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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.
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jueves, 22 de julio de 2010

EXTRAÑO SUCESO EN UNA CRUZADA DE BENNY HINNON HINN

Fíjese usted, estimado "Benny Fan", en la lengua estilo Gene Simmons (Banda Kiss) de esta "hermanita" que asistía a una cruzada del satánico hipnotista, Benny Hinnon Hinn.



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jueves, 17 de junio de 2010

DEBEMOS TOMAR AL DIABLO MUY EN SERIO


Por Profesor de Santantoni

Por su acción contra el hombre «debemos tomar al demonio muy en serio», pero sin olvidar en nuestro camino la confianza en el amor de Dios –un amor «más fuerte que todo»–, cuya misericordia «vence todo obstáculo», explica el cardenal Georges-Joseph Marie Martin Cottier, O.P., teólogo de la Casa Pontificia.

En esta entrevista a la agencia Zenit, el cardenal Cottier aborda la acción real del demonio en el mundo, sus causas, sus consecuencias y el motivo de esperanza para el hombre.

–¿En el gran misterio del mal, cuánto cuenta la acción del diablo y qué parte tiene en cambio la responsabilidad del hombre?

–Cardenal Cottier: El diablo es sin más ni más el gran seductor porque intenta llevar al hombre al pecado presentando el mal como el bien. Pero la caída lleva nuestra responsabilidad porque la conciencia tiene capacidad de distinguir lo que es bueno de lo que es malo.

–¿Por qué el diablo quiere inducir al hombre al pecado?

–Cardenal Cottier: Por envidia y celos. El diablo quiere arrastrar consigo al hombre porque él mismo es un ángel caído. La caída del primer hombre estuvo precedida por la caída de los ángeles.

–¿Es una herejía afirmar que también el diablo forma parte del proyecto de Dios?

–Cardenal Cottier: Satanás fue creado por Dios como ángel bueno porque Dios no crea el mal. Todo lo que sale de la mano creadora de Dios es bueno. Si el demonio se ha convertido en malo es por su culpa. Es él quien haciendo mal uso de su libertad se ha hecho malo.

–¿Habrá alguna vez redención para el demonio, como afirma algún teólogo?

–Cardenal Cottier: Planteemos una premisa: el hombre ha caído en el pecado porque el primer pecador, o sea el demonio, le ha arrastrado a su abismo de mal. ¿De qué se trata en sustancia? Del rechazo de Dios y, sobre todo, de la oposición al Reino de Dios como proyecto de providencia sobre el mundo. Este rechazo que nace de la libertad de una criatura del todo espiritual como el diablo es un rechazo total, irremediable y radical, como se dice también en el catecismo de la Iglesia católica.

–¿Entonces, ninguna esperanza de que al final la misericordia de Dios pueda vencer el odio del diablo?

–Cardenal Cottier: El carácter perfecto de la libertad del ángel caído hace que su elección sea definitiva. Esto no significa poner un límite a la misericordia de Dios, que es infinita. El límite está constituido por el uso que el diablo hace de la libertad. Es él quien impide a Dios cancelar su pecado.

–¿Por qué el diablo, que es espíritu inteligentísimo, usa de esta manera esa libertad, que es en cualquier caso siempre un don de Dios?

–Cardenal Cottier: Aquí estamos ante el misterio. El misterio del mal es ante todo el misterio del pecado. Somos golpeados, justamente, por los males físicos, pero existe un mal mucho más radical y más triste que es el mal del pecado. El diablo se ha establecido en su rechazo. Además el pecado del ángel es siempre más grave que el del hombre. El hombre tiene tantas debilidades en sí que de alguna manera su responsabilidad puede resultar velada; el ángel, siendo espíritu purísimo, no tiene excusas cuando elige el mal. El pecado del ángel es una elección tremenda.

–Parece imposible que un ángel creado en la luz de Dios haya podido elegir el mal…

–Cardenal Cottier: Cuando hablamos de un ángel caído a causa del pecado afrontamos un tema muy grave y por lo tanto debemos tratarlo con gran seriedad. En la tentación del hombre tenemos casi un reflejo de lo que fue el pecado mismo del ángel. He aquí la seducción suprema: ponerse en el lugar de Dios. Incluso Satanás no reconoció su condición de criatura.

–¿Por qué el demonio es llamado príncipe de este mundo?

–Cardenal Cottier: Es una expresión del Evangelio de Juan. Significa que el mundo, cuando olvida a Dios, es dominado por el pecado. La acción del demonio está guiada por el odio hacia Dios y puede hacer graves daños cuando seguimos sus tentaciones. El mal principal del demonio es el mal espiritual, el del pecado. Esta acción toca tanto al individuo como a la sociedad.

–¿Dios no habría podido impedir todo esto?

–Cardenal Cottier: Sí, pero ha permitido que tanto el demonio como el hombre tuvieran la libertad de actuar y, a veces, de pecar. Es un misterio tremendo. San Pablo dice: «Todo es para bien de los que aman a Dios». Cuando por lo tanto estamos con Dios, incluso el mal contribuye a nuestro bien.

