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Médico Internista e Intensivista, y estudioso de las Santas Escrituras (La Biblia), y un predicador incansable del verdadero monoteísmo bíblico, y sobre todo, del mensaje o evangelio del Reino de Dios, que es la única esperanza que tiene este mundo para sobrevivir a su destrucción total.

viernes, 7 de enero de 2011

ME CONDENARE POR NO CREER EN UN MISTERIO COMO EL DE LA TRINIDAD?

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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Fe y Razón
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¿Es justo que se le imponga a alguno una doctrina supuestamente cristiana como es la Trinidad cuando ésta no fue formulada y creída como tal sino recién en el siglo IV después de Cristo? ¿Es posible que alguno pueda creer en algo que no le encuentra sentido o que simplemente no logra entender por sus inconsistencias o contradicciones? Nadie puede ser obligado a creer en algo que no comprende, pues es imposible hacerlo. Ahora bien, ¿por qué es que a mí no se me hace fácil creer en un Dios invisible? Simplemente porque su existencia me parece perfectamente razonable, viable y necesaria. El apóstol Pablo hace una reflexión que me parece que es muy simple pero a la vez muy oportuna y muy lógica. El dice: “Porque toda casa es construida por alguno, pero el que hizo todas las cosas es Dios” (Heb. 3:4). Este razonamiento del escritor de Hebreos nos sirve para la reflexión y para aceptar confiadamente de que hay un Dios que hizo todo el universo. De modo que es a través de esta simple inferencia lógica que cualquier hombre sensato puede llegar a aceptar la existencia de un Dios Supremo y Todopoderoso que creó todo. De allí que los ateos y los agnósticos son culpables por su terquedad, porque no quieren aceptar este simple razonamiento lógico. Dios dice: “Goteará como la lluvia mi doctrina; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, Y como las gotas sobre la hierba” (Deut. 32:2). Así que las doctrinas de Dios van de la mano con la razón, pero si hay algunas que carecen de ella, es decir, que no son razonables, no son doctrinas de Dios. Estoy convencido de que toda doctrina de Dios es siempre razonable y comprensible para el hombre entendido. ¿Pero podemos decir lo mismo de la doctrina de la Trinidad? Si fuera tan clara, ¿por qué siempre está en el debate? Claro que las otras perspectivas sobre Dios están también en el debate erudito, pero para mí, la doctrina de la Trinidad es la que más presenta incoherencias y la que más provoca disputas y formulaciones enmarañadas. Y si por decir esto mis detractores me llaman “hereje” o “apóstata”, entonces lo siento por ellos. Tal vez ellos tengan la suficiente inteligencia y entendimiento divinos para asimilar la Trinidad, pero yo, francamente, no tengo esas habilidades.
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Jesús no creyó en la Trinidad
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Si la Trinidad es una doctrina fundamental del cristianismo, ¿por qué no la definieron claramente Jesús y sus apóstoles? ¿Por qué tuvo que esperarse hasta el concilio de Constantinopla en el siglo IV para que los obispos de la iglesia la definieran tal como la conocemos hoy? ¿Y nos hemos puesto a meditar en todo ese léxico erudito, en todas esas formulaciones y elucubraciones intrincadas que suelen emplear los teólogos trinitarios para explicar dicha doctrina y que nos resulta en un verdadero rompecabezas? ¿Pero puede alguno esperar que personas de poca educación puedan entender o creer de todo corazón en la doctrina de la Trinidad cuando escuchan toda esa fútil verborrea erudita? ¡Francamente no lo creo!
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El Señor Jesucristo dio mucha importancia al entendimiento que procede de la razón, pues sin una comprensión cabal de una exposición no se puede aceptar cualquier doctrina o enseñanza. ¡Pero Jesús sí era un Maestro con pleno conocimiento de las cosas! El evangelista Lucas nos dice del entendimiento de Jesús, así: “Y todos los que le oían, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas (Lucas 2:47). Ahora bien, ¿Tuvo Jesús pleno entendimiento de la doctrina de la Trinidad? ¿Qué pensó él de sí mismo y de su relación con Su Padre? ¿Creyó él que era igual que Su Padre, o que era el Segundo Dios Todopoderoso y eterno, digno también de adoración? Las evidencias bíblicas parecen descartar tal posibilidad. Jesús mismo fue muy simple y claro cuando dijo: “El Padre mayor es que yo” (Juan 14:28). Si esto no es claro para usted, entonces no sé qué otras palabras pudo haber pronunciado Jesús para aclarar la superioridad de Su Padre frente a él. Sin embargo, los Trinitarios nos dicen que Jesús en este pasaje simplemente hablaba como un hombre, y que fue por eso que él dijo que Su Padre es mayor que él. Pero este razonamiento es falaz a todas luces porque es evidente que todo hombre es inferior o menor que Dios, y nunca iguales. Así que tal argumentación es tonta e inútil. Es como si yo dijera: ¿Saben?, ¡Dios es mayor que yo!”…¿y qué nuevo estaría diciendo? ¡Nada!, pues siempre el hombre es menor que Dios. Recuerde que Jesús quiso que sus seguidores le entendieran bien, y para ello él hizo uso de parábolas, recurriendo a situaciones y experiencias comunes de la vida diaria de los hombres para explicarse mejor. El se cuidó de que sus discípulos no le malentendieran cuando les enseñaba (Mat. 15:16). También es oportuno recordar que él nunca empleó un lenguaje erudito e intrincado para que la gente entendiera sus doctrinas. Eso está bien para los teólogos teóricos que gustan de romperse el cerebro elucubrando e especulando sobre lo que no pueden entender, influenciados por la metodología de la filosofía Griega.
