Datos personales

Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

viernes, 26 de febrero de 2010

OBSTACULOS PARA BIEN


Neal Beachy

Las situaciones difíciles que vienen sobre el hijo de Dios no son resultado de la casualidad, sino que muchas veces son mensajeros divinos enviados para su bien y para el bien de otros. Tal fue el caso del siguiente incidente que nos ejemplifica este principio.

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Durante un ataque contra cierta ciudad de Rusia, un misil cayó sobre una colina cercana causando una gran explosión. La explosión abrió un cráter que expuso un manantial subterráneo. Al principio una pequeña fuente empezó a burbujear, pero ante la mirada atenta de la gente sedienta, la corriente aumentó hasta convertirse en una abundante provisión de agua pura y fresca para muchos de la zona. El misil lanzado por el enemigo para causar muerte Resultó en agua para vida de muchos. Si bien el misil causó temor en el corazón de esas personas, después estaban muy agradecidos cuando produjo un torrente de agua. Su espíritu fue levantado y su fuerza renovada.

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Muchas veces creemos que las adversidades son crueles e innecesarias. Pero después descubrimos que Dios, en su sabia providencia, las usa para bendecir nuestra vida y la de otro. En la historia bíblica de José vemos que sus hermanos lo trataron muy mal. Sin embargo, años más tarde él les dijo:“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” (Génesis 50:20).Tal vez en este mismo momento tú estés enfrentando una gran prueba o te encuentres rodeado de dificultades que sacuden tu alma. Ten paciencia. Esos obstáculos que Dios ha permitido en tu vida podrán convertirse en tus aliados.

¿CUÁL FUE EL NÚCLEO DE LA PREDICACIÓN DE JESÚS?


¿Cuál fue el mensaje de Jesús? He notado que mucha gente responde a esta pregunta diciendo algo sobre el amor, porque, con razón, asocian la enseñanza de Jesús con el amor. Pero resulta que el amor no es el núcleo de su mensaje, aunque está cerca. Lo que Jesús proclamó, en primer lugar, no era que nos amemos, sino otra cosa.

La expresión “reino de Dios” aparece 53 veces en los evangelios del Nuevo Testamento, casi siempre en los labios de Jesús. La frase sinónimo “reino de los cielos”, aparece 32 veces en el Evangelio de Mateo. A lo largo de los registros del ministerio de Jesús, él siempre está hablando acerca del reino de Dios. De hecho fue lo primero y último que predicó mientras estuvo en la tierra (ver Marcos 1:1,14,15; Hechos 1:3,6). Muchas de sus parábolas explican algo acerca de este reino: es como la semilla de mostaza, un tesoro, un mercader que busca perlas, y un rey que ofreció un banquete (Mateo 13:44-47, 22:2). Jesús define incluso su propósito a la luz del reino: “Tengo que anunciar la buena nueva del reino de Dios a las otras ciudades también, porque me mandaron para este fin” (Lucas 4:43).

Dada la centralidad del reino de Dios en la predicación, y, como veremos, en las acciones de Jesús, es extraño que muchos cristianos muestren un relativo desconocimiento de lo que significa esta frase. Pero si queremos entender el mensaje de Jesús, por no mencionar todo su ministerio, incluyendo su muerte y resurrección, entonces tenemos que lidiar con lo que él dice sobre el reino de Dios. Gordon Fee, uno de los más sabios de los eruditos del Nuevo Testamento, dijo una vez en una conferencia sobre Jesús: “Usted no puede saber nada acerca de Jesús, ninguna cosa, si pierde el reino de Dios…. Usted es cero en Jesús si no entiende este término. Siento hablar con firmeza, pero este es el gran fracaso del cristianismo evangélico. Hemos tenido a Jesús sin el reino de Dios, y por lo tanto hemos convertido a Jesús, literalmente, en nada”. Sin su mensaje del reino no podemos saber con exactitud cuál es nuestro futuro glorioso y por la eternidad. El reino de Dios, como dijimos antes, fue el mensaje que vino a proclamar al mundo de parte de Su Padre. Es el mensaje de Dios para la humanidad, el anuncio que trae esperanza y salvación a los hombres (Rom. 1:16). Pero aún así, los más de los cristianos tienen muy poco interés de saber su significado real y exacto. Y si uno hace una encuesta sobre lo que qué es el reino de Dios entre los cristianos católicos y evangélicos, usted se sorprenderá al oír diferentes interpretaciones que poco o nada tienen que ver con lo que Jesús enseñó sobre el asunto. Sorprendente, pero es la verdad más pura.

