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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

lunes, 17 de enero de 2011

HAY OTRO REY, JESÚS!



“A los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que HAY OTRO REY, Jesús” (Hechos 17:7).



Por Ingª Mario A Olcese (Apologista)

Aquí tenemos un suceso interesante registrado en Hechos 17: 1-8, donde leemos:

“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo. Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas. Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos éstos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas”.

En esta historia vemos que Pablo y Silas fueron a Tesalónica, donde había un grupo de judíos, y por 3 días Pablo discutió con ellos, hablándoles por medio de las Escrituras que era necesario que Cristo padeciese, y resucitase de los muertos, y que Jesús, a quien él anunciaba es el Cristo. Aquí tenemos el resumen del evangelio bíblico completo que hemos venido predicando regularmente en este blog y que Pablo lo presenta claramente, así: “que Cristo padeció, y resucitó de los muertos (a esta parte Pablo la llamó en 1 Cor. 15:3, lo “primero” de su evangelio) y enseguida pasa a demostrar que Jesús es el Cristo. ¿Pero qué entendemos por la frase ”es el Cristo”? Sin duda alguna era un sinónimo para el vocablo ”REY”, el ungido de Dios para reinar el reino de Dios. Y esta verdad se deja ver en la imputación hecha por los incrédulos judíos, quienes acusan a los cristianos (entre ellos está Pablo) de alborotar al pueblo y provocar una sedición contra el imperio diciendo que hay otro Rey. Es decir, Pablo predicaba a otro Rey, un anuncio que que provocó conmoción, pues eso era predicar a otro gobernante que eventualmente derrocaría al emperador romano de turno, y eso era un asunto muy serio.

Sin duda alguna Pablo y los otros fieles no anunciaron a un nuevo rey que regiría en los “corazones de sus fieles”, pues si éste hubiera sido el caso, no hubiera producido una conmoción en el pueblo, y no habría por qué acusar a Pablo y a los demás cristianos de sediciosos o de agitadores políticos. Pero lo cierto era que Pablo y sus correligionarios hablaron de un rey que regiría el mundo, y que sería el personaje insigne que los profetas anunciaron de antemano que liberaría a su pueblo de los opresores malvados, y que tomaría las riendas del poder desde Jerusalén y del mundo entero con justicia y rectitud. El mismo Pablo afirmó que sufría sus cadenas por causa de la esperanza de Israel (Hechos 28:20). Si esa esperanza mesiánica de los cristianos primitivos era una meramente “espiritual” y no terrenal, poco les hubiera importado a los romanos la predicación de Pablo o de cualquiera de sus seguidores, pues tendría de todo, menos de sediciosa. Total, un reinado en el “corazón de los creyentes”, ¿cómo podría afectar la estabilidad política y social del imperio dominante?

La Pregunta de Pilato a Jesús

Cuando Pilato le preguntó a Jesús: “¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37). Aquí Jesús NO hizo ninguna acotación en el sentido de que él efectivamente era rey, pero sólo de los cristianos, y que su reinado era sólo en “el corazón de sus seguidores”. No!!! Jesús estaba hablando de un rey en el mismo sentido en que Pilato entendía por el vocablo “rey”, es decir, como alguien que tiene poder y autoridad sobre súbditos, en este caso, sobre sus paisanos (v.39). Simplemente el Señor le aclara que su reino no es de este mundo o siglo malo, sino del venidero (v.36), pues si no fuera así sus seguidores ya hubieran tomado las armas para que no fuera entregado a los Judíos incrédulos. Ciertamente Jesús estaba hablando de un Rey y de un reinado tal como lo entendía Pilato, y no como lo entienden muchos cristianos hoy, es decir, como un “reinado en el corazón de cada creyente”. Finalmente la declaración “no tenemos más rey que César”(Juan 19:15) nos dice que aquí había una pugna entre un Rey presente, en este caso, el César de Roma, y un Rey que confiesa serlo, pero no del presente siglo o mundo malo sino del venidero. Esto, ciertamente, no lo creían los judíos impíos, y menos, los romanos.

El ladrón de la Cruz

Finalmente el ladrón de la cruz entendió el reinado de Cristo de una realidad literal y no meramente espiritual, como si estuviese establecido en el “corazón de los creyentes”. Este hombre moribundo de la cruz no le dijo a Jesús, algo así como: “Quiero que seas mi rey, y que reines en mi corazón ahora mismo”. ¡No!, Lo que le dijo fue: “Acuérdate de mí cuando VENGAS en tu reino” (Lucas 23:42). Es decir, el “buena ladrón” sabía que para que Jesús pudiera ser rey en funciones, y él ser parte del reino, Jesús tenía que volver primero a la tierra. Su idea del reino fue algo muy literal, tal como lo entiende cualquiera que conoce las profecías mesiánicas del “Antiguo Testamento”.

El Padre Nuestro

En la oración del Padre nuestro, Jesús les enseña a sus discípulos a pedir y a buscar el reino de Dios (Mateo 6:10,33). Sería absurdo que los cristianos estuviesen pidiendo y buscando el reino de Dios, si de hecho ya Cristo está reinando en sus corazones desde el día que se convirtieron.

Realmente es muy “romántico” afirmar que “Cristo reina en nuestros corazones”…¡y de hecho suena hermoso!…¡pero no es bíblico!. Estos tipos de declaraciones lo único que hacen es confundir a los creyentes, haciéndoles pensar que el reino de Cristo es uno de carácter espiritual y celestial, sin ninguna relación con lo terrenal y lo teocrático. Pero tal pensamiento es peligroso y es una verdadera distorsión del verdadero evangelio del reino de Cristo. Debemos ser honestos en nuestras interpretaciones y no dejar que nuestros prejuicios nos lleven a sacar conclusiones que son falsas y diabólicas aunque parezcan muy hermosas y espirituales.

Testigo de Jehová Wilfredo Rivera se prepara para asistir al Salón del Reino

jueves, 13 de enero de 2011

ATEÍSMO, FE Y RAZÓN


La percepción general respecto al ateísmo lo ubica dentro de la corriente “intelectual” moderna. La misma percepción, por implicación, ubica al teísmo dentro de un margen poco privilegiado, por decir lo menos, asociado al fanatismo y a culturas retrogradas, intolerantes, enemigas del progreso y avance de las ciencias. Pero ambas percepciones representan verdades a medias y generalizaciones subjetivas que es necesario analizar y digerir para asumir una opinión coherente con la razón.
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En términos generales se entiende por ateísmo al rechazo a la creencia en dioses o deidades, en contraposición al teísmo que es la creencia en al menos, una deidad. El ateísmo afirma que no existe realidad alguna más allá de la naturaleza (materia y energía), mientras el teísmo, sin negar la existencia de lo natural, cree que hay una realidad causal que trasciende tiempo y espacio.
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En un sentido más explícito, en el ateísmo se pueden distinguir dos proposiciones:
- La ausencia de creencia en Dios. Es decir, la consideración de que es totalmente innecesario el concurso de Dios para dar sentido y respuesta a la existencia de hombre y su entorno, pero sin aportar pruebas contra la existencia Divina.
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- La negación explícita de la existencia de Dios. Basada en presuntas evidencias racionales, científicas y humanistas que excluyen o contradicen la existencia de Dios.
Hasta este punto el ateísmo se afirma como una postura filosófica, pero más allá de esto soporta sus postulados en lo que considera asideros científicos que dan concreción a su doctrina. Estos dos enfoques (el filosófico y el científico) han constituido la arena del ya histórico debate que subjetivamente se ha catalogado como la “batalla entre la fe y la razón”. Pero, ¿es realmente acertado establecer esta división entre razón y fe?, y más aún, ¿puede el ateísmo adjudicarse el monopolio de la razón?
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Dado el carácter racional en el que se ha querido fundamentar al ateísmo, es coherente que bajo el análisis objetivo de sus argumentos, sea probada su fidelidad a la lógica y el sentido común. Como compensación, se aportarán del teísmo cristiano algunos argumentos, no en favor de sistemas religiosos, sino la sustentación según la razón para la creencia en el Dios de la Biblia.