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En una ocasión Jesús dijo algo que desafía a todos los que estudiamos la doctrina de su supuesta deidad, y que nos induce indefectiblemente a creer que la Trinidad no era parte de su creencia o fe. En Juan 17:3 Jesús tajantemente rechazó ser el único Dios verdadero, cuando dijo: “Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien tú has enviado”. Aquí Jesús dice que el Padre es el único Dios verdadero, y luego él se presenta como el enviado de ese único Dios verdadero. Así que con esta enseñanza simple él se excluye automáticamente de la única Deidad bíblica que es Su Padre. ¿Pero por qué no le creen los Trinitarios a Jesucristo? ¿Por qué insisten en considerarlo Dios verdadero de Dios verdadero? ¿Es que acá también Jesús hablaba como hombre? ¿Acaso debemos intuir por nosotros mismos cuándo Jesús hablaba como hombre y cuándo como Dios para interpretar sus palabras? ¡No lo creo! Para mí, esa excusa de que Jesús “hablaba como hombre” en Juan 14:28, Juan 17:3 y en otros textos semejantes que lo humanizan y lo colocan por debajo del Padre, no tiene cabida en mi mente. A mí me parece que en todos estos textos bíblicos que incomodan a los Trinitarios, Binitarios, y a los Modalistas, nos brindan una enseñanza clara y simple de quién es Dios, y que hasta un niño de 5 años fácilmente la puede entender, y esa es que sólo hay UN Dios verdadero que es el Padre, y un Señor Jesucristo que es Su Hijo, Su enviado, pero no un Dios verdadero.
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Yo estoy convencido de que muchos textos esgrimidos por los Trinitarios pueden perfectamente ser refutados por los Unitarios con las mismas Escrituras. En mi folleto sobre la Trinidad yo he hecho un análisis de la mayoría de aquellos textos “difíciles” exhibidos por los Trinitarios y los he explicado “sencillamente” y sin muchas elucubraciones eruditas.
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Afinando el Entendimiento
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El apóstol Pablo le dice a Timoteo, lo siguiente: “Considera lo que digo; y el Señor te dé entendimiento en todo” (2 Timoteo 2:7). Sí, Pablo deseó que Timoteo adquiriera entendimiento en todo, ¿pero hubiera entendido el joven Timoteo la doctrina de la Trinidad si se la hubieran predicado tal como se la presenta hoy en las iglesias por los eruditos bíblicos? ¿Hubiera sido él realmente un Trinitario y no un Unitario como todo buen descendiente de Judío? Recordemos que para Pablo, Dios no es un Dios de confusión, sino de orden. No obstante, para este humilde servidor, el “Dios Trino” es un Dios confuso que no se le puede definir apropiadamente y que genera inevitablemente un gran dilema para los mismos cristianos, y más aún, para los judíos y musulmanes monoteístas por igual. No creo que Pablo hubiese sido un Trinitario cuando claramente él mismo les dijo a los corintios, lo siguiente: “Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. 5 Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), 6 para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él (1 Cor. 8:4-6). Si para Pablo el único Dios es el Padre, y nadie más, ¿podría él acaso haber creído en la Santísima Trinidad? ¿Qué piensan ustedes? La convicción de Pablo sobre Jesucristo fue clara: El Señor Jesucristo es un hombre que es Mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2:5). Si Para Pablo el Señor Jesús era el Mediador entre Dios y los hombres, entonces él no pudo haber creído que Jesús era Dios Todopoderoso. Además, Pablo sabía que el mismo Señor Jesucristo tenía su cabeza, y que ésta era Su Padre Dios. Así les dice a los corintios: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo. Por tanto, considerando todas estas claras evidencias bíblicas, mal haríamos en afirmar que Pablo era un binitario o un Trinitario confeso. Por si acaso, hay muchos otros pasajes paulinos en donde claramente se puede deducir que Pablo nunca hubiera sido un Trinitario si él viviera hoy entre nosotros (ver también Efe 4:6; Rom. 15:6;1 Cor. 3:23;1 Cor. 15:28; 2 Cor. 1:3; 2 Cor. 3:4; 2 Cor. 11:31; Gál. 3:20; Efe. 1:3; Efe. 1:17; Efe. 4:6; Fil. 2:6; Col. 1:3; 1 Tim. 1:17; etc).
