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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

martes, 22 de abril de 2008

LA GLORIFICACIÓN DE CRISTO Y DE LOS CREYENTES

Por el Dr. Javier Rivas Martínez.

«Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, sino muere antes » (1 Co.15:35-36).

Glorificar. (Del lat. glorificāre). tr. Hacer glorioso algo o a alguien que no lo era.

Para que el verdadero creyente pueda ser resucitado para vida eterna o si éste vive y está en Cristo, tendrá que ser previamente trasformado o glorificado para tal efecto (1 Co.15:51-52). Es imposible que el creyente no sea glorificado cuando Cristo venga al mundo por segunda vez, ya que se requiere un cuerpo idóneo para reinar con él todo un largo milenio en una Tierra ya regenerada para entonces (Mt.19:28), y para toda una eternidad después que Cristo entregue el Reino al Dios Padre (1 Co.15:24). Si los muertos en Cristo no son glorificados en el día de su resurrección (Jn.5:5:29a), sus cuerpos estarían propensos a morir de nuevo y sufrir disgregación por los procesos naturales de descomposición. No serían aptos para entrar al Reino Milenial en la Tierra, ni tener posibilidad alguna para llevar una vida por toda la eternidad con su Creador. En la actualidad, como Hijos de Dios, poseemos cuerpos terrenales (1 Co.15:40), que son mortales y corruptos por el pecado (1 Co.15:42) pero que serán trasformados en el futuro (Fil.3:21).

Cuando Pablo se refiere al cuerpo espiritual (1 Co.15:46), no trata de decir que será incorpóreo o etéreo en su glorificación o en su transformación perpetua. Sencillamente indica que el cuerpo tendrá características celestiales («la imagen celestial», 1 Co.15:49), como Cristo las tuvo en el momento de su resurrección (Mr.16:6; Ro.1:4; 10:9). Cristo negó ser un espíritu incorpóreo:

«Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lc.24:39).

Cuando Cristo fue levantado del frió y bruno sepulcro, poseía un cuerpo de carne y huesos (Jn.24:39), pero la diferencia entre un cuerpo mortal y terrenal y el suyo es que había un cambio de transformación gloriosa por el poder de Dios para no sufrir corrupción jamás después de su resurrección (Hech.2:24-31). La Biblia dice que cuando Cristo se manifieste visiblemente al mundo, en su segunda venida poderosa, seremos semejantes a él; y se cumplirá en el momento del descenso del Hijo del Hombre a la Tierra (1 Ts.4:16.17; Mr.13:26-27; Lc.21:27; 1Jn.3:2; Ap.1:7).

La Biblia además da entender con claridad que el acto de la resurrección gloriosa no trasformó a Cristo en otra ser, sino que siguió siendo precisamente la misma persona u hombre, pero en una condición diferente. Cuando Cristo regrese a juzgar a los hombres de todas las naciones de la Tierra (Mt.25:30-46) y a reinarlo con poder (Sal.2:6-9; Dn.2:44; 7:13-14; Ap.2:26-27), será indudablemente como un hombre hecho y derecho (1 Tim. 2:5), pero en un estado de glorificación que lo hacen corporalmente diferente hogaño al resto de los individuos mortales que integran la humanidad.

Para Cristo las puertas y paredes no eran obstáculo para su nueva condición corporal (Jn.20:26), pudo ser tocado en esa forma (Lc.24:39), pudo comer con su cuerpo glorioso (Lc.24:41-43), ascendió al cielo en ese estado sobrenatural (Lc.24:51).

En el levantamiento y juicio de todos los impíos y perversos, al final de las cosas creadas (Ap.20:11), la Biblia no detalla que sus cuerpos serán glorificados en su resurrección de condenación (Jn.5:29b). Posiblemente sean levantados íntegramente, con cuerpos normales, y luego del juicio, lanzados al Infierno de Fuego para ser aniquilados o destruidos definitivamente (Ap.20:12-15).

El movimiento gnóstico que logró mimetizarse en el cristianismo de los tres primeros siglos de nuestra era, se centra en que toda materia es inherentemente mala. Es por eso que rechaza que Cristo, como Hijo puro de Dios, haya tenido un cuerpo humano. Los gnósticos, en este caso, los docetitas (dokeo, gr., que significa parecer), argumentaban que Jesús aparentaba tener un cuerpo humano. Que solamente era una aparición, un espectro; es por eso que Juan en su primera epístola, los combate violentamente. Por otra parte, el gnosticismo cerintio declaraba que «un Cristo divino descendió sobre un Jesús humano en el momento de ser bautizado y que lo abandonó poco antes de su crucifixión».

