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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

martes, 12 de agosto de 2008

EL SÁBADO Y EL CRISTIANO

LA PALABRA SÁBADO es prominente en el vocabulario cristiano. Su significado literal es “descansar”. La palabra aparece en la Biblia por primera vez en Éxodo 16:23. Al recoger el maná diario que el Señor les proveyó, los israelitas tuvieron que recoger doble la cantidad en el sexto día para que tuvieran una fuente adecuada para el séptimo, el cual el Señor declaró como un Sábado, o día de descanso. Luego, cuando la Ley de Dios fue dada a Israel, la observancia del séptimo día de la semana como un Sábado, o tiempo de descanso, llegó a ser el cuarto de los Diez Mandamientos. Para Israel, la observancia del Sábado era una parte vitalmente importante de su servicio a Dios, tanto que la penalidad de muerte sería infligida sobre los que no obedecían este mandamiento. (Éxod. 35:1, 2) El Nuevo Testamento no contiene ninguna instrucción en cuanto a la observancia de un Sábado semanal, pero ha sido asumido por muchos que fue la intención de Dios de que el mandamiento de la Ley concerniente al Sábado continuara en la iglesia cristiana.

En su Sermón del Monte, Jesús dijo, “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.” Para la raza condenada y moribunda de la humanidad el cumplimiento de la Ley fue imposible, puesto que ninguno de ellos pudo estar a la altura de su estándar perfecto de la justicia. Pero, Jesús, siendo perfecto, pudo guardar la Ley invioladamente. Siendo un judío y, por eso, bajo el pacto de la Ley, él observó el Sábado del séptimo día, aunque tenía un concepto diferente de su significado que tenían los líderes religiosos de su día.

A causa del hecho de que Jesús curó a un hombre enfermo en el Sábado, sus enemigos “procuraban matarle”, y hubieran sido obligados a hacerlo si él hubiera quebrantado el Sábado de verdad. La respuesta de Jesús a sus enemigos fue, “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” (Juan 5:17) Esto enfatiza que la mera abstención de toda actividad no era el significado verdadero del Sábado, porque tanto el Padre celestial como Jesús trabajan en este día. Jesús curó a los enfermos.

En Marcos 2:23, 24, 27, 28 hay otra lección importante que Jesús lleva a nuestra atención. Él y sus discípulos caminaban por un campo de maíz en el Día Sabático, y mientras andaban, los discípulos arrancaban espigas, evidentemente para su propio uso. Esto fue algo distinto de la curación de los enfermos en el Sábado, y de acuerdo con la letra estrecha del cuarto mandamiento hacer esto fue incorrecto, así que los fariseos le preguntaron, “¿por qué hacen en el día de reposo lo que no es lícito?” La respuesta de Jesús fue, “El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo.”

Evidentemente el pensamiento en este caso es que el mandamiento que requirió que los israelitas descansaran cada séptimo día fue diseñado para su bien, no para su daño. Los discípulos tenían hambre, y hubiera sido un mal entendimiento del propósito del Sábado suponer que la Ley al respecto significaría que debieran abstenerse de satisfacer su hambre. Y estamos felices por la declaración de Jesús que llegó a ser el “Señor aun del día de reposo,” porque sabemos que su interpretación de ello es correcta. Cualquier cosa que Jesús impuso sobre sus seguidores en cuanto al Sábado se debe obedecer.

En su Sermón del Monte, Jesús dijo, “De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos.” (Mat. 5:19) ¿A cuales mandamientos se refiere Jesús? Podemos ser guiados solamente por los siguientes comentarios en los cuales él cita parcialmente cuatro de los mandamientos — dos del Decálogo y dos que no fueron parte de él. Los primeros dos fueron requisitos morales — “No matarás” y “No cometerás adulterio.” — vss. 21, 27

El tercer mandamiento citado por Jesús fue la expresión de la justicia de la Ley — “Ojo por ojo, y diente por diente.” (vs. 38) En cada caso, refiriéndose a uno u otro de los mandamientos, Jesús les dio un significado superior a lo que jamás había enseñado antes. En vez de insistir en “ojo por ojo”, él exhortó a sus seguidores a no resistir lo malo, sino “antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” — vs. 39

El cuarto mandamiento citado por Jesús fue, “Amarás a tu prójimo,” al cual la tradición judía había añadido, “y aborrecerás a tu enemigo.” (vs. 43) Se hará patente que todos los cuatro mandamientos que Jesús dijo que no se deben quebrantar pertenecen a las relaciones humanas, enfatizando el estándar alto de la ética moral que debe gobernarlos, especialmente cuando los examina a la luz del significado más fino y exacto que Jesús les dio.

¿Mandó Jesús a sus seguidores, en cualquiera de sus enseñanzas, a observar el Sábado del séptimo día? Además, si fuera el diseño de Dios que el cuarto mandamiento continuara en la dispensación cristiana, entonces sería obligatorio para los que tienen puestos de autoridad en la Iglesia de imponer la penalidad mencionada en la Ley al fallar de obedecerlo. Como hemos visto, esa penalidad era la muerte. ¿Enseñó Jesús esto?

Jesús comenzó su Sermón del Monte con la presentación de las bienaventuranzas — “Bienaventurados los pobres en espíritu”; “Bienaventurados los que lloran”; “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”; “Bienaventurados los misericordiosos”; “Bienaventurados los de limpio corazón”; “Bienaventurados los pacificadores”; y “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia.” — Mat. 5:1-10

Si la observancia del séptimo día de la semana como uno de descanso hubiera sido considerado por Jesús como algo vital para la salvación, hubiera sido lógico para él de añadir, “Bienaventurados los que guardan la santidad del día sabático,” pero no lo hizo. En su Sermón del Monte, Jesús se refirió a muchos detalles de la vida cristiana — las relaciones domésticas, el quitar la vida humana, el amor por nuestros enemigos, la oración, etc. — pero no dijo nada acerca de observar el Sábado. No hay mención del Sábado tampoco en las numerosas parábolas de Jesús.

Su Último Mandamiento

Poco antes de que Jesús dejó a sus discípulos y regresó a las cortes celestiales, les dijo, “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” — Mat. 28:19, 20

Aquí, de nuevo, no encontramos ninguna mención de un Sábado del séptimo día. Ni tampoco podemos asumir que se incluye en la declaración, “todas las cosas que os he mandado,” puesto que Jesús nunca había dado ningún mandamiento como tal a sus discípulos. La honestad en el uso de la Palabra de Dios nos impela reconocer que en lo que concierne los mandamientos personales y directos de Jesús, éstos no incluyen la observancia de un Sábado del séptimo día.