Si ha leído hasta este punto, estoy asumiendo que usted no quiere ser un cero en Jesús, y que usted no quiere tampoco ignorar el mensaje central de Jesús que puede salvar a los que lo aceptan de todo corazón. Por tanto, debemos trabajar juntos para averiguar qué quería decir Jesús cuando dijo: “el reino de Dios está cerca.”

Lo invitamos a que lea todo lo relativo al reino de Dios en este blog o en mi sitio web:

www.elevangeliodelreino.org

EL MÉTODO DIABÓLICO



Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales (Gn. 3:1:7).

Desde el principio de la creación, el diablo formuló un método efectivo, un patrón ordenado para entablar una relación con el hombre con el fin de hacerlo caer de la gracia divina, para alejarlo de Dios y condenarlo. Sus cautivantes tentaciones y maliciosas sugerencias utilizadas más tarde, fueron el resultado de su conocimiento de la naturaleza humana que busca complacer su egoísmo inherente a cualquier costo, en diversos grados y facetas.
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El primer paso del método diabólico consiste en cuestionar a Dios para fincar dudas en la mente humana con respecto a su Palabra de Verdad. Este es el principio de toda tentación. Pero, si Satanás no tiene la anuencia del hombre, un acuerdo común en su malévolo propósito, será algo así cómo un gato desvalido que jamás logrará darle caza al más pequeño y débil de los ratones, a pesar que lo intente con su mejor y dedicado esfuerzo.
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El segundo paso del método inicuo de Satanás es contradecir la Santa Palabra con ideas tan sutiles que parecen en lo absoluto razonables, por cualquier ángulo en que se aprecien. Cuestionar con continua entereza la Palabra de Dios provocará con el paso del tiempo el estar contradiciéndola alguien abiertamente sin temor y descaro: El ideal humano se impondrá sobre el de Dios y el hombre se conducirá en su propia convicción y voluntad torcida.
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El método corrompido de Satanás se centraliza en la búsqueda de un bien que no es real sino más bien imaginario, y que está lejos de los designios benevolentes que Dios ofrece. A la postre y con seguridad, la desobediencia se manifestará con plenitud y el hombre será coronando para regir su vida en total rebeldía e incredulidad delante de Dios.
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Son tres las áreas de prueba para que Satanás tenga éxito en el colapso espiritual del hombre:
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1. El apetito.
2. La avaricia.
3. La ambición o el orgullo.
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Estas tres áreas de la carnalidad mundana, se traducen, según 1 Jn. 2:16, en tres puntos, a saber:
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a. Los deseos de la carne.
b. Los deseos de los ojos.
c. La soberbia de la vida.
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Los dos áreas primeras o los dos puntos primeros, distorsionan el sentido correcto de la belleza estética para ofrecerle cabida al morbo y al placer sexual ilícito y depravado. La tercera área o último punto viene a culminar cuando se le ha dado rienda suelta al pensamiento irracional que empujará al consentidor a la ambición y a la codicia desenfrenada e insaciable.
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Esta distorsión de áreas por parte de Satanás, bien pudo cristalizarse en Eva (Gn. 3:6), pero el método diabólico fracasó tajantemente cuando Cristo fue tentado por el diablo en el desierto (Mt. 4:1-11). La diferencia estriba, en que Eva desobedeció conscientemente el mandato que provenía de la Boca de Dios, de su Perfecta e Insuperable Palabra. Tomó por poco la advertencia del Señor de las consecuencias de la muerte espiritual y física que hasta el día de hoy continúan apreciándose como terribles estragos en un mundo que cada vez hiede más a pecado, a muerte, a corrupción y desesperanza.
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Cristo venció al diablo, a pesar de sus atractivas y sensuales propuestas, porque creyó, no dudando, en la Palabra de su Dios. El dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. La Biblia dice que el diablo le -dejó- después de esto, y la razón, fue por su derrota vergonzosa por el tremendo poder de la Palabra de Dios proclamada en los labios de Cristo, Palabra que lo puso muy lejos de su santa presencia; nada tenía que hacer al lado del Señor ya. No había ningún caso perder el tiempo con nuestro Señor Jesucristo en el desierto.
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De la manera que Cristo venció al diablo con el efectivo argumento celestial, el creyente debería de hacer exactamente lo mismo. Hemos dado a conocer en este sencillo estudio el método que el diablo ha utilizado desde tiempos inmemoriales para hacernos caer sin misericordia en el lodo cenagoso del pecado y de la condenación. Tendremos que partir, por obligación, de esta base para funcionar apropiadamente y mantenernos firmes en el camino de la salvación, sin permitirnos jamás la más mínima de las tolerancias con relación a las nefandas y destructivas sugerencias del astuto y tenaz Satanás. No hay mejor ofensiva que la de propinarle a Satanás un golpe bien asestado en sus protervas narices con la Palabra de Dios. Es el modo idóneo, si hay sometimiento al Justo, de resistirlo para que desista (huya) de su necio empecinamiento de hacernos caer en sus devastadores cepos de maldad (Stg. 4:7). Desgraciadamente, parece que la mayor parte de los cristianos no han entendido bien este asunto, y en vez de enfrentar a Satanás con la mejor arma que es la Palabra de Dios, lo encaran con sus propios recursos humanos inservibles. Sabemos cuál es el resultado final de todo este confuso proceder. Otros, ni cuenta se han dado que yacen dormidos en el fondo de sus oscuros y aprisionantes sótanos por no saber discernir sus malignas sutilezas que los tienen encallados además en las profundas tinieblas del pecado y de la ignorancia, creyendo estar agradando a Dios, como lo creyó el apóstol Pablo alguna vez en su religiosa vida. La causa: la irresponsable actitud de no escrutar con fervor e interés las Escrituras para estar avispados contra los embates satánicos, colocándolos en una posición complaciente, pusilánime, e indefensa.
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Las tentaciones de Jesús, fueron tan reales como las nubes que desprenden gotas de lluvia, como el sol que irradia calor. Cristo mostró su capacidad en la Palabra de Dios, como el Mesías Ungido, como el Hijo del Hombre, para vencer como buen Guerrero de Dios las tentaciones externas e internas (mentales) procedentes de Satanás, para rechazar sus ofertas más gloriosas y codiciables, hablando en el sentido puramente terrenal. Por otro lado, nosotros, los verdaderos hijos de Dios, no somos diferentes con Cristo para presentar contienda digna ante Satanás.