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Por otro lado, ¿cómo puedo aceptar que nuestro Señor sea la Segunda Persona de la Trinidad en el cielo cuando lo vemos en el cielo recibiendo revelaciones de Su Padre? ¿Cómo puede un “Dios Hijo omnisciente” recibir revelaciones de Dios Padre de cosas que él ignoraba estando ya en el cielo mismo? (Ver. Apo. 1:1) ¿Y cómo puede un Dios Hijo, la supuestamente Segunda Persona de la Trinidad, llamar al Dios Padre como “Mi Dios” 4 veces en Apocalipsis 3:12 si él es Dios como Su Padre? ¿Puede un Dios verdadero tener Su Dios verdadero? ¿Tiene esto sentido para alguno de ustedes? ¡Para mí, no! Así que no me tilden de hereje por rechazar la Trinidad sabiendo que tengo mis buenas razones para ello. Pero aclaro que el hecho de que yo me confiese unitario no me convierte automáticamente en arriano. Yo no soy arriano, y no lo seré nunca.
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La Importancia de la creencia correcta
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Cuando Jesús tuvo una entrevista con un escriba, éste le pregunta: “¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Jesús le respondió: El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle”.
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En este pasaje, un escriba (un copista de las Sagradas Escrituras y también el doctor e intérprete de la ley), que estaba muy consciente de la shema (Deut 6:4) le pregunta a Jesús cuál es el principal mandamiento de todos y Jesús le responde que el principal mandamiento es: “Oye, Israel; el Señor, nuestro Dios, el Señor uno (echad) es”…Con esto el escriba le replicó al Señor diciéndole que él ha hablado con verdad de que uno (echad) es Dios, y entonces Jesús viendo que el escriba le respondió sabiamente, le dijo que no estaba lejos del reino de Dios. ¿Qué podía significar uno (echad) para el escriba y para Jesús? ¿Acaso un Dios Trino? No, pues el shema dice: El Señor (singular) nuestro Dios, El Señor (singular) uno (echad) es”. Nótese que no dice: “Los Señores, nuestro Dios (compuesto), los Señores uno es”. Este asunto es importante, porque para entrar al reino de Dios, que equivale a obtener la salvación, es necesario tener un concepto preciso de cuál es el Dios a quien debemos amar, servir y adorar. Para Jesús, se está en el sendero del reino de Dios cuando creemos en que sólo hay una Persona en la Deidad.
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Hay que seguir el consejo de Pablo que dice: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo (Fil. 1.9)”. Aquí Pablo desea que aprobemos lo mejor en ciencia y en conocimiento para presentarnos irreprensibles en el día de Cristo. Pero alguien puede aprobar una doctrina que finalmente es incomprensible y un misterio absoluto? Debemos tener un conocimiento de las cosas para no vivir engañados. La verdad hace libres a los hombres, no las especulaciones y las divagaciones teológicas. Jesús, dijo: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado á los niños” (Mateo 11:25). Sí, amigos trinitarios, aunque parezca increíble, Dios reveló a los niños Su verdad, y las escondió de los llamados sabios y entendidos de este mundo, de aquellos que se precian de ser eruditos y doctos en las letras y en las ciencias. Así que difícilmente Dios se hubiera revelado a los niños de mente y corazón con intrincadas elucubraciones filosóficas para darse a conocer a ellos. ¿Qué es más fácil para un niño creer, que Dios es uno solo llamado el Padre, o que Dios es Tres “Personas-Dioses” diferentes que comparten una misma esencia? Sin duda alguna, la primera propuesta. Si para un adulto la propuesta Trinitaria es intrincada, ¿cómo no lo será para un niño?
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Lo que verdaderamente significa la vida eterna
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Jesús fue bien claro al decir que la vida eterna se obtiene conociendo a dos personas diferentes: a Dios el Padre como el único Dios verdadero, y a Jesucristo, el Hijo, como Su enviado (Véase Juan 17:3). En realidad Jesús estaba recordando y reafirmando la Shema de los Judíos, de que Dios es UNO solo, el Padre. Y si uno acepta esta verdad suprema, entonces uno está andando en el sendero que lleva a la vida eterna. Por eso Santiago dijo: “Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 1:9). Para Santiago, el creer que Dios es uno solo es proceder bien, ¿pero qué sucede cuando alguien dice que Dios es Tres Personas en una? Pues, ¡mal hace!— ¡Así de simple es la cosa!
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Termino diciendo que no hay ningún pasaje bíblico que nos diga que rechazar la doctrina de la Trinidad nos traerá la condenación eterna. Esa creencia la inventaron los trinitarios fanáticos que nos quieren hacer creer lo que no se puede entender. Personalmente nunca podré aceptar lo que no entiendo cabalmente. Es necesario que lo que uno recibe como doctrina sea razonable, entendible, y lógica, de lo contrario será una fe débil y vulnerable a los ataques de los adversarios.
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jueves, 6 de enero de 2011