Empezando en el Pentecostés, los apóstoles escribieron y hablaron bajo la inspiración del Espíritu Santo. El primer sermón de Pedro, predicado en el Día del Pentecostés, no hizo ninguna referencia al Sábado. (Hechos 2) Poco después, Pedro predicó otro sermón, pero de nuevo no hizo ninguna referencia a la observancia del Sábado. — Hechos 3

Por todo el libro de Hechos, encontramos muchos testimonios sobresalientes de la Verdad de parte de los apóstoles y de parte de otros — algunos dirigidos a los judíos como un pueblo; y algunos a los gentiles — pero en ninguno de ellos se encuentra ninguna mención en absoluto de la observancia de un Sábado del séptimo día. El mártir Esteban no dijo nada acerca de ella. Cuando Pablo testificó ante Félix, Festo, y Agripa, a los judíos en Jerusalén, y a los griegos en el Areópago, no dijo nada acerca de ella.

Las Cosas Necesarias

Una de las cuestiones más difíciles que enfrentó la iglesia primitiva tenía que ver con el tratamiento de los conversos gentiles que buscaban asociaciones de entre los cristianos de origen judío. Esta cuestión se hizo tan seria que una conferencia de los apóstoles fue convocado en Jerusalén en el cual el tema fue discutido y finalmente llegaron a ciertas conclusiones. (Hechos 15:1-10) Aquí abajo es la declaración completa del edicto apostólico que salió de esa conferencia:

“Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.” — Hechos 15:28, 29

¿Debemos acusar a los apóstoles de negligencia al no mencionar una de las cosas “necesarias” y vitales cuando dieron este mensaje a los conversos gentiles? ¡Claro que no! Sin embargo, esto ciertamente fue el lugar lógico para mencionar el Sábado si lo consideraron como una parte esencial de la Ley Divina que deben observar los cristianos gentiles. Pensémonos bien el significado de esta omisión a medida que consideramos nuestra propia relación para con Dios.

En Hechos 20:27, nos informa que el Apóstol Pablo dijo que no había “rehuido anunciaros todo el consejo de Dios.” En vista de esto, es interesante notar que en todas las epístolas y sermones de Pablo él omita mencionar la necesidad de observar el Sábado del séptimo día. Por eso, es imposible escapar a la conclusión de que la observancia del Sábado del séptimo día no sea parte del consejo de Dios para los cristianos.

Muertos Con Respecto a la Ley

En el libro de Romanos, Pablo sí se refiere a la Ley de la cual el mandamiento concerniente al Sábado fue parte, no para imponer esta ley sobre los cristianos, sino para enfatizar que la fe en ésta, y la obediencia al Evangelio nos libera de ella. Él escribió:

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.” — Rom. 7:4, 6, 7

Algunos afirman que la Ley a la cual los cristianos están muertos es meramente la Ley ceremonial, no los Diez Mandamientos. Pero, Pablo no está de acuerdo con esto, porque en su declaración que los cristianos están muertos con respecto a la Ley él cita uno de los Diez Mandamientos — “No codiciarás.” Por eso, no hay la menor duda de qué ley Pablo está hablando.

Por otra parte, algunos adoptan la postura extrema que si la Ley de los Diez Mandamientos no es obligatoria para los cristianos, entonces somos libres para cometer adulterio, codiciar, mentir, y asesinar. Esto es razonamiento superficial. Es moralmente ilícito hacer tales cosas. Estos son pecados crasos. Le causan daño a uno y a otros. Jesús y los apóstoles enseñaron que tales cosas fueron incorrectas y las prohibieron. Sin embargo, no mandaron que el Sábado deba guardarse. No es una cuestión moral, y el hecho de que Jesús y los apóstoles dejaron de mandar su observancia, pero sí hablaron contra los pecados prohibidos por los mandamientos, simplemente enfatiza el hecho de que no consideraron como una necesidad para los cristianos la observancia del Sábado del séptimo día.

No Juzguéis

En Romanos 14:5, 6, Pablo escribió, “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.”

Hay dos puntos que deben observarse en este argumento. Uno es que Pablo no condena a los que juzgan iguales todos los días. El otro es que él coloca la observancia de un día más que otro en la misma categoría de importancia de comer o no comer la carne. Sin importar la razón por la que algunos de los conversos judíos en Roma hicieron diferencia entre día y día, es cierto que los que creyeron que todos los días eran iguales no consideraron como una necesidad la observancia del Sábado del séptimo día. Y es obvio que el Apóstol Pablo no pensaba así tampoco, si no, él hubiera dado una advertencia oportuna a los que no guardaban el Sábado.

Las Cosas que Permanecen

Pablo escribió dos cartas a la iglesia en Corinto, pero en ninguna de ellas hay mención alguna de guardar el Sábado. En el capítulo 13 de 1 Corintios él enfatiza la importancia fundamental del amor como un principio gobernante. Los dones del Espíritu desaparecerían; así también el conocimiento limitado disfrutado en esta vida. Pero tres cosas permanecerían, escribió Pablo — la fe, la esperanza y el amor, el más grande siendo el amor. Si el Sábado del séptimo día fuera un estatuto duradero, ¿por qué el apóstol no lo mencionó? ¿Por qué no dijo que el Sábado permanecería tanto como la fe, la esperanza, y el amor?

La Ley Grabada en Tablas de Piedra

En 2 Corintios 3:3-7, Pablo presenta otra lección importante en la cual él explica que fue la Ley “grabada en tablas de piedra” que “había de perecer.” Fue la Ley de los Diez Mandamientos que fue escrita en tablas de piedra, no la Ley ceremonial. Así que vemos que mientras que Pablo aquí no menciona específicamente el mandamiento del Sábado, él sí declara que el Decálogo entero “había de perecer,” y que durante la edad actual Dios está escribiendo su ley en “tablas de carne del corazón.”

En la epístola de Pablo a la iglesia en Galacia él expresa su preocupación por los que guardan “los días, los meses, los tiempos y los años.” (Gal. 4:10, 11) Criticando este grupo, Pablo escribió, “!Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?” — Gal. 3:1

En Gálatas 3:16-19, Pablo se refiere al pacto de Dios con Abrahán, y explica que la Ley, que fue añadida “cuatrocientos treinta años después,” no pudo anular ese pacto original. “Fue añadida,” explica él, “a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa.” Si la Ley ‘fue añadida hasta que viniese la simiente,’ ¿por qué es necesario, ahora que la simiente ha venido, seguir bajo la Ley?

