Datos personales

Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

viernes, 19 de agosto de 2011

ZACARIAS 14

¿Hecho o ficción?

Por Dr. David R. Reagan

Cuando tenía unos 12 años, tropecé con Zacarías 14. Fue un descubrimiento asombroso.

Verá, crecí en una iglesia donde se nos decía una y otra vez que “no hay un versículo en la Biblia que implique siquiera que Jesús pondrá alguna vez Sus pies sobre esta tierra de nuevo”.

Lenguaje sencillo

Bueno, Zacarías 14 no sólo implica que el Señor va a volver a esta tierra otra vez, ¡lo dice a quemarropa! El pasaje está escrito en un lenguaje sencillo que cualquier niño de 10 diez años puede entender.

Dice que el Señor regresará a esta tierra en una época cuando los judíos estén de vuelta en la tierra de Israel y su ciudad capital, Jerusalén, esté bajo sitio. Justo cuando la ciudad está a punto de caer, el Señor volverá al Monte de los Olivos.

Cuando sus pies toquen el suelo, el monte se partirá a la mitad. El remanente de judíos que quede en la ciudad buscará refugio en las hendiduras de la montaña. El Señor pronunciará entonces una palabra sobrenatural y los ejércitos que rodeen a Jerusalén serán destruidos en un instante. El versículo 9 declara luego que en ese día “el Señor será rey sobre toda la tierra”.

Una interpretación enredada

Cuando descubrí por primera vez este notable pasaje, se lo llevé a mi ministro y le pregunté lo que significaba. Nunca olvidaré su respuesta. El pensó por un momento y luego dijo: “Hijo, no sé lo que significa, pero te garantizo una cosa: ¡no significa lo que dice!

Durante años después de eso, mostraría Zacarías 14 a cada evangelista que vino de visita a la ciudad predicando que Jesús nunca regresaría a esta tierra. Siempre recibí la misma respuesta: “No significa lo que dice”. Esa respuesta no me satisfizo.

Una interpretación sofisticada

Por último, me encontré con un ministro que era un graduado del seminario y me dio la respuesta con la que yo podía vivir. “Nada en Zacarías significa lo que dice”, me explicó, “porque todo el libro es apocalíptico”.

Ahora bien, yo no tenía la menor idea de lo que “apocalíptico” significaba. No sabía si era una enfermedad o una filosofía. Pero sonaba sofisticado y, después de todo, el tipo era un graduado del seminario, así que él debía saber.

Una experiencia de descubrimiento

Cuando empecé a predicar, repetía como loro lo que había escuchado toda mi vida desde el púlpito. Cuando hablaba acerca de profecía, siempre enfatizaría que Jesús nunca regresará a esta tierra. Ocasionalmente, alguna persona se acercaría después del sermón y me preguntaría, “¿Qué acerca de Zacarías 14?” Yo les contestaba bruscamente con una palabra, “¡APOCALIPTICO!” ¡Ellos usualmente corrían asustados hacia la puerta!

Entonces, un día me senté y leí el libro entero de Zacarías. ¿Y adivine qué? ¡Todo mi argumento se fue por el drenaje! Descubrí que el libro contiene muchas profecías acerca de la primera venida de Jesús y descubrí que todas esas profecías significaron lo que ellas dijeron. De repente se me ocurrió que si las profecías de Zacarías acerca de la primera venida significaron lo que ellas dijeron, ¿por qué entonces no lo harían también sus promesas acerca de la segunda venida?

La regla del sentido llano

Ese fue el día que dejé de jugar con la Palabra Profética de Dios. Empecé a aceptarla por su significado del sentido llano. Decidí que si el sentido llano tenía sentido, no buscaría otro sentido, a menos que terminara sin sentido(*).

Un buen ejemplo del enfoque sin sentido se encuentra en el libro El Milenio (The Millennium), de Loraine Boettner. El espiritualiza todo Zacarías 14. El argumenta que el Monte de los Olivos es un símbolo del corazón humano rodeado por el mal. Cuando una persona acepta a Jesús como Salvador, Jesús viene a la vida de la persona y se para en su “Monte de los Olivos” (su corazón). El corazón de la persona se quebranta en arrepentimiento (el hendimiento del monte) y entonces Jesús derrota a las fuerzas enemigas en la vida de las personas.

