino de Dios que se establecerá en la tierra.

Mucho antes de que el rey David entrara en escena, Israel era administrado por Dios, por medio de jueces que se comunicaban con Dios en todo asunto relacionado con el bienestar de la nación. Con el tiempo, el pueblo de Israel quiso tener un rey, así que eligieron a Saúl, el “hombre valeroso” (1 Samuel 9:1), pero su elección no satisfacía las estrictas exigencias del Señor Dios. El profeta Samuel le reprochó: “No guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios” (1 Samuel 13:13). Como resultado, el elegido de Dios, David, octavo hijo de Isaí, el cual era hijo de Obed de la tribu de Judá, fue llamado de su ocupación de cuidar el ganado de su padre para que fuera ungido como rey del reino de Dios (1 Crónicas 29:23 – “Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre”).

POR QUE SE ELIGIO A DAVID

Desde la creación, el Padre ha estado eligiendo personas para que por medio de ellas se cumpla su propósito de llenar la tierra con su gloria (Habacuc 2:14). Para este propósito creó a Adán, escogió a Noé y a Abraham (Génesis 6:9; Gálatas 3:6) y eligió a David de entre 7 otros (1 Samuel 16:12-13). A David, el pastor de ovejas, se le describió como ningún hombre antes había sido descrito, “varón conforme a MI CORAZON, quien hará todo lo que yo quiero” (Hechos 13:22). Entre las palabras finales de David, “el ungido del Dios de Jacob” (2 Samuel 23:1), está lo siguiente: “No es así mi casa para con Dios; sin embargo, EL HA HECHO CONMIGO PACTO PERPETUO, ordenado en todas las cosas, y será guardado” (2 Samuel 23:5). De este modo, tenemos la garantía de David, expresada hace 300 años, que el Padre había hecho un pacto seguro con él, prometiéndole ciertas cosas, que con el tiempo ocurrirán.

¿QUE PROMETIO DIOS A DAVID?

Llegó el día cuando “Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor” (2 Samuel 7:1), y David estaba meditando en su casa en un plan para edificarle una casa a Dios para que morara en ella, aun cuando él no había solicitado que se hiciera esto. En esta ocasión, Dios envió a Natán el profeta a David para decirle que él, Dios, “TE HARA CASA”. Entonces vinieron las maravillosas palabras del Pacto, o promesas, que Dios hizo con David:

“Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré [estableceré] su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré [estableceré] para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él PADRE, y él me será a mí HIJO. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada [establecida] tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:12-16).

LAS PROMESAS DEPENDIAN DE UNA SIMIENTE

Dios en su sabiduría prometió que su propósito continuaría por medio de una ‘simiente’ que se prometió a David, y una vez que identifiquemos esa simiente, el propósito completo de Dios de llenar la tierra con su gloria se hace entendible.

Millones de personas han leído el primer versículo del Nuevo testamento, Mateo 1:1, y probablemente no han captado su significado, pero dice claramente: “JESUCRISTO, HIJO DE DAVID, hijo de Abraham”. Para confirmar la sencilla verdad acerca de la palabra de Dios, leemos en Lucas 1:31-33 las palabras del ángel Gabriel a María, elegida para ser la madre del Señor Jesús:

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS. Este será grande, y será llamado HIJO DEL ALTISIMO; y el Señor Dios le dará el TRONO DE DAVID SU PADRE; y reinará sobre la casa de Jacob PARA SIEMPRE, y su REINO NO TENDRA FIN”.

El apóstol Pedro, lleno del Espíritu santo en el día de Pentecostés (Hechos 2:4), dijo a los judíos procedentes del mundo conocido, que David, “siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, LEVANTARIA AL CRISTO PARA QUE SE SENTASE EN SU TRONO [...], habló de la resurrección de Cristo [...]. a este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hechos 2:30-32).

El Señor Jesús, en su mensaje final al mundo, hizo que el apóstol Juan escribiera en Apocalipsis 22:16: “Yo soy la raíz y EL LINAJE DE DAVID”. Estas son, pues, las sencillas pruebas de que la SIMIENTE que ha de venir, lo cual sería necesario para que se cumplan las promesas que se hicieron a David, era y es el Señor Jesucristo. ENTONCES, ¿QUE SIGNIFICA EL RESTO DE LAS PROMESAS?

LAS PROMESAS–¿CUALES SON?

1. LA CASA: Mientras David estaba considerando edificarle al padre una casa literal o Templo para que habitara en él, Dios estaba más interesado en edificar de David una casa espiritual, en la que él habitaría, un Templo espiritual formado de los verdaderos creyentes en sus promesas (1 Pedro 2:4-9). Sin embargo, el profeta Ezequiel (capítulos 40-48) describe otro templo, o CASA, que se ha de edificar en Jerusalén, el cual será una casa de oración para todas las naciones.

2. EL TRONO: El trono que había de establecerse PARA SIEMPRE, era el trono de David. Por lo tanto, para cumplir las promesas que se hicieron a David, es esencial que el Señor Jesús gobierne en ese trono, en Jerusalén, lo que significa, por supuesto, que el reino de Dios será un reino literal en la tierra, gobernado por el Señor Jesús.

EL REINO

El “reino de Dios” se menciona 69 veces en el Nuevo testamento y podemos ver claramente que las Escrituras lo relacionan no sólo con el reino el reino del trono de Israel, sino también con el reino gobernado por el Señor Jesucristo. Que los verdaderos creyentes pueden llegar a ser parte de este reino y trono está bien demostrado por las palabras del Señor Jesús. “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en MI TRONO, así como yo he vencido, y me he sentado con mi padre en su trono” (Apocalipsis 3:21).

miércoles, 10 de febrero de 2010

EL PRESENTE REINADO DEL DIABLO VS EL REINADO FUTURO DE CRISTO


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Una de las verdades que nos revelan las Escrituras es que el Satanás es el “dios de este mundo” (2 Corintios 4:4), y que “todo el mundo yace bajo el poder del maligno” (1 Juan 5:19). De otro lado, Dios busca que los hombres sean trasladados del reino de las tinieblas al reino de su amado Hijo (Colosenses 1:13).

Sin duda, Satanás el diablo no sólo existe, sino que controla a sus huestes demoníacas y humanas de maldad. Jesús acusó a los Fariseos de ser “hijos del diablo” porque hacían la voluntad de Satanás (Juan 8:44). Es decir, se habían convertido en descendencia del diablo, y en sus instrumentos de maldad para desacreditar y eliminar al Hijo de Dios.

