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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

lunes, 4 de mayo de 2009

EL PROMETIDO REINO DE CRISTO


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

« Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar» (Hab. 2:14)

¿Será posible qué la morada definitiva para los Hijos de Dios sea en el futuro en el cielo? ¿Reinarán los buenos cristianos después del fin de las eras en ese lugar glorioso? En verdad, la Biblia no revela tal cosa. El libro de Apocalipsis nos enseña incuestionablemente que el reinado de Cristo se establecerá en la tierra y no en el tercer cielo en que habita Dios con sus esplendorosas y hermosas huestes celestiales (2 Co.12:2).

Apocalipsis revela que Cristo gobernará los reinos del mundo:

«El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos» (Ap.11:15).

Los reinos del mundo vendrán a ser de Cristo, aunque el griego original dice «el reino», y no «los reinos». Esta singularidad indica la soberanía de Cristo en un solo gobierno, universal, único, un reino como unidad. Esto será cuando la tierra sea restituida por causa del pecado que la corrompió en un principio (Gn. 3:17; Mt. 19:28). Cristo promete en las Escrituras al fiel vencedor «darle autoridad sobre las naciones juntamente con él», y esta función tendrá lugar específicamente hasta que Cristo retorne al mundo, visible ante los hombres, en gloria y en poder (Mr.13:26-27, 34-36; Ap.1:7; 2:26-27). Bien dijo Cristo que «los mansos recibirán la tierra por heredad». Esta promesa se encuentra en el Nuevo Testamento en Mt.5:5. La mencionada «heredad», no incluye en ningún momento el cielo de Dios, conocido también en el Antiguo Testamento como «La Eternidad» (Is. 57:15).

Daniel escribe que «el reino, el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo» (Dn. 7:27). Esta es una prueba bíblica más que sostiene que el reinado teocrático del Hijo de Dios será en la tierra, en el mundo venidero según He. 2:5. Es importante comentar, por otra parte, que la «imagen» multi metálica que el rey Nabucodonosor ve en la visión escatológica, y que representa a las distintas y más importantes naciones del mundo que han surgido durante el transcurso de la historia de la humanidad, es «desmenuzada» por «una piedra no cortada con mano humana». Esta alegoría tiene como significado la obra y el juicio de Dios por medio de persona de Cristo en su segunda venida, «juicio» que habrá de manifestarse con la destrucción de la última potencia gentil, trayendo como consecuencia la instalación de su gobierno mundial de orden célico (El Reino de Dios).

El reinado mundial de Cristo o «dominio majestuoso milenario» es apreciado en el libro de Daniel como «la piedra que es hecha un gran monte (en la Biblia, los «montes» representan, además de su significado literal, «reinos» o «reyes», véase Ap. 17:9-10) y que llena toda la tierra» (véase Dn. 2:34-35). Lea los textos, amable lector.
La Biblia no explica ni detalla que el tercer cielo de Jehová sea un organismo compuesto de naciones y pueblos. El mundo en el que respiramos y nos movemos hogaño, está dividido en un gran número de naciones, pueblos y etnias, según los lineamientos geopolíticos hasta ahora decretados, «separados cada uno por fronteras y acuerdos impuestos por los que gobiernan en la tierra». En Ap. 2:27 Cristo menciona que las naciones serán regidas por él mismo «con vara de hierro». «Con vara de hierro», es una referencia al gobierno teocrático futuro del Mesías, que será justo y equitativo, y no abusivo, egoísta ni malévolo como los gobiernos actuales. Antes del reinado milenario del Señor y de la restitución del mundo (Mt. 19:28), las naciones rebeldes del planeta que se levantarán contra Dios y su Mesías «serán quebradas como vaso de Alfarero» (Ap. 2:27). Esta profecía aparece anticipadamente en el Sal. 2:9. El Salmo 2 es uno mesiánico en toda su esencia como sentido; su referencia es sin duda terrenal. Vea querido lector como Dios prometa a su Ungido (Cristo) entregarle «como herencia las naciones y los confines de la tierra» (Sal. 2:8). Cuando Cristo “depure” las naciones de la escoria del pecado y de toda iniquidad, entonces, ya sentado en su trono de gloria, reinará con sus escogidos el mundo por mil años literales (Mt. 25:31-34; Ap. 20:4, 6).

Está profetizado desde el Antiguo Testamento que la tierra será el lugar para el establecimiento del reinado glorioso de Jesucristo. Esto se efectuará a cabo hasta que el último estado político del mundo sea destruido, precisamente, en el conflicto del Armagedón:

«Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre, de la manera que viste que del monte fue cortada una piedra, no con mano, la cual desmenuzó el hierro, el bronce, el barro, la plata y el oro. El gran Dios ha mostrado al rey lo que ha de acontecer en lo por venir; y el sueño es verdadero, y fiel su interpretación» (Dn.2:44-45).

«Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón» (Ap. 16:13-16).

«Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos» (Ap. 19:19-21).

Las profecías vetero testamentarias vaticinan una época de paz gloriosa dentro del gobierno terrenal del Mesías-Rey (véase Is. 11:1-16; Is. cap. 35). El reinado milenial terrenal de Cristo (cap 20 de Ap.), es el tiempo en que Dios cumplirá las promesas hechas a Abraham y a los patriarcas Isaac, Jacob y David, dentro del margen de la historia de los pueblos y naciones del mundo (Zac.14:16). Dios promete a Abraham, «padre de multitudes», una «tierra», una «simiente» y un «reino». Este reino empezará sino antes de la inauguración del reino davídico. Dios aseguró al rey David bajo promesa, que un descendiente suyo ocuparía el trono en el futuro, que jamás faltaría un hijo suyo para que lo heredase (2 S. 7:12-16). El ángel Gabriel anuncia a la virgen María que ella habrá de ser la madre del heredero humano al trono davídico: Jesús, el Cristo de Dios (Lc. 30-33).

El nuevo pacto establecido por el Señor Jesucristo antes de su muerte en la cruz (Mt. 26:26-29), es de grande importancia porque se centra en el perdón y la remisión de los pecados por medio de su sangre. Este pacto no solo abarca a los gentiles que han creído en él y que son «partícipes como coherederos de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (Jn. 3:16; 3:36; Ef. 3:6), sino también a la nación de Israel, según lo estipulado en el capítulo 31 del libro de Jeremías (véase la relación que hay entre Jeremías 31:31-33 y Hebreos 10:14-18). Así, qué, tanto la Iglesia de Cristo, la «simiente espiritual» del patriarca Abraham, como el remanente israelita que habrá puesto su confianza en el Hijo de Dios (Ro.11:5), que lo reconocerá como el Mesías prometido en Antiguo Testamento (Is. 9: 6-7), experimentarán juntos, ya transformados y como Pueblo Único (Ef. 2:14), las bendiciones de este pacto que se cristalizarán en la maravillosa y futura era milenaria (Is. 11, 35, 60-65; Ap. 20: 4, 6).
Israel: pueblo escogido de Dios.

«Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció» (Ro. 11:1-2).

Para los antisemitas ignorantes que han creído que Dios se ha olvidado de su Pueblo escogido Israel (por favor Sr. Tito Martínez: es hora de ser más humilde y empezar por el “sótano”; jamás es tarde, mientras se pueda, estudiar con seriedad los fundamentos de la verdadera teología. Para este buen “empezar”, le recomiendo Sr. Martínez que lea una y otra vez Ro. 11:1-2, textos que están al pie de estos párrafos, sin dejar de ver con honesta conciencia Ro. 11: 11-29, por favor), podrán quitarse esta errada y absurda creencia si escudriñan adecuadamente su futura restauración nacional en los versos que aparecen abajo. Dicha restauración traerá consigo el cumplimiento de las bendiciones establecidas por Dios para Israel en el reino milenario.

Así de fácil, hermanos y amigos queridos, sin olvidar de mencionar, que nosotros, los gentiles, no somos la excepción.

Ez. 11:18-21; 20:33-38; 34:11-16; 39:25-29. Os. 1:10-11. Jl. 3:17-21. Am. 9:11-15. Mi. 4: 4-7. Zac. 8:4-8.

Dios les bendiga siempre.


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viernes, 1 de mayo de 2009

"AMADO, YO DESEO QUE SEAS PROSPERADO EN TODAS LAS COSAS"


En los versos de arriba el apóstol Juan le expresa a Gayo, un cristiano distinguido y fiel convertido por Pablo, su deseo de que fuese prosperado en todas las cosas, y que tuviese salud, así como prosperaba su alma.

Muchos evangelistas en diferentes partes del mundo se están apoyando en este pasaje joanino para inculcar a su audiencia ávida de la “Palabra de Dios”, la idea de que Dios quiere que todos sus hijos sean prósperos o ricos en oro, mansiones enormes, autos costosísimos, vestidos finos, etc, para así vivir como verdaderos príncipes del Rey. Estos predicadores modernos y fraudulentos llegan a decir que es una vergüenza para un príncipe tener que vivir en pobreza o en necesidad, mientras que los hijos del diablo viven como verdaderos reyes y potentados en el mundo, siendo muy admirados y respetados por todos. ¿Pero es este razonamiento válido y justificado a la vista de Dios? Nuestra respuesta es que no!

Después de un examen cuidadoso de los dos versos de arriba escritos por el anciano Juan, nos revelará que Gayo prosperaba en su alma, es decir, que se enriquecía en fe (ver. Santiago 2:5), pero sus riquezas materiales no iban creciendo a la par, o no aumentaban como crecía su riqueza espiritual. El hecho de que Juan le deseara a Gayo la prosperidad en todas las cosas nos insinúa que Gayo tenía un estancamiento material mientras que su fe aumentaba día por día. Esto podría ser una paradoja, ¿pues quién más merecería una mayor bendición material sino Gayo quien vivía en completa común con el Señor?

Lo que los cristianos debemos comprender es que Dios conoce a sus hijos, y como Padre celestial, él sabe a cuál de sus hijos darle más recursos materiales y a cuál menos, sabiendo perfectamente que algunos son más susceptibles a caer en los juegos, en las bebidas espirituosas, en las drogas, e incluso en el sexo ilícito. Si por ejemplo un convertido estuvo sumido en el juego como un ludópata empedernido por muchos años, y a duras penas logró salirse de ese vicio, sería imprudente que el Señor le bendijese con más riquezas materiales sabiendo que aún podría caer en esa trampa mortal del juego. Si el Señor no está bendiciendo a muchos de sus hijos con dinero en abundancia es porque Él sabe que éste les puede perjudicar en vez de favorecer.

El deseo de Juan por la prosperidad de Gayo fue sólo eso, un deseo, más no era una garantía o una promesa de que Dios ciertamente lo prosperaría a la brevedad posible.
Así que no le vengan con el cuento de que si usted es un “cristiano practicante”, un “buen sembrador”, y un “cumplido diezmador”, el Señor lo bendecirá grandemente con riquezas materiales en esta misma vida. No se deje engañar por la avaricia, y viva para el Señor cualquiera sea su condición actual. El resto lo hará el Señor a su tiempo. Si no se realiza en esta vida, será para la venidera, en el reino de Cristo.

Dios los bendiga,

Apologista

LA INSOSTENIBLE CRÍTICA RACIONALISTA




Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Bajo la lupa de una especulación racional y sistematizada,

La crítica racionalista de los siglos XVIII y XIX elaboró un escepticismo que eliminó el elemento sobrenatural bíblico que comprende los milagros y la verdadera profecía. La crítica racionalista (Alta Crítica) ha jugado un papel importante en el desarrollo de especulaciones irrisibles que refutan este elemento ajeno a lo común.

Por su importancia, comentamos que la teología del liberalismo fue estructurada en las corrientes del mundo del siglo XVIII y XIX. Estas corrientes incluyeron el racionalismo, la crítica literaria bíblica y las teorías de las ciencias.

También el humanismo influenció en esta falsa teología de “ancha mentalidad y de marcada tolerancia”. El humanismo renacentista del siglo XV y XVI vio en el hombre un agente capaz de resolver todos sus dilemas y alcanzar elevadas cumbres y buscar su salvación por méritos propios. Por tal cosa, la Biblia resultaba intrascendente para la doctrina humanista. Esto fue más que suficiente para dar lugar al racionalismo doscientos años después.

El racionalismo del siglo XVIII determinó que las Escrituras deberían exclusivamente estudiarse con el “ojo” de la razón para justificarlo todo. Con la Alta Crítica, la teología del liberalismo viene a definirse como tal. Ayudaron para este logro el racionalismo del Siglo de la Luces y la filosofía idealista de Hegel. Hegel formuló una dialéctica basada en un proceso de reconciliaciones de contradicciones consistente en una “tesis” o proposición, una antítesis u “oposición” y una “síntesis” o conciliación. Este filósofo alemán catalogó como mitos la obra sobrenatural de Dios hallada en la Biblia, negando su inspiración divina. Esto sirvió como base para el surgimiento de la Nueva Crítica, que al traspasar los límites de la investigación correcta y ortodoxa de los manuscritos bíblicos antiguos viene a dar extrañas conclusiones improbables por sus prejuicios y falta de objetividad espiritual para discernir las verdades bíblicas fundamentales.