Algunos argüirán que el Sábado del séptimo día siempre había sido observado. Pero, esto fue una parte de la Ley que Pablo dijo que fue añadida. Esto prueba que no existió antes de Sinaí. Es meramente una suposición que el Sábado del séptimo día fue observado antes de esto. No hay ningún texto en las Escrituras que diga eso. Si hubiera sido la costumbre de Enoc, Noé, Abrahán, Isaac, Jacob, y otros de los patriarcas observar el Sábado del séptimo día, ¿por qué no hay ninguna referencia de ello en los registros históricos de sus vidas?

La Ley de los Mandamientos

En Efesios 2:15, Pablo nos dice que Cristo ha abolido la “ley de los mandamientos.” La versión Reina-Valera añade la palabra “expresados” al traducir el resto del texto, vertiéndolo, “expresados en ordenanzas.” Algunos se han aprovechado de esto para probar que fue solamente las ordenanzas de la Ley que fueron abolidas. Es cierto que las ordenanzas fueron abolidas. Una ordenanza es nada más que un acto de adoración religiosa, como, por ejemplo, el bautismo. Así que el mandamiento del Sábado es en realidad una ordenanza. No fue un mandamiento que gobernaba la conducta moral.

En Colosenses 2:16 leemos, “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo [la palabra ‘días’ fue añadida por los traductores].” Por eso, es obvio que Pablo no consideró la observancia del Sábado esencial para la salvación. Es verdad que había otros sábados observados por Israel además del Sábado del séptimo día. Había los días de fiesta anuales, así como la luna nueva, o los días de fiesta mensuales. Puesto que Pablo los menciona separadamente, su referencia al sábado es definitivamente al Sábado del séptimo día.

El Reposo de Dios

En la carta de Pablo a Timoteo él escribió, “sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente.” Y añade, “conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores.” (1 Tim. 1:8-10) Aquí está una consideración muy importante. Los cristianos que se han dedicado completamente al servicio del Señor, y que están esforzándose en enfocar sus afectos en las cosas de arriba, deben vivir encima de las necesidades de la “ley de los mandamientos.” — Efe. 2:15

En Hebreos 4:1-11, Pablo presenta una lección muy importante y reveladora con respecto a la observancia del Sábado por el cristiano. En el décimo versículo él resume el asunto para nosotros, diciendo, “el que ha entrado en su [del Creador] reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.” Aquí está otro punto importante, ya que se hace la afirmación de que el Sábado del séptimo día sea y siempre será obligatorio en el pueblo del Señor, porque este día se hizo sagrado por el hecho de que Dios reposó en él de su obra de la Creación. El sábado de Dios es sagrado, y aquí el apóstol explica como los cristianos pueden mantener la santidad de él. No es por medio de descansar en el séptimo día todas las semanas, sino por seguir ejerciendo fe en la obra terminada de Cristo.

Nos dicen que el Sábado fue dado a Israel como una “señal.” (Éxod. 20:8-11; 23:12; 31:12-17) Fue o debería haber sido una señal o prueba de la capacidad de Dios de satisfacer todas sus necesidades. Cuando descansaron en el séptimo día abstuvieron de lo que les ayudó a ganarse su vida. Esto, a su vez, llegó a ser un símbolo de un reposo mucho más importante para los cristianos.


Por siglos los israelitas devotos luchaban para obtener la vida bajo los términos de la Ley. (Lev. 18:5; Rom. 10:5; Gal. 3:12) Fracasaron, no porque la Ley fue imperfecta, sino porque fue más allá de la habilidad de cualquier miembro de la raza caída de guardarla. Pero, con la venida de Cristo se abrió “el camino nuevo y vivo” — no un camino nuevo de obras bajo la Ley, sino un camino de fe que capacita a un creyente consagrado a dejar de depender de las obras para obtener la vida, y aceptar en su lugar la provisión de vida hecha para él por Dios por medio de Cristo. — Heb. 10:20; Rom. 3:30; 5:1, 2

Es así que el cristiano entra en el reposo de Dios, descansando de sus propias obras, como lo hizo Dios de las suyas. Cuando Dios terminó su obra original de la Creación él cesó de sus esfuerzos a favor de la raza humana; no en el sentido que ya no cuidaba a sus criaturas humanas, sino porque él entregó el destino final de ellos en las manos de otro, a saber, de Jesucristo, el Redentor y el Salvador.

La pareja perfecta que creó Dios y puso en Edén violó su ley y cayó bajo la condenación de la muerte. Su justicia requirió que murieran, pero su amor proveyó un escape de la muerte, cuyo camino fue provisto por medio de su hijo amado. Jehová sabía que su hijo vendría voluntariamente a la tierra, se haría carne, y sufriría la muerte para satisfacer las demandas de la justicia contra la raza caída. Su fe en el resultado de este plan amoroso de redención por Cristo le capacitó a “reposar.” Y si podamos tener plena confianza también en el Redentor, y en su obra acabada para con nosotros, podamos reposar también de nuestras “obras, como Dios de las suyas.” — Heb. 4:3, 10

Ésta es la explicación de Pablo del reposo de Dios, y de cómo participamos en él. ¡Cuánto mejor es esto en vez de pensar que Dios está inactivo por veinticuatro horas, como si se cansara! No puede ser así ya que el Profeta Isaías escribió, “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio.” (Isa. 40:28) Además, hay mucha evidencia en las Escrituras de que los días de la creación en Génesis no fueron días de veinticuatro horas, sino épocas largas de tiempo. Sobre este punto, referimos al lector a nuestro folleto titulado “Creación.” (En proceso de traducción al español.)

Las dificultades se presentan cuando tratamos de pensar que el sábado de Dios se limita a un periodo de veinticuatro horas cada semana. El día bíblico empieza a la puesta del sol y continúa hasta la puesta del sol de la próxima noche. El séptimo día de la semana se santifica, dicen, por el hecho de que Dios descansa en este día. Así que si descansamos en este día, estamos descansando con Dios.

Pero, ¿qué hacemos con el hecho de que el sol se pone en horas distintas, dependiendo de la parte del globo en la cual uno vive? Hay una diferencia de ocho horas entre el tiempo que se pone el sol en Europa occidental y cuando lo hace en California. Además, hay unas horas de diferencia entre la puesta del sol en el norte y la puesta del sol en el sur. En los círculos árticos y antárticos hay seis meses de día y seis meses de noche. Para guardar un Sábado del séptimo día en estas regiones significaría descansar por un año entero cada séptimo año. ¿Seguiría Dios tal horario en cuanto a su reposo? O, si debiéramos establecer la largura del día según nuestros relojes, ¿sería esto en armonía con la Biblia?