–Difícil de aceptar…

–Cardenal Cottier: Pensemos en los mártires. En el extraordinario bien espiritual que, a la luz de la fe, se deriva de una tragedia como un martirio. San Agustín, comentando a Pablo, dice: «Dios no habría permitido el mal si no hubiera querido hacer de este mal un bien mayor». Hay bienes que la humanidad no habría conocido si no hubiera estado la presencia del pecado y del mal. Es difícil afirmar esto, pero es la verdad.

–¿Cómo actúa el diablo en la realidad de todos los días?

–Cardenal Cottier: Lo podemos comprender por algunas expresiones del Evangelio de Juan, allí donde se dice que el demonio es homicida desde el principio. O sea, es destructor y hace morir, tanto en sentido propio como espiritualmente. Por esto es llamado el gran tentador.

–¿Nos referimos al diablo cuando en el «Padre Nuestro» decimos «no nos dejes caer en tentación»?

–Cardenal Cottier: Sí, pedimos a Dios resistir la tentación. Es erróneo pensar que toda tentación venga del demonio, pero las más fuertes y más sutiles, las más espirituales, tienen ciertamente su impronta. Y son tanto tentaciones individuales como colectivas. El demonio actúa sobre la historia humana. Su influencia es negativa. La muerte, el pecado, la mentira son signos de su presencia en el mundo.

–Dice que no todas las tentaciones vienen del demonio. ¿De qué otra cosa debemos guardarnos entonces?

–Cardenal Cottier: La tradición cristiana nos dice que las fuentes de tentaciones son tres. La más terrible, cierto, es la del demonio. Después está el mundo, la sociedad, los «otros» en la acepción joánica. Y finalmente está la «carne», esto es, nosotros mismos. San Juan de la Cruz dice que de estas tres tentaciones la más peligrosa es la última, o sea nosotros mismos. Para cada uno de nosotros el enemigo más pérfido es uno mismo. Antes de atribuir las tentaciones al demonio y al mundo, pensemos en nosotros mismos. Aquí encontramos también la importancia de la humildad y del discernimiento. El Espíritu Santo nos da el don del discernimiento y nos preserva de la soberbia de confiar demasiado en nosotros mismos.

–¿Cuál es la actitud más correcta que el cristiano debería observar frente al misterio del maligno?

–Cardenal Cottier: No olvidar jamás que la pasión y la muerte de Jesús han triunfado para siempre sobre el demonio. Esto es una certeza. Lo dice San Pablo. La fe es la victoria sobre el padre del pecado y de la mentira. Esto quiere decir que el demonio, siendo una criatura, no tiene un poder infinito. A pesar de todos sus esfuerzos el demonio nunca podrá impedir la edificación del Reino de Dios, que crece pese a todas las persecuciones. El cristiano, gracias a la fidelidad en la fe, vence el mal.

–En conclusión…

–Cardenal Cottier: Debemos tomar al demonio muy en serio, pero no debemos pensar que sea omnipotente. Hay gente que tiene un miedo irracional al demonio. La confianza cristiana, que se alimenta de oración, humildad y penitencia, debe ser sobre todo confianza en el amor del Padre. Y este amor es más fuerte que todo. Debemos tener conocimiento de que la misericordia de Dios es tan grande como para vencer todo obstáculo.

viernes, 26 de febrero de 2010

EL MÉTODO DIABÓLICO



Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales (Gn. 3:1:7).

