Datos personales

Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.
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sábado, 21 de agosto de 2010

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CHARLES TAZE RUSSELL PIRATEÓ DEL ADVENTISTA BARBOUR LA ENSEÑANZA DE QUE LOS 6000 AÑOS, PARTIENDO DESDE ADÁN, “CESARON” EN 1873

lunes, 19 de octubre de 2009

ADVENTISMO ERRADO


¿Guardar el sábado significa entrar en el reposo de Dios?
Jack Gent
Tomado de The Archives
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¿Se ha preguntado Ud. alguna vez cómo es que el sábado era una sombra de la realidad que habría de reemplazarlo, y que esa realidad era Cristo? Sé que tenía que ser así porque las Escrituras son muy claras sobre este punto. Sin embargo, a causa de la manera en que fui criado, me era difícil verlo.


Col. 2:16 — Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida o en cuanto a días de fiesta, luna nueva, o días de reposo. Estas son sombras de las cosas que habrían de venir; la realidad, sin embargo, se encuentra en Cristo.


No se podrían pronunciar palabras más claras, pero veamos si las Escrituras nos muestran cómo es esto.

Gén. 2:2,3 — Para el séptimo día, Dios había concluido la obra que había estado haciendo; así que en el séptimo día reposó de toda su obra. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra de la creación que había hecho.


¿Ve Ud. la diferencia entre la descripción del séptimo día y la descripción de los seis días anteriores? Después de cada uno de los seis días de la creación hay siempre esta afirmación que pone fin a cada uno de ellos: “Y fue la tarde y la mañana el cuarto cuarto,” por ejemplo. Esta afirmación fue omitida después de la descripción del séptimo día. Al séptimo día no se le asignó un punto de terminación. En el séptimo día, después de los seis días de la creación concluida, Dios reposó.


Adán y Eva entraron al reposo de Dios, en el cual habrían de disfrutar de una relación personal con su Creador, una relación que no terminaría nunca. El supremo amor a su Creador y el amor del uno por el otro era su mayor deleite. Se les dio un mandamiento — no comer del árbol del conocimiento del bien y el mal. El castigo por quebrantar este mandamiento era la muerte. Si honraban este mandamiento, este reposar en la presencia de Dios continuaría por la eternidad.

Luego vino el pecado por comer del fruto prohibido en violación de esta orden directa de Dios. Esto produjo la separación entre ellos y Dios, como el pecado siempre lo hace. El reposo de Dios terminó para ellos y fueron expulsados del jardín.


Dios tiene sólo una manera de traer al hombre de vuelta al reposo de Dios, y es a través de Cristo. Si el sábado fuera una sombra del reposo de Dios en Cristo, el hombre no podría ser introducido a este reposo sin el derramamiento de la sangre del cordero pascual, que apuntaba al grande y sacrificial Cordero de Dios. En consecuencia, el cordero fue muerto –la sangre de la Pascua es rociada –el Señor saca a su pueblo redimido –(puesto aparte y separado de losegipcios entre los cuales vivía) se cantó el cántico de redención (Éx. 15:1-18) –se dio el maná del cielo –(que representaba a Cristo).


Ver Juan 6:58 — “Éste [Él mismo]es el pan que bajó del cielo. Vuestros padres comieron maná y murieron, pero el que come de este pan vivirá para siempre.” Fue entonces, y sólo entonces, cuando el sábado se estableció expresamente.


“Esto es lo que el Señor ha dicho, ‘Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová.’ (Véase Éx. 16:22-30).


Como sombra del reposo en Cristo, dos cosas son absolutamente esenciales:


(1) Que sea dado consecutivo a la redención y por esa misma razón.


(2) Que sea dado solamente a aquéllos así redimidos, como marca o señal de su redención.


Éx. 19:4 — Vosotros [los israelitas] vísteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os traje a mí.


Aquí se habla de que ellos fueron redimidos de una vida de esclavitud en Egipto, para convertirse en una nación especial para Dios sobre todas las naciones. Fue a este pueblo redimido, y a él solamente, a quien se le dio la orden, “acuérdate de santificar el día sábado.”


Deut. 5:15 — Acuérdate que fuiste esclavo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido, por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.


¿Podría haber lenguaje más claro que éste? Que la sangre vertida por el cordero pascual los había separado de su servidumbre en Egipto y los había traído a Dios por tipo. Esta era la base para esta afirmación de Dios — “Por lo tanto el Señor tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo.”