Más aún, ¿cómo podemos estar absolutamente seguros que sábado es, hoy en día, el séptimo día de la semana que fue establecido en Sinaí o en la Creación? Aún si lo fuera en América, no lo sería después de cruzar el meridiano internacional del cambio de fecha. Planteamos estas preguntas solamente para enfatizar cuán débil es el hilo que asegura nuestra esperanza de salvación si depende de descansar un día todas las semanas, y durante las mismas horas que lo hace Dios. Cada cristiano debe decidir para sí mismo cuán importante es este hilo. Pensamos que es mejor basar nuestra esperanza en la roca sólida de Cristo Jesús y descansar por fe en él.

La “Marca” de la “Bestia”

Apocalipsis 13:16 hace referencia a una “marca” que se pone en la mano derecha, o en la frente, de los que adoran una “bestia” particular, o la “imagen” de la “bestia”. Esta marca de la bestia aparece también en Apocalipsis 15:2; 16:2; y 20:4. En Apocalipsis 7:2-4 se hace referencia al “sello del Dios vivo.” Se ha interpretado la marca de la bestia como la observancia del primer día de la semana como el Sábado cristiano, y el “sello del Dios vivo” se ha tomado para simbolizar la adherencia al séptimo día de la semana como el Sábado.

En realidad la palabra sábado no se usa de ninguna manera en el libro del Apocalipsis, ni tampoco se hace ni la más mínima referencia a la observancia del Sábado del séptimo día. No hay ni la más mínima sugerencia en cualquier libro de la Biblia que la observancia del primer día de la semana como el Sábado sea la marca de la bestia. Esto es una interpretación arbitraria que se basa en nada más sustancial que la imaginación teológica.

En Apocalipsis 22:14, según la traducción Reina-Valera de 1909, leemos, “Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad.” La “ciudad” que se menciona aquí se describe en detalle en capítulo 21, y se identifica como “la desposada, la esposa del Cordero.” (Apoc. 21:2, 9, 10) Se dice que los doce cimientos de la ciudad son los “doce apóstoles del Cordero.” (vs. 14) Las doce puertas llevan los nombres de las doce tribus de Israel y son a los cuales se hace referencia en capítulo 7 como tener el “sello del Dios vivo.”

El marco de circunstancias de los capítulos 21 y 22 es de una ciudad que está completa, y de las naciones del mundo que andan en la luz de ella, y de los reyes de la tierra que llevan su gloria en ella. La desposada, la esposa del Cordero — uno de los títulos bíblicos dado a la iglesia de Cristo — se representa en capítulo 22:17 al invitar a cualquier persona que quiera tomar del “agua de la vida gratuitamente.” Por eso, la evidencia es clara que a los cuales se hace referencia en versículo 14 son los que tienen derecho al árbol de la vida por guardar sus mandamientos, no son los seguidores de Jesús de esta edad, sino el mundo de la humanidad durante el milenio.

Hemos considerado este texto porque en algunas traducciones se utiliza la palabra mandamientos. Pero, ¿debemos decidir arbitrariamente que se hace referencia a la observancia del Sábado del séptimo día? No creemos que esto sería buen uso de la Palabra de Dios, especialmente en vista de que no hay ni un solo texto en el entero Nuevo Testamento que dice que la observancia del Sábado del séptimo día es esencial para obtener la vida eterna.

¿Y que hay de la pretensión de que la observancia del Sábado del séptimo día sea el sello del Dios vivo? Esto se basa meramente en la imaginación especulativa. No hay ninguna autoridad bíblica para ello. En Efesios 1:13, el Apóstol Pablo habla de los cristianos como los que son sellados con “el Espíritu Santo de la promesa.” Entonces, los sellados de Dios son los que han recibido su Espíritu Santo, y son llevados y bendecidos por él. En Apocalipsis 7:3 se dice que el sello de Dios se encuentra en la frente. Evidentemente, esto es un símbolo de la influencia esclarecedora del Espíritu de Dios que capacita a los cristianos para que entiendan los planes y los propósitos de Dios.

Las “Marcas”

Puesto que, como hemos visto, no hay ninguna autoridad bíblica para suponer que la marca de la bestia sea la observancia del Sábado del primer día, ¿hay algo en la Biblia que indica lo que significa tal símbolo? Pensamos que lo hay. Creemos que una pista se provee por el Apóstol Pablo en su referencia a “las aflicciones” del Señor Jesús. (2 Cor. 1:5; 11:23-25) En Gálatas 6:17 Pablo escribió, “De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.”

Este lenguaje se basa en la costumbre de los dueños de esclavos en los días del apóstol de herrar a sus esclavos con una marca particular para identificar la propiedad. Pablo había llegado a ser un esclavo de Jesucristo, y en este texto él recuerda a los hermanos de Gálata de este hecho, y que ahora, siendo marcado para el servicio de Cristo, nadie debe tratar de inducirlo a servir a otros amos. Estos fueron las marcas o indicaciones de su relación con Cristo.

¿La Ley de Quién?

Algunos comentaristas de la Biblia afirman que lo que ellos llaman la Ley ceremonial fue aquella dada a Israel por Moisés, mientras que la Ley moral vino de Dios. Hay, por supuesto, una diferencia entre las observancias ceremoniales y los requisitos morales. La observancia del Sábado del séptimo día no fue un requisito moral. Además, la Biblia no apoya el punto de vista de que Dios sea el autor de una, mientras que sólo la autoridad de Moisés estuvo detrás de la otra.

Cualquier persona que desee satisfacerse en este punto lo puede hacer al consultar una concordancia, y comparar tales expresiones como “la Ley del Señor”, “la Ley de Dios”, y “la Ley de Moisés.” Éstas se usan intercambiablemente y así prueban que las leyes de Moisés son tanto leyes del Señor como son las que se dicen que fueron escritas por el “dedo de Dios” sobre tablas de piedra.

Afirmar que las leyes acreditadas a Moisés no son leyes del Señor es una forma de alto criticismo. Repudia el hecho de que este siervo fiel de Dios escribió y habló bajo la inspiración del Espíritu Santo de Dios. Que los rasgos ceremoniales de la Ley provinieron del Señor, así como sus requisitos morales, se demuestra en Lucas 2:22-24. Aquí, se hace referencia tres veces a la ceremonia de purificación que sigue después de que una mujer da a luz. Una vez se llama la Ley de Moisés y dos veces la Ley del Señor.