¡Yo sugeriría que a este teólogo le sea otorgado un doctorado honorario en imaginación! Cuando las personas insisten en espiritualizar las Escrituras de esta forma, las Escrituras terminan entonces significando todo lo que ellas quieren que signifiquen.

Claves para la comprensión

Creo que Dios sabe cómo comunicarse. Creo que El dice lo que significa y significa lo que dice. No creo que usted deba tener un doctorado en Hermenéutica para entender la Biblia. Lo esencial, en cambio, son un corazón honesto y la llenura del Espíritu de Dios.

Le pregunto: ¿Cómo trata a Zacarías 14 – como un hecho o como ficción?

“Así dice el Señor: Regresaré a Sión y habitaré en Jerusalén. Y Jerusalén será conocida como la Ciudad de la Verdad, y el monte del Señor Todopoderoso como el Monte de la Santidad” (Zacarías 8:3).

(*) El autor utiliza un juego de palabras para dar a entender que si el sentido llano del texto tiene sentido lógico, la búsqueda de otro significado o interpretación podrìa conducir al lector a obtener disparates o tonterías.

Lea más: En Defensa de la Fe: Zacarías 14 http://www.endefensadelafe.org/2009/07/zacarias-14.html#ixzz1VXKzQHZg
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miércoles, 17 de agosto de 2011

LA CONVERSION Y EL NUEVO NACIMIENTO (Segun Jesus)

Por Sir A. F. Buzzard (Traducido por Apologista)

Un error sistemático plaga los intentos contemporáneos de llevar el Evangelio que salva al público. Es todo una cuestión de qué textos de la Biblia son colocados ante el potencial de converso. Usted puede hacer que la Biblia diga casi cualquier cosa si usted selecciona sus versos de una manera que sólo produce algunas de las evidencias – en particular si se omite por completo la evidencia primaria.

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He aquí cómo funciona. Tome unos versos de Romanos (no escritos para gente no conversa sino para aquellos que ya habían escuchado el Evangelio) y usted puede dar la impresión de que ser salvo significa creer que Jesús murió por tus pecados y resucitó de entre los muertos. Un tratado muy ampliamente distribuido que ofrece la salvación declara que “Jesús vino a hacer un trabajo de tres días: morir, ser sepultado y resucitar otra vez”.


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Pero ¿por qué empezar con Pablo y los Romanos? ¿Qué acerca de Jesús? ¿No era él el prototipo del predicador y maestro de la salvación y de cómo obtenerla? Según Hebreos 2:3 “El Evangelio comenzó a ser predicado por el Señor Jesús.” Este no comenzó a ser predicado por Pablo o Pedro. Regla número uno en nuestra búsqueda de la fe es comenzar con Jesús. ¿Cómo predicó él la salvación? La respuesta es muy clara. Él no vino a Galilea y dijo: “Arrepentíos y creed que yo morí por tus pecados y voy a resucitar de entre los muertos.” Jesús dijo: “Arrepentíos y creed en el Evangelio” (Marcos 1:14, 15), pero el Evangelio en cuestión fue no fue positivamente en ese momento la información sobre su muerte expiatoria o su resurrección. Se trata de creer en la Buena Noticia (Evangelio), perteneciente al reino de Dios.


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“El Reino de Dios” no significa la muerte de un salvador en la cruz. El Reino de Dios no significa la resurrección de los muertos. El Reino de Dios y la resurrección están conectados, sin duda, en el sistema teológico del Nuevo Testamento, pero nunca son sinónimos. “Arrepentíos y creed en el Evangelio del Reino” (Marcos 1:14, 15) es el primer imperativo registrado, el primer mandamiento del Señor y Salvador. Sin embargo, curiosamente, nunca se obtiene una mención en tratados que ofrecen la salvación y casi nunca en las campañas de evangelización de hoy.


