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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

jueves, 24 de abril de 2008

¡NO SE DEJE DIEZMAR CON EL CUENTO DEL DIEZMO!

¡NO SE DEJE DIEZMAR CON EL CUENTO DEL DIEZMO!

Por el Ing. Mario Olcese Sanguineti (apologista)

Carlitos “Cash Money” Luna dijo: Dios bendice, pero tú haces. Los diezmos y las ofrendas no te traen las riquezas, sólo la bendición para hacerlas con tu trabajo. Los diezmos pueden producir milagros, pero no son magia”. (Uyuyuy: ¿Quieres milagros?, ¡pónte al día y paga con tus diezmos tus deseos más apremiantes!—parece decir “cash money”.)“A ver, hagan su cola y tráiganme sus sobres abultados de verdes…y a ustedes cuatro, ¿dónde están sus sobres?…Es que estamos sin plata pastorcito! ¡Ujier, ya sabe qué hacer!… ¡Ya jefe, enseguida!¡Pum!… ¡ayayay!, ¡no podemos ya sentarnos! ..¡zuás!“)Moraleja:“El vivo vive del tonto, y el tonto, de su trabajo” (Platonto Aristónteles II)
“Pero dad limosna de lo que tenéis [o, según podáis]“
(Lucas 11:41).

SE DA LA LEY DEL DIEZMO A ISRAEL

La palabra “diezmo” significa ‘una décima parte’. El primer caso de pago de diezmos que se consigna en la Escritura, está en Génesis 14:20, donde Abraham dio a Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo, “los diezmos de todo” el botín que había ganado en batalla contra el rey del norte, después de que Melquisedec, Rey de Salem, lo hubo bendecido.

El significado de este acto simbólico se da en Hebreos 7. Ahí el apóstol muestra a los cristianos judíos (que estaban pensando en regresar al judaísmo), que Melquisedec era una figura representativa de Cristo: “Hecho semejante al Hijo de Dios” (v. 3). Era ‘más grande’ que Abraham, como quedó evidente por el hecho que Abraham le pagó diezmos; y su sacerdocio, basado en el juramento de Dios, es “mejor” que el sacerdocio levítico, que estaba basado en la descendencia carnal de Abraham. El apóstol muestra que Jesucristo fue “hecho fiador [o, mediador] de un mejor pacto” (v. 22), dio “una mejor esperanza” (v. 19), porque esa esperanza estaba basada en “mejores promesas” (8:6).

La exhortación que da el apóstol en Hebreos 10:19-39 es que nos acerquemos a Dios, y que no retrocedamos al judaísmo para perdición (”al yugo de la esclavitud” — Gálatas 5:1). Él alienta a sus lectores a TENER “FE para preservación del alma [o de la vida]” (Hebreos 10:39).

Así que el hecho de que Abraham haya pagado un diezmo NO se muestra como algo que deban copiar sus hijos espirituales; al menos no hasta que el Señor Jesús regrese a la tierra, asuma su misión en Jerusalén en el reino de Dios como “Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”. El rey de Dios reinará para siempre sobre todas las naciones, en justicia y paz.

La ley del diezmo fue una parte de la Ley Mosaica que se dio ‘únicamente’ a los hijos de Israel. Se puso en vigor cuando ellos ganaron la tierra de Canaán, que Dios había prometido a Abraham y a su simiente. Allí se guiaron por el sacerdocio levítico (Levítico 27:30-34). Su vigencia cesó cuando la Ley Mosaica fue reemplazada por el sistema de Cristo.

EL PROPÓSITO DE LA LEY DEL DIEZMO

Mientras que a cada familia de los hijos de Israel se le dio una heredad de tierra por la cual pudieran proveer para sí mismos y adorar a Dios por medio del código de sacrificios, al sacerdocio levítico se le negó ese beneficio. Ellos tenían una heredad mayor: “Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel”, dijo Dios a Aarón (Números 18:20). Dios dio a los levitas “todos los diezmos en Israel por heredad” (v. 21). “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión”. “Estatuto perpetuo [Heb. olahm... 'el período de tiempo oculto' en el cual sirvieron los levitas] para vuestros descendientes” (v. 23). Este tiempo terminó cuando terminó el pacto mosaico al morir Jesucristo, cuya muerte ratificó “el nuevo pacto” de fe. El diezmo proveía las necesidades humanas de los levitas y así podían dedicarse sin distracciones al servicio de Dios y de Israel. Los levitas eran ‘los servidores públicos’ de las naciones; sus maestros, jueces y consejeros. El diezmo de una nación era como un impuesto para pagar a la administración de la nación. Era sólo el 10% “de todos sus frutos” cada año, mientras que el diezmo del tercer año era tanto para los levitas como para otros israelitas que estuvieren en necesidad (Deuteronomio 14:27-29). Los israelitas pagaban un diezmo de todas sus ganancias anuales, presumiblemente de sus ingresos netos. Nosotros, los gentiles, pagamos por el Servicio Público un Impuesto al Valor Agregado (IVA) que supera en gran medida el 10%; en algunos países es más, en otros es menos. ¡Dios fue un rey mucho más consciente para Israel de lo que los gobiernos humanos son para nosotros!

LOS CRISTIANOS NO ESTÁN BAJO LA LEY MOSAICA

La Ley Mosaica ha sido reemplazada por un “pacto mejor”; el nuevo pacto de fe en Cristo y el evangelio (Hebreos 8:7-13). El diezmo era una parte necesaria e integral del Pacto Mosaico, cuya observancia NO se requiere de los cristianos. Promover el diezmo s realmente judaizar y apartarse del “camino nuevo y vivo” de fe en Dios (Hebreos 10:19-20). El apóstol Pablo describió a la Ley Mosaica como “el ministerio de muerte”, porque condenaba a muerte a aquellos que desobedecían incluso sólo una de sus muchas leyes. La ley, (o servicio obligatorio), siempre pone a la gente bajo el riesgo de una condena, mientras que la fe (servicio voluntario), siempre pone a la gente de Dios bajo sus bendiciones de misericordia, gracia y paz (2 Pedro 1:2).

LOS MANDAMIENTOS DE CRISTO Y DE SUS APÓSTOLES:

Estos son:

  • “Dad limosna según podáis” (Lucas 11:41).
  • “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos” (Mateo 6:4).
  • “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

¿POR QUE DIEZMAN ALGUNAS IGLESIAS?