Cuando Dios habló a Israel desde la nube, el pueblo oyó directamente de él los Diez Mandamientos. El pueblo estuvo aterrorizado al escuchar la voz del Señor, y pidió a Moisés que cambiara este arreglo, y así lo hizo. Deuteronomio 5:22 declara del Señor que “no añadió más.” Esto no significa que el resto de la Ley no fue del Señor. Ni tampoco lo entendieron así los israelitas, ya que dijeron a Moisés, “Acércate tú, y oye todas las cosas que dijere Jehová nuestro Dios; y tú nos dirás todo lo que Jehová nuestro Dios te dijere, y nosotros oiremos y haremos.” (Deut. 5:27)

El Gran Mandamiento

Un abogado preguntó a Jesús, “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” ¿Dijo Jesús que fuera el mandamiento de recordar el día sabático, y explicó él que los que no lo hicieron tendrían la marca de la bestia? ¡No! En respuesta a esta pregunta Jesús no hizo referencia a ninguno de los Diez Mandamientos. Él citó dos mandamientos y ninguno de los cuales estuvieron entre los diez. Él dijo, “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” — Mat. 22:37-40; Deut. 6:5; Lev. 19:18

El que Jesús llamó el gran mandamiento fue escrito por Moisés, pero, por supuesto, bajo la inspiración del Espíritu Santo. La referencia que Jesús hizo de ello ciertamente prueba que él lo consideró tanto uno de los mandamientos divinos, como los diez que fueron escritos por el “dedo de Dios.”

Jesús dijo a sus discípulos, “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (Juan 13:34, 35) ¡Cuán diferente es esta marca de distinción que distingue a los discípulos de Cristo, que la de lo ceremonial de la observancia del Sábado del séptimo día! Si ésta hubiera sido necesaria, seguramente hubiera sido el tiempo apropiado para incluirla. Sin embargo, Jesús no lo hizo.

Perpetuo

En vista del hecho de que el mandamiento concerniente al Sábado iba a ser “perpetuo,” algunos lo han interpretado como que siempre había existido, y que seguiría siendo obligatorio sobre la humanidad como un requisito para obtener la vida eterna. (Exod. 31:16) Pero, esto es un punto de vista antibíblico. El mandamiento concerniente al Sábado fue parte del Pacto de la Ley y la Biblia definitivamente dice, “No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos.” (Deut. 5:2, 3) Es decir, no había existido antes.

La palabra hebrea traducida “perpetuo” no lleva consigo siempre el pensamiento sin fin. Algunas veces significa sin interrupción hasta que se cumpla un propósito designado. Pablo explica que la Ley fue añadida al pacto original de Dios con Abrahán “hasta que” viniese la Simiente de la promesa. (Gal. 3:19) Esto es el límite de tiempo de Dios mismo en cuanto al Pacto de la ley.

En Éxodo 35:1, 2 se revela que los israelitas que no lograron guardar el Sábado del séptimo día morirían. Además, esto iba a ser un requisito perpetuo. ¿Están practicando tal aspecto de la misma Ley los que hoy en día insisten en la necesidad de guardar el Sábado del séptimo día? Esto quizás se pueda interpretar como que los que no guardan el Sábado ahora morirán la segunda muerte, y así ser privados de la vida futura. Pero, esto no es lo que dice el texto, y no fue entendido de esta manera ni por Moisés ni por los israelitas en general.

Ninguna Evidencia Histórica

¿Es verdad, como sostienen algunos, que algún papa o gobernante civil o posiblemente un concilio eclesiástico, hizo un cambio arbitrario del séptimo al primer día de la semana del Sábado para el cristiano? ¿Es esto un cumplimiento de la profecía de Daniel tocante al Anticristo, que pensaría “en cambiar los tiempos y la ley?” (Daniel 7:25) No hay nada en la historia que indica que se hizo esto. Algunos afirman que el papa Gregorio hizo tal cambio; otros que fue hecho por Constantino. Mientras que otros más insisten que tal cambio fue hecho por un papa desconocido. La Iglesia Católica Romana sostiene que se hizo el cambio, pero esto no prueba nada. Aparentemente, ocurrió gradualmente a lo largo de los siglos como el resultado de la costumbre de la iglesia primitiva de conmemorar la resurrección de Jesús en el primer día de la semana.

Sin embargo, no estamos abogando por la idea de que el primer día de la semana ahora sea el día correcto para observarse como el Sábado para el cristiano. Lo que hemos notado en cuanto al testimonio bíblico, y a la falta de testimonio con respecto a la observancia del sábado es tanta verdad concerniente al sábado del primer día como lo es tocante al sábado del séptimo día. Como hemos observado, Pablo consideró a los que juzgan iguales todos los días de ser tan fieles al Señor como los que no lo hicieron.

El mandamiento original con respecto al Sábado no dijo nada acerca de la adoración del Señor en el séptimo día. Simplemente, sería un día de descanso, y la experiencia humana ha probado la necesidad de tales días de descanso. La conmemoración de la resurrección de Jesús en el primer día de la semana fue más particularmente una ocasión para reunirse para la alabanza y la adoración. Ciertamente es apropiado, y refleja la gloria a Dios, que su pueblo así se reúna para la adoración. ¿Y por qué no pueda ser el primer día de la semana? Ciertamente el primer día de la semana debe servir como un recordatorio de la esperanza de la vida en Cristo del cristiano, el resucitado.

Para los cristianos que se consagraron completamente al Señor y a su servicio, todos los días son días santos. Para ellos todos los días deben dedicarse al servicio y a la gloria de Dios. Aun sus deberes seglares deben efectuarse como si fueran al Señor. (1 Cor. 10:31; Col. 3:17, 23) Al mismo tiempo, aceptan con beneplácito la oportunidad de un día de descanso de estas obras para que sus pensamientos y su fuerza puedan usarse más directamente en el servicio de Dios.

Puesto que el primer día de la semana, en el mundo cristiano nominal, se considera un día de descanso y adoración, los cristianos deben alegrarse de observarlo así. Si un cristiano viviera en una comunidad compuesta de una mayoría que descansan en el séptimo día, el Espíritu de Cristo le llevaría a un verdadero seguidor de abstenerse del trabajo seglar en ese día también, y dedicarse a la adoración de Dios.

Pero, ni en el primer, ni en el séptimo día de la semana, debe abstenerse del trabajo seglar un cristiano creyendo que al no hacerlo resultaría en un castigo espantoso por el Señor. Ni tampoco deben observarse cualquier de estos días como un día de descanso, creyendo que Dios se lo había mandado al cristiano; ya que como hemos visto, tales mandatos no nos han sido dados ni por Jesús, ni por sus apóstoles que hablaban por él.