DOS RESURRECCIONES: NO CABE DUDA

Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD)

Ap. 20:4 «Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años».

Ap.20:5 «Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección».

Ap.20:6 «Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años».

Estos textos, que están poderosamente hilados en la expresión de sus contenidos, nos muestran con marcada transparencia dos resurrecciones en tiempos diferentes. Si hemos de suponer que la «primera resurrección» es una de “vivificacion espiritual” en el Señor Jesucristo, y la «segunda» una literal, en la que han despertado los hallados en el «sueño de la muerte», «entonces no hay finalidad en el significado de los lenguajes, y la Escritura se borra como testimonio definido de cualquier cosa». Esta consideración resulta demasiada arbitaria en su «capricho». No hay duda al respecto. Si la [primera resurrección] es espiritual, por el nuevo nacimiento, la [segunda] obligadamente también tendrá que serlo. Los que sostienen la barbaridad “espiritual-literal” pasan por alto que la Biblia ha de interpretarse bajo las reglas hermenéuticas del método literal histórico gramatical, porque es el más equilibrado entre otros para la conveniente interpretación de la Biblia. Bajo esta circunstancia, se analizan objetivamente los versos del entorno y todos aquellos del Nuevo Testamento que están relacionados, por ejemplo, en esta escatología para no caer en modos que comprometen el verdadero significado de lo que quieren trasmitir. Si debemos interpretar las Escrituras al gusto de cada quien, no hay razón entonces para querellar con los teólogos liberales porque con buena justicia estarían en lo correcto. Para la teología liberal: «La interpretación de la Biblia se subordina a la opinión religiosa individual...», como más le parezca a cada uno. El método literal nos da un significado concreto de cada palabra como lo hacemos regularmente al «escribir», «pensar», y «hablar». El propósito de Dios ha sido siempre el comunicarnos su Palabra con entera sencillez para captar sin dificultades los [misterios] que una vez estuvieron velados a los hombres mortales. Este método es la forma más común de todos los idiomas que existen en el mundo. El significado de escritos, documentos, parábolas, alegorías, símbolos, de todas las figuras de dicción, dependen del método literal. Entiéndase que el significado [espiritual] de una palabra, locución o expresión es el resultado de su literalidad (semántica literal), y la Biblia, en su interpretación, no hace la excepción. En otras palabras, Dios trasmite su mensaje en el lenguaje corriente de los hombres. Por ejemplo, con Cristo, lo vemos en sus explícitas parábolas, como la de las [minas], la del [sembrador], la de la [perla de gran precio], etc. Muchos de los de su Pueblos aun careciendo de una preparación intelectual conveniente, fácilmiente asimilaron el mensaje literal de las figuras de dicción presentadas por el Hijo del Hombre. Ahora, ni la preparación intelecutal de miles les ha servido sólo para desviarse lejos de los fundamentos más elementales de la Palabra de Dios... ¡Increíble!

Volviendo a la Resurrección de los Muertos (2):

1 Co.15:22-24 «Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia».

Cristo es identificado en su resurrección como las «Primicias» que en el Antiguo Testamento era lo mejor de las cosechas ofrendadas a Dios. «Luego los que son de Cristo». Los creyentes fallecidos que constituyen el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, así como los fieles del Antiguo Testamento, son como el Mesías Hombre: el mejor producto de la cosecha santa y que Cristo presentará delante de Dios en su segunda venida al mundo, visible y en gloria... «en su venida», como lo miramos en 1 de Co. 15:23 (véase como confirmación Mt.24:30; Ts. 4:14-18). Cristo es las [Primicias de Dios] «...que promete una gran abundancia de frutos semejantes que seguirán en el tiempo designado de la cosecha...». La palabra «Luego» (Gr. epeita) no dispone el tiempo preciso entre un evento y otro, o sea, el tiempo que concierne entre la resurrección del Señor y la resurrección de los creyentes verdaderos que están en él. Es un acontecimiento de cronología incierta y que sólo el Padre y Dios sabe cuando ha de cumplirse (Mt.24:36). La locución «Pero cada uno en su debido orden» nos sugiere [más de una resurrección]; y por el contenido Escritural correspondiente a este asunto apunta a «diferentes eventos en tiempos diferentes». Es una alegoría militar que indica «compañia», «tropa», «pelotón», «patrulla», «ejército», «batallón», o «rango». «Orden» (Gr. tagama), señala un orden de sucesos. Es claro que la resurrección de los muertos no puede ser un suceso aislado o universal.

«Luego el fin» (1 Co.15:24). En esta locución Pablo alude la culminación del programa de la resurrección que se establece con la resurrección de los que no fueron salvos» y que se llevará a cabo cuando el gobierno milenario de Cristo acabe («... cuando entregue el reino al Dios y Padre...»). Lo no salvos no son semejantes a Cristo; el Señor no es Primicias de los que no son él. Con tal expresión («Luego el fin»), Pablo hace una patente separación entre [salvos] y [no salvos] resucitados. La palabra «fin» es aplicada por Pablo en un sentido de [cierre] o [clausura]. Auque la palabra «resurrección» no aparece en esta declaración a tratar, el adjetivo «fin» (Gr. telos) supone con gran razón y fuerza el «sustantivo ausente» («... el fin de la resurrección»).

El boceto de la resurrección (es) de los muertos quedaría de este modo:

1. «La resurrección de Cristo».

2. «La resurrección de los creyentes en Cristo» (Los que pertenecen a su Iglesia y los santos del Antiguo Testamento).

3. «La resurrección de los malvados para condenación eterna al final del milenio de Cristo».

La importancia de la palaba griega «édseisan».

El verbo griego «édseisan», que significa «vivir», aparece en Ap. 20:24 y en Ap. 20:25. No se puede considerar primero una resurrección espiritual luego otra literal en base a este verbo, porque su significado real es idéntico en los dos versos anteriores. De ese modo, ambas resurrecciones tienen que ser «físicas». Es inconcebible que cada uno de estos textos tenga un significado diferente con [contextos tan próximos]. Si la primera resurrección es espiritual, repito como al principio, la segunda además por ley. No es nada factible que los muertos inconversos logren experimentar una “resurrección espiritual”. Queda por lo tanto aclarado que la doctrina de la Resurrección Universal es un completo fiasco, un engaño concebido y creído por mentes expeculativamente fantasiosas y desubicadas en el marco de la buena interpretación Escritural. Y de esto, estoy seguro sin reservas.