Si ni el Señor Jesús ni sus apóstoles ordenan el pago del diezmo (que era parte de la ya reemplazada Ley Mosaica), ¿por qué diezman algunas iglesias? La sencilla respuesta se halla en la riqueza de estas iglesias y en la (con frecuencia) pobreza de la gente que se entrega a una ley de diezmos. Esas iglesias NO se comparan favorablemente con el Señor Jesús que vino a servir (no a ser servido), quien no tenía donde reposar su cabeza (no tenía riquezas, iglesias y catedrales ornamentadas), que depuso todo para que NOSOTROS tuviésemos vida “en abundancia” (Juan 10:10).

Nuestro Señor Jesús volcó las mesas de los mercaderes religiosos que estaban en el templo, diciendo: “Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado” (Juan 2:16). En vez de ayudar a las iglesias ricas a que sean más ricas aún, acumulando su tesoro en la tierra, acumulemos nuestro propio tesoro en el cielo, por medio de una fe que complazca a Dios.

Adoremos a Dios “en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24). Hagamos todo el bien que podamos. En el espíritu del servicio fiel podemos, según nuestras posibilidades, preferir apoyar financieramente a cosas que son verdaderamente de Dios. ¡Quizás las iglesias que diezman NO LO SON!

! MILLONES DE TESTIGOS DE JEHOVÁ NO ENTIENDEN EL SIGNIFICADO DEL BAUTISMO!

Por Mario A Olcese, Ex-Testigo de Jehová

Los Testigos de Jehová enseñan que sólo 144,001 individuos han sido “ungidos” por Yahweh para conformar la clase de la iglesia, o la hermandad de Jesús que vivirá eternamente con Cristo en el cielo. El resto de “Testigos”, la llamada clase terrestre u “otras ovejas”, permanecerá para siempre en la nueva tierra paradisíaca.

Es de conocimiento general que a todos los potenciales “Testigos de Jehová” se les anima al bautismo para que puedan ser miembros de su culto de manera formal. Tanto los llamados “ungidos” y los no ungidos u “otras ovejas” son bautizados de la misma forma, aunque ninguno de ellos “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” como Jesús lo ordenó. Sin embargo, lo que millones de Testigos de Jehová de la clase terrestre y que no pertenecen a la iglesia siguen ignorando es que el bautismo tiene como fin básico el integrar justamente a los conversos bautizados a la iglesia del Señor para que sean salvos. Esta sorprendente verdad la encontramos en Hechos 2:38, 41, 47 y que dice: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas… alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Nótese que aquellos que fueron evangelizados por Pedro fueron bautizados para ser añadidos a la iglesia. Sí, ¡añadidos a la iglesia!¡y fueron 3,000 almas! Así que el bautismo claramente nos añade, agrega, o unos une a la iglesia de Dios como miembros para encaminarnos a la salvación eterna. Pero los “Testigos de Jehová” tuercen esta verdad preciosa diciendo que sólo 144,000 bautizados son miembros de la iglesia pero no así el resto de Testigos bautizados, y que suman millones. ¿No es acaso esta doctrina Russelista-Rutherfordiana una herejía destructora?

Cuando a los Testigos de Jehová de la clase terrestre se les muestra estos versículos bíblicos de Hechos 2, se quedan pasmados y no saben qué decir. Simplemente se quedan en un estado de shock y no saben qué responder ante tan potente evidencia que contradice la doctrina de su culto. Después vuelven en sí y se percatan inmediatamente que algo no anda bien con su llamada iglesia ungida.

¿Pero qué más otorga el Bautismo?

Según el texto arriba citado, los bautizados reciben el don del Espíritu Santo. ¿Y qué importancia tendría esto? Pues mucha. El Apóstol Pablo les escribió a los romanos y les dijo claramente: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 8:17 Y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”. Según el Apóstol Pablo, los que tienen la guía del Espíritu Santo (los bautizados), éstos son hijos de Dios, y se convierten automáticamente en herederos de Dios y COHEREDEROS CON CRISTO. Esta verdad paulina contradice la doctrina de los “TJ” que dice que sólo los 144,000 Testigos “ungidos” son hijos de Dios. Sin embargo, como ya hemos visto, todos los que se han bautizado en agua son hijos de Dios, sin excepción alguna, y se convierten en herederos de Dios y coherederos con Cristo. Pero esto no lo aceptan los líderes clasistas de Brooklyn, el llamado “cuerpo gobernante” o “el esclavo fiel y discreto”.

Y finalmente, el apóstol Pablo dice algo muy importante: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad…”. Es decir, los bautizados ya tienen el Espíritu Santo que los ayudará para fortalecerlos en la debilidad de la carne y del Espíritu.

Para mayor información sobre la peligrosa secta de los “Testigos de Jehová”, vaya al link de “sectas” en el sitio web: www.elevangeliodelreino.org

¿QUÉ ES TAN DIFÍIL SOBRE EL BAUTISMO DE AGUA?

Por Sir. Anthony F. Buzzard, M.Th

Como uno que ha aprendido casi todo al ser desafiado en varias cuestiones bíblicas por más de 40 años, yo me atrevo a estimular el pensamiento en algunos colegas unitarios en la pregunta del bautismo. Éstos son amigos, cuyo celo por la Biblia es indudable, a quiénes se les ha enseñado que el bautismo en agua es un ritual inútil, no aplicable a los Cristianos.

El argumento ha sido puesto de este modo: “hay dos bautismos principales en el Nuevo Testamento:

a) bautismo de agua iniciado por Juan el Bautista; b) el bautismo en el espíritu — el bautismo con el cual Jesucristo bautiza y que hace a alguno Cristiano. ”

Tome una mirada cuidadosa a la susodicha declaración. Esto no es realmente un relato justo de lo que la Biblia enseña. Hay un mayor factor ausente. Los hechos son que Jesús también bautizó en agua. Hay por lo tanto tres bautismos, no dos: a) el bautismo de agua de Juan; b) el bautismo de agua autorizado por Jesús; c) el bautismo en el espíritu.

