Datos personales

Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

lunes, 19 de enero de 2009

MONOTEÍSMO Y NO TRINIDAD

Es comúnmente dicho (especialmente por los musulmanes) que Pablo enseñó la Trinidad y que él enseñó de que Jesús era DIOS?!?!

¡No es así! Pablo fue un Monoteísta Judío y de ningún modo él enseñó alguna vez nada que fuera en contra de la Sh’ma …

(Deu 6:4) Oíd, Oh Israel: YAHWEH nuestro Dios, YAHWEH es UNO:

La doctrina de Pablo fue …

(1 Cor 8:4)… no hay ningún otro Dios sino uno.

(1 Cor 8:6) Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, de quien son todas las cosas, y nosotros en él; Y un Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas, y nosotros por él.

(1 Tim 2:5) Porque hay un Dios, y un mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús.

Aquí hay algunas citas por eruditos que han verificado la postura monoteísta de Pablo…

“Aparentemente Pablo no llamó a Jesus Dios” (Sydney Cave, D.D., Doctrina de la Persona de Cristo, p. 48).

“Pablo habitualmente diferencia a Cristo de Dios (C.J. Cadoux, el Progreso adicional de Un Peregrino, pp. 40, 42).

“Pablo nunca iguala a Jesús con Dios (W.R. Matthews, El Problema de Cristo en el Siglo 20, Maurice Lectures, 1949, p. 22).

“Pablo nunca da a Cristo el nombre o la descripción de ‘Dios’“(El diccionario de la Iglesia Apostólica, Vol. 1, p. 194).

“Usted simplemente no puede encontrar que la doctrina de la Trinidad se sedimentó en cualquier parte de la Biblia. Sn. Pablo tiene la opinión más alta del papel y la persona de Jesús, pero en ningún lugar él lo llamada Dios. Ni Jesús mismo explícitamente sostiene ser la segunda persona de la Trinidad, totalmente igual a su Padre celestial”. _ para el Bien de Cristo, por Tom Harpur.

miércoles, 14 de enero de 2009

EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA





(Mateo 6:33)
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Por el Dr. Javier Rivas Mtz (MD)
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Como cristianos, tenemos necesidades como todo el mundo. Nadie está exento de ellas: Debemos comer, vestirnos, necesitamos teléfonos para comunicarnos, un techo para resguardarnos, requerimos abrigo corporal, zapatos para caminar, para no lastimarnos de las asperezas del suelo, por lo menos huaraches; medios para trasportarnos a cualquiera lugar que sea de manera práctica y cómoda, requerimos dormir para restaurar fuerzas y energías para seguir adelante, y de tantas cosas materiales que suplen nuestros apuros básicos; pero, ocasionalmente, la necesidad se hace un lujo y eso no entona con el carácter del de Arriba. Pablo dice que debemos estar contentos con lo que tenemos (1 Tim.6:8), más de eso, ya no procede para bien, porque caemos en los campos de la vanidad consecuente ya que es pecado para Dios. No sólo eso, dice que el amor al dinero es causa de todo mal (1 Tim.10); y no confundáis al dinero como una calamidad en sí, sino que Pablo especifica que «tener amor al tal», es principio esencial de mucha destrucción. En el Salmo 73, Asaf narra que sus pasos casi resbalaron por consentir envida para con los ricos seglares, pero pudo darse cuenta, al reflexionar en las bondades y en el justo juicio de Dios, al entrar en su santuario (La Oración y su Palabra), cual era el fin de todos ellos. Aún con todas sus riquezas, poco habría de servirles para ser aprobados por el Señor para vida sempiterna, c osa contraria ocurre con el l verdadero cristiano libre en la Palabra Santa que no necesita de posesiones ni riquezas para agradar a Dios.
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El mundo ofrece más de lo necesario, y aún los cristianos nos vemos a ser tentados a su seducción al perder la sensatez y la sobriedad de la medida. La televisión está plagada de anuncios publicitarios lucrativos astutamente preparados para envolver psicológicamente a las incautas víctimas y de esa manera desembolsarlas olímpicamente, que prefieren morirse de hambre y atiborrarse de deudas con tal de presumir sus avanzados teléfonos celulares y el auto nuevo que compraron, que solamente Dios sabrá, cómo los habrán de pagar. El cristiano obligadamente tiene que discernir en la maldad promocional mercantil del sistema del mundo, que se encuentra al otro lado de la raya de los anunciados santos, porque al envolverse en su medio, se hace partícipe con el mundo constituyéndose enemigo de Dios (Stg. 4:4): Lo material por una vida espiritual que surge de la Palabra de Dios. Se promocionan por los medios informativos cosas fatuas y vaporosas, que son atractivas para la mente humana que es carnal. El Baal moderno del consumismo desequilibrado, no sol resulta un imán para los inconversos, sino tambien para muchos cristianos con marcadas tendencias horizontales (terrenales). Si usted tiene su carrito viejo, pero servible, no sea tentado a pensar envidiosamente en: « ¡Qué daría por tener ese auto nuevo como el del vecino!», que es mundano hasta las cachas y el sombrero.
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Conténtese con lo que Dios le ha dado, hermano. Yo le pregunto a usted, ¿Es mejor tener todo lo qué el mundo ofrece por la valiosísima misericordia de Dios mostrada por medio de Jesucristo para vida eterna sin tener nada? ¿Tendrá provecho ganar todo el mundo sin Dios? Cuando uno piensa como en el ejemplo del anhelo del auto nuevo, seguramente deberá estar pasando en el corazón del creyente algo muy terrible. Aquí yo sólo veo carnalidad y nada de espiritualidad. Nada de Biblia, mucho mundo. No creo que Dios esté contento con semejante manera de pensar terrenal. Como escribió el apóstol en cierta carta: Ocupémonos de nuestra salvación con temor y temblor.
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Busquemos con denuedo el reino de Dios y su justicia primero (Mt.6:33), porque Dios sabe de lo que necesitamos (Mt.6:32), sin dejar de pedir, en el orden de la buena medida, por el pan nuestro de cada día, (Mt.6:11). Para terminar, concluyo con siguientes textos relacionado con lo antes dicho:
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«Si pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, y no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida esta escondida con Cristo en Dios» (Col.3:1, 2).
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Dios les bendiga siempre, hermanos y amigos míos.