Cómo los críticos racionalistas desaprueban cada hecho sobrenatural de la Biblia, lógicamente no creen en una profecía inspirada por Dios. En el caso del libro de Daniel, los críticos racionalistas han dicho que fue escrito en el Siglo II después de Cristo, un tanto después que se cumplieron, según ellos, las profecías de dicho libro.
El libro de Daniel es el escrito veteo testamentario que más ha sido agredido por la crítica racionalista con insostenibles imprecisiones históricas, falsos anacronismos y profecías que no son verídicas. Contrariamente de quienes afirman que el libro fue escrito en el siglo II después de Cristo, ha quedado demostrado que el arameo que aparece en los manuscritos originales de este extraordinario libro, no es el arameo occidental del período Macabeo tardío, sino que es el arameo oriental del Siglo IV antes de Jesucristo. Su historicidad también está confirmada por el profeta Ezequiel que nombra a Daniel en su libro (véase por favor: EZ. 14:14, 20; 28:3). Por otro lado, en el Nuevo Testamento, el Señor Jesucristo da testimonio de Daniel como profeta de profesión (véase en Mt. 24:15).

Los manuscritos y los descubrimientos arqueológicos hallados en Qumrán han puesto en tela de juicio y en grandes aprietos las opiniones de la crítica racionalista con respecto a su supuesta aparición tardía. Uno podría cuestionar, que, si en verdad fuese cierta la aparición de libro de Daniel en el Siglo II antes de Cristo, posteriormente a los eventos proféticos que en él están, ¿cómo justificaría la crítica racionalista el cumplimiento de la profecía de la crucifixión de Cristo que está divulgada en el libro de Daniel, un poco después del cumplimiento, para ser exacto, de las «Sesenta y Dos Semanas», teniendo en cuenta que la crucifixión del Señor Jesucristo tuvo lugar en el año 33 de nuestra era? Tremendo dilema para los críticos racionalistas, pero aún ni esto los hace sonrojar de pena y vergüenza, menos reflexionar en su grave error teológico.

«Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones» (Dn. 9:25-26).

Ya estudiamos con pruebas fehacientes y contundentes que el libro de Daniel no fue escrito en el Siglo II antes de Cristo como equivocadamente lo han dictaminado los críticos racionalistas, sino en el Siglo IV antes del cumplimiento de algunas de sus profecías contenidas, y digo, de algunas, porque otras más tienen un cumplimiento escatológico.

Las «Primeras Siete Semanas» del libro de Daniel dieron principio con el decreto de restaurar y reedificar los muros de Jerusalén y concluye con el término de su reconstrucción, es decir, en un tiempo de 49 años. Este decreto fue promulgado por el rey Artajerjes el 14 de marzo del año 445 antes de Jesucristo, pudiéndose ver su promulgación en Neh. 2:1-9. Ahora, desde la promulgación del decreto de Artajerjes hasta la presentación del Señor Jesucristo como el Mesías Príncipe suman un total de «Sesenta y Nueve Semanas», o sea, un total de 483 años.

El reconocimiento de Señor como Mesías Príncipe tuvo cumplimiento el 6 de Abril del año 32 después de Cristo, con la entrada triunfal de Hijo del Hombre en Jerusalén (véase Zac. 9:9; Mt. 21:1-11). Notemos que el profeta Daniel escribe, que después de las «Sesenta y Dos Semanas se quitaría la vida del Mesías». Es posible apreciar que el profeta Daniel en esta parte no agrega las «Primeras Siete Semanas» en esta declaración que harían un total de «Sesenta y Nueve Semanas», si tenemos en cuenta la otras «Sesenta y Dos Semanas» además. ¿Cuándo se suscitó este acontecimiento? Algunos serios historiadores registran como fecha probable el año 33 después de Cristo. Otros toman en cuenta el año 29 después de Cristo. La «Última Semana», la «Setenta», de siete años, está relacionada con acontecimientos proféticos de los últimos tiempos, por lo tanto, no aporta un valor para este estudio.

La crítica racionalista es una corriente de vagas y obtusas consideraciones, extremadamente limitada en sus prejuiciosas convicciones que no le permite aceptar como verdaderos los hechos sobrenaturales expuestos en la Biblia. Niega las evidencias, tanto externas como internas, que dan certidumbre histórica de las Santas Escrituras.

La crítica racionalista, “musa” de la teología liberal, se ha esforzado para desacreditar la inspiración divina de la Biblia.

La crítica racionalista niega que Moisés haya escrito el Pentateuco. Declara que es una recopilación de documentos escritos en el tiempo de Esdras.

La crítica racionalista con terquedad de calibre cósmico se empeña en seguir injuriando y desacreditando la Palabra de Dios con sus “irracionales” racionalismos que no dejan de ser más que vanas e infundadas palabrerías de acuerdo a lo visto en este valioso estudio, comprometiendo a sus pálidos y rebeldes defensores para aniquilación eterna. ¡Allá ellos!

Los dejo con este texto para reflexión:

«Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo» (Co l. 2:8).

Ad adendum:

El número de años totales de las «Setenta Semanas» de Daniel no se calculó con el año solar del calendario gregoriano de 365 días, sino tomando como base el año lunar judío de de 360 días (año profético). Las «Setenta Semanas» proféticas, dan un total de 490 años lunares del calendario judío. Cada «Semana» de las «Setenta» consiste en siete años lunares de este calendario.

Dios les bendiga siempre.

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miércoles, 29 de abril de 2009

El REINADO DE CRISTO SOBRE LOS HOMBRES


Por Ingª Mario A Olcese (Apologista)

“Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre (Gr. Epi) ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí” (Lucas 19:27---porción de la parábola de las Diez Minas).

El prefijo Griego “Epi”

El prefijo “epi” aparece en el NT unas 878 veces, y siempre significa SOBRE o JUNTO A. Así pues tenemos “epis tes gues" significa “sobre la tierra” en Apocalipsis 5:10 con referencia al reinado de los santos. Es decir, Jesús está enseñando en la parábola de las Diez Minas que aquellos hombres que no quisieron que él reinase sobre ellos (desde una posición exaltada) fuesen decapitados o aniquilados.

Hoy, los creyentes cristianos suponen que Cristo está llamando a la gente para que le permitan entrar en ellos para “reinar en sus corazones”. Sí, estos cristianos suponen que Cristo habló de un reino espiritual que se efectuaría dentro de las personas para poder dirigir o gobernar sus vidas una vez que nacieran de nuevo. Pero esto no es lo que la Biblia promete.