A fin de que esta disertación provea algún beneficio personal, se han escogido tres temas alusivos a la cotidianidad humana, a saber:

1. El origen del universo
2. La existencia humana y el problema moral
3. La creencia en Dios y la existencia del mal

1. EL ORIGEN DEL UNIVERSO

El ateísmo, desde su percepción naturalista ha asumido diversas teorías sobre el origen del universo, a fin de sustentar la aparente incompetencia del enfoque teísta y de aportar evidencia en su contra. De esas teorías se pueden distinguir tres categorías o modelos cosmológicos; una de estas es la que afirma que el universo tal como lo conocemos no tiene edad. Señala, entre otras cosas, que si hubiera que asignarle un número a la antigüedad del universo solo podría ser “α” (infinito), en otras palabras, la historia del universo es una constante sin principio y sin fin; lo que se conoce como modelo cosmológico estacionario.

Otros consideran que la historia del universo (o universos), es una secuencia infinita de ciclos. A manera de ejemplo tenemos “La Gran Explosión”, o Big Bang. En este acaso, el universo es producto de la explosión de un cúmulo de materia y energía que pasa a expandirse, degradarse y comprimirse, para volver a estallar y repetir el ciclo, que ha venido ocurriendo y ocurrirá desde y hasta “los siglos de los siglos” (léase infinitamente). Esto es lo que se denomina modelo cosmológico cíclico.

Otro grupo no se aventuran más del allá de un “único” Big Bang, al que la ciencia mediante avanzadas técnicas de datación ha calculado hasta ahora una antigüedad de 13.700.000.000 (trece mil setecientos millones de años). Antes de esto no especulan siquiera en la existencia de “algo”. Analicemos entonces, en el marco de la lógica y la ciencia, estas teorías.

En primer lugar, el modelo cosmológico estacionario fue prácticamente descartado a partir de 1960, cuando bajo el peso de la evidencia científica obtenida por medio de la observación y posteriormente, con el descubrimiento de la “radiación de fondo de microondas” (1965) fue relegada como poco creíble. Para nadie es un secreto hoy que el universo no es inmutable.

Por otro lado, los modelos cíclicos, basados o no el Big Bang, presentan ciertos inconvenientes científicos. Por ejemplo, el uso del término “infinito” como expresión matemática es solo una idea que nos aproxima a un concepto demasiado extenso para ser cuantificado.

David Hilbert, matemático alemán de reconocida influencia a nivel mundial (finales del siglo XIX, comienzos del XX, que incluso se anticipó a corregir errores de Einstein en la Teoría de la Relatividad); dijo respecto al concepto: “el infinito no es algo que se pueda encontrar en la realidad, ni existe en la naturaleza ni provee una base legítima para razonar. La tarea que el infinito toma es solamente ser una idea”. Esto nos lleva a entender que la base matemática del modelo cosmológico cíclico, tiene muy poca capacidad para simular la realidad, por lo tanto no alberga la legitimidad que la razón y la ciencia requieren.

En ese mismo sentido, el problema del modelo cíclico se amplía debido al aumento de la entropía, ya que la segunda Ley de la Termodinámica conduce al principio práctico de que cada vez que se repite un ciclo, el universo debería ser mayor en proporciones. Por lo que mirando hacia atrás en una línea de tiempo, cada ciclo implicaría un universo mas pequeño, hasta encontrar en alguna “era remota”, un universo tan pequeño que la materia y la energía comprimidas en él, dan lugar a un primer Big Bang. Este principio deja sin piso la idea de la secuencia infinita, pues por muchas veces que se hubiese repetido la secuencia, siempre habría un principio o punto de partida. Vista entonces la imposibilidad científica de este modelo, es vano seguir profundizando en las incoherencias que lo destruyen.

Nos queda entonces, dentro de la realidad probable, un tercer grupo. Aquellos que no se atreven a especular si “antes” de un único Big Bang existió “algo” o no. Hasta ahora la matemática, la física, la química, la astronomía, y la lógica nos llevan a razonar que necesariamente el universo tuvo un origen y que más allá de él, cualquier “teoría” constituye una improbabilidad científica.

Las deslumbrantes “revelaciones” que científicos ateos, o peor aún, ateos seudocientíficos hacen cada cierto tiempo, no dejan de ser prejuicios cognitivos que bien afirma el método científico, siempre terminan hundiéndose como falacias. Esto prueba, que no todo lo que un científico dice, tiene el sello de la ciencia. Es aquí donde la mayoría de veces el ateísmo, por sustracción de materia se queda sin respuesta a las preguntas sobre el origen del universo, y abandonan el campo de la ciencia para aventurarse en la filosofía y más concretamente en la metafísica. Pero por el momento, y para seguir el hilo temático atendamos las siguientes consideraciones sobre el origen del universo:

* La ciencia en conjunto, sus principios y leyes nos llevan a concluir racionalmente que el universo tiene un origen o principio en el horizonte probable del tiempo.

1. El ateísmo afirma, contra la evidencia científica, que el universo es infinito en el horizonte de tiempo. O en su defecto (también contra la evidencia), que han existido secuencialmente universos a lo largo de un horizonte infinito de tiempo.

2. El teísmo cristiano afirma, dentro del cause científico, aunque no por causas científicas (ya que su fuente de información es anterior a las ciencias modernas) que el universo tiene un origen o principio en el horizonte probable del tiempo.

¿Invalida o confirma hasta ahora la ciencia lo que el teísmo cristiano afirma sobre el origen del universo? Ciertamente vemos que ciencia y teísmo concuerdan en el hecho de un universo finito. Por ende, hay peso de evidencia para considerar más plausible, por su confluencia con la razón, la posición del teísmo al respecto; anulando en este sentido, la disociación prejuiciosa del teísmo y la razón.

¿Invalida o confirma hasta ahora la ciencia lo que el ateísmo afirma sobre el origen del universo? Una por una las diversas teorías o modelos que han pretendido afirmar la infinitud del universo, han sido demolidas por el análisis y la evidencia científica. En ese orden de ideas, la ineludible aceptación del concepto de un universo finito deja sin piso las afirmaciones ateas, porque obliga a pensar en un origen y una causa más allá del espacio-tiempo y eso cae en el campo de la fe.

¿Cuál de esas dos doctrinas es más coherente con la razón y la ciencia? Queda demostrado que la pretensión del ateísmo de –negar- la existencia de una inteligencia supernatural, no se basa en evidencias científicas ni en argumentos lógicos, por lo tanto constituye un argumento en contra de la razón. También queda demostrado que, los argumentos (del asunto en trámite) del teísmo cristiano a pesar de estar en ocasiones más allá de la razón, no están en contravía de la razón y la ciencia.

Si hemos de creer a la ciencia o al teísmo cristiano que el universo tuvo un origen, la siguiente pregunta sería ¿qué o quién originó el universo? Pues bien, algunos ateos dicen al respecto que: “provino de la nada”. Semejante píldora indigerible, no solo para el científico, sino para el hombre común, ¿puede honrar el intelecto humano? ¿No afirma la primera ley de la termodinámica que la energía no se crea ni se destruye, sino que sufre transformaciones? ¿Cómo entonces puede “provenir” de la “nada”?

Si bien es cierto que en la “dimensión natural” o realidad material, la conservación de la energía es un hecho, la afirmación teísta de la Creación no contradice tal principio. En cambio, responde satisfactoriamente a la evidencia de un origen o principio de la realidad natural, argumentando racionalmente la existencia de una realidad por fuera de las barreras del espacio- tiempo, que originó o trajo a existencia la naturaleza y la vida, incluyendo el ajuste necesario para ellas. Más allá del significativo conjunto de interrogantes que pueda plantear esta realidad (la Creación) al intelecto humano, el significativo conjunto de repuestas a ellos, hacen parte de un debate que corresponde a teístas y a todo aquel que racionalmente acepte que la existencia de Dios es, al menos, una posibilidad plausible.


ATEÍSMO, FE Y RAZÓN
(SEGUNDA PARTE)
2. LA EXISTENCIA HUMANA Y EL PROBLEMA MORAL

Si Dios existe y es infinitamente poderoso y bueno ¿porqué permite el sufrimiento humano y las tragedias? Si el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios ¿por qué en nombre de Dios se han cometido muchas de las barbaries más aberrantes de la historia?

Estas parecen ser, en síntesis, las principales objeciones que se plantean como argumentos morales en contra de la existencia de Dios. En síntesis, también habría que preguntar ¿excluye la existencia de Dios la inmoralidad humana? Porque si de “justificar” a Dios se tratase, argumentos habría de sobra en el contexto de las Sagradas Escrituras (léase Biblia, en este caso) para argumentar en su favor; pero como de debatir la existencia de Dios se trata, se deben sustraer muchas de estas nociones y conceptos, limitándolas en lo posible a la razón. Así que, en primera instancia se deben extraer los conceptos y proposiciones implícitos en esos cuestionamientos.