Cristo Jesús es nuestro ejemplo para derrotarlo del mismo modo que lo hizo en el desierto: con la Palabra proclamada, pero, es tan importante decir, con la condición de ser creída con sinceridad genuina. Sólo así vendremos a ser más que vencedores en Cristo Jesús, Señor nuestro.

miércoles, 24 de febrero de 2010

POR FIN LA REVISTA “FOCUS ON THE KINGDOM” EN ESPAÑOL


Estimados amigos que visitan este blog regularmente:
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Hace algún tiempo he venido promocionando la revista “Focus on the Kingdom” (en inglés) del erudito unitario inglés, Sir. Anthony F. Buzzard. Sin embargo, no todos los que nos visitan saben inglés, y por este motivo les anuncio que mi amigo Anthony Buzzard, y su yerno Xavier, junto con mi colaboración en la co-traducción, sacaremos a la luz esta revista en idioma español desde el mes entrante.
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La Revista “focus on the kingdom” (“Enfocándose en el Reino”) se centra precisamente en el anuncio del reino de Dios, que es el único evangelio salvador de Jesucristo, y da a conocer, al mismo tiempo, al único Dios verdadero que es el Padre de nuestro Señor Jesucristo, y el nuestro (la doctrina unitaria).
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El hermano Anthony me acaba de decir que su revista saldrá traducida al español, pero por el momento sólo aparecerá en su sitio web www.restorationfellowship.org para que los interesados la puedan leer como revista electrónica. Más adelante, si Dios quiere, saldrá impresa. De todos modos, es algo.

ES POSIBLE REALMENTE SABER SI UNO ES SALVO?


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Sí, y aunque usted se sorprenda, ningún cristiano puede decir que es salvo, porque sencillamente ningún cristiano ha sido del todo salvo. ¿Pero cómo puede ser eso posible?, se preguntará usted, y no le quitamos la razón, puesto que siempre se nos ha enseñado que Jesús vino a salvar a los pecadores.