Del mismo modo, el diablo utiliza a hombres incrédulos y malvados para perseguir a los hijos de la luz y matarlos. El mundo impío se opone a todos aquellos que predican la verdad y la luz, y por eso muchos cristianos tienen serios problemas para convertir a los perdidos, y más bien, se convierten en víctimas de sus opositores. No es de extrañar que el mundo odie la luz y ame a las tinieblas, porque sus obras son malas (Juan 3:19).

Así que el diablo es un enemigo real del hombre, y él sigue siendo el “dios de este mundo”. Esto parecería extraño para aquellos que afirman que Dios es el Soberano del Universo y nadie más. Sin embargo, dentro de Su soberanía, Dios ha permitido que el Diablo tenga su participación malvada en este mundo para que seamos probados y hacernos dignos de su reino. En su soberanía, sin embargo, Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podamos aguantar. De modo que la soberanía de Dios se hace manifiesta en que Él no permitirá que el enemigo nos oprima de tal manera que ya no podamos vencerle. Además, Dios está siempre de nuestro lado, no sólo para darnos fuerza en la debilidad, sino para evitar que éste nos mate.

Sólo siguiendo a Jesús escaparemos de las Tinieblas

Jesús dijo: Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida”. Sí, amigos, sólo caminando con Cristo podemos escapar de las tinieblas Satánicas. Pero el mundo no percibe esto porque el diablo ha cegado el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria (que es otra palabra para ‘reino’) de Cristo. Sí, el mundo ha sido entenebrecido para que el mensaje del reino futuro de Cristo no les amanezca y no lo entiendan para ser salvos. El diablo ha sido muy hábil para confundir al mundo con mensajes o doctrinas de demonios que distraen la atención de los incrédulos para que no crean en el evangelio del reino de Cristo. Y es que el reino de Cristo no es un “reinado de Cristo en el corazón de los hombres” como sostienen los más de los evangélicos, sino un gobierno literal y mundial encabezado por Cristo y su iglesia y que depondrá al diablo de su trono y dominio actual sobre este mundo malo. Aquí se trata de una futura revolución mundial cuyos protagonistas serán Cristo y Satanás.

Sabiendo Satanás que su tiempo es corto, él está buscando a quien devorar, y para ello maquiavélicamente emplea métodos sutiles de engaño y decepción (1 Pedro 5:8). Allí tenemos a los ufólogos que nos vienen con el cuento de que nuestros “hermanos mayores” de otras galaxias nos sacarán de este marasmo y nos conducirán a la luz y a la verdadera sabiduría que nos salvará. Allí tenemos a los evolucionistas que nos dicen que descendemos de los simios, y a los filósofos que nos vienen con el cuento de que no hay otra vida después de ésta y que lo sabio sería vivirla al máximo sin privarse de los placeres que nos brinda esta existencia. También el enemigo nos ha puesto ante nosotros la pornografía, la pedofilia, los anuncios que promueven la avaricia y la vanidad, y muchas otras porquerías más que están corrompiendo más y más a nuestra sociedad. El diablo no sólo tiene un reinado en nuestras mentes, sino también en todo este mundo supuestamente maravilloso, repleto de tecnología y progresos estupendos nunca antes vistos. Pero la realidad es que este es un mundo loco, caótico, y diabólico por donde se lo mire. El aumento de la maldad y del materialismo es preocupante, y más aún, el alejamiento total de Dios de la mayoría de los hombres que habitan este planeta. Sin duda, el diablo ha logrado dominar el mundo con un buen grado de eficiencia.

Cristo derrocará al Diablo de su trono

La proclama del reino de Cristo es el anuncio del destronamiento del diablo de su trono de autoridad sobre este mundo malo (Apo. 20:1-4). Será el fin del gobierno del terror y de la maldad y el inicio del reino de la paz y la justicia. Es el nacimiento de una nueva era, la era del reino, la era de la vida eterna en una nueva tierra. El reino de Dios no es sólo un supuesto “reinado de Cristo en nuestros corazones”, sino un gobierno literal en este mundo, y sobre los hombres de buena voluntad. Será una nueva sociedad regida por un rey literal, personal, visible, que ejerce sobre un trono, un reino, muchos súbditos, y una ciudad capital. Pero mientras esto no suceda, el diablo seguirá aprovechando el tiempo que le queda para perseguir a los santos y hacerlos sus vasallos. El seguirá tentando a los hombres, especialmente a los santos, para vencerlos. Su intención es dejarle sin seguidores al futuro rey y así boicotearle su derecho al trono de David. El diablo sabe que Jesús proclamó LAS BUENAS NOTICIAS de su deposición, de su ruina, y de su condenación eterna. Sin duda, esas buenas noticias de Cristo les saben MUY MAL a Satanás y sus demonios. Es por eso que cuando Jesús tuvo su encuentro con el poseso Gadareno, los demonios le dijeron: “¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo”? (Mateo 8:29).

Algunas denominaciones cristianas, como los llamados amilenialistas, sostienen que Jesús nunca habló de un reino literal en la tierra con Cristo y su iglesia reinando desde Jerusalén en la era venidera. Estos “cristianos” sostienen que la iglesia es el reino sobre el cual gobierna Cristo. Sin embargo, ellos tienen dificultad para respondernos cómo es posible que Cristo reine en un mundo en donde el diablo sigue dominando y aumentando la maldad por doquier. Si Cristo realmente estaría reinando sobre su iglesia, ¿cómo se explica que aumenta la persecución de los cristianos y la apostasía? ¿Qué clase de dominio es éste, por favor? Realmente nos resulta una paradoja irresoluta.

Por otro lado, hay quienes creen que el reino de Dios será implementado por los esfuerzos de los propios cristianos, a través de la difusión del evangelio a todo el mundo. Esto supone una conversión generalizada del mundo entero antes de que Cristo regrese. Pero esta teoría tampoco es razonable, y menos, bíblica. Jesús dijo que su evangelio sería predicado al mundo entero como TESTIMONIO a todas las naciones, y luego vendría el fin. Es decir, Jesús no creyó en una conversión mundial por los esfuerzos de sus partidarios. El anuncio del evangelio sería sólo como testimonio y advertencia a los pueblos de lo que se viene. Sin embargo, los pocos que creyeran en este anuncio, y fueren bautizados, pasarán a ser los ejecutivos de ese reino futuro en la tierra.