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Curiosamente y tristemente el Evangelio se ha truncado, de hecho privado de su elemento principal. Jesús puso el fundamento del Evangelio, y salió ofreciendo la salvación, buscando a los pecadores e instándolos a reconciliarse con Dios. Y su herramienta de salvación, durante su ministerio en la tierra, era el Evangelio / Palabra / Mensaje sobre el Reino de Dios (Mateo 13:19).


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Tres relatos independientes y concordantes de la técnica de evangelización de Jesús no son ofrecidos por Mateo, Marcos y Lucas. Sin embargo, éstas son ignoradas. ¿Ha leído alguna vez algún folleto que comienza preguntando ¿Qué dijo Jesús que tiene que hacer para ser salvo? ¿Cómo codujo él su misión? ¿Qué dijo él acerca de la conversión?


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Puede ser que haya una excepción. El encuentro de Jesús con Nicodemo en Juan 3 recibe alguna mención. De esto nosotros deducimos que hay que “nacer de nuevo.” Nadie, afirmó Jesús, puede ver ni entrar en el reino de Dios si no es primero “nacido de nuevo” o “nacido de arriba.” Aunque el texto adolece de un mal uso popular cuando se le da al Reino de Dios un sentido anti- bíblico como “cielo.” Jesús no ofreció el “cielo” a nadie. El ofreció la herencia de la tierra como la recompensa de los fieles (Mateo 5:5), y prometió a sus seguidores que un día ellos funcionarían como los gobernantes reales “sobre la tierra” (Apocalipsis 5:10). “El lenguaje del “cielo” (p.e: “cuando llegue al cielo”, “él ha ido al cielo”, etc) tiene un efecto de interferencia en estos textos preciosos y claros. El cerebro se confunde cuando se enfrentan a las proposiciones contradictorias: “los mansos heredarán la tierra y reinarán sobre la tierra” (Mateo 5:5 y Apocalipsis 5:10) y “partiremos al cielo” o “está en el cielo. “
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“El cielo en la Biblia es en ninguna parte el destino de los moribundos.” Así dijo el sabio profesor en Cambridge en los últimos años (Dr. JAT Robinson, en ‘En el Fin Dios’). ¿Pero ha asumido la iglesia el reto de ver si tal vez tenía razón? “Si te encuentras con algunos de los que niegan la resurrección y dicen que cuando mueran sus almas van al cielo, no los consideres cristianos.” Tal fue la protesta de un portavoz y mártir cristiano del siglo II (Justino Mártir, Diálogo con Trifón, cap. 80).En aquellos días, era abundantemente claro que la Biblia no dijo nada en absoluto sobre las almas disfrutando de una existencia post-mortem en el cielo en el momento de la muerte. Más bien se sabía, porque la Biblia ha sido tan clara en este asunto, que todos los muertos fueron al reino de la muerte, el Seol/Hades, de donde sólo la resurrección colectiva futura de todos los fieles muertos de todas las edades los rescataría y los devolvería a la vida. Fue del sueño de los muertos en la tumba que Jesús rescató a Lázaro (Juan 11:11, 14 – “Lázaro duerme, Lázaro ha muerto: voy a despertarlo de su sueño”). Jesús se alimentaba de las palabras de Daniel 12:2 (y 12:13), donde se dice que los muertos duermen en el polvo de la tierra. Eso dice lo que los muertos están haciendo y dónde lo están haciendo. Jesús fue instruido en las sabias palabras del Eclesiastés 9:5: “Los muertos no saben nada.”