La salvación como proceso

Lo que los cristianos deben entender es que la salvación es un proceso que empieza con nuestra conversión o arrepentimiento, y la aceptación por fe en Cristo y su evangelio del reino. Pero allí no acaba todo, pues ese converso es un niño en la fe que necesitará madurar hasta llegar a la “perfección” o a la “estatura de Cristo”. Sólo en esta condición de maduro o perfecto podrá ganar su salvación. Veamos algunos pasajes de la Escritura que demuestran que la salvación es un proceso, pues Pablo escribió a los Filipenses: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra SALVACIÓN con temor y temblor” (Filipenses 2:12). ¿”Ocupaos en vuestra salvación”? Así es, hay que ocuparse día a día para ganar la salvación. Es necesario que el trabajador trabaje primero para que gane su retribución o pago. Dice Pablo: El LABRADOR, para participar de los frutos, debe trabajar primero” (2 Timoteo 2:6)

La perfección como requisito para la salvación

Las Escrituras nos mandan a llegar a ser perfectos para ser los poseedores de las herencias prometidas. Por ejemplo, el apóstol Pedro dice que para entrar en el reino uno debe madurar, crecer, y perfeccionarse. En 2 Pedro 1:5-11, él escribe: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Nótese que para entrar en el reino (que equivale a la salvación, véase Mateo 19:16-25) es necesario hacer firme nuestra elección y vocación por medio del crecimiento y la perfección espiritual. SE requiere añadir a la fe inicial, la virtud, el conocimiento, el domino propio, la paciencia, la piedad, el afecto fraternal, y a éste, el amor. ¿Pero cuántos pueden decir que lo están logrando? Por eso, cuando los creyentes afirman que son salvos, deberían considerar seriamente si realmente han logrado llegar a la “cúspide” de la fe como lo requiere Pedro. Pero pareciera que para muchos cristianos negar su completa salvación es negar su conversión, lo cual no es verdad. Uno puede ser un sincero converso, pero no un salvo todavía.

Si usted examina bien las Escrituras, verá que ellas nos hablan frecuentemente del perfeccionamiento. Y esto es importante, pues sólo los perfectos habitarán la nueva tierra del futuro. Dice Salomón: “Porque los rectos habitarán la tierra, Y los PERFECTOS permanecerán en ella” (Proverbios 2:21). “El que hace errar a los rectos por el mal camino, El caerá en su misma fosa; Mas los PERFECTOS heredarán el bien” (Proverbios 28:10). Es obvio que es imposible que un recién convertido sea perfecto, así como es imposible que un niño recién nacido sea maduro. Necesitará crecer primero a la estatura de Cristo. Por eso el Señor “constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de PERFECCIONAR a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13). ¿Se da usted cuenta ahora por qué usted no es salvo apenas se convierte, sino que más bien usted ha comenzado un proceso de salvación de por vida hasta para alcanzar la plena madurez, perfección y la estatura de Cristo? El apóstol Pablo era consciente de esto, por eso él habló de su vida cristiana como una carrera. El escribió: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”(2 Timoteo 4:7,8).

¿Acaso no dice la Biblia que Cristo nos salvó?

Algunos podrán alegar que Cristo ya nos salvó y para probarlo nos muestran los pasajes siguientes:

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5) y “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9). Sin embargo, el mismo Pablo dice cómo nos salvó el Señor: Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? (Romanos 8:24). Es decir, tenemos esa esperanza de ser salvos, y esa esperanza nos ha salvado. A los Tesalonicenses Pablo confirma lo que decimos, cuando escribe: “Pero puesto que nosotros somos del día, seamos sobrios, habiéndonos puesto la coraza de la fe y del amor, y por yelmo la esperanza de la salvación” (1 Tesalonicenses 5:8). Y a Tito, Pablo iguala la esperanza de la salvación, con la esperanza de la vida eterna. “Para que justificados por su gracia fuésemos hechos herederos según la esperanza de la vida eterna (Tito 3:7). Así que, tanto la salvación y la vida eterna son aún nuestras mayores esperanzas junto con la misma venida de Cristo (Tito 2:13).