Haciéndole un favor al diablo

Cuando los cristianos de hoy predican un evangelio mutilado, parcial, o diametralmente opuesto al verdadero, lo único que están haciendo es hacerle un favor enorme al diablo, pues éste sabe que la creencia en el verdadero evangelio es sinónimo de salvación. El diablo, conocedor de esto, ha inventado nuevos evangelios que no salvan a nadie, por más sincera que sea nuestra fe en ellos. Realmente la Biblia nos habla de un solo evangelio (Gál. 1:6-9), y no de dos o más. El evangelio social, el evangelio de la prosperidad, y algunos otros como éstos, no son auténticos, sino fraudulentos, y los que creen en ellos no podrán salvarse. Recordemos que el único evangelio salvador, es el del reino de Dios y también la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día. En esto tenemos que ser claros. Pero a pesar de que el reino de Dios fue predicado insistentemente por Cristo y los suyos, éste sigue siendo olvidado o ignorado por la gran mayoría de “creyentes en el evangelio”. ¿No será que estos hermanitos están cegados por el enemigo, y se han convertido así en verdaderos incrédulos? Sí, es cierto, se creen cristianos, pero son incrédulos del evangelio de la gloria (reino) de Cristo. ¿Pero seguirán la mayoría de cristianos en la fila de los incrédulos, sosteniendo simplemente un reino espiritual, o un “reinado de Cristo en los corazones piadosos”? Es hora de quitarse el velo de la ceguera espiritual y retomar el evangelio prístino de Cristo.

Evangelio de Cristo o evangelio de la Gracia

Tenemos que advertir en contra de aquella tesis que dice que Cristo predicó el evangelio del reino a los Judíos y sólo a ellos, y que a Pablo le encomendó a predicar otro evangelio llamado de la gracia. ¿Pero podría Pablo predicar un segundo evangelio y decir luego que sólo hay un evangelio proclamado y que debe ser creído por todos, sean Judíos o gentiles? (Gál.1:6-9).

Sería bueno recordar que efectivamente Pablo habló del “evangelio de la gracia” pero este evangelio es el mismo “evangelio del reino”. Esto se hace claramente evidente y no admite discusión alguna, cuando uno lee con cuidado Hechos 20:24,25. Aquí Pablo usa indistintamente “el evangelio de la gracia” y el “evangelio del reino” como sinónimos. Estos dos versículos son suficientes para demostrar que el evangelio de Pablo era el mismo evangelio que Cristo introdujo en su ministerio (Marcos 1:1,14,15).

¿Es la muerte, sepultura y resurrección de Jesús el evangelio completo?

Finalmente, es importante subrayar que el evangelio resumido por Pablo en 1 Corintios 15 COMIENZA diciendo esto: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí” (versículos 3-8). Estos versículos han servido a muchos cristianos para justificar que el “verdadero” evangelio de Pablo era el anuncio mundial de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo al tercer día. Esto es algo que creemos incuestionable y muy claro. Sin embargo, los más de los Estudiantes de la Biblia omiten analizar ciertas palabras, e incluso, comas y otros signos ortográficos. En este caso quiero referirme al vocablo “PRIMERAMENTE”. Obviamente Pablo da a entender que su evangelio está compuesto, pues dice, “Porque PRIMERAMENTE os he enseñado lo que asimismo recibí”…y entonces Pablo procede a anunciar la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo. El vocablo “PRIMERAMENTE” nos dice que hay una segunda parte, por lo menos, que hay que completarle al anuncio para obtener la TOTALIDAD del evangelio, y eso lo descubrimos cuando leemos que Pablo también predicaba el evangelio del reino de Dios junto con el nombre del Señor Jesucristo (que incluye, ciertamente, su muerte, sepultura y resurrección al tercer día). Veamos sólo 3 textos clave:

“Predicando el reino de Dios y enseñando lo que es del Señor Jesucristo con toda libertad, sin impedimento” (Hechos 28:31).

“Y entrando él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios” (Hechos 19:8).

“Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien he pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro” (Hechos 20:25).

Con estos 3 versículos nos convencemos de que Pablo predicó también el reino de Dios, el evangelio original y único de Cristo para el mundo junto con el mensaje de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo al tercer día (Mateo 24:14).

Así que no se puede hablar del reino de Cristo sin hablar, al mismo tiempo, de su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Y no se puede hablar de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día, sin hablar al mismo tiempo de su reino. ¿Y por qué esto? Porque si Cristo no hubiera muerto por nosotros, y resucitado glorioso al tercer día, entonces nuestra esperanza de entrar en su reino sería simplemente una utopía o una simple ilusión.

Dios les bendiga,

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viernes, 5 de febrero de 2010

REINO Y REINADO VIENEN JUNTOS


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Juan Recibe una Visión

Apocalipsis 12:10 dice:

“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”.


Algunos maestros de la Palabra vienen sosteniendo que Cristo y Su Reino vinieron en el Primer siglo de la Era Cristiana, pero que Su reinado con poder sólo se cristalizará en la parusía o Segunda venida de Cristo, la cual aún sigue siendo futura. Sin embargo, lo que Cristo le revela a Juan a través de Su ángel es otra cosa muy diferente, según lo leemos en el pasaje de arriba escrito con letras azules. Es necesario leer este pasaje con atención, pues a Juan se le dijo que “ahora” (Es decir, en un determinado momento) ha venido EL PODER, LA AUTORIDAD Y EL REINO DE CRISTO. Esto está más claro que el agua cristalina, claridad que la puede percibir hasta un niño de 5 años. Si el Reino vino hace dos milenios, y el reinado (es decir, la autoridad y el poder que ejerce el rey en su reino) es aún futuro, entonces este texto tendría que ser declarado espurio o una interpolación mal intencionada.


Definitivamente a Juan no se le dijo que el Reino ya había venido y que la autoridad y el poder de éste serían aún futuros. Sólo en las mentes encaprichadas existe esa tesis del “paréntesis” entre el Reino y el reinado de Cristo.