El teísmo cristiano afirma la existencia de un Creador todopoderoso, justo y bondadoso. En oposición a esta creencia, el ateísmo expresa que la existencia de dicho Ser es incompatible con el desolador panorama humano de sufrimiento, tragedia y horror que históricamente ha caracterizado las diversas civilizaciones, culturas y sociedades. Toda vez que el éxito de un diseño reside en mayor medida en su diseñador, parece que el peso de la culpa recayera en Dios mismo, si éste existiese. Y es ese supuesto, la piedra de tropiezo del ateísmo, dado que sin Dios, no queda nadie a quien culpar por el sufrimiento humano excepto al mismo hombre. Pereciera que el ateo se constituye en creyente a fin de evadir la responsabilidad humana en sus desgracias (atribuyéndolas a Dios), y así mismo se constituye en incrédulo para gozar los beneficios de su propia existencia (atribuyéndolos a la evolución).

Asumiendo a Dios como Creador y al hombre como criatura hecha a su imagen, esta semejanza se manifiesta antes que todo en la capacidad intelectual humana, más no en el uso que de esta capacidad haga el hombre. Como agente moral responsable, el hombre ha tenido y tiene libertad de decisión sobre sus actos, por tanto, la proposición de que la responsabilidad de los efectos de esas decisiones deba residir en alguien diferente a quien ejecuta la acción, es un desatino de marca mayor. Sin embargo, en la creencia cristiana Dios provee una salida de la espiral destructiva en que se halla la humanidad, por medio de la expiación sustitutiva de Cristo, dejando impreso en la Cruz, la perfecta manifestación de la justicia y el amor de Dios por su creación.

Considerando entonces, respecto a la condición moral humana, que la tesis creacionista caracteriza al hombre como agente moral responsable, y que el ateísmo por sustracción de materia no puede asignar culpa alguna a alguien diferente al mismo hombre, hay que concluir que no hay culpa en Dios, y en lo que a su intervención incumbe para solucionar el problema moral ya fue ejecutado por medio de Cristo. Queda entonces, como siempre, a decisión del hombre asumir una posición al respecto, mientras que, según afirma la doctrina cristiana se cumple el plazo establecido para que Dios restaure su creación a un estado de perfección. En todo caso, el argumento ateo de la incompatibilidad de la existencia de Dios con la subsistencia del sufrimiento humano, solo refleja el desconocimiento de los argumentos teístas, pero nunca una proposición coherente con la razón.

Por otra parte, sería deshonesto ignorar los escandalosos y aberrantes hechos que “religiosos” de todos los tiempos han ejecutado en “nombre de Dios”, y los no menos escandalosos hechos que algunos llamados “hombres de Dios” han ejecutado a título propio. En ese sentido, sería prejuicioso afirmar que esos hechos constituyen la realidad de todos los creyentes, tanto como si se afirmara que los más de 100.000.000 (cien millones) de asesinatos que se le imputan al comunismo ateo, constituyeran a todo ateo en un criminal. Nada más lejos de la realidad. Por esto, es necesario identificar plenamente qué actos corresponden a la voluntad humana en obediencia a los preceptos de Dios, y cuales al hombre en función de sus intereses particulares. Para este propósito es vital contar con un referente de lo que realmente es un “hombre de Dios”, y lo encontramos perfectamente definido en Jesús, el autor y consumador de la fe, según enseña la Biblia.

¿Le resulta compatible a alguien la imagen de Jesús con la de Hitler?, ¿o con la de los hombres del Clero que crearon y ejercieron la Inquisición?, ¿la cacería de brujas?, ¿las Cruzadas? y un largo bochornoso etcétera. Pues bien, en la misma medida en que dista la imagen del Jesús históricamente conocido con la de aquellos hombres, dista también la condición moral de esos con la de un creyente genuino. Los rótulos religiosos han servido con una indecente frecuencia como un antifaz para pederastas, criminales y pervertidos de todos los calibres, pero ¿se puede razonar por eso que la corrupción humana es una evidencia de la inexistencia de Dios? ¿O es más bien el resultado de una deliberada oposición a El? El referente de un verdadero hombre de fe, a saber, Jesús, es concluyente en esta disertación.

Un asunto no menos escabroso lo constituye la relatividad moral ateísta. Ya que no existe Dios, la vida ni el castigo eternos, ¿que relevancia tiene hacer bien o mal? Más aún ¿Qué son el bien y el mal? La respuesta general de ateísmo sobre ello, debido a que el naturalismo ateo es en esencia materialista, afirma que las normas morales son relativas a la cultura o sociedad en que se desarrollan. Esto en palabras claras, quiere decir que lo que se considera bueno en una sociedad, no lo es necesariamente en otra, porque las consideraciones morales son un subproducto del desarrollo evolutivo tanto del individuo como de la sociedad. El ateísmo cree en el progreso moral, pero ¿cómo medir el progreso cuando no hay un referente universal? ¿Cómo definir si una sociedad es moralmente superior a otra sin una noción “estándar” del bien y el mal? Por tanto, lo que el ateísmo define como progreso moral corresponde realmente a un concepto de diversificación moral, sin que los cambios representen necesariamente un avance positivo. Los valores morales universales y el respeto que por ellos se pueda profesar en el ateísmo, provienen necesariamente de nociones teístas, sin querer con esto en ninguna medida decir que no son valederos y plausibles para el ateo, sino inconsistentes con el fundamento de su doctrina.

Habiendo expuesto por la razón que la inmoralidad humana y sus efectos no excluyen de manera alguna la existencia de Dios, que los crímenes de muchos religiosos no guardan relación con la doctrina de Cristo, sino una abierta oposición a ésta. Habiendo expuesto también la concepción moral relativista del ateísmo, queda a consideración personal definir cuales lineamientos de vida son más convenientes:

1. Ser un ateo “respetuoso” de los valores morales absolutos, aún cuando esto contradiga la relatividad moral que fundamenta al ateísmo, y con ello constituirse en un ateo inconsistente.

2. Ser un ateo abiertamente relativista en cuanto a la moral, y con ello carecer de referentes sólidos para el progreso moral.

3. Considerar el teísmo cristiano, expresado en la figura de Jesús, como una alternativa plausible para el progreso moral del individuo y la sociedad.

miércoles, 12 de enero de 2011

CONOZCA POR FIN LO QUE ES EL REINO DE DIOS!

Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Un estudio concienzudo acerca de la predicación de Jesucristo y sus apóstoles referente a un nuevo orden mundial que Dios inaugurará en la nueva tierra.
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La Predicación de Jesucristo y sus Apóstoles

En el libro del evangelista Marcos (1:1,14,15), y en el de Mateo (4:17) leemos que Jesús comenzó su ministerio en Galilea, predicando “El Evangelio del Reino”, y diciendo: “el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado: arrepentios y creed en el evangelio.” Este evangelio del reino era el CENTRO de su mensaje y la razón de su venida. En Lucas 4:43 Jesús revela que le era necesario anunciar a otras ciudades el evangelio del reino de Dios, porque para esto fue enviado. Los cuatro evangelistas incluyen en sus escritos o evangelios, más de 60 ocasiones diferentes en las que Jesús se refirió al reino de Dios. Incluso en los Hechos de los Apóstoles, la frase “el Reino de Dios” aparece 6 veces. El apóstol Pablo se refiere 9 veces al reino de Dios. Por tanto, el reino de Dios merece una especial consideración y estudio bíblico profundo, pues es profusamente mentado en toda la Biblia, y en particular, en el Nuevo Testamento.

“El Reino de los Cielos”

El evangelista y apóstol Mateo, opta por hablar de: “El Reino de los Cielos”, cuando los otros tres evangelistas hablan de: “El Reino de Dios”. Solamente en 4 ocasiones Mateo usa la frase “El Reino de Dios” (6:33; 12:21,28,31,43), en tanto que la frase “el Reino de los Cielos” aparece 32 veces en su evangelio. Generalmente se explica la preferencia de Mateo por esta última frase para denotar el carácter CELESTIAL del reino, vale decir, que proviene de ARRIBA, como un DON DE DIOS y no como una creación meramente humana y perecible.