La Biblia nunca menciona que Cristo fue un ser etéreo o fantasmal después de su resurrección. Más bien dice que Cristo negó ser un espíritu, y dijo tener un cuerpo de carne y huesos. En el bautismo del Señor Jesús, el Espíritu de Dios, el del Padre, y no de un un supuesto «Cristo divino», vino sobre él en forma corporal, como paloma, para prepararlo para su obra poderosa de milagros y de salvación que llevó a cabo en la tierra de los vivientes pecadores y condenados (Is.61:1-2; Mt.12:28; Lc.3:22; 4:1, 18-19; Ro.3:23).

El Cristo resucitado dijo a sus discípulos ser la misma persona que conocieron antes ( « ..que yo mismo soy...», Lc.24:39). No fue una figura mística, avatar o eón después de su resurrección, ni tampoco antes. Así como Cristo fue glorificado en su resurrección, los creyentes que han muerto lo serán por igual, y si viven, serán trasformados en gloria también, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de cada uno de los hombres de la tierra en su segunda venida poderosa, en las nubes del cielo (Ro.2:16; Mr.13:26; Ap.1:7).

«Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siempre en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. . .» (1 Co.15:41-44a).

Dios les bendiga hermanos míos.

sábado, 19 de abril de 2008

VERDUGO CELESTE

Por el Dr. Javier Rivas Martinez (MD)

«El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida» (Ap.8:8, 9).

Navegando en mi «barquita con radar» en la Web, buscando brujos y brujas, modernos hechiceros, chamanes, héroes de la astrología, místicos, herejes de la doctrina de la prosperidad, defensores del romanismo católico y torcido, y de la filosofía mundana y limitadamente racionalista, entre otros tantos, con la finalidad de «hacerlos pedazos» con la sana y santa doctrina del Dios Vivo, me encontré, y no creo que por casualidad, ya que Dios, lo tiene todo bajo su control, con una interesante noticia que data del año 2005. Se advierte en su contenido la posibilidad de que un enorme asteroide choque con la tierra en un futuro ya precisado (si ocurriese), al ser desviado hacia ella a causa de su fuerza gravitatoria para provocar una colisión terriblemente espantosa y de consecuencias devastadoras para la vida en general. Esta modificación orbitaria podría darse en el año 2029, y si así resultara, el choque vendría a ser un hecho para el año 2034. El asteroide del cual hablamos es conocido como 2004 MN4, y según los expertos pasará a una distancia terrestre de 24.000 y 40.000 kilómetros (no es mucho, a decir verdad, considerando lo vasto del universo y lo gigantesco de los astros), y que no representa algún peligro, pero si la órbita fuese desviada, el cantar sería más lúgubre que la «marcha fúnebre». Aseguran los astrónomos conocedores, que el comportamiento del asteroide es imposible de vaticinar; por otro lado, desconocen la constitución elemental de él. El asteroide fue detectado en el cielo en Junio del 2004, y los científicos tienen en cuenta la posibilidad del choque terrestre para el 13 de Abril del 2034. Se conocen aproximadamente uno 900 asteroides que se acercan a la tierra, y muchos de ellos, tienen órbitas imprecisas.

Juan describe en el libro de Apocalipsis «una gran montaña ardiente que caía del cielo y que se precipitó en el mar». También comenta el vidente que «el mar se convirtió en sangre, muriendo la tercera parte de los seres vivos marinos, y que la tercera parte de las naves del mar fueron destruidas» (Ap.8:8, 9). El alcance devastador del titánico cuerpo celeste, por lo que hemos podido ver (a falta de un conocimiento moderno de astronomía, Juan explica con sencillez clara el detalle), es bastante amplio. La fuerza radiante aniquiladora que estos cuerpos gigantescos producirían en un choque planetario sería igual a la que se desarrolla en los estallidos atómicos, pero la proporción energética nuclear emanada variaría de acuerdo al tamaño del cuerpo sideral, en el caso dado, si fuera un asteroide. Un astro de semejante proporciones, podría terminar casi con la mayor pare de la vida terrestre y acuática fácilmente (fauna y flora, me refiero). David Morrison, experto en Objetos Cercanos a la Tierra (NEO), habla del descubrimiento del asteroide «más grande que se ha conocido hasta ahora». Se denomina tal como 2004 VD17, que tiene una longitud de 500 metros y una masa aproximada a un billón de toneladas («una piedrecilla para pecera el angelito de peso ligero»), cuyo impacto sería comparable a todas las bombas nucleares existentes, es decir, provocaría una descarga energética de 10.000 megatones. De chocar con la tierra, sería el 4 de Mayo de 2102.