La Parusía y la salvación definitiva

Pablo dice que Cristo volverá por segunda vez para salvarnos en: “así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:28). Y Pedro es de igual parecer, cuando dice: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 Pedro 1:5). Así que nadie aún es salvo hasta que venga Cristo, nuestro Señor, y tome cuentas a sus siervos por lo que han hecho mientras estaba ausente. En Lucas 19:11-27 Jesús habló de la Parábola de las Diez Minas y en ella él habla del amo que regresa y recompensa a sus siervos por lo que han hecho con sus minas. Los que hicieron más tendrán más dominio sobre las naciones, y los que hicieron menos, menos domino sobre las naciones. Pero aquellos negligentes que guardaron sus minas y se dieron la gran vida, sufrirán la decapitación delante del amo y perecerán para siempre. Así que la vida cristiana es una vida de continuo trabajo para obtener la salvación, que no es otra cosa que ganar la vida eterna en el reino de Dios. Esta verdad muy pocas personas lo entienden, pero una vez que leen Mateo 19:16-25, quedan plenamente convencidos de lo que decimos.

Hermanos, no crean cuando los predicadores le dicen que usted ya ha sido salvado por haber “aceptado a Cristo”. Ese engaño puede resultarle peligroso, ya que le puede dar una falsa sensación de seguridad que no la tiene. El diablo ha levantado engañadores que ofrecen una salvación automática y fácil. Ellos dicen que con sólo “aceptar a Cristo y recibirlo en su vida” usted ya es salvo…¡mentira! Usted no ha sido salvo por aceptar a Cristo y su evangelio!…Usted ha aceptado a Cristo y su evangelio para entrar en el camino de la salvación. Usted ha aceptado correr la carrera cristiana para estar en forma para cuando Cristo regrese, y así él le pueda otorgar su corona de gloria por haber sido un buen “atleta cristiano”. Usted no entrará al reino si usted ha descuidado su ejercitación espiritual y moral, y se ha quedado plantado, pasmado, y fuera de forma. Esta es la verdad que nos presenta la Biblia.

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martes, 23 de febrero de 2010

DEDICADO A MI HERMANO Y AMIGO MARIO OLCESE SANGUINETI (APOLOGISTA)


«Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y parar derribar, para edificar y plantar» (Jer.1:10).

Mario A. Olceses Sanguineti: Ingeniero de profesión, varón de Dios, originario de Perú, emisario de la luz por voluntad divina y que muestra la misericordia de Dios por medio de la predicación en su gloriosa página en la Web Cristiana (www.apologista.blogdiario.com), misericordia manifestada en el conocimiento sagrado que salva y que muestra el Reino Venidero Terrenal, el cual será fundado en el mundo en el futuro como herencia a los fieles de Dios y de su Cristo.
Amigo y hermano entrañable, apreciado, compañero de trabajo, de un mismo sentir, y que con amor y desinterés proclama la verdadera doctrina del cielo a no pocas naciones de la tierra: a los hombres a quienes las tinieblas les han cegado el entendimiento, y para afirmar a quienes lo tienen avispado en la Palabra de Dios.
Gracias amigo mió, porque por medio de ti he llegado conocer la doctrina verdadera que aseguró mi salvación.

¡Dios te bendiga siempre hermano Mario!


PENDÓN DEL CIELO

Mario Olcese se llama,
Hombre y siervo de Dios,
Puesto lleva en el alma
Gracia, carga y amor.
Luz de muchas naciones,
Sanos decretos predica,
Paz exhala a los hombres,
Voz que grita la vida.
Lleno de Dios y verdad,
Ama la Orden Divina,
Hace las huestes temblar,
Tiene carácter que anima.
Fuego que espanta serpientes,
Mano que abre los ojos,
Llama que alumbra las mentes
De cepos y duros cerrojos.
Dios te bendiga mi hermano,
Familia y todo tu andar,
Hijo sincero y amado:
¡Reino Jehová te dará!