La lengua nativa de los judíos, en los tiempos de Cristo, era el arameo, un dialecto semítico muy cercano al Hebreo. Jesús habló este dialecto en toda su predicación y enseñanza doctrinal. Sus dichos, tal como están registrados en los evangelios, fueron vertidos del vernáculo al griego, que era el idioma literario de la época. El respeto que tenían los judíos hacia el nombre de Dios hacía que evitaran pronunciarlo. Temían incurrir en alguna frase que pudiera considerarse uso vano del nombre de Dios, y en consecuencia recurrían a substitutos: “Los cielos” era uno de los más empleados. Y es casi seguro que el mismo Señor lo haya usado también para evitar herir las susceptibilidades de sus paisanos. De este modo el evangelista se adapta a la peculiaridad de su público, y así hacer accesible el mensaje entre su propio pueblo.

El Significado de “Basileia”

En su expresión concreta, “basileia” quiere decir “domino”, “territorio”, “reino”, o “el pueblo sobre el cual gobierna el rey.” En su expresión abstracta denota “soberanía” y “poder real”. En términos concretos “baseileia” denota un nuevo orden, material y social, que será establecido mediante Cristo. Abstractamente podría denotar el reino de Cristo “en el corazón de los creyentes” mediante la vida, muerte y resurrección de su rey Jesucristo.

El Reino de Dios en el Antiguo Testamento

La expresión “el Reino de Dios” no aparece en el Antiguo Testamento aunque sí “El Reino de Jehová”, que es lo mismo, pues Jehová es Dios (ver 1 Crónicas 28:5). Y el salmista David habla de Jehová como un rey que tiene un trono y un reino (103:19). También en el Antiguo Testamento el significado del reino de Jehová se puede entender de dos maneras: Que Dios ya es un rey, y que reina sobre toda la tierra habitada y sus naciones que de alguna manera hacen su voluntad. Segundo: como un gobierno de Dios futuro en donde el mal será totalmente erradicado junto con los enemigos de Dios. Los profetas vislumbraron esa era maravillosa cuando Dios ejecute juicio en la tierra y por fin establezca la paz y la justicia eternas. El mundo, finalmente, será hermoso como en el paraíso edénico, antes de la caída de los primeros padres humanos. Para ese entonces, Israel vivirá en paz con sus vecinos, y las guerras y miserias en la tierra quedarán en el olvido. Jerusalén será el centro del reinado del Mesías, el representante legal de Dios, que educará a las naciones en el conocimiento de Jehová (Isaías 9:6,7; 11:1-12; 24.23; 65:17-25; Miqueas 4:1-5).

Los Judíos de la época de Jesús esperaban la venida del reino de Jehová (Dios). Muchos de los escritores apocalípticos esperaban que Dios estableciera su reino de manera espectacular con demostraciones de poder, trayendo la salvación a su pueblo y el castigo de sus enemigos. Los llamados CELOTES pensaban que el reino vendría más rápidamente si ellos lo precipitaban por acciones políticas violentas. Los FARISEOS, en cambio, creían que el reino vendría cuando el pueblo elegido de Dios obedeciera la ley de Dios fielmente. Todas estas expectativas prepararon la escena para la aparición de Juan el Bautista en el desierto proclamando que el Señor había llegado, y que “el reino de los cielos se había acercado” (Mateo 3:1-6).

La Historia de la Interpretación

La Iglesia Cristiana, a lo largo de su historia, ha interpretado el Reino de Dios de dos maneras: Una es la que tiene un carácter escatológico o futurista, y el otro que recalca su naturaleza presente o consumada. Por cierto que en la Iglesia primitiva el concepto futurista fue el que predominó. Los llamados “Padres Apostólicos” contemplaron el reino como un asunto FUTURO de dicha que se consumaría con la segunda venida de Cristo al mundo. Además, algunos de esos “padres” sostuvieron, incluso, que sería un dominio terrestre, aunque otros no se atrevieron a mencionar lugares concretos. El único que no aceptó la interpretación escatológica fue Orígenes. Él creyó que el reino tenía un significado espiritual o simbólico y no literal.

Agustín de Hipona escribió en su obra ‘De Civitate Dei’ (La Ciudad de Dios) que la Civitate terrena (La Ciudad del Mundo), la cual se compone de todas las fuerzas y personas malas, encuentra su expresión histórica en la iglesia. En realidad, al identificar Agustín el reino con la iglesia militante, lo que estaba diciendo es que el reino milenario de Dios había sido inaugurado con la primera venida de Cristo, hace dos milenios.

Los reformadores hicieron suyo el énfasis espiritual del reino de Agustín llevándolo al “corazón” del creyente. No obstante, los reformadores esperaban igualmente la manifestación visible de dicho reino con la segunda venida de Cristo al mundo.

En el llamado periodo moderno de la historia de la Iglesia, se han producido una serie variada de ideas que desarrollan las diversas líneas anteriormente mencionadas. Johannes Weiss y Albert Schweitzer hicieron frente a un fuerte liberalismo que intentó eliminar el elemento escatológico del reino predicado por Jesús, y el cual era su mero núcleo vital. Según Weiss y Schweitzer, el reino, para Jesús, era una realidad totalmente FUTURA, apocalíptica, que aparecería al final de la historia humana, mediante la acción poderosa y sobrenatural de Dios. Afirmaron que la idea de una presencia actual del reino era un invento de los autores de los evangelios y que no debía considerarse como auténtica enseñanza de Jesús. Su interpretación del reino es conocida como “escatología consistente” o “coherente”.

Para Harnack, el reino de Dios era el gobierno divino en “el corazón de los santos”. Para él, el reino es el poder que obra en el interior de la vida humana. Dobschütz, Muirhead, Wellhausen, y Sharman han insistido, del mismo modo, en sostener que la dimensión escatológica NO era esencial en la enseñanza de Jesús, o que francamente se trata de un agregado que sus primeros discípulos o la iglesia primitiva creyeron necesario hacer al mensaje. F.C.Grant también rechazó el factor futurista del reino, afirmando que éste debía entenderse solamente en términos de una “redención social”. A.B. Bruce y James Orr no toman en cuenta el factor futurista del reino, considerándolo más bien sólo simbólico, o “en el corazón de los hombres”, el cual produciría una transformación social radical a medida que aumentara el número de creyentes. Cuando todas las áreas de la vida y el pensamiento hayan sido penetradas y regeneradas mediante el poder del reino, entonces “éste habrá llegado”.

Rudolf Otto, en su libro ‘El Reino de Dios y el Hijo del Hombre’, ve el reino como una esperanza futura, pero que de alguna manera ya se ha presentado en la persona y ministerio de Jesús. W.G. Kümmel, igualmente opina que el reino de Dios es presente y también futuro. Emil Brunner sostiene que el fin último de la historia ya comenzó con la iglesia, pero que todavía tenemos que esperar su cumplimiento final en el futuro. R. N. Flew habla del reino como presente y futuro, así: “El reino ha venido en la persona de Jesús, sus bendiciones pueden gozarse ahora mediante a fe. Pero no ha venido del todo. La consumación final aún se tarda.” (Jesús y Su Iglesia, pág.32).

Ahora bien, la interpretación contemporánea más discutida es aquella del eminente teólogo inglés C.H.Dodd, y que se conoce como “escatología realizada”. Él la desarrolló en su libro “Las Parábolas del Reino”. El estudio hecho por Dodd de las parábolas de Jesús, y otros dichos colaterales, lo llevó a creer que, para nuestro Señor, el reino ya había venido. El futuro formaba parte, ahora, de la experiencia actual de los hombres. El absoluto ha penetrado la arena histórica. El supuesto Cristo Eterno ha entrado en el tiempo. Él mismo sería el cumplimiento de la esperanza escatológica. Su venida es la venida del reino de Dios. Su reino vino con él y, por tanto, no hay que esperarlo para mañana. El futuro se está realizando en la vida de Cristo y en la vida de su iglesia. Pero para ser justos, Dodd no presta mucha atención a los dichos de Jesús en cuanto a la venida aún futura del reino, y sólo se limita a darles a éstos un sentido meramente simbólico.