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Los muertos, según Jesús, están todavía en el mundo subterráneo de los muertos en espera de su llamada a la vida cuando la séptima trompeta, la trompeta de la resurrección en el regreso de Jesús, suene estrepitosamente para despertar y volver a los muertos a la vida (I Cor. 15:23, 50-55, Rev. 11:15-18; Matt. 24:31; I Tes. 4:16). Esa es una resurrección bíblica. La resurrección bíblica no es, positivamente, volver a unir “almas inmortales” que partieron en un nuevo cuerpo. Esa no es la resurrección como la Biblia lo presenta. La resurrección de la Biblia significa el regreso de todo el hombre que ha muerto, a la vida como una persona completa, recreada, equipada en su resurrección con el cuerpo espiritual descrito por Pablo en I Corintios 15:50-55. Nadie en la Biblia nunca recibió un cuerpo inmortal incorruptible en el momento de su muerte. La inmortalización de los seres humanos sólo sucederá en el regreso de Jesús para resucitar a los muertos. Hasta entonces, los fieles están muertos, como lo son también los infieles. Pablo esperaba que para ganar la corona “en aquel día,” el día de la reaparición de Cristo en la tierra (II Tim. 4:8).


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Siguiendo a la resurrección destinada a suceder en la futura reaparición de Jesús (I Corintios 15:23) el Reino de Dios será restablecido en Jerusalén y el mundo estará bajo una nueva administración. Jesús será el primer gobernador exitoso del mundo (Mesías significa exactamente eso – el rey del mundo bajo la autoridad de Dios). En esos días maravillosos, el mundo será de hecho un pueblo bajo un Dios (Zacarías 14:9), aunque todavía diferenciados por grupos nacionales (Isaías 19:18-25), y estará verdaderamente “bajo Dios”. El mensaje del la evangelización apostólica coloca ante el converso un futuro glorioso y la posibilidad de ejercer como asistente inmortal en la buena gestión de los asuntos del mundo en compañía del Mesías Jesús. Ser cristiano es una invitación para entrenarse bajo condiciones de prueba en el “presente siglo malo” (Gálatas 1:4), con miras a la oficina administrativa con Jesús en la “futura tierra de la que hablamos” (Hebreos 2:5).


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El germen del futuro glorioso del cristiano es la semilla sembrada en el corazón. Y la semilla es definida por Jesús como “el Evangelio /Palabra sobre el Reino de Dios” (Mateo 13:19; véase también el I Ped. 1:23-25, Santiago 1:18, I Juan 3:9; Gal. 4:28, 29). Satanás trabaja duro y largo para evitar que las semillas tomen raíz en sus corazones. Él sabe bien que contiene ésta contiene la chispa de la vida para siempre! (Lucas 8:12). El Evangelio creador de Dios a través de Jesús inicia el proceso de salvación que se completará en el futuro. Ahora estamos “más cerca de la salvación que cuando creímos” (Romanos 13:11). El Evangelio acerca del Reino establece ante el creyente una llamada a la acción de todo corazón, (incluyendo el bautismo para el perdón de los pecados, Hechos 8:12), una reorientación hacia el brillante futuro del Reino de Dios que viene del cielo, cuando Jesús regrese. Arrepentimiento significa volver atrás en el Pacto mediante la adhesión al gran esquema de Dios para la inmortalización del hombre mortal y el rescate del mundo de la dominación presente de Satanás.

martes, 16 de agosto de 2011

UN DIOS... UN HIJO

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

«Ni la teología Católica ni la Protestante están basadas en la teología bíblica. En cada caso tenemos una dominación de la teología Cristiana por el pensamiento Griego... sostenemos que puede no haber una respuesta correcta [a la pregunta, ¿qué es Cristianismo?] hasta que hayamos llegado a una clara opinión de las ideas distintivas de ambos, Antiguo y nuevo Testamentos, de las ideas paganas que tan prolongadamente han dominado el pensamiento cristiano». A. Buzzard. Teólogo Unitario.