Por supuesto, tenemos prueba absoluta de que esta orden fue dada solamente a los israelitas en el tiempo de su permanencia en Sinaí, a partir de este texto:


Deut. 5:2-3 — El Señor nuestro Dios hizo pacto con nosotros en Horeb [Sinaí]. No con nuestros padres hizo el Señor este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.


Luego, desde los versículos 6-21, Moisés les lee los Diez Mandamientos. Nuevamente, esto es tan claro que cualquiera que dispute esto debe, por necesidad, continuar su disputa con el Señor. Si Dios hubiese anunciado, y les hubiese dado, su sábado a todos los hombres, esta maravillosa conexión con una redención plena no tendría ningún significado.


Neh. 9:9-14 — Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo, e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos y contra todo el pueblo de su tierra …


Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir. [El los está redimiendo de su esclavitud en Egipto.]


Y les anunciaste tu santo sábado, y les diste mandamientos, decretos, y leyes por mano de tu siervo Moisés.


¡Cuán impresionante es este tipo! El verdadero “reposo de Dios” sólo puede ser conocido por aquéllos que han obtenido la redención a través de Su sangre, y el perdón de sus pecados. Estrictamente hablando, el sábado era una señal entre Dios y sus redimidos hijos de Israel.


Eze. 20:12 — Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico.


Es fundamental que veamos que a ellos no se les ordenó que guardaran el sábado para ser santificados. Era una señal de que Él, por la muerte del cordero, los había santificado, es decir, los había separado de los egipcios para Sí mismo; y ellos habían de guardarlo como señal de que ellos habían sido separados para Dios. Es imposible decir que este reposo sabático fue dado a todo el mundo, y luego decir aquí, en muchos lugares, que era una señal de que ellos habrían de ser santificados del mundo para Dios. Esto produciría afirmaciones contradictorias. No se les ordenó obedecer para que fueran redimidos, sino porque habían sido redimidos.


Nótese cuán fiel a la sombra es la realidad, el tipo al antitipo. En el antitipo, nadie tiene esta señal sobre él: paz con Dios. Nadie entra en Su reposo, sino sólo los que creen, sólo los que se acercan a Dios a través de la redención que es en Cristo.


Cualquiera que intente mejorar su oportunidad de obtener la salvación obedeciendo la ley, perfeccionando su carácter, o por medio de algún otro digno proyecto, lo hace bajo la maldición de Dios.


Gál. 3:10 — Todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición.


Gál. 4:4 — Cuando tratáis de justificaros por medio de la ley, vuestra relación con Cristo queda por completo cortada.


En todas las religiones del hombre, él nunca puede entrar al reposo por sus obras. Cesar de las obras es la única base posible para entrar en el reposo. Dios cesó de sus obras en la creación y entró en aquel reposo, habiendo concluído todo. ¿Cuánto contribuyeron Adán y Eva a esta obra creadora que condujo a este reposo? Nada, por supuesto, y ninguna participación era posible o necesaria.


¿Y no concluyó Cristo su obra de redención? ¿Y no le ha levantado Dios de entre lols muertos? “El cual, habiendo expiado por sí mismo nuestros pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.” Todo el cielo está de acuerdo en que la obra de redención está concluida. El Redentor se ha sentado, y Dios le ha coronado de gloria y honor. El cielo entero exclama: “¡Digno es el Cordero!”


Considérese el problema de cualquiera que, en presencia de esto, diga: “¡No! Esa redención concluida no es suficiente. Ella sola nunca puede darme la paz con Dios. Debo añadir mis buenas obras, mi justicia, mi perfección de carácter, etc.” ¿Nos da Dios una lección con la sombra (sábado) para informarnos de cómo Él mira nuestros esfuerzos para suplir Su obra perfecta — a la cual apuntaba la sombra?


¿Recuerda Ud. al hombre que fue sorprendido recogiendo leña en sábado — poco después de haber iniciado el peregrinaje en el desierto? (Núm. 15:32). Se preguntó qué se debía hacer con él. El Señor dijo: “Irremisiblemente muera aquel hombre.”


Los hombres pueden presuntuosamente negar el testimonio del Espíritu Santo en favor de la obra concluida por Cristo. Pueden pensar que es cosa liviana quebrantar ese sábado, ese reposo, sólo recogiendo unos pocos pedazos podridos de sus propias obras.