REPLICANDO NUEVAMENTE AL RESPONDON TRINITERCO PABLO SANTOMAURO


Un Ejemplo de Argumentación Deficiente


Por Pablo Santomauro


Pretendiendo satirizar la doctrina de la Trinidad, el apologista de la herejía sociniana Mario Olcese escribió un artículo donde no sólo mal representa la posición trinitaria sino también llama “mensos” a los que creemos en la Trinidad. “Menso” es un regionalismo centroamericano que significa “tonto, falto de entendimiento o razón”. En su trabajo, escrito en forma de diálogo entre un padre de pocas luces y un hijo supuestamente inteligentísimo, leemos:


“…sí, papi, ¿en qué te puedo convencer…perdón…servir? Bueno Jaimito, mi pastor predicó hoy un sermón sobre la Trinidad y para probar la supuesta veracidad de esta doctrina me mostró el pasaje de 2 Corintios 13:14, que dice: La gracia del Señor Jesucristo, y el amor de Dios, y la participación del Espíritu Santo sea con vosotros todos. Amén”…. Ajá, ¿y dónde está la prueba de la Trinidad en ese pasaje, papi?…Bueno, ¿no ves, hijito mío, que Pablo menciona a las TRES personas de la Trinidad aquí: a Jesucristo, al Padre, y al Espíritu Santo en el cierre de su carta?…¿Qué me dices ahora, hijito?…Bueno papi, dile al menso de tu pastor que no sea paporretero y que no saque conclusiones falsas de un pasaje que nada dice de una Trinidad…¿y por qué dices eso, Jaimito?…facilito pues viejo…Toma nota que sólo de uno se dice que es Dios…y ése es el Padre…léelo tú mismo: La gracia del Señor Jesucristo (de éste no se dice que es Dios), la participación del Espíritu Santo (de éste tampoco se dice que es Dios)…y finalmente tenemos “el amor de Dios” (con referencia al Padre). Es decir, el Padre es el único a quien Pablo llama ‘Dios’…y no podía ser de otro modo, pues Pablo ya había dicho antes a los corintios que sólo hay un Dios, el Padre (1 Corintios 8:4-6). Ah, y de igual parecer es Judas en Judas 1:1 y Pedro en 1 Pedro 1:2…” [1]


En este párrafo, Olcese comete dos errores dignos de ser destacados:


La Falacia del Straw Man (Del Monigote de Paja)


Esta falacia se comete cuando el escritor mal representa o debilita la posición contraria, y luego pasa a refutar esa versión deformada o débil, lo que obviamente es más fácil de hacer. Se le llama monigote de paja porque es más fácil de derribar que un hombre bien plantado. Podríamos extender la definición a los casos en los que el escritor tergiversa o falsifica la aproximación de los trinitarios a ciertos versículos bíblicos. Este es el caso con Olcese. Nuestro amigo da a entender que los trinitarios citamos 2 Corintios 13:14 como texto prueba de la Trinidad. Esto no es cierto. Ningún trinitario doctrinalmente preparado basa sus deducciones en un solo verso, sino en el peso acumulativo de todos los pasajes bíblicos concernientes al tópico. En segundo lugar, 2 Corintios 13:14 jamás es presentado para probar la Trinidad sino que se usa como un peldaño para mostrar la personalidad del Espíritu Santo. Como el verso es perjudicial para los sectarios, es natural que sea atacado con saña por ellos. Pasemos a estudiarlo:


“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”.


Si tomaramos esta bendición totalmente aislada del contexto bíblico, es obvio que las mismas palabras que infieren la personalidad del Padre y del Hijo, son usadas también para inferir la personalidad del Espíritu Santo. En 1 Juan 1:3 nosotros tenemos comunión con el Padre y el Hijo, y aquí en 2 Corintios 13:14 se usan exactamente las mismas palabras para indicar que tenemos comunión con el Espíritu Santo. ¿Pueden las palabras ser más claras? Para poder tener comunión con el Padre y el Hijo es imperativo que éstos sean personas, y lo mismo se requiere para tener una verdadera comunión con el Espíritu Santo. Comunión es algo mutuo en donde intervienen como mínimo dos personas.


El verso termina con estas palabras: “sean con todos vosotros”. ¿Qué cosas? La gracia de Cristo, el amor de Dios, y la comunión/compañerismo/koinonia del Espíritu Santo. Esta última parte se corresponde con la promesa del “Consolador” en Juan 14:16-17, “Y yo [Jesús] rogaré al Padre, y os dará otro [Gr. Allos: de la misma clase que Jesús] Consolador, para que [él] esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque [él] mora con vosotros, y estará en vosotros”. El deseo de Pablo de que los cristianos tengan comunión con el Espíritu Santo es EXACTAMENTE lo que Jesús prometió en Juan 14:17: porque [él] mora con vosotros, y estará en vosotros.