Nos dicen que Jesús magnificaría la Ley, y así lo hizo. (Isa. 42:21) Él dijo que el que odiaba a su hermano sin causa era culpable de homicidio; y que el que miraba a una mujer para codiciarla era culpable de adulterio. Del mismo modo, el Nuevo Testamento ha magnificado el mandamiento concerniente al Sábado, como hemos descubierto de acuerdo con los comentarios de Pablo en el libro de Hebreos, capítulo 4. ¡Que “reposo” tan glorioso se disfruta por fe en la obra terminada de Cristo!

El Sábado típico, o el del séptimo día, enseñaba la fe en la capacidad de Dios de proveer las necesidades de la vida. Si descansamos ahora en el Señor, entonces, es por causa de nuestra fe en la provisión de la vida que nos ha hecho, y un reconocimiento del hecho de que no podemos obtener la vida eterna por medio de nuestras propias obras. ¡Sigamos, entonces, descansando en él, y disfrutando de “la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento!”
(Dawn Bible Students Association)

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lunes, 11 de agosto de 2008

ACONSEJAR SANO PARA LOS MAESTROS DE LA PROSPERIDAD

Policarpo de Esmirna (discípulo del Apóstol Juan) aconseja a Carlos Cash Money Luna y asociados
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Carlos:

...Principio de todos los males es el amor al dinero. Sabiendo, pues, que así como no trajimos nada a este mundo, tampoco podemos llevarnos nada de él, armémonos con las armas de la justicia, y aprendamos a caminar en el mandamiento del Señor. Adoctrinad a vuestras mujeres en la fe que les ha sido dada, en la caridad, y en la castidad: que amen con toda verdad a sus propios maridos, y en cuanto a los demás, que tengan caridad con todos por igual en total continencia; y que eduquen a sus hijos en la disciplina del temor de Dios. En cuanto a las viudas, que muestren prudencia con su fidelidad al Señor, que oren incesantemente por todos, y se mantengan alejadas de toda calumnia, maledicencia, falso testimonio, avaricia de dinero o de cualquier otro vicio. Que tengan conciencia de que son altar de Dios, y de que él lo escudriña todo, sin que se le oculte nada de nuestras palabras o pensamientos o de los secretos de nuestro corazón... Los diáconos sean irreprochables delante de su justicia, pues son ministros de Dios y de Cristo, no de los hombres. No sean calumniadores ni dobles de lengua; no busquen el dinero, y sean continentes en todo, misericordiosos, diligentes, caminando conforme a la verdad del Señor, que se hizo ministro de todos... Que los jóvenes sean irreprensibles en todo, cultivando ante todo la castidad y refrenando todo vicio, porque es bueno arrancarse de todas las concupiscencias que andan por el mundo... También los presbíteros han de ser misericordiosos, compasivos para con todos, procurando enderezar a los extraviados, visitar a todos los enfermos, sin olvidarse de la viuda o del huérfano o del pobre; atendiendo siempre al bien delante de Dios y de los hombres, ajenos a toda ira, acepción de personas y juicios injustos, alejados de todo amor al dinero, no creyendo en seguida cualquier acusación, ni precipitados en el juzgar, sabiendo que todos tenemos deuda de pecado... . (Epístola a los Filipenses, 4-10)
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LA SECTA DE LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ Y SU EVANGELIO DIFERENTE

Feb 1, 2006 Watchtower, pag 25, párrafo 14 (Ed. Inglés):

“Esta edición de La Atalaya dice: “En 1920,…Los estudiantes de la Biblia llegaron a una comprensión correcta de la profecía de nuestro Señor contenida en Mateo 24:14. Ellos entonces se dieron cuenta de que ‘este evangelio’ que debió ser predicado en todo el mundo para testimonio a los Gentiles o a todas las naciones, no fue un evangelio de un reino aún para venir sino un evangelio en el sentido de que el Rey Mesiánico ha empezado su reinado sobre la tierra”. Énfasis mío

WT 5/1/81, Págs. 17-18 Si Dios Tuvo una Organización, ¿Cuál Es Ella? (Ed. Inglés):

Que la persona de corazón honesto compare el tipo de predicación del evangelio del Reino predicado por los sistemas religiosos de la Cristiandad durante todos los siglos con el realizado por los Testigos de Jehová desde el fin de Primera Guerra Mundial en 1918. No son uno y de la misma clase. Aquel de los Testigos de Jehová es realmente un “evangelio” o “buenas noticias”, de un reino divino de Dios que se estableció por la entronización de su Hijo Jesucristo al final de los tiempos de los Gentiles en 1914. (Lucas 21:24). El testigo mundial se avocó a este efecto bajo una andanada de persecución internacional y oposición y sólo pudieron haber sido dados por medio del espíritu de Dios que vence completamente. No fue cumplido por el espíritu de hombre ni por aquel de Satanás el Diablo. Fue cumplido con la ayuda de los ángeles santos de Dios, tal cual está indicado en Apocalipsis 14:6, 7: Feb 1, 2006 la Atalaya, pág 25, párrafo 14 (Inglés):

Sí, ellos enseñan un ‘evangelio’ que el ‘Rey mesiánico’ ha estado reinando sobre tierra (del cual Satanás es todavía el Dios y el gobernante) desde 1914, pero el reinado de 1000 años de Cristo tiene que aún COMENZAR!

En ninguna parte de la Biblia es 1914 mencionado o aun indicado. Un poco de investigación revela la cronología y el razonamiento que los TJs usan para perpetuar este credo peculiar que es fundamentalmente defectuoso.

Claramente, en este respecto los TJs enseñan un ‘evangelio’ diferente de aquel que fue enseñado por los apóstoles y fue aceptado por los discípulos. Es un evangelio más allá de aquel que fue enseñado por los apóstoles. ¿Qué es lo que la Biblia recomienda acerca de tales tipos de ‘buenas noticias’ (el evangelio)?:

Gálatas 1:7-8 “Pero si aun si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos declarado sea anatema. Como hemos dicho antes, también ahora lo digo otra vez, Quienquiera Que os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”.

Lo peor de todo, es que se jactan de su “evangelio”:

Ver La Atalaya del 15 de agosto de 1981, pág. 17:

“La predicación de los testigos de Jehová VERDADERAMENTE es ‘evangelio’, o ‘buenas nuevas’, a partir de la fecha en que el reino celestial de Dios fue establecido al ser entronizado su hijo Jesucristo al fin de los Tiempos de los Gentiles en 1914.”
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LA WATCHTOWER Y SUS LOCOS

Los tres chiflados de la Watchtower
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LOS PADRES APOSTOLICOS Y EL REINO DE DIOS

Clemente fue discípulo de los apóstoles y el tercer obispo de Roma. Generalmente se le considera como autor de una carta escrita hacia el año 96 desde Roma a la iglesia de Corinto, y conocida como "La Primera de Clemente" en la colección de antiguos documentos llamada: "Los Padres Apostólicos". Escribe Clemente: "Los apóstoles recibieron el evangelio del Señor Jesucristo; Jesús el Cristo fue enviado por Dios. Así Cristo viene de Dios, y los apóstoles, de Cristo. En ambos casos, el ordenado procedimiento depende de la voluntad de Dios. Así, después de eso, cuando los apóstoles habían recibido las instrucciones, y se habían disipado todas las dudas por la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, salieron con la confianza del Espíritu Santo a predicar las buenas nuevas de la venida del Reino de Dios. Predicaron en el campo y en la ciudad, y nombraron los primeros convertidos, después de probarlos en el Espíritu, para que fueran obispos y diáconos de los futuros creyentes".