Piense en esto. Si la sombra fue protegida por una sentencia de muerte, ¿cuáles serán las consecuencias para el alma que se atreva a pecar contra el Espíritu Santo menospreciando la gran salvación, el sábado eterno del reposo en Cristo?


Ahora, ¿no hay algo muy peculiar en la prohibición de llevar a cabo toda suerte de trabajo en sábado? Aquí la paga de las obras es muerte; no sólo es muerte la paga del pecado, sino que, si las obras se ejecutan — sí, si se ejecutan cualesquiera obras para salvación, para el reposo, para la paz — la paga de tales obras será la muerte eterna. ¿Puede algo ser más malvado, más cruel, para nuestras propias almas, que confiar en algún otro evangelio de las obras para salvación, negando así el evangelio de la gracia de Dios? ¿Puede algo ser más insultante, más desagradable a Dios, por cualquier clase de obras, que negar el sábado del reposo de Dios en Cristo? ¡Cuán impresionante, entonces, es Cristo con el sábado en todo aspecto!


Así como la sombra del sábado no admitiría ninguna carga y ningunas obras, así también Cristo — la sustancia — el reposo de Dios — es necesario que permanezca solo.


Mat. 11: 28-30 — Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.


Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.


Este es “el corazón del evangelio.” Este es Jesús ofreciendo reemplazar el yugo de la ley de ellos, que representaba la justicia de ellos, por Su perfecta justicia, si sólo creyeran en Él.

Deut. 6:24, 25 –El Señor nos mandó obedecer todos estos decretos [el pacto sinaítico] y temer al Señor nuestro Dios, para que prosperemos siempre y conservemos la vida, como hasta hoy.


Y si somos cuidadosos en obedecer toda esta ley delante del Señor nuestro Dios, como él nos lo ha mandado, ésa será nuestra justicia.

La justicia de ellos se había basado en su observancia de la ley — una tarea imposible — una tarea que nadie sino Cristo pudo jamás cumplir. No creyendo que él era quien aseguraba ser, rehusaron aceptar esta maravillosa oferta. Estoy seguro de que la consideraron demasiado fácil y simple para que fuera real. Pablo dice de estos mismos israelitas:

Rom. 10:3,4 — Porque ignorando la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios.


Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.

La justicia que viene de Dios a consecuencia de la resurrección de Cristo es un don gratuiito a todo aquél que cree en Él. Cualquiera que trate de aumentar esta justicia para salvación, ya sea por la obediencia a la ley, la observancia del sábado, o cualquier otra causa digna, a la vista de Dios es tan culpable como el hombre que recogía leña en la época de la sombra. (Sábado).


Reconsideremos que este reposo, que se exigía en relación con el sábado, era un reposo físico y era extremadamente estricto aún en relación con actos de menor importancia (como el recoger unos pocos palos de leña). Llevar cualquier clase de carga física estaba prohibido:


Jer. 17:21,22 –Esto es lo que dice el Señor: Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo y de meterla por las puertas de Jerusalén. No saquéis carga de vuestras casas en el día de reposo, ni hagáis trabajo alguno…

En presencia de estas órdenes de no llevar carga alguna en sábado, es notable la acción de Jesús al sanar al que había estado inválido por 38 años. (Juan 5:1-18). Lo de este hombre era una dolencia crónica que había durado largo tiempo, no una situación de urgencia. Jesús pudo haberle dicho: “Levántate,” y el hombre habría sido sanado. Pero, para enseñar una lección, también le dijo: “Toma tu lecho y anda.” Jesús le pidió a este hombre que deliberadamente quebrantara la ley. Jesús no estaba demostrando la manera correcta de guardar la ley, sino que estaba mostrando que la ley estaba en proceso de llegar a su fin, y que Él tenía la autoridad para hacer que esto ocurriera.


Juan 5:18 — Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre..


Ésta era una acusación que él nunca negó. En otro episodio de sanamiento, el de un hombre que había sido ciego desde su nacimiento, Jesús podría haberle restaurado la vista con una sola palabra, pero nótese cómo lo hizo:


Juan 9:6 — …escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo:”Vé a lavarte en el estanque de Siloé.”


Esta tampoco era una situación de urgencia, y se hizo en sábado, incluyendo trabajo, tanto de parte de Jesús, que hizo lodo con la saliva, como de parte del hombre, que tenía que viajar al estanque de Siloé para lavarse del lodo.