martes, 13 de enero de 2009

¿ESTÁ LA TRINIDAD EN EL ANTIGUO TESTAMENTO?



“No hay en el Antiguo Testamento ninguna indicación de distinciones en la Divinidad; Es un anacronismo encontrar ya sea la doctrina de la Encarnación o aquella de la Trinidad en sus páginas ” (”Dios,” Enciclopedia de Religión y éticas, Vol. 6, p. 254).


“Los teólogos hoy están de acuerdo de que la Biblia hebrea no contiene una doctrina de la Trinidad” (La Enciclopedia de Religión, ed. Mircea Eliade, Compañía de publicación Macmillan, 1987, Vol. 15, p. 54).

“La doctrina de la Trinidad no es enseñada en el Antiguo Testamento”(La Nueva Enciclopedia Católica, 1967, Vol. XIV, p. 306).


“El Antiguo Testamento no nos cuenta nada explícitamente o por implicación necesaria sobre un Dios Triuno que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.… No hay prueba de que algún escritor sagrado aun sospechara la existencia de una Trinidad dentro de la Divinidad.… Incluso el querer ver sugerencias del Antiguo Testamento de prefiguraciones o señales de la Trinidad de personas, es ir más allá de las palabras e intenciones de los escritores sagrados ” (Edmund J. Fortman, El Dios Triuno, Casa de libro Baker, 1972, pp. xv, 8, 9).

“El Antiguo Testamento es estrictamente monoteísta. Dios es un ser personal único. La idea de que una Trinidad debe encontrarse allí, está completamente sin fundamento alguno”.

“No hay un quiebre entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La tradición monoteísta es continuada. Jesús fue un judío, adiestrado por padres judíos en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento. Su enseñanza fue judía hasta la médula; Un nuevo evangelio ciertamente pero no una teología nueva…Y él acogió como su creencia el gran texto del monoteísmo judío:Oíd, Oh Israel, el Señor nuestro Dios es un Dios ” (L.L. Paine, Una Historia Crítica de la Evolución del Trinitarianismo, Houghton Mifflin y Co., 1900, p. 4).

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¿ESTÁ LA TRINIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO?



Concilio de Nicea

“Ningún Apóstol habría soñado con pensar que hay tres personas divinas” (Emil Brunner, Doctrina Cristiana de Dios, Dogmática, Vol. 1, p. 226).