Aunque en cierto sentido Jesús “mora” en los creyentes, esto no quiere decir que él esté reinando sobre ellos, pues no se puede estar en y sobre alguien o algo de manera simultánea.

En el texto de arriba de Lucas 19:27 Jesús está hablando de un reinado literal, de un rey que domina sobre sus súbditos, pero que tiene sus enemigos que deben ser castigados por su rebeldía y oposición a su régimen. En ese sentido, todos aquellos que hoy se resisten a aceptar a Cristo y su evangelio del reino, son sus enemigos, y están en su “death road” o su “camino de muerte”.

Los verdaderos discípulos esperan el Reinado del Mesías

Ciertamente están los amigos de Jesús, aquellos que sí quieren su reinado sobre ellos, y esperan con ansías a que él cumpla su palabra de volver a la tierra para restaurar la dinastía davídica en Jerusalén y reinar como el máximo soberano de la tierra, junto y sobre los hombres. Es decir, NO desde los cielos, sino desde la tierra, junto y sobre la humanidad toda. Es por eso que David predijo que “habrá un justo que gobierne ENTRE los hombres, que gobierne en el temor de Dios” (2 Samuel 23:3). Y también dijo David refiriéndose a este justo: “… porque juzgarás a los pueblos con equidad y pastorearás las naciones EN la tierra” (Salmo 67:4).

Los apóstoles estaban muy conscientes de estas promesas mesiánicas y por eso ellos no dejaron pasar la oportunidad para preguntarle a Jesús: “Señor, ¿restaurarás en el reino a Israel en este tiempo”? (Hechos 1:6), a lo cual Jesús NO les respondió algo así como: “Oigan ustedes, ¡pero si yo ya estoy reinando en vuestros corazones! ¿Para qué quieren ustedes un reinado como el que tuvo vuestro rey David? ¡No, eso no fue lo que les contestó Jesús! El simplemente les dijo que a ellos no les tocaba saber los tiempos o las sazones que Dios puso para su sola potestad (Hechos 1:7). Es decir, Jesús validó sus expectativas por su futuro reinado literal y personal en Israel, aunque tuvo que aclararles que únicamente el Padre sabe cuándo se cristalizarán las promesas de antaño. Desgraciadamente algunos cristianos suponen que ese tipo de reinado es una expectativa sólo para la nación de Israel, pero no para la iglesia, la cual ellos creen que está ya reinando con Cristo desde el siglo primero. Esta es otra manera de no querer el reinado literal y visible de Cristo sobre ellos, lo cual es muy peligroso por cierto.

Buscando y pidiendo el reino de Cristo

Si Cristo ya estaba “reinando” en o entre sus discípulos, parecería extraño que él mismo les enseñara a pedir por la venida de su reino en la oración del “Padre Nuestro”. Sin duda Jesús aún no estaba reinando sobre ellos cuando estuvo entre sus discípulos, y simplemente se dedicó a predicarles su futuro reinado a través de sus parábolas del reino, y en particular, la de las Diez Minas.

La iglesia debe estar aún buscando y pidiendo el reino de Cristo para que se haga la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo. Sin duda en la tierra no se está haciendo la voluntad de Dios, ya que en lugar de paz y justicia y violencia e injusticia. Este simple hecho es suficiente para probar que el reino prometido aún no se ha establecido en la tierra, y que aún Satanás es el dios de este mundo, y que todo el mundo aún yace bajo el poder del maligno (2 Cor. 4.4; 1 Juan 5:19).







domingo, 26 de abril de 2009

INVIRTIENDO EL ORDEN DIVINO



Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).

«Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo: Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma. En pos de Jehová vuestro Dios andaréis; a él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, a él serviréis, y a él seguiréis. Tal profeta o soñador de sueños ha de ser muerto, por cuanto aconsejó rebelión contra Jehová vuestro Dios que te sacó de tierra de Egipto y te rescató de casa de servidumbre, y trató de apartarte del camino por el cual Jehová tu Dios te mandó que anduvieses; y así quitarás el mal de en medio de ti» (Dt. 13:1-5).

Evidentemente, según lo anterior, los prodigios y milagros, las palabras proféticas dadas para un determinado cumplimiento, no era garantía ni seguridad que su origen fuese divino, al menos quien los realizara, estuviese sujeto en palabra y obra a las demandas de los estatutos y mandamientos inalterables del benevolente Dios Invisible.

Hoy en día, la misma historia se repite, y es con los llamados maestros de la teología de la prosperidad, individuos que empujan al mismo y espantoso Lago de Fuego a millones de personas que integran las iglesias neo-pentecostalistas pseudo carismáticas, inútiles para discernir si los espíritus (hombres) que escuchan complacidamente o que realizan lo que parecen ser milagrosas obras que rompen la temática del orden natural y tridimensional, son de Dios o no, «porque muchos falsos profetas han salido por el mundo» (1 Jn. 14:1).

No cabe duda que un buen número de los actos asombrosos hechos por los maestros los de teología de la prosperidad tengan una raíz sobrenatural. El problema radica en que si estos hechos admirables no están respaldados con una doctrina sana, no solamente evocada sino además caminada con rectitud, tengamos sin miedo la seguridad de creer y decir que el Dios del cielo no está allí, sino «el dios de este siglo»: el diablo (2 Co. 4:4).

La Biblia muestra que Satanás es un maestro del engaño, un “señorón” de los mil y más disfraces, un “camaleón” empedernido, capaz de llevar a cabos actos extraordinarios que parecen del cielo, porque «…y no es maravilla (no es raro), porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz» (2 Co. 11:14).

En el Éxodo del Antiguo Testamento observamos como los hechiceros de faraón fueron capaces de efectuar lo que parecía ser los mismos actos sobrenaturales de Dios, ejecutados por sus intermediarios Moisés y Aarón, pero sólo se trataba de una imitación del poder de Dios (estúdiese por favor Ex. caps. 7, 8 y 9). Saber que el diablo respaldaba el sorprendente trabajo de los hechiceros, no resulta muy complicado en realidad. Era tan idéntica la emulación de los hechiceros que cualquiera persona que no estuviese familiarizado con los designios del Señor, caería “redondito y sin meter las manos” ante la magistral mentira, posiblemente, ¡hasta glorificaría a Dios por tan convincente ilusión! Es natural pensar que un hechicero jamás conciliará con el pensar de Dios, aunque levantase un hombre de entre los muertos, o transmutara la madera en oro en un chistar de dedos, porque « ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?» (Stg. 3:11), «…porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?» (2 Co. 6:14-15).

«Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras» (2 Co. 2:15).