Nuevamente, ésta no era una lección para demostrar la correcta observancia del sábado, como lo exigía la ley, sino para mostrarles que la sombra (el sábado) estaba siendo reemplazada por la realidad (Cristo), al cual la sombra apuntaba. Este reemplazo de la sombra por la sustancia se completó en la cruz.


Col. 2:13-17 — Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra naturaleza pecaminosa, Dios os dio vida juntamente con Cristo. El nos perdonó todos nuestros pecados, habiendo cancelado el código escrito [Pacto Sinaítico] con sus regulaciones, que nos era contrario y se nos oponía; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz. Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; la realidad, sin embargo, es Cristo.


Esto debería resolver el asunto para siempre. Cuando se trata de abolir las creencias que nos son queridas, aún la Palabra de Dios a veces parece no ser suficiente — para nuestra eterna vergüenza. Note otra vez:


Rom. 14: 5 — Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.


¿Puede Ud. visualizar a Pablo predicando y usando este texto en el funeral del hombre de Núm. 15:32-36, que había sido muerto por recoger unos pocos palos de leña en sábado? No debería sernos difícil ver que ha tenido lugar un cambio drástico en las reglas que gobernaban la conducta durante la dispensación de la sombra, el sábado semanal con su descanso físico, en comparación con el reposo continuado, el reposo espiritual de Dios, la obra que Cristo completó en la cruz para nuestra salvación.


La santificación del séptimo día era la expresión del reposo de Dios en una creación completada, y era el tipo del reposo de Dios en una redención completada.

Ahora, considere esto. ¿Qué papel jugó el hombre en la creación? Exactamente el mismo que podría jugar en la redención. En el caso de Israel, la redención era la obra de Dios mismo. El enviar pan del cielo era la obra de Dios mismo; y como recipiente de la gracia de Dios, el sábado se le dio a Israel entonces. De ninguna otra manera puede Ud. entrar al reposo de Dios en Cristo, sino como deudor de la ilimitada gracia de Dios, que no perdonó a su propio Hijo unigénito.


En el libro de Hebreos tenemos importante información relativa al reposo sabático en la dispensación del Nuevo Pacto:


Heb. 3:7-15 — Hoy, si escucháis su voz, no endurezcáis vuestros corazones como lo hicísteis en la rebelión, durante el tiempo de prueba en el desierto, donde vuestros padres me probaron y vieron mis obras por 40 años.

A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: “Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos.” Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.

De acuerdo con estas palabras del Espíritu Santo, estos israelitas incrédulos, durante su peregrinaje en el desierto, jamás entrarían en el reposo de Dios a causa de su rebelión y su incredulidad. La Biblia no puede estar hablando aquí del reposo sabático semanal exigido por la sombra al entrar en ella fielmente cada día de sábado. Este es el Espíritu Santo hablándonos a nosotros, que vivimos en la dispensación del Nuevo Pacto. Este pasaje no puede estar hablando a aquéllos de épocas pasadas porque sólo en la cruz de Cristo alcanzaron su cumplimiento la ley y sus reglamentos, incluyendo el sábado.


Aquí se nos exhorta a entrar en el reposo de Dios, que es como era el reposo en el que Adán y Eva entraron después de la creación, un reposo espiritual cada día. Es “ese reposo” el que nos da la paz con Dios en el conocimiento de que nuestra redención por medio de Cristo se completó en la cruz. Hemos de exhortarnos los unos a los otros diariamente, entre tanto que se dice Hoy, de manera que ninguno de nosotros sea endurecido por el engaño del pecado.


Heb. 4:1-11 — Por lo tanto, puesto que la promesa de entrar en su reposo todavía permanece, tengamos cuidado no sea que alguno de nosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos [los judíos que oyeron el evangelio de la boca de Jesús]; pero no les aprovechó el oir la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron. [Rehusaron aceptar a Cristo como el Mesías]. Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo: “Por tanto, juré en mi ira: ‘No entrarán en mi reposo.’


De la misma manera que los israelitas que habían sido redimidos de la esclavitud en Egipto, y sus descendientes, tenían derecho al reposo físico del sábado semanal, así también el reposo espiritual (el reposo de Dios) está limitado a todos los que creen en Cristo y han lavado sus pecados en la sangre de Cristo en la cruz. Han sido redimidos y apartados del mundo, y han entrado en el reposo de Dios. Este reposo es la paz con Dios en la certeza de la vida eterna por medio de Cristo.