“No os hagáis ilusiones, hermanos míos. Los que corrompen una familia, no heredarán el reino de Dios” (Ignacio de Antioquía, carta a los Efesios XVI, 1)

La Didache, capítulo XVI trata sobre el pensamiento teológico dice que no sabemos cuándo o a qué hora vendrá el Señor. En los últimos días aumentarán los falsos profetas, y luego aparecerá el extraviador del mundo. Es una parte fundamental del pensamiento cristiano: 1).- el retorno del Cristo glorificado, y el inicio del reino. 2).- La resurrección y la participación de ese reino. El final no es la destrucción, es la plenitud de la vida, de la participación de Dios.

Ireneo pasa a defender la idea de un reinado terrenal del Mesías, interpreta en ese sentido las promesas hechas por Dios a Abraham, la bendición de Isaac a Jacob, testimonios de Isaías, Ezequiel, Jeremías y Daniel, así como la promesa de Jesús de volver a beber del fruto de la vid con sus discípulos en el Reino del Padre, la parábola de los siervos vigilantes, la promesa del banquete mesiánico, el texto del Apocalipsis de Juan y la tradición joánica recogida por Papías (Adv. Haereses V, 32-36) Entiende que todos estos testimonios no son alegóricos de las bendiciones celestiales, sino presentes en la Jerusalén terrenal, tras la venida del Anticristo y la resurrección.

Por su lado, JUSTINO conoce y adopta la interpretación judía del Reino mesiánico relacionado con la estancia en el Edén: será una vuelta a las condiciones paradisíacas:

(...)(los cristianos) "no sólo admitimos la futura resurrección de la carne, sino también mil años en Jerusalén, reconstruida, hermoseada y dilatada como lo prometen Ezequiel, Isaías y los otros profetas"

Y tras citar a Isaías (65,17-25) interpreta:

"Lo que en estas palabras, pues, se dice -dije yo-: 'Porque según los días del árbol de la vida, serán los días de mi pueblo, envejecerán las obras de sus trabajos', entendemos que significa misteriosamente los mil años. Entendemos también que hace también a nuestro propósito aquello de 'Un día del Señor es como mil años'. Además hubo entre nosotros un varón por nombre Juan, uno de los apóstoles de Cristo, el cual, en revelación que le fue hecha, profetizó que los que hubieren creído en nuestro Cristo, pasarán mil años en Jerusalén; y que después de esto vendría la resurrección universal y, para decirlo brevemente, la eterna resurrección y juicio de todos unánimemente. Lo mismo vino a decir también nuestro Señor: 'No se casarán ni serán dadas en matrimonio, sino que serán semejantes a los ángeles, hijos que son del Dios de la resurrección' (Lc. 20,35-36)" ('Diálogo con Trifón' 80-81)

La misma postura vemos en TERTULIANO, aunque influenciado por los gnósticos de alguna manera, al creer en una partida al cielo de los salvos después del reino terrenal de mil años:

"Confesamos que nos ha sido prometido un reino aquí abajo aún antes de ir al cielo, pero en otra condición de cosas. Este reino no vendrá sino después de la resurrección, y durará mil años en la ciudad de Jerusalén que ha de ser construida por Dios. Afirmamos que Dios la destina a recibir a los santos después de su resurrección, para darles un descanso con abundancia de todos los bienes espirituales, en compensación de los bienes que hayamos menospreciado o perdido acá abajo. Porque realmente es digno de él y conforme a su justicia que sus servidores encuentren la felicidad en los mismos lugares en los que sufrieron antes por su nombre. He aquí el proceso del reino celestial: después de mil años, durante los cuales se terminará la resurrección de los santos, que tendrá lugar con mayor o menor rapidez según hayan sido pocos o muchos sus méritos, seguirá la destrucción del mundo y la conflagración de todas las cosas. Entonces vendrá el juicio, y cambiados en un abrir y cerrar de ojos en sustancia angélica, es decir, revistiéndonos de un manto de incorruptibilidad, seremos transportados al reino celestial" ('Adversus Marcionem' Libro III,24).

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domingo, 10 de agosto de 2008

EL RESPLANDOR DE LOS JUSTOS

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

“Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan á justicia la multitud, como las estrellas á perpetua eternidad” (Daniel 12:3)

El Resplandor del Hijo de Dios

La Biblia nos dice que Jesús tenía su resplandor: “El cual (Jesús), siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Heb. 1:3). Así que Jesús es el resplandor de la gloria del Padre, y con ese resplandor regresará a la tierra para destruir a sus enemigos. Dice Pablo: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida (2 Tim. 2:8). Este resplandor de Jesús que excede a la del sol, fue visto por Pablo en el camino a Damasco. Dice Hechos 9:3,4, así: “Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Y en el relato de su conversión, Pablo le dijo al rey Agripa exactamente lo mismo: “cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo. Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 15 Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues“ (Hechos 26: 14,15).

La Transfiguración de Jesús y su resplandor

En Mateo 16:28, Jesús había anunciado la venida de su reino, y que algunos de sus discípulos no morirían hasta que lo hayan visto venir. Estas son sus palabras: “De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”. En los siguientes versículos (Mateo 17:1,2) leemos: “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2 y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz”. Jesús efectivamente cumplió su predicción 6 días después cuando separó a Pedro, Santiago y Juan para que subieran al monte y vieran su “venida” en su reino, en todo su resplandor.Esta maravillosa transfiguración de Jesús que lo hizo resplandeciente fue una visión temporal de su gloria en su futuro reino.

El futuro resplandor de los salvos

Jesús confirma lo que dijo Daniel, (“Y los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan á justicia la multitud, como las estrellas á perpetua eternidad”, Daniel 12:3), cuando escribió: “Entonces “Los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre: el que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13:43). Entonces el reino de Dios hará posible que los salvos resplandezcan como el sol, que brillen y sean gloriosos a la vista de todos. El reino de Dios es la clave para tener una presencia resplandeciente como la que tiene Jesús actualmente. Pero para entrar al reino uno debe primero ser transformado o “transfigurado”. Un buen número lo alcanzarán en la resurrección, y otros, cuando vuelva Jesús en persona y los cambie en vida.