De la manera que Satanás simula con increíble perfección las verdades celestiales del Dios y Padre del pueblo cristiano para obtener con rotundo éxito sus condenables objetivos de impiedad, en un arrasador y plausible testimonio de falsos milagros provocados por su tremendo poder que reside en su naturaleza, aunque caída, angelical, también sus ministros y discípulos humanos se encubren como agentes de luz y misericordia pero que bíblicamente no dan “el visto bueno” por motivo de sus disformes y torcidos dogmas que promocionan en sus siniestras reuniones, foráneos a la santidad y el amor de Dios. Vemos en los textos que aparecen en un inicio de nuestro escrito, que la Palabra de Dios no puede, por regla espiritual inmutable, destronarse de su posición prioritaria.

Las señales milagrosas, la profecía que habla de acontecimientos futuros e ineludibles, jamás nunca fueron encumbradas o ensalzadas por los grandes hombres de Dios sobre las sagradas Escrituras. En las veces que fue así, como comenta Patrick Faibarn en su libro «La Profecía, Su Naturaleza, Función e Interpretación, pag. 23», «…era el signo más seguro de que se trataba de una pretensión falsa del don divino o una captación falsa o equivocada de la verdad».

Los maestros de la teología de la prosperidad se han encargado de que esta sucesión hereditaria de «falsa pretensión y percepción errónea» continúe tenazmente aferrada en el corazón de la iglesia neo-pentecostal y de reflejo carismático. Estos codiciosos y malintencionados maestros han invertido el papel fundamental de la enseñanza bíblica por el sensacionalismo extático que germina, entre otras cosas, aquellas “señales increíbles” que cuando se investigan normalmente no llenan el requisito para llamarse “milagros”. Ejemplos de esto, podrá usted querido lector investigarlo en el libro de Hank Hanegraaff, intitulado «Cristianismo en Crisis». En las páginas de este libro (a propósito, creo que con dificultad lo podrá encontrar en las librerías “cristianas”, y “el porqué”, no resulta nada extraño para el inteligente ejercitado en las cosas espirituales. Hay páginas en la Internet de donde se puede descargar…yo lo tengo en mi ordenador) se cuestiona a Benny Hinn de sus insolencias y pueriles estupideces habladas, de sus juicios irrelevantes, carnales y homicidas proferidos (1 Jn. 3:15), y de sus improbables milagros, producto normal de un “súper placebo psicológico verbal” que funciona a las mil maravillas en las personas histéricamente lábiles al “encanto faquírico” de estos patanes del pseudo carismatismo religioso neo-pentecostal. En este libro de “pedradas” y “tubazos” tampoco han escapado ilesos de la tremenda reprimenda los falsos maestros que enorgullecen las riquezas de esta pútrida y mal oliente tierra de pecado e iniquidad como son Kenneth Copeland, Morris Cerullo, Kenneth Hagin y otros más, cuyas predicaciones han sido inspiradas sin duda por su padre Satanás, estando por supuesto el Dios de Cristo no involucrado en su ultrajante mercadeo. ¿O es posible concebir a Morris Cerullo cómo un hijo de Dios cuándo dice?: “Satanás conquistó a Jesús en la cruz”, ¿o al exclamar él mismo?: “Usted no está mirando a Morris Cerullo a Dios, usted está mirando a Dios. Usted está mirando a Jesús”. ¿O qué me dicen ustedes amables lectores de las perversas y arrogantes palabras salidas de la boca del pastor de “chivos” Benny Hinn, sobajando con tanto desprecio la Soberanía del Dios glorioso de está manera?: “Nunca, nunca, nunca vaya al Señor a decirle: “Si es tu voluntad…” No permita que estas palabras destructoras de la fe salgan de su boca.” Y con respecto a la Soberanía de Dios, con impávida postura, Frederick K.C. Price, otro hijo del diablo, comenta con gran locura e ignorancia no más pequeña: “Dios tiene que recibir permiso para trabajar en este dominio terrenal en favor del hombre… ¡Sí, usted es quien tiene el control, así que si el hombre tiene el control, ¿quién no lo tiene ya? ¡Dios!” Pero algo que no tiene nombre, es lo que Kenneth Hagin dice con atrocidad acerca de Dios, igualándolo con los hombres mortales y necios en su igual de necio y asqueante comentario: “El hombre fue creado en términos de igualdad a Dios, y puede levantarse ante la presencia de Dios sin sentido alguno de inferioridad.” Por estas cosas, las gentes acuden a escuchar a estos ruines y mañosos apóstoles de Satanás que han idealizado un “dios” semejante a la imagen nefanda de los hombres pecadores y protervos, contrariamente a lo que muestra la Biblia en Gn. 1:26, aceptando por otro lado las tentadoras propuestas terrenales de los falsos pastores y maestros que gritan firmes y arrogantes “venir de Dios”. Cómo no han tenido un cambio espiritual radical en sus vidas, se muestran egoístas y mundanas aún todavía. Estas gentes integran en este día el desatinado gremio neo-pentecostalista, cuya dirección está trazada en la búsqueda del “poder celestial” con el exclusivo fin de resolver sus enfermedades físicas y toda clase de problemas por los que estén pasando, sean económicos, materiales, familiares y morales, esclavizadas en un evangelio barato y mutado que “predica otro Jesús” (2 Co. 11:4), centrado en primer lugar en la deflexión efímera del “fruto bondadoso” del sistema terrenal, sistema de los malignos modos inimaginables, totalmente desencajado de la expectativa y de la visión del glorioso Reino de Dios venidero. A esta clase de fanáticas y religiosas gentes, esto último, con pesar lo escribo, no se les ha inculcado lo que en realidad es. Ellas, como las otras gentes que viven «sin Dios y sin esperanza, ajenas a Cristo y al pacto de las promesas» (Ef. 2:12), no se agotan en buscar en lo material ese “algo” que llene sus vacías y aburridas vidas, huecas por las inmundicia y el desasosiego, sumidas en la rutina de un mover monótono y existencial, rechazando sin temor ni análisis por el Espíritu la Palabra de Dios que produce una transformación espiritual individual, para quien se esfuerza en alcanzarla; y la cuestión descansa, en el modo en que sus “centaveros” pastores y guías, amigos de la muerte y del Infierno, han invertido el papel de los mandatos y ordenanzas declarado por Dios; y aunque no lo invirtieran, por lo que sabemos, la palabra siempre hablada estará sideralmente lejos de brillar cual genuino diamante por razón de su acentuada “luxación.”