La Biblia nos hace pensar, por lo menos a un servidor (sin dogmatizar, cosa que no acostumbramos en el santo Blog) que uno de los dos astros mencionados pudiera ser el prospecto elegido por Dios en la Gran Tribulación Escatología para juzgar con castigo severo cosmológico al hombre que levanta su mano en señal de repudio y burla al Dios del cielo en esa época de marcada oscuridad (tenemos en cuenta, como dije anteriormente, que hay cerca de 900 asteroides con órbitas indefinidas que se acercan a la tierra, pero los que se mencionan en el escrito, poseen aspectos importantes que pudieran ser amenazantes para el planeta en que vivimos). ¿Tendrá alguna relación el 2034 o el 2102 con la Gran Tribulación Final? No lo sé, pero la posibilidad se encuentra acariciando mi mente, que no pierde la cordura con sensacionalismos vanos, que muchos, por sacar dinero, exponen arteramente a los ignorantes temerosos con el cuento de que «el mundo pronto se acaba». El despertar el morbo, no falla para hacer ricos a los vivos a expensa de los inadvertidos y de los oligofrénicos.

Que Dios tenga misericordia siempre de nosotros y que fortalezca nuestras vidas para soportar con valentía toda ardua prueba.

Les bendiga siempre el Rey del Universo hermanos y amigos míos.

miércoles, 16 de abril de 2008

EL CUMPLIMIENTO DEL REINO TERRENAL

Por el Dr. Javier Rivas Martínez.

El alcance de la promesa del Reino Dios en la Tierra que fue dada en un principio a Abraham es de largo alcance y abarca todas las naciones del mundo (Gn.12:2-3; 15:5, 7; 17:4-6) y que inicia con Israel (Gn.13:15-17; 15:18; Gn.17:8). Dios le dijo a Abraham que su descendencia estaría en Tierra ajena como esclava y oprimida por un período de cuatrocientos años, bajo la autoridad tiránica del Señor de la Casa en Egipto (Gn.15:13; Ex.1, 13). De Egipto, Israel fue liberado por el terrible poder de Dios en manos de Moisés (Ex. caps.7-14) y por medio de Josué fue introducido a la Tierra de Cannán. Después de un éxodo de cuarenta largos años por el desierto, Israel se establece como nación territorial (Ex.16:35; ver libro de Josué). Posteriormente, en el Israel teocrático, Dios promete en un pacto hecho con el rey David que su casa sería afirmada para siempre y su Reino eterno, entendiéndose como «eterno» en este sentido: de largo tiempo pero limitado: en griego, aionios (1 Co.15:24-28) o sea, de Mil años literales (Ap.20:4-6) y el Señor Jesucristo, del linaje del David, su Hijo (Mt.1:1; Lc.1:31-32), se encargará de gobernarlo (Lc.1:33).

«La simiente de la mujer» que habla Ge. 3:15, es la misma «simiente» que Dios promete a Abraham en el tiempo de su salida de Ur de los Caldeos (Gn.11:31; 15:7) la cual es Cristo (Ga.3:16), para que la bendición de Abraham alcanzará a los gentiles, «a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu» (Ga.3:14), ya que «el justo por la fe vivirá» (Hab.2:4; Ga.3:11) y que este por este hecho podrá obtener la manifestación de la promesa antiquísima que es la herencia del Reino de Dios (Hech.1:3) en la Tierra (Sal.2:8-9; Mt.5:5; Ga.3:29; Stg.2:5;Ap.2:25-27), por la justicia de la fe, como se comento ya (Ef.2:8), y no por la Ley (Ro.4:13-14; Ga.3:18). De esa manera, la justicia de Dios es imputada en aquellos que han creído en Cristo como el Salvador del mundo (Fil.3:20), viniendo a ser hijos de Dios por potestad y por adopción (Jn.1:12; Ef.1:5). Por tal cosa, la barrera de la separación entre judíos y gentiles queda derribaba por Cristo para hacer un solo pueblo de los dos. Esta barrera de separación corresponde a la ley mosaica, y simbólicamente hablando corresponde también al muro del templo que separaba el atrio de los gentiles del atrio de los judíos, donde había una prohibición escrita en hebreo y en griego en la piedra para que ningún gentil se atreviera a desobedecerla ya que se castigaba con la muerte (Ef.2:14). Con Cristo, tenemos entrada, tanto judíos como gentiles, por un mismo Espíritu, al Padre (Ef.2:18), para ser conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Ef.2:19), herederos de Dios y coherederos de Cristo cuando seamos glorificados para recibir la bendición del mundo regenerado en la segunda venida del Señor Jesucristo (Mt.19:28; Lc.8:17-23; 21:27-28).