Versos de apoyo usados por Olcese


Olcese finaliza su “poderoso” argumento con tres versos que según él “prueban” que Jesucristo no es Dios. Olcese dice: “… pues Pablo ya había dicho antes a los corintios que sólo hay un Dios, el Padre (1 Corintios 8:4-6). Ah, y de igual parecer es Judas en Judas 1:1 y Pedro en 1 Pedro 1:2…” Lamentablemente, estos versos están muy lejos de confirmar sus ilusiones. Veamos el primero. Sobre 1 Corintios 8:4-6, Olcese escribe en un escrito previo:


“Pablo sí revela quién es el único y verdadero Dios. El texto clave de Pablo está en 1 Corintios 8:6, que dice: “Para nosotros (los apóstoles y creyentes en general), sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.” Observemos que para Pablo, sólo uno es Dios, el Padre. También añade que uno es nuestro Señor o Mesías rey, el Señor Jesucristo. Es clarísimo que para Pablo, Cristo no es el único Dios; es, más bien, el único Señor o Jefe de los hombres que se convierten a él.” (énfasis en el original) [2]


A primera vista, Olcese parece estar en lo cierto, pero a la luz de la Biblia y la lógica, el argumento es inválido. Es completamente erróneo concluir que Jesús no es Dios porque 1 Corintios 8:6 diga que hay un Dios, el Padre, y un Señor, Jesucristo.


Hay muchos lugares en la Biblia donde el Padre es llamado Señor y el Hijo es llamado Dios. Cuando el cristiano se encuentra con este argumento, debe forzar al sectario a seguir su propia lógica hasta el final del camino.


Si la referencia al Padre como “un Dios” prueba que Jesús no es Dios, siguiendo el mismo razonamiento debemos concluir que la referencia a Cristo como “un Señor” significa que el Padre no es Señor.


Encierre al sectario en este dilema, no le permita salirse por la tangente. El punto que el cristiano debe machacar es que NO se puede interpretar la primera parte del versículo de una manera y la segunda de otra.


La falacia lógica del sectario consiste en suponer que el uso de un título para una persona en cierto contexto, automáticamente descalifica su aplicación para otra persona en otro contexto.


Lo propio de hacer es consultar TODA la Escritura y ver qué dice acerca del Padre y de Jesucristo, y luego llegar a una conclusión.


La Escritura enseña que el Padre es llamado Dios (1 P. 1:2) y Señor (Mt. 11:25). Sabemos también que Jesucristo es llamado Dios (Jn. 20:28; He. 1:8) y Señor (Ro. 10:9).


Cuando dejamos a la Escritura interpretar la Escritura, es obvio que el argumento antitrinitario se desmorona como un castillo de naipes. La designación del Padre como Dios en este verso no tiene la intención de excluir a Jesús ni al Espíritu Santo. De la misma forma, la identificación de Jesús como “Dios y Salvador” en Tito 2:13, no excluye al Padre ni al Espíritu Santo. En Hechos 5:4 el Espíritu Santo es llamado Dios, pero ello no excluye al Padre ni a Jesús. (ver When Cultists Ask p.228, Geisler/Rhodes)


Los otros dos versos que propone Olcese (Jud. 1:1 y 1 P. 1:2), en ninguna manera dicen que Jesucristo no es Dios. El lector objetivo que lee los pasajes jamás llegaría a esa conclusión.


Respuesta de Apologista:


Antes que nada debo decir que estoy muy feliz de que el Sr. Pablo Santomauro, un fiel adalid ”evangelicatólico”, esté muy pendiente de todos mis estudios sobre la Trinidad, porque evidentemente está muy dedicado intentando refutarlos de alguna manera posible, y de a pocos.