La cristalización de los Concilios Ecuménicos Romanos en los albores de la era común, vino a ser un elemento favorable para la descompostura de algunos dogmas fundamentales dentro del verdadero cristianismo. En el Siglo Primero de dicha era, el pensamiento Helenista, su filosofía y religión, fue mezclada con el pensamiento Hebreo, siendo trastornado el concepeto real de la Deidad sin que muchos hasta este día se hayan podido percatar de esta gravísima situación. Mucho padres de la Iglesia acordaron con el pensamiento Griego, y el resultado, un sincretismo deplorable para la salud espiritual de los muchos hombres que buscaban con fervor sincero al «único Dios verdadero» (Jn.17:3). Doctrinas como la de la Trinidad, la de la Inmortalidad del Alma, y la de la Encarnación, no proceden en realidad de la Biblia, sino del pensamiento humano, de tal manera que los protestantes son “católicos” sin “oficio postulado”, por su ignorancia al contexto real de las Santas e Inmutables Escrituras. El Gnosticisismo Oriental, por otro lado, participó con loable brillantez para la consolidación de la Doctrina de la “Encarnación”, la cual vamos a tratar.

El Cristo que procede de los Concilios del Siglo IV y V, es uno totalmente diferente al presentado en el Nuevo Testamento. Los docentes de la Escuela Catequística de Alejandría, impregnada del Platonismo pagano, fueron culpables del triunfo de estos antiquísimos Concilios. Este “triunfo”, ha roto las barreras de la mesura. Su trascendencia ha traspasado sus límites a través de los tiempos, por su mixtura efectiva para el embauco: Millones y millones han sido presa de su maligna incitación. Leamos un comentario teológico contemporáneo con relación a la “preexistencia” y la “encarnación”, por supuesto, falsas, de Cristo:

«Jesús.... pudo ser “el Hijo único” (“solo-engendrado” significa único), y el representante verdadero del hombre, “perfecto Dios y perfecto hombre,” con dos “naturalezas” en una “persona,” sin confusión, cambio, división o ruptura (una cita de la decisión doctrinal del Concilio de Calcedonia) [451 AD]. Jesús era “hombre,” no “un hombre”; su ego, personalidad, era divino, preexistente, vistiéndose y operando en un cuerpo humano; el “entró a la historia, no salió de ella”; El era Dios obrando en y a través de un hombre, no un hombre elevado a un nivel divino. Su virilidad fue total y completa, él fue completamente “integrado,” aunque sujeto a las limitaciones de un Judío de su edad y posición... ».

El “logos” de la filosofía griega, que dista diametralmente del «Logos» del Nuevo Testamento, es decir, en su significado, fue reconocido por los maestros de la Escuela Catequística de Alejandría como el “Cristo preexistente”, como la “Segunda Persona de la Trinidad antes Encarnada”. El lugar empíreo de los griegos y de los que concibieron las inumerables formas del Gnosticsmo, se hallaba repletos de “deidades”. Para los teólogos alejandrinos, la “deidad se encarnó en un cuerpo humano”. Para los gnósticos, con sus variaciones: “Cristo, como “aeón” (se refiere a cada una de las inteligencias eternas que residen o habitan en la Pléroma) descendió de la Pléroma (“el reino de luz del dios benevolente”, “plenitud”, “origen de los seres humanos y hacia donde tienen que dirigirse”), y ante los ojos de los hombres, únicamente parecía un ser humano” (gnosticismo docético).

«El problema de Fil. 2:6-11».

Para el protestantismo y el catolicismo, mas no para nosotros, los Unitarios en Cristo, estos pasajes, conocidos como los pasajes de la “kenosis” (gr.), el apóstol Pablo presenta una supuesta y firme declaración sobre la “deidad de Jesucristo”. Para los dos nombrados primero, la palabra “kenosis” significa “vaciar”, y trata del “vaciamiento” del Hijo de Dios, cuando se “encarnó”: “se despojó a sí mismo” (Filp.2:7). Según el protestantismo y el catolicismo, literalmente, “Cristo existía en forma de Dios” (“morfe”, gr. Fil.2:6), lo que expresa su “naturaleza de Dios”, “su carácter y la esencia misma de su deidad”. “No consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse” (Fil.2:6), en otras palabras, “no pensó que fuese necesario aferrarse a la deidad”... “Cristo no abandonó su deidad; en cambio, por un tiempo abandonó su gloria celestial”. “Cristo, en su naturaleza divina, toma la forma de siervo” (Fil.2:7). “Cristo dejó la gloria eterna y divina, pero no su naturaleza divina”, adoptando los atributos de los hombres, pero perfecto”. “Como Cristo existía ya, en forma de Dios, se hizo después semejante a los hombres”. “Su humanidad es real, pero también su ser divino”. “La encarnación no significa la exclusión de la deidad, sino el agregado de la humanidad”.