En sus invaluables letras, Pablo nos anima y nos alerta para no ser engañados por extrañas y sutiles doctrinas (Co. 2:8) que pudieran llevarnos por doquiera, fuera de los caminos del Señor, como errantes aerolitos, como “burros locos sin mecate”, «por estratagemas de hombres indolentes y malvados que para “entrampar” emplean con gran astucia los artificios del error» (Ef. 4:14).

El apóstol de Tarso advirtió de la aparición postrera de lobos rapaces que dañarían al «rebaño», no teniendo compasión de él (el pueblo de Dios). Dijo que hombres con «apariencia de piedad», es decir, hipócritas, hablarían cosas perversas para su propia conveniencia, para el provecho de sí mismos, de tal modo como lo hacen en este tiempo los egoístas y maestros de la teología de prosperidad, teología adulterada y embrionada en el cochambroso y aberrado pensamiento del apestoso Satanás, el ángel caído del la rebelión y de la desobediencia (véase con relación a esto: Hech. 20:29-30; Gal. 1:6-9; 1 Tim.4:1; 2 Tim. 3:5).

No podríamos olvidarnos en este sucinto y bien intencionado escrito de Carlos “Cash” Luna, famoso maestros y “malabarista” de la prosperidad teológica en Latinoamérica, oriundo de Guatemala. Carlos Luna es un hombre que ha pisoteado el nombre de Dios con obscenidades escupidas de su sepulcral boca, con habladurías y blasfemias que están fundadas en una religión sin relación vertical, que no es la Bíblica sino de la mente humana, mundana y pervertida. Como ejemplo tenemos para este caso, la llamada «confesión positiva» que “Cash” promociona en sus enervantes prédicas. «La confesión positiva» se caracteriza por la idealización mental de una situación material cualesquiera que se hará una realidad palpable y objetiva, con el simple hecho de pensarlo (“Piénselo y obténgalo”, o: «Mente sobre Materia»). El origen de «la confesión positiva» no es bíblica sino chamánica. Surge desde tiempos inmemorables de la antiquísima hechicería tribal. Arrostradamente, Carlos “Cash” Luna ha hecho de este pagano modo un “platillo especial” en sus disparatadas tertulias de “gloria al diablo burlador”.

No debemos pasar por alto los actos de mentira realizados por «Cash», los cuales han sido catalogados como “gloriosos milagros” pero que no cumplen legalmente lo que la Biblia demanda para considerarse como auténticos. La mente neurótica, fanática y religiosa, sobre todo la del seguidor neo-pentecostalista, cuando es manipulada hábilmente, es capaz de llevar a cabo con increíble facilidad tantas cosas fuera de lo ordinario, y cabe mencionar entre estas: la jerigonza, los caídas y temblores espectaculares, los gruñidos bestiales, los grotescos serpenteos en el suelo, las visiones místicas (paradisíacas, infernales o angélicas por estímulo “religioso” del lóbulo temporal causadas por un número preciso de neuro trasmisores), las curaciones de enfermedades psicosomáticas que se confunden con sanidades milagrosas de Dios. Teniendo esto presente, “Cash” no desaprovecha en ningún instante el factor psicológico para emplearlo con ventaja en su histérico y animado séquito, haciendo de las suyas como diestro titerero de la psique, a semejanza de un “Taurus do Brasil”, como lo hace entre otros el hipnotista sagaz John Milton que esclaviza a su voluntad a los inestables de carácter.

Pablo rebela que el diablo es un hacedor de milagros y prodigios mentirosos:

«Inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos…» (2 Ts. 2:9).

La razón del engaño, es para condenar aquellos que no recibieron el amor de la verdad para ser salvos:

«… y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos» (2 Ts. 2:9-10).

Pablo acá no se está refriendo con exclusividad a las personas inconversas que son engañadas por los magos y truqueros de otras religiones paganas fuera del cristianismo (para este tiempo están los gurús orientales y maestros de la Nueva Era que además están influenciando a muchos cristianos con sus absurdos y tentadores cuentos), que imponen manos para sanidades o someten a las gentes a estados tráncicos que experimentan muchas veces como un “contacto divino real” y que no deja de ser un “ensueño vívido” producido por una respuesta neuro química condicionada, sino a las que se hacen llamar equivocadamente “cristianas” y que están subyugadas a las erradas convicciones de los mal nombrados también “pastores y ungidos de Dios”.

Vimos al principio que es imposible alterar el orden estipulado por Dios en sus Escrituras. Tener por “cabeza” las pretensiones falsas que parten de una gaseosa imagen del don divino sobrenatural verdadero, según las Escrituras, por la Palabra de Dios llena de luz y certidumbre contradice los asuntos y negocios de él para con los hombres que le aman con humilde y contrito corazón. Si los maestros de la prosperidad llegaran un día a comprender correctamente las Escrituras, tengan la seguridad hermanos y amigos queridos que nos visitan que los sensacionalismos por trances hipnóticos inducidos y por milagros y portentos mentirosos terminarían en las iglesias neo-pentecostalistas en general. La obediencia saldría a relucir de las profundidades del abismo de la subversión satánica, para resplandecer hermosa y agradable delante del Dios que lo mira todo. Por desgracia, esto será muy difícil para que se vea de buena gana, y para empeorar todo, estos impíos hombres empujan a las gentes a ir «en pos de dioses ajenos», “dioses” muertos y sensuales que ofrecen eterna condenación, moldeados a los caprichos del corazón moderno y terrenal, “dioses” que desequilibran con enfermizo amor a los que componen las iglesias neo-pentecostalistas pseudo carismáticas:

«No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mt.7:21).

Recuerde fiel y santo hermano: La prueba es dura, pero sabemos que «es mayor es el que está en nosotros que el que está afuera, en el mundo» (1 Jn.4:4).

Amén.

¿CUÁL ES EL LUGAR QUE JESÚS ESTÁ PREPARANDO?




He aquí una concienzuda y reveladora explicación de un texto que ha sido mal comprendido. ¿Acaso dijo Jesús que irían al cielo los cristianos? Muchos en la actualidad creen que Jesús les dijo a sus discípulos que los cristianos pasarían la eternidad en “moradas” celestiales. Ellos citan Sus palabras encontradas en Juan 14:1-4.¿Acaso Jesús quiso decir que nuestra recompensa sería una morada en el cielo?


¿Cuál es la Casa del Padre?


En la casa de su Padre, dijo Jesús con toda claridad, hay muchas “moradas“. Si no fuera así, continuó, Él nos lo hubiera dicho. El vocablo griego vertido al castellano como “morada“, significa también habitación, aposento, un lugar de alojamiento, una cámara. Así, en la casa del Padre hay un número de habitaciones, aposentos o cámaras.Pero, ¿cuál es la casa del Padre? ¿Qué es lo que la Biblia dice ser la casa del Padre?