Gracias, y que Dios bendiga siempre.

Referencias:

«Crisis en la Teología Moderna». Carlos Jiménez R.

«Comentario al Texto Griego del Nuevo Testamento». A.T. Robertson.

«Apocalipsis: La Consumación del Plan Eterno de Dios». Evis L. Carballosa.

«Eventos del Porvenir». J. Dwight. Pentecost.

domingo, 2 de enero de 2011

OVNIs Grabados por la NASA - 2010

LA GRACIA QUE NOS TRAERÁ JESUCRISTO EN SU PARUSÍA: ¿QUÉ SIGNIFICA ESO?


“Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”.
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Por Mario A Olcese (Apologista)
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Los más de los predicadores cristianos de hoy suponen que ya no estamos bajo la ley de Moisés sino bajo la gracia de Dios, lo cual no deja de ser verdad, pues lo dice la Biblia. Sin embargo, ellos enseñan que la gracia de Dios es la salvación que se recibe por la bondad inmerecida de Dios a través de la fe en la expiación realizada por Cristo en la cruz para el perdón de nuestros pecados, y que nos lleva finalmente al cielo para vivir eternalmente con la Deidad. Es decir, suponen que el evangelio de la gracia es la buena nueva de que Dios nos salva, no por nuestros méritos, o por las obras de la ley que hemos “obedecido”, sino por los méritos del Señor Jesús, haciendo definitivamente nula la ley de Dios escrita en piedras y que nos condenaba. Ahora nadie debe depender de la ley dada por Moisés para ser salvo, sino en la fe puesta en Cristo, su sacrificio por nuestros pecados, y su gloriosa resurrección al tercer día.
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La ley no salva a nadie, sino nuestra fe que obra por amor.
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Es verdad que aquellos que quieren justificarse por medio de guardar le ley “mosaica” están en maldición, porque nadie sin Cristo puede cumplirlas (Gál. 3.10). Pero también es verdad que todo aquel que ha puesto su fe en Jesucristo y en su sacrificio expiatorio no puede ignorar la necesidad de la ley de Dios en la sociedad humana para el orden. La gracia de Dios no hace a la ley inoperante u obsoleta, ya que si no hay ley, entonces tampoco hay pecado…y obviamente el pecado está aún presente en el mundo. Esto, por sí sólo, hace patente la vigencia de la ley de Dios. Y esta ley divina se puede resumir en dos mandamientos: El amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo (1 Juan 3:4). Es decir, por AMOR (los mandamientos ya escritos en nuestros corazones), el hombre puede cumplir con los preceptos de Dios, aunado con el Espíritu del Señor que mora en cada creyente que le fortalece para vencer.
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En realidad, amando a Dios con todo nuestro ser, podemos muy bien guardar los primeros mandamientos, y amando al prójimo como a uno mismo uno puede guardar los mandamientos restantes sin mayor problema. Es sólo cuando no amamos a Dios sobre todas las cosas, o cuando nos amamos más a nosotros mismos que a cualquiera de nuestros semejantes, que violamos la leyes de Dios. Necesitamos, pues, desarrollar el amor, y el amor viene como fruto del Espíritu de Dios.
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La Gracia y la salvación
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La gracia divina es el favor inmerecido que recibimos del Creador para que se restablezca una relación positiva y óptima con Él. Es llegar a ser un olor grato para Dios y participar de su familia, y recibir de Sus bendiciones y grandes promesas preparadas desde antes de la fundación del mundo. La salvación que trae esta gracia viene por la fe, y no por las obras de la ley, ya que por las obras de la ley nadie será justificado. El apóstol Pedro relacionó la gracia de Dios con nuestra salvación, diciendo: “Los profetas que profetizaron de la GRACIA destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta SALVACIÓN. escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos”. 1 Pedro 1:10,11.
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Sí, mi amigos, la gracia que no viene por la ley, sino por la fe en Cristo (y sus sufrimientos en la cruz) nos traería la salvación, que no es otra cosa que las GLORIAS que vendrían tras los sufrimientos de Cristo, es decir, Su resurrección, su glorificación, y su anhelada herencia del reino mesiánico para luego compartirlo con sus otros “cristos” o “ungidos” en su parusía.
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La gracia salvadora aún espera su manifestación
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El mismo apóstol Pedro pasa a decirnos algo que millones de evangelistas ignoran. Me refiero a la gracia, la cual aún no está consumada, sino sólo cuando sea manifestada en la parusía de Cristo. Es decir, el proceso de la salvación por gracia aún no termina hasta la parusía del Señor Jesucristo. En 1 Pedro 1:13, el apóstol Pedro pasa enseguida a decir: “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado”. ¿Se dan cuenta, estimados amigos, que la salvación por gracia aún no ha sido completada? Aquí Pedro es claro al afirmar que debemos esperar por la gracia que se nos traerá cuando Jesucristo sea manifestado… ¡no antes! Así que Jesús volverá para COMPLETAR el proceso de salvación por la GRACIA. Es un regalo ofrecido por Dios a los vencedores, a los perseverantes, a los perfectos, a los santos, a los elegidos, a los hijos de Dios.
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Pues bien, Jesús viene para entregarnos esa gracia, ese don inmerecido que proviene de Su Padre, y que él mismo obtuvo después de ser glorificado. Sí, Jesús lo traerá personalmente para que los suyos sean los coherederos de ese regalo inmerecido de Dios que es la salvación final y definitiva, y que nunca se perderá en el reino de Su Majestad, el Rey Mashiaj Yahshúa.
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Pablo asocia el reino de Dios con la Gracia
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Debemos señalar que los más de los predicadores de hoy están ciegos, caminado a tientas, y buscando la luz que no les resplandece porque Satanás los ha enceguecido (2 Cor. 4:4). Tienen la luz de la Palabra, pero sus mentes están embotadas por la tradición o por las doctrinas de hombres. Mientras no se quiten el velo que cubre sus ojos, permanecerán en ignorancia y caminando por precipicios mortales.