Cada uno es familiar con el bautismo de Juan. Ha sido claramente reemplazado por el bautismo cristiano. El bautismo cristiano es tanto por agua como por espíritu. En Juan 4:1, 2 aprendemos que “Jesús hacía y bautizaba a más discípulos que Juan (aunque Jesús mismo no bautizaba, pero sus discípulos sí lo hacían).” Juan 3:22 dice que “Jesús y sus discípulos entraron en la tierra de Judea, y allí Jesús pasaba el tiempo con ellos y bautizaba.” No hay duda, por lo tanto, que Jesús bautizó en el agua (aunque el acto real de la inmersión fuera realizado por sus agentes, los discípulos). Esta ceremonia de iniciación era el bautismo realizado por Jesús — bautismo cristiano en el agua.

La gran comisión manda que los discípulos, hasta que el final de la edad, vayan a todas las naciones y enseñen todo lo que Jesús enseñó. La parte de este mandato de hacer discípulos era “bautizándolos en el nombre de Padre, Hijo y Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Es una orden clara de los labios de Jesús, y esto figura entre las órdenes de marcha de la iglesia.

Los Apóstoles claramente lo entendieron de esa forma. La petición de Pedro a su auditorio del primer siglo no se ha vuelto obsoleta: “arrepentíos y bautícese cada uno en nombre de Jesucristo para la remisión de pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). La iniciación típica en la Iglesia es por el arrepentimiento, creyendo el Evangelio del Reino y el Nombre de Jesucristo y el bautismo en agua. Hechos 8:12 proporciona un credo temprano: “cuando ellos creyeron a Felipe que predicaba el Evangelio del Reino de Dios y el Nombre de Jesucristo, se bautizaban tanto hombres como mujeres.”

Como si no dejara ninguna escapatoria posible, Lucas relata que hasta después de la recepción del Espíritu Santo, los Gentiles debían ser bautizados en agua. Pedro sólo seguía la orden de su Señor cuando él llamó para el agua y les ordenó “ser bautizados quienes habían recibido el espíritu santo” (Hechos 10:47, 48). Cuando Pablo descubrió a conversos que habían recibido sólo el bautismo de agua de Juan, él inmediatamente administró el bautismo de agua cristiano en el nombre del Señor Jesús (Hechos 19:5). La Iglesia del Nuevo Testamento seguramente no enseñó que aquel bautismo del espíritu sustituyó el bautismo de agua cristiano. Los dos van juntos como la forma estándar por el cual una persona es afiliada al cuerpo de Cristo. Tarde en su carrera Pedro todavía puede hablar “del bautismo que nos salva”, como “una petición a Dios para una buena conciencia” (1 Pedro 3:21). Por supuesto, nadie sugiere que haya algo “mágico” en el agua. Lo que cuenta es la sumisión como niños a la ordenanza prescrita por Jesús. Este es un simple asunto de la obediencia.

El bautismo sin una continuación persistente en la vida cristiana no puede salvar a una persona, más que una decisión antigua que no es seguida del compromiso. La salvación es por gracia y fe, lo que significa también (en las palabras de Pablo) “obediencia de corazón a aquella forma de enseñanza a la cual fuisteis entregados” (Rom. 6:17). Aquella enseñanza incluyó el bautismo. Este modo de invitar a conversos para volverse Cristianos es una parte de lo que la salvación por la fe significó para los Apóstoles. Ellos enseñaron “la obediencia a la fe” en todas partes (Rom. 1:5; 16:26).

Dios nos ha dado un procedimiento apropiado para la admisión a Su Iglesia. El bautismo en agua es un renuncia pública del pecado y una determinación de servir a Dios y al Mesías. Las etiquetas como “ordenanza carnal” “o legalismo” falsifican la enseñanza apostólica sobre el bautismo de agua cristiano. Jesús mismo fue bautizado en agua (Lucas 3:21). Él hizo y bautizó a conversos (Juan 4:1), y él pidió que sus seguidores a hacer y bautizar conversos (Mateo 28:19, 20).

No hay ninguna necesidad de división o diferencia sobre esta materia muy simple, que no ha sido una cuestión problemática para millones de lectores de la Biblia durante muchos siglos.

Los Evangélicos reconocen que la petición de Pedro para el arrepentimiento y el bautismo es sorprendentemente diferente de las fórmulas evangelísticas modernas. Escribiendo sobre “Conversión en la Biblia,” R.T. France observa que:

Nuestra tendencia de ver el bautismo como un accesorio opcional simbólico, o estar avergonzado por la inclusión de un acto físico como la parte del proceso espiritual de la conversión, contrasta con el lenguaje fuertemente “realista” del Nuevo Testamento sobre el significado salvador del bautismo (p.ej, Juan 3:5; Rom. 6:3-4; Gál. 3:27; Col. 2:12; Tito 3:5; 1 Pedro. 3:20-21). Mientras no hay ninguna base Neo Testamentarias para creer que el bautismo por sí mismo hace a una persona Cristiana, la idea de un Cristiano sin bautizar es igualmente foránea a su pensamiento. “Sin ello [bautismo] un creyente no entraba en la comunidad primitiva de la fe” (S.S. Smalley) (Evangélico Trimestral, 65:4, 1992, p. 306).

Apelamos, por lo tanto, a nuestros amigos unitarios que han sido agarrados en la opinión falsamente espiritual de que el acto físico del bautismo no es parte del aprendizaje cristiano. Eran los gnósticos que crearon una división equivocada entre lo que es físico y lo que es espiritual. Los Apóstoles, en encomendar el bautismo de agua, eran obedientes, como deberíamos serlo nosotros, a la orden de Cristo. Y el reconocimiento del Señorío de Jesús es el corazón de lo que esto significa ser un creyente. No hay ninguna confesión genuina de Jesús como Señor sin la obediencia (Rom. 10:9).

EL REINO DE DIOS DEL CUAL MUY POCOS HABLAN

Por Ing° Mario A Olcese

Un estudio concienzudo acerca de la predicación de Jesucristo y sus apóstoles referente a un nuevo orden mundial que Dios inaugurará en la nueva tierra.