Heb. 4 (Cont.) — Aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: “Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.” Y otra vez aquí: “No entrarán en mi reposo.” Falta que algunos entren en él, y aquéllos a quienes se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia.


Éstos tienen que ser aquellos judíos incrédulos del tiempo de Cristo porque el evangelio fue primero presentado por Jesús en aquel tiempo. Estaban guardando “el reposo” de la Sombra en cada día de sábado, pero no entraron al reposo de Dios, tal como es presentado en el nuevo pacto, a causa de su incredulidad. Con toda seguridad, Dios se está refiriendo a aquéllos en el tiempo presente que, mezclando buenas obras, obediencia a la ley, observancia del sábado, etc. en un esfuerzo para asegurar su salvación, caen en esta misma clasificación y no pueden entrar en este reposo.


Me gusta mucho la siguiente afirmación, pero no puedo recordar la fuente. — La religión falsa dice: “La buena conducta resulta en la salvación,” mientras la religión verdadera dice: “La salvación resulta en buena conducta.”


Heb. 4 (Cont.) — Otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo antes: “Hoy.”


Por lo tanto, Dios de nuevo establece un cierto día. ¿Qué día había establecido anteriormente? Sólo podría ser el sábado. ¿A qué día se refiere cuando dice: “Dios otra vez determina un día”? De acuerdo con el texto que mencionamos más arriba, sólo puede ser Hoy. Esta era una oportunidad perfecta para que Dios especificara si otro día había sido solemnizado para convertirse en un día sábado diferente. Él no hizo esto porque el sábado original era una sombra de Cristo, y cuando Él reemplazó el sábado en la cruz, ese día había servido su propósito, y ahora toda nuestra atención debe volverse hacia Cristo, en vez de hacia cualquier día en particular.

Se deja que la iglesia decida y elija el día en que nos reunirnos para adorar a Dios de manera regular, pero esta decisión, aunque le agrade al Señor, no convierte a este día en un día santo. Toda la santidad de ese día fue transferida a Cristo, y ninguna parte de esa santidad ha de ser compartida con otro día. El día que Él escogió es Hoy y cada día, entretanto que se llame Hoy.


Heb. 4:8 y sig. — Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus propias obras, como Dios reposó de las suyas.


¿No está resultando tan claro como el cristal que el reposo sabático bajo el nuevo pacto no puede referirse al reposo asociado con la sombra? En la cruz, Cristo pagó un precio más que suficiente por nuestra salvación. Nada más se necesita, y nada más es aceptable. Aquéllos que creen en Él son purificados de sus pecados por Su Sangre y son santificados o separados del mundo.


Así como Cristo reposa de Su obra terminada en la cruz, los redimidos también entran en ese reposo. El reposo en el que ellos entran es un reposo de las obras como medio para alcanzar cualquier parte de la salvación, porque ésta es concedida de manera completa y sin costo alguno para el pecador. El Espíritu Santo entra en la vida del redimido y hace que produzca las obras del Espíritu, no de manera alguna para que obtengamos la salvación, sino porque ésta ya ha sido obtenida por medio de Cristo.


Fil. 2:13 — Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.


Para el que no ha cesado, y no quiere cesar, de sus propias obras, estos pensamientos serán verdaderamente horrorosos. Hablar del sábado como una sombra que ha pasado no puede ser soportado por nadie, excepto por aquéllos que han sido atraídos a la presencia de Dios y el reposo eterno en Cristo.


Pablo no nos deja ninguna razón para dudar de que la ley dada en Sinaí ha sido reemplazada.


2 Cor. 3:7-11 — Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras [los Diez Mandamientos] fue con gloria …¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del Espíritu? Si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación … Y si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.

Antes de que alguno se sienta tentado a pensar en cómo zafarse de la obvia conclusión que exige este texto, considere los versículos que siguen:


2 Cor. 4:2-4 — Antes bien, renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto, en los cuales el dios de este siglo [Satanás] cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo.