El Reino bajo Cristo viene con Poder


Lo cierto es que Cristo no ha establecido su reino aún, porque si lo hubiera establecido, él debería haber mostrado Su poder y autoridad sobre las naciones. ¿Pero pueden las naciones estar ahora sometidas bajo la autoridad de Cristo? ¿Será nuestro Señor un Rey incompetente que no logra poner en orden el caos existente en los pueblos? Definitivamente hay algo que no funciona bien en la tesis de un reino presente sin autoridad y poder entre las naciones. Los Testigos de Jehová tienen ese problema con su tesis del año 1914. Y aunque ellos creen que el reino y reinado llegaron juntos, no saben explicar porqué Cristo no logra poner orden y autoridad en el caos existente. El amilenialismo, con su tesis de un reino eclesiástico, donde Cristo reina sobre su iglesia, tampoco satisface las demandas Escriturarias de un reinado Mesiánico sobre las naciones, trayendo la justicia y la paz mundiales. Definitivamente la iglesia tampoco es un reino que reina con autoridad y poder sobre las naciones.


Los Santos que reciben el Reino


En Daniel 7:27 leemos algo semejante a lo revelado a Juan, es decir, que los santos, los Cristianos, los verdaderos hijos de Abraham, recibirán en un momento dado el Reino y el reinado (dominio) a lado de Cristo. Este hecho coincide con lo revelado a Juan en Apocalipsis 12:10 claramente. Dice Daniel 7:27 así: “y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. En este pasaje daniélico vemos muy claramente que el Reino y el dominio de los santos aparecen simultáneamente. Daniel no dice que el Reino ya les fue dado a los santos, pero que el dominio de éstos sobre los pueblos será cumplido aún en un futuro indeterminado. No señor, el texto dice muy simplemente que a los santos se les da el reino y el dominio y la majestad de los reinos de manera simultánea. Aquí no hay ninguna declaración que nos haga suponer que el Reino y el reinado de los santos están separados por milenios de distancia.


¿Cristianos reinantes Ahora?


En 1 Corintios 4:8, 20 el Apóstol Pablo se mofó de algunos Cristianos de Corinto porque suponían que estaban en el mejor de los mundos, y que ya reinaban. Pero Pablo se mofa irónicamente de ellos y les dice: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!”. ¿Y porqué Pablo se burló de ellos? La respuesta es simple. Para Pablo, el verdadero reino del Mesías no consistía en palabras, sino en poder o autoridad o dominio. En el verso 20 él les dice muy enfáticamente: “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en PODER”. Es decir, para el apóstol Pablo, el reino va de la mano con el poder, y si no hay poder, no hay reino. Es por eso que él se mofaba de ellos, porque ¿qué poder tenían ellos sobre toda autoridad y dominio imperantes? ¿Acaso ellos podían deponer al Imperio Romano y establecerse como un nuevo reino sobre la tierra? De ningún modo, pues ya sabemos cómo la iglesia fue perseguida y diezmada por el Imperio pagano durante aproximadamente tres siglos después de la muerte de Cristo.


El Ejemplo de Nabucodonosor

En el sueño del rey babilónico se revela una imagen colosal de distintos metales (Daniel 2) y que representan a los distintos imperios que aparecerían hasta la llegada del Reino mundial de Cristo. La cabeza era de oro, y ésta representaba al imperio vigente que dominaba el mundo de entonces, el imperio Asirio-Babilónico. El profeta Daniel le revela a Nabucodonosor que la cabeza de oro era él. Estas son sus palabras: “Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y donde quiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro” (Daniel 2:37,38). Observemos que este primer rey le fue dado su reino, su poder, su fuerza, y su majestad de manera simultánea. Nótese que Nabuconodosor no fue un rey que recibió un reino un día “X”, pero su poder y autoridad los recibió muchos años después. Más bien la Escritura nos dice que él recibió un reino y reinado con poder y autoridad de manera simultánea. Ahora bien, si esto fue así con el primer Imperio o reino mundial, ¿no es lógico esperar que ocurra lo mismo con el último gran imperio o reino que se establecerá en la tierra? ¿No es lógico concluir que el Mesías recibirá de Dios el reino y el reinado con autoridad y poder sobre todo lo existente de manera simultánea?


Lucas 19 registra que Cristo ha ido al cielo para recibir un reino y volver (Lucas 19:11,12). Sin embargo, esto no quiere decir que nuestro Señor ya ha recibido el Reino y su reinado con poder, sino que está esperando que Dios se lo adjudique para luego volver inmediatamente a la tierra para ejercer su reinado…¡cuando sea el tiempo propicio para la restauración de todas las cosas! (Hechos 3:19-21, Lucas 19:15).

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Una promesa por Cumplirse


La única posibilidad que tenemos para interpretar las palabras del ángel a Juan en Apocalipsis 12:10 es que esa visión tiene que ver con el fin de los tiempos, cuando Cristo, al volver, establezca su reino en la tierra, y deponga a los poderes temporales del mundo para traer la paz y la justicia perdurables con vara de hierro. En Mateo 25:31,34 Jesús declara que cuando venga (Su parusía) en gloria, ENTONCES, se sentará en su trono de gloria…y entonces los Cristianos fieles heredarán el Reino y el reinado (Apo. 20:4,5).
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miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA DISTINCIÓN ENTRE REINO Y REINADO DE DIOS


Por Antonio Piñero


Los términos para reino y reinado son en griego basileia, en hebreo clásico mamlaká y en arameo malkut. Todos ellos significan “realeza” de modo general.


• “Reinado”, en español, sería “ejercer la realeza”, el mando, la soberanía. Sería la noción dinámica de Dios que ejerce su soberanía sobre el universo, sobre su pueblo elegido, sobre todos los pueblos, o sobre la historia, etc.


• “Reino” sería el territorio sobre el que se ejerce esa realeza o soberanía. Sería como la realidad concreta que es gobernada por Dios, una realidad espacio-temporal que de algún modo constituya un ámbito en el que Dios ejerza su soberanía.
Sin embargo, la mayoría de la veces, no precisamos tanto y utilizamos “Reino de Dios” de un modo más general significando unas veces “reinado” y otras “reino”.

En el Evangelio de Mateo sobre todo aparece por lo general “reino de los cielos” en vez de “reino de Dios” (sólo 4 veces: 11,28; 19,24; 21,31.43). Se ha pretendido buscar alguna diferencia de matiz, pero no parece que exista ninguna, en verdad. Parece que “reino de los cielos” era un modo propio de Mateo -un piadoso escriba judío hecho judeocristiano- de evitar la palabra “Dios”. Por tanto, si tal expresión era propia del Evangelista, parece poder concluirse que la expresión más original en boca de Jesús era “reino de Dios”.