La Predicación de Jesucristo y sus Apóstoles

En el libro del evangelista Marcos (1:1,14,15), y en el de Mateo (4:17) leemos que Jesús comenzó su ministerio en Galilea, predicando “El Evangelio del Reino”, y diciendo: “el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado: arrepentios y creed en el evangelio.” Este evangelio del reino era el CENTRO de su mensaje y la razón de su venida. En Lucas 4:43 Jesús revela que le era necesario anunciar a otras ciudades el evangelio del reino de Dios, porque para esto fue enviado. Los cuatro evangelistas incluyen en sus escritos o evangelios, más de 60 ocasiones diferentes en las que Jesús se refirió al reino de Dios. Incluso en los Hechos de los Apóstoles, la frase “el Reino de Dios” aparece 6 veces. El apóstol Pablo se refiere 9 veces al reino de Dios. Por tanto, el reino de Dios merece una especial consideración y estudio bíblico profundo, pues es profusamente mentado en toda la Biblia, y en particular, en el Nuevo Testamento.

El Reino de los Cielos

El evangelista y apóstol Mateo, opta por hablar de: “El Reino de los Cielos, cuando los otros tres evangelistas hablan de: “El Reino de Dios. Solamente en 4 ocasiones Mateo usa la frase “El Reino de Dios(6:33; 12:21,28,31,43), en tanto que la frase “el Reino de los Cielos aparece 32 veces en su evangelio. Generalmente se explica la preferencia de Mateo por esta última frase para denotar el carácter CELESTIAL del reino, vale decir, que proviene de ARRIBA, como un DON DE DIOS y no como una creación meramente humana y perecible.

La lengua nativa de los judíos, en los tiempos de Cristo, era el arameo, un dialecto semítico muy cercano al Hebreo. Jesús habló este dialecto en toda su predicación y enseñanza doctrinal. Sus dichos, tal como están registrados en los evangelios, fueron vertidos del vernáculo al griego, que era el idioma literario de la época. El respeto que tenían los judíos hacia el nombre de Dios hacía que evitaran pronunciarlo. Temían incurrir en alguna frase que pudiera considerarse uso vano del nombre de Dios, y en consecuencia recurrían a substitutos: “Los cielos” era uno de los más empleados. Y es casi seguro que el mismo Señor lo haya usado también para evitar herir las susceptibilidades de sus paisanos. De este modo el evangelista se adapta a la peculiaridad de su público, y así hacer accesible el mensaje entre su propio pueblo.

El Significado de “Basileia

En su expresión concreta, “basileia” quiere decir “domino”, “territorio”, “reino”, o “el pueblo sobre el cual gobierna el rey.” En su expresión abstracta denota “soberanía” y “poder real”. En términos concretos “baseileia” denota un nuevo orden, material y social, que será establecido mediante Cristo. Abstractamente podría denotar el reino de Cristo “en el corazón de los creyentes” mediante la vida, muerte y resurrección de su rey Jesucristo.

El Reino de Dios en el Antiguo Testamento

La expresión “el Reino de Dios” no aparece en el Antiguo Testamento aunque sí “El Reino de Jehová”, que es lo mismo, pues Jehová es Dios (ver 1 Crónicas 28:5). Y el salmista David habla de Jehová como un rey que tiene un trono y un reino (103:19). También en el Antiguo Testamento el significado del reino de Jehová se puede entender de dos maneras: Que Dios ya es un rey, y que reina sobre toda la tierra habitada y sus naciones que de alguna manera hacen su voluntad. Segundo: como un gobierno de Dios futuro en donde el mal será totalmente erradicado junto con los enemigos de Dios. Los profetas vislumbraron esa era maravillosa cuando Dios ejecute juicio en la tierra y por fin establezca la paz y la justicia eternas. El mundo, finalmente, será hermoso como en el paraíso edénico, antes de la caída de los primeros padres humanos. Para ese entonces, Israel vivirá en paz con sus vecinos, y las guerras y miserias en la tierra quedarán en el olvido. Jerusalén será el centro del reinado del Mesías, el representante legal de Dios, que educará a las naciones en el conocimiento de Jehová (Isaías 9:6,7; 11:1-12; 24.23; 65:17-25; Miqueas 4:1-5).

Los Judíos de la época de Jesús esperaban la venida del reino de Jehová (Dios). Muchos de los escritores apocalípticos esperaban que Dios estableciera su reino de manera espectacular con demostraciones de poder, trayendo la salvación a su pueblo y el castigo de sus enemigos. Los llamados ZELOTES pensaban que el reino vendría más rápidamente si ellos lo precipitaban por acciones políticas violentas. Los FARISEOS, en cambio, creían que el reino vendría cuando el pueblo elegido de Dios obedeciera la ley de Dios fielmente. Todas estas expectativas prepararon la escena para la aparición de Juan el Bautista en el desierto proclamando que el Señor había llegado, y que “el reino de los cielos se había acercado” (Mateo 3:1-6).

La Historia de la Interpretación

La Iglesia Cristiana, a lo largo de su historia, ha interpretado el Reino de Dios de dos maneras: Una es la que tiene un carácter escatológico o futurista, y el otro que recalca su naturaleza presente o consumada. Por cierto que en la Iglesia primitiva el concepto futurista fue el que predominó. Los llamados “Padres Apostólicos” contemplaron el reino como un asunto FUTURO de dicha que se consumaría con la segunda venida de Cristo al mundo. Además, algunos de esos “padres” sostuvieron, incluso, que sería un dominio terrestre, aunque otros no se atrevieron a mencionar lugares concretos. El único que no aceptó la interpretación escatológica fue Orígenes. Él creyó que el reino tenía un significado espiritual o simbólico y no literal.

Agustín de Hipona escribió en su obra De Civitate Dei’ (La Ciudad de Dios) que la Civitate terrena (La Ciudad del Mundo), la cual se compone de todas las fuerzas y personas malas, encuentra su expresión histórica en la iglesia. En realidad, al identificar Agustín el reino con la iglesia militante, lo que estaba diciendo es que el reino milenario de Dios había sido inaugurado con la primera venida de Cristo, hace dos milenios.

Los reformadores hicieron suyo el énfasis espiritual del reino de Agustín llevándolo al “corazón” del creyente. No obstante, los reformadores esperaban igualmente la manifestación visible de dicho reino con la segunda venida de Cristo al mundo.