En el capítulo 2 de la carta a los Filipenses, nunca se alude o se menciona que Cristo, literalmente, “era Dios”, “hecho y derecho”. El contenido de Fil.2:6, continúa, como al principio, siendo mal interpretado por los teólogos protestantes y católicos de los tiempos modernos. Lo que Pablo quiere decir cuando plasma «existiendo en forma de Dios», que Cristo, es un «destello», un «reflejo del carácter de Dios». Para Pablo, Cristo, en la «forma de hombre», era el «fiel representante de Dios en la tierra», el Hijo Amado, Humano, del cual el Padre «tenía complacencia» (Mt.3:17). Los atributos del Santo Padre, en Cristo «estaban»... ¿no dice Pablo?

«El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación» (Col.1:15).

Cristo es la «imagen del Dios viviente». No dice en Filipenses que “sea Dios”. Una «imagen es una representación de una persona o cosa». Cristo, el Hijo del Hombre, en su ministerio de tres años y medio representó con amor infinito y grande obediencia a su Padre. Él fue fiel a su Padre y Dios hasta la muerte. Por medio de Cristo, la Persona de Dios y sus misericordiosos propósitos con la humanidad perdida, fueron claramente develados:

«A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer» (Jn.1:18).

«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Jn.17:3).

«Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais (por ser Imagen de Dios); y desde ahora le conocéis, y le habéis visto» (Jn. 14:7).

Véase también Jn.14:9-10.

Cristo, como representante digno de Dios, como el perfecto Hombre que era, poseía la«autoridad» y el «poder sobrenatural» que habían sido delegados por sus Padre para el cumplimiento, en parte, de su papel mesiánico en su primera venida al mundo, que culminará con su segunda venida visible y en gloria (Mt. cap. 24), cuando se instale como «Rey de reyes y Señor de Señores» en la tierra restituída en un futuro que es escatológico (léase con atención por favor los capítulos de Ap. 19 y 20). «Jesús, por la obediencia perfecta a Dios, fue capaz de reflejar la mente y personalidad del único Dios, su Padre».

La identidad de Cristo no está determinada en una supuesta vida “preexistente”, como un “ser eterno y deífico”, como “Dios”. No. No es de ese modo, queridos amigos míos. La identidad de Cristo principia en su «Engendramiento Humano», en el tiempo y la historia del mundo. Por eso Lucas escribe:

«Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios» (Lc.1:31-35).

Si la Biblia dice que el «Padre es el único Dios», pregunto, lectores: ¿cómo lo puede ser el Hijo también? La tarea se halla en este verso, enfatizada con corchetes:

«... para nosotros, sin embargo, [sólo hay un Dios, el Padre], del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él» (1 Co.8:6).

Y para terminar, los siguientes versos nos muestran una notable diferencia entre la Persona del Dios Padre y la de su Hijo Jesucristo:

«Al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén» (Ro.16:27).

«Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo» (1 Tim.2:5-6).

«... un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo (Ef.4:6-7).

Adendum:

La fe cristiana, no es una fe ciega que deberá creerse sólo “así como así”. La fe cristiana demanda conocimiento personal, ya que hay fundamentos precisos y vitales que la sustentan. Es una fe inteligente, como declara Josh McDowell. Cristo dijo: «... y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn.8:32). El desinterés a la Palabra de Dios, la ignorancia a ella (Os.4:6), han hecho creer a las personas, por no investigar con esmero y seriedad, doctrinas como la “Encarnación”. La falta de conocimiento Escritural será factor descisivo para que en el día del juicio muchos hombres sean colocados a la «izquierda» de Cristo como «cabras» (Mt. capítulo 25). Las herejías provienen del diablo: el personaje más avieso y religioso que hay (2 Co.4:4; 11:14; 1 Tim. 4:1), y están consideradas como [condenatorias] por el Justo Dios (2 P.2:1). Son parte del sistema del mundo religioso. Ejemplo de esto tenemos la pagana y antigua religión babilónica (Gn.11:1-4; Is. capítulos 13-14; Jer. capítulos 50-51; Ap. capítulos 17-18), y desvían a los hombres de los verdaderos principios establecidos en la Palabra de Santo Ser que llevan a la vida eterna. Por eso existen cientos de grupos religiosos retorcidos como el de los Pentecostales Carismáticos, como el de los Testigos de Jehová, como el los Adventistas del Séptimo Día, como el de los Católicos Romanistas Idolátricos. Por eso han existido falsos maestros y profetas de mentira como Cash Luna, como Joel Ossten, como Peter Popoff, como Paul Crouch, como Jonás González, como Armando López Golart, Testigo de Jehová encubierto, como Sun Myung Moon, como Elena de White, como Joseph F. Rutherford, como Joseph Smith, fundador del Mormonismo, como Charles T. Russell, como José Luis de Jesús Miranda, de “Creciendo en (des-) Gracia”, etc., etc., etc.

¡Cuidado! ¡Mucho cuidado!

Que el Dios del Cielo les bendiga eternamente con la salvación.

Amén.

«Biblia de Estudio Siglo XXI. RVA».

«Reina Valera 1960».

«Más que un Carpintero». Josh McDowell.

«La Doctrina de la Trinidad: La Herida Auto Inflingida del Cristianismo».
Sir Anthony F. Buzzard.

viernes, 12 de agosto de 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

LAS BONDADES DEL REINO MESIÁNICO


UN ESTUDIO INTERESANTE DE FIL 2:5-9

Por Anthony F. Buzzard, Teólogo Unitario.

En Filipenses 2 Pablo describe el estatus exaltado del hombre Jesús. Como el reflejo de Dios, su Padre, él estaba en la “forma de hombre” (el texto no dice que él era Dios), pero él no consideró tal “semejanza con Dios” un privilegio para ser explotado para su propia gloria. Jesús, quien como Mesías estaba investido con una igualdad funcional con Dios y que fue destinado a sentarse a la diestra del Padre, se humilló a sí mismo siendo el siervo de la humanidad, aun al punto de someterse a una muerte de criminal en la cruz. Jesús no tomó ventaja de su posición real como representante de Dios, sino que adoptó el carácter de un esclavo. El contraste es entre el rango de Dios----Siendo Jesús el comisionado de Dios---y el rango de un siervo. El contraste no es, como es frecuentemente creído, entre siendo Dios en la eternidad y llegando a ser hombre. Renunciando a su derecho de gobernar, y rehusando la oferta de tener el poder sobre los reinos del mundo de Satanás (Mat. 4:8,9), Jesús obedientemente interpretó el rol de un siervo dispuesto a sufrir en manos de un mundo hostil. Lo que Pablo tenía en mente es la carrera del hombre Cristo Jesús (1 Tim. 2:5), no la encarnación de un miembro preexistente de la Divinidad. La humildad de Jesús es el exacto opuesto de la arrogancia de Adán. El primero no abusó de su estatus de “Dios” que le fue dado para reflejar a Dios su Padre, ni tampoco se aprovechó de su privilegio para fines egoístas. Adán, bajo la influencia del Diablo trató de asirse a una igualdad con Dios a la cual no tenía derecho. Jesús, por la obediencia perfecta a Dios, fue capaz de reflejar la mente y personalidad del único Dios, su Padre.