Los rasgos mínimos, esenciales, del Reino de Dios en los que todos los judíos estaban de acuerdo eran los siguientes:


1. Dios, como creador, es rey de toda la tierra, de todas las naciones


2. Desgraciadamente no todos los pueblos, ni mucho menos, reconocen esa realeza. En realidad, sólo Israel. Este es el pueblo elegido por Dios para manifestar plenamente su realeza.


3. Tarde o temprano el reinado divino será reconocido por todas las gentes, lo quieran o no. Dios se encargará de que así sea. Esta esperanza se describe de modo diverso. La más típica se halla en el libro de Daniel 2,35-45: los poderes del mundo están simbolizados por una estatua gigantesca, pero con pies de barro; de una montaña se desprende por obra de Dios una piedra, que pulveriza la estatua; la piedra –el poder de Dios- va creciendo y ocupa toda la tierra.


Señala James D.G. Dunn, en Jesús recordado (obra que comentaremos en su momento) que en la exégesis moderna, cuando se trata de precisar y concretar cuál sería exactamente el pensamiento nuclear de Jesús, hay un buen número de propuestas:


• Para unos sería el reino la restauración del Israel completo (la reconstitución de las doce tribus de las cuales se habían perdido nueve y media desde la invasión de Israel por parte del rey asirio Salmanasar, que terminó con ese reino y la destrucción de su capital Samaria en el 721 a.C.)


• Para otros sería como la concretización de la definitiva “vuelta del destierro de Babilonia”, nunca producida totalmente, una suerte de culminación historia global de la salvación de Israel.


• Para otros sería como el símbolo de las protestas de las gentes israelitas contra las desigualdades sociales y la opresión en el Israel del siglo I. Esa protesta sería profética, al estilo antiguo, y llevaría consigo el deseo de Dios acabara de una vez con tanta desgracia, ya sea Él solo, ya con la participación de los seres humanos (por las armas /por el arrepentimiento)


• Para otros sería el anuncio de la llegada de una sociedad humana casi perfecta, utópica, en la que los hombres se realizarían perfectamente. En concreto (J. D. Crossan) el reino de Dios sería una revolución impulsada por Dios que llevaría a una sociedad igualitaria a favor del campesinado mediterráneo en su conjunto y en particular el de Israel.


• Para otros sería el “reino” una metáfora que implicaría que Dios impondría en los hombres una sociedad donde imperara la “voluntad incondicional de hacer el bien”.


• Para otros finalmente (sobre todo después de Norman Perrin) la expresión “Reino de Dios” no sería más que un símbolo flexible empleado por Jesús con la conciencia de que no era posible utilizar nada mejor para indicar, o evocar, que vendría un tiempo (¿o que ha empezado ya?) en el que Dios actuaría como rey. Pero un símbolo consciente de que detrás no hay más que un “mito”, es decir, un modo de expresión de una realidad divina, cierta y existente, es verdad, pero que no se puede expresar totalmente con palabras humanas.


Como se ve, hay multitud de interpretaciones… precisamente porque Jesús -como indicábamos- nunca precisó, o nunca tuvo necesidad de precisar, el núcleo de su pensamiento acerca del “Reino” (Tal vez porque era harto conocido por sus paisanos).
Estoy de acuerdo con James Dunn en que lo mejor para explicar en lo posible el concepto de “Reino de Dios” hay que pensar en los términos de una especie de “historia o narración global” -tomada del Antiguo Testamento y de los escritos apócrifos judíos que lo complementan incluidos los manuscritos de Qumrán- de los elementos de ese reino, de las ideas populares en torno a él que estaban presentes en las mentes de los que escuchaban a Jesús.


Esos elementos son unos catorce e intentaremos ofrecer de ellos un panorama en próximas entregas.


Seguiremos, pues.


Saludos cordiales de Antonio Piñero.


www.antoniopinero.com

lunes, 31 de agosto de 2009

EL REINO DE DIOS Y SU REALIDAD TERRENAL



EL REINO DE DIOS Y SU REALIDAD TERRENAL

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, cada uno de vosotros convidará a su compañero, debajo de su vid y debajo de su higuera» (Zac. 3:10).

A partir del Génesis leemos cómo Dios establece en tiempos antiguos un Pueblo para él mismo y del cual saldría el Mesías del «linaje misericordioso» para la redención del mundo. Este Mesías vendría a consumar la salvación de los que han creído en su nombre, en una futura y fructífera Tierra Milenaria, en el Reino de Dios, en un mundo regenerado por el mortal pecado, y este mismo Mesías habrá de reinar con justicia y amor junto a sus fieles hermanos dignos de poseer la corona de vida (Stg. 1:12).

En el Génesis, conforme avanzamos en sus páginas, detectamos que la Historia de la Humanidad va contrayéndose, hasta centrarse en Abraham, el padre del Pueblo escogido, Israel. Es cierto que en el Antiguo Testamento se habla de otras naciones extranjeras, de una relación entre estas con el Pueblo escogido, en buena medida, conflictiva en diversos aspectos. Empero, Dios no sólo es Dios de Israel, que fue tomado para la culminación de sus propósitos divinos en el mundo. La promesa hecha Abraham por parte de Dios no se asienta exclusivamente en la descendencia física que sería «multiplicada grandemente», en la nación que se instalaría como una muy privilegiada en la tierra de Canaán y que abarcaba, según los márgenes geográficos señalados por el Señor y Dios, desde el caudaloso río Nilo hasta el serpéntico Eúfrates mesopotámico, sino «a todas las familias de la tierras», que «serían bendecidas» con la salida del Cristo, el Hijo del Dios Viviente (Mt. 16:16).

En la actualidad, en el conflicto Sionista-Árabe, la nación judía aún lucha dentro de la esfera política y bélica para conseguir la total hegemonía de la Tierra Prometida. La Biblia nos muestra que no es hasta que el Reino de Cristo sea implantado en la tierra que el anhelo que existe hoy en el corazón de la nación de Jacob será hecho realidad. Cristo el Mesías tomará entera posesión del terruño que por siempre le correspondió a la nación de Israel, por decreto y derecho divino, desde la antigüedad.