En el llamado periodo moderno de la historia de la Iglesia, se han producido una serie variada de ideas que desarrollan las diversas líneas anteriormente mencionadas. Johannes Weiss y Albert Schweitzer hicieron frente a un fuerte liberalismo que intentó eliminar el elemento escatológico del reino predicado por Jesús, y el cual era su mero núcleo vital. Según Weiss y Schweitzer, el reino, para Jesús, era una realidad totalmente FUTURA, apocalíptica, que aparecería al final de la historia humana, mediante la acción poderosa y sobrenatural de Dios. Afirmaron que la idea de una presencia actual del reino era un invento de los autores de los evangelios y que no debía considerarse como auténtica enseñanza de Jesús. Su interpretación del reino es conocida como “escatología consistente” o “coherente”.

Para Harnack, el reino de Dios era el gobierno divino en “el corazón de los santos”. Para él, el reino es el poder que obra en el interior de la vida humana. Dobschütz, Muirhead, Wellhausen, y Sharman han insistido, del mismo modo, en sostener que la dimensión escatológica NO era esencial en la enseñanza de Jesús, o que francamente se trata de un agregado que sus primeros discípulos o la iglesia primitiva creyeron necesario hacer al mensaje. F.C.Grant también rechazó el factor futurista del reino, afirmando que éste debía entenderse solamente en términos de una “redención social”. A.B. Bruce y James Orr no toman en cuenta el factor futurista del reino, considerándolo más bien sólo simbólico, o “en el corazón de los hombres”, el cual produciría una transformación social radical a medida que aumentara el número de creyentes. Cuando todas las áreas de la vida y el pensamiento hayan sido penetradas y regeneradas mediante el poder del reino, entonces “éste habrá llegado”.

Rudolf Otto, en su libro ‘El Reino de Dios y el Hijo del Hombre’, ve el reino como una esperanza futura, pero que de alguna manera ya se ha presentado en la persona y ministerio de Jesús. W.G. Kümmel, igualmente opina que el reino de Dios es presente y también futuro. Emil Brunner sostiene que el fin último de la historia ya comenzó con la iglesia, pero que todavía tenemos que esperar su cumplimiento final en el futuro. R. N. Flew habla del reino como presente y futuro, así: “El reino ha venido en la persona de Jesús, sus bendiciones pueden gozarse ahora mediante a fe. Pero no ha venido del todo. La consumación final aún se tarda.” (Jesús y Su Iglesia, pág.32).

Ahora bien, la interpretación contemporánea más discutida es aquella del eminente teólogo inglés C.H.Dodd, y que se conoce como “escatología realizada”. Él la desarrolló en su libro “Las Parábolas del Reino”. El estudio hecho por Dodd de las parábolas de Jesús, y otros dichos colaterales, lo llevó a creer que, para nuestro Señor, el reino ya había venido. El futuro formaba parte, ahora, de la experiencia actual de los hombres. El absoluto ha penetrado la arena histórica. El supuesto Cristo Eterno ha entrado en el tiempo. Él mismo sería el cumplimiento de la esperanza escatológica. Su venida es la venida del reino de Dios. Su reino vino con él y, por tanto, no hay que esperarlo para mañana. El futuro se está realizando en la vida de Cristo y en la vida de su iglesia. Pero para ser justos, Dodd no presta mucha atención a los dichos de Jesús en cuanto a la venida aún futura del reino, y sólo se limita a darles a éstos un sentido meramente simbólico.

El Reino: Presente y Futuro

El aspecto del reino presente se encuentra en los textos de Marcos 4:3 ss. En donde el reino presente se compara con una semilla que se siembra en los corazones de los hombres en esta vida. En Marcos 12:34 Jesús le dice a un escriba: “no estás lejos del reino de Dios”. En Mateo 12:28 Jesús dice que: “El reino ciertamente ha llegado a vosotros” por el hecho de expulsar a los demonios de un ciego y sordo. En Mateo 13:44-46 Jesús habla del reino como un tesoro escondido en la tierra, que los hombres pueden descubrir ahora. En Lucas 17:20-21 Jesús declara que “el reino está entre vosotros”. Es decir, su presencia en la tierra es la presencia del reino de Dios.

Si bien es verdad que algunas declaraciones de Jesús muestran un reino presente en su ministerio, también es cierto que hay una dimensión futurista del mismo en otras de sus declaraciones. En primer término, 6 de las Bienaventuranzas sólo podrán cumplirse en el FUTURO (Mateo 5:4-9). En Mateo 25:31,34 Jesús habla de un reino que sólo se podrá heredar cuando él vuelva por segunda vez. En Mateo 26:29, durante la última cena, Jesús les dice a sus discípulos que anticipa el día cuando beberá con sus discípulos del fruto de la vid, en el reino de su Padre.

Aunque el apóstol Pablo no suele usar muy a menudo la palabra reino, las veces que lo hace lo hace dando a entender su carácter presente como futuro. En Romanos 4:17 el apóstol Pablo parece indicar que el reino puede ser vivido ahora entre los creyentes. En Colosenses 1:13 él igualmente parece indicar que de alguna manera el creyente está “ahora” trasladado al reino de Cristo. Pero Pablo no pasa por alto el aspecto futuro del reino, porque en 1 Corintios 6:9, 15:50; Gálatas 5:21; y 2 Timoteo 4:1,18; lo que tiene en mente es un reino en la tierra eminentemente FUTURISTA, que exige nuestra previa conversión y transformación física por la resurrección venidera. Estos textos tienen estrecha relación con la PARUSÍA o segunda venida de Cristo. En Hechos 14:22, Pablo recalca el hecho de que para entrar reino se requiere pasar por muchas tribulaciones.

El Reino y La Iglesia de Jesucristo

Agustín de Hipona creía que el reino de Dios era la iglesia militante. La tardanza de un reino literal hizo que ese ideal se viera reflejado en una sociedad, que llegó a conocerse con el nombre de “iglesia”. E. F. Scott , en su obra “El Reino de Dios en el nuevo Testamento”, página 170 dice: “Jesús había proclamado el reino, pero en su lugar se levantó la iglesia”. Lo que Jesús realmente hacía era buscar un nuevo pueblo a quien se le daría el reino.