Describiendo la vida ejemplar del Mesías en la tierra, Pablo no tuvo la intención de hacer ninguna mención a un ser preexistente. El estaba pidiendo a los Filipenses a ser humildes como Jesús. Jesús había sido un modelo de humildad y de servicio. Sin embargo él había nacido dentro de una familia real de la casa de David y había calificado a través de su auto negación para un estatus exaltado como gobernante mundial, como predijo el Salmo 2 siglos antes de que naciera. Cuando fue preguntado por Pilato:

“¿Luego, eres tú rey? Su respuesta fue, “Tú hablas correctamente. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo” (Juan 18:37). Jesús venció la ambición natural de conquistar el mundo (aunque el conquistará legítimamente a las fuerzas del Anticristo en su segunda venida). Su ejemplo de sumisión paciente a la voluntad de Dios lo ha conducido a su exaltación a la diestra del Padre. El punto no fue que un miembro preexistente de la Trinidad había recobrado una posición temporalmente renunciada, sino que un ser humano real, el Mesías, en quien el carácter del Padre estaba perfectamente reflejado (Col. 1:15) había demostrado humildad y obediencia y había sido sumamente vindicado y exaltado por Dios.

Pablo en otra lugar describe la carrera de Jesús como una demostración de humildad cuando él señala que “Por amor a vosotros se hizo [Jesús] pobre, siendo rico, para que vosotros en su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Cor. 8:9). El Mesías, aunque designado Rey de Israel y del mundo, se sacrificó a si mismo por otros. Sin, por su puesto, hacer las mismas afirmaciones como Jesús, Pablo usa un lenguaje similar de su propia carrera. El era “pobre, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2 Cor. 6:10). Y “ni buscamos gloria de los hombres... aunque podíamos seros carga como Apóstoles de Cristo” (1 Tes. 2:6). Pablo también se vio a si mismo y a sus colegas Apóstoles como siervos mesiánicos sufrientes cuando él aplicó “las profecías del siervo” a su propia misión (Hechos 13:47; cp. Isa. 42:6; 49:6).

La lectura tradicional Trinitaria de Filipenses 2 depende casi enteramente sobre la comprensión de la condición de Jesús “en la forma de Dios” como una referencia a una vida preexistente como Dios en el cielo, en lugar de una identidad legal con Dios como una persona humana en la tierra. Desafortunadamente los traductores han hecho mucho para reforzar esta opinión.

El verbo “era” en la frase “era en la forma de Dios” ocurre frecuentemente en el Nuevo Testamento y de ninguna manera lleva el sentido de “existiendo en la eternidad,” aunque algunas versiones tratan de forzar ese significado en él. En 1 Corintios 11:7, Pablo dice que un hombre no debe cubrirse la cabeza puesto que él es imagen y gloria de Dios. El verbo “es” aquí es una forma del mismo verbo vertido “era” que describe a Jesús como “en la forma de Dios.” La intención de Pablo no era introducir el vasto tema de un eternamente divino segundo miembro de la Trinidad que se convirtió en hombre, sino enseñar la importante lección de humildad, basada en el ejemplo del histórico Jesús. No hay una evidencia clara en este pasaje de que Pablo fue un Trinitario que creía en la tradicional doctrina de la encarnación.

Sugerimos la siguiente traducción del original de Filipenses 2:5-8: “Adopten la misma actitud como el Mesías Jesús: quien, aunque teniendo estatus divino, no consideró su igualdad con Dios algo para ser explotado para su propia ventaja, sino que no hizo nada correspondiente a su rango al tomar el rol de un esclavo y siendo como los otros hombres. Pareciendo ser como un hombre ordinario, se humilló a si mismo por medio de ser obediente hasta el punto de la muerte, incluso muerte por crucifixión.” No hay nada en el texto que nos exija pensar en un ser preexistente.

La exaltación del Mesías a la diestra de Dios es el cumplimiento del Salmo 110:1. Ha sido bien argumentado de que el texto debería leer, “en el nombre de Jesús toda rodilla se doblará...” no “al nombre de Jesús...” (Fil. 2:10). Así la exaltación suprema de Jesús a la diestra del Padre no altera el hecho que todo lo que Jesús logró es para la gloria de Dios. El señor a la diestra de Dios, debe recordarse, es adoni (“señor”), el cual nunca es el título de la Deidad.