Cuando en cierta ocasión Jesús entró en el templo de Jerusalén, al ver que los Judíos vendían allí dentro palomas y ganado, les dijo: “Quitad de aquí esto, y no hagáis de la CASA DE MI PADRE casa de mercado” (Juan 2:16). Aquí se encuentra una sencilla definición de lo que es la casa del Padre.Más aun, el templo de Jerusalén era el tipo terreno (Hebreos 8:5) de la casa del Padre en el cielo. Lucas 19:46 e Isaías 56:7 también citan al Señor quien se refirió al templo con las siguientes palabras: “Mi casa es casa de oración...” Así, el templo de Jerusalén en los días de Cristo era un tipo de la casa del Padre en el cielo.Pero, ¿tenía el templo muchas “moradas” o aposentos? ¡Ciertamente! En Jeremías 35:2 leemos: “…Habla con ellos, e introdúcelos en la casa del Eterno, en un de los aposentos…“. En el versículo cuarto del mismo capítulo, notamos que diferentes aposentos estaban asignados a personas de diferente rango. Hanán, varón de Dios, tenía su aposento o habitación “junto al aposento de los príncipes, que estaba sobre el aposento de Maasías … guarda de la puerta“.Los varios aposentos o “moradas” corresponden con la jerarquía de las personas que los ocupan. Cada aposento del templo–un tipo de la casa de Dios– designaba no tan sólo la residencia de cada funcionario, sino que también indicaba su posición o colocación fuera este guarda de la puerta o un príncipe.Aun el comentador bíblico, Adam Clarke, anota en su comentario: “Nuestro Señor hace referencia aquí al templo, el cual se llamaba la casa de Dios, en cuyos atrios se encontraban un gran número de cámaras. Véase también 1 Reyes 6:5; Esdras 8:29 y Jeremías 36:10.


No Es el Cielo


En ninguna parte dice la Biblia que el “cielo” es la casa del Padre. ¡La casa del Padre está siendo construida EN el cielo, pero no está situada en el cielo! En ninguna parte dice que el cielo tiene “moradas”.El antiguo tabernáculo que Moisés construyera constaba de dos compartimientos, el interior, llamado Lugar Santo, era una reproducción exacta del trono de Dios–del cielo mismo. No tenía moradas. Léase Hebreos 8:5 y 9:1-7 para enterarse de cómo es el cielo.No, Jesús no se estaba refiriendo al cielo. Él hizo referencia a un lugar que estaba siendo preparado en el cielo.


¿Cuál es el lugar que Está siendo Preparado?


Consideremos ahora el resto de la conversación que tuviera Jesús con sus discípulos.Jesús dijo: “…voy, pues, a preparar lugar para vosotros…” Por las Escrituras aprendemos que Jesús se fue al cielo a la diestra del Padre, donde está actuando como nuestro “Sumo Sacerdote” (Hebreos 9:11).


¿Comprende usted lo que esto significa?


Otro deber del Sumo Sacerdote es la preparación de un lugar para cada uno de nosotros tal como Jesús lo prometiera a sus discípulos. La preparación de cada lugar se está efectuando en el cielo, pero Jesús no dijo que esos lugares eran una parte del cielo. La esposa prepara los alimentos en la cocina, pero los alimentos no son una parte de la cocina.Puesto que el cielo. el lugar donde está situado el trono de Dios, carece de aposentos o moradas, ¿cuáles son los “lugares” que están siendo preparados? ¿Nos dice la Biblia qué es lo que se está preparando?Existen solamente dos versículos en la biblia que nos dicen lo que está siendo PREPARADO. El primero se encuentra en Mateo 25:34. Aquí Cristo dijo: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo“. El otro texto se encuentra en Apocalipsis 21:2: “Y yo Juan vi la santa ciudad la nueva Jerusalén, descender DEL CIELO, de Dios, dispuesta (preparada) como una esposa ataviada para su marido“.El templo de Jerusalén que existía en los tiempos de Jesús, era un tipo del reino de Dios y de la Nueva Jerusalén.La Biblia dice que los únicos lugares que están siendo preparados son el Reino de Dios y la Nueva Jerusalén. Siendo que es el Reino y la Ciudad Santa los que finalmente son preparados para todos nosotros, entonces, entonces lo que Jesús está preparando para cada uno de los verdaderos cristianos, necesariamente tiene que ser el cargo (posición) en el reino y en la nueva ciudad, Jerusalén.Ahora es claro porqué Cristo se refirió al templo como un ejemplo del Reino de Dios y de la Nueva Jerusalén. El templo tenía aposentos que servían como oficinas para los varios residentes con diferentes posiciones o rangos. De la misma manera, cada uno de nosotros tendrá su lugar personal o posición en la Ciudad Santa, de acuerdo a qué tan eficientemente hayamos usado los talentos que se nos han sido dados por Dios. Entre más se venza en esta vida, más honorable será nuestro lugar en la Nueva Jerusalén y más importante y responsable será la posición que ocupemos en el reino.


¡La Casa del Padre Desciende a la Tierra!


Apocalipsis 21:2 prueba con toda claridad que la Ciudad Santa—la casa del Padre, o su hogar, puesto que Él la hará su Futura residencia (Apocalipsis 21:3 y 22:3)— es una de las cosas que Jesús está preparando ahora en el cielo. Dios el Padre y Su Hijo le han estado dando forma, ya que lo que el Padre hace, el Hijo hace lo mismo (Juan 5:19). Puesto que la ciudad desciende del cielo es allí en el cielo donde se está preparando, tal como Jesús dijo que lo haría.Nótese también, que la ciudad desciende del cielo. Nótese también que No dice que nosotros iremos al cielo.Veamos ahora lo que la Biblia dice acerca del Reino que está siendo preparado en el cielo, y que vendrá a la tierra. Jesús se fue de regreso al cielo a recibir el reino (Lucas 19:12). Él ha de estar preparándolo a la vez que está ocupando el puesto de Sumo Sacerdote.


Puesto que el Reino está siendo preparado para que todos nosotros lo heredemos, entonces el lugar en particular que cristo está preparando para cada uno de nosotros tiene que ser nuestra propia posición u ocupación en ese reino. Lugar significa posición, ocupación, rango, a la vez que sitio geográfico. Nuestro lugar o posición en el gobierno de Dios dependerá del puesto (ocupación, empleo) que ocuparemos. Cristo tiene el primer lugar, puesto que Él es el Rey de reyes. Todos nosotros ocuparemos lugares secundarios, posiciones inferiores bajo su autoridad.