Sintéticamente, Dios escogió a Israel para ser de bendición para «todos los pueblos del mundo». En el capítulo 15 de Génesis, se narra que Abraham «creyó a Jehová», y significa en realidad que «se apoyo en Jehová», al aceptar y creer en su promesa. El inicio de la promesa ocurre después del éxodo del Pueblo judío, al concluir su salida de la nación egipcia en la que estuvo sometido a servidumbre y esclavitud por más de cuatrocientos años, en la conquista e instalación de este Pueblo en la tierra de Canaán bajo el liderazgo del caudillo Josué. Ya instalado el Pueblo de Israel en la tierra de Canaán, únicamente el tiempo determinaría, en la paciencia de Dios, la venida del Mesías Prometido que «salvaría a su Pueblo de sus pecados» (Mt. 1:18). En la genealogía de Mateo miramos clara y concisamente que la futura promesa de Dios abarca, sin faltar, a los hombres de las naciones gentiles. La aparición de cuatro mujeres extranjeras lo determina sin confusión para el buen discernidor. En esta genealogía aparece Tamar la cananea, Rajab de Jericó, Rut la moabita, y Bestasbé (aunque Mt. 1:6 no menciona su nombre, se deduce que ella es, por haber sido esposa de Urías). La genealogía de Mateo muestra que el Hijo de David, Cristo, ha venido a traer bendiciones a los que han correspondido con la «fe de Abraham» para que les sea tomado por «justicia» (Ro. 4:3). De ese modo tendrán la aptitud y el reconocimiento de Dios para conseguir objetivamente el beneficio de la promesa vendiera que será manifestada en el Reino terrenal. Cristo como Hombre, porque fue «engendrado» como tal, pero de manera sobrenatural en la virgen madre, porque «nació de mujer mas por obra del espíritu santo, y no por participación de varón», por su descendencia real, de acuerdo a las genealogías bíblicas, se le asigna como el legítimo «Hijo de David».

Según la promesa de Dios hecha al hijo de Isaí, el trono de David habría de quedar en la «familia davídica» (2 S. 7:11-13). El trono sería asumido al final por «aquel» que «reinaría para siempre», porque la promesa mesiánica dice: «Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí, y tu trono será estable para siempre» (2 S. 7:16). Esta última promesa, anuncia con anticipación el Reino futuro y Milenario del Hijo de David (véase para mayor entendimiento: Sal. 89:3, 4, 26-37; Ez. 34:23, 24; Lc. 1:32).

Los creyentes verdaderos se sujetarán a la voluntad, a la autoridad del Rey davídico, a Cristo, a quien Dios le dará domino y posesión de la tierra por largura de días (Sal. 2:8). El Reino teocrático de Cristo, será uno perfecto en todas sus dimensiones. Dios reorganizará el buen equilibrio antes habido en el mundo, antes de la caída del hombre en el Edén por el pecado y que vino a corromper, a provocar ruina y caos en el orden universal de las cosas creadas. Dios le dará concordia nuevamente.

Cuando Cristo regrese al mundo otra vez, ejercerá el poder sobrenatural de Dios en su beneficio, honra y gracia. Las bendiciones espirituales y materiales sobreabundarán, la paz, el amor y la dicha perdurarán en santa y límpida gloria. La teocracia terrenal y Milenaria, será la restauración de la «morada», de la «habitación» de Dios en la tierra, y Cristo, el gobernante dadívico prometido desde un principio, la representará legalmente, sosteniéndola precisamente bajo los decretos y mandatos bondadosos de su Padre celestial.

Cristo se manifestará en el mundo en su segundo advenimiento, como los estipula el Antiguo Testamento (véase por favor para corroborar esto en Is. 60:2; 61:2; Ez. 21:27; Dn. 7:22; Hab. 2:3; Hag. 2:7; Zac. 2:8; Mal. 3:1). En este «advenimiento» se le mirará como el Hijo de Abraham (Gn. 17:8; Mt. 1:1; Ga. 3:16), se le verá como el Hijo de David (Lc. 1:32-33; Mt. 1:1; Is. 9:7), como comentamos antes ya; y como Gobernante de la tierra (Zac. 14:9; Fil. 2:10), él será el Rey de Justicia según Is. 32:1. Cristo con seguridad será el Rey de la nación de Israel (Jn. 12:13). Cristo además será, entre otras cosas, Rey de reyes en su venida (Ap. 19:16), Legislador del mundo (Is. 33:22; Gn. 49:10), Pastor de la tierra (Is. 40: 10-11; Jer. 23:1-3; Mi. 4:5; 7:14), el Galardonador de los santos (Is. 62:11), Juez (Is. 61:2; 62:11; 63:1; Dn. 2:44-45; 7:9-10).

El Reinado de Cristo, sin dejar la más mínima pauta a lo cuestionable, será aquí en la tierra, y cuya condición actual y caída será regenerada por el poder de Dios en el retorno visible del Mesías, «cuando se siente en su trono de gloria» (Mt. 25:31), cuando Dios le de «las naciones por herencia, los confines del mundo (Sal.2:8). La esencia vital para la salvación de los hombres, consiste primordialmente en la predicación del Evangelio del Reino que habla y se centra en el próximo gobierno teocrático en el mundo y que el Señor Jesucristo reinará. Cristo, como el Hijo de David, cumplirá la promesa hecha por Dios a David su padre a través de este mundial y glorioso Reino:

«Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto» (Is.9:7).

«Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa » (Is.11:10).

«En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra» (Jer. 23:6).

Amén.

lunes, 24 de agosto de 2009

EL REINO Y EL REINADO DE CRISTO VIENEN SIMULTÁNEAMENTE


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Juan Recibe una Visión


Apocalipsis 12:10 dice:


“Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”.


Algunos maestros de la Palabra vienen sosteniendo que Cristo y Su Reino vinieron en el Primer siglo de la Era Cristiana, pero que Su reinado con poder sólo se cristalizará en la parusía o Segunda venida de Cristo, la cual aún sigue siendo futura. Sin embargo, lo que Cristo le revela a Juan a través de Su ángel es otra cosa muy diferente, según lo leemos en el pasaje de arriba escrito con letras azules. Es necesario leer este pasaje con atención, pues a Juan se le dijo que “ahora” (Es decir, en un determinado momento) ha venido EL PODER, LA AUTORIDAD Y EL REINO DE CRISTO. Esto está más claro que el agua cristalina, claridad que la puede percibir hasta un niño de 5 años. Si el Reino vino hace dos milenios, y el reinado (es decir, la autoridad y el poder que ejerce el rey en su reino) es aún futuro, entonces este texto tendría que ser declarado espurio o una interpolación mal intencionada.