La principal promesa de Dios se centra en la herencia del reino apocalíptico y terreno par quienes son suyos. Por infortunio, los maestros de la prosperidad nunca hablan de esta herencia prometida y milenaria, e incitan apasionadamente, en una doctrina ya formalizada por ellos mismos y herética a más no poder y que recibe el nombre de «Súper Fe», a las ovejas ignorantes en las Escrituras de sus congregaciones a buscar primeramente las cosas materiales del mundo depravado y adverso a Dios, y que habrán de perecer con él y también los que las busquen con desenfreno insano, hágase llamar cristiano, o no (Pr.11:28; 27:24; Ec.5:10; Mt.6:24; 13:22; Mr.10:23; 2 Co. 4:18; 1Tim. 6:17; 1 Jn.2:15-17). Uno de los truco más exitosos de los maestros de la prosperidad para hacerse ricos, es obligar a los creyentes «tapados» (porque así quieren estar, por no hacer caso al buen consejo bíblico) a dar para lo obra de Dios para que él les multiplique los que han dado de «corazón» (yo le llamo corazón convenenciero: «doy y más me das», muy lejos de: «Más bienaventurado dar que recibir», según Hech.20:35). No pocos todavía esperan el «milagrito verde», y lo seguirán esperando vanamente hasta el día en que el Señor les diga: «Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad» (Mt.7:23).

Los creyentes en Cristo tendrán que convencerse que el Reino de Dios no es la búsqueda primera de las cosas materiales (no es comida ni bebida), sino uno de justicia, paz y gozo (Mt. 6:33; Ro.14:17), y que será fundado en la era venidera, en la renovación del mundo, y que no es «el tercer cielo» en el que habita Dios (2 Co.12:2), la Eternidad (Is.57:15 ), como han creído con engaño los cristianos pálidos en la fe: «que van a morar allá con Dios y su Hijo Jesucristo al morir», idea que se desprendió en la antigüedad del platonismo pagano y que se introdujo en la Iglesia de Cristo inmediatamente después de su establecimiento. De lamentable manera, muy pocos de ellos hablan de esperar en la resurrección de los muertos para vida eterna (Jn.5:29a), tal como lo declaró Marta, un poco antes del evento milagroso de parte del Señor, cuando levantó a su hermano Lázaro del los muertos, del oscuro y silente sepulcro (Jn.11:24). Tan importante la resurrección futura de los salvos, porque a través de ella será consumada su salvación, por medio de un cuerpo glorificado, es decir, trasformado para ser apto para el tiempo milenario (Mt.24:31; 1 Co.15:51; 1 Ts.4:17), porque «la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios» (1 Co.15.50).

En estos tiempos de la apostasía postrera (1Tim.4:1), doctrinas torcidas como la inmortalidad del alma, han hecho creer y esperanzar falsamente a los cristianos profesantes en una vida literal en la misma gloria del Dios Creador (y dicen unos que no son soberbios) y en forma almática. Esto no es más que una herejía de alto calibre y condenación, una blasfemia que pone en tela de juicio el carácter verdadero de la resurrección de los muertos y que define absolutamente para vida eterna o para muerte eterna (Dn. 12:27; Jn.5:25, 28-29; Ap.20:4-6).

Concluimos, pues, diciendo, que las promesas del pacto de Dios con Abraham tendrá cumplimiento en la futura Tierra regenerada para con su descendencia, en la era milenaria (Is.10:21-22; 19:25; 43:1; Jer.30:22; Ex.34:24; Mi.7:19-20; Zac. 13:9; Mal.3:16-18).

Cristo, el Renuevo de Jehová (Is.4:2), Cristo como Emmanuel, «Dios con nosotros» (Is.7:14), se manifestará físicamente a los naciones cuando regresé nuevamente al mundo (Dn.7:13-14, 27; Zac.14:4; Mr.16:26-27) para juzgarlo en el valle de Josafat (Jl.3:2, 12; Mt.25:31-46), y para gobernarlo como Rey de reyes y Señores de señores (Ap.19:16), como el Soberano de los reyes de la Tierra (Ap.1:5), con sus fieles súbditos en justicia y en amor por Mil años (Sal. 2:8; Is. 9:7; 11:5, 10, 12; Zac.14:16; Mt.25:34; Ap.20:4-6).