El Reino de Dios es el gobierno de Dios, cuyos miembros irán a nacer de Dios


Al ser nacidos de Dios quiere decir que todo el reino, viene a ser la familia de Dios. “…el que no naciere de agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” (Juan 3:5). Esta es la razón por la cual Jesús usó el antiguo templo como un tipo físico de la familia espiritual o del Reino de Dios.Ahora se está haciendo más obvio el por qué nuestro lugar o posición en el gobierno de Dios ha tenido que ser preparado en el cielo por el mismo Jesús. No podíamos haber recibido el Espíritu Santo, el único medio por el cual podemos entrar en el reino, hasta que Cristo ascendiera al cielo (Juan 16:7).


La manera como Cristo prepara nuestro lugar o posición en el reino es siendo nuestro Sumo Sacerdote, intercediendo por nosotros y dándonos el Espíritu Santo. Los lugares y posiciones—las responsabilidades de la ocupación—están siendo preparadas a la vez que nosotros somos adiestrados y educados para ocupar dichos puestos. Jesús, como nuestro Sumo Sacerdote, ha estado llamando, justificando, y perfeccionando a cada uno de nosotros para su Reino, y así cuando el Reino de Dios venga a la tierra (Mateo 6:10), cada una de sus posiciones o puestos estarán debidamente preparadas para ser ocupadas por cada uno de nosotros. Si Cristo no estuviera en el cielo actuando como nuestro Sumo Sacerdote, el reino no estaría preparado. No habría nadie capacitado para ocupar sus diferentes posiciones.


Volveré Otra Vez


Cristo tenía que irse al cielo, pero antes de partir Él dijo: “Y si me fuere y os preparare lugar, VENDRÉ OTRA VEZ, y os tomaré a mi mismo, para que DONDE YO ESTOY, vosotros también estéis.” (Juan 14:3). ¡Aquí tenemos la promesa de Jesús de que Él volvería otra vez!Jesús volverá del cielo en la nubes. Nosotros iremos a encontrarle en el aire (1 Tesalonisenses 4:15-17). En este tiempo Jesús nos dará a cada uno nuestra posición o responsabilidad en el reino, de acuerdo con lo que hagamos con lo que se nos ha dado. Algunos recibirán una recompensa oposición pequeña por no haber crecido espiritualmente como deberían haberlo hecho. Estúdiese la parábola en Lucas 19:12-27.Una vez que hayamos recibido nuestras responsabilidades, descenderemos juntamente con Jesús al monte de los Olivos en ese mismo día. Este día es el mismo en que Cristo vuelve a la tierra, no en el que regresa al cielo (Zacarías 14:4). ¡El viene a establecer el Reino sobre la tierra! Comoquiera que nosotros heredemos el reino, nosotros, también, estaremos en la tierra, no en el cielo.Es así entonces que los cristianos no van a ir al cielo. Vamos a estar con Jesús aquí en la tierra— “Para que DONDE YO ESTOY, vosotros también estéis“. Estaremos gobernando a las naciones juntamente con Cristo (Apocalipsis 20:4). Y después de esto, la Nueva Jerusalén desciende del cielo a la nueva tierra. Aun el padre mismo habitará entre nosotros aquí en la nueva tierra donde viviremos y reinaremos por los siglos de los siglos.No es extraño entonces que Jesús dijera que los mansos recibirán la tierra por heredad (Mateo 5:5).






LOS CASOS SOSPECHOSOS DE GRIPE PORCINA SE EXTIENDEN POR EL MUNDO


Los casos sospechosos de gripe porcina en personas procedentes de México se extienden por el mundo y hoy las autoridades sanitarias han informado de posibles infectados en Nueva Zelanda, España, Francia e Israel.

Tras los últimos datos procedentes de México, donde se han contabilizado 81 muertes sospechosas y 1.324 pacientes en estudio, y EEUU, donde se han detectado once casos, aunque se investigan otros, como 75 estudiantes de Nueva York, la propagación del virus parece ya global.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), que ya alertó ayer de una posible pandemia e instó a la comunidad internacional a redoblar la vigilancia, tiene previsto informar hoy de la situación.

Diez estudiantes neozelandeses pueden haber contraído el virus tras haber visitado México, indicó hoy el ministro de Sanidad neozelandés, Tony Ryall, quien añadió que aún no hay confirmación oficial.

Un joven israelí de 26 años se presentó hoy en un hospital donde quedó ingresado en la ciudad de Natania, al norte de Tel Aviv, días después de regresar de México con síntomas de gripe.

En España, el Ministerio de Sanidad ha detectado tres casos sospechosos de gripe porcina en personas que han vuelto de México en los últimos días, informó hoy la ministra, Trinidad Jiménez.

Los tres casos han sido detectados, uno anoche y otros dos esta madrugada, en Almansa (Albacete), Bilbao y Valencia, donde permanecen ingresados en centros sanitarios, y hasta pasadas 48 horas no se podrá determinar qué tipo de virus les ha afectado.

También las autoridades francesas examinan dos casos sospechosos en personas procedentes de México, anunció hoy el director general de Sanidad, Didier Houssin. Hay "dudas, no confirmadas, sobre dos personas procedentes de México", dijo Houssin, quien agregó que "no van a faltar otros casos" dado lo "numeroso" de los desplazamientos entre Francia y México.

Entre los países que han anunciado hoy medidas especiales de control aeroportuario para los pasajeros figuran China y Rusia, al igual que hiciera ayer Japón, que hoy recomendó a sus ciudadanos que reconsideren sus viajes a México, precaución similar a la que están lanzado en las últimas horas las autoridades de otros países.

Corea del Sur, que decretó ayer la alerta, exigió hoy que se tome la temperatura y se compruebe si padecen problemas respiratorios los pasajeros de los aviones procedentes de Los Angeles, Dallas y Atlanta (EEUU).

Los síntomas de la enfermedad, una variante de la tradicional cepa H1N1 que mutó de los cerdos a los humanos, son fiebre alta, tos, dolor de cabeza intenso, dolores en músculos y articulaciones, irritación de los ojos y flujo nasal.

Las autoridades sanitarias del resto de los países americanos continúan pendientes de la situación en México y EEUU tras activar planes sanitarios de emergencia.

A Venezuela, Argentina, Costa Rica, Honduras y la República Dominicana se unieron Brasil, Chile, Perú, Colombia, Ecuador, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Panamá en la activación de los protocolos que incluyen los controles en los puertos y aeropuertos sobre aquellos pasajeros provenientes de México.

Además, Filipinas y Corea del Sur, entre otros, han anunciado el endurecimiento de las medidas sanitarias e inspecciones a las importaciones de carne de cerdo procedente de EEUU y México. EFE