Definitivamente a Juan no se le dijo que el Reino ya había venido y que la autoridad y el poder de éste eran aún futuros. Sólo en las mentes encaprichadas de algunos maestros existe esa tesis del “paréntesis” entre el Reino y el reinado de Cristo.

El Reino bajo Cristo viene con Poder

Lo cierto es que Cristo no ha establecido su reino aún, porque si lo hubiera establecido, él debería haber mostrado Su poder y autoridad sobre las naciones. ¿Pero pueden las naciones estar ahora sometidas bajo la autoridad de Cristo? ¿Será nuestro Señor un Rey incompetente que no logra poner en orden el caos existente en los pueblos? Definitivamente hay algo que no funciona bien en la tesis de un reino presente sin autoridad y poder entre las naciones. Los Testigos de Jehová tienen ese problema con su tesis del año 1914. Y aunque ellos creen que el reino y reinado llegaron juntos, no saben explicar porqué Cristo no logra poner orden y autoridad en el caos existente. El amilenialismo, con su tesis de un reino eclesiástico, donde Cristo reina sobre su iglesia, tampoco satisface las demandas Escriturarias de un reinado Mesiánico sobre las naciones, trayendo la justicia y la paz mundiales. Definitivamente la iglesia tampoco es un reino que reina con autoridad y poder sobre las naciones.

Los Santos que reciben el Reino

En Daniel 7:27 leemos algo semejante a lo revelado a Juan, es decir, que los santos, los Cristianos, los verdaderos hijos de Abraham, recibirán en un momento dado el Reino y el reinado (dominio) a lado de Cristo. Este hecho coincide con lo revelado a Juan en Apocalipsis 12:10 claramente. Dice Daniel 7:27 así: “y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”. En este pasaje daniélico vemos muy claramente que el reino y el dominio de los santos aparecen simultáneamente. Daniel no dice que el reino ya les fue dado a los santos, pero que el dominio de éstos sobre los pueblos será cumplido aún en un futuro indeterminado. No señor, el texto dice muy simplemente que a los santos se les da el reino y el dominio y la majestad de los reinos de manera simultánea. Aquí no hay ninguna declaración que nos haga suponer que el reino y el reinado de los santos están separados por milenios de distancia.

¿Cristianos reinantes?

En 1 Corintios 4:8, 20 el Apóstol Pablo se mofó de algunos Cristianos de Corinto porque suponían que estaban en el mejor de los mundos, y que ya reinaban. Pero Pablo se mofa irónicamente de ellos y les dice: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!”. ¿Y porqué Pablo se burló de ellos? La respuesta es simple. Para Pablo, el verdadero reino del Mesías no consistía en palabras, sino en poder o autoridad o dominio. En el verso 20 él les dice muy enfáticamente: “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en PODER”. Es decir, para el apóstol Pablo, el reino va de la mano con el poder, y si no hay poder, no hay reino. Es por eso que él se mofaba de ellos, porque ¿qué poder tenían ellos sobre toda autoridad y dominio imperantes? ¿Acaso ellos podían deponer al Imperio Romano y establecerse como un nuevo reino sobre la tierra? De ningún modo, pues ya sabemos cómo la iglesia fue perseguida y diezmada por el Imperio pagano durante aproximadamente tres siglos después de la muerte de Cristo.

El Ejemplo de Nabucodonosor

En el sueño del rey babilónico se revela una imagen colosal de distintos metales (Daniel 2) y que representan a los distintos imperios que aparecerían hasta la llegada del Reino mundial de Cristo. La cabeza era de oro, y ésta representaba al imperio vigente que dominaba el mundo de entonces, el imperio Asirio-Babilónico. El profeta Daniel le revela a Nabucodonosor que la cabeza de oro era él. Estas son sus palabras: “Tú, oh rey, eres rey de reyes; porque el Dios del cielo te ha dado reino, poder, fuerza y majestad. Y donde quiera que habitan hijos de hombres, bestias del campo y aves del cielo, él los ha entregado en tu mano, y te ha dado dominio sobre todo; tú eres aquella cabeza de oro” (Daniel 2:37,38). Observemos que este primer rey le fue dado su reino, su poder, su fuerza, y su majestad de manera simultánea. Nótese que Nabuconodosor no fue un rey que recibió un reino un día “X”, pero su poder y autoridad los recibió muchos años después. Más bien la Escritura nos dice que él recibió un reino y reinado con poder y autoridad de manera simultánea. Ahora bien, si esto fue así con el primer Imperio o reino mundial, ¿no es lógico esperar que ocurra lo mismo con el último gran imperio o reino que se establecerá en la tierra? ¿No es lógico concluir que el Mesías recibirá de Dios el reino y el reinado con autoridad y poder sobre todo lo existente de manera simultánea?

Lucas 19 registra que Cristo ha ido al cielo para recibir un reino y volver (Lucas 19:11,12). Sin embargo, esto no quiere decir que nuestro Señor recibió inmediatamente el reino y su reinado con poder apenas arribó al cielo, sino que está esperando que Dios se lo adjudique en cualquier momento para luego volver inmediatamente a la tierra para ejercer su reinado cuando sea el tiempo propicio para la restauración de todas las cosas (Hechos 3:19-21, Lucas 19:15).

Una promesa por Cumplirse

La única posibilidad que tenemos para interpretar las palabras del ángel a Juan en Apocalipsis 12:10 (Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”) es que esa visión tiene que ver con el inicio de la Nueva Era, cuando Cristo, al volver, establezca su reino en la tierra y deponga a los poderes temporales del mundo para así traer la paz y la justicia perdurables. En Mateo 25:31,34 Jesús declara que cuando venga (Su parusía) en gloria, ENTONCES, se sentará en su trono de gloria…y entonces los Cristianos fieles heredarán el Reino y el reinado (Apo. 20:4,5).

miércoles, 29 de abril de 2009

El REINADO DE CRISTO SOBRE LOS HOMBRES


Por Ingª Mario A Olcese (Apologista)

“Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre (Gr. Epi) ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí” (Lucas 19:27---porción de la parábola de las Diez Minas).