Y si muchos aún siguen en la terquedad de «ir a morar en el cielo de Jehová algún día», déjenme decirles con certidumbre bíblica (porque todo lo que está escrito aquí, así como los demás artículos que se encuentran en los blogs nuestros, se encuentran sustentados con la Palabra de Dios, con la Biblia en la mano; nada hay mentalmente elucubrado con seguridad. ¡Líbrenos Dios de caer en heretismos y blasfemias!, porque se pagará caro el conciliarlos), que la Ciudad de Dios, la Nueva Jerusalén, descenderá preciosa y ataviada del cielo (Ap.21:2), para que los Hijos del Dios Altísimo en la era posmilenaria, es decir, cuando se manifiesté el Reino Eterno, después de que Cristo haya entregado el poder al Dios Padre (1 Co.15:24) moren en ella: «en la casa de mi Padre muchas moradas hay» (Jn.14:2-3). Cuando la Nueva Jerusalén descienda del cielo, quedará establecida en la Tierra Nueva (Ap.21:1), donde la justicia de Dios morará eternamente, para siempre (2 P.2:13).

Dios les bendiga mis hermanos y amigos de buen entender y que nos visitan con gusto.

Los dejo con este precioso texto, uno de mis favoritos:

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mt.5:5).

miércoles, 2 de abril de 2008

EL DOMINGO POR EL SÁBADO

«La Gracia no requiere de muletas o de prótesis humanas (las obras de la Ley Antigua y obsoleta) para ser factible en el cumplimiento de todos los propósitos que incumben a la dispensación última y que serán culminados, tarde o temprano, por el Dios Todopoderoso y Soberano que hizo los cielos y la tierra, y que gobierna la gloriosa Eternidad donde mora».

Cuando el Señor resucitó (Mr. cap. 16) buscó deliberadamente «el primer día de la semana» para ministrar a sus discípulos:


1. A María, en ese día de resurrección por la mañana (Mt.28:8-10; Mr. 16:9; Jn 20:11-18).

2. Los discípulos de Emaús (Lc.24:13-33; Mr. 16:12-13).

3. A Simón Pedro (Lc. 24:31-35).

4. A todos los discípulos (Mr. 16:14-18; Lc. 24:36-44: Jn. cap.2).

El sábado fue una Señal Para Israel (Ex.31:17).

El libro de Hebreos habla de la desaparición de lo Viejo Pacto, que es la Ley, y con él, el cuarto mandamiento también dejó de ser: «La Ley fue invalidada por la Gracia, por el Nuevo Pacto» (2 Co. cap. 3).

En Heb. 8:13 dice:

«Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece está próximo a desaparecer»

¿Cuál es la finalidad de «guardar el sábado»?, ya que ni en el Concilio de Jerusalén (Hech. cap. 15) se menciona como una ordenanza. ¿Alguien podría explicarlo sensatamente? Es muy extraño que muchos sigan aferrados, con pasión no menuda, en algo que no se encuentra formalizado en el Nuevo Testamento como un mandamiento a seguir, y me refiero a guardar «el día de reposo». La Gracia, es el Nuevo Pacto, y Jesucristo fue el fin de la Ley pasada o Pacto Antiguo (Léalo por favor en Ro.10:4).

La Biblia no menciona jamás que los discípulos hayan sugerido de un modo u otro «guardar el sábado»; tampoco el Señor Jesucristo. Nada hay escrito en los libros neo testamentarios que diga algo con relación a esto.

El sábado fue sólo a Israel de acuerdo al Antiguo Testamento. Dios reveló toda la creación primera en el libro inicial del Pentateuco al pueblo escogido de la Ley Mosaica, creación que ahora se encuentra caída a causa del pecado (Gn. cap.1; cap.3). Dios terminó su obra constructora del universo y en «el séptimo día» reposó (Gn.2:2). Dios ordenó guardar a Israel (únicamente a él y no a los «goyms» o gentiles) «el día de reposo» para que lo celebrara de «generación en generación», y cuando se refriere al «pacto perpetuo» en el vetero testamento, significa que es estrictamente limitado en su tiempo pero de largo plazo a la vez (ver Ex.31:16). La abolición del «día de reposo» fue por medio la Gracia Divina (2 Co. cap.3); «el día de reposo» no es para el creyente nacido bajo su jurisdicción: «El día de reposo» trascendió en un momento dado como resultado del la creación antigua que parte de un acto de la voluntad de Dios pero que fue maldecida y por ende corrompida por la desobediencia del hombre edénico (Gn3:14). «La tierra estaba maldita cuando Israel (a pesar de. . .) recibió el mandato de guardar el día de reposo». Bajo la Ley, fue posible llevarlo. Bajo la Gracia, es totalmente obsoleto y absurdo observarlo.