“Los teólogos también están de acuerdo de que el Nuevo Testamento no contiene una doctrina explícita de la Trinidad” (la Enciclopedia de Religión, Vol. 15, p. 54).

“Los escritores del Nuevo Testamento… no nos dan una doctrina formal o formulada de la Trinidad, ninguna enseñanza explícita de que en un Dios hay tres personas divinas iguales... En ninguna parte encontramos alguna doctrina trinitaria de tres distintas personas divinas en la misma Deidad” (Fortman, El Dios Triuno, pp. xv, xvi, 16).

“Ni la palabra Trinidad ni la doctrina explícita aparecen en el Nuevo Testamento” (La Nueva Enciclopedia Británica, 1985, Vol. 11, p. 928).

“En cuanto a lo que concierne al Nuevo Testamento, uno no encuentra en él una doctrina real de la Trinidad” (Bernard Lohse, Un Compendio de Historia de la Doctrina Cristiana, Filadelfia: La prensa de la fortaleza, 1966, p. 38).

“El Nuevo Testamento no contiene la doctrina desarrollada de la Trinidad” (El Nuevo Diccionario Internacional de la Teología del Nuevo Testamento, ed. Colin Brown, Zondervan, 1976, Vol. 2, p. 84).

“A La Biblia le falta la declaración expresa de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son de igual esencia” (Karl Barth, citado en el Nuevo Diccionario Internacional de la Teología del Nuevo Testamento, de arriba).

“Jesucristo nunca mencionó tal fenómeno, y en ninguna parte del Nuevo Testamento aparece la palabra Trinidad. La idea fue sólo adoptada por la Iglesia trescientos años después de la muerte de nuestro Señor” (Arthur Weigall, El Paganismo en nuestra Cristiandad, G.P. Putnam y los Hijos, 1928, p. 198).

“La Cristiandad primitiva no tuvo una doctrina explícita de la Trinidad como fue subsiguientemente elaborada en los credos” (el Nuevo Diccionario Internacional de la Teología del Nuevo Testamento, Vol. 2, p. 84).

“Los cristianos antiguos, sin embargo, al principio no pensaron acerca de aplicar la idea de TRINIDAD a su propia fe. Pagaron sus devociones a Dios el Padre y a Jesucristo, el Hijo de Dios, y reconocieron...al Espíritu Santo; Pero no hubo pensamiento de que estos tres fueran una Trinidad real, coiguales y unidos en Uno” (Arthur Weigall, El Paganismo en Nuestra Cristiandad, p. 197).

“Al principio la fe cristiana no fue Trinitaria… no fue así en las edades apostólicas y subapostólicas, como están reflejadas en el Nuevo Testamento y otras escrituras cristianas primitivas” (la Enciclopedia de Religión y éticas, ed. James Hastings, 1922, Vol. 12, p. 461).

“La formulación ‘Un Dios en tres Personas ‘ no fue sólidamente establecida, ciertamente no asimilada plenamente en la vida y en la profesión de fe cristianas” antes del final del siglo cuarto… entre los padres Apostólicos no hubo nada remotamente aproximado a tal mentalidad o tal perspectiva” (la Nueva Enciclopedia Católica, 1967, Vol. 14, p. 299).

‘El Nuevo Testamento no da ninguna noción de la enseñanza de Calcedonia. Aquel concilio no sólo reformuló en otro lenguaje los datos del Nuevo Testamento sobre la constitución de Jesús, sino que también lo reconceptualizó a la luz del pensamiento filosófico Griego. Y aquella nueva conceptualización y nueva formulación van más bien mucho más allá de los datos del Nuevo Testamento’ (un Catecismo Cristológico, Prensa Paulista, p. 102).

EL LENGUAJE DEL REINO EN EL SEGUNDO SIGLO


Justino Mártir



1.- “Los apóstoles fueron hacia adelante en la seguridad del Espíritu Santo predicando las buenas noticias de que el reino de Dios va a venir”(1 Clem. 42:3).

2.- “Aquellos que han sido perfeccionados en el amor según la gracia de Dios tienen un sitio entre los piadosos que se manifestarán en la visita del reino de Cristo” (1 Clem. 50:3).

3.- “La promesa de Cristo es grande y maravillosa y es el descanso del reino entrante y de vida eterna” (2 Clem 5:5).