El Reino de Dios y la iglesia son inseparables, pues a ésta Dios le ha prometido darle su reino (Lucas 12:32). La iglesia es la que recibirá el reino de Dios. Es el pueblo escogido que restaurará el reino davídico en la tierra. El reino está conformado por hombres santos (Judíos y Gentiles) convertidos por el evangelio de Cristo. A estos santos, de todas las épocas, podemos llamarlos como: “La Iglesia de Dios”, “El Cuerpo de Cristo”, “La Novia”, “Los Elegidos”, etc. La iglesia es la heredera del reino (Mateo 25:31,34). Jesús afirmó que el reino es algo que se puede VER y ENTRAR (Juan 3:3,5), y Pablo también dijo que “carne y sangre” (los mortales) no lo pueden heredar (1 Corintios 15:50). En cambio, uno puede ser parte de la iglesia siendo mortal. Esta es la gran diferencia sustancial entre el reino y la iglesia. Por otro lado, uno puede ser parte de la iglesia inmediatamente después del bautismo (Hechos 2:38,41); en cambio, para heredar el reino uno tiene que haber sufrido por Cristo y también haber crecido en la fe y el conocimiento del Señor. Y lo más importante aún es haber recibido la transformación física cuando Cristo regrese nuevamente a este mundo (ver 2 Pedro 1:8-11; Hechos 14:22; 1 Corintios 15:45-50). Aunque en la iglesia se admiten “niños espirituales” ( 1 Corintios 3:1-2) que deben crecer a la estatura de Cristo, en el reino sólo ingresan los “maduros espirituales”, aquellos que han llegado a la “perfección espiritual” (Efesios 4:12,13,15) (2 Pedro 1:3-11). Por otro lado, parece evidente que nuestro Señor consideraba que alguna forma de asociación y organización de carácter comunitario era esencial para a mejor promoción del reino. A lo largo de la historia de la Iglesia Cristiana, los teólogos de la iglesia han insistido en la íntima relación entre la iglesia y el reino. Pero hay, evidentemente, diferencias entre ellos con respecto a la naturaleza y a los alcances de esta relación. Pero en la medida que la iglesia está verdaderamente sometida al gobierno divino, puede decirse que es el reino de Dios. Pero el orden divino nunca logra realizarse del todo en este orden humano finito; por eso la Iglesia Cristiana espera la consumación final, cuando Dios perfeccione esa fraternidad humana centrada en Cristo. Entonces se podrá decir con plena seguridad que el reino de Dios habrá venido plenamente.

El Reino Futuro y Su Naturaleza Real

La Biblia nos habla del reino venidero, pero: ¿Cómo es su naturaleza? No se nos dice si habrá de presentarse como un reino terrenal, que será seguido por un reino celestial, o si hemos de esperar una acción decisiva y final, mediante el cual “cielo y tierra” serán cambiados según los propósitos de Dios. No obstante, sería necio negar que la Biblia sí presenta una naturaleza política y terrena del reino de Dios. El Antiguo Testamento está repleto de profecías que hablan de un reino que se establecerá en esta misma tierra. En la literatura judía, el reino se presenta de 3 formas posibles: 1). El reino producirá una transformación de los cielos y la tierra. 2). El reino será eterno en la tierra. 3). El reino es un orden temporal y terreno, que será seguido por un reino celestial y eterno.

En el Nuevo Testamento existen pasajes clarísimos que hablan de un reino terrenal. Jesús, por ejemplo, dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán a tierra” (Mateo 5:5, con referencia al Salmo 37:11). En otra ocasión les enseñó a sus discípulos a que oraran por la venida del reino a la tierra (Mateo 6:10). Ahora bien, de la Biblia entera se desprende que el reino tiene estos aspectos básicos y muy claros:

1.- Dado que el reino futuro tiene relación con la segunda venida de Cristo, su implantación estará acompañado por eventos visibles, sobrenaturales, y catastróficos (1 Tesalonicenses 4:15-17; Marcos 13:24-27).

2.- El actual orden de cosas será juzgado (2 Tesalonicenses 1:5-12; 2 pedro 3:4-10; Apocalipsis 19:11-16).

3.- Todos los que se oponen serán sometidos a Dios (Filipenses 2:9-10; 1 Corintios 15:20-23).

4.- Se cristalizarán todas las promesas hechas a los fieles de todos las épocas (Apocalipsis 21:3,4), las cuales incluyen:

a-El reino se establecerá en Jerusalén.

b-El Mesías tendrá su trono con sus apóstoles en Jerusalén

c-El reino será mundial y todos pueblos se someterán a Cristo y a su autoridad: Un solo gobierno.

d-Habrá paz, justicia, y desarme mundiales.

e-Los rebeldes e impíos serán destruidos.

f-Los elegidos recibirán el reino en la segunda venida de Cristo, cuando obtengan su inmortalidad.

g-El reino durará mil años.

h-No existirán pobres ni desamparados.

i-El diablo será atado junto con sus demonios para que no engañen a los pueblos.

j-Habrá sólo una religión y un solo gobernante mundial con la autoridad de Dios.

k-La vida será más larga y saludable.

l-No habrá explotadores ni explotados.

m-No habrá revueltas, ni protestas, ni descontentos populares.

n-Los que no quieran servir al Rey Cristo no les irá nada bien, y por tanto, optarán por él de buena gana. Preferirán las bendiciones que las maldiciones de Dios Padre.

Por tanto, sostener que el reino es sólo presente o futuro, es ignorar las mismísimas palabras de Jesucristo. Los eruditos, en su mayoría hoy, creen en un cumplimiento futuro del reino. No obstante, los amilenialistas (los que no creen en un reino personal y futuro de Cristo en la tierra por mil años), sean católicos o protestantes, sólo ven un reino presente en la iglesia militante.

Jean Hearing, en su estudio escatológico sobre “El Reino de Dios y su Venida”, escribe: “Jesús enseñaba que un germen invisible del reino de Dios existía desde el comienzo de su predicación; pero tal es su noción del reino, que ella exige una realización completa visible en el futuro mediante una transformación del orden cósmico.”

El teólogo católico Karl Adam reconoce que: “Restringir lo fundamental de su mensaje a esta predicación moral, sería desconocer el contenido religioso, más precisamente, el carácter sobrenatural y escatológico del nuevo reino” (…) su venida está todavía en el futuro, y es preciso decir: Que tu reino venga.”