Desde el principio de la creación, el diablo formuló un método efectivo, un patrón ordenado para entablar una relación con el hombre con el fin de hacerlo caer de la gracia divina, para alejarlo de Dios y condenarlo. Sus cautivantes tentaciones y maliciosas sugerencias utilizadas más tarde, fueron el resultado de su conocimiento de la naturaleza humana que busca complacer su egoísmo inherente a cualquier costo, en diversos grados y facetas.
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El primer paso del método diabólico consiste en cuestionar a Dios para fincar dudas en la mente humana con respecto a su Palabra de Verdad. Este es el principio de toda tentación. Pero, si Satanás no tiene la anuencia del hombre, un acuerdo común en su malévolo propósito, será algo así cómo un gato desvalido que jamás logrará darle caza al más pequeño y débil de los ratones, a pesar que lo intente con su mejor y dedicado esfuerzo.
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El segundo paso del método inicuo de Satanás es contradecir la Santa Palabra con ideas tan sutiles que parecen en lo absoluto razonables, por cualquier ángulo en que se aprecien. Cuestionar con continua entereza la Palabra de Dios provocará con el paso del tiempo el estar contradiciéndola alguien abiertamente sin temor y descaro: El ideal humano se impondrá sobre el de Dios y el hombre se conducirá en su propia convicción y voluntad torcida.
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El método corrompido de Satanás se centraliza en la búsqueda de un bien que no es real sino más bien imaginario, y que está lejos de los designios benevolentes que Dios ofrece. A la postre y con seguridad, la desobediencia se manifestará con plenitud y el hombre será coronando para regir su vida en total rebeldía e incredulidad delante de Dios.
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Son tres las áreas de prueba para que Satanás tenga éxito en el colapso espiritual del hombre:
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1. El apetito.
2. La avaricia.
3. La ambición o el orgullo.
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Estas tres áreas de la carnalidad mundana, se traducen, según 1 Jn. 2:16, en tres puntos, a saber:
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a. Los deseos de la carne.
b. Los deseos de los ojos.
c. La soberbia de la vida.
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Los dos áreas primeras o los dos puntos primeros, distorsionan el sentido correcto de la belleza estética para ofrecerle cabida al morbo y al placer sexual ilícito y depravado. La tercera área o último punto viene a culminar cuando se le ha dado rienda suelta al pensamiento irracional que empujará al consentidor a la ambición y a la codicia desenfrenada e insaciable.
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Esta distorsión de áreas por parte de Satanás, bien pudo cristalizarse en Eva (Gn. 3:6), pero el método diabólico fracasó tajantemente cuando Cristo fue tentado por el diablo en el desierto (Mt. 4:1-11). La diferencia estriba, en que Eva desobedeció conscientemente el mandato que provenía de la Boca de Dios, de su Perfecta e Insuperable Palabra. Tomó por poco la advertencia del Señor de las consecuencias de la muerte espiritual y física que hasta el día de hoy continúan apreciándose como terribles estragos en un mundo que cada vez hiede más a pecado, a muerte, a corrupción y desesperanza.
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Cristo venció al diablo, a pesar de sus atractivas y sensuales propuestas, porque creyó, no dudando, en la Palabra de su Dios. El dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. La Biblia dice que el diablo le -dejó- después de esto, y la razón, fue por su derrota vergonzosa por el tremendo poder de la Palabra de Dios proclamada en los labios de Cristo, Palabra que lo puso muy lejos de su santa presencia; nada tenía que hacer al lado del Señor ya. No había ningún caso perder el tiempo con nuestro Señor Jesucristo en el desierto.
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De la manera que Cristo venció al diablo con el efectivo argumento celestial, el creyente debería de hacer exactamente lo mismo. Hemos dado a conocer en este sencillo estudio el método que el diablo ha utilizado desde tiempos inmemoriales para hacernos caer sin misericordia en el lodo cenagoso del pecado y de la condenación. Tendremos que partir, por obligación, de esta base para funcionar apropiadamente y mantenernos firmes en el camino de la salvación, sin permitirnos jamás la más mínima de las tolerancias con relación a las nefandas y destructivas sugerencias del astuto y tenaz Satanás. No hay mejor ofensiva que la de propinarle a Satanás un golpe bien asestado en sus protervas narices con la Palabra de Dios. Es el modo idóneo, si hay sometimiento al Justo, de resistirlo para que desista (huya) de su necio empecinamiento de hacernos caer en sus devastadores cepos de maldad (Stg. 4:7). Desgraciadamente, parece que la mayor parte de los cristianos no han entendido bien este asunto, y en vez de enfrentar a Satanás con la mejor arma que es la Palabra de Dios, lo encaran con sus propios recursos humanos inservibles. Sabemos cuál es el resultado final de todo este confuso proceder. Otros, ni cuenta se han dado que yacen dormidos en el fondo de sus oscuros y aprisionantes sótanos por no saber discernir sus malignas sutilezas que los tienen encallados además en las profundas tinieblas del pecado y de la ignorancia, creyendo estar agradando a Dios, como lo creyó el apóstol Pablo alguna vez en su religiosa vida. La causa: la irresponsable actitud de no escrutar con fervor e interés las Escrituras para estar avispados contra los embates satánicos, colocándolos en una posición complaciente, pusilánime, e indefensa.
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Las tentaciones de Jesús, fueron tan reales como las nubes que desprenden gotas de lluvia, como el sol que irradia calor. Cristo mostró su capacidad en la Palabra de Dios, como el Mesías Ungido, como el Hijo del Hombre, para vencer como buen Guerrero de Dios las tentaciones externas e internas (mentales) procedentes de Satanás, para rechazar sus ofertas más gloriosas y codiciables, hablando en el sentido puramente terrenal. Por otro lado, nosotros, los verdaderos hijos de Dios, no somos diferentes con Cristo para presentar contienda digna ante Satanás.

Cristo Jesús es nuestro ejemplo para derrotarlo del mismo modo que lo hizo en el desierto: con la Palabra proclamada, pero, es tan importante decir, con la condición de ser creída con sinceridad genuina. Sólo así vendremos a ser más que vencedores en Cristo Jesús, Señor nuestro.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

LOS OVNIS Y EL DIABLO


Fragmento del documental “UFO, the hidden truth” (ovnis, la verdad oculta), donde propone que los seres extraterrestes que hoy dia relacionamos con los ovnis, son los antiguos demonios que aparecen a lo largo de la historia. Tambien vincula los casos de abducciones con las posesiones demoniacas.

El documental está en inglés con subtítulos en castellano. Emitido por el canal evangélico “vida”. Haga -click- en el encabezado y vea los videos que están muy interesantes.