4.- “si nosotros no conservamos nuestro bautismo puro e impoluto, ¿con qué confianza entraremos en la casa real (reino) de Dios? (2 Clem 6:9).

5.- Amémonos para que todos nosotros podamos entrar en el reino de Dios”(2 Clem 9:6).

6.- hacemos justicia ante Dios, entraremos en su reino y recibiremos las promesas ‘ que ningún oído ha oído ni ojo ha visto ni ha entrado en el corazón de hombre (2 Clem 11:7).

7.- “Papías dice que habrá un milenio después de la resurrección de los muertos, cuándo el reino de Cristo será establecido en forma material en esta tierra” (Eusebio, Historia de la iglesia 3.39.12).

8.- “Cerinto… dice que después de la resurrección la casa real de Cristo estará en tierra” (Gayo de Roma de la Historia de la iglesia de Eusebio 3.28.2).

9.- “Trifo dijo, ‘ Estas y análogas Escrituras, señor, compélanos a esperar por él quien, como Hijo del Hombre, recibe del Anciano de días el reino eterno El Diálogo del Justino 32.

10.- “Tripo contestó… ‘Que el Cristo debe venir otra vez en la gloria y recibir el reino eterno de todas las naciones cuando cada reino es supeditado a él es suficientemente mostrado por las Escrituras relatadas por usted (Diálogo 39).

11.- “Él levantará a todos los hombres de la tumba y nominará unos para ser incorruptibles, inmortales, y liberar del pesar en el reino eterno e imperecedero…” (Diálogo 117).

12.- “(A los nietos de Judas, el hermano de Jesús según la carne) se les preguntó (por las autoridades) concerniente al Cristo y su reino, su naturaleza, origen, y su tiempo de aparición, y ellos explicaron que no es de este mundo ni terrenal, sino Celestial y angélico, y estará en el fin de mundo, cuándo él vendría en gloria para juzgar a los vivos y los muertos” (Hegesipo de Eusebio, Historia de la Iglesia 3.20.4).

13.- “Díganle a mi pueblo que les daré el reino de Jerusalén que le habría dado a Israel. … El reino está ya preparado para ustedes: ¡Estén atentos”! (4 Esdras 2:10-13).

14.- Gen 49:10f., “Para quien está guardada una monarquía en el cielo… Él es la expectación de las naciones… porque esperamos que él restablezca el reino ” (La Prueba de la Predicación Apostólica 57).

15.- Cristo ha recibido de su Padre un reino eterno en Israel (En contra de las Herejías 3.12.13).

16.- “Esos que traman la idea de otro Dios además de él quién hizo que las promesas para Abraham están fuera del reino de Dios … acometer contra nada y blasfemar a Dios, quien introduce a través de Jesucristo a Abraham para el reino de los cielos” (En Contra De las Herejías 4.8.1).

17.- “Abraham creyó en cosas del futuro como si fuesen ya consumadas, por la promesa de Dios; Y asimismo nosotros también, por la promesa de Dios, contemplamos a través de la fe esa herencia en el reino ” (En Contra De Herejía 4.21.1).

18.- “Él en su segunda venida primero despertará de su sueño a todas las (personas justas) y los levantará, así como también el resto que serán juzgados, y les da un lugar en su reino” (En Contra De las Herejías 4.22.2).

19.- Salomón “prefiguró de antemano el reino de Cristo”. “debemos tener miedo no sea que… no obtengamos más perdón de pecados sino que nos quedemos fuera de su reino” (En contra de Herejías 4.27.1,2, refiriéndose a un “cierto presbítero”.).

20.- “Introducir para los justos los tiempos del reino, eso es el descanso, el día séptimo consagrado, y restaurar para Abraham la herencia prometida (el reino) ” (En Contra De las Herejías 5.30.4).

21.- “La bendición prevista, por consiguiente, pertenece incuestionablemente a los tiempos del reino, cuando los justos gobernarán después de su resurrección de la tumba” (En Contra De las Herejías 5.33.3).

22.- “Los justos reinarán en la tierra… y se acostumbrarán a compartir la gloria de Dios el Padre, y gozarán en la asociación del reino y comunión con ángeles santos” (En Contra De las Herejías 5.35.1; llamado “los tiempos del reino” en 5.35.3).