El Reino de Dios e Israel

El reino de Dios es un mensaje que todavía debe ser anunciado al mundo habitado. Jesús dijo que antes que el fin venga, el reino de Dios se habrá anunciado como testimonio a todas las naciones (Mateo 24:14). Este es un mensaje vivo y actual que el mundo debe oír. Cuando Cristo murió y resucitó al tercer día, todavía permaneció 40 días más entre sus discípulos, predicándoles más sobre la restauración del reino Israel (Hechos 1:3,6). Tómese nota de la pregunta de los apóstoles en el verso 6. Es obvio que esta pregunta apostólica se hizo como corolario a toda la enseñanza de Jesús. Aquí se deja notar que aún hay un reino judío por establecerse en la tierra. Es un reino eminentemente futuro, para la segunda venida de Cristo. Ahora bien, algunos teólogos amilenialistas sostienen que los discípulos no sabían lo que preguntaban, de que estaban errados y confundidos, y que no habían captado el mensaje de su Maestro correctamente. Pero me pregunto: ¿Fueron todos los discípulos de Jesús torpes para no entender el claro mensaje que Cristo les estaba inculcando? O, ¿Fue Jesús un mal maestro que no se sabía explicar? Pero lo cierto y curioso es que todos los discípulos le preguntaron lo mismo: “¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Por otro lado, Jesús no los corrige o reprende por semejante pregunta “inoportuna”. Él sólo les dice: “No os toca a vosotros saber os tiempos olas sazones que el Padre puso en su sola potestad.” En buena cuenta, la pregunta era válida y oportuna, pero la respuesta a dicha pregunta sólo el Padre la podía contestar. Está claro que aquí hay un reino que tiene que ver con Israel. Pero los amilenialistas dicen que éste es espiritual, es decir: el cuerpo místico de Cristo, su iglesia. Pero me pregunto nuevamente: ¿Tiene sentido que se le restaure a la iglesia, el reino? ¿Acaso alguna vez la Iglesia de Cristo perdió su reino? La iglesia pura y sin mácula NUNCA ha reinado en este mundo— ¡sólo la Iglesia falsa y apóstata!.

Aunque en cierto modo el reino vino con Cristo y sus exorcismos y curaciones milagrosas, lo cierto es que el reino se establecerá plenamente sólo cuando Cristo ate a Satanás y a sus demonios y los lance al abismo (Apocalipsis 20:1-4). Es por eso que es difícil pensar que el reino ya se estableció plenamente hace dos mil años, pues ello implicaría que Satanás ya estuvo encadenado en el abismo sin poder engañar a nadie (Apocalipsis 20:3). Pero: ¿Podría alguno pensar que este mundo es un mundo ideal reinado sólo y únicamente por el buen Cristo y su iglesia? Pero la verdad es que la drogadicción, las pestes, los hogares destruidos, los crímenes, las miserias, y mil males más, son señales de que aún Satanás reina libremente y tiene su maléfico accionar entre los hombres. O ¿Es que Jesús es un mal gobernante? ¡De ningún modo! Cuando Cristo reine, ¡el mundo gozará de justicia, paz, y amor verdaderos! (Isaías 9:6,7). Finalmente, si el reino se estableció en el 33 D.C como dicen los amilenialistas, ¿por qué Juan dice en el año 90 D.C, que “todo el mundo yace bajo el poder el maligno” (no “bajo el poder de Cristo”)? (1 Juan 5:19) ¿no debió estar atado el Diablo y sus demonios para ese entonces? Recuérdese que el reino se establece después de la atadura del Diablo (Apocalipsis 20:1-3). Es evidente que el Diablo no fue atado en el año 33 D.C ni en el 90 D.C, ni tampoco en este siglo XXI. Hay un reino que se establecerá aún en el futuro, y que conlleva la neutralización total del Diablo y sus demonios por un milenio, y el florecimiento de la paz y la justicia por todo el mundo habitado. Estos son algunos puntos que no se pueden pasar por alto obviamente. Desgraciadamente los llamados “Testigos de Jehová” si han pasado por alto estos aspectos señalados anteriormente.

Algunos Testimonios Interesantes

El carácter futurista el reino fue expresado por Padres y Apologistas de la fe. Ireneo (185 D.C, Obispo de Lyon), escribió: “…en su segunda venida les dará a los suyos un lugar en su reino.” (Contra las herejías). Clemente Romano (96 D.C, Segundo obispo de Roma) escribió en su segunda epístola, lo siguiente: “Si entonces hacemos lo que es justo a la vista de Dios, entraremos al reino, y recibiremos las promesas…esperemos cada día y cada hora el reino de Dios en amor y rectitud”. Ignacio (Obispo de Antioquia, siglo II) creyó que el viejo reino del mal sería destruido en la segunda venida de Cristo (Ign. Eph. 16:1). Hermas, un profeta de Roma (siglo II), tenía una clara visión futurista del reino y enfatizó en la conducta moral para entrar en él. (Herm. Sim. 9:16.2-4). Papías de Hierápolis (Siglo II) creyó que la esperanza para un reino milenario en la tierra era real. También Cerinto dice que después de la resurrección la casa real de Cristo estará en la tierra (Gayo de Roma, de la Historia de la Iglesia de Eusebio 3.28.2).

Por otro lado, es interesantísimo el testimonio del Apologista Justino Mártir (Siglo II). Él hace uso de la palabra reino frecuentemente en su Diálogo con el Judío Trypo, y en donde se registran los debates más frecuentes entre cristianos y judíos. Justino le asegura al judío Trypo que Cristo volverá al mundo para recompensar a sus seguidores, dándoles entrada en su reino milenario que se establecerá en Jerusalén (Diálogo 80). Además Justino le dijo a Trypo, que aquellos que enseñan sobre la supuesta partida al cielo de las supuestas “almas inmortales”, NO SON CRISTIANOS. Finalmente el movimiento Montanista tenía como una de sus características, la expectación de la inminente aparición del reino

Resumen

El Reino de Dios fue y es aún interpretado como un asunto presente y futuro. Desde el siglo II el reino tiene un carácter escatológico. Los autores cristianos del segundo Siglo son uniformemente FUTURISTAS. Y para algunos de ellos, dicho reino sería, además, TERRESTRE Y MILENIAL. Tal es el caso de Cerinto, Papías, Justino Mártir, Ireneo, y otros.