Confío en que estas palabras no se refieran a nadie que lea este folleto.

martes, 28 de julio de 2009

EL ADVENTISMO Y EL CUARTO MANDAMIENTO


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Con error, los adventistas han enseñado y obligado la observancia del sábado por el domingo dentro de sus grupos, a pesar que la observancia del primero perteneció a la ya pasada y obsoleta «Ley mosaica». Señalan, que, “quienes guardan el domingo por el sábado están bajo el juicio de Dios”, porque la observancia del domingo es el “sello de anticristo”, su “marca diabólica”. Es bueno recordarles a nuestros amigos adventistas, que el sábado es tan sólo un memorial de la vieja creación. La antigua creación fue culminada en el sexto día por Dios, y el séptimo día, Dios descansó de su magistral obra creativa universal. Este día en que descansó el Señor, en que reposó, fue «santificado y bendecido» por él (Gn. 2:2, 3). La Ley mosaica fue promulgada únicamente para la nación de Israel y para los foráneos o extranjeros que «estaban dentro de sus puertas». Dios estableció para el pueblo de Israel el mandato de guardar el día de reposo para santificarlo. La orden de guardar el día de reposo, el sábado, no fue un mandato para otras naciones de origen gentil, aparte de Israel. Véase por favor Ex. 20:8-11 para confirmar el dato anterior. En el libro de Nehemías vemos que el mandato de guardar el sábado fue tan sólo para Israel:

«Tú eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; y hallaste fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo. Y miraste la aflicción de nuestros padres en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo; e hiciste señales y maravillas contra Faraón, contra todos sus siervos, y contra todo el pueblo de su tierra, porque sabías que habían procedido con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande, como en este día. Dividiste el mar delante de ellos, y pasaron por medio de él en seco; y a sus perseguidores echaste en las profundidades, como una piedra en profundas aguas. Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche, para alumbrarles el camino por donde habían de ir. Y sobre el monte de Sinaí descendiste, y hablaste con ellos desde el cielo, y les diste juicios rectos, leyes verdaderas, y estatutos y mandamientos buenos, y les ordenaste el día de reposo santo para ti, y por mano de Moisés tu siervo les prescribiste mandamientos, estatutos y la ley» (Nehe. 9: 7-14).

El día de reposo quedó como un recuerdo de la liberación de Israel de la tierra de Egipto por la mano misericordiosa de Dios. El pueblo de Israel honró a Dios por su liberación de la esclavitud de faraón sujetándose al cuarto mandamiento de la pasada Ley (2 Co. cap. 3). Con la venida de la nueva dispensación de la gracia que revela a Cristo, la Ley mosaica pereció, y con ésta, el cuarto mandamiento, porque «el fin de la Ley es Cristo» (Ro. 10:4). Ya Pablo había advertido a los creyentes de su época contra los judaizantes que los obligaban a practicar los ritos de la Ley muerta e intrascendente, presionándolos a guardarla. Imposible que fuese de ese modo, porque «si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo» (Ga. 2:21).

El hombre es «justificado por la fe en Jesucristo, y no por las obras de la Ley». Esto, hay que metérselo bien en la cabeza (Gal. 2:16; 2:20). Los judaizantes razonaron que no bastaba el creer en Cristo para obtener la salvación. Para tales era imprescindible guardarla además: “una muleta innecesaria para la gracia”. Pablo muestra en su carta a los Gálatas lo infructuoso de la Ley para salvar, sin olvidarnos, por supuesto, de la observancia del sábado (Col. 2:16-17):

«Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas» (Gal.3:10-12).

«Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?» (Gal. 4:8-9).

«Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído» (Ga. 5:1-4).

«Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne» (Gal. 6:13).

Con la observancia de la Ley se procede para continuar en esclavitud, por lo que hemos visto (Gal. 4:3-11). No se concibe “estar en la Ley mosaica y ser de Cristo a la vez”. Como cristianos, nos encontramos en el «nuevo pacto» que fue vaticinado en el Antiguo Testamento por el profeta Jeremías, mas no en la Ley de Moisés (Véase Heb. 8: 8-13). Con la Ley estamos sentenciados a muerte irremediable a causa del pecado (Ro. 8:2), pero con Cristo morimos para resucitar a una «nueva vida» (Ro. 6:4). Cuando Cristo murió clavado en la cruz, con él quedaron horadados «los decretos que eran contrarios a nosotros», es decir, las ordenanzas y ritos de la eclipsada Ley que sujetaban al hombre a esclavitud y muerte; lógicamente, la observancia del sábado por ser un rito de la Ley, también quedó «clavada en el hosco madero» (Col. 2:13-17). Únicamente por la «gracia divina» es que logramos ser salvos (Ef. 2:4-5). La observancia del sábado, como rito de la Ley pasada, sale sobrando para ofrecer la salvación en el hombre pecador. Para el adventista, la observancia del sábado en el cristiano vendría a ser, como rito obligadamente necesario, una especie de “factor sinérgico” que “capacitaría a la gracia” para que la salvación pudiera efectuarse en aquel pecador que ha creído en Cristo. Las ordenanzas de la Ley nada pueden hacer para salvar al hombre en esta nueva dispensación. Sobra y basta con la «gracia» para que el más pecador, rebelde y terrible de los seres humanos obtenga «vida eterna».