23.- “Porque en los tiempos del reino el hombre justo que está en la tierra se olvidará entonces de morir”. (En Contra De las Herejías 5.36.2).

24.- “Juan previó la primera resurrección del justo y la herencia en el reino de la tierra. … Pues el Señor también enseñó estas cosas, cuando él prometía que él prometió beber de la copa con sus discípulos en el reino. … El mismo Dios el Padre… cumple en la resurrección de los justos las promesas para el reino de su Hijo ” (En Contra De las Herejías 5.36.3).
“Porque dos advenimientos de él son predichos: Uno en la humillación, el cual él ha logrado; El otro en la gloria, que se espera sea consumado, cuándo él vendrá a darle el reino a aquellos que creen en él y que observan todas las cosas que él ha mandado…” (Ps. Clemente, Reconocimientos 1.69).

domingo, 11 de enero de 2009

¿ACASO LLAMÓ DAVID AL MESÍAS, DIOS, EN EL SALMO 110:1?




Un pasaje Común que es a menudo citado por Trinitarios para tratar de probar la divinidad de Jesús es el Salmo 110:1. Los cristianos trinitarios consideran que este verso claramente prueba que Jesús es Dios debido al hecho que David le llama su Señor. El pasaje dice:“El Señor dijo a mi señor, Siéntate a mí diestra, hasta que haga a tus enemigos tu banquillo”.

Después de leer este pasaje, el cristiano trinitario común dice que aquí está la prueba de que Jesús Mesías es Dios, puesto que David le llama su señor. Los Trinitarios también consideran que este verso prueba la Trinidad misma igualmente, puesto que el verso dice ‘y el Señor dijo a mi señor’, básicamente tenemos a Jehová, así como también al Mesías.
¡En contra del reclamo trinitario, el Sal 110:1 es la máxima prueba y evidencia de que el Mesías no es Dios!

Como todos nosotros sabemos, la Biblia Hebrea fue escrita en Hebreo, y fue oralmente transmitida en el lenguaje Hebreo. Por eso debemos ir al lenguaje Hebreo y debemos encontrar las palabras señor en Hebreo, y recién entonces podremos correctamente comprender este verso que para algunos es polémico.

Cuando uno va y lee al Hebreo, uno se encontrará con que la palabra señor que es usada con atención al Mesías es llamado Adoni. Básicamente aquí está el verso otra vez excepto que esta vez pondré las palabras hebreas entre corchetes:

“El SEÑOR (Yahweh-Jehová-Adonai) dijo a mi Señor (ADONI), Siéntate a mi diestra, hasta que haga a tus enemigos tu banquillo”.

La primera cosa que todos deberían notar son las claras distinciones, el verso dice: ‘y Jehová dijo a mi Adoni’. Si David realmente hubiese creído que el Mesías era Dios, entonces él le pudo haber hecho aun más claro, diciendo: “y Jehová le dijo a mi Jehová”.

Ahora viene el problema principal para el trinitario, y básicamente el clavo en el ataúd. La palabra Adoni en la Biblia Hebrea nunca es usada con atención a Dios, más bien la palabra Adoni es siempre usada en lo referente a hombres! Adoni es siempre usada en lo referente a líderes y jueces en medio de los hombres.

La gente no debe hacérseles un lío ahora; en el lenguaje hebreo existe la palabra Adoni, la cual es la que tenemos aquí, y la palabra Adonai. Sin embargo, éstas son dos palabras diferentes, de hecho en la Biblia Hebrea la palabra Adonai es algunas veces usada en lo referente a Dios, así es que eso nos hace preguntar, ¿por qué David no diría Adonai en vez de Adoni? ¡Pero aun si David llamara al Mesías Adonai, no haría al Mesías Dios porque la palabra Adonai sirve también para hombres igualmente!

El hecho de que David llame al Mesías Adoni es una indicación evidente que David no creyó que el Mesías fuese Dios, ya que la palabra Adoni no sirve nunca para Dios, excepto más bien para líderes y jueces. Por lo tanto David no creyó que el Mesías fuese Dios, más bien él creyó que el Mesías era un líder, un profeta y siervo justo de Dios.

Esta es también una razón porqué los judíos nunca creyeron que el Mesías fuera Dios igualmente, y este verso aquí es uno de los principales motivos para esta creencia!