Es con Orígenes (185-254) que viene el cambio del uso común de la palabra reino por otro “espiritualy “en el corazón de los hombres”. En cierto modo Orígenes fue influenciado por el pensamiento Gnóstico de la época que sostenía un reino en el alma. Se puede decir que él sentó las bases del pensamiento Agustiniano y de otros filósofos cristianos protestantes de los siglos venideros. Orígenes se alejó del pensamiento cristiano post apostólico del siglo II.

martes, 22 de abril de 2008

LA GLORIFICACIÓN DE CRISTO Y DE LOS CREYENTES

Por el Dr. Javier Rivas Martínez.

«Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, sino muere antes » (1 Co.15:35-36).

Glorificar. (Del lat. glorificāre). tr. Hacer glorioso algo o a alguien que no lo era.

Para que el verdadero creyente pueda ser resucitado para vida eterna o si éste vive y está en Cristo, tendrá que ser previamente trasformado o glorificado para tal efecto (1 Co.15:51-52). Es imposible que el creyente no sea glorificado cuando Cristo venga al mundo por segunda vez, ya que se requiere un cuerpo idóneo para reinar con él todo un largo milenio en una Tierra ya regenerada para entonces (Mt.19:28), y para toda una eternidad después que Cristo entregue el Reino al Dios Padre (1 Co.15:24). Si los muertos en Cristo no son glorificados en el día de su resurrección (Jn.5:5:29a), sus cuerpos estarían propensos a morir de nuevo y sufrir disgregación por los procesos naturales de descomposición. No serían aptos para entrar al Reino Milenial en la Tierra, ni tener posibilidad alguna para llevar una vida por toda la eternidad con su Creador. En la actualidad, como Hijos de Dios, poseemos cuerpos terrenales (1 Co.15:40), que son mortales y corruptos por el pecado (1 Co.15:42) pero que serán trasformados en el futuro (Fil.3:21).

Cuando Pablo se refiere al cuerpo espiritual (1 Co.15:46), no trata de decir que será incorpóreo o etéreo en su glorificación o en su transformación perpetua. Sencillamente indica que el cuerpo tendrá características celestiales («la imagen celestial», 1 Co.15:49), como Cristo las tuvo en el momento de su resurrección (Mr.16:6; Ro.1:4; 10:9). Cristo negó ser un espíritu incorpóreo:

«Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo» (Lc.24:39).

Cuando Cristo fue levantado del frió y bruno sepulcro, poseía un cuerpo de carne y huesos (Jn.24:39), pero la diferencia entre un cuerpo mortal y terrenal y el suyo es que había un cambio de transformación gloriosa por el poder de Dios para no sufrir corrupción jamás después de su resurrección (Hech.2:24-31). La Biblia dice que cuando Cristo se manifieste visiblemente al mundo, en su segunda venida poderosa, seremos semejantes a él; y se cumplirá en el momento del descenso del Hijo del Hombre a la Tierra (1 Ts.4:16.17; Mr.13:26-27; Lc.21:27; 1Jn.3:2; Ap.1:7).

La Biblia además da entender con claridad que el acto de la resurrección gloriosa no trasformó a Cristo en otra ser, sino que siguió siendo precisamente la misma persona u hombre, pero en una condición diferente. Cuando Cristo regrese a juzgar a los hombres de todas las naciones de la Tierra (Mt.25:30-46) y a reinarlo con poder (Sal.2:6-9; Dn.2:44; 7:13-14; Ap.2:26-27), será indudablemente como un hombre hecho y derecho (1 Tim. 2:5), pero en un estado de glorificación que lo hacen corporalmente diferente hogaño al resto de los individuos mortales que integran la humanidad.

Para Cristo las puertas y paredes no eran obstáculo para su nueva condición corporal (Jn.20:26), pudo ser tocado en esa forma (Lc.24:39), pudo comer con su cuerpo glorioso (Lc.24:41-43), ascendió al cielo en ese estado sobrenatural (Lc.24:51).

En el levantamiento y juicio de todos los impíos y perversos, al final de las cosas creadas (Ap.20:11), la Biblia no detalla que sus cuerpos serán glorificados en su resurrección de condenación (Jn.5:29b). Posiblemente sean levantados íntegramente, con cuerpos normales, y luego del juicio, lanzados al Infierno de Fuego para ser aniquilados o destruidos definitivamente (Ap.20:12-15).

El movimiento gnóstico que logró mimetizarse en el cristianismo de los tres primeros siglos de nuestra era, se centra en que toda materia es inherentemente mala. Es por eso que rechaza que Cristo, como Hijo puro de Dios, haya tenido un cuerpo humano. Los gnósticos, en este caso, los docetitas (dokeo, gr., que significa parecer), argumentaban que Jesús aparentaba tener un cuerpo humano. Que solamente era una aparición, un espectro; es por eso que Juan en su primera epístola, los combate violentamente. Por otra parte, el gnosticismo cerintio declaraba que «un Cristo divino descendió sobre un Jesús humano en el momento de ser bautizado y que lo abandonó poco antes de su crucifixión».

La Biblia nunca menciona que Cristo fue un ser etéreo o fantasmal después de su resurrección. Más bien dice que Cristo negó ser un espíritu, y dijo tener un cuerpo de carne y huesos. En el bautismo del Señor Jesús, el Espíritu de Dios, el del Padre, y no de un un supuesto «Cristo divino», vino sobre él en forma corporal, como paloma, para prepararlo para su obra poderosa de milagros y de salvación que llevó a cabo en la tierra de los vivientes pecadores y condenados (Is.61:1-2; Mt.12:28; Lc.3:22; 4:1, 18-19; Ro.3:23).

El Cristo resucitado dijo a sus discípulos ser la misma persona que conocieron antes ( « ..que yo mismo soy...», Lc.24:39). No fue una figura mística, avatar o eón después de su resurrección, ni tampoco antes. Así como Cristo fue glorificado en su resurrección, los creyentes que han muerto lo serán por igual, y si viven, serán trasformados en gloria también, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de cada uno de los hombres de la tierra en su segunda venida poderosa, en las nubes del cielo (Ro.2:16; Mr.13:26; Ap.1:7).

«Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siempre en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. . .» (1 Co.15:41-44a).

Dios les bendiga hermanos míos.