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En Hechos 20:24,25, el apóstol Pablo predica un evangelio de la gracia que NO difiere en absoluto del evangelio del reino de Jesucristo. En realidad Pablo ve la gracia y el reino como el mismo evangelio salvador, ¡y sorprendentemente millones de cristianos no se dan cuenta de ello por su estupidez y terquedad. ¿Es que acaso este humilde servidor es una especie de elegido para revelarlo? No!, Soy simplemente alguien que escudriña las Escrituras con seriedad y mente abierta, sin prejuicios y sin conceptos paganos. Esta verdad que vengo a anunciarles, ya hace tiempo que ha tenido sus pregoneros que han cumplido su cometido en sus respectivos tiempos. Y hoy, en este siglo XXI, el Señor sigue teniendo sus voceros y mensajeros que se ciñen a Su palabra para decir lo que la Escritura quiere enseñarnos. Aquí hay revelación, no de doctos destacados, los cuales han demostrado muchas veces ser más ignorantes que los menos instruidos, sino de hombres que con sinceridad de corazón han pedido sabiduría de lo alto. Si a alguien le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él la dará en abundancia. Por tanto, la verdad de la gracia y el reino no es producto de la sabiduría humana, o de los grandes doctos de los seminarios teológicos, sino de Dios, de lo alto.
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Pues habiendo aclarado esto, quiero examinar con ustedes Hechos 20:24,25 para que de una vez, y por todas, la gente se dé cuenta de que no hay dos evangelios: el del reino y el de la gracia. Pero el que me quiera contradecir, que lo haga, pero no a mí, sino a Pablo, quien dijo claramente que sólo había UN solo evangelio salvador y no dos o más. Dice él en Gálatas 1:6-9, así: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”. ¿Podría existir algún otro pasaje más claro que éste? ¡No lo creo!
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Veamos, ahora sí, Hechos 20:24, 25:
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“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del EVANGELIO DE LA GRACIA DE DIOS. 25 Y ahora, he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, entre quienes he pasado PREDICANDO EL REINO DE DIOS, verá más mi rostro”.
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Nótese cuán claro es Pablo hay relacionar su predicación del reino de Dios con el evangelio de la gracia de Dios. Por tanto, sería una necedad que nuestros detractores furibundos insistan en sostener un imposible, es decir, que el reino de Dios nada tiene que ver con la gracia de Dios. Esta estrecha relación reino/gracia es del todo contundente e irrefutable, y no admite discusión alguna. Así que si hay por allí algún predicador que diga que estoy enseñando una falsedad, debería refutarme con claridad en qué punto me estoy desviando de la verdad prístina revelada por el Señor.
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Pues bien, antes habíamos dicho que Pedro había escrito (en 1 Pedro 1:13) que los fieles esperaban la gracia que traerá nuestro propio Rey, Su Majestad, el Señor Jesucristo. Esto quiere decir que Jesús nos traerá esa gracia/reino en su segunda venida en gloria. Y efectivamente, si leemos con cuidado Mateo 25:31,34, encontraremos que Jesús se manifestará para introducirnos en su reino como los co-herederos legítimos de éste. Dice Jesús muy claramente, así:
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“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria… Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, HEREDAD EL REINO preparado para vosotros desde la fundación del mundo.
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Gracia/reino/salvación
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Siendo que la salvación se obtiene únicamente por gracia, nosotros, los que buscamos su reino y su justicia primero, obtendremos la salvación definitiva que nunca se perderá en la parusía del Rey. Sí, mis amigos, esta salvación por gracia se hará realidad sólo cuando Jesucristo, nuestro rey majestuoso, regrese del cielo y nos introduzca en su reino milenial en la era venidera, la era del reino. Dice Hebreos 9:28: “Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para SALVAR a los que le esperan”. Así que los que dicen que ya son salvos ahora, simplemente son unos MENTIROSOS… ¡y son aún más mentirosos cuando nos dicen que su salvación nunca la perderán. ¿Cómo pueden ellos decir eso si Jesús aún no ha vuelto para salvarlos? En 1 Pedro 1:5, Pedro dice: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para ALCANZAR la SALVACIÓN que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. Y por supuesto, para alcanzar esa salvación es necesario PERSEVERAR hasta el fin (Mt. 24:13). Y Pablo dice también: ocupaos en vuestra SALVACIÓN con temor y temblor” (Fil. 2:12).
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Conclusión
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Definitivamente esta preciosa verdad que usted acaba de leer no es predicada o anunciada en las iglesias organizadas de hoy. Y lo más trágico es que los más de los que se dicen ser “cristianos” no tienen ni la más mínima idea de lo que es el evangelio del reino o llamado también “el evangelio de la gracia”, y que tiene que ver con nuestra futura salvación, glorificación, y coronación en el gobierno mundial de Cristo que se implantará en la tierra en la era venidera, la era del reino, la era de la justicia y de la paz.
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Miles de afamados predicadores en las “tarimas evangélicas” dicen presentar el evangelio verdadero y salvador, pero prácticamente ninguno de ellos anuncian este reino glorioso y salvador (la gracia) a los potenciales creyentes. Simplemente no es parte de su agenda evangelizadora, y no es un lenguaje que consideren apropiado para nuestro siglo XXI.
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Decenas de miles de cristianos en el primer siglo fueron bautizados creyendo en el mensaje del reino de Dios y en el nombre de Jesucristo (Hechos 8:12), pero hoy ciento de miles de nuevos “cristianos” se bautizan si haber entendido y creído en el reino de Dios que es el evangelio de la gracia, el evangelio salvador que trajo Jesús por encargo de Su Padre (Lc. 4:43; Rom 1:16).
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Es hora de retomar el evangelio prístino de Cristo, el único y verdadero que salva al creyente. Cualquier otro evangelio sencillamente es inoperante, falso, y por tanto, demoníaco.