Jerusalén: la Resplandeciente

Tanto Jesús y su iglesia resplandecerán y harán de Jerusalén (la sede el trono de Cristo y de su iglesia, Mateo 5: 33-35). una ciudad igualmente resplandeciente: “Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella; 11 para que maméis y os saciéis de los pechos de sus consolaciones; para que bebáis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria” (Isa. 66:10,11). ¡Sí, algún día Jerusalén resplandecerá con la presencia de los justos!

Los impíos, en cambio, perecen en tinieblas:

“El guarda los pies de sus santos, Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuerte por su fuerza” (1 Sam. 2:9)

“Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mat. 25:30).

“¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré. 12 Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; 13 fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas“(Judas 1:11-13).

Hermano, ¿te estás “transfigurando” todos los días para mostrar tu luz resplandeciente a los hombres que andan en tinieblas espirituales a través de tu fe y conducta? Dice Jesús: “Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor: andad como hijos de luz” (Efesios 5:8).

Sí, aunque tu resplandor será total como el sol en el reino de Dios, ahora puedes brillar con esa luz maravillosa para alumbrar a todos los hombres que andan en tinieblas. Si tú andas en tinieblas, entonces no tienes luz que proyectar, y simplemente te has convertido en un siervo inútil e incompetente. Debes vivir para iluminar a otros y no ser como los demás que andan en oscuridad o penumbras de muerte.
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sábado, 9 de agosto de 2008

LOS ARQUETIPOS, LOS ANTITIPOS Y LAS SOMBRAS EN LA BIBLIA

-Arquetipo- es: Una persona Bíblica, cosa, acción, evento, ceremonia, estructura, mueble, color o número, que prefigura a un "antitipo" del mismo, en el Nuevo Testamento.

Un parecido debe existir entre el "arquetipo", la prefiguración en el Antiguo Testamento, y el "antitipo", la realidad del Nuevo Testamento. El "antitipo es siempre más significativo. Los dos son independientes de cada uno. Los "arquetipos" son explicados en Rom. 5:14 y Hebr. 9:9, como una figura, 1 Cor. 10:6, 2 Tes. 3:9 y 2 Pedr.2:6, como ejemplos, 1 Cor.10:11 y Hebr. 11:19, como un arquetipo. Casi todo Heb.11 es dedicado a la tipología del Antiguo Testamento. El Exodo, Ex 12:37-42, es un "arquetipo" del regreso de Cristo Jesús después de su huída a Egipto, Mat 2:21.
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El maná en el desierto, Ex 16:31, es un "arquetipo" de su "antitipo", la cena del Señor. Mat 26:26.

El agua de la roca que Moisés golpeó en Ex. 17:1-6, es un "arquetipo" de la sangre de Cristo.

Ozá murió físicamente por tocar el Arca en 2 Rey 6:7. Esto es un "arquetipo" de una muerte espiritual por participar en la Sagrada cena indignamente como en 1 Cor.11:27. La realidad de una muerte espiritual es mayor que la muerte física del "arquetipo".

El "antitipo" del Nuevo Testamento es ampliamente superior a su "arquetipo" en el Antiguo Testamento.

Adam es un "arquetipo" de Cristo, como Melquisedec, Moisés y el rey David. Los "arquetipos" son referidos en los siguientes versos bajo diferentes palabras: Rom. 5:14, 1 Cor. 10:2,6,11, Hebr. 3:1- 4:11, 11:19, 1 Tes 1:7 (modelo), 1 Pedr. 3:21 (contraparte), 1 Pedr. 5:3 (modelo) (ejemplos en la versión del Rey Jaime, o King James), Apoc. 21:1 – 22:5.

La realidad del Nuevo Testamento es infinitamente mejor que los "arquetipos" aquí mencionados del Antiguo Testamento.

Una "sombra" es una imagen transmitida por una persona u objeto mientras se intercepta la fuente luminaria. El diccionario define a la "sombra" como "una imagen o copia imperfecta". Esto es interesante pues muestra que la "sombra" está alejada de su causa, y entonces es vista muy inferior a su "antitipo", que es la persona u objeto que la forma.

Por lo tanto, una "sombra" puede también ser vista como un "arquetipo" puesto que "augura", o prefigura un "antitipo".
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No conteniendo, en efecto, la Ley más que una sombra de los bienes futuros, no la realidad de las cosas, no puede nunca, mediante unos mismos sacrificios que se ofrecen sin cesar año tras año, dar la perfección a los que se acercan". Hebr. 10:1
Esto nos conlleva a conclusiones muy interesantes y nos proporciona una clave importantísima para el entendimiento de la Biblia.

"Por tanto, que nadie os juzgue por cuestiones de comida o bebida, o a propósito de fiestas, de novilunios o sábados. Todo esto es sombra de lo venidero; mas el cuerpo es de Cristo". Col. 2:16-17

El sábado es solo la sombra de la adoración del domingo.

La realidad del Nuevo Testamento es más grandiosa que la prefiguración del Antiguo Testamento.

"Porque extranjeros y advenedizos somos delante de Ti, como todos nuestros padres; como sombras son nuestros días sobre la tierra, y no hay espera". 1 Cron. 29:15.
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La corta vida en la tierra es el "arquetipo" del "antitipo" de la vida eterna, prometida para después de nuestra muerte.

La realidad del Nuevo Testamento es más grandiosa que la prefiguración del Antiguo Testamento.

Mas ejemplos de "arquetipos" y "tipos"…

En el Arca de Noé y el diluvio, solo 8 fueron salvados, y el bautismo, todos potencialmente salvados por medio de agua, 1 Pedr. 3:20-21.
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En el Edén el árbol del fruto prohibido, Gen. 3:6, que nos trajo muerte a todos nosotros, y el árbol de la cruz que consiguió la vida eterna para todos nosotros Hech. 5:30.

Isaac cargó la leña para el holocausto en sus espaldas, Gen. 22:6, y Jesús cargo Su cruz en Su espalda, Juan 19:17.

Moisés fue rescatado por una servidora, Ex. 2:5 y Jesús fue rescatado por una servidora de Dios, Luc. 1:38

Josué obtuvo lo mejor de la batalla con Amalec sólo mientras Moisés tenia alzada su mano, Ex. 17:8-13. La figura de Moisés es un arquetipo de la cruz de Cristo. Esto está en la Epístola de Barnabé, Capitulo XII.

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