Así que, para resumir, tenemos:

- David llama al Mesías Adoni
- La palabra Hebrea Adoni nunca es usada en lo referente a Dios
- La palabra Hebrea Adoni es siempre usada en lo referente a hombres
- Por eso David creyó que el Mesías sería un hombre
- El Mesías no es Dios

Muy simple!

Hay una bella ironía para esta discusión, porque como más temprano indiqué en este artículo, este verso es una gran prueba y una evidencia de que el Mesías no es Dios. La ironía es preciosa. Un verso que es usado por los trinitarios para “probar” la divinidad de Jesús es de hecho un verso que prueba todo lo contrario, a pesar de las rabietas del Sr. Santomauro. Definitivamente Jesús NO es Dios sino más bien un hombre majestuoso, el Señor Mesías de Israel!
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sábado, 10 de enero de 2009

LA INCONCEBIBLE TRINIDAD


¡Uno, y nada más!

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Y conozcan que tu nombre es Jehová;Tú solo Altísimo sobre toda la tierra» (Sal.83:18).

«…En las palabras de un clérigo británico, él mismo siendo Trinitario, dice: “la razón es insultada y la fe se queda medio estupefacta frente a la Trinidad”».

«Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios» (Mr.12:28-33).

En un principio, el pueblo judío fue enseñado en una doctrina monoteísta.

«Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo, que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto» (Is.45:5-7).

En los Evangelios, Cristo jamás discutió que fuera parte de un Dios compuesto por tres personas distintas, co iguales en tres sí, sin faltar mencionar, eternas. La pregunta esmaltada de fina ironía y formulada por aquel escriba conocedor del Dios presentado y develado en el Antiguo Testamento, es contestaba con simple obviedad que el escriba no se sorprende de la respuesta dada por el Hijo de Dios, al decir que: «El Señor es nuestro Dios, el Señor uno es». Esto no genera conflicto, al contrario, se aprecia el claro apruebo cuando el escriba exclama: «Bien, maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él…». Si Cristo hubiese dicho ser parte de una Deidad trinitaria, estamos seguros que el escriba sin tardanza refutaría correctamente la presunción del Mesías de hacerse igual a Dios. Cristo nunca alegó ni insinuó tampoco ser una persona distinta pero inherente a la Deidad. Esta absurda cohesión, únicamente la conciben las mentes confundidas por la ignorancia bíblica y por el error doctrinal que agitan aguas sucias y turbulentas para ahogar la razón, dejándola puspa, macilenta y desnutrida.

Antes que se cristalizaran en los sucios rincones de las mentes oscuras y profanas los desquiciados credos de Nicea y de Atanasio que trasudan con descaro inmovible la perversidad trinitaria, para nadie era extraño saber en un inicio de la fundación de la Iglesia cristiana que el Dios de Abraham, de Moisés, de Isaac y Jacob, de reyes y profetas del pueblo de Israel siempre fue Uno. No hay indicios de un conocimiento previo por parte de los primeros cristianos de un Dios compuesto por tres personas co-sustanciales, raramente jerarquizadas.

El credo niceno exhala la trinidad, contrariamente de lo que piensa el Sr. Tito Martínez, que por ser henoteísta, declara que Cristo es “dios”, uno menor que el Padre, uno que es “segundo”, ignorando al Espíritu Santo. El credo niceno auspicia el pseudo misterio abigarrado trinitario, proclamando que el Espíritu Santo es una “tercera persona” co-igual al Padre y al Hijo. Se deduce por la secuencia y la tan clara pretensión:

«Y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, procedente del Padre y del Hijo, el cual con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado…».

¿Queda claro el asunto Sr. Tito Martínez?

El credo niceno y de Atanasio disturbian el concepto veraz de la unipersonalidad de Dios, de acuerdo al Antiguo Testamento. Para nadie era extraño saber que el Dios de Abraham, de Moisés, de Isaac y Jacob, de reyes y profetas del pueblo de Israel siempre fue Uno. No hay indicios de un conocimiento previo por parte de los primeros cristianos de un Dios compuesto por tres personas co-sustanciales entre ellas, aunque es merecido comentar por su importancia cronológica que el término «trinitas», que es el latín de «trinidad», fue utilizado por vez primera por el teólogo latino Tertuliano en el siglo II, pero no fue hasta en el Concilio de Nicea en el ańo 325 que se estableció oficialmente como Símbolo Niceno de la fe cristiana.

«Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios» (Is.44:6).

« No temáis, ni os amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno» (Is. 44:8).

Teniéndose en mente la singularidad en la que habla Jehová, el Padre: «…y fuera de mí no hay Dios», «No hay Dios sino yo», es sensato admitir que dos personas más de una supuesta trinidad no cabrían en la lógica de estas declaraciones hechas por el mismo Dios del cielo: saldrían sobrando, sin la menor duda.

En Nuevo Testamento apreciamos la misma línea veterotestamentaria acerca de la unipersonalidad de Dios:

«…para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él» (1 Co.1:8:6).

Es tan transparente la distinción que Pablo realiza en este texto entre el Padre, que es Dios, y Jesucristo, que es el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre (O es Hijo de Dios, o es Dios, sencillo y punto). Éste último, Cristo, no está involucrado en la naturaleza propia de la Deidad y que le compete al Padre precisamente. Es racional y evidente por lo que Pablo escribe, que sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas. Con esto se resuelve que él, con exclusividad, es el creador de ellas en general. No hay nada que indique la participación de otros agentes deíficos para tal efecto. ¿No lo muestra de ese modo el versículo a tratar? Por lo tanto, es imposible que el Hijo sea «Dios» también. Exentamos incuestionablemente esta probabilidad.

«Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos» (Mt.23:9).

En este texto tan leído por tantos trinitarios, pero cuyo contendido real ha sido velado, en mucho, por el mismo diablo (2 Co. 4:4), el Señor declara que a nadie en esta tierra o mundo deberá llamársele Padre, y se entiende, con relación a la divinidad de Dios. Vimos en 1 Co.8:6 que Pablo afirma que sólo el Padre es Dios. Aquí se echa por tierra la mentira de que Cristo sea llamado en la tierra «Padre» o «Dios», en el sentido de la Deidad, como es costumbre que lo hagan los católicos y protestantes trinitarios que han sido amamantados con infecto calostro de dogmatismos extravagantes por la antigua madre fornicaria que surgió al mezclare el cristianismo con el paganismo religioso en los primeros siglos de nuestra era, y me refiero, a la apóstata Iglesia católica romanista. Si alguien piensa que nuestra posición es incorrecta, de manera automática haría de Cristo y de Pablo unos perfectos mentirosos, de primera clase y de calibre cósmico.

Se habrá de considerar con mucha seriedad que la palabra «dios» («Elohim», heb.) no siempre se relaciona con la Deidad, con el Dios Todopoderoso, Omnipresente y Omnisciente. Este término se ha utilizado en aquellos hombres mortales y fallidos cuando han representado al «Eterno Divino» en la tierra (Léase por favor: Ex.7:1; Sal. 82:1, 6-7).

Un autor cristiano unitario comenta al respecto con atinada y absoluta verdad. Esto, que me parece tan convincente, lo hemos plasmado en comentarios y escritos ya en otras ocasiones para que se logre entender... Es nuestro más vivo y ferviente deseo:

«…Dentro de las páginas del Evangelio de San Juan Jesús nunca se refirió a sí mismo como Dios. El hecho es que el Nuevo Testamento aplica la palabra «Dios» en su forma Griega «ho tehos» a Dios, el Padre solamente unas 1350 veces. Las palabras «ho tehos» (el único Dios), usadas absolutamente, no son aplicadas con certeza en ninguna parte a Jesús. La palabra que Tomás usó para describir en Juan 20:28 fue en efecto «tehos». Pero Jesús mismo había reconocido que el Antiguo Testamento llama a los jueces «dioses», cuando él se refirió en Juan 10:34 al Salmo 82:6: «…Yo dije, dioses sois?» «Tehos» (aquí en el plural «tehoi») aparece en la Septuaginta Griega del Nuevo Testamento como un título de los hombres que representan al único Dios verdadero».

Al igual que Moisés y los Jueces, Cristo también cae en la misma lista, aunque superior a todos por su especial propósito (véase Heb. 3:3), de dichos representantes:

«Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno,
Príncipe de Paz» (Is.9:6).

Por otro lado, se ha tratado de justificar con grande error, a través del siguiente texto espurio que fue introducido con forzada deliberación en la primera carta juanina, la existencia de un Dios trino:

«Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno» (1 Jn.5:7).