El Reino: Presente y Futuro

El aspecto del reino presente se encuentra en los textos de Marcos 4:3 ss. En donde el reino presente se compara con una semilla que se siembra en los corazones de los hombres en esta vida. En Marcos 12:34 Jesús le dice a un escriba: “no estás lejos del reino de Dios”. En Mateo 12:28 Jesús dice que: “El reino ciertamente ha llegado a vosotros” por el hecho de expulsar a los demonios de un ciego y sordo. En Mateo 13:44-46 Jesús habla del reino como un tesoro escondido en la tierra, que los hombres pueden descubrir ahora. En Lucas 17:20-21 Jesús declara que “el reino está entre vosotros”. Es decir, su presencia en la tierra es la presencia del reino de Dios.

Si bien es verdad que algunas declaraciones de Jesús muestran un reino presente en su ministerio, también es cierto que hay una dimensión futurista del mismo en otras de sus declaraciones. En primer término, 6 de las Bienaventuranzas sólo podrán cumplirse en el FUTURO (Mateo 5:4-9). En Mateo 25:31,34 Jesús habla de un reino que sólo se podrá heredar cuando él vuelva por segunda vez. En Mateo 26:29, durante la última cena, Jesús les dice a sus discípulos que anticipa el día cuando beberá con sus discípulos del fruto de la vid, en el reino de su Padre.

Aunque el apóstol Pablo no suele usar muy a menudo la palabra reino, las veces que lo hace lo hace dando a entender su carácter presente como futuro. En Romanos 4:17 el apóstol Pablo parece indicar que el reino puede ser vivido ahora entre los creyentes. En Colosenses 1:13 él igualmente parece indicar que de alguna manera el creyente está “ahora” trasladado al reino de Cristo. Pero Pablo no pasa por alto el aspecto futuro del reino, porque en 1 Corintios 6:9, 15:50; Gálatas 5:21; y 2 Timoteo 4:1,18; lo que tiene en mente es un reino en la tierra eminentemente FUTURISTA, que exige nuestra previa conversión y transformación física por la resurrección venidera. Estos textos tienen estrecha relación con la PARUSÍA o segunda venida de Cristo. En Hechos 14:22, Pablo recalca el hecho de que para entrar reino se requiere pasar por muchas tribulaciones.

El Reino y La Iglesia de Jesucristo

Agustín de Hipona creía que el reino de Dios era la iglesia militante. La tardanza de un reino literal hizo que ese ideal se viera reflejado en una sociedad, que llegó a conocerse con el nombre de “iglesia”. E. F. Scott , en su obra “El Reino de Dios en el nuevo Testamento”, página 170 dice: “Jesús había proclamado el reino, pero en su lugar se levantó la iglesia”. Lo que Jesús realmente hacía era buscar un nuevo pueblo a quien se le daría el reino.

El Reino de Dios y la iglesia son inseparables, pues a ésta Dios le ha prometido darle su reino (Lucas 12:32). La iglesia es la que recibirá el reino de Dios. Es el pueblo escogido que restaurará el reino davídico en la tierra. El reino está conformado por hombres santos (Judíos y Gentiles) convertidos por el evangelio de Cristo. A estos santos, de todas las épocas, podemos llamarlos como: “La Iglesia de Dios”, “El Cuerpo de Cristo”, “La Novia”, “Los Elegidos”, etc. La iglesia es la heredera del reino (Mateo 25:31,34). Jesús afirmó que el reino es algo que se puede VER y ENTRAR (Juan 3:3,5), y Pablo también dijo que “carne y sangre” (los mortales) no lo pueden heredar (1 Corintios 15:50). En cambio, uno puede ser parte de la iglesia siendo mortal. Esta es la gran diferencia sustancial entre el reino y la iglesia. Por otro lado, uno puede ser parte de la iglesia inmediatamente después del bautismo (Hechos 2:38,41); en cambio, para heredar el reino uno tiene que haber sufrido por Cristo y también haber crecido en la fe y el conocimiento del Señor. Y lo más importante aún es haber recibido la transformación física cuando Cristo regrese nuevamente a este mundo (ver 2 Pedro 1:8-11; Hechos 14:22; 1 Corintios 15:45-50). Aunque en la iglesia se admiten “niños espirituales” ( 1 Corintios 3:1-2) que deben crecer a la estatura de Cristo, en el reino sólo ingresan los “maduros espirituales”, aquellos que han llegado a la “perfección espiritual” (Efesios 4:12,13,15) (2 Pedro 1:3-11). Por otro lado, parece evidente que nuestro Señor consideraba que alguna forma de asociación y organización de carácter comunitario era esencial para a mejor promoción del reino. A lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana, los teólogos de la iglesia han insistido en la íntima relación entre la iglesia y el reino. Pero hay, evidentemente, diferencias entre ellos con respecto a la naturaleza y a los alcances de esta relación. Pero en la medida que la iglesia está verdaderamente sometida al gobierno divino, puede decirse que es el reino de Dios. Pero el orden divino nunca logra realizarse del todo en este orden humano finito; por eso la Iglesia Cristiana espera la consumación final, cuando Dios perfeccione esa fraternidad humana centrada en Cristo. Entonces se podrá decir con plena seguridad que el reino de Dios habrá venido plenamente.

El Reino Futuro y Su Naturaleza Real

La Biblia nos habla del reino venidero, pero: ¿Cómo es su naturaleza? No se nos dice si habrá de presentarse como un reino terrenal, que será seguido por un reino celestial, o si hemos de esperar una acción decisiva y final, mediante el cual “cielo y tierra” serán cambiados según los propósitos de Dios. No obstante, sería necio negar que la Biblia sí presenta una naturaleza política y terrena del reino de Dios. El Antiguo Testamento está repleto de profecías que hablan de un reino que se establecerá en esta misma tierra. En la literatura judía, el reino se presenta de 3 formas posibles: 1). El reino producirá una transformación de los cielos y la tierra. 2). El reino será eterno en la tierra. 3). El reino es un orden temporal y terreno, que será seguido por un reino celestial y eterno.

En el Nuevo Testamento existen pasajes clarísimos que hablan de un reino terrenal. Jesús, por ejemplo, dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán a tierra” (Mateo 5:5, con referencia al Salmo 37:11). En otra ocasión les enseñó a sus discípulos a que oraran por la venida del reino a la tierra (Mateo 6:10). Ahora bien, de la Biblia entera se desprende que el reino tiene estos aspectos básicos y muy claros:

1.- Dado que el reino futuro tiene relación con la segunda venida de Cristo, su implantación estará acompañado por eventos visibles, sobrenaturales, y catastróficos (1 Tesalonicenses 4:15-17; Marcos 13:24-27).

2.- El actual orden de cosas será juzgado (2 Tesalonicenses 1:5-12; 2 pedro 3:4-10; Apocalipsis 19:11-16).

3.- Todos los que se oponen serán sometidos a Dios (Filipenses 2:9-10; 1 Corintios 15:20-23).

4.- Se cristalizarán todas las promesas hechas a los fieles de todos las épocas (Apocalipsis 21:3,4), las cuales incluyen:

a- El reino se establecerá en Jerusalén.

b- El Mesías tendrá su trono con sus apóstoles en Jerusalén

c- El reino será mundial y todos pueblos se someterán a Cristo y a su autoridad: Un solo gobierno.

d- Habrá paz, justicia, y desarme mundiales.

e- Los rebeldes e impíos serán destruidos.

f- Los elegidos recibirán el reino en la segunda venida de Cristo, cuando obtengan su inmortalidad.

g- El reino durará mil años.

h- No existirán pobres ni desamparados.

i- El diablo será atado junto con sus demonios para que no engañen a los pueblos.

j- Habrá sólo una religión y un solo gobernante mundial con la autoridad de Dios.

k- La vida será más larga y saludable.

l- No habrá explotadores ni explotados.

m- No habrá revueltas, ni protestas, ni descontentos populares.

n- Los que no quieran servir al Rey Cristo no les irá nada bien, y por tanto, optarán por él de buena gana. Preferirán las bendiciones que las maldiciones de Dios Padre.

Por tanto, sostener que el reino es sólo presente o futuro, es ignorar las mismísimas palabras de Jesucristo. Los eruditos, en su mayoría hoy, creen en un cumplimiento futuro del reino. No obstante, los amilenialistas (los que no creen en un reino personal y futuro de Cristo en la tierra por mil años), sean católicos o protestantes, sólo ven un reino presente en la iglesia militante.