jueves, 23 de diciembre de 2010

¿ES CRISTO MISMO EL EVANGELIO QUE DEBEMOS PROCLAMAR?



Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)
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Hay gente que dice que yo he cambiado el evangelio de Cristo, al estar enseñando el reino de Dios y no a Cristo. Es decir, lo que pretenden decirnos nuestros detractores es que el verdadero evangelio es Cristo mismo y no su mensaje del reino...
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Predicando a Cristo
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Los evangélicos presentan unos textos para señalar que el evangelio predicado por los primeros cristianos era “Cristo” mismo, lo cual nos resulta extraño, ya que Cristo mismo dijo que él fue enviado a predicar el evangelio del Reino de Dios y no su persona como tal (Lc. 4:43, Mr. 1:1,14,15). He aquí los pasajes en que usan nuestros detractores para “demostrarnos” que Cristo mismo era el evangelio:..
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1. Hechos 8:5: Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les PREDICABA A CRISTO.2. Hechos 9:20: En seguida PREDICABA A CRISTO en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios...
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Pero observemos que aquí se dice que se predicaba a Cristo, pero ojo que no se dice que Cristo mismo era el evangelio.
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Predicando el evangelio de Cristo
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En otros momentos veremos que Pablo predicaba el “evangelio de Cristo” como un sinónimo de “predicar a Cristo”, lo cual ha hecho suponer a muchos que Cristo es el evangelio, lo que es totalmente falso. He aquí los pasajes:..
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1. Romanos 15:19: con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del EVANGELIO DE CRISTO.
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2. Romanos 15:29: Y sé que cuando vaya a vosotros, llegaré con abundancia de la bendición del EVANGELIO DE CRISTO.
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3. 1 Corintios 9:12: Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al EVANGELIO DE CRISTO.
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4. 1 Corintios 9:18: ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el EVANGELIO DE CRISTO, para no abusar de mi derecho en el evangelio.
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5. 2 Corintios 2:12: Cuando llegué a Troas para predicar el EVANGELIO DE CRISTO, aunque se me abrió puerta en el Señor,
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6. 2 Corintios 9:13: pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al EVANGELIO DE CRISTO, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos;
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7. 2 Corintios 10:14: Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el EVANGELIO DE CRISTO.
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8. Gálatas 1:7: No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el EVANGELIO DE CRISTO.
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9. Filipenses 1:27: Solamente que os comportéis como es digno del EVANGELIO DE CRISTO, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio,10. 1 Tesalonicenses 3:2: y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el EVANGELIO DE CRISTO, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe,.
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¿Qué se entiende por el evangelio de Cristo? ¿Acaso que Cristo es el evangelio? Pues no, ya que si el evangelio de Cristo es Cristo mismo, entonces el evangelio de Pablo es Pablo mismo. Recuerde que Pablo usó en varías ocasiones la frase “mi evangelio” (Rom. 2:16; 16:25; 2 Tim. 2:8), lo que significa que el evangelio es ”el evangelio de Pablo”. ¿Pero creerá alguno que Pablo mismo era el evangelio? ¡No lo creo! El evangelio de Cristo como el evangelio de Pablo proclamaba el mismo mensaje del Reino, sin variación alguna. He aquí la prueba:.
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Marcos 1:14: Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio DEL REINO DE DIOS.
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Hechos 19:8: Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del REINO DE DIOS.
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Es cierto de debemos predicar a Cristo, así como debemos predicar la resurrección, la condenación de los impíos, el arrepentimiento de los pecados, etc; pero eso no quiere decir que el evangelio sea expresamente Cristo, la resurrección de los muertos, la condenación de los impíos, o el arrepentimiento. El único y singular evangelio, les guste o no a nuestros detractores, es el evangelio del reino de Dios, las buenas noticias de un gobierno justo en la tierra en la persona del Mesías..
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Sin embargo, sería bueno que se revise Lucas 4:43, en donde Jesús es claro al decir que fue enviado para anunciar el evangelio del reino de Dios. Esto significa que el mensajero no era el mensaje, sino el portador del mensaje de Dios para los hombres concerniente a algo que él llamó ”el reino de Dios”..
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Sí, mis amigos, Jesús vino al mundo para predicar el reino de Dios, y fue lo primero que hizo cuando comenzó su ministerio (Marcos 1:1,14,15). Ustedes notarán que en ningún momento Jesús comenzó a hablar de su persona y diciendo que él era el evangelio salvador que debía ser creído para ser salvos. El dijo “Creed en el evangelio”, más no dijo que creyéramos que él era el evangelio, sino el reino que introdujo. El evangelio que Jesús quería que creyéramos era definitivamente el reino de Dios (Mr. 1:1,14,15)..
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Mientras tanto, y a pesar de la resistencia al evangelio del reino, los siervos fieles están esforzándose a dar a conocer este mensaje de esperanza de un gobierno justo a todas las naciones a través de este magnífico medio, sin contar con otros que son igualmente eficientes o eficaces..
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Estoy convencido de que lo que la gente llama “tardanza de su venida” no es otra cosa que nuestra tardanza de predicar el evangelio verdadero al mundo habitado, es decir, la Buena Nueva del reino de Dios. Y mientras los cristianos no entiendan la importancia de dar a conocer este mensaje al mundo, Jesús no volverá con la presteza que quisiéramos todos (Mat. 24:14).