El Sr Pablito Santomauro pasa a decirme que los Trinitarios no usan el pasaje de 2 Corintios 13:14 como texto de prueba de la Trinidad. Y luego Santomauro añade lo siguiente: “Ningún trinitario doctrinalmente preparado basa sus deducciones en un solo verso, sino en el peso acumulativo de todos los pasajes bíblicos concernientes al tópico. En segundo lugar, 2 Corintios 13:14 jamás es presentado para probar la Trinidad sino que se usa como un peldaño para mostrar la personalidad del Espíritu Santo. Lastimosamente el Santomauro comete un error garrafal cuando dice que para poder tener comunión con el Padre y el Hijo es imperativo que éstos sean personas, y lo mismo se requiere para tener una verdadera comunión con el Espíritu Santo”. Esto es falso Sr. Santomauro, pues si usted lee 1 Corintios 10:16, encontrará que uno puede tener comunión con la sangre de Cristo. Dice el texto, así: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?” La NVI lo vierte así: “Esa copa de bendición por la cual damos gracias,¿no significa que entramos en comunión CON la sangre de Cristo?…”. Luego le pregunto, Sr. Santomauro: ¿es una persona la sangre de Cristo porque comulgamos con ella? Pues, no! ¿Se puede, entonces, tener comunión con cosas impersonales como el Espíritu Santo? Pues, sí, si nos atenemos a lo que dice 1 Cor. 10:16 que acabamos de anotar! Por otro lado, lo que usted dice, en el sentido de que ningún trinitario usaría 2 Cor. 13:14 aisladamente para probar la Trinidad, yo le respondo que se equivoca nuevamente, pues muchos “trinotercos” me citan ese pasaje paulino en un intento desesperado para probar la Trinidad. Lo que ellos (los trinitarios) creen encontrar en ese texto es al Dios Trino cuando en realidad sólo al Padre se le llama “Dios” y a ninguno más. Esto demuestra, por sí solo, la falacia del argumento de los trinitarios. En segundo lugar, cuando Pablo habla en 1 Cor. 8:4-6 de que sólo hay un Dios, el Padre, y un Señor Jesucristo, lo que él está diciendo es que sólo hay un Dios verdadero que es el Padre, y un sólo Señor Mesías (nótese que Señor antecede al nombre/título “Jesucristo”, o Jesús el Cristo o Jesús el Mesías. Entonces el título “Señor” para Jesús es exclusivamente mesiánico, y eso se ve en declaraciones como “Cristo, el Señor” o “Señor Jesucristo” (Hechos 2:36; 15:26). En cambio, el Señorío de Dios el Padre está relacionado con su Deidad y Soberanía sobre todas sus criaturas, e incluso, sobre su Hijo Unigénito (Sal. 103:22). Y es cierto, además, que Pablo admite que hay los llamados “dioses” en el cielo y en la tierra, cuando dice: “Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros sólo hay un Dios, el Padre”. Así que Pablo llama a los seres que habitan en el cielo (fuera del Padre) como “dioses”, y esto incluye a Jesús, quien ya estaba en el cielo para cuando Pablo escribió esta epístola. Así que yo concuerdo con usted en que Cristo es “Dios” pero no es el “Único Dios verdadero”, el eterno, y el auto subsistente.


Resumiendo:


Cristo es Dios, como lo son también los ángeles que están en el cielo (en calidad de mensajeros y representantes de Dios) y es también Señor, en el sentido que es el Mesías elegido para gobernar el mundo de mañana, el reino de Dios. En cuanto al Padre, el es el Absoluto DIOS, el DIOS ÚNICO y es también SEÑOR porque es el SOBERANO ABSOLUTO Y UNIVERSAL DE TODO LO QUE EXISTE, EL DIOS DE DIOSES, que vive y subsiste por sí mismo, El Todopoderoso, la fuente y el origen de TODO lo que ES, tanto de seres vivos, como de cosas. Es decir, “Un Dios Puro, Supremo y autosuficiente, que no necesita de nada ni de nadie para existir. Es Eterno, no engendrado, omnisciente y Omnipresente. Es el Padre de Jesucristo, de los ángeles, y nuestro. Así que cuando Pablo dice que hay Un Dios (ojo que Pablo no excluye a Jesús en su calidad de “Dios”, pero en un aspecto muy distinto, es decir, como el agente del Dios verdadero y único) él se refiere al único Dios que es eterno y es Padre. Y cuando Pablo dice que hay un Señor (ojo aquí también, puesto que esto no quiere decir que el Padre no sea “Señor”, pero en otro ámbito), se refiere a Jesús como Mesías, el soberano de los reyes de la tierra venidera, en el reino del Padre.