Dios concluyó su obra creativa en el sexto día y descansó en el séptimo día. En la antigua dispensación este día fue ordenado para Israel. En cambio, el primer día de la semana, el domingo, conmemora la resurrección de Cristo y no la antigua creación que languidece más cada día por la destructiva mano de la humanidad irresponsable. La «antigua creación» es la sombra de la «nueva creación», un «día de reposo mucho más excelente que el primero» (Heb. 4:3-11), que se manifestará en un «nuevo orden mundial futuro», en una tierra restituida de las consecuencias del pecado, que fue afectada en su tierna y perfecta naturaleza en el principio de la creación de Dios. «Nuevo orden cosmológico» y que Cristo regirá cuando retorne por segunda vez a esta tierra (Ap. 20:4, 6). Cristo es la cabeza de la «nueva creación». La vieja creación será una que quedará en el pasado, en las irrecuperables partículas del polvo del olvido. Con Cristo esperamos esta «nueva creación» porque «reinaremos juntamente con él» (2 Tim. 2:12; Ap. 5.10). Es correcto pensar, que tan absurdo es seguir guardando el día de reposo escrito en las tablas de la gloria pasada, ya que está adherido a la «antigua creación». La creación vieja, caída y trastornada, «gime hoy por el cambio, por su renovación». Porque esta creación será «libertada de la esclavitud de corrupción que inició en el Edén por el pecado del primer hombre, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios» (Ro. 8:19-21).

Es un error histórico desmedido de parte del desubicado adventismo haber considerado que la celebración del día domingo por la observancia del sábado en la Iglesia fue maquinada por Constantino y el “Papa” en el Siglo IV, ya que estaba profetizado que el anticristo, y que los adventistas han identificado con el “Papa”, habría de «cambiar los tiempos y la ley», de acuerdo a Dn. 7:25. Elena G. White escribe así esta absurda y fracturada declaración al respecto:

«A principios del Siglo IV el emperador Constantino expidió un decreto que hacia del domingo un día de fiesta pública en todo el imperio romano. El día del sol fue reverenciado por sus súbditos paganos y honrado por los cristianos...» («El Conflicto de los Siglos», o «América en la Profecía», cap. 3, pág 50).

Históricamente está escrito que la observancia del día domingo por el sábado no se promulgó con el decreto que la Señora White, amante del plagio, menciona en su famoso y retorcido libro (yo lo he leído muy minuciosamente, y vaya, ¡qué desastre y calamidad!). Antes ya de este “oficio real” los cristianos se reunían el día domingo para celebrar la resurrección de Cristo (1 Co. cap. 15), al que llamaron «el día del Señor».

Constantino no provocó en algún momento el cambio de observancia de un día por otro. Lo que hizo, simplemente, fue “oficializar” la observancia del día domingo que existía ya como costumbre tradicional de los cristianos prístinos para festejar el día de la resurrección de Cristo. La fecha de la legalización de la observancia del día domingo por el emperador Constantino está registrada en el año 321. d. C.

Existen pruebas irrefutables de parte de los Padres de la Iglesia Primitiva que dan fe de la observancia del día domingo, y no del día sábado, por los primeros cristianos fieles y creyentes:

Justino Mártir, en el año 145 d. C. escribió:

«Mas el domingo es el día en que todos tenemos nuestra reunión común, porque es el día primero de la semana y Jesucristo, nuestro salvador, en este mismo día resucitó de la muerte».

Ignacio, un hombre convertido a Cristo bajo el ministerio del apóstol Pablo, dijo:«Todo aquel que ama a Cristo celebra el día del Señor….no guardando ya más los sábados, sino viviendo de acuerdo con el día del Señor, en el cual nuestra vida se levantó otra vez por medio de él y de su muerte. Que todo amigo de Cristo guarde el día del Señor».