Jean Hearing, en su estudio escatológico sobre “El Reino de Dios y su Venida”, escribe: “Jesús enseñaba que un germen invisible del reino de Dios existía desde el comienzo de su predicación; pero tal es su noción del reino, que ella exige una realización completa visible en el futuro mediante una transformación del orden cósmico.

El teólogo católico Karl Adam reconoce que: “Restringir lo fundamental de su mensaje a esta predicación moral, sería desconocer el contenido religioso, más precisamente, el carácter sobrenatural y escatológico del nuevo reino” (…) su venida está todavía en el futuro, y es preciso decir: Que tu reino venga.”

El Reino de Dios e Israel

El reino de Dios es un mensaje que todavía debe ser anunciado al mundo habitado. Jesús dijo que antes que el fin venga, el reino de Dios se habrá anunciado como testimonio a todas las naciones (Mateo 24:14). Este es un mensaje vivo y actual que el mundo debe oír. Cuando Cristo murió y resucitó al tercer día, todavía permaneció 40 días más entre sus discípulos, predicándoles más sobre la restauración del reino Israel (Hechos 1:3,6). Tómese nota de la pregunta de los apóstoles en el verso 6. Es obvio que esta pregunta apostólica se hizo como corolario a toda la enseñanza de Jesús. Aquí se deja notar que aún hay un reino judío por establecerse en la tierra. Es un reino eminentemente futuro, para la segunda venida de Cristo. Ahora bien, algunos teólogos amileanilistas sostienen que los discípulos no sabían lo que preguntaban, de que estaban errados y confundidos, y que no habían captado el mensaje de su Maestro correctamente. Pero me pregunto: ¿Fueron todos los discípulos de Jesús torpes para no entender el claro mensaje que Cristo les estaba inculcando? O, ¿Fue Jesús un mal maestro que no se sabía explicar? Pero lo cierto y curioso es que todos los discípulos le preguntaron lo mismo: “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Por otro lado, Jesús no los corrige o reprende por semejante pregunta “inoportuna”. Él sólo les dice: “No os toca a vosotros saber os tiempos olas sazones que el Padre puso en su sola potestad.” En buena cuenta, la pregunta era válida y oportuna, pero la respuesta a dicha pregunta sólo el Padre la podía contestar. Está claro que aquí hay un reino que tiene que ver con Israel. Pero los amilenialistas dicen que éste es espiritual, es decir: el cuerpo místico de Cristo, su iglesia. Pero me pregunto nuevamente: ¿Tiene sentido que se le restaure a la iglesia, el reino? ¿Acaso alguna vez la Iglesia de Cristo perdió su reino? La iglesia pura y sin mácula NUNCA ha reinado en este mundo— ¡sólo la Iglesia falsa y apóstata!.

Aunque en cierto modo el reino vino con Cristo y sus exorcismos y curaciones milagrosas, lo cierto es que el reino se establecerá plenamente sólo cuando Cristo ate a Satanás y a sus demonios y los lance al abismo (Apocalipsis 20:1-4). Es por eso que es difícil pensar que el reino ya se estableció plenamente hace dos mil años, pues ello implicaría que Satanás ya estuvo encadenado en el abismo sin poder engañar a nadie (Apocalipsis 20:3). Pero: ¿Podría alguno pensar que este mundo es un mundo ideal reinado sólo y únicamente por el buen Cristo y su iglesia? Pero la verdad es que la drogadicción, las pestes, los hogares destruidos, los crímenes, las miserias, y mil males más, son señales de que aún Satanás reina libremente y tiene su maléfico accionar entre los hombres. O ¿Es que Jesús es un mal gobernante? ¡De ningún modo! Cuando Cristo reine, ¡el mundo gozará de justicia, paz, y amor verdaderos! (Isaías 9:6,7). Finalmente, si el reino se estableció en el 33 D.C como dicen los amilenialistas, ¿por qué Juan dice en el año 90 D.C, que “todo el mundo yace bajo el poder el maligno” (no “bajo el poder de Cristo”)? (1 Juan 5:19) ¿no debió estar atado el Diablo y sus demonios para ese entonces? Recuérdese que el reino se establece después de la atadura del Diablo (Apocalipsis 20:1-3). Es evidente que el Diablo no fue atado en el año 33 D.C ni en el 90 D.C, ni tampoco en este siglo XXI. Hay un reino que se establecerá aún en el futuro, y que conlleva la neutralización total del Diablo y sus demonios por un milenio, y el florecimiento de la paz y la justicia por todo el mundo habitado. Estos son algunos puntos que no se pueden pasar por alto obviamente. Desgraciadamente los llamados “Testigos de Jehová” si han pasado por alto estos aspectos señalados anteriormente.

Algunos Testimonios Interesantes

El carácter futurista el reino fue expresado por Padres y Apologistas de la fe. Ireneo (185 D.C, Obispo de Lyon), escribió: “…en su segunda venida les dará a los suyos un lugar en su reino.” (Contra las herejías). Clemente Romano (96 D.C, Segundo obispo de Roma) escribió en su segunda epístola, lo siguiente: “Si entonces hacemos lo que es justo a la vista de Dios, entraremos al reino, y recibiremos las promesas…esperemos cada día y cada hora el reino de Dios en amor y rectitud”. Ignacio (Obispo de Antioquia, siglo II) creyó que el viejo reino del mal sería destruido en la segunda venida de Cristo (Ign. Eph. 16:1). Hermas, un profeta de Roma (siglo II), tenía una clara visión futurista del reino y enfatizó en la conducta moral para entrar en él. (Herm. Sim. 9:16.2-4). Papías de Hierápolis (Siglo II) creyó que la esperanza para un reino milenario en la tierra era real. También Cerinto dice que después de la resurrección la casa real de Cristo estará en la tierra (Gayo de Roma, de la Historia de la Iglesia de Eusebio 3.28.2).

Por otro lado, es interesantísimo el testimonio del Apologista Justino Mártir (Siglo II). Él hace uso de la palabra reino frecuentemente en su Diálogo con el Judío Trypo, y en donde se registran los debates más frecuentes entre cristianos y judíos. Justino le asegura al judío Trypo que Cristo volverá al mundo para recompensar a sus seguidores, dándoles entrada en su reino milenario que se establecerá en Jerusalén (Diálogo 80). Además Justino le dijo a Trypo, que aquellos que enseñan sobre la supuesta partida al cielo de las supuestas “almas inmortales”, NO SON CRISTIANOS. Finalmente el movimiento Montanista tenía como una de sus características, la expectación de la inminente aparición del reino

Resumen

El Reino de Dios fue y es aún interpretado como un asunto presente y futuro. Desde el siglo II el reino tiene un carácter escatológico. Los autores cristianos del segundo Siglo son uniformemente FUTURISTAS. Y para algunos de ellos, dicho reino sería, además, TERRESTRE Y MILENIAL. Tal es el caso de Cerinto, Papías, Justino Mártir, Ireneo, y otros.

Es con Orígenes (185-254) que viene el cambio del uso común de la palabra reino por otro “espiritual” y “en el corazón de los hombres”. En cierto modo Orígenes fue influenciado por el pensamiento Gnóstico de la época que sostenía un reino en el alma. Se puede decir que él sentó las bases del pensamiento Agustiniano y de otros filósofos cristianos protestantes de los siglos venideros. Orígenes se alejó del pensamiento cristiano post apostólico del siglo II.

Ver también: www.elevangeliodelreino.org

LA PROMESA DE DIOS A ABRAHAM... SABE UD. DE QUE SE TRATA?

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

El propósito de este estudio es el de aclarar en lo que se basa el reino de Dios. Hay personas que han dicho que el reino de Dios es la iglesia (¿Cual de ellas?). O que el reino de Dios está en tu corazón. Estas ideas parecerán absurdas cuando usted entienda en lo que verdaderamente está basado el reino de Dios. Preste atención especial a las palabras claves como “promesa” y “herencia.” El concepto empieza con las promesas que Dios le hizo a Abraham en Génesis 12:3, Génesis 13:14-15 & Génesis 17:7-8. Estas promesas también fueron hechas a Isaac (Génesis 26:4) y a Jacob (Génesis 28:14) los cuales son el hijo y el nieto de Abraham. Estos tres también son conocidos como los patriarcas.

Génesis 12:3 “Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”

Esto es una referencia al Mesías (Jesús). Dios le prometió a Abraham que a través de su descendencia vendría alguien por el cual el mundo sería bendecido (salvo). Pablo lo confirma en Hechos 3:25-26:

“Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese.”