Para los que no lo saben, en este punto la Vulgata Latina da las palabras en el Textus Receptus, que no aparece en ningún Ms. excepto en dos cursivos tardíos (el 162 en la Biblioteca Vaticana, del siglo quince, y el 34 del siglo dieciséis en el Trinity Collage de Dublín). Jerónimo lo tenía. Cipriano aplicó el lenguaje de la trinidad, y prisciliano lo tiene, es evidente su inconstancia. De importancia suma, es vital comentar, que Erasmo no lo incluyó en la primera edición, pero se ofreció precipitadamente a insertarlo si un solo Ms. griego lo tuviera. Se le presentó el Número. 34, como si hecho bajo pedido. La edición espuria es: «en töi ouranöi ho patër, ho logos kai to hagion pneuma kai houtoi hoy treis hen eisin kai treis eisin hoy marturountes en tëi gëi» (en el cielo, el padre, el Verbo, y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y hay tres que dan testimonio en la tierra). Algún escriba latino se asió a la exégesis de Cipriano, y lo escribiría en el margen de su texto, y así se introdujo en la Vulgata latina, y finalmente en el Textus Receptus al plegarse Erasmo de las presiones sobre él ejercida (Comentario al Texto Griego del Nuevo testamento, de A.T., de Robertson, página 625).

En ningún lado de las Santas Escrituras se evidencía el más mínimo esbozo de la doctrina trinitaria, no encontramos ni tan siquiera una leve insinuación de ésta. Las malas apreciaciones exegéticas y sintácticas de la Biblia han puesto en el pedestal de la herejía y de la condenación a los que acariciado con ternura su maldad. ¿Cómo pude llamarse un cristiano verdadero a quien ha amado la magna mentira de la trinidad? Hemos visto, que el Shemá judío presenta con harta y diáfana clareza al Dios unipersonal, al verdadero único, sin jamás provocar en el pensar la abstrusa conceptualización de un Dios a manera de «Hidra griega de tres cabezas».

El credo de Atanasio, o símbolo Quicumque, que a pesar de no haber sido estructurado por algún concilio ecuménico, pero que armoniza con fidelidad asombrosa con el nicenico, alcanzó ancha autoridad que entró en el uso litúrgico, para tenerse como “verdadera definición de fe”. Esta es una parte de él:

«…Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad de la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha sentir de la Trinidad».

El creado de Atanasio, así como el nicenico, son seguramente incompatibles por sus contenidos con el del Shemá judío, que presenta al Dios único y eterno sin tener problemas de extraños “aderezos” místico-paganos como los que sí poseen los nombrados credos que han confundido en todos los tiempos a las gentes escasas en las Sagradas Escrituras. El rechazo que nació de los judíos para con Cristo, no fue porque estos creyeron que era Dios, viéndolo dentro de una perspectiva célica y divina, como una parte de la Deidad, como piensan muchos todavía por fatal desgracia, sino que jamás asumieron que fuera un enviado de Dios, el Mesías prometido que libraría a la nación de Israel del yugo del gobierno romano y que instalaría de inmediato el reino teocrático para regirlo con vara de hierro y con justicia (Sal. 2; Ap. 2:27). Rechazaron toda idea de que Cristo, como el intachable hombre que miraban (Jn.8:46), fuera un representante en el mundo del Perfecto Invisible (Jn.10:33), mas ahora, es, el supremo agente humano glorificado, el mediador entre Dios y los hombres terrenales (1 Tim.2:5), del que nosotros «somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos» (Ef.5:30).

Para concluir el escrito, lo dejo hermano y amigo mió que nos visita con las palabras uno de los más grandes eruditos de la teología unitaria del siglo veinte y veintiuno, Sir Anthony Buzzard:

«Cuando se cambia el verdadero fundamento de una religión, se requiere una explicación para ello. Semejante drástica revolución teológica no pasa inadvertida; nótese los volúmenes escritos y a las a veces a las sangrientas controversias disputadas por los defensores de la Trinidad contra las protestas de los estrictos unitarios. Hubiera sido razonable y aceptable una revelación divina para introducir la creencia en un Dios tri-personal. Pero donde ambas: la revelación está carente y la razón violada, existe poca base para aceptar una semejante idea extraordinaria como la Trinidad».

Amén.