El prefijo Griego “Epi”

El prefijo “epi” aparece en el NT unas 878 veces, y siempre significa SOBRE o JUNTO A. Así pues tenemos “epis tes gues" significa “sobre la tierra” en Apocalipsis 5:10 con referencia al reinado de los santos. Es decir, Jesús está enseñando en la parábola de las Diez Minas que aquellos hombres que no quisieron que él reinase sobre ellos (desde una posición exaltada) fuesen decapitados o aniquilados.

Hoy, los creyentes cristianos suponen que Cristo está llamando a la gente para que le permitan entrar en ellos para “reinar en sus corazones”. Sí, estos cristianos suponen que Cristo habló de un reino espiritual que se efectuaría dentro de las personas para poder dirigir o gobernar sus vidas una vez que nacieran de nuevo. Pero esto no es lo que la Biblia promete.

Aunque en cierto sentido Jesús “mora” en los creyentes, esto no quiere decir que él esté reinando sobre ellos, pues no se puede estar en y sobre alguien o algo de manera simultánea.

En el texto de arriba de Lucas 19:27 Jesús está hablando de un reinado literal, de un rey que domina sobre sus súbditos, pero que tiene sus enemigos que deben ser castigados por su rebeldía y oposición a su régimen. En ese sentido, todos aquellos que hoy se resisten a aceptar a Cristo y su evangelio del reino, son sus enemigos, y están en su “death road” o su “camino de muerte”.

Los verdaderos discípulos esperan el Reinado del Mesías

Ciertamente están los amigos de Jesús, aquellos que sí quieren su reinado sobre ellos, y esperan con ansías a que él cumpla su palabra de volver a la tierra para restaurar la dinastía davídica en Jerusalén y reinar como el máximo soberano de la tierra, junto y sobre los hombres. Es decir, NO desde los cielos, sino desde la tierra, junto y sobre la humanidad toda. Es por eso que David predijo que “habrá un justo que gobierne ENTRE los hombres, que gobierne en el temor de Dios” (2 Samuel 23:3). Y también dijo David refiriéndose a este justo: “… porque juzgarás a los pueblos con equidad y pastorearás las naciones EN la tierra” (Salmo 67:4).

Los apóstoles estaban muy conscientes de estas promesas mesiánicas y por eso ellos no dejaron pasar la oportunidad para preguntarle a Jesús: “Señor, ¿restaurarás en el reino a Israel en este tiempo”? (Hechos 1:6), a lo cual Jesús NO les respondió algo así como: “Oigan ustedes, ¡pero si yo ya estoy reinando en vuestros corazones! ¿Para qué quieren ustedes un reinado como el que tuvo vuestro rey David? ¡No, eso no fue lo que les contestó Jesús! El simplemente les dijo que a ellos no les tocaba saber los tiempos o las sazones que Dios puso para su sola potestad (Hechos 1:7). Es decir, Jesús validó sus expectativas por su futuro reinado literal y personal en Israel, aunque tuvo que aclararles que únicamente el Padre sabe cuándo se cristalizarán las promesas de antaño. Desgraciadamente algunos cristianos suponen que ese tipo de reinado es una expectativa sólo para la nación de Israel, pero no para la iglesia, la cual ellos creen que está ya reinando con Cristo desde el siglo primero. Esta es otra manera de no querer el reinado literal y visible de Cristo sobre ellos, lo cual es muy peligroso por cierto.

Buscando y pidiendo el reino de Cristo

Si Cristo ya estaba “reinando” en o entre sus discípulos, parecería extraño que él mismo les enseñara a pedir por la venida de su reino en la oración del “Padre Nuestro”. Sin duda Jesús aún no estaba reinando sobre ellos cuando estuvo entre sus discípulos, y simplemente se dedicó a predicarles su futuro reinado a través de sus parábolas del reino, y en particular, la de las Diez Minas.

La iglesia debe estar aún buscando y pidiendo el reino de Cristo para que se haga la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo. Sin duda en la tierra no se está haciendo la voluntad de Dios, ya que en lugar de paz y justicia y violencia e injusticia. Este simple hecho es suficiente para probar que el reino prometido aún no se ha establecido en la tierra, y que aún Satanás es el dios de este mundo, y que todo el mundo aún yace bajo el poder del maligno (2 Cor. 4.4; 1 Juan 5:19).







domingo, 8 de marzo de 2009

UN RETO QUE APUNTALARÍA O DEBILITARÍA LAS BASES DE LA WATCHTOWER (TESTIGOS DE JEHOVÁ)

Ver vídeo en: www.youtube.com/user/lavasori


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Una de las enseñanzas de la Watchtower es que los ungidos que van muriendo no necesitan esperar el día de la resurrección para vivir nuevamente, puesto que ellos son transformados después de morir para reinar con Cristo desde los cielos. En este sentido, los Testigos de Jehová enseñan que los difuntos Russell, Rutherford, Knorr, Franz y Henschell (todos ellos de la clase ungida o gobernante) ya están reinando con Cristo desde los cielos y dirigiendo la obra en la tierra.


Lo que nos llama mucho la atención es que aún existan las tumbas de estos ex presidentes ungidos de la Watchtower, cuando en realidad, según sus enseñanzas, los ungidos no están en tumbas conmemorativas sino en el cielo. Es de suponer que nada de sus restos subsista en sus sepulcros, ni siquiera un pequeñito hueso, ya que ellos, supuestamente, fueron transformados y están vivos con Jesús en su trono celestial. Recordemos que los Testigos de Jehová no creen que el hombre tenga un alma inmortal que es independiente del cuerpo y que parte al cielo al momento de morir. Ellos creen que sus ungidos difuntos fueron totalmente transformados y cambiados a cuerpos espirituales para reinar con Cristo. Esto sólo puede significar que en sus tumbas no hay absolutamente nada de ellos. Tal vez alguna joyita, pero nada más.


Creemos que los dirigentes de los Testigos de Jehová tienen una magnífica oportunidad para demostrarle al mundo que ellos son la verdadera “organización de Jehová”— ¿cómo?— por medio de abrir las tumbas de sus ungidos difuntos para mostrarles a los fieles y detractores por igual que éstas están totalmente vacías, y que, efectivamente, aquellos “elegidos” ya están en el cielo reinando con Cristo en cuerpos espirituales (transformados). ¿Pero se atreverían a hacerlo? He aquí el dilema! ¡Se vendrían abajo! Desde ahora habría que poner guardias en sus tumbas, pues no vaya a ser que desaparezcan los huesos por arte de magia.


(ver vídeo en http://www.youtube.com/user/lavasori).