viernes, 17 de diciembre de 2010

ES NECESARIO NACER DE NUEVO PARA VER Y ENTRAR AL REINO DE DIOS


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

“Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:1-7).

En este pasaje de la Escritura leemos que Jesús recibe de noche a un principal entre los Judíos, llamado Nicodemo. Este distinguido Judío le confiesa a Jesús que él cree que él (Jesús) es el enviado y maestro de Dios por las señales que hacía, y que le demostraba que Dios estaba con él (¡no que él fuera Dios mismo!). Enseguida Jesús le responde “De cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Luego Jesús le dice también: “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Es decir, cualquiera que quiera ver y entrar en el reino de Dios le es necesario antes nacer de nuevo, o renacer de agua y del Espíritu.

El asunto de “renacer de agua” tiene que ver con recibir la Palabra de Dios (el evangelio del reino) y ser bautizado en agua (inmersión) para vivir una nueva existencia en Cristo (Rom. 6:4, 1 Pedro 1:23). Por ejemplo, cuando Felipe predicaba en Samaria el evangelio del reino (la Palabra), y el nombre de Jesús, muchos hombres y mujeres procedían a bautizarse para “nacer de nuevo” (Hechos 8:12). También el eunuco Etíope renació por el bautismo, una vez que escuchó la Palabra de Dios (el evangelio de Jesús) por boca del mismo Felipe (Hechos 8:35-38).

El otro punto es el “renacimiento del Espíritu”, el cual también debemos recibir para VER y ENTRAR en el Reino. Si alguno dice que no ha nacido del Espíritu, entonces no podrá participar del reino de Dios, pues es imposible que hombres sin el Espíritu de Dios puedan ser parte activa en la administración del reino de Dios. Y es que no se puede renacer del Espíritu si no se recibe el sellamiento del Espíritu de Dios. Pablo dice: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa (Efesios 1:13).

Ahora, por Cristo, los unos (Judíos) y los otros (gentiles) tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios (Efe. 2:18,19).

Los renacidos de agua y del Espíritu podrán ver y entrar en el reino de Dios, porque todos éstos son conciudadanos y miembros de la familia de Dios. Ahora estas personas podrán llamar a Dios, con plena confianza: “Abba Padre” (papito, Romanos 8:15), porque ya son hijos legítimos Suyos dentro de Su familia (1 Juan 3:1). Y como dice Pablo: “Pues todos sois Hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gál. 3:26).

Extrañamente, los Testigos de Jehová enseñan que el reino de Dios estará conformado por dos clases de individuos: los ungidos (“la manada pequeña” de 144,000 personas) que coheredarán con Cristo el reino celestial, y que son los únicos “renacidos de agua y del Espíritu”, y los únicos que son Hijos de Dios; y por otro lado, una “grande multitud” de Testigos de Jehová que no son renacidos de agua y Espíritu, y por tanto no son ungidos, ni tampoco hijos de Dios, y que vivirán como meros súbditos del reino en la tierra. ¿Pero se puede sustentar esta creencia con la Biblia? ¡De ningún modo! Y es que si todos los Testigos de Jehová han creído en Cristo por la fe, y le siguen, entonces todos deberían ser hijos de Dios (Juan 1:12, Gál. 3:26). Y si son hijos de Dios, éstos son hermanos de Cristo, y coherederos de la misma promesa de heredar el reino de Dios como reyes y sacerdotes en la tierra ( Efesios 3:6; Romanos 8:17; Apocalipsis 5:10).