La segunda promesa tiene que ver con la tierra. Las familias que serán bendecidas son las familias de la tierra. Y es en la tierra que las familias serán bendecidas. Dios específicamente le promete a Abraham la tierra (o nación, como se le refiere en algunos casos) como su herencia.

Génesis 13:14-15: “Y Jehová dijo a Abraham: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre.”

Génesis 17:7-8: “Y estableceré mi pacto entre mí y tu, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, en pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti la tierra que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.”

El Mesías vino a confirmar y a proclamar las promesas hechas a Abraham, Isaac y a Jacob. Esta es la razón por la cual Jesús vino. Como consecuencia de su muerte nuestros pecados son perdonados (somos bendecidos), y a través de su gobierno como nuestro rey en la tierra (La segunda venida de Jesús), Abraham y sus descendientes (los resucitados en Cristo) heredarán la tierra como su heredad perpetua.

Romanos 15:8: “Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para CONFIRMAR las promesas hechas a los padres.”

¿Qué promesa? Que Abraham y sus descendientes serían herederos del mundo.

Romanos 4:13: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la PROMESA de que sería HEREDERO DEL MUNDO, sino por la justicia de la fe.”

Qué vino a proclamar Jesús? El reino de Dios.

Lucas 4:43: “Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.”

Como pueden ver, Jesús vino a confirmar las promesas que Dios hizo a Abraham y a proclamar el reino de Dios, Jesús está proclamando lo que vino a confirmar.

1 Corintios 6:9: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?”

A Abraham se le prometió que él heredaría el mundo. En el versículo arriba dice que los injustos no heredarán el reino de Dios. La palabra clave es “heredar.” Heredar el reino de Dios es heredar el mundo. El reino de Dios es el mundo bajo el gobierno de Dios a través de Su Mesías, Jesús.

El reino de Dios = Las promesas que Dios le hizo a los patriarcas.

Entrada al reino de Dios es la meta cristiana. Este es el galardón que Dios le ha prometido a los seguidores de Cristo. Gálatas 3:29:

“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.”¿Que promesa? Que Abraham y su descendencia serían herederos del mundo.

Romanos 4:13: “Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.”

Se supone que nosotros heredemos el mundo junto a Abraham. Por nuestra fe en Cristo estamos considerados descendientes de Abraham y herederos de la misma promesa. Con Cristo como nuestro rey, reinaremos en la tierra. Apocalipsis 20:4 dice:

“Y vivieron y reinaron con Cristo por mil años.”

¿Dónde reinaremos con Cristo? Apocalipsis 5:10 nos dice la respuesta:

“Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.”

El reino de Dios es el tema de la Biblia entera. Empezó con las promesas que Dios le hizo a Abraham. Cada profeta ha tenido que decir algo de este tema. Dios a través de los profetas añadió mas detalles hasta que Jesús llegó para confirmar y proclamar el reino de Dios, no solamente a los judíos, sino al mundo entero (bendiciones, Génesis 12:3). Abraham y sus descendientes nunca han poseído el mundo. Ellos todos murieron en fe (Hebreos 11:13), por eso es que habrá una resurrección, para que las promesas de Dios sean cumplidas. ¿Cuándo sucederá la resurrección? En los últimos días de este siglo, en la venida de la nueva era (que se inaugurará en el regreso de Jesús). Es aquí cuando Abraham y sus descendientes serán herederos del mundo.

Lucas 20:35: “Mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos.”

Juan 11:23-24: “ Jesús le dijo: ‘Tu hermano resucitará.’ Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Resumen – La historia del hombre y la mujer empezó en la tierra con Adán y Eva. Ellos la corrompieron por su desobediencia a Dios. El mensaje del reino de Dios empieza en Génesis y termina en el Apocalipsis. Es el plan de Dios de salvación para la raza humana devolviendo al hombre y a la tierra a su condición original. En las páginas 15 y 24 de la Nueva Biblia Americana verán un resumen excelente:

“El plan de salvación pronosticado por los autores sagrados, detallado y explicado por ellos, es hallado como la verdadera palabra de Dios en los libros del Antiguo Testamento. El propósito principal en el cual el antiguo pacto fue dirigido fue para preparar para la venida de Cristo, el redentor de todos y el del reino mesiánico, para anunciar esta venida mediante la profecía.

Otro tema importante en predicación profética es el mesianismo. Dios castiga la infidelidad a Su pacto. Israel ha sido humillada por sus pecados. Pero en alguna fecha futura el reino de Dios en la tierra será restaurado. El vicegerente de Dios, el Mesías, ungido de una dignidad majestuosa, reinará en ese reino. Usted debe de prestar atención a esta expectación mesiánica en la literatura hebrea. Esto es necesario para entender la literatura del Nuevo Testamento, la cual ve el cumplimiento de esta profecía mesiánica en Jesús de Nazaret. En otras palabras, el movimiento del Nuevo Testamento es el cumplimiento de la Biblia hebrea. Jesús de Nazaret proclama que él es el Mesías prometido (ungido) rey venidero, para estabilizar el reino (reinar, gobernar) de Dios, por el cual el Antiguo Testamento predico.”

Así que ¿Por qué hay personas que piensan que nuestro premio es el cielo? Esta idea vino a través de la influencia de la filosofía griega sobre la iglesia primitiva del segundo, tercer y cuarto siglo. Existe un documento mencionado al final, que trata específicamente con la muerte.

Una vez que usted entienda en lo que está basado el reino de Dios (las promesas hechas a los patriarcas), entonces usted verá fácilmente el error en creer que el reino de Dios es la iglesia, o que está en su corazón. Este documento es el principio de la enseñanza más importante del mundo. Hay muchos versículos para estudiar y muchos más para aprender acerca de la enseñanza más importante de Jesús.

EL EVANGELIO DE LA AVARICIA

Por Ruth Padilla DeBorst

El amor a las riquezas sigue siendo, como siempre lo ha sido, el principio de todos los males.«¿Alguno de los presentes es pobre? ¡Seguramente que no! Somos hijos del Rey de toda riqueza. ¿“Pero yo soy pobre”, me dices? Entonces, en el nombre de Jesús, desecha todo pecado. ¡Reclama la bendición que Dios tiene reservada para ti y prosperarás!»
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Domingo tras domingo, en mega iglesias, a lo largo y ancho de América Latina, cientos de cristianos escuchan arengas similares a esta. Día tras día, durante la semana, programas de radio, televisión y difusiones por la Internet bombardean a los creyentes con la teología del «declara y reclama». Las posturas que se fomentan son las de desear, alcanzar, recibir y acumular.

La renuncia, la sencillez, la negación a uno mismo, la entrega y el compartir son todas cualidades esenciales en la comunidad del Rey. Una se siente obligada a preguntar: ¿En estas congregaciones, alguna vez se desafía a los creyentes a tomar su cruz y seguir a Jesús, quien entregó todo lo que era y poseía, quien renunció a sus privilegios divinos para reconciliar a la Creación con su Creador y a las personas las unas con las otras? La renuncia, la sencillez, la negación a uno mismo, la entrega y el compartir son todas cualidades esenciales en la comunidad del Rey, pero aparentemente no encuentran cabida en el evangelio de la avaricia.
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Semillas de bendición
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Al igual que los líderes Africanos que retrata mi colega Asamoah-Gyadu, los cuales no muestran consideración alguna por el contexto, ya sea histórico o textual. Los apóstoles de la prosperidad blanden pasajes bíblicos para legitimar su autoridad y construir una estructura religiosa para los ídolos de nuestro tiempo. Uno de los pasajes que más aman torcer es 2 Corintios 9.6: «el que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará».

En las «maratones de prosperidad» que se transmiten al aire, convencen a los creyentes —con palabras y música— a dar no solamente diezmos y generosas ofrendas, sino también joyas, autos y títulos de propiedad. Estas ofrendas son las «semillas» de la autorrealización, de un futuro mejor. Son los sellos de los acuerdos económicos pactados con Dios. Al ofrecerlas en fe se convierten en el medio para comprar la sobreabundante cosecha de bendición del Señor. No mencionan para nada el hecho de que en el texto Pablo está animando a los cristianos de Corinto a ser generosos en «buenas obras», no en ofrendas monetarias (v. 8), ni tampoco que deben fijar los ojos en la necesidad de ser generosos no hacia sí mismos, sino hacia los necesitados en Jerusalén (v. 13). Tampoco enseñan que el uso de las riquezas debe ser considerado como una liturgia, un ministerio, un servicio público (v. 12) ni que deben participar activamente en una economía de suficiencia y justicia para todos, no en una de acumulación y desigualdad (vv. 8.13–15).
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¿Buenas Nuevas para nadie, o para todos?