Ahora, el cristiano espera en la «Nueva Creación» que es futura, en los «cielos nuevos y tierra nueva donde mora la justicia» (2 P.3:13). La tierra caída actual no tiene nada que ver con el cristiano que ha creído en el Hijo de Dios porque su naturaleza es inherente con la maldad del pecado básico y antiquísimo. Dice en Ro.8:21 que «también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios». Esa es la razón del la ineptitud del «día de reposo», cuyo sentido es contrario al carácter de Gracia salvadora. ¿Debemos celebrar el «día de reposo» estando bajo la Gracia, aún a sabiendas qué es el resultado de una creación qué fue pura y diáfana en un principio pero qué desgraciadamente se tornó mortal y corrupta? El trastorno cosmológico por causa del mal espiritual se dio. Con todo el peso del terrible suceso, el «reposo» fue dado a Israel para que lo honrara. Bajo la Gracia, el tema es diferente. Bajo la perspectiva de la Gracia, el giro es de 180º visiblemente. Es claro que el «día de reposo» no procede en función para los redimidos por la Gracia como fue con el Israel de Dios en aquella época. Es una completa pérdida de tiempo para quien lo consienta a consumarlo en la práctica.

Es cierto que Dios a través de Isaías revela proféticamente a Israel «los cielos nuevos y la tierra nueva», pero el fundamento de esta profecía que se encuentra en el capítulo 66, versículo 21 del libro del profeta mesiánico del Antiguo Testamento es puramente escatológico, libre de toda Ley. Recordaremos que «Dios separó la pared intermedia para unir gentiles y judíos para hacer de ellos dos, un pueblo único: la Iglesia» (Ef.2:14). Is.66:21 posee una visión extremadamente lejana, más allá de la dispensación de las Piedras, y que corresponde a la era post milenaria (Ap.cap.21).

Por terminar, navegando en mi «barquita con radar» por la Web, encontré los siguientes testimonios de gran importancia que fueron escritos por algunos de los Padres Cristianos Primeros de la Iglesia, dando certidumbre al rechazo abierto de «guardar el sábado» por «el primer día de la semana» que es el domingo: Aprobado y guardado desde tiempos pasados para la gloria de Dios, por la resurrección de su Hijo Jesucristo:

"Por último, les dice: Vuestros novilunios y vuestros sábados no los aguanto. Mirad cómo dice: No me son aceptos vuestros sábados de ahora, sino el que yo he hecho, aquél en que, haciendo descansar todas las cosas, haré el principio de un día octavo, es decir, el principio de otro mundo. Por eso justamente nosotros celebramos también el día octavo con regocijo, por ser día en que Jesús resucitó de entre los muertos y, después de manifestado, subió a los cielos" Epístola de Bernabé 15:8)

"Los que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día del Señor (domingo) en que nuestra vida es bendecida por Él y por su muerte" (Ignacio de Antioquia, a los Magnesios 9:1)

"Ya no mandará guardar un día de descanso al que todos los días observa el sábado, es decir, al que rinde culto a Dios en el templo de Dios que es el cuerpo del hombre y practica siempre la justicia" (Ireneo de Lión, Demostración de la predicación Apostólica 96)

"Nos reunimos todos el llamado día del sol (el domingo) porque es el primer día de la semana, después del sábado judío, en que Dios, sacando la materia de las tinieblas creó el mundo; y ese mismo día Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos" (Justino Mártir, Apologético 1:67)

"...y asimismo, si nos damos a la alegría el día del sol (el domingo), por razón muy distinta que la de tributar culto al sol, seguimos en ello a los que designan el día de Saturno (el sábado) a comer y descansar, sin seguir por ello la costumbre judía que desconocen (de guardar el Shabat)..." (Tertuliano, Apologético. Cap. XVI).

Dios les bendiga hermanos y amigos que nos visitan.

Dr. Javier Rivas Mtz (MD)