Ignacio de Antioquia, otra vez:

«Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor (domingo) en que nuestra vida es bendecida por Él y por su muerte» (Ignacio de Antioquia, a los Magnesios 9:1).

Tertuliano, en Apologético cap. XVI, escribió:

«...y asimismo, si nos damos a la alegría el día del sol (el domingo), por razón muy distinta que la de tributar culto al sol, seguimos en ello a los que designan el día de Saturno (el sábado) a comer y descansar, sin seguir por ello la costumbre judía que desconocen» (de guardar el Shabat).

En el año 300 d. C. Victoriano plasmó esto:

«En el día del Señor acudimos a tomar nuestro pan con acción de gracias, para que no se crea que observamos el sábado con los judíos, lo cual Cristo mismo, el Señor del sábado, abolió en su cuerpo».

Efectivamente: Cristo reveló que era el Señor del sábado. Dijo que el «sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» (léanlo mis amigos por favor en Mr. 2:23-28). Los fariseos legalista, indolentes y orgullosos hostigaron al Hijo de Dios por las buenas obras que realizaba el día sábado (véase Lc. 6:6-11). De la misma manera que Cristo, nuestros actos de bondad al prójimo no podrán detenerse en cualquier día de la semana, y el sábado, no es la excepción. Como intensivista de la medicina crítica, no podría dejar jamás de atender una urgencia médica que ponga la vida de un ser humano por guardar el día sábado de la Ley caduca y pasada, porque sería inconsecuente, maligno y egoísta. Si yo fuese el único médico disponible en cierta área o ciudad para resolver una grave urgencia en día sábado, menos lo guardaría. No es posible ser un fanático legalista y dejar de practicar el amor que Dios nos demanda para con el prójimo y que deberá llevarse a cabo en cualquier momento inesperado. El amor al prójimo es el segundo mandato más grande del Divino para el creyente en Cristo. En este mandato se cumple toda la Ley (véalo en Ga.5:14). El amor al prójimo no tiene ninguna relación con la observancia del día sábado. Los propósitos de cada uno son en todo diferentes. Cristo nos dio un «mandamiento nuevo», y si es «nuevo», nada tiene que ver éste con la antigua Ley. El «nuevo mandato» dice:

«Que os améis unos a los otros» (Jn. 13:34).

Si guardamos el día sábado según la Ley mosaica en esta dispensación nueva, perderemos la oportunidad de practicar el amor de Dios conforme el «mandato nuevo», que es categórico y no ritualista, dado por Cristo. «Cada día», «cada hora», y «cada segundo», los hombres padecen de grandes necesidades y nosotros “deberemos ser” de bendición para ellos «cada día», «cada minuto», y «cada «segundo» de «cada semana», contando el sábado, por supuesto, porque «al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es contado por pecado» (Stg. 4:17). Si somos ritualmente legalistas terminaremos siendo como el indiferente sacerdote, o el indolente levita, que dejaron abandonado a su suerte el hombre herido que «descendió de Jerusalén a Jericó», por no perder su “servicio religioso” pero que el samaritano compasivo rescató de la muerte en un acto de amor desinteresado e incondicional (Lc.10:30-37).

El fanatismo religioso y ritualista dentro del adventismo va en contra de los designios del Divino. El observar el sábado en el tiempo de la gracia salvadora y autosuficiente promueve al legalismo que tanto combatió el apóstol Pablo y qué también fue un ciego legalista, a la irresponsabilidad y al desamor hacia el prójimo. El adventismo tendrá que considerar con seriedad su grave error. El guardar el sábado en esta dispensación, propone que el sacrificio de Cristo es incompetente por sí mismo para redimir a la humanidad pecadora.

Por terminar, es bastante extraño que en el «concilio de Jerusalén» no se haya concientizado el mandato de guardar el sábado, cuando se discutía la hueca y fatua relación de la Ley mosaica con los creyentes en Cristo. ¿Olvidaría Dios establecerlo? Yo creo que no:

«Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. Así, pues, los que fueron enviados descendieron a Antioquia, y reuniendo a la congregación, entregaron la carta; habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación» (Hech. 15:28-21).

Amén.

Referencia para estudio:

«Reina Valera 1960».

« ¿Cuál Camino?»
De Luisa Jeter de Walker.