La legitimación religiosa de la búsqueda de la prosperidad, tal como lamenta Asamoah-Gyadu, deja poco espacio para los pobres. Me temo, sin embargo, que ni siquiera aquellos que están progresando, en África, América Latina o cualquier otro lugar, hallarán verdaderas buenas nuevas en la teología de la prosperidad, ¡aun cuando se apeguen a estilos de adoración «apasionados y exuberantes»! En verdad, una ética cristiana personal y comunitaria que rescata a las personas de prácticas destructivas es liberadora: libera tanto a las personas como sus recursos, incluyendo los económicos, para servir a otros.

Sin duda, las instrucciones económicas que Dios establece para su pueblo, en el desierto, bajo el imperialismo romano y en nuestros tiempos no son de penurias. Nuestro Dios creador es Dios de abundancia, diversidad, belleza y vida. Asamoah-Gyadu correctamente afirma que la Biblia no glorifica la pobreza. No obstante, me pregunto si, en un contexto en el cual la riqueza ha sido deificada, conseguiríamos afirmar con toda confianza que las Buenas Nuevas del reino de Dios no son un evangelio de pobreza. Permítame aclarar: No estoy a favor de una pobreza de necesidad y penurias, sino de la pobreza por la renuncia. Inmersos en una cultura de gastos y derroches innecesarios, un sistema de sobreproducción y obsolescencia planificada —un contexto en el que las personas son valoradas o descartadas según sus pertenencias materiales— y a la luz de las falsas enseñanzas y el descarado desprecio por los valores del reino de Dios y su justicia, actuaríamos bien en buscar un cambio con la prosperidad y prestar atención a otro santo, Francisco de Asís.

En un acto radical para seguir a Jesús, este joven procedente del burgo italiano se despojó de sus riquezas y vivió entre los pobres y leprosos para compartir con ellos las Buenas Nuevas del amor de Dios por ellos. Quizás, al igual que Francisco, deberíamos considerar con más seriedad el ejemplo de otro maestro pobre, y además itinerante, nuestro Señor Jesucristo, «que siendo rico; sin embargo, por amor a ustedes se hizo pobre, para que por medio de Su pobreza ustedes llegaran a ser ricos» (2Co 8.9). Quizás, cuando lo contemplemos, lograremos descubrir y, gozosamente, celebrar las Buenas Nuevas, la abundante riqueza de bienes y vidas compartidas, y relaciones restauradas con nuestro creador y todos nuestros prójimos.
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Según la autora, ¿qué cualidades de la comunidad del Rey ignora el evangelio de la avaricia?
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En América Latina, ¿qué pretenden los autodenominados «apóstoles» y «profetas»?
¿Cuál es el perfil de los «apóstoles de la prosperidad»?
¿Cuál es el riesgo de ese perfil?, ¿qué realmente preocupa en ellos?
¿Cual sería una interpretación con una exégesis responsable de 1 Corintios 9.6?
¿De qué, realmente, es capaz de rescatarnos una ética cristiana comunitaria?
¿La ética comunitaria que sigue su iglesia ha provisto para ese rescate?
¿Cuál es la propuesta de la autora ante las falsas enseñanzas de la teología de la avaricia?
¿Cuál propuesta ofrecería usted o su comunidad de fe ante esas falsas enseñanzas?, ¿cómo conseguiría su iglesia impedir que se infiltren en su propio seno?

Lic. Wolfgang Streich
Asunción – Paraguay
Tel: (0981) 480 779
(0971) 316 800

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“Tres cosas no vuelven para atrás: Una flecha lanzada, una palabra pronunciada y una oportunidad perdida”

Preguntas para estudiar en grupo

Los «apóstoles» de la prosperidad
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En África, el sello de aprobación al deseo, la avaricia y el consumismo lo otorgan obispos y arzobispos neopentecostales. En América Latina los predicadores de la prosperidad tienden a publicitarse como «apóstoles» y «profetas». Asociados en redes, consejos y alianzas, se nombran entre ellos y se autorizan los unos a los otros, con unción del Señor, a autoproclamarse como pioneros de la bendita reforma apostólica que transformará nuestro continente. Son los emisarios escogidos de Dios para declarar y reclamar prosperidad y bienestar económico a individuos, familias y, aun, naciones enteras.Los apóstoles de la prosperidad blanden pasajes bíblicos para legitimar su autoridad y construir una estructura religiosa para los ídolos de nuestro tiempo. El poder, el éxito, la riqueza y la salud se presentan en un paquete tan herméticamente amarrado que no queda espacio para las dudas, el dolor o el sufrimiento, la preocupación por la justicia o la conciencia de las necesidades del prójimo. Los autoproclamados apóstoles no rinden cuentas a nadie en cuestiones de finanzas, ética o teología. Estos «santos» varones —sí, todos ellos son del sexo masculino— visten, conducen y viven según las señales de éxito que describe el libro de reglas de las sociedades de consumo. De manera arrogante testifican del favor de Dios sobre sus vidas y establecen metas para sus seguidores que, se espera, disfruten vicariamente y se enorgullezcan de los símbolos de éxito que despliegan.

Y LA LUNA EN SANGRE

Por Jack Kinsella
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(Traducción Google)

La Carta Omega

El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes del día grande y terrible del Señor venga. “(Joel 2:31)

A lo largo de la historia, la energía solar y eclipses lunares se han tomado como un signo de la Deidad. En 585 aC, un eclipse solar oscureció el campo de batalla durante una batalla campal entre los medos y lidios en guerra. En la desaparición del sol, las dos partes depuesto las armas y declaró una tregua.

Los antiguos chinos creían que era el signo de un dragón que se había tragado al sol. Ellos creían que el dragón tenía que ser asesinado para evitar que el fin del mundo. Así, cada eclipse, que se la suda, rezando para que el que se enfrenta al dragón prevalecería. Los astrónomos de la antigüedad de China se encargaban de predecir cuando el dragón se llegaría a tragar el sol – un tiempo dominado por los rituales de tambores y cantos. El emperador dependía de la antelación con el fin de enviar a sus arqueros para ahuyentar a los dragones de sol para tragar.

Los dragones desempeñado un papel similar en la explicación de los eclipses en la antigua India e Indonesia. Los antiguos astrólogos eran muy buenos para predecir los eclipses. Además de los chinos, los Reyes Magos de Mesopotamia llevaban registros muy detallados y tanto los griegos y los romanos tenían sistemas astrológicos similares incorporados a sus religiones.

Hubo un eclipse total de Luna antes de Navidad. Fue el primer eclipse lunar total en casi tres años. Fue el primer eclipse lunar total que se produzca en el solsticio de invierno (diciembre 21) desde 1638 y el segundo desde la época de Cristo.

Además, el 21 de diciembre eclipse fue inusualmente rojo, debido a la erupción del Monte Merapi en Indonesia a finales de octubre. Menos de dos semanas más tarde y sólo cuatro días en 2011, un eclipse solar parcial oscureció los cielos de Europa, África del Norte y Asia occidental.

En casi todos los años, un eclipse solar es visible desde algún lugar en la tierra dos veces al año, con un eclipse lunar, que corresponde a un par de semanas más tarde.
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Este año habrá cuatro solares y dos eclipses lunares – el 4 de enero, otro eclipse solar el 1 de junio un eclipse lunar el 15 de junio un eclipse solar el 1 de julio otro solar el 25 de noviembre y un eclipse lunar el 10 de diciembre.

Marca Blitz, el pastor de Ministerios El Shaddai en Bonner Lake, Washington, señaló el patrón inusual de la Luna y la actividad de eclipse solar que incluía una rara “tétrada” que se producirá en 2014. Un “tétrada” es el nombre que la NASA asigna a la ocurrencia de cuatro eclipses lunares consecutivos, un evento tan raro, pero que será la 8 ª edición desde la época de Cristo. El año 2014-2015 se superponen en un año sabático judío. Por último, Blitz señaló que se producirá en las fiestas de la Pascua judía y Sucot en 2014 y nuevamente en 2015.

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